Acto 5

BABYLON 5: LA 6 TEMPORADA VIRTUAL

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

EPISODIO 3: DEBERES PARA CON LA REPÚBLICA

ESCRITO POR GARETH WILLIAMS

TRADUCIDO POR ÁNGELES EMA


PRESENTANDO A :

DEREK JACOBI como Lord-General Marrago
CARMEN THOMAS como Lyndisty Marrago


INTRODUCCIÓN:

Estación Espacial de la Alianza Interestelar Babylon 5; Control y Mando.

27 ENERO, 2263, 7:50 Estándar

Babylon 5 había recibido muchos visitantes extraños en sus sagradas estancias durante los más de seis años en que había estado operativa. Alienígenas de incontables razas; un Emperador, una criminal de guerra odiada a lo largo y ancho de la galaxia, un buscador de un mito ya olvidado, un rey de un tiempo ya pasado, aquellos que buscan un nuevo comienzo, aquellos que dejan poca cosa atrás, ministros, gobernantes, embajadores, futuros gobernantes.

Muy pocos, con la excepción de la criminal de guerra Dilgar Jha'Dur habían suscitado tanta controversia o rabia.

Este era, como comentó la Capitana Elizabeth Lochley, el "mejor" de los momentos. La Guerra Centauri había terminado apenas unos meses atrás. Las luchas en la estación habían cesado, pero el resentimiento seguía vivo. Muchas razas habían sufrido ataques en sus líneas comerciales a manos de los Centauri, y la sospecha y la división no habían hecho más que empezar a partir por la mitad la joven Alianza. Se había solucionado el problema, más o menos, pero las relaciones diplomáticas seguían estando muy sensibles, sobre todo después del incendiario discurso de inauguración del Emperador Mollari, en el que declaró la separación de la Republica de la Alianza, probablemente para siempre.

Después de todo, este no era el mejor de los momento para que el líder de todos los ejércitos de la República llegase a la puerta de Babylon 5, aunque viniese por asuntos personales.

Miró atrás un par de días, cuando se habían enterado de la llegada del Lord-General Marrago.

"Es de la vieja escuela" según decía el informe de Theresa Halloran, la nueva jefa de Inteligencia de la Alianza, y ex-terrorista para más señas. "Lleno de vagos conceptos de honor, deber, respeto para la República... ese tipo de cosas. Muy respetado, sobre todo por sus soldados, y es un viejo amigo del Emperador. Estuvieron en la misma... sociedad de duelos... o algo así. Viejos amigos."

"Pero hay algo más en él que eso, claro. Y ahí es donde está el problema."

"Un problema" había respondido Lochley. "Claro. Tiene que haber un problema."

Halloran la miró con cautela unos segundos, preguntándose si se estaba burlando de ella. Llevaba poco tiempo allí, y todavía le llevaría un tiempo acostumbrarse a todo. Después de la pausa, continuó...

"Ha sido Lord-General de los ejércitos de la República durante unos veinte años. Eso significa que estuvo al mando durante la guerra con los Narn. También estuvo al mando cuando bombardearon el planeta Narn. Gobernó unas cuantas colonias Narn durante la ocupacióny no fue precisamente benevolente. Su modo de gobernar casi hace que lo que la Tierra hizo a Marte pareciera una tontería. Y para colmo, también estuvo al mando del ejército durante la última guerra."

"No es muy probable que tenga demasiados amigos aquí entonces" intervino Zack Allan, el Jefe de Seguridad.

"Bueno, eso es decir mucho.. a menos que cuentes al Embajador Cotto. Él estuvo prometido a la hija de Marrago... la hija adoptiva.. durante poco tiempo, de todas formas. Las cosas se .. estropearon hace un par de años."

"¿Y el mensaje del Embajador Cotto no será la razón de la visita del Lord General?" preguntó Lochley.

"En absoluto. 'Asuntos personales' únicamente. Por lo que yo sé, dudo que el Embajador sepa de su llegada."

"¿Y lo sabe el Embajador Ta'Lon?"

"Todavía no. ¿Cree que debo decírselo?"

"Se va a enterar tarde o temprano. Más vale que sea pronto. Su gente no se va a poner muy contenta. Sin mencionar a los Drazi. Señor Allan, aumente las medidas de seguridad, sobre todo alrededor de las habitaciones del Embajador Cotto. Señorita Halloran...intente averiguar por qué está aquí."

"Confíe en mí" dijo Zack. "Cuanto más tiempo esté aquí, peor se pondrán las cosas. No podemos... impedirle la entrada o algo así ¿no?"

"Negativo, Señor Allan. La Alianza está en un momento muy delicado de las negociaciones con la República Centauri, para ver si se les permite volver. Después del ... fiasco con la pérdida del data cristal el mes anterior, no creo que podamos permitirnos fallar de nuevo. No, permita que suba a bordo. Eso sí, no le pierda de vista, y por Dios, no permita que nada le ocurra, o entonces sí que tendremos problemas."

Lochley volvió al presente mientras esperaba a que la nave del Lord General aterrizase. Una nave de Seguridad estaba estacionada y todo el tráfico había sido detenido. Lo último que necesitaban era que apareciese algún Narn o algún Drazi y le pegase un tiro al Lord General al entrar.

Apareció alguien al final de la plataforma de llegadas, ella se puso firme instintivamente. Su uniforme de gala le picaba tanto que estaba segura de que se le avecinaba un dolor de cabeza.

No estaba segura del todo de lo que esperaba del infame Lord General Marrago, pero a primera vista no hubo nada que le llamara la atención. Era un hombre algo, con una aterradora cresta de pelo, que rivalizaba con la de Londo, aunque era probablemente un poco más corta. El largo del cabello era un símbolo de status entre los hombres Centauri y mientras que sólo unos pocos entre las generaciones de jóvenes seguían esa tradición, los de la vieja escuela sí que la seguían.

Fueron sus ojos los que captaron su atención. Chispeantes y carismáticos, hablaban de la infinidad de su experiencia. Era una mirada que ella había visto en los ojos de muchos militares veteranos antes de que sucumbiesen a la desesperación interna. Su padre había tenido esa mirada en sus ojos ... una vez. El Presidente todavía la tenía.

El Lord General se paró justo delante de ella, y ella se sorprendió al ver que sólamente traía dos guardias personales. Cada uno de ellos llevaba un blasón sobre su túnica. El símbolo de la Casa Marrago seguramente. Una espada corta estampada sobre un trono de aspecto muy elaborado.

"Capitana Locheley, creo" dijo. Su voz tenía un fuerte acento, casi como el del Embajad.. Emperador Mollari. "Es un gran honor. No esperaba una bienvenida tan ilustre, ¿o es que a todos los ciudadadanos privados se les recibe de esta forma?2

"Ah, no, pero es que no todos los ciudadanos privados tienen un pasado tan... pintoresco."

"Ni mis enemigos ¿eh? Dígame, ¿dónde está el Embajador Cotto? Esperaba encontrarme con él aquí."

"Le espera en sus habitaciones. Intentamos mantener su llegada en secreto tanto como pudimos, y su presencia aquí hubiese ... alarmado a la gente. No queremos que se arme demasiado lío."

"¿Usted cree que estoy en peligro aquí? Capitana Lochley, he sobrevivido a los últimos días de nuestra primera ocupación de Narn. Viví durante la Campaña de Immolan, nuestra segunda guerra contra los Narn, fui gobernador de una colonia Narn durante dos años e incluso logré sobrevivir durante mi niñez en la Corte Real. ¿Cree de verdad que mi vida está en peligro aquí, en este lugar construído para la paz?"

"Puede que Babylon 5 se construyera para la paz, Lord General, pero confíe en mí. La realidad es ... algo diferente."

****************

"¡Matadle!" "¡Shon'Kar!""¡Carnicero!" "¡Monstruo!"

El Embajador Ta'Lon sufría en silencio, escuchando a su pueblo clamando y vociferando. Los secretos eran algo difícil de guardar, especialmente aquí. Había llegado a sus oídos que un dignatario Centauri iba a visitar la estación, y se habían presentado allí para manifestar su disgusto.

Por otro lado, estos eran los pacientes y los que eran capaces de perdonar. Sin duda alguna muchos Narns no habrían ido a quejarse ante él primero.

"¡Silencio!" rugió él por fin. Para su sorpresa, todos se callaron. "Sé que estáis enfadados, pero no vais a atacar a este Centauri".

"¡Tenemos un Shon'Kar!" gritó uno de ellos situado al frente. "Mi padre murió en sus campos de concentración en Na'Haminar." "Y mi hermana!" gritó otro, y pronto todos estaban gritando otra vez.

Esta vez no dijo nada, pero empezó a sacar su espada de la funda. Con ell primer destello de su hoja hubo un murmullo instantáneo.

"Sé de vuestro Shon'Kar, y sé de aquellos que murieron en sus campos.. ¡Tranquilos! Pero también sé que no debéis tomar la venganza con vuestras propias manos. Somos una comunidad aquí, y este asunto se tratará del modo adecuado."

"¡G'Kar nos entendería si estuviese aquí!"

"Ya, pero G'Kar no está aquí. Y aquí estoy. Él porta sus espadas en lugares diferentes a los míos, y los suyos puede que sean más mortales... pero mi espada también puede herir. Y mi espada está aquí. Repito... no intentaréis hacer daño a este Centauri."

"Tú no eres G'Kar. Él nos entiende."

{{Oh sí}} Pensó Ta'Lon para sí. {{G'Kar os entiende a todos demasiado bien. Al igual que yo.}}

****************

No recordaba el momento de su creación. Su primer recuerdo fue la visión de la negra, ardiente habitación en la que le habían dado vida. Su segundo recuerdo había sido la visión de sus amos, y las órdenes en su mente.

{{Tu objetivo es matar}} le habían dicho, y había obedecido. Había comprendido.

Y ahora, de alguna forma, sus amos se habían ido, pero su misión permanecía. Matar. Otros habían venido, y le habían dado órdenes. Su objetivo seguía siendo el mismo. Su blanco era otro. Eso era todo.

Necesitaba poco más. Su mente estaba mejor enfocada que la inútil mente de los mortales, pero como era mayormente mortales lo que mataba, era ... eficiente saber cómo pensaban y cómo actuaban.

Había pasado mucho tiempo dentro de los miembros de una raza llamada Centauri. No para matarles. Sus nuevos maestros se lo habían dicho. Era simplemente para esperar órdenes de a quién matar. Había pasado tiempo estudiando a esos... Centauri.

Después de muchos meses, le habían dado una orden. Matar. No a un Centauri, sino a un Minbari. Conocía a los Minbari. Les conocía muy bien. Tenían una casta a la que llamaban guerreros, y que luchaban bien. No tan bien como "él" lo hacía, claro. Había una ligera diferencia, aunque clara. Ellos luchaban, "él" mataba.

Para su disgusto, el blanco no era un guerrero, sino alguien de otra casta: un trabajador. Pero ese trabajador era especial. Le ayudaba algo más. Tenía información que él no debía tener. Sus amos estaban preocupados y por eso le habían dado la orden.

Pero claro, había Centauris por allí, y ellos luchaban.

Había sido una larga búsqueda, desde las tierras de los Centauri, a otro lugar, y aquí y allá. Sabía cuál era su lugar. Sus amos concían el lugar. Ellos podían verle y comunicar con "él". Era para que continuara con la búsqueda pero con cuidado. La gente sabía de "él" y de los de su especie. El objetivo era todavía más importante aún a riesgo de ser descubierto, pero se debía ir con cautela.

La cautela era una cosa, pero el objetivo de matar era otra.

El... Centauri saltó frente a él, blandiendo una larga espada en la mano. El Centauri era demasiado lento, su espada era demasiado débil. Se movió hacia delante, cogió la espada y la movió con una mano. Con la otra, desgarró el pecho del Centauri.

Se le había ordenado que se escondiera, que se moviera en el interior de estos huéspedes mortales, pero ese no era su objetivo. Su objetivo era matar. Hubiese aceptado esas órdenes si se las hubiesen dados sus antiguos amos, pero no de los nuevos.

Estaba aquí, en este extraño y odioso lugar llamado Babylon 5, e iba a matar.

ACTO PRIMERO

A la Embajadora Sherann le gustaba este lugar. Le gustaban los puestos del mercado, le gustaba el parloteo de los mercaderes, las llamativas chucherías que vendían, la gente yendo y viniendo, algunos en contemplación silenciosa, otros sumidos en su conversación ruidosa. Algunos en discusión abierta. Alienígenas de innumerables razas, todos juntos.

Había aprendido unas cuantas lecciones importantes desde que había llegado a Babylon 5, pero una de las más importantes, pensó, fue la maravilla que los humanos y Centauri llamaban... ir de compras.

Se paró en un puesto que vendía broches y joyas de varios tipos. El dueño del puesto era un Brakiri, perteneciente a su clase de mercaderes, está claro. Dijo algo sobre el gran honor que era tener un cliente tan importante, ella respondió con interés en sus diseños. Se fue de allí con dos broches, intentando ponérselos en la parte delantera de su túnica, mientras el Brakiri trabajaba en un letrero que decía algo así como "La Embajadora Sherann compra aquí."

"Embajadora" dijo una voz amiga, y al mirar, sonriendo, vio quién era.

"Señor Allan. ¿Cómo está usted hoy?"

"Ah, bien, creo. Igual de viejo, ya sabe .."

"¿Viene por trabajo o placer?"

"Trabajo, me temo. Uno de los vendedores Abbai en el otro lado del Zocalo intentaron sisarle en el cambio a un Drazi. Él empezó una pelea, uno de los amigos de los Abbai se metió, entonces algunos Narns vinieron a ayudar al Drazi... Bueno, ya sabe como es esto."

Ella sonrió. "Desde lugo. Pero... ¿no es esa una de las características de este lugar? Las razas se unen, hablan y comen y ... compran juntas. Y sí, luchas. Dijo ... que los Narns fueron a ayudar al Drazi."

"Sí, cuatro de ellos. La verdad es que habían estado bebiendo."

"Lo ve, señor Allan. Narns apresurándose a ayudar a un Drazi. ¿Pasaría eso en cualquier otro lugar?"

"Lo dudo, y sólo espero que los chicos de seguridad de las otras estaciones sepan la suerte que tienen."

Ella se rió. "Protesta usted demasiado. Sabe de la responsabilidad que conlleva su trabajo y usted le da la bienvenida con el corazón abierto, sin reservas. Esa gente es muy respetada y reverenciada entre los Minbari."

Él pareció avergonzado y empezó a tirar del cuello de su uniforme. "Sí, bueno.. yo sólo.. hago mi trabajo, eso es todo. Alguien tiene que hacerlo, después de todo."

Sherann iba a responder cuando sintió que alguien tiraba de su manga. Se dio la vuelta y vio a una joven mujer, muy sucia y con la ropa hecha harapos. Tenía un arañazo reciente en la mejilla y su pelo estaba sucio y cubierto de mugre.

"¿Sí?" Preguntó Sherann, confundida.

"Inesval" gruñó la mujer. "Invesval..." Parecía como si estuviera a punto de decir algo más, cuando Zack dio un paso hacia delante.

"A ver, tú" dijo con firmeza. "Se te advirtió que no agobiaras a los dignatarios. Vete." Se volvió hacia Sherann. "Será mejor que mire sus bolsillos, Embajadora. Asegúrese de que no le han robado nada."

"Yo.. no" respondió, sin preocuparse por comprobarlo. "¿Quién eres tú?"

"Uno de los merodeadores" respondió Zack. "Robos de poca importancia mayormente. Solía molestar al Embajador Mollari para que le diera dinero cuando estaba por aquí. Consiguió una orden del Ombudsman para que se mantuviera alejada de él. Supongo que se te olvidó ¿no?"

"Me envía Inesval" espetó. "Él..." intentó dar un paso, pero sus piernas le fallaron, y cayó en los brazos de Sherann.

"Fantástico" murmuró Zack para sí mismo. "Es que no puedo tomarme ni unos malditos minutos. Vamos, Embajadora, supongo que será mejor que la llevemos a Servicios Médicos. Maldita sea. Alguien se ha empeñado en fastidiarme el día hoy."

****************

G'Stral se movía en la oscuridad con gran agilidad, confiado, con sublime arrogancia, como sabiendo que no había nada en el Bajofondo que le pudiese hacer daño. Allá abajo todos le conocían, o sabían de él. Era un recurso muy valorado y tarde o temprano todos necesitaban algo de él. Y les cobraba una tarifa sustanciosa por ayudarles a encontrar a las personas a las que buscaban. No tenían que pagarle, claro. No había nada que pudiera impedir que siguieran vagando por el Bajofondo para siempre.

Esta no era la vida en la que había soñado de niño, pero era mejor que muchas de las alternativas, mejor que haber ido a parar a su familia después de todo. Había soñado con... bueno, sueños infantiles. Fama, gloria, dirigir grandes flotas a la guerra, lo típico. Esos sueños habían muerto mucho tiempo atrás, y habían sido sustituídos por... la aceptación de su destino. Estaba vivo, pertenecía a algún lugar... eso era más de lo que muchos otros tenían.

Y de alguna forma sus antiguos sueños habían vuelto. Sabía el porqué, y se odiaba a sí mismo por osar a tener esperanzas de nuevo, pero Ta'Lon lo había hecho, le había enseñado que existían otros caminos.

Así que había vuelto a su hogar espiritual, la oscuridad del Bajofondo, un lugar donde todos le conocían, y algunos le temían. Era bueno que te tuvieran miedo.

Estaba vagando por ahí, perdido en sus pensamientos cuando se percató del cuerpo allí en el suelo frente a él.

Eso en sí mismo no era nada raro. La gente en el Bajofondo no tenían demasiada esperanza de vida. La enfermedad era muy común, y siempre existía el peligro de tropezarse con gente con grandes cuchillos y mal carácter, pero... Cuando la curiosidad le empujó a mirar el cuerpo se dio cuenta de dos cosas. Una, que los cuchillos debieron ser muy grandes y que el carácter debía haber sido muy malo dado el estropicio.

Y segundo, que el cuerpo pertenecía a un Centauri. Llevaba lo que parecía ser el uniforme de la Guardia de una Casa. No era fácil estar seguro del todo ya que sólo habían dejado jirones de tela, pero había visto uniformes como esos más cerca que la mayoría.

Entonces vio el distintivo, el símbolo de una Casa, que llevaban aquellos que pertenecían al noble en cuestión, tan propiedad del noble como lo era su espada, sus muebles y su esposa.

G'Stral conocía muy bien aquel símbolo. Él lo había llevado durante un año.

El trono púrpura, una larga espada.

Se levantó lentamente, y dio unos golpecitos con el largo cuchillo sobre su cinturón con seguridad. Entonces se adentró más en la oscuridad, buscando a cualquier otro que portara aquel símbolo. La venganza hacía mucho tiempo que iba a su encuentro, era como los predicadores le habían explicado en su juventud. Todo le llega a aquel que sabe esperar.

****************

A Vir Cotto --ahora Embajador Vir Cotto de la grande y gloriosa República Centauri-- no le era del todo desconocido recibir a importantes dignatarios. Al fin y al cabo había sido asistente del Embajador Mollari durante cinco años. Había pasado bastante tiempo en la Corte Real, conociendo Emperadores y Ministros. Había sido Embajador en Minbar durante meses. Había tratado diariamente con líderes y Embajadores y representantes de la mitad de las razas de la galaxia. Incluso había matado a un Emperador. Pero ninguna de las personas que había conocido, con las que había tratado, con las que había discutido o.. bueno, había matado... eran su suegro..

