EL ESPACIO, EL TIEMPO Y EL ROMÁNTICO INCURABLE

(SPACE, TIME AND THE INCURABLE ROMANTIC)

ESCRITO POR J.MICHAEL STRACZYNSKI

TRADUCIDO POR ÁNGELES EMA


Para su  propia sorpresa Marcus Cole respiró profundamente.

Su primer pensamiento consciente fue: “estoy vivo”, seguido casi de inmediato por un: “¿por qué estoy vivo?”

Parpadeó hasta abrir los ojos. Una luz blanca y brillante le deslumbraba y entonces volvió a cerrarlos.

“Reduce la intensidad de la luz” dijo alguien.

Volvió a intentarlo y esta vez consiguió mantener los ojos abiertos. Estaba en un quirófano, de eso estaba seguro. Varios médicos Minbari estaban a su alrededor. Al menos uno de ellos llevaba el manto y el broche que le identificaban como Ranger, al igual que Marcus, sirviendo en la sombra, sirviendo a la Alianza.

Se esforzó en recordar cómo había llegado hasta allí. Lo último que recordaba era que se había enterado de que la Comandante Susan Ivanova había resultado gravemente herida durante la guerra civil de la Tierra, y que se estaba muriendo. En contra de las órdenes había corrido a su lado y había usado la máquina alienígena que el Dr. Stephen Franklin había encontrado –-un instrumento para la pena capital diseñado para transferir la fuerza vital de una persona a otra—para así  transferir su propia fuerza vital  y  traer a Susan de vuelta desde el abismo. Lo hizo a sabiendas  del precio que pagaría por su acción.

“Te amo”  le había dicho.

Y allí, en los brazos de ella, murió.

Entonces ¿dónde estaba y por qué demonios estaba allí?

Intentó incorporarse, pero sus brazos le fallaron y quedaron colgando a ambos lados de su  cuerpo

“Intente no moverse” le dijo el médico jefe Minbari.

“¿Por qué razón no puedo incorporarme?” Preguntó Marcus. “Mis brazos...”

“Están atrofiados. No los ha usado en...  bueno... en bastante tiempo.”

“¿Cuánto tiempo?”

“Empezaremos la rehabilitación inmediatamente, realizaremos la estimulación artificial 24 horas al día, eso debería hacer que puedas ponerte de pie pronto, pero...”

“¿Cuánto tiempo?”

El médico dudó, miró al Ranger que tenía detrás. “Díselo, Tranall” le dijo el otro Minbari. “Ha sido entrenado como anla-shok, es un Ranger. Sabrá sobrellevar la carga.”

El médico asintió y se volvió hacia Marcus. “Has estado en suspensión criogénica” le respondió. “La Comandante Ivanova ordenó que tu cuerpo fuese congelado por si algún día la ciencia encontraba un modo de devolverte la vida.”

“Arrogante, supongo que ese ha sido siempre su estilo” dijo Marcus. “¡Es que un hombre no puede morir heroicamente sin que alguien le estropee la diversión! ¡Ya le diré unas cuantas cosas sobre esto, espera y verás!”

Los dos Minbaris intercambiaron una mirada de extrañeza.

“Hablando de Ivanova” dijo Marcus, “¿dónde está? No entiendo por qué se iba a perder esto.”

“Me temo que está muerta” contestó el Ranger.

A Marcus le costó pronunciar palabra. “No lo entiendo, quiero decir, yo la salvé... realmente, la salvé ¿o no lo hice? ¿la máquina no funcionó, verdad?”

“Sí funcionó” repondió el Ranger. “Ese es un hecho histórico. Pero debes entender que según el calendario terrestre, este hecho que estás describiendo ocurrió hace casi 300 años.”

A lo largo de las siguientes semanas, mientras Marcus se recuperaba, se enteró de todo lo que había pasado en los días y años que siguieron a su suspensión criogénica. La información le fue dada en pequeñas dosis, y siempre cuando  los doctores creían que él podría asumir el siguiente retazo de información.

Susan Ivanova fue nombrada capitán, continuó ascendiendo en rango, llegando a ser General de las Fuerzas Terrestres y finalmente Anla-Shok Na, la jefa de los Rangers bajo el liderazgo de la Presidenta de la Alianza Interestelar Delenn, de Minbar.  Ivanova sirvió en el cargo por el resto de su vida, y amplió la lista de miembros en los anla-shok hasta incluir representantes de todos los mundos miembros, también instituyó un sistema de honor y sacrificio personal sin igual hasta estos días.  Le contaron que tan sólo en esa ciudad había más de media docena de estatuas y monumentos conmemorativos dedicados a su labor.

En su día ella había dispuesto que la criocámara de Marcus fuese trasportada hasta allí, y de vez en cuando le visitaba en su largo sueño. Según Tranall todavía se murmuraba entre el personal sanitario acerca de esas visitas, algunos decían que ella solía hablarle como si aún estuviese vivo. “Pero lo que dijo no consta en ningún documento” añadió Tranall.

