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BABYLON 5: LA 6 TEMPORADA VIRTUAL

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

EPISODIO 1: LA REBELIÓN DEL CABALLERO NEGRO

ESCRITO POR GARETH WILLIAMS

TRADUCIDO POR ÁNGELES EMA


INTRODUCCIÓN:  

ENERO 7,  2263, 06:12 HORA ESTÁNDAR

Elizabeth Anne Lochley nunca se había considerado a sí misma como una persona madrugadora por naturaleza: no es que odiara las mañanas, pero tampoco le entusiasmaba salir de la cama con los rayos del sol. Trabajar en el espacio no hacía sino que exacerbar esa ambigüedad suya sobre el concepto: raramente existía un conflicto evidente entre sus horas establecidas y el estímulo de la luz del día y del anochecer, pero la ausencia de esas referencias hacía que se sintiera extrañamente confundida. Los amaneceres sobre Epsilon 3 eran gloriosos pero no le servían para reestablecer su percepción del día y la noche.

Había, eso sí, una cosa que esperaba con impaciencia cada mañana: su ducha de agua caliente. Se había acostumbrado a las duchas sónicas, como todo habitante del espacio, pero nunca le habían gustado. Las duchas sónicas eran bastante agradables, pero después de un rato la sensación de hormigueo que producían te acababa sacando de quicio. Y había algo verdaderamente estimulante en un chorro constante de agua caliente. Se puso entonces bajo la ducha, respirando el aire de vapor, saboreando las olas de calor sobre su cuerpo. La espuma se deslizaba por su cuerpo mientras se aclaraba el velo de champú. Se enjabonó y restregó la piel vigorosamente, volvió a hacer espuma y aclaró, y después se empapó en la corriente de agua, tan sólo unos segundos más.

{{Venga Lizzie, no malgastes el agua caliente. El deber te aguarda}} Con un suspiro, cerró el agua de la pared transparente del cubículo de donde colgaba, y empezó a secarse el pelo. Tenía la mente puesta en el día que le esperaba, abrió la puerta de la ducha de una patada y salió al aire de vapor del cuarto de baño.

"¡Hola!" irrumpió una profunda voz masculina.

Lochley chilló. No pudo evitarlo. Su sonrojo era sólo en parte furia y vergüenza; gran parte de él era auténtica mortificación por haber recurrido al más descerebrado de los sonidos, el estereotipado chillido femenino. Retrocedió hasta la pila del lavabo y automáticamente colocó uno de sus brazos delante protegiendo su pecho y el otro cubriendo su entrepierna. En medio del cuarto de baño, se hallaba el Minbari de mediana edad y ataviado con una túnica dorada, se reía de modo jovial ante Lochley aparentemente de diversión.

"¡Seguridad!" gritó Lochley con todo el aire de sus pulomones, antes de acordarse de que se había dejando su PPG y su transmisor al lado de la cama y su albornoz estaba al otro lado de la habitación, detrás del Minbari, y de todas formas no podía prescindir de sus manos para usarlas en otra cosa.

El Minbari no podía más que reírse entre dientes. "Por favor querida, eso no es necesario". Eso ya fue el colmo. Sin dudarlo, y olvidando la vergüenza y la confusión, Lochley arremetió contra el intruso, dándole un puñetazo directamente sobre su maldita risotada.

El golpe pasó a través de él sin oponer resistencia alguna. Lochley perdió el equilibrio y salió disparada a través del intruso vio un breve destello de luz dorada y entonces ya estaba al otro lado, detrás de él. El Minbari tan sólo había comenzado a darse la vuelta cuando ella rápidamente arqueó la pierna, para descargar toda su fuerza y dar una patada con el talón. Eso también pasó a través del Minbari y tuvo el mismo efecto que los impactos anteriores. Lochley se recuperó del efecto y quedó en cuclillas en posición de defensa, más como acción refleja que porque creyera que ponerse así le iba a servir de nada.

"¿Quién demonios eres?" dijo jadeante."¿Qué eres?"

"Algo ilusorio como puedes ver". El Minbari gesticuló señalándose. "Soy Draal. Soy el Guardián de la Máquina. Y ahora iré hacia la otra habitación". Con gran majestuosidad, el Minbari -- ¿Draal? se giró y salió del cuarto de baño.... atravesando la pared.

Lochley se lo quedó mirando. De repente hubo otro destello de luz y la cabeza de Draal volvió a aparecer por la pared. "Por favor, puedes unirte a mí cuando te sientas cómoda para hacerlo... creo que esta es tu bata" Inclinó la cabeza ante el atuendo arrugado a los pies de Lochley y se alejó de allí a través de la pared.

Lochley se agachó, cogió su bata y se la puso, luchando con la tentación de meterse de nuevo en la ducha y quedarse allí todo el día. {{Justo cuando creía que este sitio se iba a calmar un poco.. Dios ayúdame}} Frunció el ceño, se ciñó el cinturón de la bata y salió con paso airado, entrando en su habitación.

Draal estaba sentado en el sofá, y pasaba su mano sobre la tela, aparentemente con curiosidad. Cuando la palma de su mano tocaba el sofá más chispazos de luz ondeaban por su piel. Si era un holograma o una proyección, era desde luego muchísimo más sofisticado que cualquiera que hubiera visto. Cuando ella entró alzó la vista y sonrió. "Ah, Capitana Lochley."

Bastante enojada, Lochley sentía como la rabia empezaba a esfumársele. No podía evitarlo: esa sonrisa era una especie de combinación ridícula de poder, alegría y una honesta contrición.

"Mis disculpas por esta presentación tan brusca" continuó Draal. "Pero me he dado cuenta de que me gusta sorprender a la gente. Cuando les sorprendemos, vemos a la gente como son realmente, sin sus máscaras, con sus defensas al descubierto. Yo deseaba ver al tú real, el tú que conoce sus miedos y los domina, que reacciona con toda su capacidad ante la amenaza, el que sabe cuándo es útil luchar y que abandona la lucha cuando no lo es".

"Eso quería".Lochley entrecerró los ojos. Halagar es fácil, ella nunca había confiado en los halagos. "¿Nunca se te ocurrió que a mí también me gustaría gozar de la misma ventaja?"

"Oh, claro, pero Roma no se construyó en un día, como decís los Humanos".

Antes de que Lochley pudiese corregirle Draal se levantó y caminó hacia ella, con sus ropas en movimiento.

Aún así, cada uno empieza como empieza y así debo hacerlo yo. Estás al corriente, por supuesto, de la así clasificada presencia alienígena en Epsilon 3.

"Las Fuerzas Terrestres me informaron antes de asignarme aquí, sí". Ella frunció el ceño. "¿Tú?"

"En parte, solamente. No, soy como me ves, un Minbari de origen humilde y con poco talento". Draal se inclinó con un gesto dramático. "La Máquina a la que sirvo tiene años de antigüedad, la construyeron para mantener el continuo que nosotros conocemos como historia. La crisis concreta que fue prevista ya es pasado. Pero habrán otras crisis. Y por ello, creí que era ya el momento de que nos conociéramos".

"La Máquina". El cerebro de Lochley comenzó a reaccionar, con algo de retraso. Se dejó caer sobre uno de los brazos del sillón. "Las Fuerzas Terrestres nunca me dijeron que sirviese para es, sólo me hablaron de su peligro".

"Nunca supieron para qué servía" dijo Draal. "Ese secreto se reservaba sólo para aquellos que supieran qué hacer con él: yo mismo, John Sheridan, Delenn de Mir, la Capitana Ivanova, el Ranger Marcus Cole". Se sentó en el sofá y cruzó los brazos. "Y el hombre que vosotros conocéis como Jeffrey Sinclair"

Lochley puso un tono menos cordial. "¿Sabes qué le pasó a Sinclair?"

"Lo sé" Draal la miró pensativo. "Pero no estoy seguro de si estás preparada para oírlo todavía"..

"¿No estás seguro?" Lochley le miró echando fuego por los ojos. "¿Quién diablos murió y te hizo a ti rey del planeta?"

"Varn".

"¿Qué?"

"El anterior Guardián de la Máquina. Varn era su nombre. Ahora muerto, desde hace unos cuatro años.". Draal miró al suelo en señal de luto. "Ahora yo sirvo a la Máquina. ¿A quién sirves tú, Capitana Elizabeth Anne Lochley?" Y levantó la mirada hacia ella.

Algo en la intensidad de su mirada hizo que Lochley no ignorara la pregunta por retórica. "A las Fuerzas Terrestres y a la Alianza Terrestre" dijo ella lentamente "en la persona del Presidente y el Gabinete de Gobernantes".

"Ahí está.". Dijo Draal señalándola. "¿Cuánta libertad tienes para guardar secretos Capitana? ¿Cuáles son tus deberes y tus lealtades?¿Cuándo hay que dejar de lado el honor para ocuparse de lo que es necesario? Hasta que conozca tus respuestas a estas preguntas no puedo decirte lo que deseas saber".

Lochley endureció el gesto. "En resumen, me estás pidiendo que confíe en ti en un grado en que tú no estás dispuesto a confiar en mí".

Draal contestó ceñudo. "El capitán Sheridan no fue tan desconfiado cuando me revelé ante él.".

"Yo no soy el Capitán Sheridan.".Ahora verdaderamente irritada, Lochley se levantó. "El Capitán Sheridan decidió que debía sacrificar su juramento de servicio y su carrera en las Fuerzas Terrestres por un deber más alto. Pues muy bien; ese era su derecho. Pero eso fue entonces. Estamos aquí y ahora. Yo no soy Sheridan y yo no pienso tomar las mismas decisiones sin razones de peso. ¿Quieres mi confianza? Vale, pues tendrás que ganártela". Lochley cruzó sus brazos y miró furiosa a Draal. "Vuelve cuando estés preparado para ponerte a mi nivel, Draal. Si no es así, sal de aquí."

Draal arqueó las cejas de golpe con la expresión sorprendida de alguien al que nunca habían gritado ni habían dado órdenes durante muchísimo tiempo. Pero antes de que pudiera dar una repuesta, un sonido electrónico y agudo cortó el silencio. A Lochley le costó unos instantes darse cuenta de qué se trataba; entonces como puro reflejo, se dio la vuelta y se introdujo en el dormitorio. Cogió su transmisor de la mesilla de noche. "¡Lochley!" contestó. "¡Adelante!"

"¿Capitana?" Era Corwin, su discreta y hermética voz con más aprensión y enojo que ella hubiese oído en mucho tiempo. "Creo que será mejor que se encuentre conmigo lo antes posible. Tenemos un problema."

"Recibido. Estaré ahí en diez minutos." Apagó su transmisor. "Y tú no tienes ni la mitad de eso, Teniente" murmuraba para sí misma. Airada se dispuso a entrar de nuevo en la sala. "Escucha Draal, tengo que.."

Y entonces se quedó en silenci. El Minbari se había ido. Pero en la pared del fondo de sus habitaciones, unas letras a unos 4 pies de altura brillaban con una luz dorada.

VOLVERÉ

Sólo permanecieron allí el tiempo suficiente para que ella pudiera leerlas. Después desaparecieron de la vista como la neblina a la luz del sol. Lochley sacudió la cabeza, esperando que con el movimiento lograra verlo todo más claro. Pero no fue así.

"¿Por qué siento que este va a ser uno de esos días?" murmuró.

******* 6:23 ESTÁNDAR *******

El mercader Abbai propietario del puesto se revolvió con un gañido de sorpresa, enojo y disgusto.

Vir Cotto no era normalmente un hombre maleducado. Aunque tenía algo más de confianza en sí mismo de la que había tenido en su día, esta actitud era mayormente, un esfuerzo deliberado para mostrarse desafiante o mal educado, a menos que estuviese enfadado de verdad. Pero para algunas cosas es que no había otra respuesta posible. Vir dio unos pasos atrás y escupió el líquido de sabor asqueroso que tenía en la boca sobre el mostrador. El mercader Abbai que regentaba el puesto se sobresaltó con un gañido de sorpresa, enfado y disgusto.

"¿Bivare?" Vir se enjugó el líquido de la boca. "Amigo mío, lo siento pero si esto..." dijo  sosteniendo la botella de verde sucio de la que él acababa de dar un trago "¡si esto, si esto es brivare yo soy el Lord-General Marrago! ¡Esto sabe, bueno, sabe como si lo hubiesen pasado por el depósito de residuos que hay debajo de las oficinas del Kha’Ri allá en el planeta Narn!" Dejó la botella, cogió un trapo de un lado del puesto de venta y con él limpió el charquito de líquido. "¿Estás seguro de que hablaste con los mercaderes adecuados?"

El Abbai se incorporó hasta quedar de pie, con las vejigas de respiración en un lado de su cuello hinchadas y palpitando de indignación. "¡Me prometieron que era lo mejor de las viñas de la Casa Tejuri, Embajador!" clamó en un tono casi sin aliento.

"¿Tejuri?" repitió Vir. "¿La Casa Tejuri?" Empezó a reírse sin poderlo evitar. "Amigo mío, en el idioma utilizado en los templos,  " 'tejur' es nuestra palabra para, bueno, digamos que es lo que nuestro ganado suele dejar de rastro en los campos de pasto". Agitó la cabeza y volvió a poner la botella en su sitio, en una caja de madera de frascos y botellas, a un lado del puesto. "Ambos hemos sido engañados, Kaborah. Sugiero que tengas más cuidado cuando negocies con los contrabandistas Centaurii"

Kaborah le miró furioso. "Quizá deba tener más cuidado cuando haga negocios con los Centauri en general, Embajador. He arriesgado mucho para conseguir esto para usted".

Vir suspiró. Pasaría mucho tiempo antes de que a los ojos de la galaxia los Centauri fuesen considerados de confianza. Demasiados de los mundos de la Liga y los Narn recordaban la bota Centauri aplastándoles. Incluso la Alianza Terrestre y las líneas de comercio de la Casta Trabajadora habían sufrido las consecuencias de la insensata cruzada del Regente, aunque ni mucho menos había sido tan mala como para aquellos. Quizá Londo -- se corrigió mentalmente-- quizá el Emperador Mollari había hecho bien al declarar el aislamiento de la República. Las reparaciones y sanciones harían que fuese prácticamente imposible la reconstrucción, por supuesto... al igual que había limitado de forma severa la disponibilidad de buen brivare.. pero al menos no habrían tentaciones de provocar otra guerra.

Bien, esos asuntos los dejaría para otro día. El Abbai seguía allí delante de él. Con una exhalación de resignación Vir le dio su tarjeta de crédito. "Por tus esfuerzos" sugirió. "Digamos que el diez por ciento de lo que habíamos acordado como precio. ¿Como si fuera.. el anticipo? ¿Para un negocio con más éxito?"

Kaborah le miraba como si hubiese mordido algo amargo, pero la tarjeta delante de su cara era una tentación demasiado fuerte para resistirse a ella. Se la arrebató de la mano, la pasó por el lector y se la devolvió a Vir con un gruñido. "Habla conmigo en dos semanas. Quizá entonces tenga algo para ti".

Dos semanas. Vir agitó la cabeza. Bueno, siempre le quedaban las tiendas de licor Humanas... le estaba cogiendo el gusto al brandy francés. No era brivare pero de momento serviría. Puso su tarjeta de nuevo en su bolsillo y se dispuso a marchar, y entonces se giró. "Em... ¿Kaborah?"

"¿Sí?" El Abbai pronunció un largo suspiro de sufrimiento.

Vir puso una de sus manos sobre la caja de madera con las botellas y la empujó. Cayó entre un fuerte estrépito y astillas de madera, cristal y líquido; casi todas las existencias del Abbai se desintegró en el suelo. Kaborah dio un grito de rabia y se fue a enfrentarse a Vir .

PAM

El movimiento de Kaborah paró de repente. Sus pupilas se cruzaron al intentar centrar la vista en el cuchillo clavado en el soporte plástico principal de su puesto que estaba frente a él. Si se hubiese movido sólo un paso adelante, el cuchillo se hubiese clavado en su cuello. Por un momento el clamor del Bajo Sótano se esfumó. No había sonido alguno.

Vir sonrió. "Puede que yo no te guste, Kaborah, pero yo soy el Embajador de la República Centauri. Intenta engañarme otra vez o trátame como hiciste hoy, y lo lamentarás". Le señaló entonces la caja de vino destrozada. "El diez por ciento que acabo de pagarte cubrirá sin problemas los gastos para reponer esa basura e incluso te sobrará, así que no te quejes". Entonces apoyó el pie en el soporte, arrancó de allí el cuchillo y lo sostuvo apuntando a la cara del Abbai. "¿Nos entendemos?" Vir le dirigió al mercader la más dulce de sus sonrisas.

La boca de Kaborah se movía como si quisiera maldecir a Vir y a toda su progenie, pero el cuchillo brillaba frente a sus ojos. Lo que al final le salió fue un "Sí" de mala gana y derrotado.

"Bien" Vir se volvió y se alejó caminando y silbando.

Al irse de allí se volvió a colocar el cuchillo en la manga con más alivio de lo que se atrevería a mostrar. Había practicado con él sólo durante unos meses y la verdad es que en realidad había apuntado a espaldas de Kaborah detrás del puesto; el impacto en el puesto de este justo frente al mercader había sido de pura suerte. Cuando Vir estaba pensando en lo cerca que había estado de darle de verdad a Kaborah, sintió la necesidad de tragar saliva.

En la intersección principal dudó y entonces decidió girar a la izquierda. Normalmente giraba a la derecha hasta los niveles de mantenimiento de debajo y después hacia los Jardines, pero había que dar muchas vueltas y ese día no tenía tiempo. Estaba agotado, había estado despierto toda la noche para preparar el encuentro que acababa de terminar y todavía estaba ultimando los detalles. Entre el cansancio y la preocupación,  no hizo caso de la oscuridad que había en el pasillo o a la repentina calma y silencio a su alrededor.

Entonces tropezó con algo. “Perdón” dijo como ausente, e intentó pasar por el lado de aquel hombre alto que había en su camino. El hombre se puso frente a él. Enojado, Vir levantó la vista. Y más arriba y más arriba.

El hombre era calvo, iba vestido con unos vaqueros rotos y tenía uno o dos huecos en su inconfundible peligrosa sonrisa. Vir parpadeó, con los ojos bien abiertos. Lentamente retrocedió y se paró cuando por fin hizo caso de lo que le decían sus sentidos. Con cuidado miró a su alrededor.

Había, según contó, otros cinco. Tres humanos, un Drazi y un Brakiri, Varios de ellos llevaban cadenas o tubos en la mano. No llevaban pistolas, gracias a los dioses. Vir se preguntó frenético en el nombre del Gran Creador, de dónde habían salido pero tampoco malgastó mucho tiempo pensando eso.

Intentó esbozar una sonrisa. "¿Puedo ayudarles caballeros?"

El líder rió de forma desagradable. "Se, puedes. Quédate quieto".

Vir parecía confundido. "¿Así dolerá menos?"

El líder quedó pensativo. "No, pero se terminará antes.". Sin mediar palabra, dio un paso adelante y golpeó a Vir en la cabeza con una palanca.

Vir se escabulló hábilmente y cogió el brazo del hombre por la muñeca y el codo, y entonces se agachó, se lo retorció y apretó. Con un grito casi más de sorpresa que de agonía, el líder cayó al suelo con un brazo roto, y su palanca de hierro se fue rodando por el pasillo. Con auténtico shock los otros quedaron inmóviles por un momento, cuando se recuperaron Vir ya se alejaba corriendo por el callejón. Entonces la rabia dejó paso al asombro. Entonces salieron en su busca aullando y decididos.

Entre las sombras dos ojos de un violeta rojizo observaban.

Lochley caminaba a pasos largos por la esquina que llevaba a la puerta de su oficina y de repente se detuvo como si le hubieran golpeado en la cara con un rastrillo.

Corwin estaba allí de pie. A su lado había un hombre algo de ojos claros, con una cara de rasgos duros y el cabello rubio oscuro bien corto. Su pálida piel contrastaba con sus ropas todas negras: cuello alto, chaqueta, guantes de piel de cabra, pantalones con la raya bien marcada y unos zapatos negros de vestir relucientes. Lo único de color de todo su uniforme era el bronce brillante de su insignia del Cuerpo Psíquico que llevaba en el pecho.

"Oh no". Después de decirlo, Lochley se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta.

"Capitán, este es el Oficial Colin Ferris de la Policía Interna de los Psico-expertos". Corwin miraba fijamente a la pared con decidida profesionalidad. "Está aquí para, em, bueno... está.." El teniente respiró hondo. "Está aquí para reunirse con usted antes de tomar posesión de su cargo."

"¿Cargo?"

Ferris dio un paso adelante y tosió educadamente. "Lo que el teniente Corwin teme decirle-- dijo con voz lacónica-- es que la Alianza Terrestre, en su infinita sabiduría, ha decidido que tras el conflicto con Byron Gordon y sus seguidores rebeldes, es necesaria una presencia permanente de los Psico-expertos en Babylon 5. Alguien que ostente la autoridad legal del Cuerpo y no sólo un representante comercial". Encogió levemente los hombros. "Y aquí estoy"

Frunció el ceño y miró a Lochley con más atención. "¿Problemas con el pelo?"

Lochley se ruborizó. Con las prisas no había tenido tiempo ni de secarse el pelo ni de cepillárselo bien, se lo había recogido hacia detrás y se había hecho una cola. Esperaba que podría acabar con todo esto antes de que la cosa se pusiera peor. El día se estaba poniendo cada vez mejor. "¿Por qué a mí nadie me informó?"