Bueno, técnicamente, su suegro. El matrimonio no era legalmente válido.. todavía.. pero el compromiso seguía vigente, y todavía no había sido oficialmente cancelado. Así que, en cierto sentido, el Lord-General Marrago era su suegro, o era su futuro suegro. Bueno, en sentido estricto era su suegro adoptivo... No, eso no tenía sentido. Es decir, él, el Lord-General Marrago, era su, el padre adoptivo de su mujer.

El intentar especular con la logística de todo esto amenazaba con provocarle a Vir una hemorragia cerebral. Así que simplemente le dio al Lord-General su copa de brivare y se sentó.

“Es un honor tenerle aquí, Lord General” dijo, intentando evitar la mirada penetrante de Marrago. Vir había oído historias de soldados que habían sido empujados casi al suicidio por la mirada sostenida de Marrago.

Afortunadamente, el Lord-General no miraba fijamente a Vir. Quizá no necesitaría utilizar su mirada. Había un kutari en la pared a mano, y Marrago era conocido por ser un excelente espadachín, mucho mejor de lo que Londo nunca fue.

“Sin embargo” continuó Vir. “No se me ha comunicado la razón de su visita. El.. mm… Ministro de la Corte dijo simplemente que tenía usted asuntos privados. Pero.. em.. tiene que ser algo muy importante para que usted venga hasta aquí. No tiene usted muchos amigos precisamente.”

El Lord General puso su bebida sobre la mesa. Apenas la había tocado. “Lo sé, Embajador..” dijo. “Tengo muy pocos amigos en todas partes, y muchos grandes enemigo. Esa es la vida que he elegido, una vida de servicio a mi Emperador y a mi República. No es algo que te proporcione demasiadas amistades.” Hizo una pausa, y después se levantó de su asiento, caminó hasta el lugar donde se hallaba el kutari en la pared. “Una magnífica hoja” dijo, conversando. “Perteneció a Lord Jaddo ¿verdad?” Vir tartamudeó algo parecido a una afirmación. “Conocí a Urza cuando éramos niños. Un hombre magnífico. Merecía un final mejor del que tuvo.”

Marrago se giró con los brazos cruzados tras su espalda. “Pero para responder a sus preguntas sin pronunciar, Embajador, sí, tengo asuntos aquí por resolver, sí, y  son lo suficientemente importantes para que me arriesgue a venir hasta aquí. Mi Emperador no me dio permiso para visitar este lugar, pero tampoco me lo negó. Simplemente me dijo que hiciera lo que creyera conveniente.”

“El Emperador está ... solo en su Corte, rodeado por sus enemigos potenciales. Puede haber alejado a sus amigos. Puede haberme alejado a mí, pero yo hubiese permanecido a su lado aunque me hubiese ordenado que me fuera. Sólo hay una cosa en toda la galaxia que pueda ejercer más fuerza que él en mi lealtad, que me perdonen los Dioses por admitirlo.”

“Embajador Cotto, ¿ha visto usted a mi hija últimamente?”

 “¿Lyndistry? Yo..” Vir levantó la vista, y pudo ver el conflicto en el que se debatía el Lord-General, en sus ojos. ¿El Emperador o su hija? “No, no la he visto. Hace por lo menos hace dos años. Cuando.. el Emperador Cartagia aún estaba vivo, y yo estaba en nuestro planeta. Yo...quería encontrarme con ella cuando estuve en el planeta la última vez, justo después del bombardeo, pero se me dijo que ella se había marchado a una colonia lejana. Yo estaba.. ah.. encantado de que ella estuviera a salvo.”

“¿A salvo? La seguridad es una falsa ilusión que no encontraremos ni aquí ni en ningún otro lugar. Yo esperaba que enviándola del planeta base a Immolan, ella estaría a salvo, pero parece que yo estaba muy equivocado. No la he visto desde que rompimos con la Alianza, hace meses. Yo.. supe entonces que se avecinaba la oscuridad, más grande incluso que en los días del Emperador Cartagia. No tuve elección. Tuve que permanecer en nuestro mundo y defender a mi Emperador, pero para Lyndisty, había otra posibilidad. La envié a Immolan 5, donde su madre tiene familia.

“Nunca llegó allí.”

“Yo…¿qué? Oh, Dioses.. ¿qué ocurrió?”

Marrago caminaba de un lado a otro de la habitación, con los ojos perdidos, sin mirar a ningún lugar en concreto. El dolor en su voz era aparente. “Cuando terminaron los bombardeos, pasé el poco tiempo libre que tenía intentando encontrarla. No había comunicación con Immolan y al principio no me preocupé demasiado. Cuando se restableció la comunicación supe que ella nunca había llegado allí.

“Su lanzadera, un transporte de pasajeros sencillo había sido atacada por los Drazi. La envié en un vuelo de pasajeros con la vana esperanza de que ninguna raza, ni siquiera aquellos con los que estábamos en guerra, atacarían civiles. “ Soltó una risa irónica. “Parece ser que los Drazi han aprendido bien la lección que yo aprendí de los Narns sobre la delgada línea existente entre soldados y civiles.”

“De todos modos la nave estaba dañada, pero no destruída, y consiguió aterrizar en una de nuestras estaciones de investigación científica, a uno o dos saltos de Immolan. Lyndisty llevaba a algunos de mis hombres con ella, como guardia. Podría haber sobrevivido a la guerra allí. Pero las cosas habían cambiado mucho para entonces, y las flotas Narn y  Drazi estaban concentradas en el planeta base.

“Sin embargo... algo atacó a la estación de investigación. Yo hice que la investigarán algunos de nuestros soldados –creyendo que podrían haber sido los Drazi, o los Narns. No era así. Aquellos que había en la estación fueron atacados desde dentro. No habían destrozos en el exterior, pero alguien o algo había masacrado a todo ser viviente en aquella estación. Científicos, sus guardias, los pasajeros de la nave derribada.”

Vir abrió la boca. “¿Quién iba a..? ¿Quién haría algo así?”

Marrago se encogió de hombros. “Existen muchas posibilidades y pocas respuestas. Esperaba encontrar algunas más aquí,  al igual que también esperaba encontrar a mi hija. Verás, su cuerpo no estaba entre los que encontramos, y faltaba un transporte de la estación. Ahora bien, esta podría habérsela llevado la persona o cosa que mató a los científicos y a los demás, pero espero que se la llevara mi hija y aquellos de mis hombres que sobrevivieran. No se encontraron todos los cuerpos tampoco, y hay algunos pasajeros cuyos restos tampoco hemos encontrado.”

“Si ellos hubieran escapado de la estación, ¿dónde podrían haber ido? No al planeta base. No fueron a Immolan. Al resto de nuestras colonias era demasiado arriesgado ir debido a la guerra.

“Así que ¿dónde más sino aquí, a los brazos de su prometido, un hombre poderoso e influyente a quién incluso nuestros enemigos respetan?”

“Y entonces, a mi pregunta inicial ¿Embajador?¿Está ella aquí?”

“Yo.. oh Dios. No lo sé. No la he visto. No he visto su nombre en las listas de los nuestros que llegan a la estación. Pero... no sé cómo puede haber intentado contactar conmigo. Yo... tuve que trasladarme de habitación durante la guerra. Ella sólo sabía dónde estaban las antiguas habitaciones de Londo. No podría saber que yo estaba aquí.”

“¿Puedo ver esas listas de visitantes?”

“Por supuesto, están.. em.. por algún sitio por aquí.” Vir miró la masa de papeles e informes sobre su escritorio e hizo una mueca de dolor. “Ahh.. perdone el desorden.”

Marrago no dijo nada ni le reprendió. Minutos después Vir encontró el data cristal que había estado buscando y logró poner la lista de nombres en pantalla. Marrago buscó entre las fechas, y los nombres y se paró en uno.

“Aquí. Esa será ella.”

“¿De verdad? ¿Elyssa de la Casa Pyrites? ¿Eso cree?”

“Lo sé. Póngame en pantalla los demás detalles.” Vir lo hizo, y salió la foto de una mujer que.. bueno, que podría haber sido Lyndisty. Al menos, podría haber sido ella si no se hubiera puesto cosméticos durante varias semanas, hubiese estado cansada y fatigada y ... herida.”

“Tiempo atrás me inventé diversas identidades falsas para mi hija” dijo Marrago, con una leve sonrisa. “Nunca se sabe cuándo algo así puede ser de utilidad, y anunciar mi nombre a los oficiales de aduanas no hubiese sido seguro para ella. ¿Sigue a bordo?”

“Sí” dijo Vir, comprobando los detalles. “Llegó a bordo.. dos semanas después de los bombardeos. Me imagino que no se había enterado de lo ocurrido. No se ha ido todavía. No hay constancia alguno de donde se ha alojado. No hay ninguna información.”

“Ya veo. Bueno, Embajador Cotto, al menos la hemos encontrado. Está en la estación y no descansaré hasta que esté seguro de que se halla a salvo. Gracias por su ayuda.”

“Puedo ayudar más. Quiero decir... Quiero que ella esté a salvo tanto como usted.”

Marrago sonrió y asintió. “¿Sabe? El matrimonio entre usted y ella fue arreglado por mi mujer, Lady Drusilla. Ella tiene un instinto especial para encontrar a los que se hacen ricos y poderosos.  Yo no estaba seguro. Conocía y confiaba en Londo y él parecía valorar de verdad en sus habilidades pero yo había oído otras historias. Últimamente decidí confiar esos asuntos a mi  hija, dispuesto a confiar en su corazón y sus sentidos. En privado seguía dudando.”

“Ya no tengo dudas. Es usted una elección adecuada para mi hija, Embajador Cotto, si ambos todavía lo desean.”

Entonces se dio la vuelta y abandonó la habitación. Vir se quedó sin palabras.

****************

Ta’Lon se había mantenido claramente lejos de cualquier lugar que el Lord-General Marrago pudiera frecuentar, actuando así con la vana esperanza de que su gente haría lo mismo. No estaba seguro de que sus ruegos de calma hubiesen tenido éxito, pero por lo menos no había oído nada todavía, y eso ya era buena señal.

Lo malo de su plan era que había estado en sus habitaciones todo el día, dando vueltas, irritado e intentando matar el tiempo. Se había peleado con el papeleo que tenía pendiente desde hacía tiempo, había leído varios pasajes del Libro de G’Kar, había practicado sus posturas con la katok (asegurándose de verter sangre con la hoja antes de volver a envainarla) y había recibido algunas audiencias con la gente que era, en el gran esquema de las cosas, poco importante, pero que deseaban serlo.

El tema del Lord-General Marrago no fue mencionado por ninguno, y Ta’Lon había tenido tiempo de pensar en lo que significaba la presencia del Centauri.

 Había servido durante la guerra hasta que las heridas soportadas durante su captura a manos de los Streibs le habían incapacitado, y había por supuesto oído hablar del Lord-General. El Líder de Guerra G’Sten afirmó que incluso le había conocido, aunque estaba bebido y podría haber mentido.

Ta’Lon también había oído hablar de la “limpieza genética” llevada a cabo en las colonias conquistadas y que Marrago había administrado. Había hablado con unos pocos supervivientes, y había averiguado algo muy interesante, que pocas otras personas habían conseguido.

El gobierno de Marrgo había estado marcado por una total obediencia a las reglas de la Ocupación. Cualquier miembro de la resistencia  capturado era interrogado, torturado y ejecutado. Cualquier sospechoso de ser aliado a la resistencia o de tener el potencial para serlo también era capturado.

Y a pesar de todo Marrago había proporcionado comida, equipos médicos y seguridad cuando era necesario. Él y sus soldados habían cazado a las bandas de delincuentes que habían asaltado los pueblos devastados. Había reprimido contundentemente el sadismo y la crueldad entre sus hombres, y se rumoreaba que incluso había destituido a un soldado por apostar bebido cuántos Narn podría colgar en un día.

Un extraño cúmulo de hechos y a algunos de ellos Ta’Lon no podría darles forma hasta que no hubiera conocido al hombre en cuestión, algo a lo que no estaba demasiado predispuesto. Temía que incluso le gustase.

¿Dónde estaba G’Kar cuando se le necesitaba? Era un problema para él, sin duda alguna.

La video-pantalla hacía el horrible ruido que siempre hacía cuando avisaba de que había un mensaje en curso, y Ta’Lon se dirió a ella, temiendo que uno de los suyos hubiera iniciado un ataque sobre el Lord-General.

No iba a ser nada tan cordial.

“Concejal G’Kael” dijo formalmente. “Es un honor.”

El Concejal asintió. “Hacía mucho que no hablábamos, Embajador, y es una pena que hayan hecho falta hechos.. recientes para que ocurriera.”

“Sé lo ocupado que ha estado el Kha’Ri, Concejal. Y he oído... historias sobre algunos acontecimientos en el planeta.”

“Las noticias sobre la desaparición de G’Kar no ha sido bien recibida. Ha habido algunos disturbios en las calles. Serio, sí, pero ya se ha solucionado, espero. Desafortunadamente nos han retrasado y no hemos podido reconocer su puesto aquí, una omisión que ahora queremos corregir.”

“¿No habrán habido problemas con mi designación?” Eso había sido poco más que protocolo. Los Embajadores tenían derecho a recomendar a los que debían sucederles cuando dejaban su puesto, pero la última palabra siempre le pertenecía al Kha’Ri-

“Ningún problema, como G’Kar sin duda debe saber. Si se filtrara que hemos negado uno de sus últimos deseos antes de irse, entonces... Entenderá la situación. No es que hubiese necesidad, claro está. Su nombre ya se había mencionado como reemplazo de G’Kar mucho antes de su reciente... pérdida para nosotros. Eso era, claro está, cuando esperábamos que vendría aquí.”

“Estoy encantado de saber que el Kha’Ri tiene tanta fe en mí” Ta’Lon respondió. “Ahora bien, si el honorable Concejal me dice lo que ha estado evitando decirme desde que empezó esta conversación, mi felicidad será completa.”

G’Kael no se rió, aunque pareció durante unos segundos que lo iba a hacer. “Ah, Ta’Lon, me parece que mi puesto aquí en el Kha’Ri estará en peligro en unos años. Tendré que ser más cuidadoso de lo que soy actualmente.”

“Pero sí, hay algo más. Está relacionado con la presencia en  Babylon 5 del criminal de guerra Marrago.”

“Sospechaba algo así.”

“Sí, algunos miembros del Kha’ri han... dudado de su actuación con los Centauri, pero yo no. Luchó contra ellos tan bien y con tanta valentía como cualquiera y lo hizo bien para calmar a nuestra gente en Babylon 5. Esto se debe hacer correctamente, como dicen los humanos, según las normas.

“Hemos contactado oficialmente con la sede de la Alianza en Minbar, declarando nuestros objetivos. Hemos sondeado en privado a algunos de los representantes de las demás razas. Los Drazi en particular nos secundarán en esta solicitud. Nuestros dos Gobiernos han sido bastante... amigos desde nuestra alianza para atacar a los Centauri.

“Un problema, por supuesto se halla en el hecho de que los Centauri no dudarán en oponer un número de objeciones legales contra nuestra reclamación y sus ...abogados,  un concepto bastante raro para nosotros, si es que existe alguno.. pero bueno. Sus abogados intentarán vetar nuestra solicitud.

“Aún así, tenemos confianza en que tendrá éxito con esto. Usted, Embajador debe hablar con la Capitana... Lochley y con el Embajador Vir Cotto. Después de eso, debe convocarse una asamblea de los dignatarios de Babylon 5 al completo. No queremos que nadie piense que escondemos algo.

“Esto es imporante, Embajador, para el Kha’Ri y para la nación al completo. Si tenemos éxito en esto entonces los beneficios serán inmensos. Y gran parte de la responsabilidad está sobre sus hombros.”

“Embajador, debe lograr que Lord-General Marrago sea detenido en Babylon 5, y que allí espere la extradición por crímenes de guerra contra los Narn.”

Sherann miraba la penosa figura que se hallaba en la cama frente a ella y su mente de repente viajó a tiempos pasados. Inesval. Estaba segura de que eso era lo que la mujer había dicho, pero ¿cómo era posible que conociera ese nombre?
Hacía más de tres años que Sherann no veía a Inesval, desde que él escogió embarcarse en esa importate gesta entre las estrellas. Quería ver la galaxia, posar su vista sobre nuevos y fascinantes mundos, mirar con admiración lugares de una belleza que nunca hubiera imaginado.


Los dos habían sido buenos amigos desde su infancia. Él había hablado con ella muchas veces de sus grandes sueños y esperanzas. Ella le había escuchado y reído y le había prometido que estaría a su lado en esos viajes... pero eso fue cuando ambos eran muy jóvenes. Las cargas de la responsabilidad y el deber habían resultado pesarles a ambos demasiado. Ambos eran de la Casta Trabajadora, después de todo, y construir siempre había sido el deber de la Casta Trabajadora.

Fue realmente un encuentro fortuito lo que hizo realidad los deseos de Inesval. Había conocido a Jeffrey Sinclair, el humano que había sido nombrado Embajador en Minbar, y depués Anla'Shok Na y Entil'zha. Sinclair había hablado con Inesval y sus palabras le habían influido de un modo fundamental. Tras la ... desaparición de Sinclair, Inesval había acudido a ella y le había explicado que iba a irse de Minbar, como siempre había deseado. Iba a viajar y quería que ella le acompañase.

Hubo una razón por la que ella se negó, pero ahora era incapaz de recordarla. ¿La carga del deber tal vez? ¿Sus esperanzas de poder en ciernes, la seguridad de que pronto alcanzaría un puesto en el que sería capaz de cambiar las cosas? Fuera cual fuera el razonamiento, ella se había quedado en tierra y el se había marchado, y desde entonces no sabía nada de él.
Pero él raramente se había alejado de sus pensamientos.

La joven mujer humana se estaba empezando a despertar y Sherann se sobresaltó. Había una cantidad importante de tubos, cables y maquinaria conectados a ella. Tenía un aspecto.. perturbador.

"Ah, Embajadora" dijo una voz detrás suyo, y ella se dio la vuelta. "Interesándose en nuestra última adquisición. Zack me dijo que usted estaba allí cuando la trajeron." Era la Doctora Hobbs, la jefa de Servicios Médicos. Sherrann no conocía a la Doctora tan bien como desearía, pero la conocía lo suficiente como para confiar en ella.

"Sí, estaba allí. ¿Qué... Cómo está?"

"Recuperándose, afortunadamente. En casos como el de ella sólo podemos ayudarla hasta cierto punto. Es un caso bastante grave de malnutrición, tiene unas pequeñas rozaduras, un caso severo de shock y parece estar cogiendo la Gripe Banta." La Doctora Hobbs movió la cabeza tristemente. "Podemos curar todas esas cosas, pero no podemos llegar a la raíz del problema. Tan pronto como la dejemos ir, volverá al Bajofondo y entonces, en otros quince días o en un mes, o en un año, la volveremos a tener de nuevo aquí." Suspiró. "O en la morgue."

"¿Tan mal van las cosas?" Sherann suspiró horrorizada. Nunca antes había visto que ese problema existía.
La Doctora Hobbs se rió en un osado esfuerzo por desdramatizar. Su risa terminó en una falsa nota. "Ah, perdón, Embajadora. Estoy terminando mi turno de treinta y seis horas y eso normalmente hace que yo exagere un poquito. La verdad es que podría ser mucho peor. Por lo menos podemos hacer algo para mejorar su situación."
La merodeadora parecía estar volviendo en sí. Movía los ojos.

"¿Cómo se llama?" preguntó Sherann.

"Según los registros policiales se llama Jane Doe. Un nombre falso, claro, pero no tiene identitarjeta, y responde a él, así que..." Se encogió de hombros la doctora.

"¿Puedo hablar con ella?"