Sus órdenes y las de Delenn fueron que su cuerpo debía mantenerse intacto y en suspensión criogénica hasta que se encontrara un modo de devolverlo a la vida.

Y eso había ocurrido ahora, 300 años después de todo aquello, porque una reciente expedición a los Confines había hallado las ruinas de la civilización alienígena que había construido la máquina de transferencia de energía. Entre los documentos e informes antiguos encontraron por fin la información que tanto habían buscado.

“¿Y qué voy a hacer ahora?” había preguntado Marcus al final  de toda esta sesión informativa.

“Lo que todos ellos habían deseado para ti”, le dijo Tranall. “Seguir viviendo.”

“¿Y qué hay de todos los demás?”

“Hemos mantenido tu reanimación en secreto, creímos que sería mejor así. Eso te dará tiempo para que te adaptes sin la presión de la gente  pidiendo que les dediques parte de tu tiempo. La oportunidad de hablar con alguien que conoció de verdad al Presidente Sheridan, a Delenn y a la Anla-Shok Na Ivanova es...”  Los ojos de Tranall quedaron fijos en un punto distante y entonces volvieron a Marcus. “No hay palabras. Pero respetamos tu convalecencia. Después de ella, por supuesto, tendremos suficientes preguntas que hacerte como para llenar un océano.”

“Y no necesitas preocuparte sobre tu futuro o tu sustento a partir de ahora” continuó. “Se abrió un fondo de fideicomiso hace 200 años. Hay créditos suficientes en esa cuenta para cubrir las necesidades de varios miles de hombres para el resto de sus vidas. Tendrás todo lo que necesites.”

Marcus asintió, pero no dijo “no, no todo.”

Cuando se sintió con fuerzas, Marcus abandonó el hospital y caminó al centro de Yedor, la ciudad capital Minbari. Poco había cambiado en estos 300 años desde que él había caminado por última vez por esas calles. Las agujas de cristal y las torres seguían siendo igual de  frías e  impresionantes. Había muchos más humanos y otros alienígenas por la calle que los que él había visto anteriormente, pero eso era comprensible ya que Minbar era ahora la sede de la Alianza. Los Rangers se habían convertido en una leyenda interestelar propia, su honestidad y objetividad eran proclamadas en cientos de mundos. Si un Ranger era llamado a arbitrar una disputa, sus decisiones eran absolutamente inapelables.

Y cuando se necesitaba fuerza para resolver una disputa, eran un poder temido. Un poder que se aplicaba sólo cuando era absolutamente necesario, y nunca por beneficio político ni personal.

“Vaya, resulta que valía la pena después de todo” pero se sentía distante de todo ello, se sentía como una especie de historiador ‘invertido’, que veía las cosas que procedían de acontecimientos que él conocía, pero con los cuales tenía poca implicación personal.

Todos aquellos a los que conocía habían muerto. Entonces ¿dónde se supone que encajo yo en todo esto?  Suponía que podría volverse a unir a los Rangers, ponerse al día de las nuevas técnicas de entrenamiento, pero de alguna manera ya no era lo mismo. Cuando se unió a los Rangers, aquello era algo nuevo, el renacimiento de una antigua tradición con el objetivo de contrarrestar una guerra imposible. Ahora se había convertido en status quo, se había convertido en rutina. La gran guerra había terminado mucho tiempo atrás, formaba parte de la historia antigua.

Como él.. decidió Marcus con tristeza.

Después de varias horas, su deambular le había llevado hasta el Parque Conmemorativo donde estaban enterrados los cuerpos de héroes, dignatarios, rangers y Presidentes de la Alianza anteriores (al menos los que no se habían desvanecido misteriosamente).

Sí, eso fue un accidente, pensó. Consultó el registro y encontró lo que sabía que había estado buscando sin ni siquiera decirlo en voz alta, ni siquiera para sí.

El monumento conmemorativo de Susan Ivanova se alzaba ante él en una torre de cristal y piedra cuyas capas se entrelazaban formando delicadas cenefas que atrapaban la fría luz blanca de un día cualquiera y liberaba un millón de piezas de vivos colores. Qué increíblemente apropiada metáfora, decidió.

Entró en el edificio del monumento, y el aliento se le congeló en el pecho al ver la cara de ella flotando en el aire sobre aquella cripta que parecía de cuarzo y que contenía su cuerpo. Era solamente una holo-imagen en su honor, se dijo a sí mismo, pero era su cara de los días en que él la había conocido, y no podía mirarla sin sentir dolor.

Se aproximó a ella y su mirada fija siguió sus movimientos. “Hola Susan.”

No hubo respuesta.

“¿Por qué lo hiciste?” le preguntó sentado en un banco junto a la cripta. “Quiero decir, si no lo hubieras hecho, ahora estaríamos juntos, en lo que sea que pase a la otra vida en estos tiempos.”

