Acto1
Acto 2
Acto 3
Acto 4
Conclusión

BABYLON 5: LA 6 TEMPORADA VIRTUAL

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

EPISODIO 6: UNA SERPIENTE EN EL JARDÍN

ESCRITO POR D.GOLDINGAY, A.CLEMENS Y S. BARRINGER

TRADUCIDO POR ÁNGELES EMA

PRESENTANDO A:

ESTRELLAS INVITADAS

OTROS ACTORES

RICHARD BIGGS como el Dr Stephen Franklin

JERRY DOYLE como Michael Garibaldi

WAYNE ALEXANDER como Veckh’shivalht Vezrael

MICHAEL EASTON como Makay Dubois

EUGENE ROBERT GLAZER como Mr. Molyneux

LOUIS GOSSETT JR. Como Comandante Ulvargos

SAM MIHJAWIC como Paul Frost

CYNTHIA ROTHROCK como Donne

KERI RUSSELL como Subcomandante Zhirith

ALANA TWINELKS como Everain


INTRODUCCIÓN: ir al principio                                                           

En otro lugar, en otro tiempo
16:20 ESTÁNDAR

Había dos formas de decorar una sala de interrogatorios. Estaba la húmeda y oscura, con un foco de luz estratégico, como la que utilizó con bastante eficacia  el Viet Cong al final del siglo XX. Y después estaba la deslumbrante y estéril, como la que utilizaron (también con bastante eficacia) las organizaciones más contermporaneas, como la Sección Uno... el Buró 13. Ambos sabores de miedo, como muchos otros, eran demasiado familiares para el hombre sin nombre. Había sobrevivido más tiempo atado a una silla que mucha gente en visitas al dentista en toda su vida... no es que eso fuese de gran ayuda.

Esa vez era la versión deslumbrante, y el interrogador era su propio segundo al mando, Donne, la psicópata ex Psico-Agente que él había “heredado” de las Sombras. Se permitió sonreír un poco. Gracias a una pequeña modificación de sus mentores Sombras, él era impenetrable para sus sondas mentales, y el mero dolor físico hacía tiempo que había dejado de ser un factor motivador para él.

Como si pudiese sentir la seguridad que él tenía en sí mismo, la rubia mujer de duras facciones soltó una risa chirriante –un souvenir de su “muerte” en el mundo de las Sombras, Z’ha’dum—y se agachó sobre él. Una luz despiadada brillaba sobre el cuero de su uniforme negro –más elegante e incluso más amenazador que su antepasado de la MetaPol.   Al inclinarse,  se escaparon de su moño  varios mechones de cabello color paja, revoloteando ante sus ojos pálidos y vacíos y ante su cicatriz en forma de “D” en su mejilla, entonces ella le sujetó por la mandíbula y le forzó a un largo y penetrante beso. Él retrocedió, pero no pudo escapar, no podía respirar –y ahora sentía la mente de ella invadiendo la suya—¡y eso se suponía que no era posible! No lo era... sus sentidos le fallaban, y cuando volvió la luz Donne se había dividido –había ahora tres rubias atléticas rodeándole, todas ellas con los rasgos duros de Donne transformadas en una belleza algo distinta, pero igualmente felina.

Reconoció a dos –una que hacía mucho que había muerto, y una a la que nunca había conocido. La tercera ni siquiera se la había imaginado, con su cara mofletuda y una mano modificada con una especie de implante cibernético. Unos labios carnosos resaltaban sobre una espectacular figura embutida en unos finísimos panties, pero su mirada era tan fría como el hielo. A su derecha se hallaba Tessa Halloran, eso al menos tenía algo de sentido, aunque era difícil imaginar cómo ella y Donne podían estar trabajando juntas. Ella iba vestida con un traje sastre de color negro, muy de moda en Marte hacía unos años, e iba peinada con sus cabellos dorados en una trenza, y le observaba a él con frialdad, con las manos en la espalda, como si él ya la hubiese decepcionado y enfadado.

Pero la decepción era tan sólo la escarcha sobre el veneno glaciar de la tercera mirada. Ataviada con un uniforme negro y plateado que apenas podía reconocer, con sus cabellos de color trigo cayendo libremente, enmarcando la fría y acusadora expresión de su cara. Desde hacía más de doscientos cincuenta años, desde la tumba, ella le miraba airada –ella, la única de entre los cientos de inocentes (y no tan inocentes) a los que él había traicionado y corrompido a lo largo de los años, la única que podía a veces, darle una pausa y hacer que se preguntara si había otro camino. No es que él admitiera que eso era posible. La última vez que la vio fue retorcida y sin vida en los brazos de Michael, entre los desperdicios de la Sección –por lo menos, al final, habían podido estar juntos...

Como si sus pensamientos errantes la hubiesen llamado, ella apareció por detrás de Nikita. Era más baja que las demás mujeres, sus rasgos solemnes, aunque ligeramente traviesos, estaban enmarcados en una nube de cabellos oscuros; iba ataviada, bastante inadecuadamente, con un uniforme del Cuerpo Psíquico. Tranquila, como siempre. Mortal, como siempre.

“Paul” le dijo ella.

Él susurró su nombre. Ella irguió la cabeza, él sabía que ella se estaba preparando. Él hizo igual instintivamente.

“Ya sabes cómo se hacen aquí las cosas” le dijo ella sigilosamente. “Sabes que no hay escapatoria. Empezaremos... ahora.”

Asintió mirando a Halloran, quien tocó un panel que había aparecido mientras el hombre no miraba.

La habitación empezó a dar vueltas, y mientras giraba, cada una de las mujeres aplicaba un método diferente de tortura –Halloran miraba curiosa mientras activaba unos electrodos inteligentemente situados, Nikita con el infalible castigo físico, el ciborg clavándole los tentáculos de metal... alguna de esas cosas despertó algo en su mente, pero lo olvidó cuando la agonía empezó a aumentar considerablemente.

“No puedes soportar el dolor”  le asaltaba la tranquila voz de Madeline, una y otra vez. Gradualmente fue capaz de distinguir otras voces, mientras continuaba la tortura.

“¿Qué quieres?” dijo él, no seguro de con cuál de las tres estaba hablando... quizá con todas.

“Conocerás el dolor, igual que yo” susurró Nikita mientras recorría su pecho con las uñas, dejando un rastro de fuego.

“Conocerás el miedo, igual que tus víctimas” declaró Halloran, tocando un panel que enviaba imágenes de muerte y destrucción, angustia y pérdida a su cerebro.

“Y después”  afirmó el ciborg sin emoción alguna “morirás.”

¿Qué queréis?” volvió a gritar. Tiene que haber algo... una clave... pero ellas parecían no oirle. El tormento continuó, y él seguía preguntando, pero ellas no respondían nunca, por lo menos no directamente, sin decirle lo que él necesitaba saber.

Dánoslo ahora, y tu sufrimiento será.... mitigado” susurró Nikita en su otra oreja, desgarrándola con sus dientes.

“Dinos lo que queremos saber”

“La resistencia es fútil”

“¿¿¿QUÉ QUIERES?????” gritó

“Nada” dijo Madeline suavemente.

Y entonces cayó la oscuridad.

BABYLON 5                                                        

Puerto de embarque
12:37 Estándar, 14/03/2263

Si Paul Frost había descubierto una verdad universal en su vida era simplemente esta: no existía tal cosa.

Era algo aceptado que la telepatía estaba limitada por el contacto visual. Eso era verdad la mayoría de las veces. Sin embargo este era tan sólo el método práctico más abreviado para describir la naturaleza real de dicha limitación, que era realmente el conocimiento del blanco elegido –su posición, distancia y velocidad. Para las mentes humanas y sus sentidos, limitados como lo estaban por el Principio de la Incertidumbre de Heisenberg, el modo más fácil de establecer estos datos en un blanco previamente desconocido era, simplemente, mirarlo. Sin saber dónde estaba tu blanco, quién era o qué aspecto tenía, conseguir suficientes conocimientos para aplicar el más mínimo escanner superficial era prácticamente imposible.

 

Pero con suficientes conocimientos previos de tu blanco, suficiente información, lo imposible en ocasiones resultaba ser todo menos eso. Y cuando se trataba de telépatas P12,  mentes tan fuertes que sus propias almas vibraban sin cesar en el éter psíquico, era a veces imposible no detectar su presencia a distancias y oclusiones que se creían “impenetrables” para telépatas más débiles. Dado su conocimiento íntimo y cercano de una de esas mentes, y su menor pero todavía suficiente relación con la otra, el resultado en este caso era una conclusión conocida de antemano. Frost sabía que Alfred Bester y Sheynell Keynes se hallaban en puerto de embarque de Babylon 5, a punto de abandonarla, mientras su lanzadera procedente del Asimov se situaba en la plataforma de embarque.

 

Sonrió, aunque le costaba debido a los bloqueos que había mantenido firmes durante los últimos minutos. Lógicamente, cualquier sentido que él pudiese percibir de ellos, ellos podrían percibirlo de él a su vez –él era tan “sólo” un P11, después de todo. Pero él tenía una ventaja, la ventaja que decidía en los conflictos más cruciales: él les estaba esperando. Ellos no le esperaban a él. Y eso ponía un elemento de sorpresa de su parte.

 

Podía no ser una verdad universal, él percibió sus propios pensamientos de burla; pero era bastante cierto por ahora: el modo más efectivo de ocultarse era asegurarse de que nadie te estaba buscando.

 

El tren lanzadera se detuvo con un golpe seco y un castañeteo, y sonó un gong en la cabina cuando los signos de “ABRÓCHENSE EL CINTURÓN” se apagaron.  Inmediatamente después el leve parloteo de la conversación aumentó de volumen, salpicado por la cacofonía de clacs metálicos y golpes secos cuando los pasajeros se soltaron de los arneses de seguridad. Frost se movió junto con los demás, sabiendo que ser demasiado lento, rápido, torpe o hábil llamaría la atención. Cogió sus  bolsas de un compartimiento por encima de los asientos, una prudentes maletas de tela marrón y plástico etiquetadas con un nombre tan falso como la promesa de un violador. Se movía por el vestíbulo con la multitud, con una expresión en su cara vagamente abstraída pero agradable, un hombre corriente de viaje de negocios.

 

Le resultaba difícil mantener la risa en silencio en su garganta. Que esa risa la provocara, no la felicidad o la diversión sino algo tan peligrosamente cercano a la histeria, lo hacía más difícil.

 

Se rezagó un poco hacia el final del vestíbulo de desembarque, fingiendo torpeza con una de las maletas, esperando el momento perfecto por razones que él francamente admitía no entender. No tenía idea en realidad de por qué era tan importante hacer esto como había imaginado. Quizá tan sólo para saber que había pasado deliberadamente a escasos pasos de uno de los mejores y más brillantes del Cuerpo Psíquico, se había arriesgado a ser capturado a manos del despiadado Alfred Bester. La intensidad del momento le había arrastrado.

 

Al final dio un paso adelante. Y al girar la esquina, al entrar en una de las cuatro salas de tránsito principales de Babylon 5, divisó las siluetas de dos uniformes negros caminando por el hall, alejándose de él, con paso firme e inquebrantable. Nunca miraban atrás. Uno, bajo y fuerte, con el cabello oscuro ligeramente gris; la otra más alta, más delgada, con curvas femeninas, con una fina melena de cabellos rubios ceniza que cubriendo sus estrechos pero firmes hombros...

El triunfo rebosante de Frost se desvaneció de repente.

Sheynell

Tenía que reprimir físicamente el deseo de emitir hacia ella. No la había visto en menos de dos años. Había cambiado. Tan sólo había visto una espalda que se alejaba, pero aún así, sabía que ella había cambiado. Ahora era más alta, más dura, más perspicaz –aunque ella siempre había sido perspicaz, y más fría que la mayoría a su edad. Raramente lo había sido con él, pero aún así, seguía siendo fría en ocasiones.

Y ahora estaba bajo la tutela directa de Alfred Bester.

Frost apretó los puños. No estaba reñido con la MetaPol en particular. Pero la MetaPol a menudo resultaba ser sólo una marioneta de hierro de los megalomaníacos y macabros que había a su cabeza, o dicho de otro modo, de los del Departamento Sigma. Defender a cualquier sección del Cuerpo Psíquico era defender ese corazón corrompido, y Frost no permitiría que eso continuara siendo así. Lo lamentaría, pero los tendría que eliminar, si le obligaban.

Eliminaría a Sheynell, si eso fuese necesario.

Endureció el gesto y también su mente, pasó por Aduanas –su ID falso no hizo sonar ninguna alarma en la red de seguridad BabCom, como le habían prometido—y continuó. Y dado no cejó en su caminar, ni se detuvo hasta abandonar la sala de tránsito, no vio a la joven mujer, vestida de negro pararse al final del hall, no la vio volverse como buscando una medio esperada, medio temida llamada. No vio al hombre de cabellos oscuros llamarla con impaciencia. Y no vio el modo en que ella se volvió hacia su destino, como si esperara una llamada que nunca iba a llegar.

SISTEMA ESTELAR gc8793                                                           

SECTOR 887, 43 X 79 X 42
16:20 ESTÁNDAR<

La nave de reconocimiento estaba tan vieja y tan maltrecha que fuera cual fuera su nombre, se había olvidado hacía tiempo. Triangular y verde, su fuselaje tenía forma de cigarro en su parte central, su casco de durialeación estaba abollado y resquebrajado, sus roturas estaban soldadas con simples parches. Su tripulación de veinte trabajaban en tres turnos, teóricamente. En realidad, había una gran flexibilidad de horarios y asignación de tareas.

La Subcomandante Zhirith era víctima de esa flexibilidad en ese preciso momento.

Arrastró una garra, distraída, por el brazo de la silla de mando. Su otra mano estaba ocupada en esos momentos en sujetar su cabeza; la palma de su mano sobre su mejilla, el codo del otro brazo estaba en el obro brazo de la silla, estaba sentada repanchigada en su asiento con un poco elegancia de la  que, un año atrás, no se hubiera creído capaz. Pero entonces, un año atrás ella era una joven oficial en alza en el Ashvalkhir, los Defensores del Mundo Libre conocida por su valentía e innovación al luchar contra las flotas del Gran Enemigo y los Centauri.

Especialmente los Centauri.

 

Y entonces cometió el error de estar al mando de una nave que se unió incondicionalmente al bombardeo de Centauri Primero, a finales del año pasado. Y pese a que no habían hecho más de lo que los Centauri habían hecho en su fugaz renacimiento y sus antiguos días del imperio, pese a la verdad y justicia de su acto, aunque implacable, la política de un Terrícola, un monstruo mestizo pseudo-Minbari, y su pujante Alianza habían borrado todo el poder, la gloria y el honor del Mundo Libre Drazi. La Coalición había buscado cabezas de turco. A ella, a su tripulación y a su nave les había tocado ser uno de ellos.

 

Así que ahora servía como oficial ejecutiva a bordo de ese cacharro explorador tan lejos de todo el resto de la galaxia civilizada, esto era mucho peor que cualquier sentencia de cárcel.

Había intentado durante un tiempo mantener una verdadera disciplina militar en la nave. Pero las naves de reconocimiento de esta clase no empleaban a la mejor de las tripulaciones; las primeras reacciones a sus intentos de inspecciones regulares y simulacros iban desde la aburrida indiferencia hasta la incredulidad y la risa. Ella era una de los tres oficiales asignados a la nave, y el Ingeniero en Jefe era tan desordenado y descuidado con sus habitaciones y sus hábitos (aunque no con los motores de la nave, afortunadamente) que podría perfectamente haberse tratado de uno más de la tripulación. El Comandante...

El Comandante era el Comandante.

 

Como si sus pensamientos hubiesen llamado a la realidad, la puerta del puente se abrió con un zumbido. Bueno, hubiese zumbado si hubiese funcionado correctamente; en realidad se abrió de golpe con un chirrido que daba escalofríos. Zhirith hizo un respingo al ponerse en pie, y dijo “Comandante Ulvargos.”

 

Nadie de la tripulación del puente se movió tan siquiera. Ulvargos se detuvo, se inclinó para mirar a una pantalla vacía y se observó a sí mismo. “Sí. Ese soy yo. Gracias, Subcomandante.”

 

Las escamas del cuello de Zhirith se erizaron. Apretó las garras. Pero pudo, con una enorme fuerza de voluntad, mantener un tono educado. “Puedo recordarle respetuosamente al Comandante que llega más de veinte shathtra tarde...”

 

“No puede.” La profunda voz de Ulvargos no había cambiado, pero había un brillo en sus ojos que se parecía a un destello de luz estelar sobre una espada. Zhirith se esforzó en calmarse. Lo fastidioso de su actitud y la verdad que había en sus palabras era discutible. Pero el que había un lado peligroso en ese Drazi, eso no lo era.

“Entendido señor. Mis disculpas.” Se puso a un lado. “Le cedo el control”

“Gracias Subcomandante.” De nuevo, una respuesta con un tono agrio. Nunca sabía si era de burla o no. Se acercó a su lado y examinó la pantalla principal, con los ojos siguió las formas agitadas de los asteroides mientras giraban lentamente a través del cinturón que ocupaba la pantalla. “¿Algo inusual en el informe?”

“No, señor. Nada”

“Mmm.” Ulvargos miró a la pantalla como si buscara secretos arcanos. “¿A qué distancia estamos de la puerta local?”

“Seis desrai de tiempo de vuelo, señor.”

“Muy bien. Continuaremos observando aquí durante mi turno, después, cuando el Señor de la Nave tome el relevo, apresúrese a llegar a la puerta y después continúen ruta.” Ulvargos se giró, se fue hacia la silla de mando y se dejó caer en ella, cogiendo una postura cómoda.

“De acuerdo, señor.”

“Qué belleza, ¿verdad?”

Zhirith respondió “¿Señor?”

“¿Ya no mira nunca al espacio, Subcomandante?”

Zhirith echó una ojeada a la pantalla. El cintuarón de asteroides se movían a la misma velocidad lenta. No había diferencia aparente. “No estoy segura de entenderle, señor.”

“Mire.” Ulvargos señaló la pantalla. “Su profundidad. La belleza de la obscuridad. El glamur de la noche.” Su voz había disminuido hasta ser un susurro; Zhirith tuvo que esforzarse para oírle –los Drazi se distinguían por tener muy buen sentido del olfato y de vista, pero su oído no era su aptitud más notable. “Estamos aquí junto a las estrellas, sabemos, vemos, la majestuosidad del espacio. La vasta magnificencia del vacío. La máxima frialdad, las máximas profundidades de la nada. ¿No lo ve, Subcomandante?

“¿Es que no lo ve?”

El puente se había quedado en silencio.

Zhirith casi odió hablar. Pero la ira dentro de ella no se iba a quedar en silencio. Lo mejor que podía hacer era utilizar un tono tan bajo que tan sólo Ulvargos la pudiese oír. “Yo veo una prisión, Comandante” respondió. “Veo la injusticia sin sentido y la ruina del orgullo de los nuestros. Veo un chiste sin gracia. ¿Es eso lo que deseaba oír?”

Ulvargos tardó unos segundos en responder. “No. Y tampoco era eso lo que yo quería decir.” Elevo su voz. “¡Comm-scanner!”

“Comandante.” El drazi en la estación que había nombrado se puso de pie de golpe. Zhirith tenía la terrible sospecha que éste se acababa de despertar.