"Claro. No espere demasiado de la conversación. Está agotada." El comunicador de la doctora sonó. "Oh.. fantástico. Lo siento, Embajadora, tengo que irme. Se está llevado a cabo una operación muy delicada en Servicios Médicos 2, y les dije que me llamaran si necesitaban mi ayuda. La veré después."

Sherann se acercó lentamente a la cama y miró a la mujer que había allí. Estaba despierta ahora y parecía asustada. "Aquí estás a salvo" le dijo Sherann. "No hay nada que temer."

"No" le respondió una voz aterrorizada. "Ninguno de nosotros está a salvo. No mientras eso siga aquí. Nos está... cazando. Le está cazando a él."

"¿Quién? ¿Qué está cazando a quién?"

"Inesval... Me dijo que viniera a buscarte. Me dijo que tú me ayudarías. Ayúdanos ... a todos."

"Inesval. ¿Dónde está?"

"Sector Gris. Está.. intentando encontrar un lugar seguro contra esa cosa. Se iba a trasladar a Gris 17... eso es lo que dijo. Dijo que tú podrías ayudarle."

"Haré lo que pueda" respondió Sherann. "Te lo prometo. ¿Qué te está cazando?"

"Sus amigos ... Ahora están muertos. Sólo la...sólo queda la mujer Centauri... los ha matado a todos... " Sus ojos... Sherann había visto un rostro de un terror tan abyecto antes. "Los mató a todos. Yo lo oí en mi .. cabeza.. fue.. terrible.."

"¿Qué?" volvió a preguntar Sherann. "¿Qué te está cazando?"

No hubo respuesta alguna. La mujer se había quedado dormida de nuevo. Sherann soltó el aire lentamente y se dio la vuelta. La merodeadora... ¿Jane Doe? Estaría bien allí, pero Inesval no lo estaba. Él estaba en peligro y ella debía ayudarle. Sabía donde debía ir y qué hacer..

ACTO DOS

"Ella vendrá".

Sonó una tos, y después un chisporroteo de sangre. Se tocó con cuidado la boca con el trapo húmedo, dándose cuenta para su incomodidad, de lo sucio que estaba.

"Ella vendrá."

"Ha pasado mucho tiempo" respondió ella. "Le puede haber pasado cualquier cosa."

"No" intentó explicar él, con una mueca de dolor al cambiar de postura en el suelo. "Sherann. Ella vendrá. Una vez... oiga. Ella vendrá."

"¿Cómo estás tan seguro?"

"Lo sé."

Entonces se oyó un rugido, un inconfundible sonido de triunfo y victoria. Se oyó un pequeño grito, el sonido de un golpe seco contra la pared, y después el silencio.

"Viene a por nosotros."

"Lo sé" respondió. "Debemos alejarnos."

"No deberías moverte."

"Debemos alejarnos. Lo que necesitamos es escondernos... y esperar. Ella vendrá."

"¿Cómo puedes saber que tu mensaje llegó a su destino?"

"Lo sé. Lo sabemos."

Su voz estaba cambiando otra vez y ella reprimió un temblor de pánico. Siempre supo que ella era distinta de la mayoría de sus contemporáneos, y lo cierto es que lo era. Ella había visto grandes cosas y había pocas cosas que la asustaran. En los últimos meses había sido capaz de añadir dos pequeños detalles a la pequeña lista de cosas que la asustaban.
La bestia que le perseguía a él y la escalofriante pérdida de identidad cuando su voz cambiaba a mitad de frase.

"Alejarnos" dijo con la voz que no era la suya.

"Venga" le dijo ella, levantándose y sacudiéndose toda la suciedad que pudo del vestido. Le ayudó a levantarse y después hizo una mueca de dolor cuando le tocó sostener su peso. "Iremos tan lejos como podamos."

"¿Estás bien?" preguntó con su verdadera voz de nuevo. No... el otro. "Pareces ... dolida."

"Estoy bien" susurró ella, dándose cuenta de que la mayoría de sus propias heridas iban a volver a abrirse de nuevo. Nunca se le habían cerrado del todo.

"Estoy bien" repitió. "No es.."

****************


"Mmm... no es tan malo como parece. Hablé de ello con algunos de nuestros abogados, allá en casa. Han dicho muchas cosas. No entendí la mayoría de ellas. Parece que les divierten mucho las palabras. Seguramente les pagan por letra, y es posible que sientan cierta satisfacción intelectual al lograr decir la cosa más simple de la forma más rebuscada posible. Tal vez estén compitiendo entre ellos o algo parecido."

Él estaba escuchando aunque seguramente no lo parecía. Estaba pensando en casa. Estaba pensando en Lyndisty.

"De todos modos... la mayoría de cargos contra usted son... creo...bueno, algo oportunistas. Por parte de los Narn y los Drazi, creo. No digo que los abogados estén siendo oportunistas." Una pausa. "Aunque probablemente lo estén siendo. Me temo la cuenta que vendrá, como mínimo, pero.. aha.. para eso están las cuentas de gastos, me imagino."

"De todas formas hay como ciento cuarenta y tres cargos de genocidio y ejecuciones sin un juicio, que va en contra de...uno u otro tratado. Son los que tuvieron lugar en las colonias conquistadas de.... Espere un momento." Iba mirando en varias hojas. "Ah, sí, las colonias de Dros 4, Shi Primero y las provincias de G'Khorazhar y Na'Haminar en el mundo Narn."

"También se afirma que usted estuvo implicado en los ataques contra naves de la Alianza y em... que rompió algún otro tratado por usar impulsores de masa en el mundo Narn."

Marrago seguía sin decir nada. La imagen del mundo Narn ardía en su mente. Lo veía allí, indefenso cuando ordenó que tiraran piedras gigantes sobre él. Caminó entre las ciudades en ruinas después de eso, y vio a los muertos, a los moribundos y a los heridos. Y mientras todo eso ocurría había tenido la mente ocupada en tácticas, logística y despliegues militares.

"Nuestros, mm, abogados tienen la impresión de que la mayor parte de los cargos podemos evadirlos fácilmente. No hay realmente ninguna prueba de que usted estuviera implicado en los ataques contra las rutas de comercio de la alianza."

"Yo no fui". Fueron las primeras palabras que había pronunciado desde que Vir le había explicado lo ocurrido.

El Embajador pareció sorprenderse ante esto, pero pronto volvió a su increíblemente larga lista. "En lo que se refiere a...em... las ejecuciones y el genocidio en los mundos Narn, fueron realizados bajo los términos del acuerdo de rendición, aceptado y autorizado por...em... esta estación." Hubo otra pausa. Vir parecía temblar. Se le cayeron algunos papeles al suelo. "Por lo tanto ni usted.. .ni ningún otro miembro del gobierno Centauri...ni los militares.. pueden ser juzgados por... las acciones llevadas a cabo bajo los términos de ese acuerdo de rendición."

"El único caso realmente, por lo tanto es...em.. el asunto de los impulsores de masa. Nuestros abogados están convencidos de que pueden solucionar eso con bastante facilidad. Con un poco de... diplomacia..."

"¿El Emperador ha sido informado de esto?"

Vir respondió. "Ah.. sí. Sí, se lo dije yo mismo."

"¿Y que ha dicho?"

"Él .. em... ha dicho que... Bueno, no importa lo que dijo.."

"¿Qué ha dicho?"

Vir agachó la cabeza. "Ha dicho que no pensaba ... malgastar su ... tiempo en este asunto. Está demasiado ... ocupado.."

"Ya veo." Marrago se levantó de su asiento. Tenía la cabeza totalmente despejada ahora. "Ya veo."

"Tiene demasiado trabajo, eso es todo. Es un hombre muy ocupado y usted sabe cómo el poder ... cambia a algunas personas.

Probablemente esté trabajando en algún plan o en alguna otra cosa en estos momentos, apuesto que es así."

"No me mienta, por favor. Conozco a Londo desde antes de que usted naciera, y he dedicado mi vida a servir a la República y al Emperador desde que pude andar. Él es mi Emperador y yo no soy quién para cuestionar sus decisiones o sus acciones."

"Pero se está deshaciendo de usted. Le está dejando ... a un lado como si usted ya no importara. Quiero decir que me gustaría pensar que le conocía bastante bien, pero nunca pensé que se volviera contra su más viejo amigo."

"Él es mi Emperador y tiene derecho a comportarse así." Hizo una pausa y miró el kutari de la Casa Jaddo. "¿Qué opina usted?"

"¿Sobre qué?"

"Los crímenes de que me acusan."

"Oh.. yo...em.. creo que podremos librarle de ellos. Existen todo tipo de temas diplomáticos. Técnicamente ya no somos siquiera parte de la Alianza, así que no tenemos tratado alguno de extradición. Francamente, creo que los Narn están tentando a su suerte..mm.."

"No. ¿Cree usted que yo merezco librarme de ellos?"

"No soy yo quien debe..."

"La verdad."

"No" agachó la cabeza. "Lo siento. No lo creo. Usted hizo cosas, cosas terribles y... no puedo perdonarle por ellos."

"Ah." Seguía mirando la espada. "Gracias por su sinceridad. Y por su convicción. Sí, he hecho cosas terribles, pero fue en el nombre de la República y del Emperador. Se me encargó gobernar esas colonias lo mejor que pudiese y así lo hice. Obedecía los deseos de mi Emperador."

"Pero.. Usted era el Lord-General y el Comandante de los Ejércitos. Yo... nosotros... siempre pensamos que usted fue allí porque... quería..."

"No. El Emperador Cartagia no me quería en la Corte. Me envió a gobernar nuestras posesiones conquistadas y así lo hice. Pues hice todo lo necesario para mantenerlas bajo su nombre. Eso significaba realizar asesinatos en masa, ejecuciones sin juicio... y una serie innumerable de cosas que nadie sabe, pero que me acompañarán para siempre."

"Y me llevé a Lyndisty allí conmigo."

"¿Sabe que ella tomó parte en mis ... acciones?"

"Sí. Ella.. me lo dijo." Hubo una pausa pero Vir continuó, al advertir que Marrago esperaba algo más. "No supe qué pensar. Ella pensaba que los Narns ... eran animales. No lo son. He conocido a muchos de ellos. No son lo que se dice gente... paciente, no. La mayoría no lo son. Y su higiene personal no es siempre.... pero eso no significa que sean inferiores a nosotros. Sólo son diferentes."

"Yo nunca creí que fuesen inferiores a nosotros, sino todo lo contrario. Yo siempre les mostré el mayor de los respetos. Pero me temo que Lyndisty aprendió algunas de las desafortunadas lecciones que yo no pude corregir en ella. Vi que ella empezaba a creer en ello.. y no hice nada. Es mi hija y es perfecta en todo ante mis ojos. Supongo que debería haber intentado corregir algunos de sus ... errores de juicio, pero no tuve el valor de hacerlo."

Hubo un largo silencio. Finalmente Marrago volvió a hablar. "¿Qué recomiendan nuestros abogados?"

"Ah.. bueno.. Van a estudiar algunos viejos casos y tratados y unos... que bueno, probablemente todo es una excusa para sacarnos más dinero... Estoy esperando su llamada, y habrá otra reunión del Consejo mañana por la mañana, que será cuando yo presente una respuesta formal a la petición."

"Pero... la mayoría de ellos pensaban que si usted aceptaba abandonar la estación, volver a Centauri Primero y aceptaba no volver nunca a abandonar el espacio Centauri... todos los cargos seguramente serían retirados. Es una especie de oferta tras mucho regatear o algo así."

"¿Abandonar este lugar?"

"Um... sí."

"¿Para siempre?"

"Sí."

"No."

"S.. em.. ¿qué?"

"Mi hija está aquí. La encontraré y no me iré hasta que lo haya conseguido."

"Pero..."

"La encontraré. ¿Se ha pedido alguna orden de restricción de mis movimientos?"

"No. Eso es posible que ocurra mañana, pero por ahora el Consejo está todavía estudiando la petición y todo está en compás de espera hasta que pueda comunicarme con ellos. Um.. pero después de lo que ocurrió antes, ¿cree usted que...?"

"Voy a dar un paseo. Contacte conmigo cuando haya averiguado algo más sobre Lyndisty."

"Sí...em.. Lord General." Marrago, que estaba casi en la puerta, se detuvo. "Debe usted amarla mucho para arriesgarlo todo por ella."

"Sí" dijo suavemente. "La amo" Y después de eso, se fue.

****************

Había cuerpos por todas partes, y muchos de ellos no eran Centauri. G'Stral reconoció a algunos de ellos, de vista, por lo menos, aunque no conocía sus nombres. Eran sólamente... gente. Merodeadores, gente sin nombre, ni identidad ni objetivos.
Sólo gente.

En general nunca antes se había preocupado por ninguna de estas personas. Sí, vale, su vida era dura aquí. Habían venido aquí para buscar... alguna cosa, y ahora estaban aquí atrapados, viviendo de limosna, sableando a alguien, o haciendo cualquier tipo de trabajo degradante y manual que pudieran encontrar. Sí, eso era malo, pero a él nunca le habían importado demasiado antes.
Sus vidas eran duras, pero por lo mesno ellos nunca habían tenido que ver como se llevaban a sus familias y amigos en la noche, para no verlos nunca más. Tenían la posibilidad de elegir, no les habían convertido en esclavos. No habían tenido que pertenecerle a otra personal. Estaban vivos y eran libres.

Pero esto.. Mientras miraba los cuerpos empezó a sentir una ira en aumento. Esos cuerpos habían sido destrozados, horriblemente mutilados, de modo que únicamente mirándolos detenidamente sería posible averiguar a qué razas pertenecían.

Así que continuó, se adentró más en la oscuridad del Bajofondo, en las áreas de la estación que ni siquiera él había visitado. Nunca había encontrado razón alguna para venir hasta aquí, dejando de lado los rumores de fantasmas, espíritus y muertes inexplicables. Eran sólo tontas historias de fantasmas, claro está. Dejó de creer en ellas cuando era niño.

A nadie le importaba. Ese era el problema. A nadie le importaba esta gente. Si una masacre como esta hubiese ocurrido arriba, en el Zocalo, o en la zona de diplomáticos o en las áreas residenciales de los adinerados, entonces Seguridad hubiese aparecido en un segundo, pero aquí abajo...

A nadie le importaba. Sabía lo que era que a nadie le importara. Estar solo, total y completamente solo.
Eso no iba a ocurrir aquí. Alguien tendría que hacer algo. Y ese alguien bien podría ser él.

Oía ruido procedente del pasillo que había frente a él. Lentamente dirigió sus pasos hacia ellos, escuchando el roce de los pies, y los gritos de dolor. Echó una ojeada desde la esquina.

Allí había un Centauri, uno de los guardias de la Casa Marrago. Parecía estarse peleando.. contra nada. Se veía un tenue trazo de una mancha de calor, pero nada más.

Por alguna razón el Centauri empleaba una espada, y entonces G'Stral vio una mano que sostenía una pistola frente a él. Sin quitar la vista del extraño baile que el Centauri estaba realizando, se agachó y cogió la pistola. La habían aplastado y la habían dejado totalmente inutilizable.

G'Stral no quería pensar en la fuerza que haría falta para eso, suponiendo que lo hubiese producido alguien con las manos. Seguro que no era posible. No conocía ninguna raza que pudiera hacer algo así. Hasta un Drazi tendría dificultades para hacer algo así.
El Centauri pareció tener suerte y su espada atravesó... algo. De repente cayó hacia atrás, y la sangre empezó a brotar de su brazo. La espada, que parecía estar flotando en el aire, se extrajo y se sujetó en el aire. Hubo un leve gesto de una mano que se cerraba y entonces la hoja dio un golpe seco.

El Centauri finalmente decidió ir a por ella, probablemente demasiado tarde, pero el Centauri no sabía cuando debía parar. Había dado tres pasos en la dirección de G'Stral cuando la... algo le alcanzó. Se puso tieso, con el brazo pegado a su espalda. G'Stral observaba mudo, horrorizado, oyendo el crujido de los huesos y el grito lastimero del Centauri mientras su brazo era arrancado de un tirón del cuerpo. El Centauri cayó, por suerte inconsciente.

¿Qué era esa cosa? G'Stral se esforzaba en verlo, pero era incapaz de ver nada, sólo un leve borrón confuso. Se oyó un rugido triunfal que parecía reverberar dentro de su cabeza, y cayó de rodillas con dolor. Levantó la vista, lo vio relucir y hacerse visible.
Un recuerdo vago y abandonado hace tiempo le vino a la mente, intentó resistirse a la reacción natural de que eso era imposible. Se suponía que habían abandonado la galaxia y que habían ido más allá de los Confines.

Recordó unos pocos meses cuando era niño, antes de que los Centauri llegaran. Había ido a visitar a un viejo párroco que deseaba ansiosamente enseñar al joven algo de su sabiduría. G'Stral habría leído para entonces el Libro de G'Quan unas seis veces, de arriba a abajo. En aquellos días, había creído.

En él había un pasaje, del tiempo en que G'Quan y sus aliados habían luchado contra los alienígenas Oscuros que los Minbari habían denominado las Sombras. Esas... Sombras habían enviado a sus sirvientes para que pastaran en el campo, para que mataran y destruyeran. Había un dibujo de uno de esos guerreros oscuros...

Era la bestia que tenía delante.

Se suponía que se habían ido.

La bestia de repente levantó la vista, y se oyó un susurro, el suave crujido del viento. Cantaba en su mente. {{Corre, niñito}} dijo una voz más alienígena que ninguna otra cosa que nunca hubiese oído. {{Corre para que pueda cazarte}}

No necesitó que se lo dijeran de nuevo, cualquier vana esperanza de intentar oponerse a esa cosa se había esfumado en el instante en que se dio cuenta de lo que era. Se dio la vuelta y empezó a correr, y osó tener esperanzas de lanzarla al espacio. Fue capaz de superar corriendo a un montón de Centauri durante la Ocupación, y a muchas otras razas aquí en la estación, también. Hubieron, es triste decirlo, unos cuantos clientes insatisfechos de quienes había tenido que huir, de vez en cuando.
Podía hacerlo. Podía salir a salvo de todo esto. Podía.

Algo explotó en su espalda y cayó al suelo. La oscuridad le atrapó antes de que llegara al suelo.

 

****************

La Capitana Lochley no estaba teniendo un buen día. Eso no era algo inusual, ni tampoco había en nada en concreto que no fuese bueno en su mal día. Era casi tranquilizador saber que, tal como solían ser los días no buenos, este no era menos bueno que los demás.

La verdad es que, pensando en ello, esta había sido la primera verdadera gran crisis que había llegado a la estación desde... bueno, el incidente en el que el datacristal del Embajador Cotto había sido robado. Y después habían tenido el problema del Estrella Blanca desaparecido, y algunas otras preocupaciones menores entre una y otra.

Una cosa que tenía que reconocer es que estaba encantada de que hubiese alguien por encima suyo que tuviese que gestionar este gran problema. Los diplomáticos, Embajadores y abogados de la República Centauri y del Régimen Narn estaban muy ocupados intentando llegar a un acuerdo en Tuzanor, y planeando dirigir todas sus pesquisas hasta allí. Todo lo que ella tenía que hacer era asegurarse de que todas las embajadas importantes estaban bien informadas, y evitar que las partes implicadas se mataran mutuamente.

Así que, no era un buen día pero tampoco era peor que cualquier otro.

Había decidido que esta era la oportunidad perfecta para hacer caso de un consejo que le dio David. Cuando el Comandante Sinclair se había estresado o enojado demasiado, o simplemente las carga de sus quehaceres le sobrepasaba, subía al observatorio y miraba las naves y las estrellas durante un rato. Por lo visto eso le había ayudado un poco. No estaba del todo segura de si eso le iba a servir a ella, pero valía la pena intentarlo.