“Aunque claro, yo no creo en otra vida, y tú lo sabes –lo sabías- así que supongo que el que lo supieras puede haber tenido algo que ver con esto.”  Negó con la cabeza. “Tú siempre pensaste que tú sabías lo que había que hacer mejor que los demás. Bueno, vale. Primero tú estabas viva y yo muerto, y eso no estaba nada bien, así que ahora soy yo el que está vivo y tú estás muerta. Sí, y esta es una solución mucho  mejor ¿verdad? Si me preguntas, yo creo que lo hiciste para vengarte. Si tú tuviste que pasar todos estos años sola, entonces por dios, ibas a asegurarte de que yo hiciera lo mismo aunque para eso tuvieras que contratar a gente para que vigilaran con toda su atención mi cuerpo durante toda la eternidad.”

Alzó la vista para mirar su cara. No había cambiado.

Por otro lado, quizás me amabas de verdad, pensó, pero no osó decirlo. Le pareció demasiado atrevido.

Se preguntaba qué le habría dicho ella, todos aquellos años mientras él se hallaba en su sueño congelado. ¿Le decía ella que le echaba de menos?¿O le reprendía por haber sido tan estúpido? Nunca lo sabría...

Pensó en ella, sentada sola todos esos años. ¿Lo hiciste por mí?¿Por qué me echabas de menos o porque te sentías culpable por mí? No es justo. Yo sabía que iba por el camino rápido hacia una mala muerte desde que mi hermano murió, ¿cómo podría yo continuar,, sabiendo que le había fallado? No podía volver a fallarle a alguien otra vez. Sobre todo a ti. Yo quería que tuvieras una nueva oportunidad para encontrar la felicidad. Y no lo hiciste. Tuviste tu trabajo, pero tú siempre tuviste tu trabajo; ese no era el problema. No está bien que estuvieses sola. No está bien, es...

“¿Hola?”

Marcus se levantó de su asiento, sobresaltado por la voz que resonaba en el edificio. Un Minbari estaba de pie  en el umbral, sosteniendo un manojo de flores.

“Siento si te he alarmado” continuó. “Te importa si...?”

“No, por favor, pasa.”

El Minbari asintió y se encaminó hacia el frente de la cripta, y colocó las flores en un recipiente dispuesto para ello.

“¿Quién las envía?” preguntó Marcus.

“¿Envía?”  El Minbari negó con la cabeza. “Por tus ropas eres un Ranger ¿no?  Creía que lo sabrías.”

“Bueno, he estado fuera un tiempo.”

“Hace mucho tiempo, la Presidenta Delenn ordenó que se pusieran flores aquí cada día. Las palabras de Delenn aún se obedecen y siempre se obedecerán.” Las colocó cuidadosamente y dio un paso atrás. “¿Sabes mucho sobre Ivanova?”

“Un poco” respondió Marcus.

“Entonces ¿eres un seguidor de sus ideas?”

“Se podría  expresar así.”

“Eso está bien” dijo el Minbari. “Entonces ¿debo suponer que has estado en La Voz?

Marcus le estudiaba. “¿La Qué?”

“La Voz. Poco antes de que Ivanova nos dejara, se tomó una foto de su mente. Bueno, en realidad no es su mente, no lo es técnicamente... es un estudio completo de las ‘pistas’ neurales, los recuerdos, codificados y preservados para futuros historiadores, médicos y científicos. Creo que es lo más parecido a lo que los humanos llamáis ‘imagen viviente’ pero en este caso es una impresión, una foto, tomada de la mente de una persona.

“No puede crear pensamientos nuevos, evidentemente porque una mente necesita de un alma para que exista vida creativa, pero es un recurso maravilloso. Yo sólo he estado en una ocasión pero encontré la experiencia de lo más... estimulante.”

Marcus esperó un largo instante antes de hacer la pregunta que sabía que estaba a punto de cambiar el resto de su vida.

“¿Dónde puedo encontrar su Voz?”

“Cuando Tralann le había dicho que todas sus necesidades monetarias podrían ser satisfechas con creces gracias al fondo de fideicomiso, Marcus no había prestado demasiada atención. Ahora tenía una razón para averiguar cuánto dinero había allí.

Incluso para su modo de ver las cosas, quedó impresionado satisfactoriamente.

A eso le siguió la compra de una nave privada con capacidad de salto. Marcus estaba sorprendido por lo pequeñas  que eran ahora esas naves. En los años anteriores, la Estrella Blanca había sido la nave más pequeña capaz de saltar al hiperespacio sin la ayuda de una puerta de salto, y aún así para ello se necesitaba una abundante tripulación. Ahora lo mismo  se podía hacer con un aparato volador tripulado por  una o dos personas y que era una fracción del tamaño de una Estrella Blanca.

La Voz de Ivanova estaba almacenada junto con las Voces de varios cientos de figuras históricas en los Archivos Neurales de Sirius Nueve, que dirigían conjuntamente la Sociedad Histórica de la Alianza Terrestre y el PsyMed, una megacorporación farmacéutica con base en Centauri Primero.