Colin retorció la boca "Oficialmente porque cuanta menos gente sepa de mi venida antes de que realmente tome posesión, es menos probable que la gente tras la que voy tengan tiempo de escapar de la zona. Después de todo yo ESTOY persiguiendo telépatas rebeldes. No oficialmente, claro" y algo parecido a la comprensión asomó a su sonrisa "sospecho que es porque los Psico-expertos querían sorprenderla a usted, Capitana, tanto o más que a cualquier telépata rebelde". Se encogió de hombros.

Lochley le echó una mirada burlona. No era habitual en los Psico-Agentes, ni tampoco entre ningún telépata del Cuerpo, reconocer nada así. Ella suspiró. "Bien, bien, vamos a arreglar el papeleo y entonces yo..."

"Espere" Colin levantó la mano. La intensidad en su cara se mezclaba con algo que a Lochley le costó reconocer. Alarma. Y entonces, de repente, miedo.

Miró al vacío por un breve espacio de tiempo. Entonces se volvió a mirar a Corwin. "Teniente. Llame a Seguridad".

"¿Qué?" Corwin le miraba atónito.

Colin se volvió hacia Lochley. "Capitana, llame a seguridad ¡ahora! Un Centauri está siendo atacado en el Bajo Fondo..." Hizo un movimiento brusco como si le hubieran apuñalado y puso una mano a un lado de la cabeza. "¡Aaaa!" gritó, y se tambaleó. Como acto reflejo, Corwin intentó sujetarle.

"¡Oficial Ferris!" Lochley fue hacia él y le zarandeó. "¿Qué está pasando?"

"Envíe Seguridad a ... La cara de Collin se retorcía con una mezcla de agonía y concentración. "¡Marrón 37. Ahora!" Mientras Lochley y Corwin intercambiaban una mirada de incredulidad, Colin se esforzaba por ponerse erguido. "¡AHORA!" gritó Colin.

Algo en ese grito hizo que Lochley se decidiera. Pulsó en su transmisor. "¡Seguridad!"

"¿Capitana?" le respondió la voz sobresaltada de Zack.

"¡Marrón 37, alguien está siendo atacado allí en estos momentos, VAYAN INMEDIATAMENTE!"

****************

Sangre

Sangre roja de los dos humanos muertos y del Centauri que yacía en coma, su pecho se elevaba y se hundía en una agonía lenta y laboriosa. Sangre de color canela del Brakiri muerto. Corría por el suelo en un lento y viscoso charco, era el único movimiento en el callejón sin salida del pasillo.

Los ojos rojizo-violetas lo miraban sin pasión, tan sólo con un leve interés. Podía sentir como la vida se esfumaba en el aire. Había visto la muerte, había estado en su presencia, tantas veces. Ya no le aterrorizaba como antes, ni tampoco le escandalizaba. Ahora sólo había en él la fascinación de mala gana, la compulsión a mirar que no entendía bien. No sentía placer alguno con ello. Pero no podía evitar mirar.

Del final del pasillo venía el sonido de voces y pasos que se aproximaban rápidamente. El que miraba se volvió. Era hora de irse. Desapareció con pasos silenciosos en dirección contraria.

Momentos después Zack Allan y un equipo de seguridad entró con paso firme en la boca del callejón sin salida. Zack se quedó paralizado al mirar tal carnicería. Se dio cuenta de quién era el Centauri. Se le escapó un gemido. "Oh, Dios, no..." Pulsó en su transmisor mientras sus hombres inundaban el lugar para examinar los cuerpos. "Dra. Hobbs traiga un equipo de trauma a Marrón 37!"

"Ya vamos".

Zack ni siquiera lo oyó. Sin hacer caso de la sangre que había en el suelo, se fue directo hacia Vir y se arrodilló. "Oh Dios" dijo con un tono áspero. "Venga Vir, no me hagas esto" Sujetó la mano del Centauri y la apretó. "¡No hagas esto Vir! ¡Venga! ¡Levántate!"

La cara de Vir no se movió.

"¿Es amigo suyo, Jefe?" le dijo uno de los guardias con una cauta curiosidad.

"Es más que eso". Zack miraba fijamente los rasgos cubiertos de sangre de Vir. "Es el Embajador de la única nación principal estelar que no es parte de la ISA. Y si muere, podríamos ir directos a otra guerra interestelar".

ACTO PRIMERO (ir al principio)


***************** 9:32 ESTÁNDAR*****************

La Dra. Hobbs entró en la sala de reuniones todavía vestida con su bata de operar, con el paso torpe, típico de los que están exhaustos y agotados y que se fuerzan a moverse con rapidez por razones que no son de su elección. "Perdón, llego tarde" dijo entre dientes y se dejó caer en la única silla vacía que quedaba. Se quitó la gorra verde de la cabeza de un tirón cansado y se pasó la otra mano por el pelo. Su voz, normalmente musical, sonaba monótona por la fatiga. "Dios, no quiero empezar el día así otra vez".

"Lo entendemos, Doctora" Lochley hizo una pausa, preguntándose cuánto tiempo era adecuado esperar para sonar comprensiva, pero suficientemente rápido como para que las cosas no fueran lentas. "¿Y bien?"

Hobbs suspiró. "El Embajador Cotto le pegaron salvajemente y con profesionalidad. La mayoría de las costillas del lado derecho estaban rotas y un pulmón perforado. Pero lo peor era la cabeza. Había una gran contusión y una fractura muy fina justo a lo largo de la parte de atrás del cráneo. No hay aumento de la presión subdural que haya podido observar todavía, pero el sistema bicardial de los Centauri tiene algo más de espacio para absorber presiones internas. Aparte de eso..." Se encogió de hombros con un gesto de cansancio. "Si nada cambia a peor en las próximas cuarenta y ocho horas, debería recuperarse. Pero no podemos hacer nada más".

"Así que no podemos esperar un testimonio entonces".

Hobbs levantó la vista hacia la extraña voz, por primera vez al oír a Ferris. Frució el ceño. "¿Quién demonios es usted?"

El Psico Agente le echó una mirada a Lochley. "Supongo que ella no está en la plantilla diplomática".

A Lochley le costó aguantarse la risa. No quería que le gustara este hombre. Había acabado más que harta de los Psico Expertos en el último año. Pero a diferencia de las ocurriencias sarcásticas, el humor inexpresivo de Colin parecía carecer totalmente de burla. Parecía ser uno de los pocos telépatas que había conocido que todavía tenían un verdadero sentido del humor y por supuesto no incluía a Bester.

Quizá era algo inherente a la telepatía, un regalo, musitó ella. ¿Después de todo cómo ibas a poder apreciar los chistes si siempre veías venir la gracia?

"Este es el Oficial Colin Ferris" dijo Zack. Sonaba como si hubiese preferido presentar a un nauseabundo Pak’ma’ra. "Estará en la estación a partir de ahora. Para siempre.".

"Oh" Esa fue la única reacción de Hobbs, que indicaba lo exhausta que estaba.

Zack se aclaró la garganta y miró a Lochley. "Tenemos las fichas de dos de los maleantes que Vir, mm, derribó. El Brakiri se llamaba Dagool. Era un local. Un gorila a sueldo básicamente, pero normalmente se limitaba a robar carteras y a robos sin importancia. Algunos trabajillos eventuales para Deuce Mosechenko como ejecutor, pero cuando Deuce desapareció el año pasado ese negocio se terminó para él. Este tipo de ataque no es lo suyo."

"La desesperación lleva a la gente a actos insospechados" apuntó Lochley con frialdad. "Especialmente a los criminales"

Zack se encogió de hombros. "Quizá. Pero seguramente sabía que BATCorp podía cancelar la tarjeta de crédito de Vir momentos después de averiguar todo esto. ¿Para qué iba a necesitar tanto crédito con tanta rapidez?"

Al fondo frente a él Tessa Halloran se aclaró la garganta y caminó hacia delante. Parecía ser la única persona de los presentes que había podido dormir la suficiente cantidad de sueño; su fría y elegante belleza era impecable. "Esa podría no ser la razón."

"¿Qué quieres decir?" dijo Zack.

Tessa le ordenó. "Termine su exposición primero"

Zack se encogió de hombros. "El otro tipo estaba cortado por el mismo patrón. Mucho músculo y poco cerebro. No hay ficha del tercero"

"¿No hay identi-tarjeta?" preguntó Ferris con los ojos en alerta.

"No, lo que indica que fue pasado de contrabando abordo por otra persona. Estoy realizando una búsqueda facial en la BabCom en estos momentos, pero eso tardará un par de horas por lo menos, si tenemos suerte". Zack miró a la Dra. Hobbs. "Lilian, si alguien puede realizar una autopsia rápidamente, quizá consiga algo más de información para realizar una búsqueda más detallada".

Hobbs suspiró. "En cuanto llegue a servicios médicos ordenaré que alguien la haga".

"Gracias Doctora". Lochley miró a Tessa. "Bien, Directora, ¿cuál es su visión del incidente?"

"Dos posibilidades". Tessa mostró un archivo en su mini-ordenador. "Jefe Allan, dijo usted en su informe que quince minutos antes de ser atacado, el Sr. Cotto estuvo implicado en un altercado con un mercader Abbai. ¿Podría el mercader haber organizado todo esto por venganza?"

"No en quince minutos". Zack negó con la cabeza. "Además, conozco a Kaborah, no es tan idiota. Y francamente no creo que tuviera agallas para hacerlo. Seguramente pensaría en hacerlo pero nunca tendría valor para hacerlo.".

"O el dinero" añadió Ferris. "Sea cual sea la tarifa para romperle las piernas a alguien, si el Abbai podía permitirse eso, podía entonces permitirse mejor material para vender".

Tessa se extrañó y dijo. "¿Cómo conoce usted la calidad de ese material"

Ferris se encogió de hombros. "Podría decir que ‘tengo mis fuentes’'". Puso sus manos sobre sus sienes y abrió más los ojos, poniendo una expresión falsamente mística; entonces volvió a poner su habitual cara inexpresiva. "Pero es más simple que eso. ¿Qué Centauri destrozaría una botella de alcohol a menos que fuese de lo peor imaginable?"

Los demás intercambiaron expresiones divertidas; era como si, pensaba Lochley mientras intentaba mantener en su cara un gesto serio, no estuviesen seguros de si debían reír o no.

Finalmente Tessa carraspeó y continuó. "En ese caso, eso deja otra posibilidad".

"¿Y cuál es?" dijo Lochley.

"Que eso fuese una distracción. Una falsa paliza planeada para esconder otra cosa. Seguramente un robo o algo además de su tarjeta de crédito. Algo poco usual, algo en lo que no repararíamos, que no sabríamos que faltaba".

También podría ser un intento de asesinato" sugirió Lochley.

Con sorpresa, Tessa negó con la cabeza. "No, no lo creo. Si la muerte del Sr. Cotto hubiese sido el objetivo de esto, estaría muerto. Puede usted segura de eso". Dejó su mini-ordenador con los datos, dio un paso atrás y cruzó los brazos. "Buscaban algo más. Algo que era más importante que matarle"

Lochley asintió lentamente. "Pero por desgracia no tenemos modo alguno de descubrir qué era lo que buscaban hasta que Vir despierte". Dudó. "Si es que despierta".

Hubo un momento de un gran silencio en la estancia. Entonces Tessa se irguió un poco, su cara se endureció con recelo e impaciencia. "En realidad... podría existir un modo".

"¿Qué?" dijo Zack.

Tessa miró a Ferris. Uno a uno los otros hicieron lo mismo. Al darse cuenta de que era el foco de atención de todos, los ojos del Psico Agente se abrieron más. Negó con la cabeza. "No. Absolutamente no. No arriesgaré provocar un incidente diplomático interestelar por llevar a cabo un escaneo sin autorizar sobre un embajador reconocido".

"Oh venga" le respondió Zack. "Mira, puedes intentar colar esa tontería en otro sitio, pero sabemos cómo sois vosotros en realidad"

"¿Vosotros?" repitió Colin. "¿Qué, quieres decir los escoceses?"

"Eres escocés?" dijo Hobbs.

"Sólo por parte de madre. Por parte de mi padre soy un tirano inhumano". Ferris se volvió contra Zack. "Escuche Jefe, sé que ha tenido experiencias muy desagradables con algunos como yo que llevan uniforme. Entiendo cómo eso puede predisponerte contra mí. Después de todo, todo el que lleva un uniforme de las Fuerzas Terrestres es exactamente igual, ¿no es así?"

La cara de Zack se endureció. Lochley intervino. "Creo que ha quedado claro, Oficial Ferris"

"No, no lo creo" Ferris golpeó la mesa y les miró a todos airado. "Estoy aquí para realizar un trabajo, señores. No estoy aquí para tomar el mando de la estación, o para dirigir sus vidas, o para malgastar mi tiempo metiendome en la mente de todos con los que me cruzo. Todo lo que pido es que me juzguen por lo que yo soy. No por mi uniforme. ¿Es eso pedir demasiado?"

"Teniendo en cuenta que la última vez que los Psico Agentes estuvieron aquí todo terminó en un cruce de tiros que casi terminó con la muerte de uno de mis mejores amigos y que hirió a mucha gente que me importa" dijo Zack entre dientes, "sí, creo que es algo más difícil de lo que puedas imaginar"

"En serio" Colin parecía pensativo. "¿Y si no hubiésemos venido? ¿Si a Byron y a los suyos se les hubiese permitido continuar como estaban? ¿Chantajeando telepáticamente a todos los embajadores de la ISA? Bailón 5 hubiese sufrido un embargo por parte de la mitad de los poderes de la galaxia y hubiese sido destruida por la otra mitad para evitar que ese tipo de información se hiciera pública y la Alianza Interestelar hubiese muerto en su primer año de existencia. Nosotros evitamos todo eso, Sr. Allan"

Colin se golpeó en el pecho. "Salvamos la Alianza Interestelar. Porque ese es el trabajo de la Policía Psíquica. Evitar el abuso de los poderes telepáticos sobre aquellos que no pueden defenderse contra ellos".

Exhaló un suspiró largo y airado. "Y no puedo hacer ese trabajo si yo mismo caigo en ese abuso. No pienso escanear al Sr. Cotto. A menos que él conscientemente lo pide".

Hubo un golpe de silencio mientras todos los demás intercambiaban miradas. Lochley carraspeó. "¿Ha terminado Sr. Ferris?"

"Por ahora sí."

"Bien. Entonces puede disculparse ante mi Jefe de Seguridad por la increíble mala educación que ha mostrado." Colin abrió la boca pero antes de que pudiese decir nada Lochley volvió la mirada hacia Zack. "Y usted, Sr. Allan, puede disculparse ante el Oficial Ferris por su actitud increíblemente prejuiciada hacia él."

Zack pareció pasmado. "Capitana.."

"Es una orden, Sr. Allan" Miró a Colin. "No puedo darle órdenes a usted, pero puedo hacer que su trabajo sea más fácil o puedo hacerlo mucho más difícil. Es su elección, Oficial Ferris".

Los dos hombres se intercambiaron una mirada de desconfianza.

 Lochley sonrió. Pero no tenía intención de hacer gracia. "No es una opción, chicos. Este es mi terreno. Y no pienso permitir peleas aquí. ¿Está claro?"

Zack bajó los humos. "Claro" dijo entre dientes. Extendió su mano. Colin dudó un momento y le ofreció la suya de mala gana.

Lochley se frotó la frente. "Sabía que este iba a ser uno de esos días" murmuró en voz baja.

******** 10:17 ESTÁNDAR ********

Entre los leves bips y los fríos paneles verdes plastiformes del Quirófano 1, el alto y moreno guerrero Narn vestido de cuero estaba allí de pie como una columna de piedra tallada de forma desigual entre un jardín cuidadosamente diseñado. Unos ojos oscuros de un color entre rojo y marrón miraban fijamente sin pestañear a la forma inmóvil del Centauri que yacía en la cama de la enfermería. La empuñadura de la espada que llevaba sobre la espalda centelleaba a la luz de las lámparas. Tenía los brazos cruzados. Los dedos de una mano golpeaban de forma constante, con un ritmo lento sobre la manga de su otro brazo, cubierto con armadura: ese era el único sonido o movimiento que venía de él. Él podría haber sido una imagen de un antiguo dios juez que observa a la última alma que llega ante su trono.

"Contempla, el universo esta siempre lleno de nuevas maravillas" pronunció una voz ronca de contralto desde la puerta, con un ligero acento burlón y armonioso. "Un indeciso Narn"

El Narn volvió la cabeza ligeramente para mirar de lado a la mujer Minbari. "¿Acaso eres telépata Sherann, para saber en qué pienso?"

"Algunas mentes, Ta’lon, es imposible no leerlas." La Embajadora Minbari en la Babylon 5 colocó las manos en la espalda y entró en la estancia. "Una vez vi a un religioso Minbari en un debate un hombre sencillo pero de gran fe. Todos los contertulios tenían argumentos convincentes de gran valor. El pobre hombre estaba tan ocupado en intentar imaginar en qué creía que cuando se dispuso a hablar el debate había terminado ya hacía horas y él era el único que quedaba en la Sala de Discursos".

"¿Y qué quieres decir, Sherann?"

"¿Además de lo que he dicho?" Caprichosamente la Minbari tocó la punta de su cresta con una de sus manos. "Lo que quiero decir es simplemente que pareces tan indeciso como ese pobre hombre. Mi pregunta es ¿sobre qué?"

Ta’Lon se volvió a mirar a Vir, buscando su cara vendada como si fuese una visión. "Toda mi vida su gente han sido el enemigo. Toda mi vida han sido nuestros demonios, el Gran Mal. Ni siquiera odiamos a las Sombras tan ferozmente como a los Centauri"

"Y ahora veo a un buen hombre, a un hombre herido, un hombre acosado por demasiados enemigos desafiando el honor y la justicia. Un hombre que luchó con valentía antes de ser derrotado. Un hombre que siempre ha luchado para ayudar a su gente, incluso al final de la ocupación, contra las órdenes de su jefe y su Emperador. Y la verdad es que ya no sé qué pensar."

Sherann se mordió el labio. "¿Todavía estás tan unido a tu odio Ta’Lon?"

"Igual que un hombre se aferra a una roca en un mar negro, Sherann" El Narn se volvió y un destello de humor brillaba en sus ojos, mezclado con algo más profundo-- ¿incomodidad? ¿dolor? ¿incluso miedo? "Aunque esa roca podría ser afilada como una cuchilla, podría cortar y cercernar su mano y comportar sólo dolor, pero aún así... ese dolor es preferible a ceder y caer en la negrura de lo desconocido"

"Lo sé... es culpa nuestra"

Ambos se estremecieron ante las débiles palabras. Vir se humedeció los labios lentamente, tenía los ojos cerrados aún y pronunció otro suspiro. "Deberíamos haber... leído... vuestra poesía. Entonces hubiésemos sabido... que no erais bárbaros"

Sus ojos se abrieron repentinamente, y asombrosamente un destello de alegría, nublado por el dolor, brilló en ellos. "Pero cometimos el error ... de escuchar.... vuestra ópera antes."

La boca de Ta’Lon se estremeció en una especie de sonrisa. "No me mires a mí, Cotto. Yo no tengo oído para la música y nunca lo he tenido"

"Doctor" Sherann golpeó con los dedos la pared transparente de la enfermería. Hobbs levantó la vista al otro lado de la habitación central de Servicios Médicos. Con los ojos bien abiertos sobre la mascarilla, se arrancó la tela de la cara y se apresuró a entrar en la habitación, y comenzó a examinar los datos que mostraba la cama de Vir.

"¿Y bien?" preguntó Ta’Lon.

Hobbs respiró con alivio y entonces sonrió. "No hay hemorragia craneal. Se pondrá bien." Se volvió y le dio un golpecito a Vir en la nariz; casi se pone bizco para mirar el dedo de Hobbs. "Hará caso de su doctora y se quedará en la cama durante dos semanas, pero estará bien."

La desesperación cruzó la cara de Vir. "¿Dos semanas?" dijo jadeando, y empujó levemente el colchón. "No, eso es inaceptable, tengo que.. tengo que levantarme ..." Consiguió incorporarse unos centímetros antes de hacer una mueca de dolor y volver a caer sobre el colchón. ."en unos minutos."

"El Embajador Cotto." Hobbs se puso las manos sobre los labios. "Fuera de esta habitación puede usted representar a la grande y gloriosa República Centauri. Aquí es usted mi paciente y hará lo que yo le diga, ¿lo entiende?

Vir parecía desesperado. "Pero tengo que..." y buscó por la habitación. "Mis pertenencias, mi zurrón.." Siguió recordando, consiguió liberar uno de los brazos de la unidad de escáner de la cama de la enfermería y con él señaló a una estantería donde se encontraban sus ropas ruinosas. "¡Ese zurrón! ¡Traédmelo, por favor!"

"¡Embajador!" dijo la doctora Hobbs.

"Doctora, espere" Sherann se dirigió al montón de ropa, sacó el zurrón, lo vació sobre la otra mano. Dos monedas de cobre de ocho ducados cayeron junto con uno o dos caramelos de menta envueltos en plástico. No salió nada más. Sherann levantó la vista y se encogió de hombros.

Vir, que había estado observando, cerró los ojos y se dejó caer en la cama. "Perdido" gimió. "Ah por los dioses, ya me pareció sentir que se lo llevaban esperaba equivocarme"

"¿Qué se llevó qué, Cotto?" respondió Ta’Lon.