Le sorprendió ver que ya había alguien allí. De hecho había tres personas, pero los dos guardias Centauri no tenían una gran conversación precisamente. Parecieron reconocer quien era ella, así que se apartaron a un lado para dejarla pasar. Su Lord y Comandante ya estaba allí, mirando fijamente al espacio profundo. No parecía muy contento tampoco.

Se paró para mirarle durante un instante, y le chocó ver el gran peso que parecía sobrellevar. Parecía mucho más viejo de lo que era. Seguía teniendo la fuerza y el talante que ella había visto en él anteriormente, y también la presencia del hombre, pero todo se estaba desvaneciendo. Le recordaba a... a un viejo ciervo, herido, asustado y perseguido por los lobos, preparándose a elegir un lugar y esperar a que vinieran a por él.

"Capitana" dijo con tono formal. "Mis disculpas. No la había visto."

"Ah, está bien, Lord General" respondió. Dio un paso adelante y se unió a él junto a la ventana. "Una bella vista ¿verdad?"

"Supongo que lo es. Nunca he sabido apreciar demasiado la belleza del cielo. Lo único que veo son nuevos mundos que conquistar, nuevas batallas que librar... una vida sin fin de deber a la República."

"Una vida militar."

"Más que sólo lo militar, pero sí, es así. Fui educado según las viejas costumbres de la nobleza Centauri, unas creencias que ahora tristemente se están perdiendo. El deber... y la responsabilidad. Tenemos el poder en nuestra sociedad, un gran poder, pero nos atañe a nosotros ejercer ese poder con responsabilidad.Nosotros, los nobles, tenemos el deber de servir a la República y al Emperador, y el Emperador tiene el deber de protegernos y alimentarnos."

Sacudió la cabeza tristemente. "Viejas costumbres. Viejos tiempos. A veces siento que soy el último que sigue creyendo en eso. Una voz solitaria de lo que las cosas solían ser. Antes de Cartagia, antes de los Narn, antes del bombardeo."
Se quedó en silencio, todavía mirando fijamente al espacio. Ella no dijo nada porque no sabía qué decir. Había oído hablar de las cosas que ese hombre había hecho, y había escuchado los informes de pruebas de los horribles crímenes que había cometido contra la gente de los mundos que había gobernado.

Y sin embargo parecía imposible reconciliar al monstruo que los Narns veían con el hombre triste y desesperado, cargado del sentido del deber que tenía enfrente. Él le recordaba incómodamente, a su padre.

"¿Qué quiere, Capitana?" le preguntó él repentinamente, ella se sobresaltó. Había oído hablar acerca de la importancia de esa pregunta de boca de Sheridan y Delenn y de otros. Él la miró y ella percibió la autoridad en sus ojos. Como le ocurría con su padre. No supo qué contestar, pero llevaba una vida reconociendo la autoridad y eso le impulsó a hablar.

"No lo sé. Servir a mi Gobierno..lo.. lo mejor que sé, cambiar las cosas. No más que la mayoría de nosotros, supongo."

"Ah". Él asintió y pareció satisfecho. "Alguien de los suyos me hizo esa pregunta hace unos años, unos días antes de que el Emperador Cartagia muriera. Era una persona bastante rara, y fue una conversación rara. Nunca he podido olvidarlo, y siempre me he preguntado lo diferentes que hubiesen sido las cosas si yo hubiese respondido de otra forma." Entonces se detuvo.

"¿Y ... qué dijo usted?" le preguntó ella, incapaz de resistir la curiosidad.

Una leve sonrisa de recordada --o deseada-- felicidad. "Le dije que quería sentarme en mi jardín y ver como crecía y florecía. Que quería ver a mi hija ser feliz y casarse bien. Que quería jugar con mis nietos y enseñarles las cosas que a mí me habían enseñado, las viejas costumbres... el deber, el honor y la lealtad. Que quería sentarme en mi jardín y servir a la República y olvidar... las cosas que había hecho mientras servía."

"Ah" dijo ella. "¿De sus acciones durante la guerra? Supongo que el Embajador Cotto le ha hablado de la petición del Gobierno Narn?"

"En efecto. Un fantástico joven hombre. Veo ... un destello de esperanza tal vez, en hombres como él. Ojalá hubiese más como él." Se giró y la miró, y sus ojos tenían fuerza y un brillo de desafío. "No me disculpo por lo que hice."

"No soy la persona a la que debería pedir disculpas."

"Yo tenía un deber que cumplir, y lo cumplí como mejor supe. Hacer menos hubiese significado una traición a mi República, y a mi Emperador. Aseguré las repúblicas ocupadas, e hice lo que pude para terminar con la resistencia que había en ellas"

"¿Terminar con la resistencia? Entiendo una campaña militar contra una resistencia armada. No me gusta, pero lo entiendo. .. Pero usted ejecutó a niños, a ancianos, a enfermos. ¡Usted destruyó pueblos enteros!"

"Capitana, es obvio que usted nunca ha gobernado una colonia Narn. No quiero criticar su punto de vista, porque lo entiendo muy bien. Pero el hecho es que no existe ningún civil inocente o inofensivo en un mundo Narn ocupado."

"El niñito que usted ve en la esquina de la calle, jugando a un inofensivo juego de niños con un palo y una pelota. Él observará como sus soldados marchan en patrulla, y después correrá al lado de su padre y le contará todo lo que ha visto. Su padre entonces tenderá una emboscada que matará a todos esos soldados."

"La vieja, que va vendiendo sus hierbas y medidicinas. Ella acogerá a aquellos a los que mis soldados han herido. Les curará y después los dejará libres para que maten a más de los míos."

"El viejo, un veterano tullido de antiguas guerras que está sentado a la puerta de su casa, recordando viejos tiempo, como yo estoy haciendo ahora. Él hablará con los jóvenes, compartirá con ellos sus experiencias y todos los conocimientos que ha adquirido en toda una vida de guerras. Utilizará todo eso para matar y destruir."

"Capitana, no existe lo que se llama un civil inocente."

"Eso sigue sin... Usted podría haberse negado."

"¿Negarme? A cumplir con mi deber para con mi República. Antes me hubiese cortado un brazo. Y dese cuenta de que usted no se negó a servir a su Gobierno sólo porque le dieron unas órdenes que usted sentía que no eran correctas."

"Eso.. eso es totalmente distinto. Yo nunca he matado a civiles inocentes."

"Ni yo tampoco."

"No creo que ese argumento se sostenga en absoluto... pero no soy yo quien debe decidirlo. No estará en mi mano cuando el Consejo de la Alianza tome una decisión, y no hay nada que yo pueda hacer al respecto. Buenas noches, Lord General."
Se giró para irse y sólo se detuvo cuando él empezó a hablar de nuevo. "Capitana... no encuentro bellas a las estrellas, pero es que yo sólo he encontrado bellas a dos cosas en toda mi vida: mi jardín y mi hija. Mi jardín fue totalmente destruido, tanto que ni el más hábil de los jardineros podría arreglarlo."

"No pienso permitir que mi hija sufra el mismo destino."

Lochley se fue, percatándose de que su dolor de cabeza estaba empeorando. No le había servido de nada ir al observatorio a relajarse.

****************

Fueron de Seguridad los que encontraron a G'stral. Un trabajador de mantenimeinto descubrió el cuerpo de un guardia Centauri en lo profundo del Sector Gris, en una zona normalmente reservada a almacenaje, pero a menudo utilizad como refugio de los que merodeaban. No era un lugar donde los Guardias de las Casas Centauri solieran frecuentar.

Mientras investigaban este hecho, uno de los oficiales de Seguridad localizaron un rastro de sangre y lo siguieron durante unos diez minutos antes de tropezarse con el cuerpo de un joven Narn, que estaba boca abajo. Cuando el oficial de Seguridad se agachó a mirar el cuerpo, G'Stral se volvió y le gruñó. La gran fuerza y resistencia que le había sacado de la sangrienta guerra y la pérdidade todo lo que había amado le habían permitido arrastrarse hasta allí desde el lugar donde había sido herido. Las heridas seguían con él, y estaba decidido a no permitir que la muerte le venciera, no sin luchar. Su vida podía no valer demasiado para la mayoría, pero era todo lo que tenía y estaba más que dispuesto a luchar por ella."

Fue llevado de inmediato a Servicios Médicos y Zack Allan envió un mensaje al Embajador Ta'Lon. Después de mirar el cuerpo del Centauri, y saber que sus oficiales habían descubierto otros dos, por lo menos, tirados por el Bajofondo, también había enviado un mensaje al Embajador Cotto.

Mientras los de Seguridad estaban ocupados recogiendo cuerpos, llegó la Embajadora Sherann, siguiendo las confusas indicaciones que le habían dado, sabiendo que su amigo estaba allí.

Una oficial de Seguridad se encontró demasiado cerca del que había orquestado todos estos asesinatos. Recordaba haber oído un rugido detrás suyo, una voz eléctrica, fuerte que hablaba en su mente, y entonces hubo un golpe seco cuando su cuerpo se precipitó contra la pared. La Doctora Hobbs, cuyo turno estaba llegando a las 40 horas le dijo que tenía suerte de seguir viva, y tal como estaba, no podría volver al trabajo durante, al menos, semanas. Las heridas de G'Stral eran menos graves, o quizá es que simplemente estaba más acostumbrado al dolor.

El Guerrero de las Sombras oía la voz de sus nuevos amos. No debía perder tanto tiempo en asuntos tan triviales. Su presa estaba cerca y ahora estaba casi sin guardias. Tenía que encontrar a su presa antes de que los dueños de este lugar se percataran de su presencia.

Tanto Inesval como Lyndisty habían desaparecido de la vista de los mortales.

ACTO TRES

"No podemos seguir corriendo" susurró ella. "No puedes... necesitas descansar." Lyndisty no mencionó que ella también necesitaba descansar. Estaba agotada y notaba sus ropas húmedas, manchadas con su propia sangre. Miró a su alrededor, preguntándose si allí había algo que pudiera utilizar como cama para Inesval. No encontraba nada.

"Este cuerpo... durará sólo un poco más" respondió. "Sólo lo lo suficiente hasta que llegue Sherann."

Lyndisty estaba segura ahora de que Sherann no vendría. Como lo estaba de Vir. Soñaba con que él correría a rescatarla, que se pelearía con la bestia que les perseguía y que correría junto a su lado.... Pero él no iba a venir.

Creyó que podría encontrarle fácilmente cuando llegara a la estación. Había ido a sus habitaciones y se las había encontrado cerradas y bien vigilada. Pero él no estaba en ningún sitio. Fuera donde fuera sólo encontraba Narns, Drazi y Brakiri, todos la miraban.

Esa fue la única vez que había osado ir hasta el Sector Verde. Después de eso, ella e Inesval habían alquilado una habitación, la más barata que encontraron. Él había estado enfermo y se había mostrado rehacio a acercarse a los médicos. Parecía convencido de que pronto se recuperaría.

Algunos de los hombres de su padre habían sobrevivido a la ... masacre en la estación de investigación. Habían jurado proteger la vida de ella con la suya, y eso habían intentado. Hubieran podido hacer eso contra los beligerantes Drazi o los vengativos Narns o contra los criminales, pero contra la bestia que se volvía invisible y que hablaba con un suave chillido dentro de su cabeza ...

Contra esa cosa lo único que podían hacer era morir, y todo lo que Lyndisty e Inesval podían hacer era huir y esconderse.

Pero habían huido tan lejos como habían podido y ya no quedaban más escondites.

Lyndisty miró a Inesval. Sus ojos estaban cerrados y parecía estar meditando. No lo lograba fácilmente, y no era de extrañar. Estaba herido, muy malherido.

Era el primer Minbari que ella había conocido realmente. Había conocido a otros, dignatarios o Embajadores o mercaderes, y había entablado relación con un poeta keela durante una gira que había realizado en la capital unos años atrás, pero eso era todo. Los Minbari no habían sido nunca numerosos en Centauri Primero , ni en ninguno de los mundos que ella había visitado.

Su interés se había despertado al ver a Inesval en el transporte de pasajeros que la llevaba a ella y a los guardias desde su mundo hasta Immolan. Había intentado entablar conversación con él, pero descubrió que era raro hasta para ser Minbari. Le recordaba a Vir en algunos sentidos, y a su padre en otros..

Entonces llegaron los Drazi y después la bestia.

Iba tras Inesval y él sabía lo que era. Podía verlo, de alguna forma, cuando nadie más podía verlo. En una voz que no era la suya, él lo había llamado "La Oscuridad hecha carne, un legado de odio y caos, olvidado hacía tiempo, un intento de destruir todo lo que no pertenecía a sus amos."

Habían huido de nuevo, hasta aquí, hasta Vir. El único problema fue que Vir no había podido darles protección.

Lyndisty sabía que iba a morir. Ella había visto a la bestia, y sabía que no podía vencerla. Su padre le había enseñado a defenderse y era capaz de mantener a raya a un Narn bien armado en un combate cuerpo a cuerpo, pero contra esta monstruosidad... Era una fuerza de la naturaleza.

Miró a Inesval de nuevo. Una vez le preguntó por qué la bestia le perseguía. Ella nunca olvidaría su respuesta, de nuevo con la voz que no era suya.

"Yo soy el conocimiento, un depósito de vistas e imágenes con una antigüedad de milenios. La muerte de un pájaro-llama en Orión 7, una ciudad flotante a cinco millas de altura, la llegada de la luz a la oscuridad. Una vez vi la Catedral de los Cazadores de Almas elevándose en los cielos y obscureciendo las estrellas. He hablado con su Pozo de Almas."

"Somos el conocimiento. Somos los guardianes del pasado, el presente y el futuro. Es el odio y la muerte, y la destrucción del conocimiento. Fue creado para destruir todo lo que no fueran sus amos, igual que nosotros fuimos creados para preservar todo lo que no fuese nuestro."

Lyndisty no lo entendió entonces, y todavía no lo entendía. Había oído hablar de la Catedral de los Cazadores de Almas, pero sólo como leyenda y mito, y del Pozo de Almas, ni siquiera eso. Los pájaros-llama hacía siglos que se había extinguido, y estaba segura de que no existía nada parecido a una ciudad flotante.

Entonces se volvió hacia ella y le hizo una única pregunta. "¿Por qué estás aquí? La bestia me persigue a mí, no a ti."

Ella entonces no lo sabía, y seguía sin saberlo. Sólo sabía que su padre siempre le había enseñado a hacer lo correcto, y Vir le había enseñado que lo correcto no siempre era lo que los demás decían que era lo correcto.

El sonido de un rugido la devolvió de golpe al presente. "Está aquí" susurró ella, intentando mitigar el miedo que sentía.

"No" dijo Inesval con su voz. "Está intentando asustarnos para que vayamos a su terreno. Tenemos... algo de tiempo todavía. Suficiente para que ... ella... venga."

"Ella no vendrá por nosotros."

"Sí que vendrá" respondió. Sus ojos delataban el miedo que él sentía. "Vendrá."

****************

"¿Le conoce?"

Marrago asintió, triste al ver el cuerpo ante él. "El Guardia-Capitán Kerrick" dijo. "Ha sido Guardia de mi Casa durante.. unos seis años. Le recluté de entre la Guardia de Palacio."

"¿Era uno ... de sus sirvientes?"

Marrago miró a Zack Allan. No conocía a ese hombre en absoluto, pero conocía a los de su clase. Si él hubiese nacido en Centauri, hubiese estado de Guardia en una de las Casas, o en la Guardia de Palacio, realizando el mismo trabajo que estaba realizando ahora. Algunas personas conseguían encontrar un trabajo que les iba a medida y lo hacían como mejor sabían.

"Uno de mis soldados, sí." Tenía mujer y un hijo allí en el planeta. Su hija había muerto durante los bombardeos. Tenía sólo un año.

"Entonces tal vez pueda explicarme qué estaba haciendo en el Bajofondo. Porque no sólo portaba una impresionante espada, violando así claramente una de nuestras normas sobre las armas, sino que en nuestros registros de aduanas no consta que hubiese subido a bordo."

"He oído decir que todo es posible para aquellos que tienen dinero." Apuntó Marrago.

Zack se reía entre dientes. "Sí, yo también he oído eso. Sigo necesitando información. Podría por supuesto tenerle encerrado hasta que confiese... pero eso rompería claramente la inmunidad diplomática y todo eso, y eso haría que Vir se cabreara conmigo. Así que para arreglarme un poco el día, ¿qué tal si me echa un cable?"

"Era uno del grupo de soldados que envié para que protegieran a mi hija" confesó Marrago. "Esperaba conseguir así que ella llegara a salvo a una colonia lejana. Pero ella terminó aquí y parece ser que se trajo con ella a sus guardaespaldas."

"¿Entonces cómo llegó él aquí sin pasar por aduana?"

"Mi hija es una mujer de recursos" dijo Marrago con un punto de orgullo. "Supongo que encontró el modo. Entiendo que muchas cosas son posibles si se está dispuesto a pagar."

"Sí... probablemente consiguió pasarlos de contrabando junto con las cajas de mercancías. Demonios.. " Hizo una pausa. "Su hija. ¿Lyndisty, no? La mujer de... Vir. ¿A menos que usted tenga otra hija?"

"No, sólo una. Sí, Lyndisty."

"Espere un momento. Recuerdo la última vez que estuvo aquí. No fue precisamente como para reírse. Es una persona a la que no perdería de vista . No recuerdo que subiera a bordo."

Marrago sonrió. "Como ya he dicho... es una mujer de recursos."

"¡Oh, Dios! ¿Qué...es que no puede entrar aquí y ya está? ¿Y dónde está ahora? ¿Siendo atacada por tres millones de Narn de nuevo?"

La sonrisa de Marrago se desvaneció. "Eso, Señor Allan... esa es la pregunta que quiero que me respondan."

"Sí, bueno, entonces buena suerte. Porque hemos encontrado tres cuerpos de Centauri aquí abajo, todos vestidos como este, pero este de aquí es el único al que se puede identificar, los demás estaban desfigurados. Es probable que haya más. Sea lo que sea lo que está matando gente allá abjao, no parece que le gusten demasiado los Centauri. Es posible que ya haya encontrado a su hija."

"No permitiré que eso ocurra, Señor Allan. ¿Dónde han encontrado esos cuerpos exactamente?"

"Mm... Si usted cree que voy a permitir que usted vaya por el Bajofondo buscando esa cosa y metiéndose por medio de mi investigación, entonces se equivoca. Va usted a quedarse justo aquí donde estará seguro, porque ya tiene usted suficientes problemas como para que encima vaya por ahí intentando cazar a un monstruo loco."

Marrago asintió levemente. "Tiene usted razón, Sr. Allan." Abandonó lentamente la habitación, con la mente en otras cosas. Sabía exactamente a quién visitar para conseguir información. Si lograba alguna.

****************

Herann había tenido bastante experiencia con alienígenas antes de llegar a Babylon 5, probablemente por eso había conseguido su nombramiento, para empezar. Hablaba casi todos los idiomas que hablaban las principales potencias, y siempre le interesaba lograr un mayor dominio sobre todos los aspectos de la cultura y el lenguaje.

Para ampliar su experiencia en esos temas había establecido un punto de encuentro con muchos miembros de otras razas, tantos como pudo. Había hecho amistado con el Embajador Cotto, a quien recordaba haber conocido en Minbar hacía unos años. Se esforzó en hablar con el Embajador Ta'Lon. Y por supuesto, había conocido a la Capitana Lochley, al Señor Allan y a la Doctora Hobbs entre otros.