“Escanee el cuadrante Gsi-32, y auméntelo a 100”

El drazi de comunicaciones dijo “de acuerdo, señor”. Pulsó las teclas sin prisa alguna. Una sección de la pantalla quedó encuadrada y aumentó hasta llenar toda la pantalla.

Zhirith inspiró aire.

La nave que apareció en la pantalla estaba incluso más dañada que la de los Drazi, si es que eso era posible. El daño mayor era un agujero hueco situado en la parte trasera, sus bordes estaban rasgados en algunos sitios y habían quedado desechos en otros. Había muescas y abolladuras y las señales desfiguraban el resto del casco, los estabilizadores parecían haber sido arrancados a mordiscos de la nave. Había unos cinco de estos, colocados en forma de estrella a lo largo del fuselaje azul y blanco, largo y estrecho como si fuera una flor larga y de corola estrecha. Sólo tres de estos estabilizadores estaban intactos: uno había desaparecido y un segundo había quedado medio separado. Leves destellos de luz salían de algunas partes del casco. No había signo alguno de vida.

Zhirith frunció el ceño. Nunca antes había visto una nave como esta. “¿Qué...?”

“Drakh” La voz de Ulvargos emanaba miedo y furia... pero también había una extraña resignación. Se giró de respente. “¡Armas!” Apunten, pero no disparen. Helm, acérquenos. Comm-scanner, coordínese su estación con la de Helm. Prepárense para dar una señal en el instante en que vean cualquier signo que se pueda interesar como hostil. Armas, disparen en el momento en que reciban la señal.”

“De acuerdo, señor”

“De acuerdo”

La nave se movió levemente cuando se encendieron los motores; débilmente a través del campo de compensación, Zhirith sintió un rastro de aceleración que en condiciones normales estaría por encima de cuatro drazgravs. Incluso eso era un indicador de lo mal que funcionaban los sistemas de la nave. Pero no podía preocuparse de eso ahora. Miraba fijamente a Ulvargos.

“Comandante.. ¿Qué son los Drakh?”

“Una pesadilla.” Las garras de Ulvargos rascaban sus palmas. “Una pesadilla que preferiría destruir, si tengo elección. Pero..” Inspiró con aliento entrecortado. “Es posible que esta oportunidad no vuelva a presentarse. Están destruidos e indefensos pero algunos pueden seguir vivos. Tenemos que capturar a los supervivientes, Subcomandante, si podemos. Tenemos que hacerlo.”

“¿Por qué?”

Ulvargos tardó unos instantes en responder. “Para sobrevivir, Zhirith. Para sobrevivir.”

BABYLON 5                                                           

SECTOR MARRÓN
23:44 ESTÁNDAR

G’Stral se despertó con un cuchillo en su garganta.

En ese primer instante la sorpresa fue tan grande que ahogó su miedo. Él nunca tenía el sueño tan ligero, y además había asegurado la puerta. Nadie debería haber podido lograr entrar en su habitáculo sin despertarle, y menos acercarse tanto como para lograr entrar en contacto con su piel. Sin tensarse dejó que sus músculos y sus sentidos le dijeran dónde se hallaba el intruso: arrodillado tras él, con un brazo sobre su pecho, y el codo sobre su esternón, el cuchillo estaba justo bajo su barbilla. Una postura muy peligrosa. Pero si G’Stral se tiraba hacia atrás, con la barbilla hacia arriba, y el brazo izquierdo hacia abajo y hacia atrás...

La hoja del cuchillo se movió, apretándose más contra su cuello, estaba tan cerca que cualquier movimiento hacia cualquier lado le rebanaría el cuello. El peso del cuerpo de su atacante presionaba el suyo. No podría, ni con su fuerza de Narn, zafarse  lo suficientemente rápido como para escaparse del cuchillo. Aún así sólo había sorpresa y shock. ¿Cómo había sabido? ¿Cómo..?

“Sin trucos, chico” susurró una voz que G’Stral no había oído en dos meses terrestres. Pero la reconoció igualmente. “Me conoces ¿verdad?”

Si había una cosa que el joven Narn sabía ser, era cuidadoso. {{Sí, Sr. Frost}} pensó tan claramente como pudo, en inglés {{Le conozco}}

{{Eso le convierte a usted en un obstáculo}} La corriente mental vibraba en la cabeza de G’Stral, la sensación era como la de poner una mano sobre una dinamo, la misma sensación eléctrica de energía canalizada y letal. {{Ya no estoy en situación de poderme permitir dejar cabos sueltos tras de mí. Tienes cinco segundos para convencerme de que eres una ventaja}}

Por fin, apareció el miedo.

ir al principio 

**** ACTO UNO ****

BABYLON 5
SECTOR MARRÓN
23:45 ESTÁNDAR, 14/03/2263

Para algunas personas, el miedo era la parálisis. Para G'Stral, era estimulante. Permitió que se apoderara de él, y lo canalizó deliberadamente, temblando e ignorando la hoja del cuchillo que apretaban contra su garganta. {{G'Lan no G'Lan no G'Lan..}}

"¡Basta!" dijo Frost.

Eso era lo que estaba esperando, lo que había provocado... sus emociones habían hecho que el telépata retrocediera lo suficiente. La mano de G'Stral golpeó el cuchillo y se lo arrebató al telépata. Él rodó por el suelo para cogerlo, y se puso en posición de combate. Sin embargo Frost no era tonto. El telépata también se puso en guardia, en vez de ir a por él o intentar recuperar el cuchillo. Ahora estaba delante de la puerta, que era la única salida. Su postura, como la de G'Stral, era de combate.

El Narn y el telépata se miraron uno al otro. Frost tenía una expresión de ira. "Chico listo, pero tan sólo estás prolongando lo inevitable."

"En realidad no." A pesar del miedo que ambos sentían como real, la voz de G'Stral tenía un tono de tranquilidad. "La verdad es que no me gusta que alguien me intente sacar información antes de estar preparado para que yo se la dé."

Curiosamente, asomó a la cara de Frost una medio sonrisa y un destello de humor. "Si crees que eso es malo, chico, espera a que tu raza vuelva a producir sus propios telépatas." Su sonrisa se desvaneció. "No podrás bloquearme mucho tiempo, ya lo sabes."

"Quizá no." G'Stral flexionó sus dedos. "Pero ¿qué te apuestas que no puedes traspasar mis bloqueos, dejar mi mente intacta y además controlarme físicamente al mismo tiempo? En cuanto te distraigas para atraparme, yo te rompere el cuello."

"Eso quizá no sea tan fácil como tú crees, chico."

"¿Te gustaría averiguarlo?"

"No especialmente" admitió Frost. "Pero lo intentaré, si es necesario. A menos que puedas demostrarme que dejarte marchar es el riesgo menor."

"Verás, en eso es en lo que puedo ayudarte." Deliberadamente, G'Stral cambió de postura, y se cruzó de brazos. "¿Quiere hablar de negocios, Sr. Frost? Hablemos de negocios."

Frost se lo quedó mirando y esbozó una leve sonrisa. "Y ¿qué puedes ofrecerme que yo no pueda sacarte personalmente de la cabeza?"

"Cooperación y contactos." G'Stral no le devolvió la sonrisa. "Concretamente, un grupo de personas que tú podrías tener interés en conocer."

"¿Y esas personas son...?"

"Creo que tú las llamarías Byronitas".

GINEBRA, SUIZA
BAJO EL CENTRO DE TRANSPORTES
15/3/2263

El Dr Franklin levantó la vista cuando su captor entró en su habitación. Había estado en la cama, despierto durante una hora o así; la habitación era bastante cómoda, pero no tenía ventanas, ni video, ni había nada que leer, y el que la luz siempre estuviera encendida, y el aburrimiento estaban empezando a minarle los nervios. Era un efecto calculado, sin duda.

"Buenos días, Doctor" le dijo el hombre de cabellos blancos. Franklin se levantó.

"¿Lo son?" preguntó.

El hombre sonrió. "Sí, de hecho, lo son. Quizá es un poco temprano, pero los dos somos madrugadores. Le gustará saber que el Z'shailyl consiguió llegar bien a su nave" añadió. "Él prometió que le diría al Consejo Drakh que nosotros hicimos todo lo que pudimos para salvar a la Vaarliht. No fue culpa suya, Doctor." Su boca se torció con ironía "Pero yo me quise asegurar"

Obviamente, el jefe del Buró 13 no se fiaba de Franklin no saboteara, de alguna forma, el tratamiento de la Drakh moribunda. Eso demostraba que, a pesar de toda la información que la organización secreta tenía sobre él, había unas pocas cosas que no sabían --o que Molyneux no se permitía creer. Franklin se pasó los dedos por sus poblados cabellos negros, exasperado.

"¿Y qué me va a pasar ahora? Supongo que no podrá usted utilizar su autoridad para dejarme libre..."

"Me temo que no. A menos que, claro está ¿usted pensará en unirse a nosotros?"

"Ni hablar."

"Vaya, y ni siquiera disimula usted. Admiro su sinceridad, doctor, aunque lamento la alternativa."

"¿Qué es lo que va a hacerme, matarme? Sé qué dijo usted que tenía un doble mío cubriendo mi ausencia en el Centro, pero que a la larga alguien se daría cuenta..."

"Pero tardarán todavía --nuestro agente es muy bueno. Pero sí, al final se notará que su trabajo no llega a su ... nivel. Será despedido por incompetencia, y lamentablemente, cometerá suicidio. Y se relacionará con una adicción a los estimulantes, bastante trágico. En cuanto a usted, me temo que es usted demasiado valioso para desperdiciarle, aunque usted no coopere... conscientemente."

Stephen gruñó. "Los escáners profundo y la información extraída mediante drogas no pueden substituir a una mente consciente trabajando."

"Eso es cierto. Pero servirá. Ahora bien, las condiciones de su cautiverio son otra cuestión. Podríamos mantenerle aquí, en esta celda... con la luz encendida, con pocos estímulos físicos e intelectuales; o podríamos hacer que todo fuera ... más cómodo."

"¿Y el precio?" preguntó Franklin --no es que pensara aceptar nada, pero no iba a hacerle daño saber qué opciones tenía.

"Oh, no demasiado. Hay un problema de investigación con el que usted podría ayudarme..."

"Se lo dije, no pienso ayudarle en sus 'proyectos'"

"Esto no es un trabajo para el Buró." Le cortó Molyneux. "Es una ... investigación privada, podríamos decir."

Sacó de un bolsillo de su chaqueta un pequeño vial, que contenía un fluido amarillento, teñido con sangre. "Aquí hay una muestra de biotecnología alienígena. No funciona bien. Necesito que usted lo arregle."

A pesar de sus propias objeciones, Franklin fue a coger el vial "no veo nada...".

"Es nanotecnología, Doctor. Pequeñas máquinas que trabajan dentro del cuerpo, replicándose según sea necesario, y alimentándose del huésped con su energía y nutrientes."

"Nanotec..." Franklin negó con la cabeza. "He oído hablar de ella, pero nunca la había visto... además, yo soy doctor, no ingeniero."

Molyneux sonrió, se daba cuenta de que Franklin se había interesado inconscientemente en el asunto. "Estoy seguro de que usted podría lograrlo, Doctor. Tengo un equipo médico trabajando en otra parte, podrá usted trabajar sin que le molesten. Volveré más tarde. Por el momento, disfrute de su desayuno, y ... buena suerte."

La puerta se cerró tras él, y Franklin se quedó observando el vial.

SYSTEMA ESTELAR GC 8793

Mientras la nave de exploración se acercaba a la nave Drakh averiada --un proceso que llevaba su tiempo, a pesar de la potencia que tenían los motores de la nave; muchos olvidaban lo grande que era el espacio-- Ulvargos estaba sentado en el puente, con su atenta mirada fijada en la nave, conforme se hacía más y más grande en la pantalla. Zhirith había dejado la guardia, había comido y dormido, y había vuelto seis desrai más tarde y se lo había encontrado en la misma postura, con los ojos fijos. Con lo que parecía miedo, ella ocupó su sitio a su derecha.

"Subcomandante" dijo Ulvargos distante. "Bien. Tenía que estar usted aquí para ver esto. ¿Tenemos mejores lecturas, Com-Scan?"

"No, señor, todavía no. Y estamos a apenas un khasra. Si no logramos unas lecturas decentes a esta distancia, dudo que las vayamos a tener."

Zhirith pensó en darle un golpe al Drazi en la cabeza. Ella era la subcomandante; era prerrogativa suya el desafiar al comandante si era necesario. "No puede quedar energía en esa nave" le dijo ella "no la suficiente como para que pudieran mantener cualquier tipo de bloqueo."

"Puede que no se trate de un campo de energía" dijo Ulvargos. "Algunas medidas se pueden crear dentro del casco, con unos materiales que podrían distorsionar o absorber los escáners. Tendremos que subir a bordo, en persona."

"¿Nosotros?" dijo Zhirith.

Ulvargos abrió un canal de comunicación interna desde los controles en su silla de mando. "Puente a Mrezak" espetó, sin esperar a que le respondieran. "Llevada Tirov y Dralakah a la escotilla tres en cinco shathtra. Con trajes de batalla." Entonces se irguió "¿Subcomandante?"

"¿Señor?! Zhirith odiaba de verdad sentir que no entendía lo que estaba pasando.

"¿Viene usted?"

Varias respuestas se agolparon en su garganta. {{¿Y dejar el puente sin los dos oficiales de mando?}} era una; {{¿Me da usted a elegir?}} era otra. {{¿Cómo se le ocurre pensar que puede usted abandonarme?}} era la tercera.

Pero la que le salió fue:

"Sin dudarlo, señor."

Los trajes de batalla Drazi eran pesados, como armaduras, llevaban además armas, lo que hacía que fuesen una especie de tanques espaciales. Pero la gravedad cero, las leyes del movimiento los hacían más sencillos de manipular. Zhirith salió al espacio.

Mientras manipulaba sus impulsores con cuidado, las holopantallas de su casco mostraban a la nave averiada, girando. Demasiadas lecturas mostraban "DESCONOCIDO" o "INDETERMINADO".. para su disgusto. Algunos de los componentes eran orgánicos, otros metálicos, cerámicos, y otros no se mostraban en los ordenadores.

Ahora estaban más cerca. Zhirith empezaron a calcular las trayectorias correctas para poder entrar por una de las brechas.

"¡Comandante!" Era el Comm-scan. "Detecto un aumento de energía en la parte frontal de la nave. Posible armamento."

"De acuerdo. Equipo de avanzada. Dispérsense." Los impulsores de Ulvargos se encendieron y se movió a la izquierda. Instintivamente Zhirith se fue a la derecha. Los otros tres se fueron en distintas direcciones. Los Drazi se movían de un lado a otro, evitando mantenerse dos segundos en el mismo punto.

Entonces brilló un destello a un lado de la nave. En el silencio se abrió camino un rayo de energía. Pero los Drazi eran demasiado pequeños, demasiado rápidos, se movían de forma poco previsible. El rayo partió el vacío. Antes de que volviera a disparar, los uniformes espaciales liberaron algunas armas poderosas. Los Drazi no necesitaban órdenes. De repente convergieron cinco ríos de energía sobre el foco del fuego. Brilló y se desintegró sin ruido.

Zhirith silvó triunfal. Por primera vez en mucho tiempo, se volvía a sentir una guerrera.

"Lecturas de energía" pidió Ulvargos.

"Disminuyendo, señor" informó la nave. "Creo que se ha acabado. No queda nada." Unos segundos. "Comandante, las lecturas mejoran, la pérdida de energía debe haber apagado el campo de bloqueo. Detecto signos de vida. Dos. Uno especialmente débil."

"¿Campo de bloqueo?" se sorprendió Zhirith. "Comandante, creía que había dicho usted que no quedaba suficiente energía para eso."

"No, subcomandante. Usted lo dijo."

Las escamas de Zhirith se erizaron para expulsar su ira y humillación. "Quiero decir..."

"Sé lo que quiere decir, Zhirith. Su tecnología de ocultación es evidentemente más sutil, y también más potente. Un campo de bloqueo que no hemos podido detectar y que nos ha estado bloqueando..." El comanante siguió. "No importa. Nave de exploración, ¿localización de signos de vida?"

"Cerca del cuerpo central de la nave, comandante"

"¿Sí?"

"Tenga cuidado"

Durante unos extraños y dolorosos momentos Zhirith tuvo que tragarse su dolor. Dos palabras. Eso era todo. Pero estas palabras y sus sentimientos eran más de lo que nunca había recibido de su tripulación.

"Lo tendré."

Los trajes de combate coincidieron en la brecha mayor del casco de la nave. Uno a uno fueron desapareciendo dentro, como si se los hubiera tragado.


BABYLON 5
GRIS 24

Incluso en el Bajo Fondo, algunas zonas eran más deseables que otras. Los pasillos por los que G'Stral caminaba ahora, con Frost a su lado como una sombra cortante, estaban cerca de los límites de lo deseable.

El Sector Gris estaba destinado a zonas de mantenimiento/industriales de B5, y en su mayoría servían esa función. Por ello, la temperatura era bastante más baja que en el resto de la estación...

"¿Cómo sobreviven aquí?" preguntó Frost.

G'Stral se encogió de hombros. "Roban comida. Trabajan a todas horas, en trabajos en los hangares, trabajos para las que los capitanes de las naves no quieren pagar impuestos, o que no son muy legales. Y otros trabajos. También hay oficinas benéficas que les ofrecen ayudas. El Laboratorio Médico a veces paga por sangre. Pero eso es un riesgo si los médicos deciden buscar ADN.."

"Nadie sabe que están aquí."

Algunos han escapado de las unidades de rastreadores. Otros estaban de paso y no sabían de la muerte de Byron hasta que llegaron aquí, y eso les dejó sin un sitio a donde ir. Y otros son simplemente ilegales que acabaron aquí por accidente y se metieron en el primer grupo que encontraron."

"Perfecto."

"¿El qué?"

Frost se frotó las manos. "Me preocupaba tener que tratar con mártires y puristas. Pero estas personas estarán desesperadas. Eso es exactamente lo que busco."

"Para hacer ¿qué, exactamente? G'Stral no estaba seguro de por qué estaba preguntando; no es que le importara. Pero la satisfacción que detectaba en la voz de Frost, le inquietaba.

"Eso mismo me preguntaba yo." Bajo las palabras se oyó el rugido de una PPG. Frost y G'Stral se giraron al unísono.

Era un hombre de complexión ligera, pálido, con unos ojos negros, atormentados, y una melena de cabellos negros. Pero su mirada era inflexible, como la pistola que sujetaba frente a sus ojos. "¿Qué estás haciendo, G'Stral? Creía que tenías un código para estos asuntos."

"Lo tengo" dijo el joven Narn. "Y si vosotros tuvieráis un contrato fijo conmigo, yo tendría mi boca cerrada. Tu líder prefirió no hacerlo así. Además, es uno de los tuyos."

"¿Qué?" el hombre frunció el ceño.

"Permita que me presente" dijo Frost. "Soy el Dr Paul Frost, de la última Administración Central del Cuerpo Psíquico, ahora independiente. Nivel P11." Sonrió, y de repente el aire a su alrededor pareció brillar radiante. Como respuesta refleja, G'Stral sintió como si del hombre saliera una onda de energía. Pero era menos potente, más débil. Los dos hombres se miraron a los ojos, entre ellos había un intercambio de energía. G'Stral tuvo la incómoda sensación de que él había dejado de existir.