Vir abrió los ojos y miró al techo con desesperación. "Un cristal de datos" suspiró. "Un cristal de datos crucial"

"¿Qué había en este cristal?"

"No os lo puedo decir"

"¿No te fías de un Narn, Cotto?"

"¡Cumplo órdenes!" Dijo esto con una mezcla de rabia y dolor. "No es el momento todavía. Tengo que recuperar ese cristal, Doctora, necesito una silla de ruedas, un bastón, cualquier cosa que me permita moverme". Se esforzó por volver a levantarse.

La mano de Ta’Lon se posó firmemente sobre su hombro y le empujó sobre el colchón. "No harás nada, Cotto." Ta’Lon dio un paso atrás y cruzó los brazos, y con su mirada feroz dijo a un asombrado Vir. "Yo recuperaré tu cristal"

Vir miraba sin comprender. "¿Tú? Pero ¿por qué?"

"Confieso que esa pregunta también se me ha ocurrido a mí" dijo Sherann

"No siento ningún afecto por tu gente Cotto" Ta’Lon gruñó. "Pero los hombres que te hicieron esto eran cobardes, rebeldes y ladrones. Y tú te defendiste con más valentía de lo que yo jamás esperé ver en cualquiera de tu especie. Esto es una cuestión de honor. No tiene nada que ver contigo".

"Oh desde luego" murmuró Sherann. Hobbs la hizo callar con la mirada.

"Mataste a tres de ellos" continuó Ta’Lon como si Sherann no hubiese hablado. Ignoró también el modo en que Vir cerró los ojos y giró la cara ante tan clara afirmación. "¿Cuántos más había?"

"Otros tres" murmuró Vir. "Seis en total."

"Seis contra uno" Ta’Lon produjo un sonido de disgusto. "Y todos más grandes que tú, sin duda. Habrá una lógica . Fuiste atacado en Marrón 37. ¿Dónde?"

Vir parpadeó. Ta’Lon suspiró y habló con un tono deliberadamente claro. "Te fuiste del puesto del mercado del Abbai en el Bajo Fondo y te fuiste ¿a dónde?"

Vir cerró los ojos expiró. "A un pasillo junto a uno de los ascensores de servicio, no recuerdo donde... el ascensor no funcionaba."

"Bien" Ta’Lon asintió. Se volvió y caminó hacia la puerta de la enfermería, se paró en el umbral con un murmullo.

"¿Ta’Lon?"

El Narn no respondió.

"Gracias"

"No hago esto por ti." La mano de Ta’Lon sujetaba el marco de la puerta de la enfermería. "Hago esto porque debo hacerlo." Soltó la manó y se fue

Sherann rompió el silencio con un suspiro melodramático. "Como toda maravilla, era demasiado bueno para que durara. Me pregunto cuándo volveré a ver a un Narn indeciso"

Vir con una risa ahogada que degeneró en tos, dijo: "Ponle una cuchara en su mano derecha y un cuchillo en su mano izquierda. Ponle un bol de spoo crudo bien caliente a su izquierda y un Centauri atado y amordazado a su derecha. Entonces verás a un Narn sufriendo la agonía de la indecisión."

A Sherann se le escapó una risita sin querer, pero Hobbs le miró con rabia. "Eso no es justo"

"¿Y lo de ser justo tiene que ver con qué exactamente?" Vir exhaló con dolor. "No importa. Tiene razón Doctora. Yo, yo le pediré perdón la próxima vez que le vea." Sonrió con tristeza. "Si Londo estuviese aquí, me prestaría sus telépatas y podría pedir perdón ahora."

Hobbs se puso firme, chasqueó los dedos, se giró y salió aprisa de Servicios Médicos. Los alienígenas la vieron salir algo sorprendidos.

"¿Es algo que dije?" preguntó Vir.

Sherann se encogió de hombros.

******** 10:32 ESTÁNDAR ********

    Era un momento tranquilo en el Eclipse Café entre el ajetreo del desayuno y la comida. El Narn sentado en la mesa de la esquina estaba solo y las mesas a su alrededor estaban vacías. Era más bajo y más delgado que la mayoría de los de su raza; el brillante lustre de sus escamas y pelaje presagiaban a un joven que sus ojos rojo y violetas no confirmaban. Tenía una mirada fría y dura, no como el mármol sino como el sílex o el hielo: una dureza quebradiza, una mirada abrasiva y escalofriante que hacía que aquellos con los que trataba le respetaran y que los demás se mantuvieran a distancia. Había recogido un mono de trabajo humano de algún sitio y lo llevaba para desafiar a la gente que lo encontraban raro o gracioso. El distintivo con el nombre había sido arrancado del pecho del mono y quedaban algunos hilos colgando

La falta de identificación no confundió a su comprador. "¿Tú eres G’Stral?" dijo al acercarse.

El joven Narn no apartó la vista de su bol de coroth. "Puede. ¿Quién dice que lo soy?" La voz también carecía de la resonancia típica de un Narn adulto; pero aquellos ojos... El comprador decidió no preocuparse por eso. Después de todo tenía cosas más importantes que considerar.

"La gente" respondió el comprador. Se sentó sin esperar a ser invitado; el Narn le miró con rabia pero no dijo nada. "Por aquí y por allí. La gente dice que haces buenos negocios. Negocios cerrados."

"La gente dice muchas cosas."

"La gente dice que disfrutas de tu crédito." El hombre hizo aparecer una tarjeta de crédito en la palma de su mano y la hizo desaparecer de nuevo. "La gente dice que conoces a gente. Que ayudas... facilitas contactos... por el precio adecuado".

G’Stral se quedó pensativo, la cuchara se detuvo momentáneamente antes de introducir el viscoso mejunje del coroth en su boca. "¿A quién quieres conocer?" Antes de que el comprador pudiese responder, añadió. "Pero yo no me dedico al sexo. Ni personalmente ni como chulo. Si quieres eso, conozco a gente con quien te puedo poner en contacto. Pero asegúrate de que tienes la pasta"

"Nada tan vulgar" dijo el comprador.

G’Stral se rió. El comprador parpadeó. "¿Qué?"

"Tú. Te comportas como si fueses peligroso y no puedes ni pronunciar unas pocas palabras malsonantes. Mira estás haciéndome perder el tiempo. ¿Qué quieres?"

{{Vale}} dijo finalmente el comprador algo enfadado. {{Puedo jugar a este juego}} "Un experto en descodificar" soltó en voz baja. "Y cuanto más familiarizado esté con la codificación Centauri mejor".

"Ya veo."

"Lo dudo"

"No dudes tanto." El Narn agitó una mano. "No me importa. Quinientos por localizar el servicio. Otros quinientos por presentártelo. Y asegúrate de que ahorras lo suficiente para pagar su tarifa, que probablemente serán por lo menos otros quinientos. Quizá mil dependiendo del trabajo."

"Eso es caro."

"El Narn tiene que ganarse la vida. Además, intenta encontrar un experto tú solo, a ver cuánto tardas. Pagas por comodidad, rapidez, confianza y confidencialidad. ¿En qué otro sitio ibas a encontrar todo eso?"

"Mil quinientos en total, tú y el experto os partís todo el queso."

G’Stral se lo pensó. "Mil ochocientos"

"Mil seiscientos."

"Mil setecientos cincuenta"

"Mil seiscientos veinticinco"

"Mil setecientos."

"De acuerdo"

No estrecharon sus manos, eso hubiese sido demasiado descarado. G’Stral simplemente le paso el block lector; el comprador pasó por él su tarjeta e ingresó la cantidad. "¿Y bien?"

G’Stral dio un último bocado a su coroth y sonrió. "Encuéntrate conmigo aquí a la una. El experto vendrá conmigo"

El comprador le miró fijamente durante unos instantes, luchando con la tentación, pero era un riesto demasiado grande. "Bien." Asintió con cortesía, se levantó y se alejó con un paso ni rápido ni lento. En unos segundos se había esfumado entre la multitud del Zócalo.

G’Stral cogió el lector y miró la cifra que brillaba en él, la cuenta que acababa de subir en mil setecientos. Una extraña sonrisa se dibujó en sus labios

"¿Es así..." preguntó al vacío "...cómo planean recordar a Byron?"

ACTO DOS (ir al principio)


****************10:43 EST****************

"¿Lo dicen en serio?" Vir miró con incomodidad a Colin, Lochley y a la Dra. Hobbs, les miraba como si sospechara que todo era una broma pero no acababa de entenderla.

"Entendemos que es una molestia, Embajador ..." comenzó a decir Lochley.

"¿De verdad?" Vir intentaba mantenerse erguido. "¿Alguna vez han sido escaneados por un telépata? ¿Alguno de ustedes?" Miró a Hobbs y luego a Lochley. Nadie respondió. "Yo sí, y puedo asegurarles que es algo menos divertido que ser el árbitro en un evento deportivo Drazi.

"¿Y se resistió?" dijo Colin, sonando casi clínico.

"¡Por supuesto que me resistí!" Vir le miró airado, después bajó la mirada al suelo. "No es que sirviera de mucho, pero bueno eso era lo que se requería de mí, pero bueno, esa es otra historia."

"Hay técnicas para bloquear los escaneos" dijo Colin. "Disciplina mental. No servirían contra un escaneo de fuerza bruta realizado por alguien muy poderoso, pero sirve de defensa contra fisgones ocasionales o contra intentos de bajo a medio nivel. Podría enseñarle a hacerlo si usted lo desea." Ignoró las miradas de confusión de Lochley y Hobbs dirigidas a él.

Vir frunció el ceño. "¿Y por qué iba usted a hacer eso? ¿Enseñarle a alguien cómo protegerse contra usted?

Colin sonrió levemente. "En primer lugar porque es mi trabajo proteger a las personas contra el abuso telepático. Y en segundo lugar..." la sonrisa se hizo más leve, casi imperceptible.. "...porque como decía: no protegen contra un escaneo a fuerza bruta por alguien verdaderamente fuerte."

Vir le miró con los ojos semi-cerrados. "En otras palabras, si quiere extraer algo a la fuerza de mi cabeza, puede hacerlo y no hay nada en absoluto que yo pueda hacer para detenerle"

Colin se encogió de hombros. "Bueno, en teoría. Si empieza a contar algún chiste Narn estoy seguro de que saldré de su mente más rápido de lo que crea usted posible"

Vir parpadeó. Colin continuó. "Este escaneo será a nivel de recuerdos recientes solamente, y será con su entera colaboración. No causará dolor ni incomodidad, sólo lo que usted sienta al experimentar esos recuerdos de nuevo."

"Algunos de ellos fueron bastante dolorosos." Vir se tocó un lado de la cabeza.

Colin sonrió. "Puedo bloquear los centros del dolor de su cerebro mientras hacemos esto. No sentirá nada"

"Sí, eso es lo que dicen todos" murmuró Vir y miró con reproche a Hobbs. La doctora le respondió con una sonrisa

Lochley se dirigió a la consola del ordenador junto a la cama, introdujo un cristal de datos virgen y miró a Vir. "¿Y bien?"

Vir suspiró con dificultad. "Oh, por qué no. Otra experiencia traumática será todo lo que haré en un día de trabajo"

Lochley preparó el cristal para el modo de grabación y lo activó. "7 de enero 2263, Estación Espacial Babylon 5 de la Alianza Interestelar" dijo a la consola. "Ordenador, anote el directriz legal estándar del Cuerpo Psíquico para los escaneos telepáticos consentidos."

"Acceso a archivo... y grabado. Petición de ID: sujeto del escaneo" dijo el ordenador.

"Embajador Vir Cotto, de la República Centauri" dijo Vir.

"Comprobación de voz: confirmada. Petición de ID: Psico- agente que realizará el escaneo."

"Oficial Colin Ferris, Policía Interna de los Psico Expertos" dijo Colin.

"Comprobación de voz: confirmada. Advertencia: estatuto 9 de la Cédula de los Psico Expertos, bajo la autoridad de la Constitución de la Alianza Terrestre, establece que la información extraída por un escáner telepático constituye pruebas utilizables en cualquier corte de justicia de la Alianza Terrestre, sujeto a la Enmienda D debajo"

"Pausa" dijo Lochley. "¿Qué es la Enmienda D?"

"Legalidades internas" dijo Colin ausente. Tenía los ojos cerrados y respiraba lenta y profundamente. "Nada que sea de aplicación en este caso. Continuemos."

Lochley dudó pero finalmente exhaló. "Ordenador, continúe"

"Petición de ID: autoridad local del gobierno."

"Capitana Elizabeth Lochley, gobernador de Babylon 5"dijo Lochley.

"Comprobación de voz: confirmada. Escáner: autorizado. Modo visual de grabación: encendido. Esta grabación constituirá un contrato vinculante bajo la Cédula de los Psico Expertos y la Constitución de la Alianza Terrestre"

{{Que no beneficiará a nadie si el Embajador de la República Centauri decide hacer de esto un incidente diplomático}} pensó Lochley, pero no dijo nada. Sólo porque el otro zapato podría caerse no significaba que ella quisiera tirárselo lo antes posible.

"De acuerdo" Colin se movió hasta ponerse junto a la cama de la enfermería y posó su mano derecha sobre la frente de Vir. Vir se encogió de miedo, sólo un poco, pero si el Psico-Agente se percató, desde luego no lo mostró. "Quiero que se relaje y que respire constantemente. No piense en nada en particular. Cierre los ojos y ponga la mente en blanco"

"Que no debería ser, como diría Londo, difícil" murmuró Vir.

La boca de Colin se estremeció. "No me haga reír, Sr.Cotto, tengo que concentrarme para hacer esto. Ahora..." Respiró hondo, cerró los ojos y exhaló. Vir hizo lo mismo. Los segundos pasaron lentamente

Hobbs dio un ligero codazo a Lochley. "Mire" murmuró y señaló los datos mostrados en la camilla. El pulso y la respiración habían bajado a un ritmo estable

"Lo sé" murmuró Lochley. "Y míreles a ellos. Respiran en sincronía." Miró a Hobbs. "¿Nunca había visto un escaneo?"

"No." Hobbs miró a los dos hombres silenciosos, un Psico Agente y un Centauri sin esconder su fascinación. "Cuando la señorita Winters era la representante oficial, el Dr. Franklin autorizó los pocos escáners legales que tuvieron lugar y después de que ella fuese llamada a la Tierra nunca tuve la oportunidad. A la señorita Alexander...nunca le preocuparon las legalidades o las preocupaciones médicas demasiado"

"La situación no se prestaba precisamente a minucias legales" dijo Lochley.

Vir se puso tenso. En las lecturas de la camillas su pulso se aceleró.

{{¿Puedo ayudarles caballeros?}}

{{Sí puedes. Quédense quietos}}

{{¿Dolerá menos?}}

{{No, pero terminará antes.}}

{{Recuerdo esta parte}} dijo Vir en silencio, además de la presencia alienígena en su mente.

{{BIEN}} Las imágenes se quedaron fijas; el hombre mellado inmóvil con su risotada, como una calavera tallada en piedra. {{¿VISTE A LOS DEMÁS?}} Aunque Colin formó los pensamientos con suave y delicada precisión, la fuerza pura de su poder psíquico hacía que reverberaran en la cabeza de Vir. No era incómodo precisamente pero Vir sospechaba que podría volverse incómodo si duraba demasiado. Existía una razón por la cual los escáners los realizaban sólo los telépatas de nivel bajo a medio de todas las razas.

{{Todavía no}}

{{ENTONCES CONTINUAREMOS}}

Vir suspiró.

En sus recuerdos el hombre iba y venía. Vir le tira y le rompe el brazo, después sale corriendo. Los otros le persiguen. Sólo se vislumbran las caras cuando él da vistazos por encima de los hombros. Siente que Colin se detiene brevemente en esas visiones y después continúa. Sabe de algún modo— quizá como efecto secundario de su unión telepática—que Colin espera ver si existe una imagen mejor y más clara antes de que se ponga a sacar a los otros del subconsciente de Vir.

Entonces se ve como Vir realiza esa última acción errónea y termina en el cul-de-sac donde el pasillo termina en los paneles del servicio de mantenimiento, paneles que él no logra abrir. Se gira, jadeando. Casi sin pensar Colin hace algo y de repente Vir ya no siente las sensaciones físicas de su cuerpo. Los recuerdos se convierten en una especie de holograma.

Los perseguidores se separan. Son cinco; mientras mira al sexto hombre, el primero que le había atacado, llega respirando con dificultad hasta alcanzar a los demás. Un Drazi, bajo y compacto con unas cicatrices amarillas sobre sus escamas. Un Brakiri, con una cara tatuada, gruñendo de forma inhumana. El hombre alto y calvo. Un hombre más bajo con pelo castaño y ralo y una panza que es más músculo que grasa. Vir siente que Colin descarta a todos estos, su aburrida categorización de ellos de matones.

Después los otros dos. Un hombre oriental, con el pelo negro en una trenza larga, vestido de negro y rojo; otro hombre con la cara angular, con bigote, de cabello negro con unas canas en las sienes, vestido con una chaqueta de cuero y unos tejanos gastados.

De Colin sale un latido de emoción tan fuerte del que Vir puede detectar pequeños rastros justo antes de que la visión desaparezca y le arroje de nuevo a la realidad.

{{Estupefacción}}

{{Rabia}}

{{Y dolor}}

"¡¡¡AAAH!!!" Vir se incorporó con un grito. Colin se tambaleó como si una cordel tirante que les unía a los dos, se hubiese soltado, y abrió bien los ojos con miedo y dolor.

Lochley no había visto nada parecido en la cara de un Psico Agente, y eso era lo único que hacía que ella no interviniera y ordenase que mandaran a Ferris al calabozo inmediatamente. Mientras Hobbs saltó al lado de Vir para activar el tranquilizante y estabilizar su sistema, Lochley sujetó a Colin por el brazo, le apartó de la camilla y le puso frente a ella.

"¿Qué ha pasado?" gruñó.

Colin jadeaba. "Algo que no me esperaba..." Cerró los ojos; casi como gesto reflejo, sonrió. "Bueno, no tan pronto, no ahora, no con él..." Respiró hondo. "Estoy hablando sin sentido."

"Efectivamente" le dijo Lochley, más asombrada que divertida.

"Venga conmigo." Él se dirigió a la consola del ordenador, lo encendió en modo teclado y empezó a escribir increíblemente rápido, demasiado para que Lochley siguiera o leyera todo lo que había escrito. Los archivos sonaban a la velocidad de la luz en la pantalla. "Tiene usted que ver esto, Capitana."

"¿Qué tengo que ver qué?"

Colin paró el parpadeo constante de archivos de fotos. Una cara les miraba con frialdad desde la pantalla: un hombre de entre treinta y cuarenta años, con el pelo negro, excepto por unas canas en las sienes, vestido con un traje oscuro caro y la insignia del Cuerpo Psíquico. Colin se volvió y miró a Vir. "Sr. Cotto. ¿Fue este el hombre que dirigió el ataque contra usted?"

Vir, todavía respirando con dificultad, se esforzó por ponerse derecho. Al ver la imagen cerró los ojos y asintió. "Ese es él. Bueno, ahora lleva bigote, y no llevaba traje, pero sí, es él."

"Usted conoce a este hombre" le dijo Lochley, golpeando la pantalla con los dedos. No era una pregunta.

"Su nombre es Frost" dijo Colin. "El doctor Paul Frost. Es un P11. Era científico, y uno de nuestros más leales miembros. Al menos, eso creíamos." Suspiró. "Entonces, hace cuatro meses, desapareció. No sabíamos si se había vuelto telépata rebelde, si se había unido a terroristas o simplemente había sufrido un accidente."

"¿Distinto de lo que suelen hacer?" dijo Lochley entre dientes.

Colin la ignoró. Miró hacia Vir. "El otro hombre que usted vio, el hombre oriental con la tranza, era Timothy Nakamura, un telépata rebelde que hemos estado persiguiendo durante mucho tiempo. Sospechábamos que podría haber intentado llegar hasta aquí para unirse a Byron, pero evidentemente se dio cuenta antes de que sus acciones eran..." Dudó. "Poco inteligentes..." dijo finalmente.

Lochley pensó en varias respuestas cortantes que darle contra esa especie de manía que tenían los Telépatas de dar menos importancia a las cosas de las que tienen... pero al final decidió no decir nada. No tenía tiempo y además no se le ocurría nada suficientemente mordaz.

"Telépatas" dijo en su lugar. "Rebeldes. ¿Para qué querrían un cristal de datos Centauri?" Se volvió hacia Vir. "Si tiene algo que añadir, Embajador, este sería un buen momento"

Vir parecía derrotado, pero finalmente bajó la vista. "Lo siento, Capitana. No puedo. Todavía no."

"Quizá estos también eran matones a sueldo" sugirió Hobbs. "Es posible ¿no? Los telépatas rebeldes también tienen que ganar dinero."

Colin negó con la cabeza. "Frost no recibía órdenes de cualquiera. Era demasiado arrogante..." de nuevo un esbozo de sonrisa... "incluso para un telépata. Si él estaba metido, él era el que mandaba. Apuese lo que quiera"

Vir parecía preocupado. "Quizá deberíamos buscar a Ta’Lon. Dile lo que hemos averiguado. Por si su investigación le lleva más lejos de lo que pueda abarcar"

"¿Ta’Lon?" respondió Colin. "¿El Embajador Narn?"

"¿Está por ahí fuera buscando el cristal?" dijo Lochley.

Vir suspiró. "A mí también me sorprendió"

Lochley pulsó su intercomunicador y se lo acercó a la boca. "Lochley a Seguridad."