Una de las cosas que había descubierto hacía tiempo era que todas las razas con las que se había encontrado parecían tener algo equivalente a la "casta guerrera" de un modo u otro. No todas las razas la tenían como un grupo definido, como tenían los Minbari, pero siempre había un grupo de gente que se dedicaba a luchar para proteger a los de su raza. Esas castas guerreras tenían muchos puntos en común fueran de la raza que fueran.

Y por encima de todas las similitudes estaba la estupidez.

Estaba mirando como el joven Narn G'Stral intentaba levantarse de su cama, a pesar de sus heridas. Si pertenecía a la versión Narn de la casta guerrera o no era discutible, pero poseía tantas características que podría serlo.

"No necesito una enfermera" le gritó en voz alta. "Dejé de esconderme en la bolsa de mi padre cuando era niño."

"Es muy cabezota" comentó una voz detrás de su espalda.

Asintió, sonriente. "Simplemente pensaba en lo parecidas que son nuestras razas" dijo. "La cabezonería parece ser un factor clave en algunas personas, pero sobre todo entre los Narns."

El Embajador Ta'Lon también sonrió. "Es una fuente de fuerza... o eso nos dicen los predicadores."

Ella asintió sonriendo. “Estaba pensando en las similitudes que hay entre las razas” dijo. “La cabezonería parece ser la clave en muchas de ellas, sobre todo entre los Narn.”

El Embajador Ta’Lon sonríe también. “Es una fuente de fuerza... o eso nos dicen los predicadores.”

“Está demasiado enfermo para poderse levantar ¿no? Sus heridas deberían mantenerle aquí.”

“No dudo que deje este lugar de curación en cuanto se sienta preparado para hacerlo. Gran parte del proceso de curación tiene lugar en la mente.”

“También a mí me enseñaron eso. Pero me dijeron que se cura la mente con la meditación, con la aceptación de las debilidades de la carne y con la necesidad de fortalecer el espíritu; después de eso se cura el cuerpo.”

“Una idea interesante y sobre la que G’Kar conversaría contigo en gran detalle. Por lo que se refiere a mí.. si yo me tumbara y me rindiera a mis heridas, entonces probablemente nunca más me volvería a levantar. Negarse a rendirse ha sido a menudo una de las grandes virtudes de los Narns.”

“¿Y usted no llamaría a eso “cabezonería”?”

Se encogió de hombros y sonrió. “Son las dos cosas, seguro.”

La doctora Hobbs salió de la enfermería y miró a Ta’Lon. Parecía muy cansada. “Embajador, bien. Por favor, hable con él. Tiene la falsa ilusión de que puede levantarse y salir de aquí. Quizá usted pueda inculcarle un poco de sentido común.”

Ta’Lon sonrió y asintió. “Haré lo que pueda.” Se volvió hacia Sherann. “¿Viene usted también, Embajadora? Quizá sus razonadas llamadas a su espíritu conseguirán más que mis humildes amonestaciones a su físico. Además, así podrá hablar con él sobre el tema que te ha traído aquí, para empezar.”

“Ve usted mucho” dijo ella con suavidad “para alguien que afirma ser solamente un soldado.”

“No soy ni más ni menos de lo que parezco, y me costó lo suyo darme cuenta de lo preocupada que estaba. Venga.”

Ambos entraron en la enfermería, donde G’Stral, para su mala suerte, había sido obligado a volver a su cama. Ta’Lon no dijo nada, se limitó a mirarle. Sherann estudió la expresión de su cara y se dio cuenta de que había algo que intentaba ocultar. Había visto la cosa que le había atacado, y llevaba la marca de esa visión.

Tenía miedo.

“¿Así que el doctor le ha enviado a que intente inculcarme sentido común?” dijo. “No necesito quedarme aquí.”

“¿Oh?” Dijo Ta’Lon, con aplomo fingido. “¿Es que te has convertido en sanador mientras yo estaba de espalda? ¿Has evaluado tus heridas y has decidido que son poco importantes para que se preocupen los médicos?”

“No necesito una enfermera.”

“No es una vergüenza aceptar los cuidados de los curanderos. Un hombre sabio sabe cuando está demasiado herido para continuar.”

“Puedo andar. Puedo hablar. Eso es todo lo que necesito.”

“Lo has visto” dijo Sherann de repente. “Lo has visto ¿verdad?”

“¿Qué pasó? Estaba detrás de alguien ¿verdad? Un amigo mío está allá abajo. Creo que va tras él.”

G’Stral sonrió, con un sonido amargo, de burla, de enfado. “Entonces tiene que estar muerto. No sé por qué me ha dejado vivo a mí. Sí, lo vi. Es un monstruo... un guerrero. Uno de sus guerreros. Leí acerca de él en el Libro de G’Quan cuando yo era niño. Son gigantes y mortales. Pueden moverse con la velocidad del viento, y se puede hacer invisible a capricho. Fueron creados para matar y para nada más.”

“En el nombre de Valen” susurró Sherann. “Un Sirviente Oscuro. ¿Aquí?”

“Tiene que ser destruido” dijo Ta’Lon con contundencia. “Tenemos que matarlo.”

G’Stral volvió a reirse de nuevo. “No puede matarse.”

“Cualquier criatura que vive, camina o se mueve puede ser muerta” dijo una nueva voz. Tanto Sherann como Ta’Lon se dieron la vuelta pero ninguno de ellos vio la mirada de odio en la cara de G’Stral.

“¡No!” gritó el joven Narn. “¡Carnicero!”

“Es posible matar cualquier cosa” dijo el Lord General Marrago al acercarse a la cama. “Y me han dicho que debo saberlo.” Miró a G’Stral.

“Necesito tu ayuda, chico. Necesito tu ayuda para que me ayudes a encontrar a mi hija.”

****************

El embajador Vir Cotto estaba cansado y estresado y tenía un poco de ansiedad. Pensaba en Lyndisty y en su padre, y en Londo, y en la cena de anoche, que no le había sentado demasiado bien, vale que dijeron que todo estaba higiénicamente preparado y conforme a los estándares de salud locales pero bueno...

También pensaba también en sentarse delante de la videopantalla que había frente a él y se preguntaba si el hecho de cambiarla podría ser considerado un gasto oficial. Sería un inconveniente claro, pero muy terapéutico.

Afortunadamente, porque apareció una cara en la pantalla y Vir dejó la silla.

“Embajador Cotto” dijo el ministro de la corte, el enlace tradicional entre el Emperador Centauri y aquellos que solicitaban una cita con él. Como Londo todavía no había elegido un Primer Ministro, el Ministro de la Corte tenía más responsabilidades de lo normal. Vir no estaba seguro de si le gustaba este hombre. Había sido nombrado literalmente de la nada, y tenía un historial muy sospechoso.

“Ah, Ministro. Llevo un rato intentando ponerme en contacto con la Corte. ¿Es que ha habido problemas con la línea?”

“Mantenimiento de rutina. Todo estará arreglado en breve. ¿Qué desea?”

“Bueno... acabo de recibir un aviso de nuestros representantes en Minbar… sobre el Lord Generla Marrago. Me han dicho, y estoy seguro que es un error administrativo... pero me han dicho que se les ha ordenado que no se opongan a la extradición del Lord General Marrago.”

"No es un error. Es correcto.”

“Pero.. eh.. ¿por qué? Quiero decir...he consultado a mis abogados y todo lo que me han dicho me lleva a pensar que todo este asunto de la petición es bastante, bastante sospechoso. Los Narns están tentando su suerte, creo. Pero … bueno, sin cualquier tipo de oposición a su petición, entonces bueno... ¿Ve usted por dónde voy  no?”

“Perfectamente”

“Así que… esa es realmente la gran pregunta... ¿Por qué no hacen ustedes nada?”

“El Emperador ha decidido no oponerse. Se ha dejado aconsejar por su círculo más cercano de asesores, y ellos han decidido que nuestra relación con la Alianza Interestelar está en un estadio demasiado delicado como para que nos arriesguemos a enemistarnos con dos de las razas principales en la Alianza. Se nos ha asegurado que el Lord General recibirá un juicio justo, y que si se le declara culpable, será castigado según lo que la ley establezca.”

“Pero.. pero... eso es un error. ¿Es que no lo ven? Él sólo hacía lo que le ordenaban. Quiero decir... sé que lo que hizo fue.. un error .. y no me gusta nada... pero no es como para dejarle tirado de esa forma. Ha servido a la República toda su vida. Se merece algo mejor.”

“Eso no le corresponde a usted decidirlo.”

“¿Por qu.., quiero... exijo hablar con el Emperador! ¡Inmediatamente! ¡En este instante! ¡Ahora mismo! Inmediatamente!”“El

El Emperador está en una reunión muy importante y no puede ser molestado. Le aseguro que está perfectamente informado de su interés en el asunto. Sin embargo se preguntaba si usted actuaba por un genuino deseo de ayudar al Lord General o porque está usted prometido a su hija. Eso es..” Vir estalló, intentando pensar en una palabra. No pudo. “La Corte aprecia su diligencia con la cual realiza sus tareas, Embajador Cotto, Buenos días.”

La videopantalla volvió a mostrar su mensaje estándar, y Vir empezó a considerar seriamente tirarle una silla encima. Al final decidió no hacerlo, pero por muy poco.

****************

“¡Shon’Kar!” susurró G’Stral. Intentó levantarse de la cama, pero Ta’Lon y Sherann  se habían colocado cuidadosamente y diplomáticamente a su alrededor.

Su juramento de sangre” respondió Marrago, con suavidad. “Sí. Ya sé que hay muchos juramentos contra mí.”

Dio un paso adelante, y Ta’Lon puso una de sus manos sobre el hombro de G’Stral para pararle.

“¿Me odias verdad?” respondió el Lord General. Dio otro paso.

"¡Sí!” gruñó el joven Narn. “Sí, le odio.”

“Bien” respondió, y G’Stral pareció confundido. “Odiar es fácil, chico. Es la simplicidad personificada. Centra todo lo malo que hay en tu vida en una pelota minúscula y dirígela a una persona. Ódiales con todo lo que eres, y entonces... todo es mucho más fácil. Todos tus problemas serán enfrentados, y serás feliz de nuevo.”

Él se detuvo y bajó la vista unos segundos.

Pero eso no es tan fácil” dijo suspirando. “Nunca es tan fácil, una lección que me costó mucho dolor aprender hace mucho tiempo. No he odiado a ser alguno desde aquel día.”

“¿Crees que me importan tus historias?” gritó G’Stral. “¡Tú mataste a tu familia!”

Sí” respondió con hastío. “Supongo que lo hice. He matado muchas familias. ¿Dónde fue? ¿En Dros? ¿Na’Haminar? Oh, no importa. No me acordaré. Soy un monstruo, sí. Un carnicero. Me bañé en la sangre de niños Narn en Dros. Destrocé vuestros santuarios más sagrados en Na’Haminar. Es mucho más fácil para ti pensar que soy un monstruo... que pensar que soy un hombre. ¿verdad?”

“Eres un monstruo.”

"Creo que deberías irte” dijo Ta’Lon entornando los ojos de forma amenazadora.

“No” dijo el Lord General como respuesta. No le quitaba los ojos de encima a G’Stral. “Lo viste, ¿verdad? Viste esa cosa allá abajo. Mató a uno de mis hombres. Más de uno.”

“No mató lo suficiente.”

¿No? Hay un chico en Centauri Primero, unos años más joven que tú. Nunca volverá a ver a su padre. Perdió a su hermana hace unos meses. ¿Osas pensar que eres de la única raza que conoce lo que es perder a alguien? ¿Creéis que sois los únicos que sentís el dolor? ¿Que conocen la tristeza?”

“¡Tú y toda tu raza pueden quemarse en el infierno! Me lo quitasteis todo. Os llevasteis a mi familia, a mis amigos, mi casa.”

“Lo hicimos, estoy seguro. Como ya he dicho. El odio es un arma muy útil, pero cualquier arma que no pueda ser lanzada no es un arma, sino una trampa. ¿Creéis que te puedes liberar de tu odio si eso te puede proporcionar algo que deseas?”

“El odio es todo lo que tenemos”

Marrago miró primero a Ta’Lon   y después a Sherann. “Si eso es lo que piensan” dijo, volviendo a mirar a G’Stral “entonces eres más tonto de lo que yo pensaba. Es la prerrogativa de los jóvenes ser alocado, pero eso desaparece cuando uno crece... cuando aprenden a servir a su gente.”

Acercó su mano a su cinturón y sacó de él una daga larga. La puso entre sus manos y la examinó cuidadosamente. “Tengo una hija. Sería más mayor que tú.. al menos según nuestros cálculos. Está a punto de casarse. Es todo lo que me da felicidad en estos momentos, lo único que amo en toda la galaxia.” Miró en los ojos de G’Stral. “Vosotros y vuestras flotas os llevasteis las demás cosas que amaba.”

G’Stral seguía en silencio y Marrago asintió, sonriendo tristemente.

“Ella está aquí en algún lugar.. de esta estación. La persigue el monstruo que te atacó a ti. ¿Por qué la sigue a ella, no tengo ni idea. Ha matado a todos los que envié para que la protegieran, hombres buenos que envié a la muerte por mi hija.”

La encontraré. Ella es todo lo que amo. No permitiré que muera aquí, sola.”

“Si fueras más viejo, chico. Si fueses un poco más sabio, tuvieses algo más de experiencia... si fueses tu... G’Kar, de quien he oído hablar tanto... simplemente apelaría a los lazos de la pérdida, y del miedo que nos une a todos La conexión de odio, amor y miedo que nos unen.”

“Pero tú no eres G’Kar, y sí eres joven, demasiado joven para entender”

“Así que te haré una oferta como si no fueses más que un comerciante Brakiri en el mercado”. Agitó el cuchillo frente a G’Stral quien lo cogió extrañado. “Es una buena arma, chico. Me la dio un amigo, que ahora parece no conocerme, el trigésimo quinto Día de la Ascensión”

“Dime lo que necesito saber. Dime como encontrar a tu hija, y cuando la encuentre, o encuentre su cuerpo y vea como la devuelven a su planeta....”

color:windowtext'>“Bien chico… entonces si quieres podrás atravesar mis dos corazones con la daga”

“¿Tenemos un trato?”

**********************************

“He visto... los pájaros de fuego emerger de las cataratas, mientras el agua se precipitaba corriente abajo al lago a miles de pies. He visto... Catedral, irguiéndose negra y amenazadora en el cielo sin estrellas. He hablado con su primer huésped y he sabido  por él de conocimientos perdidos durante varios milenios.

“He visto las maravillas de tu mundo, Lyndisty. Las montañas de Camulodo, el Gran Templo en tu capital. Milagros tanto de seres mortales como de la naturaleza. Nunca he entendido, no como Minbari, ni como Vendrizi, por qué los seres mortales luchan contra la naturaleza tan a menudo, en vez de reconciliarse con ella.”

Inesval detuvo su narración y cerró los ojos. Estuvo en silencio durante tanto tiempo... Lyndisty tocó su cara con suavidad, preguntándose si estaba muerto, y esperando que no lo estuviera. Era extraño, pero esa era la primera vez que se preocupaba por alguien que no fuese de su raza. Incluso los Centauri por los que se había preocupado alguna vez eran pocos: su padre, su madre, su querido y dulce Vir, otros...

Era eso, siempre la habían mantenido sola y lejos de sus semejantes. Era una noble, hija de una de las más antiguas y más orgullosas Casas en toda la historia de la República. Ella estaba muy por encima de sus sirvientes. Los había visto jugar, había oído como curioseaban y susurraban entre sí, compartiendo los rumores e insinuaciones de la Corte. Había intentado implicarse en sus vidas, pero...todo había sido en vano. Había ganado todos los juegos de niños que jugaban, pero se dio cuenta en seguida de que la dejaban ganar, porque era la hija del Lord General. Sus conversaciones entre risas cesaban en cuanto ella intentaba unirse a ellas. No era uno de ellos.

Y en cuanto a las otras hijas de las Casas nobles... eran demasiado superficiales. Habían sido educadas para creer que su único propósito en la vida era ser bella, casarse bien y gastarse el dinero de su marido; a ella siempre le habían parecido demasiado aburridas. Le había llevado un tiempo darse cuenta de que todo eso se lo tenía que agradecer a su padre. Él la había educado, en muchos aspectos,  como hubiese educado a un hijo.

La había enseñado a leer y la había animado a que estudiara las grandes historias, los relatos trágicos del pasado. A ella le habían fascinado las gestas de la Casa Marrago, desde su ascensión a Casa noble en los días del primer emperador, pasando por los dos emperadores que procedían de su Casa, hasta el conocimiento de la causa por la cual no volvería a haber nunca un tercer emperador de la Casa Marrago.

Había estudiado tácticas militares, y podía conversar durante horas con soldados y generales. Había seguido los acontecimientos de las Guerras Narn con enorme interés, estudiando los informes de las líneas del frente y  hablando de estrategias con su padre durante horas.

Ella no era una de las maniquíes de ojos inexpresivos y apagados en los que sus compañeras se habían convertido. Ella amaba a su padre por enseñarla y ayudarla del modo en que lo había hecho, pero eso no la había a ayudado a estar menos sola.

“Ah” dijo Invesval por fin, y entonces ella se sobresaltó.

“Estás vivo” susurró ella.

"Eso parece” respondió él, suavemente. “Lyndisty… tengo que pedirte algo, algo... es una gran carga. No lo haría ... pero no hay nadie más aquí...”

“¿Qué? Haré lo que pueda.” Se sorprendió al descubrir que verdaderamente lo sentía así.

“El conocimiento que hay dentro de mí... no deber morir aquí. No debe terminar en este... cuerpo. Eso significaría... que ellos han ganado. Quienquiera que trajera a la Bestia Oscura hasta aquí... pretendía destruir el pasado...destruir todo lo que no les pertenece.”

“No puedo permitir que ganen.”

color:windowtext'>“El Vendrizi dice... que sería un orgullo que tu fueras su huésped.”

Lyndisty se quedó sin habla por primera vez en su vida. Se oyó un rugido y entonces ella miró hacia arriba. La criatura que les seguía se acercaba.

****************

“Es un chiste. Un estúpido y desagradable chiste Centauri. La expresión de Ta’Lon era seria, no mostraba emoción alguna, excepto por un pequeño temblor en sus ojos. Sheran parecía visiblemente horrorizada. Para los Minbari, al menos los de las castas trabajadora y guerrera la vida es algo sagrado. Marrago era un soldado y no veía las cosas del mismo modo que curas y artesanos.

“No es un chiste, chico” dijo. “Pienso cumplir mi palabra. Ayúdame a encontrar a mi hija y podrás matarme.”

“¿Y se supone que yo debo creerle? Y deje de llamarme ‘hijo’. Soy un adulto según los estándares Narn.”

“Sí, pero tanto para tus estándares como para los míos, yo soy un hombre viejo y eso me da derecho a llamarte lo que yo desee. Tienes que mostrarme algo que pruebe que eres otra cosa que un chiquillo llorando solo en el desierto. Me odias, me deseas la muerte, y ahora te estoy dando la oportunidad de conseguirlo!”

“Cumple con tu Shon’Kar, piensa el los millones de Narns que he asesinado”

Dime dónde puedo encontrar a mi hija.”

G’Stral gruñó. “Si vas detrás de esa cosa, te matará.”

“Soy un viejo soldado y si hay una cosa en la que los soldados son muy buenos, es en hacer que no los maten. ¿Dónde está?”

“No sé exactamente donde está” respondió pensativo. “Puedo intentar adivinarlo. He oído rumores acerca de unos extranjeros que han montado una base en el Sector Gris y que intentan mantenerse escondidos. Si siguen vivos, estarán en Gris 17. Está tapiado de alguna forma. Los seguidores de un culto de locos lo tapiaron hace años y nadie ha conseguido hacer nada con el lugar. Es una zona perfecta para mantenerse a cubierto y esconderse. Debe estar allí.”