El Archivo había sido montado allí hacía unos 20 años como amortización de un impuesto del PsyMed. Sirius Nueve era una colonia poco transitada con menos que ofrecer a los turistas y hombres de negocios. Necesitaba algo con prestigio que invitara a los viajeros a venir, y los Archivos Neurales atrajeron a académicos procedentes de docenas de mundos.

Marcus conocía bien el lugar.  Mucho tiempo atrás –hacía dos años para Marcus, pero mucho más para el resto del mundo- había gozado de un comercio clandestino bastante importante. Cualquier cosa se podía conseguir , siempre que el precio fuese el correcto y supieras a qué gente dirigirte.

Aquellas personas hacía mucho que se habían convertido en polvo, pero mientras Marcus programaba su nave hacia Sirius Nueve, supo que aunque hubieran limpiado de ratas los agujeros y hubieran asfaltado por encima, siempre volvían a aparecer nuevas madrigueras de ratas que las reemplazaban.  Y Marcus era un especialista en encontrar madrigueras de ratas.

“¿Me buscabas a mí?”

El Drazi sentado frente a Marcus tenía una mirada feroz y unos ojos profundos e inflexibles, enmarcados en una cara color verde oscuro que delataba que su raza provenía de los reptiles. Los Drazi eran gente de carácter fácilmente irritable y poco inteligentes.

Pero Farn venía muy bien recomendado. Al menos, para ser un Drazi.

Marcus inclinó la cabeza. “Entiendo que tú y algunos de tus asociados habéis conseguido ... bueno, digamos ... acceso a la mayoría de los edificios de la colonia.”

“Grrr”

Menudo conversador tan fantástico que está hecho, pensó Marcus.

“Así que ¿qué puedes decirme sobre los Archivos Neurales?

El Drazi gruñó. Desgraciadamente cuando los Drazi gruñían, el aire les salía a través de la piel de las mejillas. Y el sonido era absolutamente desagradable. “No hay nada de valor ahí. Papeles viejos. Voces viejas. Nada que robar. Nada que vender.”

“¿Y qué tal es la seguridad allí?”

La mirada del Drazi no vaciló. “Nada que robar”, repitió. “Nada que vender.”

“¿Es esa una forma de decir en Drazi:  Desde mi punto de vista profesional aquí tienen poca seguridad porque los archivos tienen solamente interés técnico y académico?”

“Grrr.” Contestó el Drazi

“Vale” dijo Marcus. “En ese caso, tengo una proposición de negocios que hacerte.”

Los Archivos Neurales utilizaban la más avanzada tecnología de almacenamiento de cristales holográficos. Hacía 300 años un cristal de datos estándar podía alojar suficiente información para llenar varias bibliotecas. Ahora con el intensificador  de pulso-arranque y el enlace dual de taquiones era posible almacenar los recuerdos acumulados, patrones de pensamiento, datos neurales y la transmisión de pautas sinápticas de un ser humano desde su nacimiento hasta el momento de la grabación, en tan sólo siete cristales.

El problema era que allí había varios miles de esos cristales dispuestos en filas bien ordenadas en la habitación, más allá de la pantalla panorámica holográfica que parpadeaba suavemente frente a Marcus.

El Drazi le había pasado a la habitación de mantenimiento a través de una entrada de servicio cuyos códigos de acceso nocturnos no se habían actualizado últimamente. La próxima patrulla de seguridad pasaría por allí en menos de veinte minutos.

Todos los grupos de cristales de datos estaban numerados en secuencia en el panel de control que  tenía delante. Pero sin una clave que relacionara los números con los nombres que les correspondían le llevaría horas o días encontrar los siete cristales que buscaba.

El Drazi que le había acompañado hasta ese momento inclinaba la cabeza frente a las hileras de cristales. “Cógelos y vámonos” le decía. Marcus había logrado convencer a Farn de que los minerales con que se hacían los cristales de datos tenían un cierto valor. El Drazi creyó que era demasiado esfuerzo para poca recompensa, pero eso era más sencillo que explicarle lo que Marcus realmente buscaba y por qué.

Después de todo había momentos en que ni siguiera él se lo creía.

¿Cómo voy a encontrarla entre todos estos? Se preguntó, desesperado y consciente del poco tiempo que le quedaba.

No había manera posible de revisarlos todos uno por uno.

Entonces oigámoslos todos a la vez, decidió.

Tocó el control central que activaba todos los cristales de datos en el archivo. Al instante la habitación se llenó con el sonido de miles de voces, todas hablando a la vez.

Soy Sandrala de Narn... a menos que la ecuación...por mi experiencia política... estaba en tener... bueno no cantar... alcanzado el fin del...

El Drazi se tapó los oídos. “¡Es de locos!” dijo. “¡Lo oirán y vendrán!”

“Dame sólo un minuto” rogó Marcus  “¡Cállate!”