"Seguridad" respondió la voz de Zack.

"Encuentren al Embajador Ta’Lon. Encuéntrenle ahora"

Un bip. Entonces la voz de Zack respondió, evidentemente menos que contento. "Babcom dice que su intercomunicador está apagado, Capitana. Vamos a tener que registrar la estación."

"Bien. Háganlo. Mejor todavía, voy a bajar y me uniré a ustedes. Lochley fuera." Apagó su intercomunicador y estaba ya a mitad de camino de la salida de Servicios Médicos antes de darse cuenta de que Colin le seguía el paso por la habitación. Aminoró el paso para mirarle. "¿Qué quiere usted?"

"No lo que quiero" le dijo Colin. "Lo que debo. Son telépatas rebeldes. Tengo que estar allí, Capitana." La miró fijamente. "Es mi trabajo."

Desafortunadamente, él tenía razón y no le hacía falta ser telépata para darse cuenta de que ambos lo sabían. Tras unos instantes Lochley le retiró la mirada. "Venga conmigo" dijo entre dientes, y reanudó su rápido paso hacia el tubo de transporte. Colin siguió su paso sin pronunciar palabra.

******** 12:19 ESTÁNDAR ********

Ta’Lon se movía entre la multitud con el aire ausente y confiado de un hombre en un territorio extraño pero sin peligro. Los merodeadores y los carroñeros sentían su amenaza contenida y sensatamente, le evitaban, aunque sí le seguían los murmullos y las miradas especulativas. Él los ignoraba. No era un visitante habitual del lugar; sus poco frecuentes incursiones en el inframundo de la B5 eran normalmente intentos para de hacer razonar a los seguidores de G’Kar que todavía quedaban, y que seguían rondando por las zonas de almacenamiento aquí y allá. Raramente le escuchaban pero normalmente se calmaban, iban a otra parte y tardaban una o dos semanas antes de seguir acosando a la gente de la zona de nuevo.

>Era todo lo que podía hacer, y Ta’Lon lo aceptaba tal como era. No le gustaba demasiado, pero lo aceptaba.

>A veces le hubiese gustado tener más autoridad. Sabía que nunca llegaría a conseguir la misma idolatría que tenían por G’Kar, y la verdad es que sentía más gratitud que envidia por eso. Era demasiado prosaico y pragmático para ganar, o desear, idolatría. Pero a veces hubiese sido agradable saber que sus palabras de verdad tendrían un efecto duradero.

   De todas formas a veces el efecto que tenían ya era suficiente. Unas palabritas a un merodeador, y la promesa de darle unos cuantos créditos habían conseguido la descripción de un Drazi y un Brakiri que habían seguido a Vir desde esa sala del Bajo fondo. El Brakiri lo había visto Ta’Lon muerto sobre la mesa de autopsias de Servicios Médicos eso no le servía pues pero creyó reconocer la descripción tartamudeada del Drazi. Unas cuantas preguntas más y una pasada por los archivos de la BabCom, había confirmado su sospechas. Sí, a veces las palabras tenían justo el efecto que uno necesitaba, pensaba mientras se dirigía al puesto de Kaborah. Estaba vacío y el se apoyó contra una viga de soporte, esperando.

Es verdad que las palabras de G’Kar habían tenido demasiado efecto. Para demasiados Narns G’Kar era la única opción que entendían o aceptaban para sus visiones de grandeza, las visiones que habían perdido por culpa de la alianza entre los Centauri y las Sombras. Incluso actualmente, demasiados se negaban a abandonar la reverencia que sentían por él. La mayoría estaban convencidos que si rezaban lo suficiente G’Kar volvería y les guiaría de nuevo hacia la grandeza.

Ta’Lon entendía ese deseo. Al fin y al cabo él era un Narn. Pasarse cien años sumidos en el odio y la esclavitud y otros cien años alzándose para conseguir ser uno de los Grandes Poderes interestelares, para después ver aplastada toda su arrogancia brutalmente otra vez por la raza que habían creído ya decadente, inútil, moribunda... Ta’Lon sabía lo que el resto del Régimen Narn nunca admitiría: que el bombardeo de Centauri Primero no había sido un intento de terminar una guerra, o de proteger las líneas navales, ni siquiera era un intento de defender a la Alianza Interestelar. Había sido la venganza que todos los Narns habían soñado durante tanto tiempo, finalmente conseguida. Y esa consecución había dejado a los Narns sin nada. Dolorosamente conscientes de su repentina falta de objetivos. Hartos de la guerra, incapaces de recordar la paz, perdidos y sin rumbo... excepto G’Kar y su difundida visión de la armonía, el último dique de contención contra las crecientes mareas de la desesperación una visión que impidió que los Narns encontraran y forjaran una visión propia.

Todas las razas necesitaban una visión, Ta’Lon consideraba. Un sentido de su propio destino, su razón de existir. Valen había dado a los Minbari su visión, hacía mil años. Los Humanos habían tenido su visión cuando entraron en las estrellas, forjada y templada en la Guerra con los Dilgar pero destrozada por los Minbari; había correspondido a la Babylon 5 restaurar esa visión, y ofrecerla para compartirla con la galaxia. El momento de los Centauri había llegado y se había ido; su visión no era una visión, sino un recuerdo, el hambre de pasadas glorias que las Sombras habían renovado fugazmente y después se habían llevado, como dioses caprichosos que eran. Los Vorlon... bueno, al final, su única visión había consistido en ver la visión de las Sombras destruída, al igual que las Sombras habían deseado romper la visión de los Vorlon. Fue precisamente la comprensión de ese hecho más que cualquier otra cosa lo que verdaderamente hizo que la Eterna Guerra terminase.

Los Narn habían creído que su visión era la grandeza. Pero al final había sido sólo la venganza. Ahora estaban vacíos. El Kha’Ri había quedado diezmado y revuelto. El planeta necesitaría décadas, más eco-reformas para reparar todos los daños, incluso con la ayuda de otros mundos de la Alianza. No era extraño en absoluto para Ta’Lon que los Narn hubiesen abrazado a G’Kar como su nuevo mesías. La única pregunta era cómo G’Kar había permanecido tan ciegamente sorprendido por ese hecho

"¿Por qué tienen que idolatrarme?" el viejo Narn se había lamentado ante él una vez. "Si tienen que idolatrar algo, entonces ¡que idolatren el mensaje!¡Yo soy sólo el mensajero!"

Ta’Lon sonrió. No supo qué decirle entonces. Como era normal en él, las mejores palabras siempre le venían después. Pero ahora sabía algo que desearía haberle dicho a G’Kar antes de su partida para pasearse por las estrellas. Sabía ahora que la palabra hacía al orador, tanto como el orador hacía el mundo. Casi todas las razas compartían el mito del Verdadero Nombre: la creencia de que conocer el verdadero nombre de algo era conseguir poder sobre él.

Los físicos cuánticos reconocían que la observación podría crear el universo, pero era la comunicación el nombrar, la Palabra lo que hacía a ese universo consensual, que compartiese y unificase un billón de percepciones relativas en una existencia absoluta. Y cualquier ser con sentido común sabe que si dices algo con suficiente frecuencia, empiezas a creerlo, y creer lo haría cierto.

{{El mensajero es el mensaje, G’Kar.}} Envió el pensamiento, sabiendo que no tenía poderes telepáticos pero esperando que, de algún modo, su mensaje llegaría a su destinatario. De algún modo. A algún lugar.

{{El mensajero es el mensaje.}}

De entre la multitud apareció Kaborah, en compañía de un Hyach con pintas de andrajoso. Este último portaba una caja de botellas de vino aunque decir vino, advirtió, sería seguramente darle más categoría al producto de la que tenía. Mientras Ta’Lon observaba, el Hyach colocó la caja sobre el mostrador, Kaborah pasó su tarjeta de crédito por el lector del Hyach y lo echó de allí con un movimiento de mano. El Narn resopló. Como toda mala hierba, los comerciantes del Bajo Fondo quedaban aplastados cuando los machacabas, justo después de pasar el pie por encima, algo bastante incómodo de llevar.

Kaborah levantó la caja del mostrador y se agachó para colocarla en el suelo del puesto; Ta’Lon aprovechó la distracción del Abbai para acercarse ligeramente y silenciosamente. Le divirtió el grito de sorpresa que emitió el comerciante cuando al erguirse se encontró al Narn precipitándose contra él. "¡Gyaahh!" Kaborah se recuperó, mientras sus bolsas respiratorias bombeaban ferozmente. "Embajador, ¿qué puedo hacer por usted?"

"Cotto."

"¿Qué?"

"Vir Cotto. Centauri. Al que le vendiste tu supuesto Brivare de contrabando." Ta’Lon se rió enseñando los dientes al individuo, mucho más bajo que él. "No te preocupes. No te voy a entregar a Seguridad."

"Ah, bueno... se lo agradezco. Pero sigo sin entenderle "

"Cotto fue seguido desde aquí hasta su emboscada." Vio como los ojos de Kaborah se entrecerraban y su sonrisita se ampliaba. "ah así que te has enterado de eso ¿no es cierto? No es posible que sus asaltantes pudiesen saber donde estaba sin seguirle......Y.... Kaborah.." Ta’Lon sacó una fotografía de entre su túnica. "Sé que conoces al menos a uno de ellos. No te molestes en negarlo" contrarrestando el principio de las quejas del Abbai, "ya he hablado con otros que lo vieron y YO mismo le reconocí cuando me dieron la descripción, así que estoy seguro de TÚ lo reconocerás en la foto que saqué de los archivos de la BabCom." Y puso la foto del Drazi delante del mercader.

"¿Es acaso un delito conocer a un hombre?" murmuró Kaborah malhumorado.

"Lo es si obstruyes la justicia escondiendo a un delincuente reconocido"

"Yo no sé nada de eso". El Abbai se recuperó y se le enfrentó. Ta’Lon supuso que tenía por qué extrañarse, se necesitaba una cierta fortaleza de carácter para sobrevivir en el Bajo Fondo durante una temporada. "Y ¿dónde está su ID, Embajador? No sabía que usted se hubiese unido a la Seguridad de la Estación"

"No lo he hecho, pero sigo siendo el embajador de Narn. Quiero decir, Kaborah, que tengo inmunidad diplomática para todo y que podría cargarme tu puesto ahora mismo" Ta’Lon se apoyó sobre el mostrador, y éste crujió de forma alarmante bajo su peso. "O podría hacer lo mismo contigo"

La cresta de Kaborah se erizó (eso era el equivalente a tener un nudo en la garganta para humanos y Centauri). "Hmm, bueno, Rukhinos, sí, claro que le conozco, cómo podría olvidarle ¿qué necesita saber de él?"

"¿Dónde puedo encontrarle?¿Sigue trabajando por las inmediaciones de ese bar asqueroso que hay en el Sector Gris?"

"No". Kaborah miraba al suelo. "Después de que aquel Ranger humano, ¿cuál era su nombre? Cole, destrozara el local en un par de reyertas, empezó a frecuentar otros lugares. Va a muchos sitios distintos, pero puede que le encuentre en el Dark Star"

Ta’Lon hizo una mueca. G’Kar le había arrastrado hasta ese night club un par de veces el año anterior más veces, sospechaba, más por nostalgia y ansia que por un deseo real en complacer su fetichismo con las hembras humanas. Ta’Lon no lo entendía. Las hembras humanas eran tan blandas, y resbaladizas, y sólo las había en esos horribles y aburridos tonos de rosa y marrón, y coronaba sus cabezas ese ridículo, rasposo manantial de pelusa filamentosa, y además no tenían músculos fuertes, ni pasión feroz o el pelaje suave y tenso de una mujer de verdad..

Le vino entonces a la cabeza a Ta’Lon que llevaba ya casi un año sin sentir el tacto de una mujer, y decidió abandonar ese pensamiento antes de que le distrajese demasiado. "¿Dónde puede estar ahora?"

Puedes probar allí. Es todo lo que sé. Kaborah le miró desafiante. "¿Vas a pegarme sólo por mirar a otro lado?"

"No, pero puedo hacerlo por insolente. O por ser indiscreto. ¿Ha quedado claro?"

"Perfectamente" murmuró Kabora.

"Entonces hemos alcanzado lo que los Minbari llaman un Momento de Mutuo Entendimiento" soltó Ta’Lon. Se agachó y, antes de que Kabora pudiese reaccionar, agarró una botella de gor’shae Narn de la caja que había detrás del mostrador. "Lo que debe siempre ser celebrado con una bebida. ¡Salud!". Hizo un gesto alegre con la botella ante el Abbai y se alejó de allí

Kaborah se lo quedó mirando. "¡Los Minbari no beben!" gritó, como si eso fuese lo único que se le había ocurrido.

"Como dicen los humanos: ¡vaya!" . Ta’Lon ni siquiera se dio la vuelta.

Si lo hubiese hecho, hubiese notado que se movía de entre las sombras, no muy lejos del puesto de Kaborah, y con un silencio más profundo que el paso callado de Ta’Lon le seguía una figura hacia las profundidades del Bajo Fondo.

El Dark Star no había mejorado en los últimos meses, desde la última vez que Ta’Lon lo había visitado; era más cutre, hortera, con poca luz y lleno de seres aburridos y libidinosos de una raza u otra. La mayoría eran humanos, pero habían unos cuantos grupos de Centauris y un individuo de otras razas aquí y allá, y increíblemente-- dos Minbari de la casta trabajadora en un rincón. Por supuesto, por lo que Ta’Lon sabía, eran Rangers empleando la táctica de 'llama la atención cuanto puedas para que nadie adivine lo que estás haciendo en realidad' pero lo cierto es que parecían estar disfrutando de verdad los movimientos de la bailarina humana sobre el escenario.

"No es buena idea, amigo mío" Una voz contenida pero fuerte sonaba justo delante del pecho de Ta’Lon. Miró abajo y después siguió el brazo de su dueño, era una mujer delgada con el pelo castaño oscuro, recogido en una cola y con unos impávidos ojos marrones. "Tenemos a unos cuantos Centauris aquí mismo, y no hay nadie de Seguridad. Podrían tomarse la justicia por su mano con tu pellejo"

"¿Y eso te afectaría?"

"Eh, si destrozas este sitio, yo no podré hacer mi trabajo. Si no puedo hacer mi trabajo, no me pagarán. Si no me pagan, mi hermanita pasará hambre. ¿De verdad quieres eso?"

"¿Trish?" Ambos se giraron cuando el robusto Drazi se acercó con el característico paso pesado de un bípedo compacto y musculoso que se preparaba para pelearse "¿Algún problema?"

"Nada, Taan" Trish clavó su Mirada en Ta’Lon. "Nuestro amigo se iba"

"Sí" asintió Ta’Lon. "Tan pronto como encuentre a Rukhinos. ¿Le habeis visto?"

"¿Quién?" Taan fingía estar sorprendido.

"Un Drazi, Sr. Churok. Un matón. Me han dicho que a veces utiliza este... establecimiento... como lugar de negocios. ¿Está aquí?"

"¿Acaso le ve?"

"No. Pero el que no veas una cosa no significa que no exista"

Trish resopló. "Había oído esa frase para hablar de Dios cuando era niña. Entonces tampoco me la creí"

"Livingston". Esta vez era una advertencia, y Trish cedió, aunque sus ojos echaban chispas. Churok le dio la espalda a Ta’Lon. "Quizá está allá al fondo. Si no está ahí es que está ... ocupado"

Ta’Lon resopló. Era un secreto a voces que el Dark Star era un burdel además de un night club aunque esa actividad no era oficial, claro. "Entonces le molestarás". Ta’Lon interrumpió la respuesta de Churok levantando una mano. "Tengo tiempo, Sr Churok. Estoy más que dispuesto a volver con la Seguridad de la Estación"

"No encontrarían nada y lo sabes"

"No, pero cerrarían el local durante horas mientras lo registran. Todos sabemos cuánto os costaría eso. ¿Vale la pena?"

Taan Churok dudó, escrutando a Ta’Lon con su mirada. Después de unos segundos pareció tomar una decisión. "Espera aquí". Sin parar, se dio la vuelta y se dirigió hasta una pequeña puerta que había detrás del escenario y desapareció entre los pasillos traseros del bar.

Trish le miró amargamente. "Espero que estés contento".

"Estoy seguro de que Rukhinos sí lo estará"

"¿Qué?"

Ta’Lon sonrió. "Visitar a un .... compañero... a estas horas sugiere que ha conseguido una suma importante de dinero y que tiene prisa por gastarla. Me interesa mucho saber de dónde ha sacado todo ese dinero"

"Bueno, tú estás interesado, yo sólo..."

Un Drazi con unas cicatrices amarillas salió enfurecido de la puerta tras el escenario, jadeando violentamente. Ta’Lon se puso en tensión y caminó hacia delante, pero antes de que pudiese decir o hacer algo el Drazi literalmente le señaló y rugió: "NAAAARRRNN!!!"

De pronto todo quedó en un silencio aterrador, la música de repente se acalló y todos los Centauri del lugar se pusieron de pie y se giraron.

"Mierda" dijo Trish entre dientes.

Ta’Lon sacó su espada. "Ponte detrás de mí"

"¡Porque tu lo digas!" le soltó Trish.

"Estúpida, no tenemos tiempo para esto..."

No pudo seguir. De la garganta de cada Centauri que había en la sala salió un bramido de rabia y furia. Las mesas salieron disparadas al cargarlas los Centauri contra Ta’Lon.

ACTO TERCERO (ir al principio)

Ta’Lon se preparó al ver que los Centauri le atacaban, sabiendo que pese a su destreza, eran demasiados para que los parase, si no podía hacer que se dispersaran. Sólo cabía esperar a que, matando uno o dos rápidamente, el resto decidiera retroceder, pero eso no podía garantizarlo...

Alguien le golpeó con violencia en la espalda. Cogido totalmente por sorpresa, Ta’Lon cayó sobre una rodilla y se le cayó la espada. Pero antes de que el Centauri le cogiera, el aire explosionó con el trueno de ardiente plasma que descargaba una pistola automática. Los Centauri y los demás gritaron, poniéndose bajo cubierto detrás de las sillas y mesas volcadaas. El fuego de PPG paró. Ensordecido por la sorpresa, Ta’Lon levantó la vista.

El Narn que había de pie junto a él era joven, quizá tendría unos dieciocho ciclos apenas había entrado en la adolescencia para un Narn. Pero tenía ya la estatura de un adulto, sino también la musculatura de un adulto. Iba vestido con ropas de humano (vestía un mono) pero tenía una apariencia natural. De alguna forma, conseguía que el rifle PPG pareciera algo natural también. Había manchas negras de las que salía humo y vapor, en las paredes del Dark Star.

"Quince contra uno". Su voz parecía divertida. "Eso es de cobardes incluso para los Centauri". Entre los Centauris se intercambiaron miradas y murmullos, pero se acallaron cuando el joven Narn volvió a cargar el rifle y se oyó un zumbido. "Quince contra dos no es mucho mejor, pero estoy dispuesto a daros un pequeño descanso. ¿Queréis intentar a ver si nos podéis ahora, cabezas con pelo?"

"Salid de aquí". La cara de Trish estaba roja de furia. "Fuera de aquí los dos, ¡¡AHORA MISMO!!"

El joven Narn la miró con desprecio, pero empezó a caminar con pasos pequeños hacia atrás en dirección a la salida del Dark Star. No volvió a apuntar con el rifle. Silenciosamente, Ta’Lon enfundó su espada e hizo lo mismo. Entre las cabezas de la multitud, vio los ojos amarillos de Rukhinos y le miró directamente a los ojos.

El Drazi retrocedió.

******* 12:37 ESTÁNDAR ******

"¿Se sabe algo?"

Era un esfuerzo para ser civilizado, por lo menos la voz de Ferris no era una voz de queja ni de meter prisas, sólo de urgencia. Zack consiguió mantener su voz calmada cuando Lochley y el Psico Agente se unieron a la patrulla de seguridad por el vestíbulo del Bajo Fondo. "No, todavía nada"

"Ayudaría bastante que nos diera una idea de por dónde mirar" retumbó la voz de Glenn Satamba, el segundo de Zack. Era un hombre grande de edad mediana, algo calvo con bigote canoso, músculo y grasa se combinaban hasta alcanzar un tamaño compacto e imponente. Su oscura piel del color del café destacaba sobre el inmaculadamente limpio uniforme gris. "El Bajo Fondo es un lugar tremendamente grande, ¿sabe? ¿Dónde es más probable que pudiesen estar estos tipos?"

Ferris negó con la cabeza. "Son demasiado inteligentes para eso, Sargento; saben lo que es rastrear por pautas de conducta. No desarrollan ninguna. Además, no llevan aquí suficiente tiempo"

Satamba se quedó pensativo. "A mí me parece que todos los hombres desarrollan hábitos sin darse cuenta"

"En eso tiene razón" observó Lochley.

"Con Frost, no" insistió Ferris. "Es un genio, es peligroso y está en esta estación. Tenemos que encontrarle"

"Pues ¿por qué no llama a los Rastreadores?" refunfuñó Zack. "Así conseguiría otro caso donde intervinieran los rehenes"

"Oh, ¡por el amor de Dios....!" Colin se frotó la frente. "Mire, Jefe, puede que no se le haya ocurrido a usted, pero yo sé jodidamente bien que tendré que vivir en esta estación por lo menos durante el año que viene. ¿De verdad cree que me interesa alienar a todo el mundo y trastornar la vida del lugar que va a ser mi hogar?"