“¿Y qué hay de Inesval?” preguntó Sherann.

“He oído acerca de un grupo de Centauris que viajaban con un trabajador Minbari. Si está viva, él estará con ella.”

“Bien” dijo Marrago, asintiendo con la cabeza con un gesto de respeto. “Gracias… G’Stral. Cuando la encuentre, volveré pronto para que tú puedas sacar provecho de este trato.”

“Estaré esperando, pero usted no volverá. Es uno de sus siervos. Le crearon para que cazara y matara. No puede hacer otra cosa. Le hará pedazos.”

Ya veremos.”

ACTO CUATRO

El embajador Vir Cotto de la grande y poderosa República Centauri tenía unas cuantas virtudes, más de las que se veían a simple vista. La persistencia era una de ellas. Era, a pequeña escala, valentía frente a la adversidad. Se había enfrentado a la adversidad tanto dentro como fuera de la República.

Sus puntos de vista en política, sobre todo en lo relacionado con los Narn y el Emperador Cartagia no le habían granjeado demasiados amigos, y su constante lealtad a la República en general y a Londo en particular le habían proporcionado enemigos que no eran de su raza. Aún así nunca había dejado de luchar por aquello que creía correcto.

A veces por esas ideas había estado en peligro. Como ahora. Estar en una habitación con un Drazi enfadado estaba, en los  diccionarios de la mayoría de razas en la sección de ‘peligro para uno mismo’, sobre todo cuando le estabas haciendo enfadar.

“¿Me podría por lo menos escuchar?”

Afortunadamente el embajador Vizhak era más paciente que la mayoría de los suyos. Desafortunadamente eso no significaba demasiado.

"Escucho” dijo, en lo que para él era seguramente un tono suave, pero que en realidad era un tono como para que estallaran los tímpanos. “Le escucho a usted hablar. Usted, un Centauri, y a los Centauri les encanta hablar. Los Centauri nunca dicen nada que valga la pena escuchar.”

“Marrago es Lord General de la República. ¿no?”

“Sí” dijo Vir, exasperado. “Pero…”

“Y el Lord General de Centauri…dirige a sus tropas. Dirige a sus naves, y a sus soldados. ¿no?”

“Sí, pero...”

“Los Centauri atacaron nuestros cargamentos. Atacaron a nuestros mundos fronterizos. Hicieron la guerra contra los Drazi. Nos hubieran hecho lo que les hicieron a los Narns. Marrago nos hubiera hecho lo que les hizo a los Narns.”

“Sí... no... pero...”

“Los Drazi apoyan a los Narns en eso. Si Marrago es inocente como usted cree, entonces será declarado no culpable. Los Drazi tienen fe en las cortes de la Alianza. ¿Tienen los Centauri fe en las cortes de la Alianza?”

Esa era una pregunta difícil. Los Centauri como norma no tenían fe en casi nada. “Escúcheme. Él sólo estaba obedeciendo órdenes. No tuvo nada que ver con los ataques contra nuestras líneas comerciales. Ambos sabemos que eso es así.”

“Usted sabe eso. Yo lo sé. Las Cortes le encontraran no culpable.”

“No, no será así. Esto es política. Los Narns están probando su poder en este asunto, y ustedes se lo están permitiendo”

“Los Drazi y los Narns son amigos ahora. Somos parte de la Alianza. Trabajamos juntos. El Gobierno Drazi quiere que Marrago sea juzgado por sus crímenes. El Gobierno Narn quiere que Marrago sea juzgado pro sus crímenes. Si usted no quiere que vaya a juicio... hable por los Narns.”

“Lo he intentado, pero el Embajador Ta’Lon no... está en sus habitaciones. No estoy seguro de dónde está. Creo que está pasando algo que a mí no se me ha comunicado. La gente no suele contarme demasiado.”

“Los Drazi le ofrecen su comprensión. Ahora váyase.”

Después de una conversación poco útil, Vir volvió a sus habitaciones de un humor bastante peor de lo que estaba antes. Era bastante consciente de los temas políticos que estaban en juego. Las relaciones diplomáticas entre la República y la Alianza eran, como poco, difíciles. Los Narns y los Drazi estaban cobrando más voz en la nueva Alianza, sobre todo aquí en Babylon 5. Si sacrificar a Marrago para ellos significaba mejorar sus relaciones, entonces todas las partes estarían encantadas de hacerlo, sobre todo si al Centaurum no le importaba.

Vir no estaba seguro de por qué exactamente estaba haciendo esto. Las cosas que Marrago había hecho le horrorizaban. Le horrorizaron en su momento y seguían horrorizándole. Había arriesgado su vida y su carrera para dirigir una red clandestina para llevar a los Narns a territorio seguro. Incluso había matado a un Emperador...

Pero algo en todo esto no le parecía correcto. Marrago era un hombre mayor que había dedicado su vida al servicio de la República. Lo había sacrificado todo. Era uno de los mejores amigos de Londo.

Para él que lo apartaran a un lado de esa manera... era un error.

Y también estaba Lyndisty. Vir no la había visto en mucho tiempo, pero la había tenido en sus pensamientos a menudo. ¿Cómo podría mirarla y decirle que había permitido que se llevaran a su padre a juicio y a su ejecución y que no había movido un dedo para evitarlo?

Seguía absorto en sus pensamientos cuando volvió a entrar en sus habitaciones. Deambulando, absorto, típico de los pensamientos de Vir, se volvió hacia la pantalla de comunicación para ver si había recibido mensajes mientras había estado fuera... y de repente vio a Marrago junto a la puerta.

Ah!” Gritó Vir antes de darse cuenta de quién era. “Ah, Lord General. Yo.. em… no le había visto.”

Marrago miraba a algo que había en la pared, pero Vir no podía ver qué era. “Se sobresalta usted fácilmente, Embajador” dijo con un toque de ironía en su voz. “Nunca hubiese sido un buen soldado.”

“Bueno, no. Nunca se me ha dado bien dar órdenes, y creo que además no pasaría los test de salud. Demasiadas comidas en el McBaris, creo, y no hago demasiado ejercicio.”

“Todos servimos a la República a nuestra manera. Usted.. yo creo, que hace mucha más falta aquí que en un campo de batalla. Honra  a la República con sus acciones aquí. Nunca lo olvide.”

“Em.. ¿no lo haré? Quiero decir, no lo haré.” Pausa.”Todavía no he recibido respuesta de nuestros abogados. Creo que siguen pensando en qué hacer. Los diplomáticos están en duras conversaciones con Minbar. Espero una respuesta a lo largo del día de mañana.”

“Se lo agradezco, pero dudo que eso sea importante. He servido a la República toda mi vida. Ha llegado el momento en que deba servirla de otro modo. Mi hija podrá servir a la República mejor que yo. “Se volvió y miró a Vir.” Hágala feliz, Embajador Cotto o juro por todos nuestros Dioses que mi fantasma le perseguirá por toda la eternidad.”

“Mmm..” Vir dio un paso atrás. “¿Lo haré?” Lo haré. ¿Sabe usted dónde está?”

“Sí”

“Genial. ¿Se lo ha comunicado a Seguridad?”

“No. Este es un asunto Centauri. Ella es mi hija. La encontraré yo mismo.”

“Algo me dice que esa no es una buena idea. Ella está en peligro ¿no?”

“Sí.”

“Ah-ha. ¿Y no quiere usted llamar a Seguridad?”

“No.”

“Bien. Estoy encantado de saber a qué atenerme. Voy con usted.”

“¿Qué?”

Vir no conocía al Lord General demasiado bien, pero le había visto enfadado, le había visto cansado, le había visto fuera de sí y también preocupado. Era nuevo verle absolutamente perplejo.

“Voy con usted. Voy a ayudarle a rescatar a Lyndisty.”

“Eso ni hablar. Usted no es un soldado.”

“No. Y por eso no estoy a sus órdenes. He … visto luchas otras veces. Normalmente desde la barrera, pero he visto luchas. Lyndisty es… muy importante para mí, y quiero ayudarle a rescatarla. Sé que hay peligro, pero he vivido aquí durante más de cinco años, y permítame que le diga que la mayor parte del tiempo no estuve a salvo.”

“Además, cuanto más tiempo estemos aquí hablando, más tiempo nos llevará encontrar a Lyndisty.”

Marrago se paró un momento y después empezó a reírse, con una risa profunda y explosiva. “Habla como un verdadero Centauri.”

“¿Eh? ¿Eso ... cree?”

“Sí.” Se volvió de nuevo hacia la pared y Vir vio por fin qué estaba mirando. Era el kutari que Londo le había cogido a Urza Jaddo y que había colocado allí. “Los guardias me quitaron mis armas. Me temo que tendré que cogerle esta prestada. Es de hoja fina y fue blandida por un buen hombre.”

La cogió de la pared y la sostuvo en alto para que reflejara la luz. Hubo un destello. “No deshonraré tu espada, Urza” dijo suavemente. “Creo... que estarás orgulloso de que vuelva a servir a la República una vez más.”

“Bien” dijo Vir alegre. “¿Dónde vamos?” Le dijo Marrago.

“Oh” dijo “Oh Dios.”

****************

>Sherann se percató con considerable incomodidad de que G’Stral seguía jugando con la daga que Marrago le había dado. No parecía haberla dejado en la media hora que había estado hablando con los médicos y con Seguridad. Ella había sondeado para buscar información sobre ese ... Sector 17 y las respuestas no habían sido precisamente esperanzadoras.

Se volvió entonces hacia el paciente y se dio cuenta de que Ta’Lon se había ido.

“Te cortarás si sigues jugando con eso” le dijo, más que medio en broma. G’Stral la fulminó con la mirada, y después sostuvo la hoja afilada contra la palma de su mano, entonces la deslizó por su piel con un rápido movimiento. Sherann parpadeó sorprendida.

“Y nunca te curarás si insistes en hacer este tipo de gestos. Te juro que encajarías a la perfección en nuestra Casta Guerrera. Tienen ese mismo orgullo que va más allá de todo sentido común.”

Él no dijo nada, y siguió mirando la daga.

“No parece que yo te guste demasiado” musitó ella, acercándose a los pies de la cama. “Es... una verdadera pena.”

“No te conozco. ¿Por qué deberías gustarme?”

“¿Te desagrada todo el que no conoces?”

“Sí… y también me desagradan muchos que conozco. No tengo demasiados amigos. La mayoría están muertos.”

“Entonces has tenido amigos. Es … un buen principio. Hace que sea más fácil que consigas nuevos ¿no crees?”

“Eso lo hace más difícil.”

Creo que no te entiendo.”

Se paró, sujetó la daga y permitió que brillara con la luz. “He visto a demasiados amigos morir. Todos ellos, de hecho. En los campos, en los bombardeos... Todos están muertos. Si hay algo que he aprendido desde la guerra... es que tener amigos te hace débil y vulnerable. Sufres demasiado cuando mueren.”

“Es mejor haber conocido la amistad y perderla, que ni siquiera intentarlo.”

“¿Para qué? Todo el mundo muere cerca de mí.”

“Yo no. Ni tampoco el Embajador Ta’Lon. Veras que aquí tienes dos amigos. Nosotros no te dejaremos”

Gruñó: “No te creo”

“Soy Minbari y los Minbari nunca mienten.”

“Tampoco me creo eso. Todo el mundo miente, porque todo el mundo tiene algo que ocultar.”

“Ah sí. Todo el mundo tiene algo que ocultar, pero esos secretos... los comparten con sus amigos. Eso es parte de la amistad ¿no crees?”

“Su.. supongo” y se quedó callado.

“¿Piensas de verdad utilizar tu cuchillo contra él?”

“Probablemente no lo haga.” Sherann sonrió y asintió, pero su sonrisa se desvaneció cuando oyó las siguientes palabras que él pronunció. “Es un arma Centauri. Es demasiado fea, y es demasiado pesada. Tengo una katok de sobras en mis habitaciones. Usaré esa. Mi Shon’Kar será cumplido con un arma Narn no con una Centauri.”

Ella suspiró pero no dijo nada.  Dejarían en tema para más tarde, la suya era ya en el presente una relación delicada. Recondujo la conversación hacia Ta’Lon, y ambos hablaron por algún tiempo sobre él. Sherann se preguntó durante un momento dónde se habría ido Ta’Lon, pero él era un embajador y sin duda tendría unos cuantos asuntos que atender, especialmente los problemas actuales con el Lord General Marrago. Sí, eso sería. Seguramente estaba trabajando.

****************

 “¿Qué haces aquí?” preguntó Marrago, mirando fijamente con leves signos de sospechas a la figura que había frente a él.

“Iba a dar una vuelta” respondió Ta’Lon, con un tono de voz despreocupado. “Tengo un poco de... claustrofobia si estoy mucho tiempo en mis habitaciones. Tenía ganas de estirar las piernas.”

“Y tu espada también tenía ganas de hacer ejercicio.”

“Esta es una zona peligrosa de la estación, Lord General. Es aconsejable llevar algo de protección. Pregúnteselo al Embajador Cotto. A él le atacaron en esta zona no hace mucho.”

“Bien, en realidad” dijo Vir. “Fue más bien por  aquel lado... “

“Además” añadió Ta’Lon. “Su espada obviamente necesitaba un paseo también. Un poco corta, supongo, pero será un arma adecuada igualmente, estoy seguro.”

“¿Y dónde le llevaría su .... ‘paseo’?”  dijo Vir.

“No lo había pensado realmente, pero ahora que lo menciona. Creo que Gris 17 es una zona agradable en estas fechas” 

“¿Y por qué querría ayudarme usted?” preguntó Marrago con sospecha.

“¿Ayudarle? Como he dicho... algunas zonas de la estación pueden ser muy peligrosas, pero no veo que peligro puede acecharle a alguien como yo, acompañado por un Embajador Centauri y por una sección de Guardias de una Casa. ¿Cuántos esperaba traer con usted?”

“Me temo que sería difícil que pasaran la Seguridad de la estación, quienes es seguro que están investigando la zona.”

“Tiene usted información acerca de un camino secreto entonces”

“Un joven Narn muy bien informado me facilitó todas las indicaciones necesarias.”

“Espléndido” dijo Ta’Lon. “Estoy seguro de que la información es muy precisa. Creo que era .. .por aquí.”

“Eso indica mi información.”

“Bien”

“Sí, bien”

“Mmm..¿bien?” añadió Vir con énfasis. “Sí, bien.”

****************

 Lyndisty había recibido muchas ofertas raras en su vida, pero ninguna como esta. Tenía que reconocer que la situación era más que confusa,  y mientras en el pasado ya había estado en situaciones peligrosas, nada podía compararse con esta.

Sin embargo ella respetaba a Inesval, quien parecía poseer gran parte de las características que ella tanto amaba en Vir, y en su padre. Era muy sabio, y lleno de conocimiento, y amable... una combinación muy poco frecuente en los hombres Centauri, con dos notables excepciones. Se preguntaba si todos los Minbari era como él.

“El Vendrizi dice” continuó Inesval. “Dice... que sería un honor para él que tú fueses su huésped, cuando este cuerpo haya muerto. Pero también dice que esta es una difícil decisión para ti. Desearía que hubiese otra forma, pero no la hay.” Inesval entonces empezó a toser de nuevo. Él la miró con sus propios ojos y después habló, era de nuevo su voz.

“Lo siento” susurró. “Pensé en mostrarte toda la belleza de la galaxia... y te he llevado a la muerte.”

“No hay nada que temer” dijo ella, esperaba sonar suficientemente convincente, porque ella no se sentía tan convincente. “Vendrán a ayudarnos, de parte de tu amiga Sherann o de mi querido Vir. Seremos...”

“Sh... “ susurró él. “¿Qué oyes?”

Ella escuchó atentamente, el sonido de sus corazones latiendo en sus oídos. No había nada más. “Nada” respondió. “Está todo en silencio.”

“Levántate” le dijo. “Nos ha encontrado. Date prisa. Tiene que haber algún otro lugar donde ir. Tiene que...”

Lentamente, ella se levantó y le ayudó a él. Casi se cae sobre ella y ella se tambaleó. “Quizá…” ella dijo lentamente. “Quizá se haya ido...”

“No” dijo. “Está..”

Hubo un destello en el aire ante ellos, y un ensordecedor rugido explotó en sus oídos. Ella creyó haber gritado, pero no podía estar segura, no se la hubiese oído por encima de todo ese ruido, el ensordecedor grito del triunfo.”

Estaba allí, enormemente alto, con un largo hocico, que escondía su boca. Lentamente la bestia sonrió, y ella pudo ver una boca llena de afilados dientes. Trozos de carne y ropa estaban pegados entre ellos. El olor de su aliento casi logra acabar con ella. Era un hedor a carne podrida, de una tumba abierta llena de cuerpos muertos, y por un momento volvió a ver las fosas de Na’Haminar y todos los cuerpos que ayudó a tirar dentro de ellas.

Se movía lentamente, estudiando a Inesval. Sus ojos brillaron unos segundos, con un brillo dorado, con unos puntitos rojos en el centro. Tras ellos rondaba una inteligencia terrible, más que bestial, más que animal. Esta criatura es tan inteligente como ella, y como Inesval y como todas y cada una de las personas que ella había conocido en toda su vida.

Algo se movía al fondo de su boca, y entoces una larga y sinuosa lengua salió de ella,  goteando un líquido viscoso. Lyndisty retrocedió lentamente, manteniendo una de sus manos sobre el brazo de Inesval. La lengua de la criatura tocó levemente la parte de delante de su vestido, y sus ojos se fijaron sobre ella.

{{Eres mortal}} sonó una voz siseante en su cabeza. Sabía que la criatura le hablaba a ella y su voz estaba llena de un escalofriante sentido de superioridad, de una increíble arrogancia. Era el modo en que ella le hubiese hablado a una mascota, a un animal, a un... a un Narn...

{{Entonces... eres mía}}

“¡No!” rugió Inesval de repente. Su movimiento rompió la casi parálisis que la sujetaban. Lanzándose hacia delante, él la apartó a ella a un lado, y se enfrentó a la criatura. “Nunca ganarás” dijo. Mientras Lyndisty se alejaba a gatas, miró arriba y vio que él estaba allí de pie, mirando fijamente a aquellos ojos terriblemente inteligentes. Estaba hablando pero si era con la voz de Inesval o del Vendrizi ella no estaba segura. Quizá se habían convertido en uno solo.

“Nunca ganarás porque tus amos te crearon con un solo objetivo. Matas todo lo que ves, incluyendo a tus amos si alguna vez se vuelven demasiado débiles para controlarte. Y entonces te quedarás solo, rodeado de una galaxia de muertos... y entonces perseguirás a los de tu especie, hasta que sólo quede uno. Una voz rugiendo en el desierto, un ser viviente, solo en un mundo lleno de muertos.

“Pero nosotros perduraremos, porque somos el conocimiento hecho carne, y el conocimiento no se puede matar, no importa lo grande que sea el mal, no importa lo terrible que sea el cazador. Nosotros perduraremos.”

La cabeza de la criatura palpitó levemente, y entonces un suave gruñido salió de su boca. A Lyndisty le costó unos segundos darse cuenta de que la criatura se estaba riendo.

{{Muertos}} dijo, y entonces volvió a reirse. {{Muertos}}

Movió su brazo largo y lleno de pinchos, y se oyó un desagradable crujido al entrar en el pecho de Inesval. Una riada roja cayó de su pecho y después cayó al suelo. Con su otra mano, la criatura levantó el cuerpo. Lyndisty no sabía si estaba vivo o muerto, pero sí podía ver los huesos que sobresalían de su espalda, quebrados y retorcidos, y se preguntaba si algún ser vivo podría sobrevivir a un golpe como aquel.