Él escuchó. Cerró los ojos y  se concentró en todo lo que había aprendido como anla-shok, toda la disciplina, todo el rigor, todo el dolor que había superado para solucionar la tarea que le ocupaba en ese momento: distinguir una voz entre mil.

Sin abrir los ojos, pasó la mano sobre los controles. Varios cientos de voces se desvanecieron. Forzó el oído.

“La Guardia va a venir pronto” dijo el Drazi. “Vámonos ya”.

“Aún no” dijo Marcus.

Y siguió escuchando.

... más allá de .... bajo el gobierno de la domesticación de ..... las pérdidas en combate fueron...... mi nombre es....

Su corazón de pronto empezó a palpitar tan fuerte que por un momento creyó que no iba a oírla a ella. Apenas se oía, pero su voz resaltaba entre las demás porque su sonido le era familiar., y porque era la de ella. La reconocería aunque quedara ahogada entre un millón de voces.

Mi nombre es Susan Ivanova, hija de Petrov y Sophie Ivanov....

Solamente un grupo de siete cristales de datos seguía brillando en la habitación lejos de donde ellos se hallaban, sólo la voz de ella seguía escuchándose.

Soy la encarnación de la Muerte, y la última cosa con vida que vas a ver jamás.

“¿Nos los llevamos? ¿Nos vamos ya?” preguntó el Drazi

Dios me envía.

“Sí” Marcus respondió suavemente. “Nos lo llevamos y nos vamos ahora.”

El Drazi no tenía ni idea sobre dónde Marcus podría encontrar su siguiente objetivo, pero conocía a alguien que conocía a alguien que podría conocer a alguien.

Más dinero fue a otras manos. Cuando gran parte de él ya se había esfumado, como Marcus esperaba, alguien que conocía a alguien por fin conocía a alguien.

Más créditos fueron depositados en la cuenta del jefe de seguridad de la colonia, quien miró hacia otro lado mientras Marcus despegó con su nave personal, en esta ocasión programada para ir a una pequeña estación de investigación en el espacio Brakiri.

Comprobó sus finanzas durante el camino. Estaba razonablemente seguro de que le quedaría justo lo necesario para terminar el trabajo, pero no podía estar absolutamente seguro, ya que ninguna guía interestelar contemporánea indicaba cuánto costaba hacer crecer a un ser humano en el mercado negro.

Marcus miró la cifra que el hombre de la bata blanca de laboratorio le entregó. Era un humano que trabajaba en espacio Brakiri porque había sido expulsado de toda asociación médica humana registrada.

Algunas de esas expulsiones habían venido por negligencia o malas prácticas, cosa que preocupaba a Marcus, y casi todo lo demás se debía a experimentos ilegales y casi seguro que inmorales. Todo en su informe decía que era alguien a quien le gustaban los retos, alguien osado.

Todo ello le convertía en la persona adecuada para lo que Marcus tenía en mente y las instalaciones que había construido allí con fondos Brakiri eran más que suficientes para su causa. Pero la cifra en la mano de Marcus todavía era un shock para él. Sólo esperaba que habría suficiente para  terminar lo que debía hacer antes de terminar el día.

“Déjame verlo.”

Marcus sacó un pelo de una bolsita de plástico, un pelo largo que había encontrado sobre su uniforme el día en que le habían revivido. Era largo y negro y era sin duda de ella. Lo había encontrado sobre su hombro, poco después de ser resucitado, justo donde había apoyado la cabeza de ella contra la suya durante la transferencia de energía. Con la única excepción de Delenn, los Minbari de cresta ósea no tenían pelo.  “¿Puede extraer el ADN que necesita de esto?”

El doctor –él se había presentado como Quijana, a secas- tomó el pelo y lo estudió. “¿Esto es todo?¿sólo un pelo?”

“Así es”

Quijana murmuró un momento. “Quizá no lo sabré seguro hasta que no me ponga con ello.  Si ha habido algún tipo de deterioro, puede que tenga que rellenar algunas secuencias que falten. Nada importante, puede que le salga una peca o dos que no tenía, pero probablemente no se notará.”

“¿Probablemente?  Por el dinero que me cobras espero algo mejor que un ‘probablemente’”.

“Estoy limitado por  la matemática y las secuencias disponibles y lo que pueda adivinar acerca de lo que falta, si es que lo hay. Y esa es la tarifa por entregar un ser humano totalmente desarrollado. Estas cosas no salen así como así de la noche a la mañana, un cuerpo necesita un tiempo para crecer y desarrollarse. Sigue sin existir un modo de superar eso. Y treinta y dos años es mucho, mucho tiempo. Estamos hablando de mantenimiento a largo plazo, además del proceso de clonación en sí. Eso implica nutrición, electroestimulación para el desarrollo de músculos y nervios, cuidados las 24 horas del día, todo eso se va sumando. Bien, si quisieras un niño, o mejor sólo un feto, tendrías un ahorro considerable en el coste total.