"Bester prácticamente vivía aquí" dijo Zack entre dientes. "Y eso nunca le detuvo"

"¡Yo ... no.....soy....Bester!" dijo, apretando los dientes. "Para empezar.. Paró, respiró hondo, y repentinamente esbozó una sonrisa forzada. "Para empezar, yo soy mucho más alto y mucho mejor parecido"

Zack y Lochley parpadearon. Satamba se rió con ganas. "Mejor que tenga cuidado, Sr. Ferris" dijo entre carcajadas."Si sigue así, conseguirá que no le tengamos miedo nunca más"

"¿Es que nunca se le ha ocurrido a ninguno de los dos que quizá es eso precisamente lo que quiero? dijo Colin con tal amargura que hizo que todos se quedaran parados y le miraran por un momento. Zack se percató la cara de confusión de Lochley. Su corazón se ablandó. ¿De verdad estaba pensando en hacer caso de lo que estaba diciendo?

No era la naturaleza de Zack ser vengativo ni rencoroso. Pero es que esta vez, el innato sentido de la justicia y del orden de Lochley estaba yendo en contra de ella. Zack conocía a los del Cuerpo Psíquico, conocía su lado oscuro de un modo que Lochley conocía sólo de oídas, y únicamente de haber visto parte. Él había sido testigo de como Garibaldi, su mentor, su amigo y (aunque moriría antes de admitirlo) su héroe, era hecho pedazos, era empujado de nuevo al alcoholismo por las maquinaciones de Bester; Lochley sólo había visto a un hombre realizando un trabajo difícil e ingrato, un hombre desagradable, pero necesario. A ella, Garibaldi no le había gustado demasiado. Tenía que detenerla. Si no podían echar a Ferris de la estación, por lo menos tenían que mantenerlo tan lejos de sus mentes y corazones como fuera posible. Por eso desato la furia amarga que tenía contenida en el corazón y dejo que hablara por él.

"Por supuesto que no quiere que le tengamos miedo" dijo gruñendo. "Porque si le tememos, nunca confiaremos en usted, y si no confiamos en usted, no podrá jodernos en nombre del Cuerpo Psíquico ¿verdad?"

Satamba y Lochley volvieron la cabeza de repente para mirarle, absolutamente sorprendidos, atontados durante unos segundos. Pero Zack apenas se dio cuenta de eso. Sus ojos miraban fijamente a los del Psico Agente. La cara del otro hombre se había transformado con una increíble velocidad en una especie de máscara inexpresiva. Pero Zack había estado observándole, y un instante antes de que toda expresión se borrase de la cara de Colin, vio algo que no esperaba ver.

Dolor

{{¿Qué dem...?}}

No tuvo tiempo de terminar lo que estaba pensando, ni para que la incipiente furia en la cara de Lochley explotara dando órdenes, no había tiempo más que para reaccionar. Porque el intercomunicador de Zack estalló entre gritos alarmados con el estridente beep de una llamada de emergencia

"Disparos de PPG en Marrón Cinco!! ¡Todas las unidades a Marrón Cinco!!"

******* 12:50 ESTÁNDAR ******

Fuera del Dark Star, Trish golpeó la pesada cerradura a presión e hizo que se cerrara. Después se dio la vuelta hacia el extraño. "G’Stral, so imbécil, ¿qué demonios creías que estabas haciendo?"

G’Stral la miró con ceño. "Parar una pelea. No hace falta que me des las gracias"

"Hijo de..." Trish fue a darle una bofetada.

Ta’Lon sacó su enguantada mano y sujetó la de ella por la muñeca. Trish se tambaleó y le miró enfadada. "¡Suéltame!"

Él me ha salvado la vida, Señorita Livingston" le indicó con sequedad Ta’Lon. "Y casi seguro que la ha salvado a usted de que la hirieran. Sé que no iban tras usted" continuó mientras ella cogía aire para interrumpirle "pero estaba usted en su camino y le hubiesen hecho daño sin miramientos"

"No hubiesen dañado nada si para empezar no hubieses estado aquí" Trish le dijo entre dientes.

"Quizá, pero eso es culpa mía ¿no?" observó Ta’Lon.

"¿Y por qué crees tú que él está aquí?" Trish apuntó con un dedo a G’Stral. "¡Él te siguió! ¡Debe ser eso! ¿Por qué otra razón sino iba a venir aquí?!"

"¿Coincidencia?" dijo G’Stral inocentemente.

"Yo no creo en Dios y no creo en las coincidencias tampoco"

Ta’Lon frunció el ceño. "¿No es esto una paradoja?"

"¡Cállate!" Gritó Trish. "¡Estoy hasta aquí de vosotros dos! Salid ahora mismo de aquí y déjadnos..." Se quedó callada de repente.

Su rabia se convirtió en desesperación y resignación. "Ah, al diablo.."

Estuchando, Ta’Lon oyó el ruido de muchos pasos que se acercaban rápidamente. En segundos las estancias que había a ambos lados se habían llenado de personal de Seguridad con uniforme gris. Zack forzó el paso hasta llegar al frente del grupo, varias pistolas PPG se pusieron frente a G’Stral. "Vale, ¡Bajad las armas! ¡Ahora!"

"Jefe" Aunque nunca sería el igual de G’Kar, Ta’Lon tenía su propia autoridad, y la estaba usando. "Está bien. Él va conmigo"

G’Stral le miró ceñudo

"¿Contigo?" el Sargento Satamba frunció el ceño.

"Nadie está herido, Sargento, Jefe". Sus ojos se dirigieron a Lochley. “Capitana. El rifle se ha usado sólo en las paredes, para convencer a un grupo de Centauri para que me dejaran. Nunca intentó herir a nadie"

Zack no parecía convencido, ni tampoco Lochley. Ta’Lon endureció el tono de su voz sólo un poco. "Si tengo que alegar mis privilegios de embajador, lo haré, Capitana"

"Pero esos privilegios no sirven para proteger a delincuentes que violan la seguridad, Ta’Lon y usted lo sabe" Lochley le dijo tajante.

"Pero la redacción de la ley no especifica esa interpretación. Más cuando el ser en cuestión no tiene una identitarjeta de ciudadano de la ISA o de Babylon 5". Ta’Lon miró a G’Stral. "¿Tienes acaso una identitarjeta, joven G’Stral?"

"Bueno" dijo G’Stral en monótono, "siempre quise tener una. Pero siempre se me olvida"

Los humanos intercambiaron miradas.

Ya había usado el puño de acero; era el momento de utilizar el guante de terciopelo. "Capitana" La voz de Ta’Lon se suavizó. "No ha hecho daño a nadie, no intentaba herir a nadie, es sólo un muchacho para los de mi raza, y me acaba de salvar la vida. Lo que estoy intentando es evitar que tenga que arrepentirse de sus acciones"

Zack miró a Lochley. La mujer finalmente suspiró y levantó las manos. "De acuerdo, Ta’Lon, puede quedarse con usted". Señaló al rifle PPG. "Pero el arma será devuelta inmediatamente a la armería de Seguridad".

"Por supuesto"

"Espere un momento aquí..."

"G’Stral. Cállate" Ta’Lon sujetó al muchacho por el hombro con dureza. G’Stral cerró la boca, pero no mostró ninguna otra señal del agarrón de Ta’Lon. Con la otra mano Ta’Lon arrebató el rifle a G’Stral y se lo pasó a Satamba, quien lo alcanzó al vuelo, y después le quitó la cápsula de energía con un solo movimiento suave. Al verlo todo el mundo se relajó. Zack enfundó su pistola.

Satamba repasó el arma de forma muy profesional. "Bonita forma. Sabes de armas, chaval"

"¿Dónde demonios conseguiste este rifle PPG, por cierto?" dijo Zack gruñendo.

G’Stral le miró y frunció el ceño al pasar por su lado. Ta’Lon se aclaró la garganta. "Puedo recordarle Jefe que he invocado."

".... el privilegio de embajador, sí, claro.. " Zack se alejó disgustado

"Hola" Trish saludó con la mano. "¿Se acuerda de mí? ¿La que trabaja aquí? ¿Vais a entrar para tomar una copa o qué?"

"Creo que pasamos" dijo Lochley con una calma que Ta’Lon encontró admirable y terrorífica. "Gracias, señorita... Livingston.. ¿verdad?"

Trish se quedó pasmada. "¿Cómo diablos sabe quién soy yo?"

Lochley abrió la boca, se quedó callada durante unos instantes, y sonrió ligeramente. "Tengo mis fuentes". Y entonces dirigió una mirada de reojo, de entre todas las personas que había, a Ferris.

Era difícil saber quién parecía más sorprendido por el comentario, si Zack o el Psico Agente.

******* 12:57 ESTÁNDAR ******

"Telépatas rebeldes". Ta’Lon sonaba más intrigado que otra cosa. "Esta situación se va poniendo interesante, ¿verdad?"

G’Stral gruñó.

"Es una forma de decirlo". Lochley se masajeaba la frente disimuladamente. "He puesto una APB en la estación. Encontraremos a ese Rukhinos tarde o temprano. Y he suspendido todas las salidas, no va a salir de la estación. Le encontraremos"

"Eso puede que no haga ningún bien" observó Ta’Lon. "Estamos hablando del contenido de un cristal de datos. Si logran romper la encriptación, lo único que necesitan es empalmar un transmisor de taquiones y transmitir la información. No importa lo estricta que sea su seguridad o lo sólido del bloqueo, no se puede parar algo así". Miró a Lochley y a Zack. "¿No es así?"

Zack suspiró. "No si no es con un apagón de energía general, no". Llegaron a la puerta de la Sección Azul, y Zack introdujo el código de entrada casi sin pensar. La puerta se abrió y él entró el primero, todavía hablando. "Podemos anular los códigos de mando de C&C, pero maldita sea, Capitana, usted ya demostró lo efectivo que eso es"

Lochley se estremeció. Todavía no sabía exactamente qué había pasado durante el Día de los Muertos: Había tenido que redirigir una transmisión de taquiones a lo que sus instrumentos continuamente insistían estaba a veintisiete años luz en el espacio para que esta transmisión le llegase a alguien que en realidad estaba al otro lado de la estación. Pudo manejar a fantasmas y apariciones, más o menos. La ciega insistencia de los sistemas en que más confiaba en algo que simplemente era imposible....

Colin se aclaró la garganta haciendo ruido aposta. Lochley parpadeó y se dio cuenta de que el Psico Agente parecía absolutamente incómodo. Ella se sonrojó. "No me lo diga"

"Era muy fuerte y estaba muy cerca". La voz de Colin sonaba en voz baja y constante, pero sonaba algo avergonzado a pesar de su falta de expresión. "Le pido disculpas por la intromisión"

Lochley recobró el control de sí misma. Nada de lo que sintiera sobre eso era bueno, pero tampoco pertenecía a su trabajo ahora mismo. "Si alguien grita con todas sus fuerzas, no le pide perdón por haberles oído" dijo ella llanamente. "Olvídelo. Ta’Lon, creo que debo darle las gracias"

El Narn frunció el ceño. "¿Por qué? No he hecho nada"

"No, pero me ha dado una idea" Miró a Zack y a Satamba. “No podemos vigilar todo transmisor de taquiones o todo cuchitril en el Bajo Fondo de la estación. Pero sí podemosdeducir con fiabilidad quién tendría la capacidad de romper los códigos Imperiales Centauri encriptados. No puede haber más de seis o siete personas en la estación. Lo que haremos es vigilar a cada uno de ellos, esperar a que alguien se les acerque y bang! Les tenemos".

Los hombres de Seguridad y el Psico Agente intercambiaron una mirada de sobresalto. Ta’Lon sonrió lentamente. "Una excelente idea, Capitana. Permítame que... "

"Tengo que irme"

Lochley se sobresaltó. Casi se había olvidado de que G’Stral estaba allí. "¿Tú.." dijo. Fijo sus ojos en él.

"Tengo una cita"

"¿Con quién?" dijo Zack con tono de sospecha.

"Mi pediatra, ¿les importa?"

"La verdad, hijo.." empezó a decir Satamba.

"¡Yo no soy tu hijo!" respondió bruscamente.

"... estás bajo la protección del embajador ahora. ¿Sabes lo que eso significa?" Satamba no parecía intimidado por la mala educación del Narn, pero algo brillaba en sus ojos.

G’Stral, con toda la rabia, fue rápido en adivinarlo. Se guardó la respuesta. "No... del todo"

"Significa que disfrutas de inmunidad diplomática mientras que él esté presente personalmente contigo, o mientras estés en sus habitaciones"

Zack sonrió sin ningún signo de humor. "En otras palabras, en cuanto abandones las habitaciones y él te permita ir por ahí solo... bang. Te cogemos por posesión ilegal de armas"

G’Stral le miró fijamente, depués miró a Ta’Lon. El Embajador se encogió de hombros. "Yo no lo hubiese dicho con tanta crudeza, pero es así"

Por primera vez un atisbo de algo así como pánico se asomó a los ojos del joven Narn. "No, no puedo... tengo que tener intimidad para trabajar. No puedo trabajar así". Se giró a mirar a Ta’Lon como desafiando al Embajador a que hiciera algo. "Tengo una cita"

"Entonces acudiremos juntos" Ta’Lon dijo encogiéndose de hombros.

"¡Ni lo sueñes, tío!" le gritó G’Stral."

"O vas con él, o vas con nosotros" le dijo Zack, con voz monótono. "O vas con todos nosotros, no me importa. Tú sabrás"

Lochley miró de reojo a Colin. El Psico Agente les miraba a todos fijamente como si estuviesen locos. "Capitana, ¿de qué va todo esto?" murmuró.

Era la irritación y una verdadera confusión en su voz lo que tocó ligeramente a Lochley en su interior. Él no lo sabía. Verdaderamente no lo sabía. Podría haberlo sabido en un segundo sin que los demás se percataran. Pero había estado tan concentrado en no escanearles que, sin darse cuenta, había dejado pasar signos evidentes para no telépatas. O quizá es que simplemente estaba tan acostumbrado a usar la comunicación telepática que había olvidado las más sutiles formas de escrutinio no verbal. La tensión en G’Stral que había aumentado mientras escuchaba la conversación, su reacción casi invisible cuando mencionaron la encriptación Centauri. Y la conclusión tan obvia.

"El lo sabe, Colin" le susurró. "Sabe algo. Mírele. No hace falta que le escanee siquiera. Mírele"

Colin parpadeó y después se centró en G’Stral. Cerró ligeramente los ojos. Lochley como la comprensión se extendía por su cara como si le hubiese caído un líquido brillante y pálido. Se golpeó la frente con una mano, cerró los ojos y emitió un sonido inarticulado. "¿Cómo puedo haber sido tan.. "

"¡Fuera de mi mente!" gritó enseguida G’Stral.

"No estoy en tu mente". Le miró Colin. "No habría sitio para mí dentro, para empezar"

G’Stral respiró hondo para gritar con más fuerza. Lochley le interrumpió. "Ya está bien". Se volvió hacia Ta’Lon. "Embajador, tengo suficientes pruebas para convencerme de que este chico es un testigo material en nuestro caso. Formalmente le pido que lo entregue a Seguridad"

Ta’Lon suspiró. "Capitana, no puedo hacer eso sin su consentimiento. Para ser más preciso, no voy a hacerlo. Es uno de los míos". Miró a G’Stral. "Sin embargo, el único modo en que puedo protegerte, G’Stral, es acompañarte o confinarte en mis habitaciones. ¿Cuál de las dos será?"

G’Stral le miró indeciso. "Tengo una cita" dijo finalmente.

Ta’Lon le devolvió la mirada durante unos segundos. "Y no faltas a tus citas, ¿verdad?" murmuró.

"No si tengo elección" dijo entre dientes G’Stral.

"No intentarás hacerme creer que eso es tan importante para ti" le dijo Zack.

<> "¿No puedo?"G’Stral le hizo un gesto con el dedo a Zack. "Hay sólo dos formas de sobrevivir en el Bajo Fondo, Jefe Allan. Uno es, que cuando acuerdas un contrato, te aseguras de cumplirlo. Porque es el único modo en que puedes mantenerte vivo y evitar que se te tiren al cuello. Y la otra manera es arrancar todo lo que queda de ti y convertirte en un animal. Y eso funciona, pero no tan bien, ni durante tanto tiempo. Y yo he.." Se detuvo, se volvió y rodeándose con los brazos como si tuviese frío. "He perdido demasiado ya" terminó, su voz era apenas audible.

Miró atrás por encima de su hombro, y era terrible ver el dolor y la ira que había en su cara. "¿Quiere arrestarme? De acuerdo. En este momento renuncio a la inmunidad diplomática de Ta’Lon. Adelante, enciérreme. Pero no voy a decirle lo que quiere saber"

Lochley apretó los labios. "Sr. G’Stral. Voy a darle una oportunidad más para que coopere con nosotros"

"¿Y sino qué?" Se burló G’Stral. "Me tirará encima a su mascota telépata?"

"Mascota" dijo Colin al aire. "Y yo que esperaba tener el status de un perro guardián"

Lochley ignoró el comentario. "Oh no, G’Stral". Su voz se suavizó y sonrió. "No sería tan buena contigo. Yo me tiraría encima de ti y te prometo que esa es una alternativa mucho menos atractiva"

La ira en los ojos de G’Stral se aplacó un poco con su inseguridad, pero no lo suficiente. Ni mucho menos lo suficiente. Repentinamente perdiendo la paciencia, ella llamó a Zack y a Satamba.

"Llévenle a la sala de reuniones que hay justo frente a C&C. Esta conversación no ha terminado". Justo cuando los hombres de Seguridad cogieron al Narn por los brazos y con diligencia lo condujeron fuera del lugar, y con Ta’Lon siguiendo sus pasos, ella se volvió y puso la frente entre sus manos.

"¡Dios..."

"¿Dolor de cabeza??"

Ella simplemente asintió.

"Si me lo permite..." De repente, unos dedos fríos tocaron su frente. Ella retrocedió sobresaltada, pero las manos enguantadas de Colin seguían y sostenían un tacto constante. La verdad es que era muy relajante. Todavía demasiado sorprendida como para moverse, ella se quedó quieta y permitió que él continuara el masaje.

"Una de las cosas que aprendemos" dijo él distraído, frunciendo el ceño al mirarla a la frente como si ella fuese una escultura de arcilla a medio hacer, "es a utilizar los puntos de presión y las respuestas nerviosas. Incluso sin la ayuda de la telepatía, normalmente esto alivia..." Bajo la luz, las caricias constantes de las yemas de sus dedos, la suave y delicada fricción del cuero fino de los guantes sobre su piel, su dolor de cabeza estaba disolviéndose.

A Lochley se le ocurrió pensar que este había sido el contacto más intimo que había tenido con... bueno, con cualquiera durante mucho más tiempo del que quisiera pensar.

Entonces él se detuvo. "Puedo hacer que sea mucho más efectivo si acepta una leve conexión mental.."

Ambos sintieron esta vez la reacción automática de ella, dándose ambos cuenta en ese mismo momento de que esta reacción no tenía nada que ver con la sorpresa ni con nada que tuviese que ver con el miedo ciego y reflejo. Y aunque ella no era telépata, Lochley hubiese jurado que había sentido como el muro que había alrededor de Colin se derrumbaba. Él inmediatamente apartó sus manos y las colocó tras su espalda, y su cara era una máscara de piedra. "Sí, por supuesto. Mis disculpas, Capitana"

"Ah, no son necesarias". Lochley se esforzó por volver a su usual porte sereno y lo consiguió, pero se sentía como si se hubiese puesto un uniforme que no le sentaba bien, arrugado y roto. "Deberíamos ir a la sala de reuniones. Le necesitaré allí"

"No le escanearé a menos que él lo consienta"

"Lo sé"

La tranquilidad con que ella lo dijo le hizo preguntar. "¿Lo sabe?"

"Sí"

Durante el largo camino hacia C&C, Colin abrió la boca varias veces como para responder. Todas las veces la volvió a cerrar sin pronunciar palabra. Eso le iba perfectamente bien a Lochley. No tenía interés en volver a comenzar algunas conversaciones.

******** 13:15 ESTÁNDAR ********

En una mesa en el Café Eclipse, un hombre con bigote y pelo oscuro con canas en sus sienes y un hombre oriental vestido de negro y rojo, estaban sentados en silencio, ambos bebiendo de copas de algo que se suponía que sabía a café, pero que no se le parecía apenas. Parecían no prestar atención a nada

Sin embargo un espectador con los sentidos adecuados, se hubiese percatado del torrente de información que corría entre ellos.

{{Esto es ridículo.. es la una y cuarto... no va a venir}}

{{Todo lo que he oído del Narn dice que nunca rompe un contrato}}

{{Entonces es que lo han cogido}}

{{quizá}}

{{entonces ¿qué hacemos aquí? Los de Seguridad o el Psico-agente podrían estar de camino aquí}}

{{todo lo que he oído del Narn dice que tampoco rompe el secreto de confidencialidad.. y conozco a Ferris... no creo que le escaneara sin su consentimiento}}

{{"has oído", "conoces", "crees"... ¿no se te ha ocurrido nunca que puede que te equivoques?}}

{{a menudo [chiste] pero normalmente me acuesto y se me pasa}}

{{[disgusto]}}

{{[risas silenciosas] paciencia--- te preocupas demasiado... además no creo que él sea necesario}}

{{¿qué?}}

{{abre tu mente... siente las mentes que hay a tu alrededor.. no necesitas un escaneo profundo para sentirlo}}

El hombre oriental cerró los ojos. Por un momento no se movió. Y entonces volvió a abrir los ojos, bien abiertos por la sorpresa, y se dio la vuelta para mirar a la pequeña mujer de cabellos oscuros que había tres mesas más allá, parecía perdida en uno de esos libros de romances baratos.