"Owen era un P10" dijo el extraño. "Con bloqueos lo suficientemente fuertes para evitar a un P12. Ha muerto. Todos mueren. ¿Que te hace pensar que tú puedes hacerlo mejor?"

"Porque la fuerza es inútil sin la habilidad." La sonrisa de Frost cambió de matiz. "¿Verdad Makay?"

El otro hombre se llevó la mano a la sien. "¿Cómo ...--no lo he notado.." Bajó la PPG. "Nadie es tan sutil."

"La MetaPol no necesita ser sutil" afirmó Frost. "Los que trabajamos en la sombra, debemos desarrollar otras técnicas. Algunas puedo enseñártelas."

"¿Y qué hay de él?" preguntó Makay, con la PPG apuntando a G'Stral.

"Oh, hay un modo sencillo de mantenerlo callado" dijo Frost "Sr G'Stral, vamos a necesitar muchos suministros. Mis contactos tienen dinero para hacer que valga la pena... ¿querrá usted trabajar con nosotros?"

"¿Cuánto?"

Frost revolvió en su bolsillo, sacó una tarjeta de crédito y se la dio a G'Stral. Éste la cogió, y comprobó la lectura. La cifra que se veía, hizo que se le secara la boca. "Yo.. em.. sí. Desde luego. Contratado."

"Excelente." Frost se volvió a Makay. "G'Stral, verás, tiene su código. Y ahora yo tengo un contrato estable con él. Está obligado a mantenerse en silencio ¿no?" {{Y por cierto}} fue la fuerte y rápida respuesta telepática {{si descubro que utilizas más pretextos, haré que te despellejen. No permitiré que estropees mis planes de nuevo, Stral.}}

No fue sólo la fuerte y fría intención con la que le envío esto a G'Stral.. sino lo que subyacía a esa amenaza. En primer lugar, históricamente el peor castigo en la cultura Narn era ser despellejado, ya que tanto G'Quan, como Ta'Kor y Na'Kiri habían sufrido esa muerte en los Días de la Oscuridad. Y en segundo lugar, era un insulto humillante que se dirigieran a uno sin el prefijo de su nombre.. era como decir que no eres merecedor de tu Patrón; que estás por debajo del odio, que mereces sólo asco y repugnancia. Era tan terrible esta maldición que, había desaparecido tras la ocupación Centauri; ahora este tipo de afirmación se reservaba a los Centauri, pero nunca se pronunciaba contra otro Narn. Pero que Frost, un humano, hubiera averiguado que esto existía, y supiera como utilizarlo... ¿qué más sabía? ¿qué otras sorpresas tenía preparadas? ¿cuáles eran sus planes?

Por tercera vez ese año, G'Stral se había dado cuenta de algo desagradable y poco familiar: que las circunstancias le superaban.

"Bien" Makay retiró la PPG. "Te llevaré a ver a Evenrain. Ella querrá conocerte. Puede que..." Dudó. "Puede que ella no esté de acuerdo contigo, Doctor."

"Estoy seguro de que sí lo estará." Frost inclinó la cabeza, un gesto que no contenía signo alguno de respeto. "Déjame a mí a Evenrain."

Makay abrió la boca. Frost le miró fijamente. "Déjamela.. a mí."

Makay tragó saliva.

SISTEMA ESTELAR GC-8793
NAVE DRAKH NO IDENTIFICADA

Los pasillos interiores de la nave Drakh eran hexagonales en su sección central, más altos que anchos, y estaban revestidos con una extraña malla de varillas metalo-orgánicas que se inflaban bajo la gravedad cero, y formaban barrotes a lo largo de las seis paredes. Sin energía, suponía Zhirith, las varillas seguramente se aflojaban y se formaba un suelo por el que caminar. Era un método ingenioso.

Los trajes de batalla eran demasiado aparatosos para ir por los pasillos de la nave. Quitarse los trajes suponía que los cinco Drazi se quedarían con sus trajes espaciales, con tan sólo las armas de mano. Pero ahora ya no podían volvera atrás. Siguiendo las instrucciones que les daban desde la nave, navegaron por los extraños pasadizos y estancias destrozadas, llenas de equipo extraño, y consolas muertas hasta que, cerca del final de la nave, llegaron hasta una amplia puerta ovoide, sellada por el vacío.

"Toda la energía está al otro lado de esa puerta" les llegó la voz del Comm-scan a través de sus cascos. "Y los signos de vida-- corrección, signo de vida. Hemos perdido una señal."

"¿Muerto?" dijo Ulvargos.

"Seguramente. Podría ser tan sólo una fluctuación en los scanners, pero no lo creo."

Ulvargos murmuró para sí. "Asumiremos que está vivo hasta que le veamos. Tirov, ¿puedes echar abajo la puerta?"

El técnico Drazi ya había abierto la consola de control, pero estaba perplejo ante el conjunto de componentes cristalinos y orgánicos que había en el interior. "Em.."

"Supongo que esto es un 'no'. Zhirith, prepara una cápsula de salvamento. Tirov, atrás. Todos vosotros, sujetáos y aguantad."

Tirov retrocedió a bastante distancia. Mientras Zhirith desembalaba un paquete adosado a la cápsula de mantenimiento de su traje, Ulvargos dirigió el disparo de su rifle a la consola de control abierta, y disparó. El rayo disruptor vaporizó los circuitos y el enchapado, y los redujo a fuego y gas. Las puertas se abrieron.

Una ola de fuerza --el aire que salía del interior de la cámara-- les golpeó con fuerza. Antes de que Ulvargos pudiera dar orden alguna, algo pasó junto a ellos a gran velocidad. Zhirith intentó desesperadamente ver qué era, pero no pudo. Era grande, vagamente parecido a un Drazi, su cara tenía forma de calavera, y unos huecos oscuros y llameantes por ojos; pero a este ser le cubría casi en su totalidad una distorsión imposible, como si no compartiese el mismo espacio-tiempo que los demás.

"¡Zhirith!"

Aunque tarde, al Subcomandante recordó. Pulsó los controles de sus impulsores y salió hacia delante.

La cámara parecía ser una especie de estación de ingeniería. Había pantallas por toda la estancia, con montones de consolas destrozadas bajo ellas, y un pilar en el centro, parpadeando con más datos ilejibles. Aferrado al pilar había otra criatura, vagamente similar al primer cuerpo que vieron, pero con una silueta más clara; su piel era curtida, su cabeza tenía cuernos, sus dedos tenían garras, y su color era un pardo apagado, como desteñido por el sol. Sus ojos brillaban con un rojo deslumbrante, el impulso de huir de ellos empezó a fallar y se disipó. Zhirith esperó, sus impulsores la acercaban más y más.

Ahora. El aire que le quedaba se le terminó, y se tiró sobre la criatura. Se giró, luchó débilmente, pero estaba casi inconsciente. En unos segundos Zhirith la logró encerrar en la cápsula cilíndrica que ella había preparado antes. Al tocar una consola de control, activó los sistemas de soporte vital de la cápsula: se hinchó con aire y se tensó.

"¿Subcomandante?" le dijo Ulvargos.

"Le tengo, señor." Por una vez no había amargura en sus palabras. El triunfo era algo extraño por algo que había hecho para servir unos propósitos que ella no entendía. Pero ahora, por lo menos, ella tenía derecho a reclamar una explicación. "Sugiero que introduzcamos un sedante en la cápsula."

"Aceptado. Ejecute."

Zhirith presionó un selector. En la pequeña pantalla, los indicadores atmosféricos cambiaron levemente. Suponiendo que esta cosa tuviera algo en común con el metabolismo Drazi --y debería, pues aparentemente respiraba oxígeno-- esto debería tenerla unas cuantas horas tranquila.

"Comandante Ulvargos" era el Comm-scan. "Leemos más aumentos de energía. Son unos sistemas que nunca habíamos visto; ¡emergen de todos los puntos de la nave!"

"¿Armas?"

"No lo creo, señor. Hay demasiada potencia, y pasa por todo el casco de la nvae, señor; creo que su superviviente puede haber activado un mecanismo de autodestrucción."

Ulvargos y Zhirith cerraron los ojos. El Comandante se giró y dijo "Tirov, Mrezak, Dralakh ¡Volved a la nave! Tan rápido como podáis, a toda potencia ¡Ahora!" Él encendió sus impulsores y salió disparado fuera de la estancia. Zhirith le siguió, llevando al remolque la cápsula de rescate. Salieron a toda prisa hacia la brecha.

En el último giro, vieron las estrellas al final del pasillo. Dralakh miró atrás. "Señor, los trajes de batalla, nos llevará tiempo.."

"Deje los trajes de batalla, ¡continúen!"

Los cinco Drazi salieron por la brecha del casco y navegaron hacia las estrellas, y divisaron la forma verde de su propia nave. Tras ellos, las líneas amarillentas en el casco de la nave empezaron a hacerse más y más brillantes, como si unas venas de sangre se hubieran incendiado de repente dentro de la nave. Se derramaba la luz por las líneas, y se extenían por la piel de la nave. Los sensores del traje de Zhirith empezaron a registrar una subida, debido al calor y la energía que explotaba tras ellos en el espacio. Entonces envío una señal general: "No miréis atrás! ¡Podríais quedaros ciegos!"

El espacio se aclaró como si fuera de día. No había aire que pudiera transportar la onda expansiva cinética, pero Zhirith sintió el calor contra su espalda, como una presión tangible. Sus sensores dispararon todas las alarmas. Pulsó los impulsores hasta niveles peligrosos, ignorando las alarmas. La nave de exploración empezó a maniobrar, para ponerles accesible su escotilla abierta. La deflagración pasó junto a ellos, parte de ella se precipitó contra el casco de la nave Drazi, y después vio como la escotilla se precipitaba contra ella.

Entró de golpe, y cayó contra la pared de enfrente. Los demás se precipitaron tras ella, formándose un aunténtico lío de brazos y piernas, apilados sobre ella y la cápsula de rescate. Mezrak, el último, aterrizó con un gran golpe, y la puerta externa se cerró. El sonido y la gravedad volvieron con una ráfaga de aire. A través del plexicristal de la escotilla, la radiación cegadora de la nave Drakh resplandecía.

Ulvargos se quitó el casco. "¡Timón!" gritó "estamos dentro. ¡A toda potencia, sacadnos de aquí, y poned rumbo a la puerta de salto!"

"De acuerdo, señor" La aceleración hizo vibrar el casco. El resplandor empezó a desvanecerse conforme la nave giraba.

Zhirith se quitó su casco, respirando con dificultad, sus escamas se erizaron mientras su cuerpo intentaba desesperadamente enfriarse. "¿Y ahora qué, Comandante?"

"Ahora veremos si ha valido la pena el riesgo." Ulvargos le dio un codazo a la cápsula de rescate. Sus ojos eran fríos y pequeños.

BABYLON 5
GRIS 13

La anciana levantó brevemente la vista de su labor de punto, al ver a los tres entrar. Conocía a dos de ellos. Al tercero no lo reconoció. Pero supo qué era en cuanto le vio. Ese poder, esa arrogancia, seguro que alguna vez le traicionarían. Ella había tenido algo parecido, una vez hace mucho tiempo. Volvió a su labor, esperando a que se acercaran.

Era una entrada alargada, oscura e iluminada tan sólo por un fuego pequeño en el centro. Mientras los tres caminaban por él hacia ella, los demás se volvieron desde sus catres, rincones y grietas, para mirar. Por primera vez desde la muerte de Owen Strainger la vergüenza y el dolor de Makay Dubois habían sido sustituidas por otra cosa: el miedo, un nuevo miedo, un extraño miedo. G'Stral era todavía más inusual. A ella no le gustaba el joven Narn, pero respetaba su honor imposible de comprometer, y se había asegurado que estuvieran asistidos en todo momento. El que consiguiera que siempre le pagaran el máximo que la gente se pudiera permitir por esa ayuda, siempre, era algo menos común, pero claro, no se encontraban en situación de elegir. Tampoco es que los hubiera buscado; siempre era al revés. A ella no le gustaba este cambio.

Sin embargo el tercero...

Cuando se aproximaron, ella les oyó respirar con más dificultad de la usual. Sin levantar la vista, ella se permitió sonreir levemente. "Así que habéis hecho ejercicio ¿verdad?"

"Once niveles... trepando arriba por un agujero." El hombre con bigotes sonrió. "Señora Evenrain, veo que tiene buenas medidas de seguridad. Esta es la única entrada, supongo."

Evenrain asintió. "Y la única salida, a no ser que quiera quedar reducido a cenizas y caer por un conducto de ventilación." Dejó el punto y les señaló con una de las agujas. "¿Quién eres y qué quieres?"

"Directa. Me gusta" El hombre de bigotes respiró hondo y se irguió. "Soy el Dr. Paul Frost y la quiero a usted."

Evenrain le miró de lado. "¿Y las flores y los bombones?"

"Debo aclarárselo. A usted.. y a los suyos." Se volvió sin avisar, y vio muchos ojos mirándole desde todo el pasillo. Tan sólo es un gesto; sabía a dónde iba dirigida toda su atención, al igual que la de Makay y Evenrain. Incluso G'Stral podía leer suficientemente bien las corrientes de la tensión que recorrían la habitación. "Os necesito. A todos vosotros."

"¿Para qué?"

"La libertad"

"¿De quién?"

Frost no se volvió a mirarla. "La mía y la vuestra. La libertad para vivir y trabajar como queramos. La libertad para no ser manipulados genéticamente, ni torturados. La libertad para no ser cazados como animales, sólo porque no queremos tomar medicamentos ni acatar órdenes. Y sobre todo.." ahora sí se giró para mirar a Evenrain "la libertad para sobrevivir. Para luchar y vivir. Para actuar, no huir y escondernos. Para hacer que nuestro mundo vuelva a ser nuestro, y no tener que rogar ni sobornar un planeta perdido. Necesito volver a ser humano, para ayudar a que toda nuestra gente sea humana"

Los ecos de su discurso se desvanecieron, resonando en el silencio; tan sólo el chisporroteo del fuego llenaron el espacio después.

Evenrain hizo un sonido "pff" que agujereó el ambiente como una aguja un globo. "Bonitas palabras, joven. ¿Pero qué tienes para sustentarlas? ¿Suponiendo que las queramos?" Atrapó a los demás con su propia mirada, su propio poder; no era igual que el de él, pero para ellos era más conocido, más íntimo, les tocaba a un nivel más profundo. "Tus bonitos discursos siempre parecen olvidar mencionar las muertes y los asesinatos. El dolor y la tristeza. ¿Cuántos de nosotros se sacrificarían por tu visión de libertad?"

"Ninguno" Dijo sin dudar. "No he venido aquí para que os convirtáis en guerreros. No es el modo en que hago las cosas, para empezar, y tampoco es el vuestro. Pero puedo daros más opciones a elegir, cuando decidáis cuál es vuestra forma de hacer las cosas. Eso es lo que significa la libertad, después de todo: poder elegir."

Frost les miró uno a uno. "Muchos de vosotros salísteis corriendo en cuanto supisteis lo que éraia. Muchos otros se entregaron al Cuerpo Psíquico a las pocas semanas o menses. Algunos pocos de vosotros tenéis un poder considerable. Pero no habéis sido entrenados correctamente. Y no hablo sólo de vuestra capacidad telepática. Hablo de el entrenamiento para la supervivencia, para ser responsable de quién sois y dónde estáis. Para que toméis el control de vuestra vida! ¡Eso es lo que debéis elegir! Pero cuando yo haya terminado con vosotros, sabréis lo que significa la verdadera libertad."

"Detalles, Dr Frost" gruñó Evenrain. "Más bonitos discursos. Más slogans y yo sigo viendo cadáveres al final del camino. Deme un ejemplo."

Frost dejó de moverse. Después sonrió.

Y desapareció.

Evenrain se puso en pie. Los Byronitas retrocedieron con un murmullo de sorpresa que se escuchó física y telepáticamente. Su mente se proyectó, buscando las emanaciones telepáticas de los pensamientos de Frost. No había nada, en ningún sitio. Era como si él simplemente hubiera...

"... ¿desaparecido?" Pero Frost estaba junto al fuego, sólido, con el resplandor de su mente tan brillante y poderoso como siempre. Un pulso de gran sorpresa se apoderó de la habitación y se desvaneció en el silencio.

"Tan sólo Byron estaba adiestrado para hacer eso" susurró Evenrain. "Y ni siquiera él podía esconderse de todos nosotros. Sólo de los mundanos."

Frost cruzó los brazos, sonriendo. "Y si yo puedo esconderme de todos vosotros, pensad que yo puedo enseñaros a esconderos de los mundanos. De las Fuerzas de Seguridad." Se detuvo. "De los guardias del Laboratorio médico." Y sus ojos se dirigieron a una silueta escondida en una manta, una joven pálida, cuya piel brillaba incluso en la frialdad de la habitación.

Evenrain se mordió el labio como si sintiera el peso de sus seguidores sobre ella. No le gustaba ese hombre. No confiaba en él. De hecho, cada vez le daba más miedo.

Pero esas habilidades y ese adiestramiento...

Lentamente, dio un paso adelante y puso los codos sobre las rodillas, se sujetó la barbilla con las manos, y le miró directamente a los ojos. "Empiece a hablar, Sr Frost."

La sonrisa de Frost tomó un matiz de triunfo. Makay se alejó de él. Y al fondo de la habitación, G'Stral se volvió y huyó.

GINEBRA, SUIZA
BAJO EL CENTRO DE TRANPORTES
16/03/2263

"¿Va progresando?" preguntó Molyneux.

Franklin ni siquiera levantó la vista del visor de su microscopio. "Bien, considerando que no tengo ni idea de lo que busco, ni de lo que estoy mirando."

La puerta se cerró. Stephen suspiró y echó un vistazo. Molyneux parecía cansado, exhausto, las arrugas de su cara parecían más profundas de lo usual. Sus cabellos blancos, que a Stephen le habían parecido incongruentes, hasta que se enteró de que el hombre había sido rejuvenecido por las Sombras --quizá le habían quitado unos veinte años de su verdadera edad biológica-- de repente le hacían parecer frágil y vulnerable. Las piezas encajaron.

"Es usted ¿no? Usted es el huésped de estos nanoitos. ¿Pero qué se supone que hacen? ¿Evitan que usted envejezca? ¿Cuánto tiempo.."

En ese momento la puerta se abrió de nuevo, y apareció la ayudante del hombre, la telépata Donne. "Sr Molyneux" dijo con su voz seca y levemente ronca. "Creía que estas instalaciones estaban cerradas."

"Srta Donne" le respondió su superior. "Creía que usted estaría de camino para supervisar la operación Ganímedes"

"Mi lanzadera sale en media hora. Quería dar una última ojeada por el complejo antes de irme."

"Bien, continúe" la invitó Molyneux.

Donne se giró para irse, y después se volvió. "¿Entonces el Sr Franklin ha decidido trabajar con nosotros?

"Está investigando algo para mí" respondió Molyneux con evasivas, adelantándose a la airada negativa de Franklin. El doctor se apaciguó. Los dos humanos, vestidos de negro, y de mirada fría, estaban unidos por odio a todo lo que Franklin amaba, estaban allí depie mostrando su oposición. El doctor se preguntaba si existía algún modo de poder dividir su unidad para su conveniencia --pero la mujer, una psicópata, le producía escalofríos, y el hombre, aunque por fuera se veía más civilizado, tal vez por eso mismo era más peligroso.