“Eso no sirve para lo que quiero” dijo Marcus

“¡Haga lo que quiera! ¿Qué más?”

Marcus le pasó siete holocristales. “Estos son los mapas neurales que le mencioné antes.” Dijo “¿Está seguro que puede introducirlos en el sistema?”

“Es arriesgado, pero se puede hacer. Tendremos que hacerlo a modo de cuentagotas, para que los recuerdos y patrones de pensamiento se transfieran del modo más parecido al orden cronológico real. De todos modos, debe usted entender que pueden surgirle lapsus, algunos momentos en que ella no será capaz de recordar algo de su vida anterior y sí pueda recordar una sombra de algo de su vida posterior. Probablemente ella lo achacará a su mala memoria en el primer caso, y al recuerdo de una pesadilla en el segundo.”

“Supongo que habrá que aceptarlo” dijo Marcus. “Lo he arreglado todo para que se transfieran los fondos a tu cuenta cada seis meses. La transferencia estará codificada con la clave de la secuencia de ADN de ella y su ‘firma’ de ondas telepáticas cuando se llegue a cada fase. Si cualquiera de los dos procesos se paralizan o muestran cualquier signo de daños... los pagos también se paralizarán.”

 “Entendido” respondió Quijana. Cerró la bolsita de plástico y la colocó en el bolsito de su chaqueta, entonces estudió  a Marcus durante unos instantes.  “Sea usted consciente de que lo que me pide que haga es totalmente ilegal. Estamos clonando una persona nueva con todos los recuerdos de la original.”

Marcus sonrió. “Dicho por el mismo hombre que ha oído la misma advertencia muy a menudo. Y recuerde, no quiero que tenga todos los recuerdos. Solamente los recuerdos hasta e incluyendo un año, mes y día en particular, no más.”

“Tanta precisión es imposible” le dijo Quijana. “Puedo aproximarme pero podría haber un pequeño margen de error de cálculo. Cuánto, no lo sé, pero lo haré lo mejor que pueda.”

El doctor permaneció allí y extendió la mano. “Sólo para asegurarme de que mi trabajo no caiga en malas manos, ¿quién va a custodiar el cuerpo en 32 años?”

Marcus sonrió.

“Entonces serán 1420 créditos más.”

Marcus insertó su tarjeta de crédito en el escáner y vio cómo la mayor parte de los fondos que le quedaban eran extraídos. Los fondos de toda la vida, de varios cientos de personas, gastados en tan sólo unos meses, pensó.  Debería ir pensando en ponerme un presupuesto pronto.

Pero con un poco de suerte, la pequeña cantidad que le quedaba crearía una bonita cantidad de intereses en los próximos 32 años y 4 meses.

“Aquí estamos” dijo el técnico. “Por aquí.”

Marcus siguió al técnico por el largo pasillo blanco que bajaba al centro de Empresas EverDream, un servició de crio-suspensión en Syria Planum, en Marte.

“Tenemos casos de todo tipo” explicaba el técnico. “Por allí es donde mantenemos a los casos cercanos a la muerte ¿Ha sido usted criogenizado antes?”

“Una vez” dijo Marcus.

“Bueno, el proceso no ha cambiado mucho. Entra, cierra los ojos, y los abre otra vez  y puf, ya estás en el futuro. Nos vienen muchos tíos por eso. Tenemos que asegurarnos que no nos vengan fugitivos de la ley; claro que intentan escapar del estatuto de limitaciones, aunque que se escapen es mucho más difícil ahora que se han aprobado en la Tierra las Leyes de los Crono-Fugitivos. Algunas personas sólo quieren ver el futuro. Nos vienen familias enteras que quieren ver el futuro. Creen que será diferente de alguna forma, quizá mejor. Lo que no entienden es que el futuro siempre es más o menos como el presente.”

“Espero que eso sea verdad” dijo Marcus.

“De todas formas no se preocupe por nada. Llevamos casi cien años en el negocio y seguiremos en el negocio por muchos años más. No como los de SleepWorld allí en la Tierra. ¿Se enteró no? Se declararon en bancarrota y a escondidas vendieron los cuerpos de todos los durmientes a cualquiera que quisiera comprarlos, y se deshicieron del resto. Fue un gran escándalo. Eso nunca ocurrirá aquí.”

“Estoy seguro de que así será” respondió Marcus y vio la etiqueta con su nombre. Se leía D. Garibaldi.

“¿Garibaldi?” dijo Marcus en voz alta.

“¿Sí?”

“¿Algo que ver con Michael Garibaldi?”

“Sí, hace unas 5 o 6 generaciones. Es normal en una comunidad tan estrechamente unida como la de aquí, en la Cúpula de Marte, diablos, todo el mundo está relacionado con todos los demás después de un tiempo. ¿Eres una especie de loco de la historia o qué?”

“Algo así” le dijo Marcus. No sabía por qué exactamente. Pero la sincronía le pareció a la vez confirmadora  y vagamente divertida. “Debería haberme dado cuenta. Hablas como él.”