{{¿Ella?}}

{{Siente su mente... la disciplina, sus límites, la pureza matemática... el libro es una tapadera, no lo está leyendo... nadie más en la sala se le acerca}}

{{¿qué sugieres?}}

{{que renegociemos y nos ahorremos algo de tiempo}}

El hombre oriental sonrió.

Felicia Anstruth dejó su libro y los dos hombres se le acercaron. "¿Puedo ayudarles caballeros? dijo ella con frialdad, sin quitarles la vista de encima.

Eso no les intimidó para nada, algo raro. Una mujer que mirara a un hombre directamente a los ojos sin sonreír o sin un lenguaje corporal adecuado solía espantarles, no estaban acostumbrados a eso. Pero esos dos ni siquiera parpadearon. "Sí" dijo el del bigote. "Sí, creo que sí que puedes. Eres ..." Se detuvo un segundo. "Felicia Anstruth?"

"¿Sois de seguridad?"

"En absoluto".

"Porque si lo sois, y tenéis algo raro en mente, esta conversación podría ser una trampa"

El hombre oriental gruñó. "Creame, señorita Anstruth, no somos de Seguridad."

"Entonces ¿qué eres? Y ¿podrías dejarte de rodeos, esa mierda siempre me da dolor de cabeza." Volvió a coger el libro y empezó a pasar la vista por las líneas escritas, ignorando las palabras. Ese tipo de libros siempre hacía que la gente te despreciara cuando te veían leerlos. ¿Dónde diablos estaba G'Stral? Ya llegaba veinte minutos tarde..."

Un cristal de datos repicó sobre la mesa que había frente a ella. Se sobresaltó y levantó la vista. Ninguno de los dos hombres sonreía ahora.

“Eres una experta en técnicas de desencriptación, especialmente Centauri” . Lo dijo en un tono categórico que no permitiía discusión alguna. “Queremos tener este cristal descodificado antes de las dieciocho horas de esta noche. ¿Cuál es su precio?”

{{Vaya, les pedí que se dejaran de rodeos....}} “Depende de la complejidad. El mínimo son siete cincuenta, con unos dos cincuenta adicionales cada hora de más”.

El hombre de bigote gruñó. “¡Esto es un atraco! Quinientos para empezar y cincuenta cada hora de más”

“Setecientos para empezar. Doscientos por hora”.

“Sigue siendo ridículo. Intentemos...”

“Paul” El hombre oriental había estado mirándola fijamente. Déjalo. No tenemos tiempo para esto. Ella cree que seguramente podrá hacerlo en menos de noventa minutos”.

El frío atravesó a Felicia como una ráfaga de aire congelado en el espacio profundo. “¿Cómo habéis...” Entonces se dio cuenta. “Sois, sois….”

“Capaces de hacer pedazos tu mente si tan siquiera se te ocurre traicionarnos”: Todo atisbo de simpatía desapareció del hombre del bigote; Se agachó y la miró sin pestañear directamente a los ojos. “El contrato ha cambiado. Tú harás esto, y empezarás ahora, y nosotros iremos contigo y te observaremos. Y tu recompensa será tu salud mental y tu vida. ¿Estamos de acuerdo?”

El cerebro de Felicia se estremecía dentro del cráneo; ¿pero qué podía hacer? ¿Qué opción podía elegir cuando sus enemigos podían literalmente ver lo que pensaba antes de que pudiese actuar”.

“¿Qué estáis haciendo?” fue lo único que pudo lograr decir. Salió de ella en un susurro entrecortado. No esperaba una respuesta.

Sorprendentemente, recibió una.

“Estamos luchando por nuestro futuro, señorita Anstruth” La ira no había abandonado la cara del hombre de cabello oscuro, pero era diferente ahora, más fría, como si la hubiera concentrado en algo muy, muy lejano. “Estamos concentrando nuestro poder para una revolución. Eso requiere un sacrificio, dolor, y la realización de unos actos que consideramos monstruosos. Pero la alternativa es permitir que actos todavía más monstruosos ocurran sin que nadie pueda evitarlo ni pueda oponerse a ellos. Para salvar nuestro futuro, señorita Anstruth. Sí. Estamos dispuestos a morir, si es necesario, por nuestro futuro”.

“Y también estamos dispuestos a matar”. 

ACTO CUARTO (ir al principio)

16:07 ESTÁNDAR

La cabeza de Lochley le palpitaba. Zack caminaba arriba y debajo de la sala de reuniones de paredes grises y azules, dirigiendo su mirada a G’Stral a la ida y al aire a la vuelta. “No me lo creo”, gruñó. “Llevamos tres horas con esto y no ha soltado una maldita palabra. Ta’Lon, danos un respiro, ¿quieres?”

No debería pedirme eso a mí, Sr. Allan”. La postura de Ta’Lon era infinitamente más digna que la que había adoptado G’Stral, gacha y con los brazos cruzados, pero era igualmente intransigente. “Si G’Stral verdaderamente quiere renunciar a  mi protección, me marcharé”.

"¡Quiero renunciar a tu protección!" dijo G'Stral enseguida, apretando los dientes.

"No, no quieres" dijo Ta'Lon.

"Sí, pero no le creo." Ta'Lon miró a Lochley. "Ni tampoco le cree usted, Capitana, que es por lo que sospecho que todavía seguidmos aquí."

Lochley suspiró. "Pero no importa lo que yo crea ¿no? Usted es el Embajador. No puedo revocar esa autoridad sin declarar la ley marcial en la estación, y no tengo razones para hacer eso."

Zack se tiró sobre una silla. "Por el amor de Dios, CApitana, ¿no podemos sacárselo como sea ahora, y después buscar una justificación?"

"Haré ver que no he oído eso, Zack."

La mirada airada de Zack se atenuó bajo la mirada fría de Lochley. “De acuerdo” murmuró, y se cruzó de brazos. “Es que me hierve la sangre de pensar en los que pegaron la paliza a Vir se van a quedar sin castigo ‘porque este pequeño cabrón no piensa hablar”.

G’Stral gruñó una vez, en voz alta. Zack se levantó de la silla y la rabia volvió a brillar en sus ojos. “¿Y qué se supone que significa eso, eh?”

G’Stral levantó la cabeza y le devolvió la mirada fríamente. “Significa, Jefe, que si está intentando conseguir mi cooperación, intentando despertar mi compasión por un Centauri, está utilizando la táctica equivocada”.

"Abrahamo Lincolni"

"¿Qué?"

"Abrahamo Lincolni" repitió Ta'Lon. "El funcionario Centauri que liberó a miles de los vuestros durante la última ocupación. Seguramente habrás oído su nombre."

"Aquí y allá" dijo G'Stral con tono de sospecha. "De otros refugiados" ¿Qué intentas decirme?"

Ta'Lon le dirigió una mirada de franqueza. "De otros refugiados. ¿Qué intentas decirme?"

G'Stral parpadeó.

"Arriesgó su vida y su trabajo y su honor para ayudar a nuestra gente" continuó Ta'Lon inexorable. "Le debemos algo por lo que hizo."

G’Stral hizo una mueca. “Es un Centauri. Sólo hizo lo que hizo porque su gente destrozó nuestro mundo primero. No le debemos nada”. Pronunció la última palabra con tanto odio que Lochley vio a Colin retroceder bruscamente, como si algo le hubiese golpeado”.

“¿Entonces qué hay de tu propio sentido del honor?” le contestó Ta’Lon. “Estás defendiendo a terroristas, G’Stral. ¡El terrorismo es el acto de los débiles y de los cobardes, de los que no tienen honor!”

“Él tiene razón, G’Stral”. Colin se inclinó hacia delante, con sus ojos claros mirándole fijamente. “¿Quieres que te muestre las fotos de los niños que murieron en cuando los centros de entrenamiento de nuestro Cuerpo Psíquico fueron bombardeados? ¿De los empleados civiles cuyo único crimen fue estar en el sitio equivocado en el momento equivocado? Estás aquí por tu honor, G’Stral. ¿Qué honor hay en proteger a las personas que no conocen el sentido de esa palabra?”

“¿Y cómo llamas tú a nuestra lucha contra los Centauri?” gritó G’Stral“¡Por supuesto que es terrorismo para ti, eran tus niños los que murieron! ¿Crees que no sé lo cómo piensan, lo que hacen? Están luchando en una guerra, humano. Igual que nosotros hicimos. Una guerra en la que mis padres murieron...” El joven Narn tuvo que detenerse, la respiración agolpándose en su garganta. Pero cuando continuó su voz sonaba tan violenta y fuerte como siempre.

“Lo que llamas terrorismo, ellos lo llaman su lucha por la independencia. Y ¿cómo puedes estar tan seguro de que tú tienes la razón?”

Colin no se movió, sus ojos miraban fijamente a los de G’Stral, pero algo en su pose le decía a Lochley que Colin se había sorprendido por la fuerza de la respuesta. Que no era, en realidad, sorprendente. Colin seguramente estaba acostumbrado a conseguir las respuestas que quería, gracias al miedo que despertaban su uniforme y su placa, si no era por otra cosa. Tal actitud desafiante no era familiar para él.

O quizá era otra cosa, pensó Lochley de repente. “Era quizá porque había escuchado realmente a lo que G’Stral había dicho?

“Esto no nos lleva a ninguna parte” dijo Zack disgustado. “Capitana, voya a hablar con Glenn y los míos. Tenemos sólo un par de nombres más a los que localizar”.

Lochley asintió, aunque no estaba realmente concentrada. “Puede ser buena idea. ¿De cuántas personas estamos hablando exactamente?”

"Ocho. Hasta ahora hemos conseguido una localización positiva de seis."

"¿Quiénes son los dos que no encuentras?" dijo Colin.

"Déjame mirar”. Zack consultó el bloc de datos. “Una tal Felicia Anstruth y un tal Raj Lalwani. Todavía los estamos buscando. Pero con un poco de suerte pronto los tendremos...” Se calló cuando la pantalla Babcom de la pared empezó a mostrar las palabras MENSAJE EN CURSO: JEFE DE SEGURIDAD ZACHARY ALLAN. ORIGEN: SERVICIOS MÉDICOS.

“Servicios Médicos?” Zack frunció el ceño y entonces miró a Lochley. “¿Puedo ver el mensaje?”

“Adelante” Lochley se encogió de hombros.

Zack se volvió hacia la pantalla. “Acepto”

El logo de la Babcom reapareció drurante un momento y desapareció. Los rasgos amoratados y preocupados de vir aparecieron en la pantalla. Zack arqueó las cejas. “¿Vir? ¿Qué ocurre?”

“Necesito hablar con usted y con la Capitana Lochley”

Lochley se puso a la vista de la pantalla. “Estoy aquí, Vir. Continúe”.

“De acuerdo.. Um… Capitana, ¿es esta una línea segura? No es que no confíe en usted o en el Embajador Ta’Lon o en Ferris pero... um.. bueno..”

“BabCom, acepte código de mando prioritario, Jefe de Seguridad Allan: asegure esta línea” Zack esperó; la pantalla quedó borrosa durante unos segundos, y volvió a mostrarse clara. “De acuerdo, Vir, ahora estamos seguros. Continúe”.

Vir respiró hondo. “Mi gobierno acaba de autorizarme a que le rebele, Capitana, y a los agentes autorizados del Gobierno de la Tierra solamente, la información que había en el cristal de datos."

Lochley se puso firme, en alerta. "Continúe."

Vir cerró los ojos. “Durante las últimas semanas, me he encontrado uno a uno con muchos de los embajadores que hay en Babylon 5. todos excepto los tres mayores poderes de la Alianza: la Tierra, Minbar y Narn. Lo que he estado negociando es...” Suspiró. “Son las condiciones para un tratado secreto que rebajaría las sanciones sobre la República, y volvería a abrir parte del comercio mutuo”.

Zack frunció el ceño. “Eso no suena tan delicado. ¿Dónde está el gran negocio en esas conversaciones comerciales?”

“En sí mismas realmente, nada” Vir se acerco más a la pantalla. “Pero este es el vital primer paso. Cuando hayamos conseguido que el acuerdo se ratifique, eso podrá dar pie a más tratados, a un trabajo más concreto y eventualmente a la readmisión de la República dentro de la Alianza”.

"Si era un asunto tan delicado, ¿no se debería haber negociado en Tuzanor?"

"Y se hará" dijo Vir. "Los acuerdos hechos aquí son el primer paso. Pero si una delegación Centauri aparece en Tuzanor con los preámbulos firmados por todos los embajadores de Babylon 5..."

“¿Todos los embajadores?” respondió rápidamente Ta’Lon.

Vir se sonrojó. “Estaba reservándoles a usted, a Sherann y a la Capitana Lochley para el final. Me imaginé que ustedes se lo tomarían más en serio si podía mostrarles que los mundos no-alineados estaban de acuerdo”.

“Y consiguió que aceptaran” dijo Lochley, arqueando las cejas.

Vir tenía la cara roja y se le veía incómodo. “Sí. En parte porque les prometí que lo mantendría tan en secreto como pudiera. ¿Ven ahora por qué he tardado tanto en proporcionarles esta información?”

Lochley se recostó en su silla y se frotó la frente, la sorpresa le había aliviado el dolor de cabeza. Si Vir había conseguido el acuerdo de especies tan dispares como los Gaim, los Drazi y los Llort, era un diplomático mucho más hábil de lo que nadie –incluso él mismo—hubiese sospechado jamás.

“Bueno, bueno” dijo Colin. “Así que, G’Stral, no sólo estás defendiendo a terroristas, sino también a piratas, sin mencionar que has estropeado algo que podría ayudar a establecer la paz galáctica para siempre. Ahora ¿te sientes orgulloso de ti mismo?”

“Ja, ja.. espera un momento... ¿piratas?” dijo Zack.

“Los tratados de comercio siempre incluyen planes para el transporte de bienes” dijo Colin flemático. “Y durante los últimos seis meses o así los telépatas rebeldes han empezado a reunir recursos a una escala impredecible. Era sólo cuestión de tiempo que se convirtiese en piratería. Si se apoderan de una nave pirata, las naves de mercancías Centauri serían el blanco perfecto. La ISA no podría perseguir a los piratas porque, al igual que los telépatas rebeldes, son un problema interno del Gobierno Terrestre. Y el Gobierno Terrestre no perderá el tiempo persiguiendo a los piratas porque están atacando sólo a naves Centauri...  la Cúpula Terrestre sabe muy bien que si empiezan a atacar para proteger a los Centauri, harán muchos más enemigos en los otros gobiernos en la ISA”. Movió la cabeza con algo que parecía casi admiración. “Frost. Esto tiene que haber sido idea de Frost. Ningún otro rebelde telépata estaría tan al tanto de la realidad política fuera de la Alianza Terrestre”.

“¿Pero cómo pueden haberlo averiguado...?  empezó Vir.

Colin tan sólo levantó una ceja.

Vir se puso rojo como el tomate. “Da igual”.

Lochley respiró hondo, intentando tranquilizarse. “De acuerdo”. Miró a Zack “¿Recuerda que dije que no tenía razones para declarar la ley marcial?” Zack asintió con la cabeza. “Ahora las tengo”.

Se acercó el transmisor a la boca y activó el circuito de emisión general. “Atención a todo el personal”. Su voz salió a través del transmisor de Colin, Ta’Lon y Zack y también a través de los altavoces de las unidades de la Babcom,  sonaba extrañamente estereoscópica comparada con el tono mesurado de su voz real. “Aquí la Capitana Lochley. Desde este momento, queda suspendido todo privilegio diplomático, se cierra el tráfico de ida y de vuelta, y se suspenden las comunicaciones, con efecto inmediato”

“Babylon 5 está ahora bajo la ley marcial”.

16:13 ESTÁNDAR

{{¿lo has oído}}

{{Estoy en la misma asquerosa habitación.. claro que lo he oído}}

{{¡Esto lo cambia todo!}}

{{Esto no cambia nada... simplemente tenemos que acelerar las cosas}}

{{No podemos quedarnos aquí}}

{{Necesitamos esta información}}

{{Ellos lo saben...la cambiarán.... dentro de muy poco será inútil}}

{{Si sacamos aunque sólo sean dos o tres patrones de los datos, la operación habrá valido la pena –las líneas de comercio son producto de la geografía interestelar, existe un límite de datos que puedan ser cambiados}}

{{eso sigue sin significar nada si nos arrestan antes de que podamos transmitir}}

{{[suspiro] muy bien –empieza por ensamblar el re-direccionador}}

Felicia dirigió su mirada a los hombres cuando el oriental se levantó y se dirigió hacia la unidad BabCom que había en la pared. Su panel de inspección ya estaba abierto; se habían puesto manos a la obra tan pronto como entraron en la unidad y deshabilitaron varios circuitos vitales. Ya no tendría forma de utilizarla para pedir ayuda, y ellos habían tirado su intercomunicador en un contenedor de reciclaje cuando salieron del Café Eclipse.

Tampoco es que le pudiese decir a nadie donde estaba, aunque encontrase un modo de hacerlo. Le habían hecho algo en la mente –no sabía exactamente qué—pero cuando estuvo fuera del Zocalo sintió como su cerebro se estremecía y de repente su sentido de la vista dejó de funcionarle. Junto con la desconexión de su vista había sentido una fuerte presión telepática, como si tuviese un cuchillo apretándole la garganta:

{{Como hagas ruido, morirás}}

La empujaron por toda la estación, por una ruta tan indirecta y a un paso tan ligero que perdió totalmente su sentido de la dirección. Recuperó la vista sólo al entrar en la diminuta unidad de descanso que ahora ocupaban.

Sospechaba que la habitación estaba en algún lugar del Sector Gris –había varias unidades allí para el personal fijo; esta parecía una de ellas. Había una sola cama, una mesa, una diminuta unidad de aseo y un terminal de BabCom de la cual el hombre oriental estaba quitando varios de los bloques de circuitos. Mientras ella iba mirando el teclado de su terminal, el hombre se colocó una lente de aumentos en un ojo, se agachó sobre los bloques de circuitos  y empezó a cambiar las conexiones cuidadosamente.

“Presta atención”. El hombre del bigote le dio un golpe seco en la mano, como si fuese un profesor castigando a una colegiala por soñar despierta. “No necesitas ver eso. ¿Cómo va eso?”

Lentamente volvió a centrar la mirada en su pantalla. Los algoritmos se movían a la velocidad de la luz, el sistema iba mutilando las cifras de lógica hasta que quedara una secuencia de datos que descifraría los secretos del cristal. Ya le había llevado más tiempo de lo que esperaba, había tenido que reiniciar y empezar de nuevo dos veces cuando algunos puntos muertos en las ecuaciones fraccionarias de los algoritmos habían dado al traste con su programa de eliminación. Ella todavía no estaba segura de cuánto tiempo más le iba a llevar. Era un asunto de la máxima dificultad. Abrió la boca para decírselo.

“Gracias.”

Anstruth apretó los dientes. Que no sintiera que la estaban escrutando realmente no le importaba, le reventaba saber que alguien se había metido en su mente.

“¿Por qué os molestáis en preguntar?”

“Porque eso hace que pienses en la respuesta, y eso nos ahorra a ambos la molestia de tener que hacer un escaneo profundo”. El hombre del bigote se rió secamente. “Confíe en mí, señorita Anstruth, no querrá saber qué se siente cuando te hacen uno”.

“¿Habla por experiencia?” murmuró ella.

“Sí”

La frialdad con que pronunció la palabra la calmó más que cualquier otra cosa"

16:45 ESTÁNDAR

Los gritos en el Zocalo golpearon a Lochley como una ola cuando entró entre el muro de guardias que Zack había colocado frente a la puerta principal, Colin iba a su lado. Incluso  Ta’Lon y G’Stral, justo tras ella, parecían sorprendidos. Los hombres de Seguridad iban por las tiendas, las cerraban y hacían que tanto patrones como comerciantes se dirigieran a la salida, y aunque la multitud no se resistía de forma activa, la ira por la interrupción de su “negocio vital” flotaba en el aire como una oscura tormenta que se preparaba para descargar. Miró a Colin, esperando que éste reaccionara, pero el Psico Agente evidentemente había reforzado sus escudos. La única reacción al volumen de furia existente fue apretar los labios y una mirada inescrutable.

Lochley se dio cuenta de repente que eso hacía que Colin tuviera el mismo aspecto que Bester. No el Bester burlón y socarrón que ella conocía, sino el duro y profesional Bester, el hombre que hacía que te percataras de lo peligroso que era. Y este hombre era el igual de Bester, tenía el mismo entrenamiento, el mismo poder. Quizá no exactamente la misma orden del día... pero ella realmente desconocía si eso era así.

Pensó en los caballeros “negros” de la Edad Media de la Tierra –los caballeros que no debían su fidelidad a ningún señor y que pintaban su escudo de negro porque no tenían dinero para limpiarlo. Un caballero negro a veces era tan honorable como un paladín, y otras veces no más que un mercenario bien equipado. Y era imposible saber quién era qué. Colin parecía entender qué era el honor... pero ¿era el honor sólo la pintura de su escudo?