{{Tú}}

Ella reaccionó por fin, veía ante sus ojos imágenes de su padre. Él le había enseñado a luchar y a correr. Él la había enseñado a seguir con vida. Le había enseñado muchas cosas. Su verdadero padre había sido un soldado que había dado su vida por la República y su padre adoptivo era un soldado que había dedicado no sólo su vida, sino su alma a esa misma República. Conocía los nombres de todos y cada uno de los vástagos de la Casa Marrago, desde el primer señor campesino, pasando por los dos Emperadores, hasta el hombre que era su padre en alma aunque no en sangre.

Ella era hija de la República. Ella era una Centauri.

“¡No te tengo miedo!” le gritó, mintiendo. “Te alimentas del miedo, pero él no te tenía miedo, y tampoco yo te lo tengo”

Hubo una cosa que su padre le dijo una vez, una de sus lecciones mientras estaban en Narn. Él le había estado hablando todo el tiempo mientras perseguían a un grupo de guerrilleros en las montañas G’Khorazhar. Ella le había preguntado con el temor que inspiraba  la veneración a un héroe si él había tenido miedo.

“Oh, sí” le había respondido él, con gran honestidad. “Todos tenemos miedo algunas veces. Casi todo el tiempo, cuando eres soldado. Yo nunca he conocido a nadie que nunca haya tenido miedo.”

“Dicen que el Emperador Cartagia no teme a nada.”

Una oscura expresión apareció en su cara. “Eso es posible. Nunca has conocido al Emperador, hija mía, pero yo sí, y si existe alguien que yo diría que verdaderamente no tiene miedo, ese es él. Verás, hija mía... el miedo es un instinto que nos da el Gran Creador, o el universo. Nos recuerda constantemente la necesidad de vivir, de sobrevivir sean cuales sean los peligros que nos acechen. El primer instinto es correr... y por eso vivimos.

“Ahora bien, lo que nos distingue de los animales es que podemos controlar y dominar nuestros miedos, si tenemos que hacerlo. No nos gobiernan nuestros instintos, sino nuestras mentes. Podemos controlar nuestros miedos. Cuando oyes eso o que un héroe no tiene miedo... lo que significa es que ellos simplemente pueden controlar sus miedos mejor que la mayoría. No  permiten que sus miedos interfieran con su deber con la República.

“Pero hay personas, algunas personas, incluyendo quizás a nuestro Emperador que verdaderamente no sienten ningún miedo. Y, hija mía, espero que nunca conozcas a nadie así, ya que están totalmente locos, y son terroríficos. Todos sentimos miedos, y todos debemos intentar superarlos.

“Eso es lo que nos da poder.”

{{Corre}} le susurraba la voz de su mente. {{Corre gritando de miedo, para que te persigan}}

Ella quería hacerlo. Ella quería darse la vuelta y huir, lo deseaba tanto, pero sabía que si lo hacía, esa cosa ganaría. Era más rápido que ella, y ella había huido de él desde su primer encuentro, en la estación de investigación científica. Su poder lo extraía del miedo, y ella no mostró lo asustada que estaba.

“No” dijo ella. “No te tengo miedo.”

Lanzó su lengua contra ella, golpeándole la cara. Ella cayó, parpadeando por el escozor, pero no se fue corriendo.

{{Mientes}}

“No. No te tengo miedo. Tú... no puedes hacer que huya de ti... nunca más”

Volvió a sisear, y tiró el cuerpo de Inesval al suelo frente a ella. Levantó sus brazos y dejo salir un rugido ensordecedor. El cuerpo de Lyndisty pareció temblar y cayó, se puso las manos sobre los oídos en un esfuerzo inútil por aliviar el dolor que sentía debido al ruido.

“¡No te tengo miedo!” volvió a gritar. La cosa levantó la cabeza y la volvió a mirar, estudiándola con curiosidad. Ella quería gritar pero no lo hizo. Simplemente se quedo mirándole.

“Estoy orgulloso de ti” dijo una voz y su corazón dio un vuelco. Miró tras la criatura, y vio una figura allí de pie, tres figuras. Sonrió y por primera vez empezó a creer de verdad que existía una posibilidad de supervivencia.

“Estoy orgulloso de ti” repitió la primera figura. “Hija mía.”

La criatura se dio la vuelta.

****************  

Londo Mollari, ex-embajador Centauri en Babylon 5, y actual Emperador de la República Centauri, una vez dijo algo a su asistente y sustituto, Vir Cotto, algo que Vir siempre había recordado. Londo estaba bebido, lleno de pensamientos sobre el lugar que ocupaba la República, sobre su propio lugar en Babylon 5. Se volvió hacia Vir y le llamó “hombre valiente en el cuerpo de un cobarde.”

Era algo que a Vir le dolió recordar al ver al Guerrero Oscuro girar la cara hacia él y sus compañeros. El embajador ta’Lon y el Lord General sacaron sus armas, ambas espadas, claro. Porque llevar armas de fuego hubiera sido sensato  y eso estaba por supuesto de más para estos dos. Marrago dijo algo a Ta’Lon, quien respondió con un estallido de risa.

Entoces ambos avanzaron.

Vir llevaba una pistola, una portátil recargable de plasma, como las que llevaban los Guardias Imperiales. No podría dispararla, claro, porque sus manos le temblaban demasiado, pero por lo menos era algo. Tampoco lograría un tiro limpio.

Entonces vio a Lyndisty,  pudo verla claramente por primera vez. No la había visto en mucho tiempo, y por  todo lo que había pasado desde entonces, le podría perdonar que le hubiese olvidado por completo. Hubo momentos en que ella había desparecido de su memoria también. Lo cierto es que la mayoría de esas veces había sido cuando él había estado conspirando para matar a un Emperador o trabajando para ayudar a establecer la Alianza Interestelar, o peleándose con algunos Drazi...

Seguía tan bella como él la recordaba, y eso era bueno. Ella estaba delante de la criatura que a él le tenía medio paralizado, y ella no parecía asustada, al menos ella no parecía asustada.

Lentamente, él empezó a introducirse en la pelea, con sus corazones en la boca, haciendo un gran esfuerzo de fuerza de voluntad para mover un solo paso.

{{Esto es absurdo}} pensó. {{He matado a un Emperador. He trabajado salvando a Narns de la esclavitud. He vivido en Minbar durante unos meses. He destrozado el puesto de un mercader Drazi en el Zócalo. He sido atacado por G’Kar y por telépatas y por... muchas otras personas. No tengo miedo. No.. tengo... miedo..}}

Finalmente, bajó la cabeza y salió corriendo. Se oía un escalofriante sonido de chapoteo y un suave gruñido de dolor. No sabía de quién provenía.

“¡Vir!” dijo una voz alegre, y entonces osó abrir sus ojos. De alguna forma había llegado hasta Lyndisty. Ella se había arrastrado hasta detrás de una barrera de barriles y cajas, y estaba intentando curar  a un Minbari herido. Era algo inútil, pensó Vir. Toda esa sangre era una señal –la sangre debía ir dentro del cuerpo, hasta para un Minbari—y los huesos no debían salir por todas partes.

“Vir, oh, amor mío, he soñado contigo, y has venido a por mí, mi noble Lord de Camulodo ha venido a rescatar el amor de su lady de las torres del príncipe traidor.”

Vir decidió no preocuparse de pensar sobre las alusiones literarias, y se limitó con sujetar a Lyndisty y hacer que se agachara tras la barricada.

“¿Estás bien?” le preguntó, miró alarmado los harapos de su vestido, y la sangre que la cubría.

“Estoy viva” susurró. “Y mucho más contenta ahora que estás aquí, amor mío. Pero Inesval...” Su cara se puso más seria. “Él está.. él está...”

Muriendo era la palabra que no decía, y Vir tenía que darle la razón. Los ojos del Minbari estaban medio cerrados, y todavía había cierto movimiento de respiración en su pecho, pero estaba claro que no viviría mucho tiempo.

“... no debe...olvidarse...” él estaba susurrando. “... debe...ser...”

“No te entiendo” susurró Lyndisty. “Inesval, qué...”

“Es Minbari” dijo Vir suavemente. “El... em.. uno de los dialectos.”

“Y tú lo hablas mi príncipe. ¿Qué dice?”

Vir miró a Inesval, quien había conseguido abrir un ojo. El otro tenía la boca llena de sangre. “Vir…” dijo en su Minbari nativo. Después dijo algo, en un tono de voz totalmente distinto, en un idioma que Vir no había oído nunca.

“Un huésped” dijo por fin en Centauri. “Necesita.. un huésped...”

“Sí” dijo Lyndisty. “Sí... yo seré el huésped, Inesval. Todo irá bien ahora. Mi príncipe ha venido a rescatarnos.”

Vir osó mirar sobre la barricada. Vio la criatura y se dio cuenta de que nunca se había visto menos capaz de rescatar a nadie.

****************

Un millón de pensamientos pasaron por su cabeza. Sus nuevos amos estaban aquí ahora, mirándole a través de sus esferas. Estaban enfadados con él, presionándole para que matara a sus presas. Tenían que asegurarse, decían, sus voces crepitaban en su mente. Tenían que asegurarse de que moría y que no podría revelar a los demás su presencia aquí.

El guerrero les ignoraba. Había atacado a las presas con tanta fuerza como había podido. Ningún mortal podría soportar tales golpes. Si ya no estaba muerto, lo estaría pronto. Eran débiles, mortales, débiles y lentos, y fáciles de matar.

Pero no estos dos. No esos dos que le atacaban con pinchazos de agonía, blandiendo las hojas brillantes, bailando. Eran guerreros y él podía reconocer espíritus afines en ellos. Eran de distintas razas y cada uno de ellos, sabía, cumplían las mismas funciones en sus respectivas sociedades que él mismo cumplía para con sus amos.

Se preguntaba si sus amos les respetarían más que a él los suyos.

Entonces la cosa atacó, alcanzando al más joven, el reptiliano, que sabía se llamaba Nahhrrrn. Sus garras atravesaron la armadura y la piel del Nahhrrnn, pero su propia garra se clavó en el guerrero, atravesando la armadura de su mano. Su espesa, fiera sangre salió, quemándoles a ambos.

Retrocedió tambaleándose, tirando al Nahhrrrn. El otro estaba cerca, el más viejo, un anciano respetado, que había matado a muchos, un líder de guerreros.

Movió su cabeza hacia atrás y rugió. Verdaderamente lo habían forjado para eso, en esos hoyos negros bajo la superficie roja del planeta muerto que le había dado la vida. Ese era su propósito.

Sus nuevos maestros le llamaban. Él los ignoró.

****************

Hacía mucho tiempo que Marrago no entraba en un combate físico como este. Oh, claro, excepto los Narns hacía un rato, en el Zócalo, pero no había comparación entre ellos y esta cosa. Sus corazones latían fuertemente, y sentía como su sangre herví. El kutari era increíblemente pesado.

Pero pensaba en su hija, lo único que le quedaba en este mundo por lo que luchar, y siguió atacando, dejó el miedo a un lado, pensó en su hija, y en su jardín y en sus nietos, pensó en educarlos en los modos de la República.

Sonrió mientras luchaba.

****************  

Ta’Lon estaba sufriendo. Oh, nada que no pudiera superar, pero era molesto. Era increíble cuánto se podía apartar a un lado con la mente, para permitir que el cuerpo se ocupara de los verdaderos problemas.

Además no podría parar y rendirse ahora. El Centauri seguía en pie y era un hombre mayor.

Ta’Lon siguió luchando.

 

ACTO QUINTO

La Capitana Lochley estaba con Zack cuando le llegó el informe a través de los canales de Seguridad. Habían estado buscando a esta escurridiza criatura que  deambulaba por su estación. El Narn que había sido atacado estaba siendo increíblemente poco cooperativo, aunque eso no era sorprendente. El embajador Ta’Lon no había logrado que cambiara de actitud, y la embajadora Sherann, que allí estaba, no parecía querer intentarlo tampoco.

Encima de todo eso, el escuadrón de Seguridad que buscaba a la criatura estaba siendo obstaculizados por un gran número de guardias Centauri, portando armas que en teoría no deberían llevar e intentando ofrecer 'consejos' de cómo encontrar a la criatura. Dado que más o menos la mitad de los equipos de Seguridad estaban compuestos por Narns, ese consejo no se lo estaban tomando demasiado bien.

Y no se podían librar de esos guardias Centauri porque ellos afirmaban que sólo obedecían las órdenes del Lord General Marrago, a quién además no había manera de encontrar por ningún lado. Y no podían acudir al embajador Cotto para preguntarle su paradero porque éste había desaparecido también.

En resumen,  era un día típico de Babylon 5, y la Capitana ni siquiera se había tomado su tercera taza de café.

“Zack” dijo la voz desde el intercomunicador. “Zack ¿estás ahí?”

“Sí, estoy aquí” dijo, respondiendo. “¿Ha encontrado algo?”

“Hemos oído algo. Un rugido.. un ruido como de explosión. Sector Gris... es raro. Parece que nos vaya pisando los talones, o que lo tengamos encima... es como si estuviese en la superestructura de la estación o algo así.”

Zack gruñó. “Reúna a tantos como pueda. Voy para allá.”

“Lo hemos encontrado. ¿Señor Allan?” preguntó la Capitana.

“Oh, sí. Creo que podemos decir que sabemos dónde está. Encontrarlo cuando lleguemos allí... eso es una historia totalmente diferente.”

“Bueno, diríjase al lugar.”

****************

El cuerpo de Marrago todavía funcionaba sólo con la fuerza de su voluntad. Apenas respiraba, sus corazones apenas latían, una película de humedad enturbiaba sus ojos, y no podía oír nada aparte del fluir de su sangre.

Soy un Centauri.

Sintió un dolor intenso en el costado cuando las garras afiladas le atravesaron las costillas. Tambaleándose, consiguió convertir su caída en un salto y así clavar la kutari justo bajo la axila de la criatura con un movimiento del cual los Cora Predo hubiesen estado sin duda muy orgullos.

Ta’Lon aprovechó la distracción de la criatura para realizar un ataque rápido y clavar la katok en la cara de la criatura. Retrocedió rápidamente antes de que la criatura le golpeara, dribló, esperando a que la criatura viniese a por él.

No tuvo que esperar demasiado.

****************

Vir no podía ver a Lyndisty sufrir tanto. Escuchar sus suaves gemidos ya era demasiado. No estaba seguro de qué ocurría entre ella e Inesval, pero con una simple mirada ya había visto una cosa muy grande y con forma de insecto, lo cual había hecho que  se volviera rápidamente si no quería devolver su comida y su desayuno.

Eso significaba, claro, que estaba ahora viendo la lucha, y eso no era precisamente una visión agradable tampoco. Tanto Marrago como Ta’Lon eran más lentos ahora y aunque había numerosos cortes y cuchilladas en el cuerpo de la criatura, y una masa asquerosa y apestosa salía de sus heridas, no parecía realmente herido.

Fue solamente cuando Marrago se tambaleó y cayó torpemente, soltando su kutari cuando Vir se dio cuenta de que tenía que hacer algo. Descansó sobre la barricada, intentando evitar sus propios temblores, y entonces cogió la PPG que había traído. Se preguntó a qué zona de la criatura debería apuntar, y al final decidió dispararle a la espalda. De ese modo si fallaba, que era lo más probable, era más posible que luego pudiese darle otra vez a la criatura.

Disparó, cerrando los ojos al apretar el gatillo. Cuando los abrió vio un gran fogonazo en la espalda de la criatura, y también se olió un terrible olor a quemado.

Lentamente, el Guerrero Oscuro volvió su cara hacia Vir. Sus ojos brillaban.

¡Oh, oh!

****************

 Un dolor abrasador.

Un dolor abrasador en la espalda.

Se volvió, se sacudió de encima al Nahhrrn y al viejo Sen-tahri, y se encaró contra el que había osado atacarle por detrás. Era otro Sen-tahri, un joven macho sin el honor o el respeto que tenía el viejo. Este no era un guerrero, no era un soldado, no era un líder.

No merecía un combate. Merecía sólo la muerte.

El Guerrero Oscuro se fue hacia él.

****************

 Vir se percató e inmediatamente volvió a disparar. Erró el tiro y dio al vacío.

{{Corre}} siseó la voz en su mente. {{Corre, Sen-tahri}}

“¿No tengo… miedo.. de ti? dijo. Tragó con dificultad. “¡No …tengo! ¡Miedo! ¡De ti! Lyndissty no te tiene miedo. El Lord General no te tiene miedo. Y yo tampoco. Creo.”

Esta vez no se oyó risa, sólo el destello rojo en el centro de los ojos dorados de la criatura. {{Débil. Asustado. Cobarde. Corre, cobarde}}

 “¡No!” Intentó dispararle de nuevo, pero las manos le temblaban demasiado.

{{Muere}}

Se movió hacia delante, sus movimientos eran sinuosos como los de una serpiente, con una gracia acorde a su talla y volumen. Vir instintivamente retrocedió hasta situarse tras la endeble barricada.

El Guerrero Oscuro no logró llegar hasta él. Ta’Lon había corrido hacia él y había conseguido atravesarle la espalda, justo por el sitio donde Vir le había disparado.

Rugió de dolor.

****************

La Capitana Lochley, Zack Allan, todos los guardias de seguridad y todos los Guardias de la Casa Centauri que habían insistido en venir, todos escucharon el rugido de la criatura. Probablemente lo oyeron todos los que se encontraban en la estación.

Lochley y Zack rodearon la esquina que había justo delante del primer guardia Centauri, y vieron al enorme Guerrero Oscuro, herido y sangrando, le vieron aplastado junto al embajador Ta’Lon, mientras el Lord General Marrago intentaba levantarse del suelo.

“Debe ser eso” dijo Zack entre dientes.

“¿Usted cree?” respondió Lochley. “Bien, no quiero a esa cosa en mi estación. ¡Desháganse de ella!”

Los guardias de Seguridad abrieron fuego todos a la vez, un segundo después del fuego organizado de los Centauri. El Guerrero Oscuro se tambaleó, siseando y rugiendo. Había un desagradable hedor a carne quemada. Consiguió unos breves segundos de respiro y miró a la primera línea de guardias. Dos de ellos gritaron asustados y tiraron sus armas, pero los demás se mantuvieron firmes aunque algo menos firmes de lo que habían estado antes.

****************

 Dolor. Más dolor. Más Sen-tahri. Más huu-manos. Todos atacaban desde la distancia. Todos eran unos cobardes. Todos eran unos debiluchos.

Sus amos se estaban empezando a preocupar. Estaba muriéndose. Le superaban en número. Mata al Mynn-bahri, le decían. Mata a la hembra Sen-tahri, porque ella se iba a convertir en el nuevo huésped. ¡Mátales!”

Se movió hacia delante, siseando y mirando a los huu-manos que disparaban con desprecio desde la distancia. Eran débiles y eran cobardes. Merecían la muerte.

Más tiros le alcanzaba, y empezó a  perder el equilibrio. Su pierna cedió y cayó. Volvió a rugir y dejó salir todo su desprecio y su poder. Empezaban a moverse, esos huu-manos, aunque permanecían allí.

Sus amos todavía le llamaban.

Le alcanzaron más tiros, más y más, toda una batería. Uno le atravesó el ojo, y le estalló la mente. Las veces de sus maestros murieron en su interior y la bestia cayó.

****************

 “¿Está muerto?” preguntó Zack.

“Eso parece” respondió Lochley. “¿Y qué hay de...?” Miró al Lord General y al embajador Ta’Lon. “¡Servicios Médicos! Traigan un equipo de trauma a Gris 17. ¡Y dense prisa!”