Se encogió de hombros. “No tengo tiempo para ver videos de historia.” Dijo. “La vida es demasiado corta, ¿sabes?”

“Me sorprende que digas eso, dado el tipo de trabajo que tienes.”

“Nosotros solamente alargamos el alcance de años que cubres” dijo Garibaldi. “Pero la vida humana sigue siendo una vida humana. Ahora es casi de 170 años pero si lo quieres saber, sigue siendo demasiado corta.”

Pararon delante de una pequeña puerta de cristal. Dentro Marcus veía los paneles frontales de varias docenas de pequeñas cámaras. Una de ellas estaba abierta. Esperando.

“¿Listo?” preguntó Garibaldi.

“Supongo” respondió Marcus.

Allá vamos otra vez, pensó, y abrió la puerta de la crio-unidad.

Cerró los ojos.

Abrió los ojos.

“¿Cómo te sientes?”

Marcus se incorporó, apoyándose en las manos que se le acercaban para ayudarle. En la habitación hacía un frío increíble........

“Tiene una leve quemadura epidérmica” dijo alguien. “Hubo una pequeño accidente con las unidades refrigeradoras hace unos 10 años. Se le curará.”

Marcus levantó la vista. Era Garibaldi, con 32 años más. Éste cruzó la mirada con la de Marcus “Has tenido suerte. Me jubilo la semana que viene. Soy el Vicepresidente de operaciones de Marte ahora. Ya no suelo dar las bienvenidas, pero me acordaba de ti, así que pensé, ¡qué demonios! Debe ser agradable ver una cara conocida cuando te despiertas.”

“Ver una cara conocida es precisamente lo que tengo en mente” dijo Marcus. “¿Y mi ropa?”

Ella flotaba en la nutro cámara, con los ojos cerrados y su largo pelo negro flotando como un velo alrededor de su cara. Además estaba desnuda. Marcus no había pensado en ese aspecto y se vio a sí mismo desviando la mirada para proteger su intimidad. Si tiene que ocurrir, será porque ella lo elija, no así.

“¿Ocurre algo malo?” El que hablaba era el hijo de Quijana, William. “¿Tiene buen aspecto?”

“Sí, sí... está fantástica.”

“Bien. Nos llevó mucho trabajo, ¿sabe? Creo que conseguimos que sus recuerdos llegaran justo hasta donde usted quería.”  Le facilitó un impreso de entrega. “Firme aquí.”

Marcus firmó donde le indicaron.

“Traiga su nave hasta aquí, la sacaremos y la cargaremos para usted.”

“Me gustaría que se vistiera primero” dijo Marcus. “He traído un poco de ropa.”

Quijana Junior se encogió de hombros. “Como usted quiera” dijo y se fue para cumplir lo pedido. Marcus esperó hasta que se hubo ido, entonces volvió a mirar su cara. Dios, cómo la amaba.

Hola Susan, pensó.  Ha pasado mucho tiempo

Marcus terminó de cargar con los últimos víveres; vaciló un instante y pulsó el botón que detonaría los explosivos que había colocado estratégicamente dentro y alrededor de la pequeña nave. Le daba pena destruir aquella vieja nave, sabiendo que le había esperado pacientemente a su vuelta en el hangar, pero era necesario hacerlo. Tenía que parecer que habían sido derribados.

Marcus empezó a explorar la zona circundante, al tiempo que una gran cantidad de humo se elevaba hacia el claro cielo azul. Había dado con Chry ll mientras él y su hermano realizaban un trabajo de inspección hacía años –se corrigió- siglos. Estaba deshabitado, muy alejado de las rutas comerciales, y tenía poco que ofrecer en lo referente a minerales preciosos,  desde luego no valían el tiempo y el esfuerzo de extraerlos.

Pero era el mundo más bello que nunca había visitado. En la zona templada, unos árboles frutales exuberantes se inclinaban bajo el peso de delicias que contenían miles de gustos diferentes. El aire normalmente era casi el de la temperatura corporal en esta zona, y el agua no estaba adulterada por productos químicos. Lo más parecido a esto en la Tierra era Maui.

El espacio contenía un número indeterminado de ‘piedras preciosas’ planetarias como esta, lugares donde la vida inteligente no había evolucionado, pero que no ofrecía un incentivo suficiente para que las corporaciones o los turistas la aprovecharan.

Respiró el dulce aire y volvió a recordar de nuevo una conversación que habían tenido a altas horas de la noche, justo después del final de la guerra de las Sombras. Lo había estado celebrando junto con Sheridan, Garibaldi, Ivanova y Franklin; y habían llegado a un momento de silencio, como ocurría con las conversaciones algunas veces. Fue Franklin quien dijo: “¿Has pensado alguna vez qué te gustaría hacer después de la guerra?”