Zack y Satamba aparecieron de entre la multitud. “Tenemos la mayoría del Azul y el Rojo cerrados ahora, Capitana” dijo sin saludo ni preámbulo alguno. “Estamos peinando el Verde y el Marrón en estos momentos, pero eso nos llevará un par de horas. Los sectores Gris y el Cero-g los dejamos para el final”.

“¿Por qué?” dijo Colin.

Fue Satamba quien respondió, lo cual ya iba bien, pensó Lochley, considerando la mirada de furia que Zack le dirigió al telépata. “Esos sectores son un laberinto, Oficial Ferris. Si intentáramos peinar toda la estación a la vez, sería muy fácil para dos hombres utilizar los conductos y los tubos para escapar. Y eso sin tener en cuenta los trucos de los telépatas”. Satamba se golpeó la frente con un dedo. “Los dejamos para el final, entonces cerramos totalmente todas las entradas y salidas,  y así podemos desplegar todas nuestras fuerzas a esos sectores. Nos llevará un rato, pero les encontraremos. Cuente con ello”.

“¿Cuánto tiempo?”

Zack y Satamba se miraron con cara de dudar. Satamba se encogió de hombros. Zack echó un suspiro. “Quizá una hora o quizá dos días”.

“Una hora puede ser demasiado” dijo Lochley. “No tenemos ni idea de lo rápido que pueden descifrar el cristal de datos”. Se volvió para mirar a G’Stral, que les seguía sujeto con gran fuerza por el brazo por Ta’Lon. “Aunque, claro, si alguien nos dijera a quién ha contratado...”

G’Stral por supuesto había aprendido lo suficiente acerca de los gestos de los humanos como para saber lo que significaba estirar el dedo medio de la mano. “Muy bien, se acabó, éste se va directo a las mazmorras ahora mismo hasta que empiece a hablar, y a hablar con rapidez...”

“Esperen"

Se volvieron hacia Colin. El joven Narn se puso erguido al ver que el Psico Agente se acercaba, su cara mezclaba miedo y rabia. “¿Así que has decidido por fin que vas a escanearme?”

“No hace falta”. Colin miró a Zack. “Jefe Allan. Si tuviese un intervalo temporal concreto y un archivo facial que darle al ordenador BabCom,  usted podría conseguir que el ordenador comprobara todas las grabaciones sobre una persona en concreto durante un periodo de tiempo concreto ¿verdad?”

“Sí, pero...”

"Sabemos que debía encontrarse con sus contactos a las trece horas”. Colin se volvió hacia Lochley, sus ojos brillaban. “Y el Jefe Allan conoce la localización de seis de las ocho posibilidades. Sólo quedan dos personas más que puedan ser”.

“¿Y de qué hostias nos sirve eso si no puede decirnos quiénes son? gritó Zack. Satamba puso su mano sobre el hombro del Jefe, preocupado; éste último se la quitó de encima. “¿Sabe? ¡Para ser uno de esos telépatas sobrehumanos es usted jodidamente lento, Ferris!”

Colin ni siquiera parpadeó. “No puede decírnoslo directamente”. Se giró hacia G’Stral “. Tú eres una persona bastante decente. Es posible que no te importe lo que les ocurra a los Centauri, pero no puedes decir que no te importen nada ni la galaxia ni las muertes innecesarias de inocentes”.

G’Stral se dio la vuelta, rabiando. Pero la tensión acumulada en su boca y mandíbula parecía ligeramente distinta ahora, no tanto debido a la furia como por sentirse atrapado y confundido.

Con suavidad, Colin puso su mano enguatada sobre su hombro. “¿Nos lo dirías, si pudieras?”

El silencio parecía concentrarse en torno al pequeño y cerrado grupo. El Narn nunca se volvió a mirar al humano. Pero tras unos largos instantes de él salió un suspiro que sonó como la liberación del dolor. “Sí” susurró.

“Pero no puedes porque es necesario que respetes la confidencialidad de tus clientes”.

G’Stral únicamente asintió con la cabeza.

“Pues dínoslo”. Y a pesar de la acostumbrada inexpresividad que mostraba la cara de Ferris, Lochley vio una diminuta sonrisa asomar a la comisura de los labios del Psico Agente y un leve centelleo de diversión en sus ojos claros. “¿Es Raj Lalwani tu cliente?”

G’Stral parpadeó, volviendo la cabeza de repente hacia Colin. Por un momento notó que su mandíbula estaba entumecida. Y entonces, al igual que Colin, esbozó la más leve de las sonrisas.

“No”.

Es posible que Zack no fuera lo suficientemente rápido en oír la respuesta –y la rabia en su cara era un claro testimonio de ese hecho—pero sí fue lo suficientemente rápido en entender qué debía hacer. Giró sobre sus talones y se precipitó hacia la unidad BabCom más cercana. “¡Ordenador!” dijo sin esperar. “¡Busca entre las grabaciones de las cámaras de seguridad los archivos visuales de: ID Felicia Anstruth! ¡Hora 12.45 a 13.15 EST de hoy!”

“Procesando” respondió el ordenador con amabilidad mientras los demás se reunían frente a la pantalla. “Sujeto encontrado”.

“¡Póngalo!”

La pantalla mostraba una panorámica desde lo alto, del Zocalo, se veia al pie el subtítulo “SECURECAM R35”  y  estaba enmarcada por un borde gráfico. Una figura sentada a una mesa, parpadeaba con un contorno superpuesto. Entonces la imagen empezó a moverse a una velocidad acelerada, la gente yendo de aquí para allá a paso hiper rápido. Los segundos y minutos pasaban a gran velocidad.

“¡Ahí!” Colin extendió rápidamente el brazo. “¡Ordenador, pare la imagen!” Las imágenes entonces pararon bruscamente y Colin dio en la pantalla con la mano, señalando a los dos hombres que estaban sentados a la mesa detrás de Anstruth. “Son ellos. Nakamura, Frost. Son ellos”.

“Ordenador, fije y capture archivos visuales, los sujetos en el cuadro B3 en pantalla”, ordenó Zack. Se dibujó un contorno alrededor de los dos hombres. “Busca imágenes donde aparezcan junto al sujeto ID Anstruth”.

“Procesando”. La imagen desapareció y fue reemplazada por el plano de la estación. “Los sujetos abandonaron el Zocalo a las 13.17 EST. Fueron vistos en los siguientes lugares, a estas horas”: Empezaron a aparecer puntos sobre el plano,  cada uno de los puntos junto a una hora. Sector Verde, Sector Marrón, Sector Gris. “Vistos por última vez en este lugar”. Un punto empezó a parpadear junto a una sección del Sector Gris, que inmediatamente mostró una ampliación del nivel en cuestión.

“Gris Nueve” gritó Satamba.

“Las unidades de los trabajadores de mantenimiento interinos”.  Zack se acercó el intercomunicador a la boca, y se quedó parado cuando Colin interceptó su mano. “¿Qué diablos quiere?”

“No cancele la ley marcial, no todavía”. Colin se volvió hacia Lochley. “Capitana, Frost no puede realizar un escaneo profundo a nadie si no tiene ángulo de visión. Pero si un determinado número de personas se acerca hasta esa unidad con la suficiente rabia en la mente, él y Nakamura pueden percibir la advertencia. Podrían matar a Anstruth o incluso podrían coger más rehenes si logran  encontrar alguno”.

“¿Entonces qué sugiere?” preguntó Lochley.

“Escoja unos cuantos hombres, no más de cinco o seis, y envíeme a mí con ellos. Puedo bloquearles a todos contra los sentidos de Frost hasta que estemos lo suficientemente cerca como para detenerles”.

Lochley dudó, pero es que contra los telépatas rebeldes no tenía muchas más opciones. “De acuerdo. Con una condición”. Miró a Zack. “Yo iré con usted”. Zack abrió la boca pero se calló al ver la perspicaz sonrisa de Lochley. “¿No se le ocurrirá a usted discutir esto conmigo, verdad, Sr. Allan?”

Zack exhaló. “No, señora”.

Desde luego es usted más inteligente de lo que parece” murmuró Colin.

16:56 ESTÁNDAR

“¡Teniente Corwin!”

“¿Señor?” Corwin se dirigió a su puesto. “¿Cuáles son las órdenes?”

“Tenemos una pista”. En pantalla, Lochley se llevó una mano al oído intentando aislarse del ruido que había a su alrededor. “Si alguien lo pregunta, la ley marcial sigue en vigor hasta próximo aviso. Mientras tanto quiero que aísle todas las comunicaciones de la StellarCom en Gris Nueve... maldita sea, aísle toda comunicación en el Sector Gris si puede. Arréglelo de modo que parezca que funcionen con normalidad, pero ¡no permita que ninguna transmisión llegue a los retransmisores de taquiones! ¿Entendido?”

“Entendido. Señor, eso puede que tarde un rato”.

“Entonces trabaje con rapidez. Lochley fuera”.

Corwin esperó a que su imagen desapareciera antes de permitirse suspirar. Al igual que los comandantes anteriores, Lochley desde luego había logrado dominar el arte de dar órdenes casi imposibles de cumplir, como si tuviera derecho a esperar resultados.

{{David, es tu superior. Sí que tiene ese derecho}}

El sonrió para sí de mala gana antes de volver a cumplir con su deber.

“Vale, a todos, esto es lo que la Capitana necesita que hagamos...”

 

17:11 ESTÁNDAR

La última cadena de código parpadeó y desapareció. Acto seguido la pantalla quedó atestada de letras Centauri. Anstruth suspiró y se recostó en la silla, sintiendo sólo la sombra de su acostumbrado triunfo. “Lo conseguí”.

Los hombres miraron por encima de sus hombros. El hombre oriental frunció el ceño. “No sé leer en Centauri”.

“No importa. Yo sí.”  El hombre del  bigote –Paul, ella recordaba que el oriental así le había llamado—pasó por su lado y fue leyendo el documento.  En algunas partes de éste, aparecían trozos en otras lenguas y algunos símbolos. Anstruth reconoció las curvas desiguales de los escritos Drazi, los símbolos de cuatro y seis rayas de los pictogramas Gaim, los caracteres triangulares con multiniveles de los escritos Llort... La confusión se mezcló con su aprensión. ¿Qué era esto?”

Entonces unos mapas estelares llenaron la pantalla. Frost golpeó la mesa con el puño. “¡Sí!” exclamó. “¡Perfecto!”  Se giró hacia el oriental. “¿Y bien, Timothy?” “¿Me da esto derecho a entrar dentro de tu célula de la resistencia?”

{{¿Darte derecho…?}}

Timothy parecía poco seguro, pero al examinar los planos, una leve sonrisa se esbozó en su cara contra su voluntad. “Creo que con esto estarán contentos de que entres. Lo que tenemos que hacer ahora es transmitirlo”. Se fue hacia la pared, extrajo un cable macho de entre la masa de cableado y circuitos que había extraído de la unidad BabCom, y lo conectó al ordenador de Felicia.

Felicia sabía que era una tontería, pero tenía que intentarlo. “Estamos bajo la ley marcial. No podréis acceder a StelarCom”.

“Hasta la ley marcial”  dijo Timothy “tiene sus rendijas”. La tiró de la silla sin apenas esforzarse y ni miró cuando cayó al suelo. “Paul, confío en que tienes la contraseña”.

“Pasé frente a la oficina de Lochley esta mañana y se lo saqué directamente de la mente”. sonrió. Fijó sus ojos en Timothy.Unos segundos después el otro hombre sonrió también. “¿Esa es su contraseña?”

“Supongo que quería algo que nadie asociara con la Capitana Lochley, la dama de hierro”.

“Entonces lo creeré”. Timothy empezó a teclear sin parar. Desde su asiento en el suelo, Felicia observaba, enfadada y asustada.

Los sentimientos se convirtieron en puro shock cuando la pantalla de mandos en su ordenador.

17:14 ESTÁNDAR

“¡Teniente!” Parsons, el técnico en la consola de mandos, casi salió disparado de su asiento, alarmada. “¡Tenemos una transmisión del Canal Dorado! ¡Es de salida, con el código de la Capitana!”

Eso es imposible, la Capitana n...”  A media frase Corwin lo entendió. “Oh, mierda”. Su mente daba vueltas. “¡Localícenla!”

“Origen Gris Nueve, habitación 32ª. Destino... lo tendré en un momento..”

“¡No tenemos un minuto!” Los puños de Corwin se precipitaron contra su consola.

Como oficial podía utilizar el Canal Oro, pero su código no tenía la autoridad para anular el de Lochley.... los telépatas seguramente se lo habían leído de su mente de alguna forma. ¿Cómo iba él a poder detener....?

La respuesta le golpeó como un martillo. Drástico, pero era su única esperanza. Introdujo su código de mando y llamó las funciones de control maestras de la estación. “¡Ordenador!” gritó. “¡Orden de emergencia, prioridad uno!” ¡Cierre general del Sistema Maestro de Comunicaciones! ¡Implemente ahora!”

En toda la estación, un mensaje apareció en todas las pantallas de BabCom en uso:  INTERRUPCIÓN DE EMERGENCIA DE LAS COMUNICACIONES, y tras eso quedaron en blanco. Todos los intercomunicadores se apagaron tras un “beep de aviso. Todas las antenas de comunicación y circuitos a lo largo de la estación quedaron inertes. Los monitores de la puerta de salto se apagaron. Todos los sensores de la red “murieron” y la mitad de la estación en el C&C “murieron” con ellos. Y la transmisión del Canal Dorado se deshizo en una explosión incontrolada de taquiones.

Babylon 5 estaba ahora ciega, sorda y muda; incapaz de pedir ayuda, incapaz de notar la presencia de una nave en aproximación o de cualquier peligro, flotando indefensa en medio de la noche.

Una presa fácil

17:15 ESTÁNDAR

Al ver que todos los intercomunicadores hacían “beep” al mismo tiempo, Lochley dijo “¿Qué diab...?”

"Mire". Satamba apuntaba hacia una pantalla cercana de BabCom. Lochley siguió su dedo y logró ver como el mensaje en la pantalla se desvanecía.

Zack se mostró enojado. “Fantástico. Ahora ni siquiera podremos coordinarnos via intercomunicador”.

“El Teniente Corwin sabe lo que hace” afirmó Lochley. “Tiene que haber sido el único modo de detener la transmisión a tiempo”.

“Si han intentado transmitir, significa que ya han terminado con Anstruth. Ya no les sirve para nada”.

"Usted conoce a Frost" dijo Lochley "¿La mataría?"

Colin dejó escapar un suspiro de desconcierto. "No lo sé. No lo creo... pero tampoco creí que se convertiría en un rebelde.

"Genial" murmuró Zack.

"Nos estamos acercando demasiado a Gris Nueve" interrumpió Satamba. Miró a Colin con gesto servero.

"Sea lo que sea lo que vaya a hacer. Oficial, será mejor que lo haga ahora."

Colin asintió con la cabeza. “Sí, tiene usted razón”. Se quitó los guantes a pequeños tirones y entrelazó sus dedos desnudos. Lentamente, con los ojos cerrados en una intensa concentración, se llevó las manos a la frente y las mantuvo allí durante un largo instante, un segundo, un tercero...

Cuando volvió a bajarlas, sus ojos parecían extrañamente distante“Todos suyos” le dijo suavemente “permanezcan junto a mí”. Apacigüen sus pensamientos. Respiren lentamente. Miró a Lochley. “¿Después de usted?”

Lochley sacó su PPG y la cargó. Zack, Satamba y los tres guardias que habían elegido para acompañarles hicieron lo mismo. “Apueste su trasero” le respondió Lochley sin sonreír.

17:16 ESTÁNDAR

"Timothy, déjalo." Paul puso una mano sobre el teclado sin vida, interrumpiendo el tecleo constante del oriental.

"Es una interrupción total de las comunicaciones. Todo lo que es remotamente capaz de transmitir o reicbir EM o energía de taquiones en toda la estación ha quedado inutilizado.

Timothy se lo quedó mirando. "Estás demasiado tranquilo." En silencio Felicia le dio la razón. "Es imposible que hayamos consguido transmitir más del veinticinco por ciento de los mapas."

"Es todo lo que necesitamos. Nunca esperé conseguir una transmisión entera. De hecho, yo ya contaba con esta posibilidad." Paul comprobó el cronómetro que llevaba en la muñeca. "Venga. Es hora de que nos movamos. Nuestro tranporte llega en sieta minutos."

Timothy suspiró, desenchufó el ordenador y se fue hacia su compañero. A medio camino hacia la puerta, se paró y miró a Anstruth. "¿Qué hacemos con ella?"

Paul se lo pensó. Semicerró los ojos. Por un momento, Felicia sintió como si estuviera entrando en esos ojos. Entonces el mundo volvió a aparecer a su alrededor, cuando el hombre de cabellos oscuros sacó su PPG del bolsillo y la apuntó a ella directamente a la cara. Cargó la pistola con un zumbido constante que atravesaba su estómago como una nauseabunda ola de frío.

La última cosa que pudo ver fue al telépata apretando el gatillo. Después la orscuridad cayó sobre ella.

17:18 ESTÁNDAR

“Eso es” murmuró Zack. “Allá delante”. Señaló la cámara de seguridad en un rincón del cruce. “Tienen que haber seguido por allí. Aquí es donde BabCom les perdió de vista”.  Delante había un pasillo cuyas paredes ocupaban una serie de puertas compactas y poco espaciadas unas de otras.

"De acuerdo. Dispérsense y utilicen sus tarjetas maestras tras abrir las puertas. Grupos de dos en dos por cada puerta." Miró a Colin. "¿Siente algo?"

Colin negó con la cabeza, sus ojos seguían estando distantes. "No puedo sentir gran cosa cuando estoy protegiendo a un grupo, como ahora. Podrían estar en cualquier parte. O podrían haberse ido ya."

"De acuerdo”. Lochley sacó su identi-tarjeta maestra y la sostuvo en su mano. “Zack, usted viene conmigo. Satmba, usted con Walmers; Yorgason y Davis, ustedes van juntos”. Señaló rápidamente y en orden las tres habitaciones. “Hágamoslo todos a la vez”.

Las parejas se dirigieron a sus puertas, Colin se movía por el centro del pasillo como si estuviera perdido. Lochley levantó una mano con los tres dedos centrales levantados. En silencio, fue bajándolos uno a uno, y después bajó la mano.

Todos a la vez, introdujeron sus tarjetas en las ranuras de las puertas y entonces las cerraduras quedaron abiertas. Las puertas se abrieron; un guardia se giró hacia la puerta, con su PPG apuntando a la puerta. Zack exhaló.  “Vacía”, susurró.

“Aquí igual”, dijo Satamba. Yorgason y Davis dijeron que sí con la cabeza desde la tercera habitación.

Lochley dijo entre dientes “de acuerdo. Las tres siguientes. Otra vez”.

Repitieron  la misma rutina. Una y otra vez. Fue en la quinta comprobación cuando en la habitación 32 A  Zack encontró a la mujer yaciendo en el suelo. Silvó, y los otros entraron amontonados. Lochley se arrodilló y reconoció a la mujer, era la que Zack había encontrado cuando realizó su búsqueda entre los archivos visuales de BabCom. Miró a Zack. “¿Está bien?”

“Está viva, pero está sin sentido”. Zack comprobó su pulso, abrió uno de sus párpados y vio que la pupila no se movía. “Tiene una especie de conmoción, pero no veo ninguna herida”.

"¿Puedo mirar? Colin se arrodilló al lado de Zack y colocó una de sus manos sobre las sienes de ella, después cerró los ojos. Tras unos instantes, torció el gesto y dijo: “tiene un shock telepático”.

“¿Qué?” preguntó Lochley.

“Frost proyectó una imagen telepática en la que una PPG le disparaba a la cara”. La cara de Colin mostraba repugnancia. “Utilizó el miedo para acceder a su sistema nervioso y de ese modo dejarla sin sentido. Lo más probable es que no recuerde las últimas horas de sus recuerdos”.

Colin no había apartado la mano de la cara de Felicia. Intensificó su concentración. No hace más de diez minutos.

"¿Cuánto hace que ocurrió?" "Entonces están intentando salir. Vamos". Lochley se irguió y se apresuró hacia la puerta. Zack y Colin le pisaban los talones. Satamba se detuvo para ordenar a Yorgason que volviera a servicios médicos con la mujer inconsciente; después él, Davis y Walmers fueron tas Lochley apresurando el paso.

17:23 ESTÁNDAR

"¡Teniente!¡Vete!"

Corwin levantó la vista. "¿Qué dem..." Se quedó con la boca abierta del susto al mirar por el ventanal de la bóveda de observación.

A lo lejos, a la altura de los cuatro postes de la puerta de salto, las llamaradas de la activación de los nodos de quantium-40 ondearon y relampaguearon. Entre los cuatro postes, el espacio se retorció en un vórtice azul. Desde el centro de la ruptura espacio-tiempo, apareció un punto de luez brillante que dio paso a una lanzadera de alas tipo delta de la Tierra, y que se acercaba a la estación a gran velocidad

"Señor." Garber, el técnico que se ocupaba de la red de defensa, parecía bastante asustado. "¡Teniente... con el sistema maestro de comunicaciones en cierre, no hay forma de detener a esa cosa!¡Necesitamos recuperar el control de armas!"

"¡No me digas lo que ya sé!" Corwin espetó. Se moridó el labio. Desafortunadamente, el cierre completo de la red a mitad de capacidad habría desbaratado la transferencia de archivos y comunicaciones y las habría enviado en todas direcciones. Tardarían casi diez minutos en reiniciar todo el sistema y tenerlo listo para combate. Si la lanzadera tenía aunque sólo fuese un arma ligera de pulso, unos cuantos tiros bien dirigidos a los reactores de fusión evniarían a la B5 al infierno antes de que ellos pudieran responder con un solo tiro.