De repente, la mirada del telépata se desvió hacia el doctor. Moviéndose con una ligereza engañosa, Molyneux se interpuso entre ellos. Permanecieron en silencio, en un combate invisible, durante unos largos instantes.

"Eso será todo, Srta. Donne" le dijo por fin el hombre. Durante unos segundos dudó, y después la ex Psico Agente asintió, giró sobre sus tobillos, y se fue.

La puerta se cerró, Molyneux se tambaleó, y se hubiera caido si Franklin no hubiera dado un paso adelante para ayudarle a que se sentara en una silla. Le caía sudor por la frente, y le temblaban las manos hasta que se calmó.

"¿Está usted bien?" le preguntó Stephen, castigándose mentálmente por su preocupación refleja. Este hombre era su enemigo ¡maldita sea!

Molyneux asintió. "Ha.. ha sido más difícil de lo que me esperaba. Se nos acaba el tiempo, doctor."

"¿El tiempo? ¿Tiempo para qué?" preguntó Franklin, confundido --y después miró al vial. "Usted quiere decir..."

Molyneux volvió a asentir. "De momento estamos a salvo. Pero cuando ella vuelva... me temo que las vidas de ambos estarán en las manos de usted."

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**** ACTO DOS ****


BABYLON 5
LABORATORIO MÉDICO UNO
23:47 EST, 20/03/2263

"Y aquí estamos" murmuró Lillian Hobbs a través de su máscara, maniobrando con sus diminutos controles en su quirófano. En la gran pantalla que había sobre la mesa de operaciones, un campo de pulsaciones rojas estaba levemente iluminado con unos destellos azulados y violetas. A un lado se veía una masa. "Vaya, es bastante grande. Hemos llegado justo a tiempo."

La enfermera miró al hombre que yacía inconsciente sobre la mesa, una pequeña obertura en un costado les daba acceso con la sonda de microláser. "¿Cuánto debe medir, nueve? Es un milagro que no estuviera ya muerto."

Lillian asintió con gravedad. Con cuidado llevó la sonda de microláser hacia la oscura masa del coágulo, centrándola en la pantalla. "No es exactamente igual que los cuágulos a los que está acostumbrado, Jacob. No es la coagulación normal de una dieta con exceso de colesterol; hay una vitamina en particular en la comida Minbari que en algunas ocasiones reacciona a la sangre humana para formar una hipercoagulina irregular, pero potente."

Jacob parecía pensativo. "Así que si la acción coagulante es así de potente pero así de irregular..."

"... te encuentras con unos coágulos que se forman con rápidez, y de gran solidez, y que por esa misma razón es casi imposible que se extiendan. Así que a menos que se forme uno justo en el corazón, rara vez son letales. Dado que esto tan sólo ocurre en uno entre cien mil humanos, no creo que los cocineros Minbari deban preocuparse." Encendió el láser. Una pequeña zona del coágulo se disolvió. "Aunque eso no quiere decir que no debamos tener mucho cuidado... con uno que esté cerca del corazón, el láser mismo podría reventarlo y provocar que se extienda, como tememos." Se detuvo. "Creo que necesitamos succión aquí. ¿Puede infiltrar con un catéter?"

"Deme veinte minutos. Si se estabiliza, también podría tomarse un ..." De repente Jacob bostezó "... descanso. Lleva usted 16 horas de turno."

"¿Descansar? Yo no... " bostezó Lilian "...estoy tan cansada." Y se rió a duras penas. "Ya ves.. ahora yo también bostezo"

Ella parpadeó. Algo era... había algo raro. Sintió los dedos adormecidos, y se notaba la nariz fría. Se sentía como si hubiera bebido mucho. Pero ella apenas tocaba el alcohol, y nunca lo hacía cuando le tocaba un turno largo. "Jacob, ¿qué.." ella volvió a bostezar. "¿Qué ... está... pasando..?"

"... Dios, ¡Oh Dios, Doctora'! Y de repente Jacob se inclinó sobre el hombre, y su bata médica y sus guantes se tiñeron de rojo. La cabeza del hombre empezó a zarandearse sobre la mesa de operaciones, el sonido agudo de los monitores indicaban fibrilación, el cable del microláser empezaba a desgarrar alrededor de la incisión . Lillian intentaba respirar. No había tiempo de preguntar cómo, sólo había tiempo para leer los monitores, para averiguar cómo se había soltado el coágulo y se estaba incrustando en el corazón, y al hombre le quedaban como mucho unos segundos de vida.

"Diez c.c.s vasoparizina, infiltración directa!" gritó. Mientras Jacob sujetaba la droga y llenaba la jeringa con ella, cogió los controles del microlaser y dirigió el catéter de fribra óptica en dirección ascendente por la vena. La sangre del gran vaso palpitaba como una riada, y eso hacía difícil mantener la sonda quirúrjica estable. Si el coágulo hubiera entrado de verdad en el corazón, él estaría ya muerto; lo único que cabía esperar era...

Allí. Sí. El coágulo estaba pegado a una válvula auricular, evitando que se cerrara, causando espasmos en el músculo. Eso le daba un ritmo inhumano. Pero no había modo de hacer que la vasoparizina actuara lo suficientemente rápido. Entonces cogió el láser, lo dirigió y disparó.

El rincón de la dura e irregular masa se vaporizó, y la válvula se cerró. El láser hizo un agujero en el coágulo, y la válvula empezó a abrirse de nuevo, volviendo a tragarse el coágulo. Tuvo que luchar mucho para alejarlo del corazón. Se estabilizó el pulso.

Jacob se quedó mirando la pantalla, aterrado, y después la miró a ella. Había olvidado que él estaba allí.

"Lo lograste" le dijo él.

"Yo..." De repente la asaltó la furia como si le hubieran tirado ácido. Se tragó sus palabras. "Voy a bajar la sonda a la base del abdomen. Vamos a extraerla con cirujía. Si esperamos a que haga efecto la vasoparizina, podría fragmentarse, y formarse otro coágulo."

"De acuerdo." Jacob aumentó el goteo de tranquilizantes, después le pasó el escalpelo. Mecanicamente, con su mente en confusión, Hobbes escogió el lugar y extrajo la sonda, con tanto cuidado como siempre.

Ella pensaba que podía soportar este ritmo. Dieciséis horas no era un turno ligero, pero lo había pasado peor en Urgencias, cuando estaba en un equipo de trauma. Pero eso fue años atrás. ¿Tal vez habría juzgado mal su aguante, su energía, que pudiera quedarse en blanco durante unos segundos vitales, justo a media operación de corazón? ¡Ni siquiera había tomado estimulantes! ¡Esto no debería pasarle a ella! Ella era sensata, por Dios, no era una idealista como el Dr Stephen Franklin. Ella era.. ella era..

Ella estaba muy cerca de ser una asesina. Y al pensarlo, sólo su auto-control evitó que las lágrimas le nublaran la visión.

No se percató del reloj que había en la pared, tampoco vio el armario semi-cerrado en el rincón de la habitación..


GINEBRA, SUIZA
BAJO EL CENTRO DE TRANSPORTES
20/03/2263

Tras varios días de intensas investigaciones, el Dr Franklin resumió sus hallazgos.

"La neurohormona psionefrina se utiliza en conjunción con unas redes neurales especializadas que producen el fenómeno que llamamos telepatía, telecinesis, etcétera. Ahora bien, incluso los 'mundanos' general una ínfima cantidad de esta hormona, pero no es suficiente para producir el efecto, tampoco las células de nuestro cerebro tienen la configuración adecuada."

"La droga que conocemos como 'polvo', que produce una forma limitada y temporal de telepatía, no sólo mimetiza la molécula de la psionefrina, sino que hace que las neuronas formen una configuración similar a la que se encuentra en los telépatas 'naturales'"

"Sus nanoitos operan de un modo similar, excepto en que ellos mismos forman la red cuando se concentran en el tronco cerebral. A diferencia de las redes neurales de los telépatas; la red de los nanoitos produce un campo anti-telepático, una especie de señal de bloqueo. Esta red también es potenciada con la psionefrina..."

"Su producción es también estimulada por los nanoitos. Soy muy consciente de ello, doctor" apuntó Molyneux impaciente. El jefe del Buró 13 parecía más demacrado --no sólo se estaba quedando sin resistencia a los escáneres telepáticos, también parecía que el fallo de los mismos nanoitos, o el stress de intentar funcionar normalmente, con la amenaza de la vuelta de su segundo al mando, estaban podiendo con él. "Los investigadores que contraté cuando yo me uní al Buró ya lo habían descubierto."

"¿Ellos ya se lo dijeron?" preguntó Stephen dubitativo. "Bueno, odio decirlo, pero o le han estado mintiendo, o intentaban llegar a una conclusión... de cualquier modo, se equivocaban."

"¿Qué?!!"

"Se equivocaban" repitió el doctor. "Las células de su cerebro no producen más psionefrina que el mío, ni lo han hecho nunca. Los mismos nanoitos contienen una cantidad de reserva --sin duda proporcionados por las Sombras cuando ellos le hicieron los implantes en el tronco de su cerebro--. Esta materia es muy estable, y el modo en que la red está configurada hace que el ritmo en que se pierde sea muy baja; durante años han logrado reemplazar lo que se ha perdido, gracias a la pequeña cantidad que su cuerpo produce, pero al final las reservas se han terminado. Dicho de otra manera, se ha quedado usted sin gasolina."

"Bueno..." empezó a decir Molyneux, desconcertado. "¿No hay algún modo de ... hacer que mis células cerebrales produzcan más?"

Franklin resopló. "El Cuerpo Psíquico llevan intentándolo durante los últimos cien años o así... se sorprendería usted de algunas cosas que han intentado, o quizá no. De todos modos, dudo que podamos lograrlo en unos días. Existe una posibilidad, eso sí..." Se quedó pensativo..

"¿Y bien, qué es?" preguntó interesado Molyneux.

"Cuando las Sombras --o quienes tuvieran trabajando para ellos en esto-- inventaron estas cosas, las diseñaron específicamente para los humanos. De hecho, incluso las programaron para que se 'ocultaran' en sus nódulos linfáticos para evitar ser detectados..."

"Obviamente... es así como yo le conseguí esta muestra. ¿Qué tiene eso que ver con nada?"

"Bueno, la forma concreta de la hormona que los nanoitos utilizan es la forma humana , lo que significa que, bajo las condiciones adecuadas, la psionefrina de otro humano, un telépata, podría utilizarse para... rellenar las reservas de nanoitos, dándole a usted unos años más de protección..."

"Algo así como ¿una transfusión?"

"En cierto modo, sí. Ahora bien, extraer la hormona será bastante complicado, y ahora mismo NO tengo ni idea de cómo "rellenar" los nanoitos..."

"Pero es una posibilidad, doctor, una posibilidad que estoy dispuesto a aprovechar. ¿Cuánto tiempo cree que le llevará idear un método de transfusión?"

"No estoy seguro... pero el principal problema será encontrar un donante. No se ofenda, pero este no es precisamente un grupo demasiado amigable: el Cuerpo Psíquico, el ex- Cuerpo Psíquico, y los telépatas rebeldes. ¿Habrá alguno entre ellos en quien usted confiaría, o que confiaran en USTED lo suficiente como para permitir que yo les quitara sus valiosos fluidos corporales?"

Entonces reapareció la sonrisa en Mollyneux. "Yo me ocupo del donante. Usted preocúpese de los detalles técnicos."

BABYLON 5
GREY 13
01:56 EST 03/21/2263

Miri se había vuelto a desmayar, debido a la fiebre. Junto a ella, Frost le inyectó con cuidado el primero, y después otro de los viales que había traído del Laboratorio Médico. Aquellos que habían ido con él, se concentraban a su alrededor, observando.

Todos menos Makay.

Evenrain sabía que estaba sentado en su catre, junto a la pared, boca abajo, mirando al suelo. No sentía nada de él. Pero, como ocurría con los demás del Grupo que se habían prestado voluntarios para que Frost les enseñara sus habilidades, se había vuelto más difícil de leer. Todas las habilidades de los pupilos de Frost --como por ejemplo: transmitir, recibir, bloquear, ocultación y ataques-- se estaban volviendo más claras, más duras, más precisas. Como profesor Frost era brutalmente despiadado, pero él era rápido, y estaba más que dispuesto a permitir que entraran en su mente diversos observadores, para que absorbieran sus trucos mientras él les mostraba algo que pocos instructores del Cuerpo permitía mostrar, sobre todo hoy en día. Había habido demasiados secretos en el Cuerpo, y pocos instructores se mostraban ya demasiado abiertos.

{{Y otra vez}} pensó para sí bajo los niveles de sus propios bloqueos {{con sus habilidades, él podía dejarte entrar tan lejos como quisiera en su mente, pero no más lejos, y tú ni siquiera sabrías que había algo más escondido en las profundidades...}} Era el tipo de instrucción reservada a los mejores de los mejores, los Psico Agentes y los genios del Departamento de Ingeniería Sigma. Algunos de su Grupo estaban muy por encima del P5 y el P6 --ella era sólo un P8-- y aunque se hubieran quedado en el Cuerpo, nunca se habrían beneficiado de este tipo de entrenamiento. Incluso Byron lo había evitado --no por incapacidad de impartirlo, ni por secretismo o vergüenza, sino porque él nunca había creído que la brutalidad de los métodos ni que el adiestramiento militar letal fuesen necesarios en el nuevo mundo que intentaban construir.

Evenrain suspiró. Ella había amado a Byron como a un hijo, pero a pesar de su devoción sabía que los sueños de Byron eran imposibles. Los suyos lo habían sabido a través de siglos de opresión y miseria, desde que los blancos llegaron a las Américas. Cuando ella se unió a los pocos que sobrevivieron a las purgas de Bester, y dio la bienvenida a los otros cuando llegaron, dejó de intentar construir un nuevo mundo, y simplemente se concentró en vivir en el mundo que habían encontrado.

Ella había creído que el amor, el compañerismo y la paz eran unos objetivos valiosos, incluso si por ellos se pagaba el precio de la pobreza y el anonimato. Había creído que la mayoría de su Grupo --como ella les llamaba-- pensaban como ella.

Pero empezaba a creer que estaba equivocada.

Empezó a darse cuenta de que el siempre presente sentido de calor enfermido, del leve dolor, que Miri que Miri había estado sufriendo desde que contrajo la fiebre, se estaba desvaneciendo. Sin mostrarse impaciente, se levantó, caminó lentamente hasta el catre de la chica y la miró. La respiración de Miri era ahora más regular, y Frost le limpió el sudor de la cara y la frente. La mirada en sus ojos era difícil de leer. Había compasión y cariño en ellos, pero más que otra cosa, había una curiosa intensidad, como si la chica fuese para él una especie de experimento, o una apuesta.

{{es así, ¿verdad, Sr Frost?}} le transmitió claramente, era un mensaje enviado sólo a él.

Él no se movió.

{{¿cree que puede comprar nuestro apoyo por el precio de una vida?}}

Ante esta afirmación, él se giró. Su expresión se relajó y mostró una sonrisa --junto con un aura superficial que su mente irradió cuidadosamente-- pero un simple pensamiento, tan frío como el de ella, llegó a ella. {{¿No le enseñó a usted que todo está a la venta}} "Creo que ella estará bien."

Evenrain tuvo que forzarse a hablar. "Nuestra gratitud es.. considerable."

"¿Es ese el "nosotros" mayestático?" se rió Frost. Unos pocos de su Grupo que se habían unido a él, también se rieron.

Evenrain se forzó a sonreír. "Miri es muy querida entre nosotros."

"Lo sé." Frost miró a la chica, y por un momento su sonrisa mostró un matiz de verdadero cariño. Evenrain sintió un terrible sentido de confusión. ¿Qué bien era la telepatía cuando lo único que hacía era incrementar la complejidad de una persona?

Evenrain se volvió y se alejó de allí, y antes de saber realmente dónde le llevarían sus pasos, se vio en pie junto a Makay, quien se había estirado en su catre y cerró los ojos. Razonable; eran más de las dos de la mañana, después de todo, pero ella no tenía ganas de dormir. Tan sólo él, de todos los del Grupo que habían ido a saquear el Laboratorio Médico, había vuelto de allí sintiéndose exitoso. Es verdad, para Makay el júbilo era una emoción desconocida, para empezar.. pero había algo más agudo en ello.

Habló sin abrir los ojos. "Hola Evenrain."

"Makay." Con cuidad, ella se sentó en el catre junto a él. Tenía que ir con cuidado en todo lo que hacía en estos días. Sus huesos estaban viejos. Y la humedad de la zona no la ayudaba. "¿Qué te preocupa, hijo?"

Su boca formó una sonrisa "¿Y qué no me preocupa?"

"El Dr Frost cree que Miri estará bien." Suspiró. "Ojalá eso me hiciera más feliz.. pero odio deberle una vida a ese hombre."

"No te preocupes. No puedes."

Ella le miró. "¿Qué quieres decir?"

Al final Makay abrió los ojos, pálido, y por unos instantes buscó la cara de ella. "Nadie te lo ha dicho."

"No."

Makay dejó escapar un lento y profundo suspiro. "Así es como ocurrió, Evenrain." La buscó y puso su mano sobre las de ella.

{{Cinco personas, unidas con el Poder, caminando por los pasillos hasta el Laboratorio Médico. Los Guardias no les ven, su percepción ha sido alterada por el Poder. Los que por allí pasan no los ven, porque su memoria queda bloqueada por un toque mucho más ligero. Evitan las cámaras, o cualquier grabación .. y después entran en el Laboratorio Médico....

.. la Doctora y su enfermero están ocupados operando a un hombre....

Eso fue una sorpesa para todos, sobre todo para Frost. Por eso llegaron tan tarde. Pero Frost se recuperó. Su idea, y su plan, se cambió al instante, y al instante lo supieron todos...

tan sólo Makay siente dudas. Ellos entonces se acercan a la doctora y el enfermero, y les bloquean la mente... es tan fácil.. ahora con su nueva habilidad y su Poder combinado. La doctora y su enfermero se quedan quietos. Sus ojos están ciegos, sus oídos sordos, sus mentes se han quedado paralizadas. El sonido de los instrumentos médicos y de su respiración es el único sonido en la habitación.

Las órdenes de Frost son silenciosas e instantaneas. Entonces todos empiezan a recoger drogas, equipo, mantas, todo lo que necesitan. Makay es el que debe coger los instrumentos médicos: Microlásers, selladores, escalpelos y cosas así. Coge lo que necesitan, intentando coger lo mínimo. Cuanto más tiempo pase antes de que se den cuenta del robo, mejor. Se piensa si debe coger una sonda mayor......

Entonces suenan las alarmas de la mesa de operaciones. Se encienden las luces rojas, y el paciente ha empezado a sangrar, su respiración es irrgular...

pero ni la doctora ni el enfermero se mueven, porque están atrapados por el Poder.