Ivanova dudó un momento y dijo “siempre he soñado en retirarme a una playa en algún lugar. Un lugar donde nadie pudiera encontrarme. Sin burócratas, sin vendedores, sin nadie. Creo que podría plantarme junto a un río, o una playa y mirar al agua y nunca jamás querer irme de allí.” Entonces levantó la vista y encontró a Marcus observándola. Sonrió tontamente “Bueno ¡sólo es un sueño! La verdad es que siempre hay demasiado trabajo, y realmente ¿cuántos sueños se hacen realidad?”

Pues sí, ¿cuántos?...se preguntó.

Miró hacia ella, en ese momento se estaba levantando. Llevaba un  uniforme idéntico al uniforme negro de la resistencia que había llevado durante la guerra civil Terrestre.

“¿Marcus?”

Había esperado 332 años para oír a esa voz pronunciar ese nombre. Pero nunca podría confesárselo a ella. Nunca.

“¿Sí?”

“¿Qué... qué ha pasado?”

“¿Qué recuerdas?”

“No estoy muy segura” dijo, levantándose poco a poco. “Estaba en la Estrella Blanca y nos alcanzaron. Quedé muy mall herida.”

“Eso fue hace semanas, Susan” le dijo Marcus. “Se ve que el golpe que te diste en la cabeza fue más fuerte de lo que yo creía. Quiero decir que estás viva, estás bien, estás perfectamente.”

“Sí, lo supongo.” Miró a su alrededor. “¿Qué ha pasado?¿Dónde estamos?”

“Bueno, íbamos de camino hacia la Babylon 5 para celebrar el final de la guerra –te acuerdas de esa parte ¿no? ¿el final de la guerra? Sheridan nombrado Presidente y todo eso..

“Creo que sí... está todo como confuso”

“Sí, bueno todos bebimos mucho, será eso. De todos modos, íbamos camino de la Babylon 5 cuando tuvimos un problema con el motor. Saltamos a espacio normal y apenas logramos aterrizar de una pieza. Logré sacarte a ti y al equipo justo antes de que la nave explotara.”

“Ya veo.” Levantó la vista hacia la luz del día y parpadeó. “¿Algún signo de vida?”

“Ni idea” dijo “supongo que deberíamos ir a mirar.”

“¿Comunicaciones?”

“No pudimos enviar ninguna señal de socorro antes de chocar y la nave..  bueno, como imaginarás no podrán comunicarse con nosotros en mucho tiempo.  No, lo mejor por ahora será que construyamos un refugio con el equipo y que nos instalemos. Empezaremos a explorar mañana. Al menos no nos necesitarán para nada por un tiempo, como la guerra ha terminado.”

“Quizá” dijo ella, mientras seguía mirando alrededor. “Bueno, si nos teníamos que quedar atrapados en algún sitio, este es el mejor sitio.”

“Sí, es bonito ¿verdad?”

Ella asintió. “Es casi como ese sitio que yo solía siempre imaginar, el tipo de lugar...”  Su voz se desvaneció.

“¿Sí?”  Un lugar donde tú dijiste que podrías ser feliz, pensó. Y te mereces la felicidad. Quizás ambos la merezcamos. Y quizá esta vez la encontremos.

“Nada” dijo ella. “Empecemos a trabajar.”

“Desde luego, Comandante. Entonces creo que podríamos encontrar algo para comer aquí. Soy un chef  bastante bueno cuando me pongo, ¿sabes?”

Ella sonrió y negó con la cabeza. “No sé” dijo y entonces paró y frunció el ceño.

“¿Qué pasa?” preguntó Marcus.

“Es raro... No me quito de la cabeza ese sentimiento de.. recuerdo que yo voy a un sitio, me siento y me pongo a hablar contigo y tú no me estás escuchando.”

“Bueno ya ... eso es algo que haces a menudo” dijo él. Por favor dios, no permitas que recuerde. Es lo único que te he pedido, déjala en paz y deja que tenga un poco de paz.

Entonces ella le miró y se rió y el recuerdo se desvaneció.  “Puede que sea así.” Ella le estudió durante un momento. “Pero una cosa que sí que recuerdo es como tú me sacabas de la Estrella Blanca después de que nos alcanzaran. Me salvaste la vida.”

Él afirmó con la cabeza y miró hacia otro lado.

Ella le puso la mano sobre el hombro con suavidad. “¿Alguna vez te he dado las gracias?”

“No hace falta” le respondió él. “No fue nada.”

“Bien, porque no querría que te desvivieras demasiado por mí.”

“¿Yo? Y alejarme de mi ensoñacion sólo por ti? Ni lo sueñes” dijo él y disfrutó al oírla reír. Se dio cuenta entonces de cuánto había echado aquello de menos.

“Bueno” dijo él mirando al horizonte “¿empezamos a explorar nuestro nuevo hogar?”

“Venga, tú primero” le dijo ella.

Marcus sonrió y dio los primeros pasos de un largo camino bajo el sol que él sabía que compartirían durante mucho mucho tiempo.

FIN