{{Diablos}} Pensó en Susan Ivanova, e inexplicablemente, sonrió. "Bien. Conéctenos de nuevo. Primero las líneas internas, después el control de armas de la red de defensa, y después el control de la puerta de salto."

"Enseguida" dijo Parsons. "Conexiones listas en dos-trinta-tres: listo". Sus dedos comenzaron a tocar los controles.

17:24 ESTÁNDAR

"Llegas tarde" gruñó Rukhinos al subir Frost y Nakamura a la puerta del ascensor. El Drazi se movía con impaciencia, con un aspecto no más agradable ahora que cuando habían contratado sus servicios por primera vez para atacar a Cotto... el ataque al cual tan sólo él había sobrevivido de entre todos los matones, ya que el Centauri demostró ser un luchador mucho mejor de lo que ellos habían planeado. "Decimos en qué lugar y a qué hora, ¿es esa una parte de tu plan? El Narn casi me pilla antes..."

"Deja de quejarte. Lo único que necesitamos es que nos escondas". Frost movió su tarjeta de crédito con la mano y miró a los otros matones que Rukhinos había traído con él. Eran incluso más harapiento y malolientes que el grupo anterior. Frost torció la boca con asco. ¿Por qué los matones no se bañaban alguna vez? "Sin os acompañan, nos aseguraremos de que estén bien..."

"¡AQUÍ SEGURIDAD DE BABYLON 5. TODO EL MUNDO AL SUELO AHORA. TIREN LAS ARMAS!"

El grito de Zack hubiera sido digno de Garibaldi en sus peores momentos de ira. Desafortunadamente ninguno de los gorilas que había al final del pasillo estaban lo suficientemente asustados como para obedecer. Se metieron en el refugio que había en el hueco del ascensor, sacaron sus armas y abrieron fuego. Rayos azules y verdes de energía crepitaban por el pasillo. Lochley, Zack, Colin, Satamba y los guardias se pusieron a cubierto; una vez Lochley pudo respirar, Zack se giró y devolvió los disparos con su PPG. El aire parecía oscilar, la pintura de las paredes empezó a mostrar ampollas debido a las ondas de calor que viajaban por el aire.

"¿A dónde lleva esa bifurcación?" le gritó Lochley a Satamba.

El hombre miró a su alrededor, sacudió la cabeza hacia atrás después de que un disparo quemara uno de sus mechones de pelo, y se volvió de nuevo hacia ella. "El de la izquierda lleva de vuelta al Sector Marrón, hemos cerrado el acceso. No pueden escapar por ahí."

"¿Y el de la derecha?"

"El de la derecha lleva a otra serie de unidades de mantenimiento. No hay modo de salir por allí." Satamba se rió con ganas. "Los tenemos."

“¿Eso cree?” murmuró Colin. Se giró y disparó, el disparo parecía hecho al azar. Pero atravesó el aire y derribó a Rukhinos, dejándole un agujero ardiendo en el pecho. Lochley parpadeó.

{{No está mal, para ser unos matones}}

{{¿Te das cuenta de que ya les habíamos pagado?}}

{{Para eso les pagamos, para que mueran}}

{{[Aprensión; duda; molesto dolor]}}{{[con severidad] no son de los nuestros, Timothy... no podemos permitirnos sentir pena... son el necesario sacrificio de la guerra}}

{{Entonces, vámonos {{bien [endureciendo su ira] pero primero vamos a darles algo para que aprendan: no os volváis a interponer en nuestro camino}}

Cuando Zack se giró para volver a disparar, el hombre del bigote –Frost—de repente se levantó, metiéndose en la línea de fuego. Zack automáticamente apuntó al hombre...

.... y se quedó quieto.

Los ojos azules se le clavaban como dardos de hielo, atravesándole el cerebro. El dedo de Zack se agitaba en el gatillo como si fuera epiléptico. Era consciente de que Frost empezaba a levantar su pistola para apuntarle, pero por alguna razón no le importaba. No sentía dolor. Ni miedo. Nada excepto aquellos ojos fríos e hipnotizantes....

El grito llevaba consigo un peso psíquico que se estrelló contra su mente al mismo tiempo que un cuerpo colisionó contra el suyo. Quedó libre del trance como un buceador que en estado de shock atraviesa una pared de cristal y entra en una habitación seca; Zack cayó hacia atrás después de que el empujón de Colin lo apartó bruscamente del pasillo alejándolo de la línea de fuego. Una corriente de plasma hiper-caliente penetró en el aire, pasando por encima de sus cabezas, dejando un agujero negro en la pared.

Colin se quedó quieto sólo para poder dirigir una mirada rápida y penetrante antes de alejarse rodando y continuar disparando. Frost se alejó del camino. Él y nakamura desaparecieron por el lado derecho de la bifurcación. Una risa salió del rincón. Colin abrió más los ojos.

Zack se llevó las manos a las sienes cuando la voz sonó en su cabeza, en la de Colin, en la de Lochley, en la de todos los que allí estaban.

{{lo siento mucho... me largo… me lo he pasado bien… llamad pronto}} Alegría; dura y fría. {{¡Aquí! ¡Un regalo! ¡Llámalo limpieza de la casa!}}

Destellos de PPG salían del pasillo escondido a la derecha. Se abrieron camino a la fuerza entre los gorilas, desprevenidos, en estado de shock. Los matones iban cayendo como si fuera trigo segado por guadañas. Las ondas mortales, encendidas, amplificadas, concentradas, reforzadas y dirigidas por los telépatas rebeldes, azotaron a los matones como si ellos también fuesen telépatas, el dolor y la agonía bombardeaba sus mentes. Los guardias de seguridad empezaron a gritar. Lochley se tapó los oídos con las manos, como intentando mantener su cráneo entero con auténtica fuerza de voluntad. Colin cayó de rodillas, ojeroso y totalmente blanco, Satamba intentaba mantenerse en pie contra la pared, respirando con dificultad. “Dios mío”  dijo medio ahogado, a tirones. “Han matado a sus propios mercenarios sólo para... sólo para...”  Entonces tragó como si estuviera reprimiendo las náuseas.

Con un “beep” repentino, todos sus intercomunicadores se activaron. Una voz espetó bruscamente a través del de la Capitana. “¡Corwin a Lochley!”

Lochley tragó saliva. >“Lochley” Respondió. “Adelante”.

“Capitana, acaba de entrar una lanzadora por la puerta de salto. Se dirige a la parte trasera de la estación. Sector Gris”.

“¿Armas?”

“Nada de momento”.

Lochley frunció el ceño. Miró a Zack. “¿Una nave de rescate sin armas? ¡Pero si no hay instalaciones de aterrizaje en esa parte de la estación!”

“No”. Colin se forzó a ponerse en pie. “No de rescate, de escape. No necesitan instalaciones de aterrizaje”.  Pulsó su propio intercomunicador. “Ferris a Corwin. Ponga nuestros intercomunicadores en modo de seguimiento local”.

“En seguida”.

“El pasillo en el que estamos. Gris nivel Nueve, cerca del ascensor 136 B. ¿Hay alguna salida?”

"Em..." Transcurrió un instante excesivamente largo. "Sí" respondió Corwin. "Es una antigua escalera de acceso. Atraviesa todo el Sector Gris descendiendo al nivel 30..."

"... y hacia las escotillas de emergencia en el casco exterior, ¡Oh Dios!" Lochley se irguió sorprendiad y se precipitó hacia la puerta del ascensor, dándole puñetazos. "Vengg ¡maldita seas!¡Venga!" De detrás de la puerta se oía el rechinar de los motores; un instante después, la puerta se abrió. Lochley entró de un salto, Colin tras ella. Zack y los guardias, todavía atontados debido a la onda mortal, no pudieron seguirles con la suficiente rapidez. Para cuando Zack llegó a la puerta, la puerta ya se había cerrado.

El ascensor se precipitó hacia abajo y hacia la parte de fuera en dirección a la superficie de la estación.

17:31 ESTÁNDAR

Colin salió del ascensor en primer lugar, Lochley le seguía sin discutir. No era momento para eso, no había tiempo. Iban a todo correr, todos juntos, superando cada bifurcaicón sin vacilar. El Psico Agente sabía lo que hacía.

La escotilla de emergencia era una cármar presurizada con dos puertas y tenía un minúsculo ojo de buey de plexicristal. Otra cámara de doble puerta a sus pies, daba acceso al espacio. A través del ojo de buey, apenas divisaban la silueta de un e-traje con casco.

A Lochley le impresionó tremendamente tremendamente con qué cuidado tuvo que haber planeado Frost todo esto desde un principio. Cómo habría elegido su blanco, le habría escaneado, esperando su oportunnidad. Cómo habría elegido a los matones disponibles, como Rukhinos, sin dejar rastro ni tener una razón concreta. Cómo habría seleccionado un experto, un lugar donde esconderse. Cómo había previsto la reacción de Corwin, aprovechándose de la indefensión de Babylon 5 para tener preparada una simple lanzadera. Cómo habría escondido los e-trajes en este lugar, listos para su fuga. Y todo ello calculado con una precisión increíble. Si Colin no se hubiese encontrado en la estación...

No quería ni pensarlo.

Colin ni siquiera intento decelerar. Simplemente se precipitó contra la pared de la escotilla y miró furioso a través del ojo de buey.

"¡FROST!" rugió, golpeando con sus puños la fura aleación de la puerta. "¡FROST!"

La silueta del traje espacial les saludó burlándose de ellos.

Con un potente golpe la puerta se abrió, y a pesar de que el suelo de la estación tenía metros de grosor y estaba blindado, Lochley pudo sentirlo. Frost desapareció de su vista.

Colin cayó de rodillas. Lochley pulsó su intercomunicador. "¡Lochley a C&C!"

"Aquí Corwin" respondió Corwin, desesperado, forzando al ordenador a realizar una frenética serie de comprobaciones para reiniciar el sistema. "La lanzadera está en la parte de fuera del Sector Gris, cerca de la escotilla 73. Tenemos dos hombres dirigiéndose hacia allí, preparados con traje."

"¡Estado de la red de defensa!"

"Poniéndose a punto, Capitana. Poco a poco."

"Apunte a la lanzadera y haga fuego. Dispare para deshabilitar los motores. ¡Les quiero vivos!"

"Enseguida..." Con su vista pendiente de los controles y de su ordenador, Corwin trabajaba sin parar, pero la lanzadera estaba a punto de salir. Cuando volvió a mirar, desesperado, vio como se encendían los motores. El fuego blanco empezó a quemar en los impulsores, la lanzadera salió disparada, rápida como un rayo en dirección a la puerta de salto.

"¡Puerta de salto en línea!" gritó Parsons.

"¡Detenga la secuencia!" gritó Corwin.

Parsons aporreando inútilmente su consola. "Los circuitos todavía no funcionan... la puerta de salto responde a la señal de su baliza..." Corwin levantó la vista, su estómago le estaba matando. Una luz blanca ondeó y brilló en espiral girando en un vórtice rojo. La lanzadera se precipitaba a toda velocidad hacia la grieta hiper-dimensional.

"¡Control de armas listo!" gritó Garber con un gesto de triunfo.

"¡Dispárele!"

Lochley había corrido hacia uno de los ojos de buey que había en el suelo. Mientras la estación lentamente giraba hasta mostrar la puerta de salto, pudo ver el destello previo a su apertura, vio cómo la lanzadera se dirigía hacia ella...

... vio cómo se encendía la red de defensa. Rayos de plasma atravesaban el espacio, en dirección a la puerta de salto, acelerando para impactar contra la lanzadera, que todavía no había alcanzado la velocidad de la luz...

... demasiado tarde.

La lanzadera se alargó por un momento, se adentró en la fisura y desapareció en la explosión de luz. Apenas unos milisegundos después los rayos de plasma se precipitaron contra el punto de salto, que se desvanecía, y estallaron en inofensivos destellos de hidrógeno, chisporroteando con la energía liberada. El punto de salto se encogió y quedó cerrado. Después sólo quedó el espacio vacío , y el brillo de la luz de las estrellas.

"Maldita sea" dijo Lochley en voz baja.

19:00 ESTÁNDAR

Servicios médicos no era el emplazamiento adecuado para reuniones seguras, pero la incapacidad de Vir para abandonar la cama habían forzado esta opción. Lillian había consentido –aunque con  más bien de mala gana—a que vaciaran el resto de la habitación y que apagaran todos los monitores excepto los de seguridad que fueran estrictamente necesarios. Afortunadamente no había ningún otro paciente en esos momentos que estuviese tan malherido para que no lo pudieran trasladar, tan sólo Vir. Las sillas las habían traído Zack, Colin y Lochley; a un lado Ta’Lon y G’Stral permanecían de pie, mirando. Lilian revoloteaba alrededor de Vir como si fuera una madre angustiada.

Zack puso el ordenador de Felicia Anstruth sobre la mesa, junto a Vir. “Creemos que consiguieron transmitir los horarios de seis o quizá siete líneas de transporte” le dijo a Vir, intentando suavizar la situación. “No sabríamos decirle cuáles. Podría ocuparse de modificarlas, o quizá enviar algunos cruceros de guerra para defenderlas, o algo parecido”.

Vir sonrió con dolor al jefe de seguridad. “¿Qué cruceros de guerra, Sr.Allan? Las sanciones de guerra de la ISA nos ordenó decomisar el ochenta y cinco por ciento de nuestra flota”.  Tomó aire. “Y nos llevará por lo menos un mes poder realizar cualquier tipo de modificación. Durante ese tiempo....”  Sacudió la cabeza.

“Bueno, todavía le queda una cosa” le dijo Lochley.

Vir gruñó. “¿Cómo qué?”

“Un acuerdo firmado por todos los embajadores de la ISA, con la excepción de mí misma, Ta’Lon, y Sheran, para reabrir relaciones con los Centauri”. Lochley hizo un gesto a Ta’Lon con la cabeza. “Y estoy segura de que al menos dos de estos últimos estarían de acuerdo en firmar ahora mismo”. Ta’Lon le respondió con la cabeza.

Vir suspiró. “Gracias, pero… el tratado estaba basado en la disponibilidad de ciertos productos y con los horarios al como están ahora, y, como el Presidente Sheridan diría,  todo se lo ha llevado el diablo”. Se tumbó y se frotó la cabeza. “Voy a tener que negociarlo todo otra vez”.

“Ya lo hizo una vez, Vir” le respondió Zack. “Puede conseguirlo de nuevo. Lo sé”.

G’Stral gruñó. Ta’Lon le miró. “Deberías estar contento”.

“¿Por verle trabajar por la paz que los suyos rompieron? Sí, lo estoy”. Después suspiró. “Pero supongo que también estoy contento de no tener que ir a otra guerra tampoco”.

De alguna forma Vir consiguió esbozar una sonrisa. “Saben” dijo pensativo, “la República Centauri sí que ha hecho historia recompensando a aquellos que la sirven de verdad...”

G’Stral abrió los ojos como platos y después los entrecerró furioso. “No necesito dinero de ti, Cotto” espetó. “¡No cogería tu dinero aunque con él se pudiera comprar Centauri Primero!  A la mierda con tus recompensas, tu dinero y tu....” Entonces se calló. “¿De qué te ríes?”

Tosiendo levemente con alegría, Vir hizo un gesto con la mano. “Oh, si pudieras verte la cara...” Eso llevó a otra serie de tosidos. G’Stral se dio la vuelta y salió de la habitación ofendido.

Lilian ante eso decidió que ya era suficiente. “De acuerdo, creo que ya ha estado despierto demasiado tiempo, todos fuera. Venga embajador...” Los echó fuera, ajustando manualmente su unidad IV. 

“Oh, el goteo del tranquilizante otra vez no” se quejó Vir. “Los odio, siempre hacen que por la mañana sienta como si mi cabeza estuviera llena de algodón ...” Su voz se desvaneció cuando Lilian cerró la puerta de la habitación.

Colin se encogió de hombros. “Veo que los peores pacientes no son siempre los médicos”. Su máscara inescrutable volvía a estar de nuevo en su lugar. “Jefe, creo que los oficiales de policía, por tradición, suelen invitarse a tomar una copa después de pasar unos días difíciles. ¿Te hace una copa?”

Zack lo miró fijamente. “Mira”  dijo por fin. “Lo que hiciste allá abajo, merece que te dé un margen de confianza, pero ya no confío en la gente con tanta facilidad como antes. ¿De verdad crees que las cosas son así de simples, compartir una pelea y tomar una copa?”

Colin esbozó su usual media sonrisa. “No, pero es un principio”. Se fue sin decir nada más. Zack se lo quedó mirando. La duda y la confusión le nublaban la vista.

G’Stral levantó la vista cuando Ta’Lon se alejó de la puerta. “¿Tú también me vas a ofrecer una recompensa?”

“No. Quizá ayuda, si la necesitas..”

G’Stral se puso en pie. “Yo nunca necesito ayuda”. Se volvió y caminó hacia la puerta de Servicios Médicos. Lochley, Zack y Ta’Lon le miraban en silencio.

Se detuvo en el umbral. Sin mirar atrás, murmuró. “Pero tal vez sí la necesite de vez en cuando”.

23:47 ESTÁNDAR

Lochley recorrió a pie el camino hasta sus habitaciones y se tiró sobre el sofá bocabajo. El papeleo y los detalles administrativos que había dejado pendiente durante todo un día de absoluto pánico y caos no habían desaparecido. Tendría que volver a ellos y pasarse horas para ponerse al día. El día se le había ido al garete.

“Eso podría perjudicar su respiración, a menos que los cojines sean especialmente porosos”.

Lochley levantó las cejas en desesperación. Oh no. Ahora no. “Vete Draal” musitó con la cabeza entre los cojines.

"Yo en realidad no estoy aquí, así que sería difícil que me fuera para empezar” apuntó el Minbari.

Lochley se obligó a sí misma a darse la vuelta, y vio a Draal sentado en la silla que tenía delante, sonriéndole con la misma risita encantadora que había esbozado anteriormente. “¿Qué estás haciendo aquí?”

Draal pareció no ofenderse por su brusquedad. “Sólo quería felicitarla por su actuación, como ustedes los humanos dirían, “brouhaha”. ¡Qué fantástica palabra! Brouu-ha-haaa”  Se reía sin parar.“Draal... no hay nada por que felicitar a nadie”. Lochley se puso derecha y le miró furiosa. “Hemos fracasado. Quizá no totalmente, pero hemos fracasado.” Lochley se quedó mirando al suelo, de repente se sentía demasiado cansada como para seguir enfadada. “La primera crisis del año y la hemos fastidiado” murmuró. “No me siento demasiado sociable en estos momentos”.

“Está viva. A veces eso ya es un triunfo”.

“¿Lo es?” Entonces levantó la vista. “¿Sólo por vivir? ¿Eso es todo?”

Draal suspiró. Su sonrisa se desvaneció y de repente parecía mucho más pequeño.”No. No siempre. En parte, por eso estoy aquí”. Se levantó y empezó a caminar. “Me puse en contacto con usted porque era el momento de hacerlo. Estaba lista para aceptarme a mí y lo que soy. Pero también porque, en cierto modo, la necesitaba”.

Lochley le miró extrañada. “¿De qué está hablando?”

“Propósito. Y mi falta de uno”. Draal volvió la cara para mirar a Lochley y apretó sus manos frente a su pecho. “La Máquina fue construida para cumplir un propósito que ya ha sido conseguido. Y la verdad es que en estos momentos estoy considerando las posibilidades que mis servicios puedan cubrir. Hasta ahora no he visto ninguna. Y todavía estoy habituado a el tiempo de un ser mortal. Me siento...” Parecía increíblemente avergonzado. “Impaciente. Inútil. Sin un objetivo”.

Le dirigió a Lochley una mirada penetrante. “Como pudo ocurrirle a usted ¿en estas últimas semanas?  ¿Después de que el Presidente Sheridan se marchara y se llevara consigo la gloria y el destino de la ISA, y la dejara a usted con todo el trabajo sucio? Le pidió que usted debía ser un símbolo de unidad. Ahora que la necesidad de ese símbolo ya no existe. ¿Puede usted decirme que es feliz aquí, sin saber que usted en concreto, Elizabeth Lochley es necesaria en este lugar?

Lochley miró hacia otro lado,  moviéndose con incomodidad. “Aunque así fuera”  admitió por fin “¿qué demonios podría hacer usted?”

“Ah. La Quinta Gran Pregunta”

“¿Eh?”

Draal se sentó junto a ella en el sofá. “Las razas antiguas creían que había cuatro grandes preguntas que podían definir la razón de la existencia. No los definían por sí mismas sino por la multitud de respuestas que podían inspirar.  Estas preguntas eran: ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Por qué estás aquí? Y ¿A dónde vas?”

Entonces sonrió a Lochley. “Creo que usted acaba de encontrar la quinta. ¿Qué puedes hacer?”

Inesperadamente, Lochley sintió que en su boca se dibujaba una sonrisa. “¿Y se supone que yo debo tener las respuestas a esas otras?”

“No.” Draal rió y entonces se recostó.

“Pero quizá nosotros dos, los restos sin objetivo, podamos responder a algunas de ellas juntos”.

Lochley sonrió ampliamente.

En su mesilla de noche, su intercomunicador sonó, indicándole el cambio de hora.

Un nuevo día empezaba en Babylon 5

FIN

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