¡Ahora! ¡Fuera! Entonces Frost los libera del Poder, y él sólo se apodera de las mentes de los médicos. Los demás se dispersan, y toman caminos distintos. Sólo makay se queda allí, para ver cómo Frost se traslada a la consola principal del Laboratorio Médico....

y ve cómo Frost ignora las alarmas y al hombre que se muere, y procede a acceder a los informes de seguridad del Laboratorio Médico, para borrar todo lo que la cámara ha captado en los últimos diez minutos

el hombre sobre la mesa de operaciones se muere. Makay no puede soportarlo más. Se da la vuelta y huye. Él había querido enmendar los errores que cometió con Owen, y resulta que tan sólo había arruinado su vida aún más}}

Evenrain se liberó de la visión, pero le faltaba la respiración. Ahora era ella la que estaba cubierta de sudor y escalofríos. Pero esta fiebre de miedo y de ira no se podía aliviar con ninguna droga.

"Dejó que el hombre muriera" suspiró.

Makay negó con la cabeza. "No lo sé. Si les soltó justo después de que nos marcháramos del Laboratorio Médico, es posible que lograran salvarle... pero no los sé."

"La libertad no merece la pena a este precio." La mano temblorosa de Evenrain se tensó hasta formar un puño. "No pienso comprar vuestras vidas con las vidas de gente inocente. No así, no de esta forma." Echó un último vistazo al catre de Miri, donde Frost estaba siendo felicitado; después bajó sus bloqueos hasta mostrar una superficie tranquila. "No le quiero aquí por más tiempo, Makay."

"Pero ellos le quieren."

"Pero tú y yo no. Y eso puede ser suficiente." Evenrain cerró los ojos. Dos. Y podría ser suficiente para empezar.

Tendría que ser suficiente.

NAVE DE EXPLORACIÓN DRAZI
HIPERESPACIO, DE CAMINO AL MUNDO DRAZI

La nave de exploración era demasiado pequeña para nombrar un líder de búsqueda, pero Draklakh --que era grande, relativamente sincero y no tan tonto como parecía-- había asumido de modo informal los deberes de Maestro de Armas. Él, Zhirith y Ulvargos se reunieron con la médico de la nave, una drazi delgaducha y nerviosa, que se llamaba Kalshir, a las puertas de la celda de contención. Kalshir parecía nerviosa, pero ella siempre parecía nerviosa.

"¿Y bien?" dijo Ulvargos.

Kalshir bajó la cabeza, era un gesto de indiferencia o de ignorancia. A veces ambas cosas. "Creo que es un estado de hibernación curativa. Se despertó por fin hace unas cuatro horas... parece estar sano y despierto. No he querido intentar extraer muestras de sangre, pero está respirando el aire, y sus signos de vida son buenos."

"Bueno, lo intentaremos." Ulvargos introdujo el código de seguridad. Cuando la puerta se abrió Dralakh entró el primero y apuntó al alienígena con el rifle disruptor.

El Drakh no se movió. Ni siquiera miró a Dralakh. Sus ojos oscuros miraban hacia delante, y tenía los brazos cruzados. Unos fragmentos descoloridos y unas hinchazones bajo sus escamas eran los rasgos visibles de su exposición al vacío. Su respiración era lenta, se oía un silvido ronco constante como una máquina. Dralakh frunció el ceño.

Zhirith miró a Ulvargos. El Comandante entrecerró los ojos. Entró, y Zhirith fue tras él, y le hizo una señal a Kalshir. La médico parecía insegura, pero cerró la puerta tras ellos. Ulvargos se acercó lentamente al Drakh.

"¿Hablas Interlac?" preguntó.

El Drakh no se movió.

"¿Me entiendes?"

El Drakh no se movió.

"¿Son las órbitas de tus ojos púrpura y estás de buen humor?"

Zhirith giró bruscamente la cabeza para mirar a Ulvargos, sobresaltada, y después se dio cuenta de que los ojos del Drakh habían parpadeado, su estudiada inmobilidad se quebró durante una fracción de segundo. Ulvargos sonrió sin atisbo de alegría. "Ya suponía que entendías más de lo que aparentabas."

El Drakh entonces habló. Su voz sonaba como un chirrido siseante, más áspero debido al vacío , y a los cinco días que había estado inconsciente. "Todo entendimiento es un malentendido."

"¿Sabiduría de tus maestros desaparecidos?"

Los ojos de Drakh volvieron a parpadear. Esta vez lo que brillaba en ellos era sin duda la rabia. Pero su voz era incluso más suave que antes. "No hablarás de los Antiguos. No te has ganado ese derecho."

"Los derechos no se ganan, son innatos" espetó Ulvargos. "No me entiendas mal, criatura. Puedes tantearme todo lo que quieras, pero debes saber esto: tú estás bajo mi poder ahora. Tu nave ha sido destruida, tu tripulación ha muerto, y tu esperanza de vida depende únicamente de mí."

"Tal vez yo no desee vivir"

"¿No lo deseas?"

"¿Importa algo lo que yo desee?"

"Yo sé lo que tú deseas."

Por primera vez el Drakh se volvió para mirar a Ulvargos directamente a la cara. "Y yo sé lo que tú deseas." Miró a Zhirith. "Lo que tú deseas.." Otra mirada a Dralakh "Y lo que tú deseas. Y os voy a decir lo siguiente: todos los deseos no se pueden cumplir. Lo que uno quiere, el otro lo teme. No habrá paz, ni orden entre ellos. No hay compromiso." Escupió esa palabra como si tuviera mal gusto. "Habrá sangre. Y también habrá muerte. Y al final, tan sólo un único deseo será satisfecho."

Hubo silencio durante unos largos instantes.

"¿Qué es lo que yo deso?" murmuró Ulvargos.

"Servir a tu gente"

"¿Y yo?" preguntó Zhirith.

"Servir a tu gente."

Los Drazi intercambiaron miradas. Dralakh sonrió lentamente. "¿Y mi deseo es...?"

"Servir a tu gente."

Ulvargos rió, en voz baja. "Pues no parecen incompatibles."

"¿Ah no?" y por fin el Drakh sonrió, con una expresión amarga que parecía brillar bajo la luz ténue de la celda. Sus dientes eran apuntados, como los de los carnívoros, y de un tono entre amarillento y gris "¿Y quién es vuestra gente? ¿Qué significa el servicio?"

Zhirith decidió repentinamente que esta criatura había controlado demasiado la conversación. "El servicio es el poder" espetó. "El Poder del Dominio Drazi. El poder de tu tecnología, tus secretos. ¿No es eso lo que hemos venido a buscar?" Entonces miró a Ulvargos. "No te sorprendió ver esa nave. Estabas buscando algo así, ¿no?"

A Ulvargos le llevó unos segundos poder responder. "Cumplía órdenes. Todavía no he decidido cómo interpretarlas."

"Todas las órdenes desordenan el universo" murmuró el Drakh. "El orden de un ser es el desorden para otro. ¿No es extraño que el orden sea puramente lo que le beneficia a uno? ¿Y que el caos, el desorden sea lo que no?"

"¿No es curioso que hay tantos beneficios propuestos que tienen un precio oculto?" gruñó Ulvargos.

El Drakha se movió. Con una repentina facilidad, se puso depie, moviendo su raída capa sobre sí mismo, de forma grácil. Ulvargos y Zhirith retrocedieron un paso; Draklah levantó su rifle. Pero ese fue el único movimiento que hizo el Drakh. Su mirada mostraba un gran desdén.

"Vosotros no sabéis nada" dijo siseando. "No sabéis lo que queréis, qué precio estáis dispuestos a pagar. No sabéis lo que yo puedo daros. No podrías entenderlo si os lo explicara. Sois como unos ciegos comprando cuadros." De nuevo se oyó su dura, leve y amarga risa, carente de humor. "Buscáis la fuerza, sin saber cómo hacerlo. Buscáis la gloria, sin saber a quién debéis humillar. Buscáis el poder, sin saber cuál es su precio. Y eso es lo que yo tengo, lo que tenemos para ofreceros. Fuerza. Gloria. Poder. Pero será mejor que estéis seguros de lo que deseais, Drazi. Estad seguros de ello antes de hacer una oferta de compra."

La criatura se sentó lentamente, se tumbó en el catre y cerró los ojos.

Durante unos instantes ninguno de ellos se movió. La respiración del Drakh se ralentizó hasta un imposible letargo. Al final, Zhirith osó dar un paso adelante y puso sus garras en el cuello del Drakh. Tras unos instantes ella liberó su propia respiración. "El pulso también ha descendido. Debe estar en hibernación otra vez."

"Es un modo de zanjar una conversación tan efectivo como dar un portazo" murmuró Ulvargos. Se giró y dio unos golpecitos en la puerta; ésta se abrió, y apareció una nerviosa Kalshir. "Toma más biolecturas, mientras puedas. Y asegúrate de hacerlo rápidamente." Ulvargos salió de allí sin esperar su confirmación.

Zhirith le alcanzó a mitad del pasillo. "¿y bien?"

"¿bien?"

A Zhirith se le había terminado la paciencia. "¡Si quisiera hacer juegos de palabras, Comandante, me hubiese quedado en esa celda rhaksavath!" Aceleró el paso y se puso ante él, obligándole a que se detuviera. "Usted sbe lo que nos estaba ofreciendo, tan bien como yo. Si comparte con nosotros la tecnología que su nave tenía, los lugares que él conoce y los tesoros que allí se esconden, podemos ganar todo. Armas. Riqueza. Poder. ¡Esta es una oportunidad que no tiene precio, Comandante!"

"No, Zirith, es cualquier cosa menos 'sin precio'" Ulvargos dio un paso adelante, reduciendo distancias, mirándola con odio. Zhirith tuvo que luchar contra su impulso de retroceder y el impulso igualmente fuerte de tirársele a la garganta. "¿Es que de verdad quiere que volvamos a la guerra? Nuestros mundos están arruinados, Comandante. Tras la Gran Guerra, el fiasco con los Enphili del año pasado, la humillación de aquella Ceremonia de Ascensión..." Ulvargos gruñó y se dio la vuelta, y golpeó la pared con el puño. "No nos podemos permitir más pérdidas. Los regalos de las Sombras no traen más que sangre."

"¿Sombras?"

La sonrisa de Ulvargos era de burla y de ira. "Los Drakh sirvieron a las Sombras, Zhirith. Sirvieron al Gran Enemigo que provocaron todas esas guerras destructivas. ¿De verdad confías en ellos?"

"No necesitamos confiar." Zhirith señaló a la puerta de la celda. "Tenemos pleno dominio sobre él, eso dijo usted mismo. Y si podemos utilizar las armas de nuestros destructores para recuperar el poder que hemos perdido, entonces esto es sólo justicia ¿no crees?"

"¿Los Vree lo verán como justicia? ¿los Pak'ma'ra? ¿los Enphili?"

Zhirith le miró incrédulo. "¿Es que ni siquiera te importa lo que le pasó a tu gente?" En el mismo momento en que pronunció esas palabras, supo que se había pasado.

Ulvargos se quedó muy quieto, con sus músculos tensados por la ira. "Nunca me digas que no me importa, Zhirith." Su voz era un susurro. "Es precisamente porque me importa. No quiero ver muertos a nuestros niños. No quiero ver nuestros mundos en llamas de nuevo. Aceptaré de él aquello que mejore nuestro modo de vida. Pero no pienso comprar nuestra gloria a cambio de sangre inocente."

Y entonces se volvió y se alejó dando zancadas.

Zhirith esperó unos momentos hasta que se sintió a salvo."No hay sangre inocente, Ulvargos" murmuró.


GINEBRA, SUIZA
SUBTERRÁNEO
21/03/2263

Donne caminaba por el vestíbulo oculto que llevaba desde el puerto de embarque de Ginebra hasta el complejo del Buró 13.

Una sombra se le aproximó, y se situó ante ella, y resultó ser la familiar figura de uno de los telépatas rebeldes del Buró 13. El ex-Psico Agente finalmente la detuvo.

"¿Qué pasa, Yves?" preguntó ella, insultantemente alto. Yves LeTourneau, un pequeño hombre huesudo con unos cabellos ralos negros, colocados en una pequeña cola de caballo, era uno de los primeros --y más fuertes-- de los telépatas que no pertenecían al Cuerpo, y que Molyneux había empezado a reclutar poco después de trasladarse desde el antiguo Cuartel General de San Diego. Donne se había quejado por el cambio en la política, y seguía trabajando con los renegados a regañadientes.

"El jefe me pidió que te esperara aquí. Tengo algo para ti" dijo el hombrecillo, y sin más preámbulos, comenzó un ataque telepático. Donne --que nunca bajaba del todo su guardia-- tenía todos sus bloqueos básicos arriba, pero apenas eran suficientes para evitar el golpe de guadaña que provenía del P10. Rápidamente reforzó sus defensas, hasta lograr preparar un contraataque; pero antes de poder atacar, sintió un gran golpe desde detrás, y ya no supo nada más.

Yves miró al hombre de cabellos blancos, que estaba depie junto a la mujer --que yacía ahora en el suelo-- con una tubería en la mano y una mirada muy peligrosa en la cara. Esos ojos de color azul le miraban fijamente.

"¿Estáis todos bien?"

"Oui. Algo... alterado quizá. Ella es muy fuerte. Cuando se despierte..."

"Tengo una misión para ti fuera del planeta. Ve a ver a Venki para que te dé los detalles y te dé los documentos de viaje."

El hombrecillo asintió y después se alejó, bajando por el vestíbulo. Tras Molyneux, el Dr.Franklin salió de otro pasillo, llevando consigo una pequeña cartera. Se giró para mirar atrás, hacia el puerto de embarque.

"Ni se le ocurra, Doctor" dijo Molyneux, sin levantar la mirada de la cara de la mujer inconsciente. Franklin suspiró, y se arrodilló junto a ella.

"¿Es que tenías que darle un golpe tan grande?" gruñó Franklin, observando la hinchazón que tenía en la base del cráneo.

"El morado esconderá la marca del pinchazo" respondió Molyneux. Observaba, impasible, mientras el doctor insertaba una larga aguja en el cráneo de la mujer, extrayendo fluidos en un receptáculo especial. "Estará inconsciente durante una hora o así."

"Yo le daré algo que la mantenga inconsciente un poco más --su psionefrina tardará un día o dos en volver a los niveles normales. La pérdida no debería notarse a menos que ella pruebe sus talentos telepáticos, pero cuanto más lo intente, mejor será."

"¿Y cuánto tiempo ha de pasar para que usted pueda transferirme a mí la hormona?"

"Eso tendré que hacerlo en el laboratorio. Debería hacer un efecto inmediato"

"Muy bien. Pasará pronto una patrulla por aquí, ellos la trasladarán al cuartel general. Yo podré mantenerle a salvo tan pronto como esos nanoitos vuelvan a funcionar, pero cuantas menos personas sepan de esto, mejor."

"No le discutiré eso" apuntó Franklin. "Supongo que se da cuenta de que esta es una solución temporal. Tendrá que repetir el proceso cada tres o cinco años, siempre que necesite seguir teniendo este tipo de inmunidad".

"¿Soy una especie de... vampiro telepático?" El otro hombre se rió. "Supongo que es así. Bien, vayamos a ello, entonces." Molyneux colocó la tubería en el suelo, donde se supone que podría estar, de haber caído del techo, tras soltarse y golpear a la telépata; y después se dirigió rumbo al complejo principal. El doctor --con una última mirada atrás, y hacia la libertad-- suspiró de nuevo y le siguió.

BABYLON 5
ZOCALO
08:33 21/03/2263

Hobbs estaba sentada sola en el Café Eclipse. El té que había en la mesa frente a ella hacía rato que se había enfriado. Y aunque se le notaba el cansancio en la piel amoratada bajo sus ojos, y en las arrugas de tensión y dolor en su cara; esos ojos no encontraban el consuelo ni tampoco lograban dormir.

No hubiese podido dormir ni aunque su vida dependiera de ello. Había vuelto a sus aposentos después de estabilizar al paciente y terminar la operación, después se sentó sobre la cama y se quedó mirando la pared durante horas. Cada vez que intentaba cerrar los párpados, el horror de aquellos momentos en el Laboratorio Médico, aquellos segundos en que se durmió, volvían a acecharla para revelar que se había equivocado, y sintió como si le golpearan la cabeza y el estómago. Había pasado todo su turno de mañana como ausente, sintiendo que la rutina era una especie de anestésico, y ahora estaba sentada en una mesa que había escogido, alejada de todo el mundo.

"¿Doctora?"

Por supuesto, algunas personas estaban dispuestas a acortar distancias. Hobbs cerró los ojos. "Embajadora Sherann, la verdad es que no estoy de humor ahora.."

Era difícil quitarse los viejos hábitos; Lillian no pudo evitar darse cuenta de que la Minbari llevaba puesto un traje que nunca le había visto antes; era la típica túnica marrón oscura de la casta guerrera, pero parecía haber sido diseñada por la casta guerrera: tela bastante gruesa, camisa ajustada y pantalones, unos zapatos resistentes, no mostraban la típica preferencia de los Minbari por las líneas suaves y vaporosas. Frunció el ceño. "Embajadora, ¿qué demonios..?"

Sherann sacudió la cabeza impaciente. "Eso no es importante. Lo que es importante es que un temshwee ciego podría ver desde el otro lado de la estación lo que usted está sufriendo, y yo he venido a preguntarle por qué."

"Yo..." Lillian se quedó sin palabras.

Entonces la mirada de Sherann se suavizó. "No hace mucho que nos conocemos. Pero usted siempre ha sido amable conmigo, y le tengo mucho respeto." Su boca se torció. "Por supuesto, no es sabio no respetar a los que te reparan cuando te rompes..."

Lilian no pudo evitarlo; la frase era bastante tonta, y se rió. Sherann sonrió. "Ahí.. ¿lo ve? Nada es tan absurdo como la vida misma."

Lillian tragó saliva. "Dígaselo a la mujer del hombre al que casi mato anoche."

"¿Qué?" La minbari parecía verdaderamente sorprendida. Lillian sintió una chispa de amarga satisfacción. Todos los Minbari, incluso los relativamente tranquilos de la casta trabajadora, tenían cuidado en mantener su aire de inescrutabilidad, y mientras que Sherann era mucho más abierta que que la mayoría, era bastante difícil pillarla desprevenida.

"Me quedé en blanco anoche" Y entonces bajó la vista hasta su taza de te. No podía mirar a nadie a la cara al decir esto. "A media operación. Me quedé paralizada completamente. Casi me caigo inconsciente.Y un hombre casi muere porque me pasó en el peor momento."

Sherann habló con cuidado. "Bueno, no veo que se la pueda responsabilizar por.."

"¡No he medido bien mis limitaciones!" espetó Lilian, sobresaltando a Sherann. "Debería haberme dado cuenta, tendría que haber buscado ayuda, debería... debería haber hecho algo, el hombre casi muere porque yo no pude.. no pude.." Y entonces empezó a llorar, unas lágrimas calientes que le quemaban la cara y se recostó en su asiento para enterrar la cara entre sus manos mientras sus hombros se agitaban.

Apenas se percató de que la mujer minbari se levantaba, y se acercaba para sentarse junto a ella, y pasaba uno de sus brazos sobre los hombros de Lillian. "Está bien, querida" murmuró. "No se haga usted esto."

"Pero es culpa mía..."

"Yo dudo mucho que sea eso."

Algo en el tono firme de la voz de la otra mujer penetró en la honda tristeza de Lillian. Entonces se enjugó el llanto de los ojos y logró concentrarse en Sherann. "¿Qué quiere decir?"

"Quiero decir que creo que ambas debemos ir a ver a alguien. Ahora mismo. Vamos, venga conmigo."