“Puedo aguantar” dijo Ta’Lon, al levantarse con torpeza del suelo. “Y si el Centauri no puede.. entonces, bueno, él es.. un... hombre mayor...”

“Sí” respondió Marrago. “Un hombre mayor.. que no tiene por qué... soportar... la insolencia... de los Narn. Ayúdeme.. a levantarme...” Ta’Lon lo hizo, y se apoyaron el uno en el otro. “Lyndisty...” dijo el Lord General. “Lynd...is...ty...”

Vir de repente desapareció de la vista de Marrago y de Ta’Lon, y miró a Lyndisty. Ella yacía sobre Inesval, su cuerpo estaba totalmente quieto, su vestido desgarrado hasta la cintura. Vir la sacudió con cuidado. Estaba tan quieta.

“Lyndisty” susurró. “Lyndisty.”

Entonces ella se movió, y levantó la cabeza. Gemía suavemente, abrió los ojos y le miró. Entonces le sonrió. “Mi príncipe” susurró, y entonces su voz cambió, se volvió más ... mayor. “Estamos bien. Ambos estamos bien.”

CONCLUSIÓN

 Ta’Lon, Marrago, Vir, Lyndisty e Inesval fueron llevados a Servicios Médicos con tanta rapidez como era humanamente posible.

Al embajador Ta’Lon le fue diagnosticado que sufría divesos cortes, rascadas y abrasiones y algunas heridas más graves en la parte superior del abdomen. Afortunadamente no tenía ningún órgano vital perforado. También sufría unos leves desórdenes respiratorios debido a los efectos tóxicos del aliento del Guerrero Oscuro. Permaneció en Servicios Médicos durante un día y medio, y se pasó la mayor parte del tiempo en conversaciones confidenciales con los representantes del Kha’Ri.

El Lord General Marrago padecía síntomas similares, aunque también sufrió la complicación añadida de un leve al corazón de camino a Servicios Médicos. Afortunadamente, los problemas provenían de su corazón derecho y su estado pronto se estabilizó.

El embajador Vir Cotto sufría de poco más que de un considerable shock y una leve enfermedad respiratoria. Pudo dejar la cama casi inmediatamente y se pasó casi todo ese tiempo con Lyndisty o gritándole a la imagen del Ministro de la Corte en la pantalla de comunicaciones.

Lyndisty estaba bastante bien. La Doctora Hobbs consiguió encontrar las notas de su predecesor sobre los Vendrizi, y eso al menos le dio algo con lo que empezar a trabajar. Lyndisty no durmió bien las primeras noches, mientras su cuerpo se adaptaba a los sueños que experimentaba debido a la influencia del alienígena, pero pronto logró acostumbrarse.

Inesval murió poco después de que el Vendrizi dejara su sistema, su influencia era lo único que le mantenía vivo después de las terribles heridas que soportó a  manos del Guerrero Oscuro.

G’Stral se libró en silencio de Servicios Médicos mientras nadie miraba y desapareció. Dejó la daga que Marrago le había dado en la puerta de Vir, como símbolo de las deudas todavía no pagadas.

Sherann pasó algún tiempo junto al cuerpo de Inesval, deseando que su alma tuviese un buen viaje. Fuese cual fuese el viaje que iniciara a través del mar de almas, tendría que caminar solo por él.

Más tarde se citó para ver a Lyndisty.

“Se preocupaba mucho por ti”  le dijo Lyndisty, hablando con la voz del Vendrizi. “Hablaba a menudo sobre ti a su huésped, y tenemos muchos recuerdos de ti y de él. Él te amaba profundamente.”

“¿Parte de... de él sigue viva  en... ti?”

“Una parte de él siempre vivirá en nosotros.”

“Me gustaría mucho conocerte mejor, Lyndisty. No sólo el embajador Cotto se preocupa por ti, tienes que haber significado mucho para Inesval para que él te haya hecho esta oferta. ¿Tienes... planes para el futuro?”

“No” respondió ella con su propia voz. “Tendré que hablar con mi padre. Yo.. entiendo que él está en peligro.. de algún tipo. Se ha puesto en un gran peligro para venir a buscarme.”

“Tiene que amarte mucho” Lyndisty sonrió. “Elijas lo que elijas... siempre serás bienvenida aquí... en mi casa.”

“Gracias”

Las dos se abrazaron.

****************

 “El Kha’Ri no estará demasiado contento con esto” le advirtió el Cosejero G’Kael.

“Entoces no dudo de que estarán bastante enfadados conmigo” respondió Ta’Lon, despreocupadamente. “Pero.... entre nosotros dos, ambos sabemos que este asunto fue... dudosamente legal.”

“Fue una petición legítima entre aliados”

“Lo fue. Pero he tenido el honor de conocer al Lord General, Consejero. No es un hombre malvado. Puede haber sido un hombre malvado, y ciertamente ha hecho cosas malas, pero yo he estado junto a él en la batalla. Vino aquí, poniéndose en peligro por el amor de su hija. No huyó del peligro y habla con la sabiduría de cualquier veterano de guerra.”

“Casi podría ser un Narn.”

“Renunciaré a transmitir esa observación al Kha’Ri” G’Kael dijo secamente.

“Entonces transmítales este: ‘Somos todos uno y lo mismo, con la misma sangre, y con los mismos sueños, y las mismas esperanzas y las mismas pérdidas. Llega un momento en que nos damos cuenta de eso y aprendemos a perdonar a aquellos que nos han herido, igual que nosotros esperaríamos que ellos nos perdonaran por herirles a ellos. El primer paso para el perdón siempre es lo más duro, pero es el más gratificante’.”

“Por supuesto. Dígale al Kha’Ri que G’Kar en persona ha autorizado esto, y estoy seguro de que estarán más que contentos de proceder de acuerdo con mis recomendaciones.”

G’Kael se rió. “Así lo haré. Creo que G’Kar acertó al nombrarle a usted como su sustituto, Embajador.”

“El tiempo... lo dirá, o no, al igual que la situación puede solucionarse con el tiempo.”

“Desde luego, así será.”

****************

Marrago miró a su hija, y pudo ver el gran cambio que se había obrado en los meses pasados desde que estuvieron juntos por última vez. Por primera vez en su vida, ella había sabido lo que era perder un amigo. Había conocido el miedo, el dolor, y lo había superado. Era una verdadera Centauri, y él nunca había estado más orgulloso de ella.

Pero él también tenía problemas, porque sabía que su relación había cambiado para siempre. Ella había mirado a la muerte directamente a la cara y había sobrevivido. Durante estos meses, se había enfrentado a la pérdida y a las penurias, y lo había hecho sin él. Nunca le volvería a necesitar, al menos no del modo en que antes le necesitaba. La había perdido.

“Estoy orgulloso de ti” le dijo suavemente. “Tan orgulloso”

“Gracias papá” le dijo, suavemente, sonriéndole. Sus ojos siempre brillaban cuando sonreía pero ellos no lo sabían ahora. Había ahora tras ellos, una indicación de que tenía una edad, una gran sabiduría, y el conocimiento de muchos mundos. Su inocencia se había ido para siempre.

“¿Qué harás ahora? le preguntó él. “Ya no sería correcto, creo , que yo te diera órdenes. Eres ahora una mujer, capaz de tomar sus propias decisiones.” Ella irguió la cabeza sorprendida. Era una costumbre de las hijas de los nobles Centauri permanecer bajo la tutela de su padre hasta que se casaban.

“No te crié del mismo modo en que hubiese criado a un hijo” le explicó. “Pero tampoco lo hice como la sociedad espera que se eduque a una hija. Te enseñé todo aquello que deseaba que supieras. Te enseñé todos los lugares que deseaba que vieras. Has aprendido tanto... No hay nada más que pueda enseñarte.”

“No hay nada que me hiciera más feliz que tu vuelta a casa, hija mía. Mi jardín está allí, destruido y arruinado y necesita de grandes cuidados para revivir.”

“Pero Centauri Primero es un mundo moribundo ahora. La Corte ya no es el lugar feliz que era cuando tú eras una niña. Hay mucha oscuridad, sobre todo dentro del Emperador. No es lugar para una chica... una mujer como tú.”

“Que sepas esto, hija mía, elijas lo que elijas, tendrás mi bendición y mi amor.”

“Lo sé” respondió. “Siempre lo he sabido, papá. Creo que me quedaré aquí. Este es un bonito lugar, lleno de .. maravillas y esperanza. Tantas cosas han ocurrido aquí, y todavía queda tanto por ocurrir, creo. Hay gente aquí... que nos ayudó cuando nos escondíamos, que nos escondieron durante tanto tiempo. Gente que necesita ayuda...que necesitan ... amistad. Yo.. nosotros... haremos lo que podamos.

“Y aquí está Vir.”

“Sí. Está Vir. Si todavía deseas casarte con él, hija mía.. tienes mi bendición”

“No estoy segura. Yo... le amo, pero ahora somos tan diferentes. Necesitamos...estar juntos antes. Si él todavía desea casarse conmigo, así será.”

“Estoy seguro de que lo desea”. Dio un paso adelante y la abrazó con cariño. “Te quiero, hija mía, y estoy orgulloso de ti. Tan orgulloso. Que el Gran Creador esté contigo. Adiós, hija mía.”

“Adiós Papá.”

Se dio la vuelta y se alejó de allí. Había lágrimas contenidas en us ojos, pero las llevaba orgulloso. Había encontrado a su hija y ella estaba a salvo. Ella tenía toda la vida por delante y eso era más que suficiente para compensar la pérdida de un viejo. Más que suficiente.

****************

Se dirigió a las habitaciones del embajador Ta’Lon, no con demasiada prisa. Había dejado instrucciones a su Capitán de guardia aquí, y para el embajador Cotto. Había escrito un testamento y lo había dejado listo para que fuese entregado a la gente adecuada en su mundo. La mayor parte de sus propiedades irían a Lyndisty, dejando lo suficiente a Drusilla para que ésta pudiera vivir del modo en que estaba acostumbrada.

Era un hombre viejo y siempre había querido servir a la República como mejor sabía. Dejaba una hija a la que amaba mucho. Dejaba pocos amigos, pero confiaba en ellos y los admiraba. El Emperador seguía siendo su amigo, no importaba lo que había ocurrido. Tenía sus razones para hacer las cosas que había hecho recientemente. No era asunto de Marrago cuestionarlas.

Tocó el timbre de la puerta y se abrió. Entro tan directamente como pudo y con el orgullo de porte que había perfeccionado con los años. El embajador Ta’Lon estaba allí y también estaba G’Stral, el chico. Sacó la daga que había recuperado del exterior de la puerta de Vir y la dejó sobre la mesa.

“Puntual” observó Ta’Lon.

“Deseaba darle las gracias, embajador, por su ayuda. Mi hija está a salvo.. y bien. Por eso he venido hasta aquí.”

“Será algo que podré contar a mis nietos” dijo irónicamente Ta’Lon. “Que luché junto al legendario Lord General Marrago.. y que estuve en pie más tiempo que él.”

“Si proclama la fama por ser capaz de luchar más tiempo que alguien que le dobla en edad, embajador, puede usted adornar la historia tanto como quiera... Necesitará hacerlo, creo.” Se volvió a G’Stral. “Estoy preparado, chico. Hicimos un trato y tú has cumplido con tu parte. Estoy listo para cumplir con la mía.”

“Realmente consiguió sobrevivir a esa cosa” dijo, con un tono de asombro, con algo que incluso podría ser respeto. “¿Cómo?”

“No le tenía miedo. Ni él tampoco. Ni tampoco mi hija, es simplemente eso.”

“Yo sí tuve miedo”

“Entonces muchacho, es que no has aprendido a dominar tus miedos. Es una lección que aprenderás con el tiempo o no. Será otro quien te lo enseñe, creo.”

Él gruñó y cogió la daga de Marrago de la mesa. La miró durante un rato y la volvió a dejar en la mesa. “Es un cuchillo inútil” dijo. “No tiene el peso correcto, el mango es demasiado largo, es demasiado ancho en la base y demasiado estrecho en la punta. Es un cuchillo que va bien para cortar la madera, no a la gente.”

“Mi antepasado, el segundo Emperador Marrago se suicidó con esa hoja” respondió con burla. “Su padre, el primer Emperador Marrago lo utilizó para matar al Emperador Oscuro. Tiene una gran historia ese cuchillo.”

“Sigue siendo un arma inútil”

“Para las manos Narns quizá. ¿Habías pensado en otro tipo de arma?”

“Sí” Miró a Ta’Lon. “Pero después alguien me convenció de lo contrario...” Volvió a mirar a Marrago. “¿Cuántos de los míos has matado?2

“No lo sé. Perdí la cuenta hace mucho tiempo.”

“¿Se acuerda de mi familia?”

“No, no puedo decir que me acuerde.”

“¿Se arrepiente de haber matado a todas esas personas?”

“¿Arrepentirme? Tienes que entender chico... que he servido a la República  durante toda mi vida. Quizá no valía la pena servir a la República durante todos estos años. Quizá nunca valió la pena. Algunos hubiesen visto las cosas que me ordenaron hacer y  se hubiesen negado a obedecer. Otros lo hubiesen hecho igual que yo. Yo soy de los del segundo grupo. Dediqué mi vida al servicio a mi República. No me corresponde a mí decidir cuándo y dónde y cómo cumplir mis deberes.

“Quizá lo que hice estuvo mal. Si es así, entonces seré castigado por ello de alguna forma. Pero seré yo el que será castigado y no mi hija. Ella no hizo más que seguir a su padre,  quien a su vez cometió el error de permitir que ella caminara por el mismo camino que él. Eso no pasará ahora.”

“Así que chico... no me arrepiento. Me arrepiento de que esas órdenes fueran dictadas, pero una vez fueron dictadas, yo tenía que obedecer. Negarme a hacerlo hubiese tenido como resultado la erosión de lo que yo representaba.”

“¿Tienes algo en lo que creas tanto?”

“Todo aquello en lo que creía me lo quitaron en aquellos campos.”

“Ah. Entonces adelante, mátame. Todos necesitamos algo en que creer, y lo único que nos queda es el odio. Mátame y al hacerlo, purga ese odio de ti. Quizá entonces serás capaz de encontrar algo más a que dedicar tu vida.”

G’Stral sacó una daga dentada y larga de su cinto y la miró durante unos segundos. La puso sobre la mesa dando un golpe. “¡Sal!  Espetó. “No quiero volver a verte.”

Marrago asintió una vez, verdaderamente sorprendido. “Encontrarás algo en que creer, chico. No será fácil, pero siempre hay algo.” Se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.

“Olvida su cuchillo, Lord General” le dijo Ta’Lon, y lo levantó.

“Quédeselo” le respondió.

****************

“Fue la cosa más extraña” estaba diciendo Vir, mientras Marrago colocaba de nuevo la kutari de Urza en su sitio en la pared. “Los Narns simplemente... retiraron su solicitud de extradición contra usted. Lo han retirado todo.”

“Estoy seguro de que tendrían sus razones.”

“Quizá escucharon a sus abogados y se dieron cuenta de lo improbable que era... bueno... conseguir que la Alianza lo aprobara. O quizá el Presidente consiguió averiguar algo. O quizá... quizá Londo movió sus hilos.”

“Puede que ocurrieran muchas cosas” respondió, dando un pso atrás y admirando la espada. “Perfecto”. La había limpiado, tenía un brillo perfecto, había reparado algunos de los daños. Urza no merecía menos.

“¿Qué hará ahora?”

“Ya escuchó algunas de las condiciones del trato, una de ellas recalcadas por los Drazi.”

“Sí” se paró Vir, pensando. “Sí, insistieron bastante ¿verdad? Creo que ellos pensaban que tenía que haber algún truco detrás de la decisión de los Narn de retirar su solicitud. No parecían demasiado contentos... no es que nunca lo parezcan. Ya sabe como son los Drazi.”

“Oyó la condición de que debería volver a espacio Centauri... y que debía quedarme allí.”

“Ah. Esa.”

“Sí... volveré a casa. Tengo un jardín que atender, y una República a la que servir.”

“Pero ...Londo le abandonó. Él y el Centaurum... hubieran permitido que los Narns se le llevaran.”

“Él es el Emperador. Es su prerrogativa.”

“Sé que yo me enfadaría si algo así  me ocurriera. Él ya no es el mismo. Creo que le pasa algo malo, pero... no estoy seguro. Ya sabe que el poder cambia a la gente, pero...”

“Él es el Emperador” repitió Marrago. “Hace muchos siglos, en el amanecer de la República mi Casa fue creada para servir al Emperador, para protegerle, para guiar sus ejércitos, y a sus soldados. Muchos siglos después uno de los de mi Casa lideró una revuelta contra un Emperador malvado y corrupto, y le mató, y ocupó su lugar, una acción que mató a su hijo. Desde entonces, aquellos en la Casa Marrago han adoptado un nuevo dicho.”

“Servimos a la República. Servimos al Emperador. Ambos son lo mismo. Nadie perteneciente a la Casa Marrago volverá a intentar gobernar de nuevo.”

“No podrá usted volver aquí más.”

“No tengo planes para hacerlo. Sólo hay una cosa aquí que deseo ver y ella... ah.. ella es una mujer ahora. Puede dirigir su propia vida y tomar sus propias decisiones. Creo que será la última de la Casa Marrago, igual que Londo me dijo que temía que él sería el último Emperador. Quizá está bien así.”

“Él no será el último Emperador” dijo Vir rápidamente, recordando una profecía que le comunicaron  años atrás. “Habrá otros. La República sobrevivirá.”

“Bien” dijo el Lord General, sonriendo. “Quizá habrá más personas de la Casa Marrago”. Añadió bromeando. “Cuando mis nietos nazcan, esperaré que los envíen a Centauri Primero para que pueda enseñarles las costumbres de mi Casa.”

“Niet.. nietos..” Vir empezó a toser. “Em.. vamos un poco.. um... lentos. Quiero decir, que ella vendrá a cenar esta noche, así que tendré que encargarle a alguien que cocine, claro, porque yo no sé... quiero decir... vamos a hablar .. pero... um.. nietos...um..”

“Estaba bromeando sólo” respondió. “Vivid vuestra vida, y hacedlo como queráis. Sois jóvenes y con toda la vida por delante. Vivid en paz, y sed felices.”

“Emm... usted, también.. señor.”

Se dieron la mano y Marrago se fue, en silencio. Vir vio como la puerta se cerraba y pensó que esto era lo más triste que había presenciado. Después se dispuso a buscar un cocinero para esa noche, a ordenar un poco el lío que tenía en la habitación y también a corregir el ángulo de la espada sobre la pared.

****************

 La luz de la esfera se había desvanecido y los ojos del mago se cerraron. El líder dudó, volvió a vivir las visiones que acababa de presenciar.

“El Guerrero está muerto” dijo, lentamente, con gran asombro. Todos creían que los Guerreros eran invencibles. Todos se habían equivocado.

--- Ssssí--- siseaba el mago.

“¿Pero la memoria viviente no lo sabía? Nuestra presencia aquí sigue siendo desconocida para ellos.”

--- Ssssí---

“Entonces todo está bien. No hacía falta que enviáramos al Guerrero entonces.” Eso fue irritante. Tantos esfuerzos en vano, por una preocupación que no tenía importancia alguna al fin y al cabo. El Vendrizi nuca supo de su presencia aquí. Y el Lord General sigue vivo.”

“El Emperador nos entiende. El Lord General no lo hará. Podemos ocuparnos de él aquí... de manera que nadie más lo vea, o sepa o sospeche.”

---- Ssssí---

El Drakh asintió, tenía la cabez llena de planes, y entró en la Corte Real Centauri. Tenía que ver al Emperador.

 

FIN