BABYLON 5
OFICINA METAPOL DEL CUERPO PSÍQUICO
09:12 21/03/2263

"¿Usted quiere que haga qué?" Colin Ferris miró a la mujer minbari incrédulo.

"Que usted quiere que él haga ¿qué?" Lilian parecía igualmente sorprendida.

"Quiero que escaneé usted a la Dra. Hobbs" repitió Sheran firme. "Porque tengo razones para creer que la han interferido con telepatía."

Colin se aclaró la garganta. "Embajadora, aunque tengo bastante respeto por usted, debo decirle que usted no es una telépata y que no sabe reconocer las interferencias telepáticas."

"Reconozco el comportamiento anormal" insistió Sherann. "Reconozco algo de lo que la Dra Hobbs es incapaz físicamente."

"Embajadora, la fatiga y el agotamiento pueden influirle a cualquiera..."

"No así, no de este modo." Sherann miró a Hobbs. "No sea modesta, Lilian. No se culpe ni dude de usted misma. Respóndame sinceramente. ¿Se sintió usted agotada antes de quedarse en blanco? ¿Ha sufrido usted esto antes, o algo que se le parezca?"

"Yo..no.. " respondió Lilian.

"Hay una primera vez para todo" observó Colin.

Sherann le echó tal mirada al Psico Agente, que el telépata se echó atrás en su asiento. "Si no tiene nada constructivo que decir, será mejor que se calle" Se volvió hacia Lillian. "He oído historias parecidas, de los días antes de Valen, cuando nuestros telépatas estaban tan divididos como el resto de nuestra raza. Solían nublar las mentes en ciertos momentos oportunos, permitían que se extendiera el caos como resultado de ello, y culpaban de lo ocurrido al cansancio o al error. Yo la conozco, Lilian. Al menos, sé lo suficiente de usted para saber que usted no haría algo así."

Lilian parpadeó y la miró. "Tiene usted una fe increíble en mí."

"Sí, la tengo." Entonces miró a Colin. "Puede hacer que él me escaneé a mí, si no me cree."

"Ejem" hizo Colin deliberadamente. "No estoy en la rama comercial, como ustedes saben."

"No, usted está en la MetaPol. Y esto es un delito. ¿Piensa investigarlo, o no?"

Colin sonrió. "Es la primera vez que alguien me chilla por no hacer mi trabajo." Entonces miró a Lillian. "Puedo hacer esto tan sólo si usted me da su permiso."

"¿Es necesario que lo grabemos?"

"El testimonio presencial de un embajador será suficiente." Colin se sentó y empezó a por quitarse los guantes. El gesto era similar al de un médico preparándose para una operación, pero al revés. "Intente relajarse. Calme su mente. Cuanto menos se resista, más fácil será."

"Eso es tranquilizador."

"Eso es lo que estoy diciendo" Colin se levantó, se movió alrededor del escritorio, se apoyó en él y tomó la cabeza de Lillian entre sus manos. Sus dedos eran ligeros y suaves. "Ahora esto puede que le moleste un poco..." Ella oyó la sonrisa en su voz.

"Lleva tiempo queriendo decir esta frase ¿no?"

"Sí, meses" reconoció Colin. Lillian tuvo que sonreír. Y en el momento de esa sonrisa, comenzó el escaneo.

Laboratorio Médico. Jacob frente a ella, la operación estaba teniendo lugar según lo previsto. Una pausa, unos instantes --la visión se congela-- mientras Colin, con suavidad pero firmeza a la vez, sondea su subconsciente.Es entonces cuando se da cuenta de que Sherann tenía razón. Estaba cansada, pero no tan cansada. La intriga que Colin siente al darse cuenta, llena su mente.

{{Los recuerdos entonces se reanudan. La operación continúa. Y entonces --hay algo borroso, como una grabación de video cortada... exactamente igual, ella siente entonces que Colin acaba de darse cuenta, atónito. Por más veces que intente visionar esos momentos, no logra saber qué hay en ese espacio borroso. El borrado de esos recuerdos ha sido exhaustivo y preciso. No recuperará esos instantes perdidos en el Laboratorio Médico. El período borroso termina cuando ella y Jacob ven con horror que el hombre se muere; en ese momento Colin, para evitarle más dolor, la saca del trance, con una compasión que ella no hubiera esperado}}

{{Compasión, maldita sea}} era lo que él pensó, todavía contagiado de su agrior sentido del humor. {{Mientras yo esté aquí, yo siento lo mismo que usted. Y yo ya tengo suficiente odio por mi mismo con el que vivir}} Era como beber una ginebra seca, como el sabor de un zumo de pomelo sin azúcar, eso lo sentía ella en su mente. Lillian empieza después a sentir su propio sentido del humor.

Después Colin vuelve a esos instantes borrosos, ese extraño instante de inconsciencia. Sus sentidos vuelven y otra vez a ese punto, como un hombre mirando una extraña escultura. Busca algo, se da cuenta ella, aunque no está segura de qué. El examen continúa, extrayendo cualquier rastro de energía que le hayan dejado en esa cicatriz psicológica. Mota a mota, los restos de una única firma empiezan a emerger, la firma que ha dejado una mente única, la firma de...

Entonces la cicatriz se abrió. Lillian volvió en sí, intentando respirar, asustada. Colin también se sobresaltó, y se sujetó al escritorio, respirando hondo. Había ira en sus ojos.

"Oficial Ferris... ¿qué?" Sherann le preguntó

Él se volvió antes de que ella pudiera siquiera tocarle, levantó una de sus manos desnudas, y dijo sólo una palabra.

"Frost."

NAVE DE EXPLORACIÓN DRAZI
HIPERESPACIO, DE CAMINO AL MUNDO DRAZI

El Drakh levantó la vista cuando la puerta se abrió.

Zhirith entró.

Por unos momentos ambos sólo se miraron. Un gruñido escapó de los labios de Zhirith.

"Has dicho.." respiró hondo. "Dijiste que.. nosotros."

"Es que dudas de lo que oyes, ¿por qué me preguntas?" dijo con ácida ironía.

Las escamas de Zhirith se erizaron. "Dudo de lo que has querido decir. Por eso te lo pregunto."

"Bien"

Sorprendida, Zhirith se lo quedó mirando. "¿Bien?"

"Has empezado por cuestionar lo que nunca ha sido cuestionado. Una pequeña pregunta.. pero una verdadera. ¿Sabes cuál es la diferencia entre las preguntas verdaderas y las falsas?"

En silencio Zhirith negó con la cabeza.

"Las respuestas a preguntas verdaderas son lo que son. Las respuestas a las preguntas falsas son lo que tú quieres."

"¿Y si lo que es, es lo que yo quiero?"

"¿lo es?"

Zhirith dudó. Pero el silencio no era una respuesta. El Drakh sonrió como si todos los pensamientos amargos y el dolor fuesen visibles en el aire que la rodeaba. "Entonces has descubierto el papel de las preguntas. Son el principio."

La criatura levantó una mano, la señaló a ella, y después a sí mismo. "Y nosotros" murmuró triunfal "hemos empezado."

ir al principio 

**** ACTO TRES ****

BABYLON 5
SALAS DEL CONSEJO
09:37 EST, 21/03/2263

La historia, iba Lochley pensando, siempre se adelantaba a la burocracia. Esto era una verdad tanto para importantes asuntos de política entre o intra especies --como en el caso de la política del Presidente Sheridan en el caso de los telépatas-- y para detalles que parecían insignificantes, excepto para los afectados por dichos problemas.

Como, por ejemplo, el diseño de una habitación, que era algo insignificante para cualquiera excepto para los que debían sentarse dentro de ella.

Las Salas del Consejo de Babylon 5 se habían diseñado para mostrar una proporción más caótica, y menos equilibrada de poder. Con el traslado definitivo de la Asamblea de la Alianza, el Presidente y la Junta Ejecutiva a Minbar, algunas de las injusticias de la sala se habían vuelto aparentes. La antigua Liga de Mundos No Alineados --todos ellos ahora miembros independientes y con derecho a voto propio en la ISA-- se quejaron enseguida de las sillas del "gallinero" que estaban frente a la mesa semicircular central, en que en su día se sentaron los embajadores de los Grandes Poderes, y donde seguían sentándose. Se sentían, Lethke Kullenbrok pronunció elocuentemente, como niños de colegio esperando a que los profesores les dieran el visto bueno a sus deberes.

Lochley había pensado en rediseñar la sala. Para empezar, con la llegada del Embajador de la Alianza Interestelar, Rathenn, ex Satai del Consejo Gris, hace dos días, ahora volvían a necesitabar cinco sillas en esa mesa curva: la de ella, la del embajador Sheridan, la de Ta'Lon, la de Sherann y la de Rathenn (Vir tenía su propio podio improvisado a un lado; era viejo y parecía torcerse levemente, pero era lo mejor que podían hacer para representar el estatus de forastero de la República). Por desgracia, la quinta silla, la que el embajador Kosh nunca utilizó, la habían robado el diciembre pasado... probablemente la pusieron a subasta en el mercado negro a un precio ridículo, pensó Lochley, como "artículo genuínamente Vorlon." Nadie nunca había hecho más de cinco de esas sillas; habían sido encargadas especialmente a una empresa de diseño de la Tierra que se había ido a pique bajo el mandato de Clark. El embajador Sheridan, como buen tipo que era, se había prestado a aceptar una silla algo más pequeña, en sustitución de la anterior, pero Lochley se prometió a sí misma que en cuanto tuviera una semana libre, iba a tirar toda la habitación abajo y la iba a reformar con nuevos muebles y un nuevo diseño.

Pero esa semana libre nunca se materializó.

En la pantalla sobre la mesa central se mostraba una nave de carga centauri, que echaba fuego por todas partes. Vir señalaba con un puntero láser, a las pequeñas cápsulas que se veían en pantalla, agrupadas cuan pirañas junto a un toro muerto, ahogado. "Miren aquí, y aquí, las cápsulas agujereadoras se han dirigido a los puntos de acceso más fácil." Pulsó un mando; y entonces la grabación rebobinó hasta el punto en que la nave de carga, ahora intacta, viajaba por espacio desconocido. Entonces se abrió un vórtice; salió la nave nodriza pirata, expulsó a sus cazas y cápsulas agujereadoras. Los cazas lograron despojar rápidamente a la nave de sus pocas armas; las cápsulas agujereadoras se dirigieron a los módulos del casco. Vir siguió su curso con el puntero láser. "Sin dudar, sin detenerse para escanear antes de lanzar las cápsulas. Y vean aquí, y aquí.." Iluminó los módulos del puerto de carga. "Estas cápsulas, que contenían mineral crudo para procesos industriales, se las han pasado, mientras que estas cápsulas..." --iluminó los módulos de estribor-- "que contenían suministros médicos y armas peronales, todas han sido abiertas y vaciadas."

Se volvió entonces para mirar al grupo de diplomáticos. "Creíamos que estos ataques cesarían una vez los telépatas hubieran agotado el material que robaron de nuestras rutas de comercio de hace dos meses. Pero han continuado atacándonos. Creemos que escanean a la tripulación que capturan para obtener más datos de las rutas de suministros."

"No se olvide de otro aspecto, embajador Cotto" apuntó Vizhak desde su sitio, en la fila delantera.

"¿Otro aspecto?" dijo Lochley.

Vir parecía incómodo. Vizhak miró fijamente a Lochley. "Lo que el honorable embajador Centauri..." --la frase no era precisamente de burla-- "tiene miedo de pronunciar es que la nave pirata, los cazas y las cápsulas agujereadoras fueron fabricadas por las Fuerzas Terrestres."

Lochley miró a Vir. El centauri se movía nervioso. "Yo, em, bien, es bastante obvio, realmente..."

"Desde luego que es obvio." Vizhak se recostó en su asiento, con los brazos cruzados. "Fabricadas por las Fuerzas Terrestres, por lo tanto son un problema de las Fuerzas Terrestres. ¿Qué necesidad hay de que estemos aquí?"

"Refrénese, viejo lagarto." El tono que empleaba el embajador Sheridan era tan suave como siempre, pero con un trasfondo de acero. "Sabe tan bien como yo que las Fuerzas Terrestres venden el excedente de equipos y vehículos a cualquier comprador privado que se les presente. Diablos, el Dominio Drazi sigue teniendo un gran negocio en las armas grandes, aunque esté en la Alianza Interestelar. Realmente no es lógico que acuse a otros de lo mismo que hacen ustedes."

"Ha habido negociaciones de armas incluso en esta estación" observó Ta'Lon con bastante diplomacia. "Si un lugar construido para la paz, hace tratos con elementos de guerra, ¿quiénes entre nosotros puede criticar a los otros por ello?"

Lochley utilizó su martillo para silenciar el murmullo de descontento que se empezó a apoderar de la sala. "De acuerdo, de acuerdo, ya está bien, ¡todos!" dijo. ¿Por qué Sherann no estaba allí? ¿Dónde estaba? Este tipo de discusiones eran mucho más fáciles de encarar con ella en la sala; era más difícil enzarzarse en una pelea seria, cuando uno de los embajadores principales sólo veía el humor en todo lo que se decía. "Vizhak, doy por sentado que su argumento es implicar a las Fuerzas Terrestres y a la Alianza Terrestre en el apoyo secreto de estos ataques de telépatas priatas. ¿Estoy en lo cierto?"

"Es usted directa" observó Vizhak. "¿Por qué entonces no ser directo?" Sin embargo el drazi sonreía, como si le gustara la brusquedad. "Bien, Capitana. Usted tiene razón sólo parcialmente. Yo no sospecho que de verdad la Alianza Terrestre tenga responsabilidad en estos ataques, ni directamente ni de otra forma."

"Gracias, Vizhak, me quita un peso de encima" dijo Sheridan con tono cansino.

Vizhak asintió. "Pero quiero resaltar que hasta ahora no veo que tenga nada que ver con la Alianza en su conjunto. Ningún estado miembro ha sido amenazado, los criminales están bajo una jurisdicción política interna..." Y miró a Sheridan, quien puso los ojos en blanco "...y de hecho no tenemos ni el derecho ni la responsabilidad de ejercer acción alguna en este asunto."

"Sí, bien, lo siento Vizhak, pero..." Vir respiró hondo. "En eso es en lo que te equivocas."

"¿Ah sí?"

Vir se volvió hacia la sala. "El comercio oficial con la República ha menguado hasta ser sólo un goteo, pero sigue existiendo. Y todos sabemos que no existe un capitán mercante que no utilice algunos, em, digamos canales 'no oficiales' de comercio." Sonrió, y una corriente casi rehacia de diversion corrió por la sala. Pero entonces se desvanecio la sonrisa de Vir. "Pero los capitanes centauri conocen estas rutas. Las oficiales y las no ficiales. Y las personas que les atacan son telépatas."

Y dejó caer esa afirmación.

Fue Rathenn quien habló con voz pausada ante el creciente desaliento. "Usted cree que estos telépatas rebeldes aprenderán otras rutas de transporte de los centauri, y que después extenderán sus operaciones a todas las razas de la Alianza."

Vir asintió. "Al principio eran demasiado débiles para arriesgarse a represalias. Pero cada día que pasa, son más fuertes. Creí que era obligación de la República advertirles a todos ustedes de este peligro potencial."

[Aprender el error de sus métodos, lo aprenderán] dijo el diplomático Gaim a través de la voz vibrante de su traductor. [Los centauri no somos nosotros. Aliados tan fuertemente comoestamos. ¿Seguramente ellos temen molestar a la colmena?]

"Eso podría ser exactamente lo que quieren" dijo el viejo Sheridan. "Según las leyes de la ISA, estos telépatas son un asunto interno de la Tierra. No faltan idiotas en nuestro propio gobierno que sostendrían que atacarles es como disparar a nuestro propio pie. Y esa sería la excusa que están buscando para provocar la disensión."

"Entonces, si no quieren provocar la lucha interna en la ISA, entonces esperan que nosotros responderemos a esto y que nos demos cabezazos" dijo Lochley lentamente. "Pero si no quieren una respuesta, entonces esperan que estemos demasiado asustados para darnos cabezazos y no hagamos nada."

Sheridan asintió. Después se rió sin poder evitarlo y miró a los demás en la sala. "Bueno.. ¿a quién más le está dando dolor de cabeza?"

Lochley suspiró con alivio, y las risas se extendieron por la sala; al menos la mitad de los diplomáticos entendieron el chiste. Lochley golpeó la mesa levemente con el mazo. "Veinte minutos de descanso, debatiremos las posibles medidas a tomar, cuando volvamos..."

"¡Capitana!"

Lochley frunció el ceño cuando se empezaron a oír gritos y maldiciones que provenían de los pasillos exteriores. ¿Pero qué diablos...?

Colin irrumpió en la sala. Curiosamente, iba a su lado Sherann, gritándole a los guardias que ella era la embajadora minbari, y que tenía permiso para estar allí. Pero los guardias pasaron delante de ella igualente. A juzgar por la expresión de disgusto que tenían en la cara, estaba claro que pensaban lo mismo que Zack acerca del Cuerpo Psíquico y los Psicoagentes. Colin les ignoró cuando los guardias le sujetaron por los brazos.

".... Capitana, por favor, serán tan sólo dos minutos, tiene usted que escucharme, es algo realmente importante."

Cualquier otro día Lochley hubiera detenido todo este despropósito inmediatamente, pero ya había impuesto su autoridad bastante en el día de hoy, y le dolía la cabeza; los embajadores no querrían a un telépata en la sala dado lo que acababan de estar discutiendo, y además a ella nunca le había gustado que la interrumpieran. Entonces levantó la voz. "Señor Ferris, usted conoce perfectamente los protocolos diplomáticos. ¡Sáquenle de aquí!" Le miró airada. "Si es algo tan grave, puede esperarme en la oficina, estaré allí tan pronto como pueda..."

"Capitana, ¡Frost ha vuelto!" gritó Colin

Y Lochley se quedó paralizada.

Vir y Ta'Lon intercambiaron miradas.

Y entonces Lochley cogió el mazo y golpeó con él furiosamente. "¡Se aplaza la sesión!" Señaló a los guardias. "Déjenle" ordenó. "Señor Ferris, vaya a mi oficina y espéreme allí" dijo señalando a una puerta que había tras la mesa curva. "Estaré allí en dos minutos."

Colin se soltó de los guardias, se puso bien el uniforme con dignidad, y se dirigió hacia la puerta, y desapareció tras ella sin mirar atrás. Lochley miró a Sherann. "Si esto es una broma, Sherann...."

"Nunca hago bromas cuando hay vidas en juego."

Lochley asintió. Sin pronunciar más palabras, ella entró en la sala privada y desapareción. Ni ella ni Sherann se dieron cuenta de la segunda mirada que intercambiaron Ta'Lon y Vir, una mirada que les llevó a la puerta de salida principal al mismo paso.

OFICINA DE LA CAPITANA
EN LA SALA DEL CONSEJO 09:49 21/03/2263

Por enésima vez en las últimas semanas, Zack bendijo en silencio a Jaida, Selene y Lochley por el cuidadoso orden que había hecho posible que una pequeña cantidad de verdadero café llegara a los oficiales de mando. Los termos que llevaba eran lo único que le mantenía despierto. Llevaba despierto desde las tres de la mañana, persiguiendo a los últimos de la serie de fraudes de tarjetas de crédito de BabCom; además la burocracia no sólo le hacia enfadar sino que le aburría de muerte. Que le llamaran a que fuera a la oficina de Lochley, junto a la Sala del Consejo, casi había sido un alivio.

Su día mejoró más cuando, de camino se encontró con Tessa Halloran --que también iba de camino, según explicó, a la oficina de información diplomática de la capitana. Cuando no era friamente profesional, o friamente letal, la Directora de Inteligencia Secreta tenía una increíblemente agradable sonrisa, y un sentido del humor muy ocurrente mortal. A pesar del cansancio, Zack disfrutó de la charla inmensamente.

Por primera vez en mucho tiempo, el recuerdo de los cabellos rojos, los ojos marrones y una suave voz de soprano no fueron suficientes para distraer su atención.

El bello amanecer duró sólo hasta el momento en que entraron el la oficina de la Capitana juntos, y se encontraron que en la pequeña sala estaban Lochley, Sherann, Hobbs y el Psico Agente, todos con expresión grave. Zack hizo lo que pudo para aparentar profesionalidad, pero su corazón se estremeció y se le hizo un nudo en el estómago. No podía haber nada bueno cuando Ferris tenía una cara tan seria.

Había intentado ignorar su desagrado hacia este hombre. Lo había intentado de verdad. La verdad es que Ferris había sido siempre profesional y agradable. Pero cada vez que Zack veía esa insignia, se acordaba de lo que Bester les había hecho a Michael, a Lyta, a Talia Winters. A los fugitivos, a Byron. Y entonces la amargura y la ira que esos recuerdos le producían eran demasiado fuertes. Quizá Lochley fuera capaz de superar sus prejuicios personales. Zack no estaba seguro de serlo.

Pero maldita sea, no pensaba mostrarlo. El Psico Agente probablemente lo sabía,claro... podría notarlo en Zack una docena de veces en medio segundo, y Zack no se daría cuenta, y ambos lo sabían. Pero había algún tipo de principio en todo esto. Zack no estaba seguro de qué era o cómo se aplicaba, pero sabía que existía algún tipo de principio para esto en algún sitio.

"¿Cuál es el problema?" preguntó Tessa.

"El Sr. Ferris cree que el Dr Paul Frost ha vuelto a la estación." La voz de Lochley era fría.

Zack frunció el ceño. "¿Cómo lo sabe?"

Rápidamente, Colin resumió la historia, y Sherann intervino en varios momentos. Cuando hubieron terminado, la oficina se quedó en silencio durante unos largos segundos. Finalmente Zack se rascó la sien. "Capitana ..." Expresamente, sin mirar a Colin: "La única prueba que tenemos de que Frost está aquí es el desvanecimiento de la Doctora en el Laboratorio Médico, y eso podría deberse fácilmente al agotamiento físico, y los rastros telepáticos de un escaner profundo hecho por un Psico Agente no es probablemente lo más objetivo. ¿Y por esto no sólo me quita de la investigación de fraudes de créditos del Zocalo, sino que también quiere que mis hombres peinen la estación?"

Lochley miró con ira a Zack, pero no dijo nada por el momento, cosa que le indicó a Zack que ella estaba de acuerdo con él más de lo que estaría dispuesta a admitir. "No creo que le esté usted dando demasiada credibilidad a la Dra Hobbs, Zack" dijo al fin. "¿Acaso ha visto que ella se haya quedado en blanco antes?"

Zack se encogió de hombros. "Hay una primera vez para todo."

Sherann y Colin intercambiaron una mirada de sorpesa y depués una risa disimulada. Zack les miró. "¿Qué les hace tanta gracia? ¿Lo que he dicho?"

Colin esbozó una leve sonrisa. "Usted no lo entendería."

"Capitana" interrumpió Tessa antes de que Zack le respondiera a Colin "aunque admito que las pruebas no son demasiado sólidas, ¿podemos permitirnos ignorar la posibilidad de que el Dr Frost haya vuelto?" Ella tecleó en su bloc electrónico. "He hecho algunas averiguaciones desde la última vez que esto ocurrió. Frost no es alguien a quien debamos tomarnos a la ligera."

Colin parpadeó. "¿Qué es exactamente lo que ha averiguado?"

"No tanto como quisiera" admitió Tessa "el problema con los archivos del Cuerpo Psíquico no es siempre la inaccesibilidad, sino la fiabilidad. Nunca puedes estar seguro de cuánto de lo que has averiguado es ficción burocrática." Finalmente accedió a las páginas relevantes y dejó el bloc electrónico sobre la mesa de Lochley. "Pero el Dr Frost tuvo un enlace muy conveniente en su pasado que le dio a nuestros contactos una pista directa."

Lochley lo cogió y pasó las páginas. "Bien, bien, bien. Y ni siquiera parece japonés."

Hobbs frunció el ceño. "¿De qué está hablando, Capitana?"

"Por lo visto el Dr Frost es un primo lejano de la familia Isogi."

"Isogi..." Zack tardó unos segundos en relacionarlo. "¿Los Isogi de FutureCorp? La corporación que casi solucionó la Crisis de Marte en el 59? ¿Frost está emparentado con ellos?"

"Un primo segundo por el matrimonio de su tía" aclaró Tessa. "Como resultado de esto, tenía unos contactos y una riqueza con la mayoría sólo podrían soñar. Cuando sus talentos telepáticos se manifestaron a los quince años, FutureCorp tenía tal influencia en el Gobierno de la Tierra que Frost logró tener un grado de libertad mucho más amplio que la mayoría de telépatas según las normas del Cuerpo." Su voz se hizo más profunda con sarcasmo. "Por supuesto, cuando resultó ser un P11 alto, y además se destacó como un genio en genética, el Cuerpo felxibilizó sus principios y sus tan cacareadas normas."

"Siempre pasa de esa forma" admitió Colin, con gesto sombrío. "El que tiene algo que les interesa, consigue más."

"Fue avanzando rápidamente en Princeton y en el adiestramiento en Teeptown a la vez --y el que lograra hacerlo sin quemarse, dice mucho sobre su inteligencia y su voluntad" añadió Tessa. "Pasó a la División de Ingeniería, que es en jerga del Cuerpo un eufemismo para calificar a su programa de manipulación genética. Muchos de los detalles del asunto se convierten en inaccesibles a partir de este punto....existen algunos lugares donde ni siquiera yo puedo hurgar."

"Y está claro que usted no querría ser capturada" advirtió Colin. "Algunos de estos proyectos tienen un nivel de seguridad con sanción: la respuesta es la ejecución inmediata"

"¿Incluso aunque se tratara de un oficial de la ISA?" Sherann parecía alarmada.

Tessa se encogió de hombros. "Simplemente harían que pareciera un accidente verdaderamente creíble."

Zack la miró fijamente. "¿Y eso no le fastidia?"

"La verdad es que no." Tessa le miró con el ceño fruncido. Después algo cambió en la expresión de su cara; miró a Colin y después a Zack otra vez. "Zack, usted sabe que yo dirigí la Resistencia de Marte. ¿No se le ha ocurrido nunca que yo también tuve que hacer algunas cosas realmente oscuras para sobrevivir?"

Zack se aclaró la garganta. "Yo, hmm.."

"Yo casi mato a Michael Garibaldi" continuó Tessa "yo le hubiese matado si Lyta y Stephen no hubiesen estado allí, tan sólo ante la posibilidad de que él nos hubiese traicionado o estuviese a punto de traicionarnos. Yo no operaba en un lugar donde los derechos y las libertades se aplicaran, Zack. Ahora ya no opero allí. Ni tampoco el Cuerpo Psíquico. ¿No cree que sería bastante hipócrita que yo empezara a tomarme todo esto como algo personal?"

Zack abrió la boca y la volvió a cerrar. Él ya sabía todo esto. Maldita sea, lo sabía. Pero de alguna forma era.. simplemente era fácil de olvidar al hablar con Tessa. Fácil de olvidar del modo en que hablar con Colin no lo era.

Porque Colin llevaba una insignia que era un recordatorio constante. Aunque sabía lo que les recordaría a la gente de aquí, nunca se la había quitado. Escogió recordarle a la gente quién era, y lo que podía hacer y había hecho. Y eso de algún modo... Zack sentía que se le cerraba la garganta... que de algún modo le hacía más sincero que Tessa Halloran.

No estaba seguro de si era el momento o el lugar para esta epifanía. Pero debía decirlo. "Tessa... yo aprendí algo cuando me alistaron en el programa de la Guardia Nocturna de Clark. Aprendí que los derechos y la libertad deben aplicarse en todas partes... o no se aplican en ningún sitio."

Tessa le miró como si nunca le hubiese visto antes.

Lochley tosió a posta. "Perdón" dijo "este debate político es fascinante, pero ¿puedo recordarles a todos que tenemos un problema? ¿Qué se supone que debo hacer?"

"Peine la estación de arriba a abajo, con un destacamento completo de seguridad" dijo Colin sin dudar. "Utilice la BabCom para hacer una búsqueda de archivos para realizar un reconocimiento facial de toda la estación. Haga todo lo necesario para encontrar a este hombre."

"Y distorsionar todos los horarios de transportes, protocolos diplomáticos y funcionamiento de ordenadores durante días, sin que haya una garantía de que vamos a obtener resultados" contraatacó Zack. "Mire, Capitana, Oficial Ferris, quiero encontrar a este tipo tanto como ustedes; este es el tipo que casi mata a Vir ¿no? Pero después de enero, la nueva política y Bester y Keynes la semana pasada, mis agentes están hartos de telépatas y de los problemas de los telépatas. Y también el resto de la estación. No vamos a conseguir resultados productivos ni cooperación, cualquiera puede ser un objetivo para estos trucos mentales, y el resentimiento será tan alto que tenemos garantizado como menos un foco de disturbios". Y miró a propósito a Colin y a Lillian. "Y seguimos sin tener una prueba sólida de que Frost esté aquí."

Lillian humedeció sus labios. "Zack, sé que le cuesta creer al oficial Ferris.. pero ¿podría por lo menos creerme a mí?"

"Doctora, yo creo que usted no me mentiría deliberadamente." Zack levantó las manos. "Pero no etoy viendo nada que me convenza que esto no es más que un error. Y si usted no me puede convencer --Zack se volvió hacia Lochley-- nunca va a lograr convencer a un jurado de la Alianza Terrestre. O a una junta de investigación de las Fuerzas Terrestres."

"A mí me han convencido, Sr Allan" dijo Sherann.

"Eso es porque usted puede permitirse la equivocación, embajadora" Zack no cedía.

Lochley golpeó la mesa. "De acuerdo, de acuerdo. Déjenme pensar." Apoyó la cabeza en sus manos. La habitación se quedó en silencio. Tras unos instantes bajó las manos y miró hacia arriba. "Oficial Ferris. En calidad de oficial de Agencia la Policía Metasensorial, el Cuerpo Psíquico de la Alianza Terrestre, ¿cree usted que hay pruebas suficientes para concluir que el Dr Paul Frost está en la estación? Y míreme a los ojos, Colin. ¿Está ...usted... seguro de que está aquí?" Las últimas palabras fueron duras como un diamante, y frías como el espacio.

Colin ni siquiera parpadeó o apartó la vista. Simplemente asintió y pronunció una sóla palabra: "sí".

Lochley miró a Lillian. Zack no estaba seguro de qué buscaba en la cara de la doctora, pero lo encontró. "Entonces la creo".

Zack hizo un respingo. Antes de que pudiera decir nada Lochley le señaló. "Pero no se preocupe, Sr. Allan, estoy de acuerdo con todo lo que usted ha dicho. No vamos a peinar toda la estación todavía, Sr Ferris. Eso ya lo intentamos antes con Frost y no funcionó. Zack, quiero que toda su gente... bueno, la gente de los dos --mirando a Tessa-- estén en alerta constante; avisaré a Jamie Pratchett y a los Rangers para que nos ayuden en esto. Todos se llevarán una foto y tienen la orden de observar cualquier cosa inusual; si ven algo me lo traen inmediatamente a mí y a Colin. No quiero heroicidades, ni iniciativas, ni nada parecido. Directamente a Colin y a mí. ¿Vale?"

Zack asintió serio. Tessa también asintió, con gesto grave. Lochley les observó y pareció satisfecha. "Y una cosa más. Y mantengan esto en secreto. Todos."


GINEBRA, SUIZA
SUBTERRÁNEO
24/03/2263

El hombre calvo miró a la mujer de cabellos rubios que le conducía por los túneles. Según sus fuentes, el color del pelo y el gen telépata eran lo único que ella y Talia Winters tenían en común --la mirada del hombre descendió brevemente para confirmarlo. De hecho, existían bastantes posibilidades de que esta Donne hubiese estado implicada en el proyecto que había destruído a aquella mujer, a la que él, en su día hubiera querido llamar algo más que amiga --entonces se obligó a alejar ese pensamiento y volvió a preguntarse por enésima vez, por qué diablos él estaba tratando con este tipo de gente.

Lyta, por supuesto. Lyta y su maldito trato. Y maldito él por aceptarlo. En su día le pareció el único modo de conseguir recuperar su autoestima, asegurándose de que Lyta le quitaría el bloqueo mental que le impedía acabar con esa rata que era Bester....

Más adelante, la mujer dudó y miró atrás un momento. Uh-oh.. mira los escapes, se dijo el hombre calvo a sí mismo, y se esforzó en calmarse. Se recordó que Donne fue en su día uno de los perros guardianes de Bester... era irónico que trabajara con su nuevo jefe para derrotar al ex Psico Agente ... además seguía estando presente el peligro.

Se abrió una puerta --oxidada en el exterior, y reluciente en el interior--. Un hombre delgado, vestido de gris, que parecía más joven de lo que sus cabellos blancos indicaban, pero con un universo de dolor y cinismo en sus ojos azules, les esperaba en la antecámara, al fondo.

"Bienvenido al Buró 13, Sr Garibaldi" le dijo el hombre de cabellos blancos, y le dio un apretón de manos firme.

"Es un placer, Sr Molyneux ¿no?" respondió Garibaldi, que sabía perfectamente quien era aquél. La información que había logrado extraer acerca de este tipo era preocupantemente superficial --por lo visto apareció de la nada poco antes de que las Sombras empezaran a atacar abiertamente a finales de 2260--- y tanto su certificado de nacimiento, expediente académico, historial laboral estaban claramente falsificados. Dado que él mismo y el Capitán Sheridan supieron del Buró 13 en el 59 --y su conexión con el Cuerpo Psíquico, y los proyectos oscuros-- era una suposición bastante probable que las Sombras estaban tras ellos, y por la misma razón tras Molyneux. La pregunta era, ahora que las Sombras se habían ido, ¿para quién trabajaba este tipo?¿Habría alguien?¿O tenía sus propios planes, y si así era... cuáles eran?

De cualquuier modo, tenía los recursos que Garibaldi necesitaba si quería conseguir construír una infraestructura para sus, bueno.. para los telépatas renegados de Lyta. Y Molyneux, a su vez, tenía trabajo para esos telépatas, y necesitaba unos recursos que Garibaldi, como jefe de Industrias Edgars --un jugador principal en la industria farmacéutica de la galaxia-- podía proporcionarle. Las tentativas de negociación entre la gente de Molyneux y los byronitas de Lyta Alexander habían progresado hasta llegar al punto de convocar una reunión personal, y a Garibaldi no le costó demasiado esfuerzo encontrar tiempo en su agenda, aprovechando un viaje de negocios rutinario a la Tierra. Le ahorró la preocupación a su mujer, Lise, la accionista mayoritaria y dueña de IE, quien se había ido de compras a París. Lise se hubiera quedado horrorizada si hubiera sabido lo que él estaba haciendo --y odiaba mentirle-- pero había cosas que era mejor que ella no supiera. Este hombre, con su aire afable y ultracivilizado, y su peligrosa sonrisa, era desde luego una de estas cosas.

Evitando el final de una conversación cuidadosamente superficial, Garibaldi prestaba mucha más atención de lo que parecía a una visita guiada por estas instalaciones ocultas, que estaban escondidas bajo el complejo subterráneo de transporte de Ginebra, y que a su vez estaba enterrado en lo profundo de la Cúpula Terrestre. Unos sistemas medioambientales que harían que cualquier estación espacial estuviera orgullosa, cuarteles, almacenes, instalaciones de recreo y de aprendizaje, una impresionante unidad médica y de investigación, una red de datos gigantesca... y unas salas de interrogatorio.

Cuando volvieron a la zona central abierta --el centro nervioso del complejo-- una refriega anunciaba que un prisionero estaba siendo devuelto a esas salas de interrogatorio. El hombre de piel oscura, obviamente drogado, estaba peleando con toda su furia con sus captores. Garibaldi se detuvo, transfigurado, al reconocer la voz...

"¡No! ¡Suéltenme, maldita sea! ¡Ya les he dicho que no...! ¿Dónde está Molyneux? Déjenme hablar con él... déjenme..." El hombre levantó la vista, buscando en la sala a Molyneux, con la vista nublada, y en su lugar vio a Garibaldi. Se quedó parado.

"¿Gar.. aribaldi? Michael ¿eres tú? ¿Qué..."

"Creo que usted conoce a mi... invitado, el Dr Franklin." Dijo el hombre, mirando atentamente a Garibaldi.

"Por supuesto. Trabajamos juntos en Babylon 5" respondió Garibaldi sin alterarse, mientras sus ojos se tornaban tan fríos como los de Molyneux, pero sin traicionar signo alguno de preocupación.

"Había .... invitado al buen doctor para que se uniera a nuestra operación" explicó Molyneux. "Lamentablemente, declinó la oferta. Por eso nos hemos visto obligados a utilizar ciertos.. em.. métodos menos eficientes para obtener los conocimientos que necesitábamos" Y su mirada penetró a Garibaldi como si se tratara de un láser. "Eso no será un problema para usted ¿no?"

"Ah.. ningún problema en absoluto" respondió Garibaldi. "Bah.. por mí puede llevárselo a la ciudad y entregárselo a los Vorlons"

El hombre de cabellos blancos se detuvo, al no reconocer la expresión, y se volvió a ver cuál era la reacción del prisionero. Franklin pareció quedarse sorpendido durante unos instantes, no podía creer lo que oía. Después pareció asumirlo. Un terror repentino brilló en los ojos oscuros, drogados del doctor, mientras luchaba inútilmente contra los brazos que le sujetaban.

"¡Michael, no! No puedes..."

"Puedo y lo haré" le interrumpió Garibaldi brúscamente. "Después de todo lo que tuve que aguantar en Babylon 5, ¡no mereces menos!" Se volvió a Molyneux. "Este tipo siempre me estaba rayando con mi dieta" le explicó, con una nota de petulancia en su voz. "Si hubiera sido por él, no hubiera podido probar una comida italiana en todo el tiempo en que estuve en esa maldita lata de metal"

Molyneux observó el físico sólido del hombre calvo y le condujo hasta su oficina. Tras ellos, los guardias arrastraban al perplejo doctor de vuelta a su celda.


HIPERESPACIO
A TRES DESRAI DEL MUNDO DRAZI
24/03/2263

En el cielo rojo y negro del hiperespacio, los días eran siempre iguales. Pero el tiempo transcurría sin dilación. Ulvargos yacía en su litera, mirando fíjamente al techo, y pensando en el espacio sobre él.

Estaban a tan sólo unas horas de su planeta. No estaba seguro de si se alegraba o no. Desde luego estaba deseando entregarles esto a la Coalición y acabar con el asunto, pero tampoco deseaba admitir su falta de progresos. El Drakh --el Vekh'shivalht, según se había identificado en un curioso momento de ira, un término que parecía significar algo entre "capitán" y "consejero"-- apenas les había proporcionado información, excepto en esos momentos en los que habían conseguido enfadarle lo suficiente para que contestara. Y Ulvargos no confiaba en esos momentos, de todas formas. Una o dos veces, había estado observando a Zhirith y la criatura gritándole, y algo en su enfado le parecía a Ulvargos curiosamente estudiado. Casi escenificado.

Desde sus fracasos del año anterior, primero con los Enphili, después con las aventuras fallidas en el espacio Vorlon, y finalmente las consecuencias por el bombardeo de Centauri Primero, la desesperación de la Coalición por las nuevas tecnologías se había convertido en casi una obsesión --peor que la que los Narn hubieran mostrado jamás--. Y a pesar de las bonitas palabras de la Alianza Interestelar sobre la igualdad y el comercio, al Consejo de la Coalición no se le escapaba el hecho de que los poderosos secretos de los Vorlons y, en menor grado, su antiguo enemigo estaban firmemente en manos de los terrícolas y los minbari. Ahora incluso enviaban misiones similares a la suya al corazón del espacio Sombra, deduciendo que allí donde las Sombras se asentaron una vez, podrían hallarse sus sirvientes.

En silencio, Ulvargos pronunció el nombre que el sistema tuvo en su día, el nombre que sólo a él le había dicho la Coalición:

Z'ha'dum.

Nunca supieron exactamente que había dañado a la nave Drakh. Pero sabiendo quién y qué había contenido este sistema, y viendo el tamaño que tenía la nave destruída --el equivalente a la suya-- y el dolor y humillación que Ulvargos había detectado bajo la furia del Drakh, estaba listo para hacer una suposición. El Drakh había ido hasta allí para averiguar sus propios secretos, enterrados quizá en algún lugar de su planeta destruído. Y sus antiguos amos, como medida de la justicia que por fin recordaron gracias al Primero, Lorien, les habían atacado por medio de trampas o mandos enterrados de auto-destrucción.

Zhirith no estuvo allí, recordó Ulvargos súbitamente. Ella había luchado en la Guerra de las Sombras y después contra los Centauri, pero ella no estuvo en la Batalla de Coriana VI. No vio las revelaciones que habían sorprendido a la galaxia, las verdades que habían reducido a los dos antiguos poderes divinos de la historia al nivel de dos niños peleándose. Fue esa humillación lo que hizo que la Gran Guerra terminara para siempre, esa admisión definitiva de derrota, vergüenza y arrepentimiento. Ulvargos mismo se sintió humillado por ello.

A Zhirith se lo explicaron más tarde, calro --como a todos-- pero Zhirith no lo vio. Y aunque Ulvargos era un guerrero --no podía ser otra cosa; la batalla estaba en su sangre, en sus genes, su alma-- ese día aprendió que ninguna espada ni ninguna pistola debía volverse a desenvainar porque sí. Y por como Zhirith proclamaba la gloria y la dignidad que se merecía el Dominio Drazi, todo quedaba reducido a nada más que la caza. El derramamiento de sangre porquq sí, porque los drazi no conocían otro modo de sentirse vivos.

Pero Ulvargos nunca había creído eso. Ni de su especie ni de sí mismo.

Y ahora se le había asignado a una misión cuya consecución podría desestabilizar todo aquello por lo que había luchado. Y a pesar de eso reconocía el valor del prisionero Drakh, además del peligro. Era el conocimiento de esas dos cosas lo que podría permitirles tener lo mejor de los mundos. Alguien demasiado ciego para ver el peligro podría ser víctima de una complicada trampa de los Drakh. Alguien demasiado paranoico podría matar a la criatura antes de poderle extraer información útil --no tal sólo de sus secretos tecnológicos, sino de su cultura, su gente, sus planes y sus peligros. Eso, estaba Ulvargos convencido, sería al final más valioso que cualquier truco tecnológico.

Si lograban sobrevivir para saberlo.

{{No puedes calentar el nido sin fuego}}

Su cronómetró sonó. Suspiró y se puso en pie. Era la hora de su última sesión con el Drakh. Había planificado que Zhirith trabajara con él. Ya no tenían tiempo para las sutilezas de un interrogatorio negociado. Era el momento de dejarse de trucos y empezar a dar golpes.

Ulvargos no creía en el uso de la espada porque sí. Pero cuando existía una verdadera necesidad, todavía sabía como desenvainarla.

Dralakh y Zhirith le esperaban en la puerta de la celda. Drakakh asintió. Zhirith, curiosamente, no saludó. Se quedó mirando a la puerta de la celda, como si intentase ver a través de ella.

"¿Subcomandante?"

Zhirith parpadeó y depués saludo a toda prisa. "Comandante. Lo siento. Estaba.. pensando en esta sesión. Esta cosa no se impresionará por la postura." Tocó la consola de control, esperó, cuando los paneles se abrieron. Zhirith y Dralakh entraron.

El Dakh yacía en el camastro, con sus manos llenas de garras sobre su pecho, sus ojos rojos contemplaban el techo, miraron brevemente a los tres drazi cuando entraron y después volvió a poner su mirada fija en el techo. Fue el único movimiento que hizo. Ulvargos se movió para ponerse junto a él. "Vekh'shivalht" gruñó.

"Ya llega" murmuró el Drakh.

"¿Ah sí?"

"El momento de elección y precio."

Ulvargos se negó a que le ignoraran. Si había aprendido algo era que discutir con el Drakh en sus propios términos era inútil. "Me dijiste en una sesión anterior: 'si mi Vaarliht se hubiera salvado'. ¿Quién o qué era? ¿Una compañera? ¿Tu oficial ejecutivo?"

"El cuchillo en mi mano" murmuró el Darkh

"¿Qué fue lo que dañó tu nave?"

"La traición del tiempo y el espacio"

"¿Cuál es el nombre de tu mundo?"

"Polvo y ruina"

Ulvargos sentía que los músculos de su mandíbula palpitaban. "Una vez más, Drakh. ¿De quién hablaba cuando dijiste 'nosotros' antes?"

Los ojos del Drakh se dirigieron a mirar los suyos. Ulvargos se esforzó en no retirar la mirada de esos ojos rojos. Entonces habló la criatura. "¿Sabe usted lo que es, Comandante Ulvargos, perder todo lo que hacía que fueras lo que eres?"

Ulvargos no respondió.

"Es una especie de locura. No somos quienes elegimos ser, pero lo elegimos está limitado por lo que el universo nos da a elegir. Cuando algo que es tan vital para ti, que define quien eres, se pierde ¿cómo puedes llenar ese hueco en ti mismo? Cuando muere un dios, cae una corona, o una causa se desvanece ¿el seguidor simplemente deja de moverse? ¿O encuentra algo más que seguir? ¿O se niega a seguir para siempre y se dispone a tomar el mando?"

El Drakh lentamente se incorporó, sin alejar los ojos de Ulvargos. "'Nosotros', Comandante, somos todos los que elegimos tomar el mando. Yo mismo. Mi gente. Aquellos que han empezado a creer lo que creemos. Los que han visto como se destruía el antiguo equilibrio, y hemos decidido construir uno nuevo."

"¿Y esas personas tienen nombre?"

El Drakh sonrió. "Claro que sí. Y uno que conocéis.A uno de ellos lo conocéis bien."

Ulvargos frunció el ceño. ¿Drakh? Ese nombre lo conocía ya, y Vekh'shivalht era más un título que un nombre...

El sonido del disparo era más fuerte que cualquier otra cosa en la sala. En los ecos de shock y traición tan enormes y agonizantes, Ulvargos sintió que su mente se tambaleaba realmente bajo su peso, entonces se giró. Notaba sus hombros imposiblemente pesados, sus piernas y cintura extrañamente rígidas. Pero su cuerpo continuaba girando, como un planeta.

Zhirith estaba bajando su arma. Dralakh yacía allí cojo sobre el suelo, con su rifle junto a él. No tenía cara. Tan sólo quedaba carne chamuscada y humeante.

Ulvargos abrió la boca para preguntar {{¿Por qué?}} pero la pregunta murió mientras cogía aire para hacerla. Zhirith giró la cabeza y sus ojos se encontraron. El dolor del arrepentimiento estaba allí, un dolor real y tan afilado como una espada. Pero también una decisión, una terrible decisión, tan dura como la piedra se hallaba bajo los oscuros ojos de la drazi. Y su arma ahora se disponía a apuntarle a él.

"La tripulación no permitirá que te salgas con la tuya" dijo

"La tripulación estará muerta"

Ulvargos deseaba poder sentirse horrorizado; ahora estaba demasiado entumecido. "¿Cómo? ¿Les matarás mientras duermen?"

"Hay una nave de camino aquí" dijo Zhhirith. "En treinta minutos buscará la radio baliza que yo les dije que debían buscar en esta zona. La nave rescatará dos cápsulas vitales, en una iré yo, y en la otra Vezrael. Nosotros les explicaremos el terrible accidente del reactor, que destruyó la nave apenas unos minutos antes de que reentráramos. Y nos aseguraremos los aliados que necesitamos."

"Zhirith..." En ese momento, Ulvargos sabía que estaba más cerca de la muerte que nunca. "Zhirith no hagas esto. ¿Tanto me odias que matarías a mi tripulación?"

"¡Tu tripulación!! Zhirith gritó, con la voz de alguien que había estado conteniendo el dolor y la rabia demasiado tiempo. "¡Eso es! ¡Tu tripulación! ¡Nunca la mía, desde el día en que llegué a bordo, desde el principio de mi condena aquí! ¡La Alianza Interestelar es la prisión de nuestra gente, y esta nave es mía! Bien, estoy harta de la prisión. Estoy harta de verme abocada a la paz. Estoy cansada de la humillación y la frustración, y la injusticia." El arma se agita en su mano. "Vezrael nos ha prometido los poderes y la tecnología que necesitamos para ser una potencia igual a los terrícolas y los minbari. Yo sería una traidora para mi gente si desaprovechara una oportunidad así."

"¿Y para no ser una traidora para tu gente, matarás a la tripulación entera de una nave de exploración, incluyendo a tu oficial de mando?"

"¡Cállate!" chilló Zhirith. "¡Esto es justicia! ¡Tú nos has traicionado a todos, tú y los débiles como tú 'la belleza del espacio' y tu estúpida poesía sobre el vacío, vosotros sois los traidores, no yo! ¡Vosotros sois los criminales! ¡Vosotros sois los..."

Ulvargos arremetió contra ella, la cogió por la muñeca y empujo lejos la pistola, que descargó contra el techo, sin dañar a nadie.

Hubiese funcionado. Mientras las garras del Drakh le cogían por la garganta con gran fuerza, y le arrastraba hacia atrás, sabía con una curiosa satisfacción que él hubiera sido demasiado fuerte, y demasiado experimentado para Zhirith en un uno contra uno. Mientras el monstruo le lanzó, causándole un terrible golpe que le proporcionó un instante de intenso dolor y después una total insensibilidad de cuello para abajo, sabía que le habían vencido, no con habilidad o por derecho, sino tan sólo con la traición.

Su vista se oscurecía. Ya casi no le quedaba aliento. Pero todavía controlaba su boca. Hizo que sus labios formaran letras con su último aliento:

"Zhirith..."

Ella le miró fijamente, con los ojos bien abiertos, como un niño.

"Lo ent..iendo..." Ya casi no veía. Hacía tanto frío. "... te.. p..erd..o.. no.."

Su vista le duró lo suficiente para ver como su cara se llenaba de rabia. Su arma disparó con un fuego atómico blanquiazul, dirigido a su cara.

La tripulación no tenía salvación. El accidente lo habían preparado y programado con un día de antelación, los sistemas que les hubieran avisado de los terribles fallos estaban desconectados. Para cuando las intocables alarmas maestras tuvieron suficientes datos y se dispararon, el reactor de fusión ya estaba en un punto irreversible. Zhirith ignoró las llamadas desesperadas, el pánico de la tripulación y se llevó al Drakh directamente a la zona de cápsulas vitales, donde tan sólo dos cápsulas tenían sus chips de control intactos --y a una de ellas, informó claramente a Vezrael, le había quitado su chip de mando independiente y de señalización y lo había remplazado por un circuito que lo ataba a la suya. La única esperanza para Vezrael para ser rescatado era permitir que Zhirith fuera rescatada.

El Drakh se rió.

En cualquier otro lugar esto sería tan sólo una forma más lenta de morir. Pero estaban en la zona de señal cerca de la puerta. Las cápsulas canalizaban bien la señal hasta la puerta principal del Mundo Drazi. Mientrasla nave de exploración detonaba con una explosión nuclear gloriosa, Zhirith yacía estable en su cápsula e iba haciendo sus planes.

La nave de la Coalición llegaría pronto para rescatarles. Después de eso, ella y Vezrael tendrían mucho que hacer.

Intentó no pensar en los ojos de Ulvargos mientras dormía.

BABYLON 5
SECTOR AZUL, NIVEL 9
22:17 EST. 27/03/2263

Colin tomó el camino largo a casa. Había pasado unas largas y agotadoras horas con Zack, repasando la serie de delitos que había estado sufriendo el Zocalo. Los robos de varios Laboratorios Médicos eran algunos de dichos robos; el Laboratorio 1 nunca había sido atacado, por suerte, pero en él había aparecido un armario de medicinas abierto y vacío y aproximadamente diez minutos de grabación habían desaparecido; fue sólo entonces cuando Zack estuvo dispuesto a admitir que algo había pasado allí. Otros hechos eran más obvios. El joyero y su cliente, que habían perdido ambos siete minutos, y cuando se despertaron vieron que el anillo sobre el que habían estado negociando había desaparecido, además de todo lo demás que había en la tienda. Saqueos en las cápsulas de almacenamiento, y los guardias disparando a blancos imaginarios. Acceso a cuentas de crédito, que para que se produjeran tan sólo era posible que alguien hubiese robado las contraseñas telepáticamente. Y a pesar de todo Zack seguía negándose a creer que Frost estaba detrás de lo ocurrido, pero ambos sabían que esta negativa era más un modo de preservar su dignidad, más que una estrategia sensata.

Aunque Colin había evitado escrupulosamente cualquier tipo de escaneo deliberado, la telepatía era, realmente, un sentido que no se podía apagar ni ignorar durante un periodo de tiempo tan largo. Y además no hacía falta tener una carrera de psicología para interpretar este estado emocional. A pesar del poco respeto de Zack Allan que se ganaba a regañadientes, el otro hombre estaba demasiado dominado por su odio a la insignia para considerar siquiera ser amigo suyo, o tan sólo un compañero. Y si Colin no supiera exactamente lo que las personas de esta estación habían tenido que soportar por culpa del Cuerpo, podría quizá tener el consuelo de poder despreciar a Zack por eso, por poseer él un alto grado de tolerancia frente a la cara del prejuicio.

Pero Zack tenía toda la razón del universo para sentir odio y desconfianza. Y contra esa verdad, toda la competencia y la amabilidad del mundo no podían hacer nada.

A pesar de eso, Zack era lo suficientemente profesional (una vez hubo digerido su disgusto inicial) para darse cuenta de que, si los telépatas rebeldes estaban cometiendo estos extraños delitos, la presencia de Colin era necesaria. Y la ironía más grande era que ambos parecían trabajar bien juntos: la intuición e imaginación de Colin complementaban a la perfección la constante y exhaustiva lógica de Zack. Eso no significaba que ambos disfrutaran de la situación, pero sí producía sus frutos. En los días pasados habían arrestado a varios de los telépatas rebeldes más débiles o más imprudentes. Sin embargo, no consiguieron demasiada información. Las restricciones a los escáners telepáticos a los detenidos estaban especialmente protegidas, y los rebeldes habían mostrado muy poca inclinación a colaborar.

Colin había pensado en utilizar la Enmienda D en este caso, pero finalmente decidió a su pesar no hacerlo.Todavía no era el momento de jugar esa carta; no valía la pena la destrucción de la confianza que eso traería consigo.

Sus habitaciones estaban a la derecha. Un privilegio que tenía su rango era tener unos aposentos de categoría de mando. Por lo que tenía que soportar en este lugar, solo y sin apoyo, se merecía tener una ducha con agua caliente. Deslizó su identitarjeta por la cerradura e introdujo su código de acceso; cuando la puerta comenzó a cerrarse y Colin entró, ya con media chaqueta quitada...

{{Hola, Oficial Ferris}}

La transmisión no era especialmente fuerta, quizá de nivel P8, pero estaba tan cerca y era tan inesperada que le sobresaltó y se giró bruscamente. Se sacó rápidamente la chaqueta, retrocedió y se situó de espaldas a la pared, se puso en posición de defensa, y puso en su sitio los escudos mentales cuan puertas blindadas. {{¿Dónde....}}

La vio levantándose del sofá. Una mujer mayor, pequeña y arrugada, con unos profundos ojos negros y una cara morena y curtida. Sus cabellos negros canosos estaban recogidos en una trenza que le llegaban a los hombros. Vestía las típicas ropas harapientas que solían llevar los furtivos, aunque estaban inusualmente limpias. Y había unan tristeza en sus ojos como la de la Madre María llorando sobre los cuerpos de los niños.

Colin bajó las manos, se sentía innenarrablemente estúpido. Pero mantenía los bloqueos en su sitio. Sería muy difícil que un P8 pudiera vencer a un P12 en algo... pero cualquier cosa podía ocurrir si el P12 actuaba de forma descuidada. Él no pensaba hacerlo. Construyó un mensaje y se lo envió a ella suavemente. {{¿Quién?}}

La imagen que le vino de vuelta fue una suave lluvia en el crepúsculo, rica con los colores del ocaso del sol y la emergente sombra de la noche. {{Evenrain}} tradujo su mente.

La mujer sonrió. {{He venido a hacerle un regalo, Oficial Ferris}}

{{¿Eh?}}

{{Yo misma. Y el hombre al que usted conoce como Paul Frost}}

Colin la miró fijamente durante largos instantes. Por fin se movió y se sentó junto a ella en el sofá, todavía mirándola con intensidad. {{Explíquese}}

Evenrain suspiró. "Supongo que sus sospechas están justificadas" dijo ella en voz alta, con su presencia retrocediendo tras fuertes y cuidadosos bloqueos. "Pero tengo una historia que contar. No te preguntaré para mostrártela. Es mejor si se explica a la antigua usanza..."

"¿A la antigua usanza?"

"Con la Palabra, Oficial Ferris. La Palabra que comenzó la existencia."

BABYLON 5
SECTOR GRIS, NIVEL 11
22:21 EST. 27/03/2263

"¿Entonces todo va bien?" La cara y la voz de Timothy Nakamura eran comprensibles, pero distorsionadas debido a la transmisión; el enlace improvisado del dataterminal portátil con los repetidores de taquiones de la BabCom, eran como mucho limitados. "¿Algún problema?"

"Ninguno" dijo Frost negando con la cabeza, firmemente. "Nadie aquí tiene suficiente fuerza para romper mis bloqueos"

"¿Puede usted todavía romper los *suyos*?" preguntó Timothy

Frost gesticuló. "Por ahora, sí. La mayoría de ellos están siguiendo mis enseñanzas, transmisión de imágenes y esquemas en rutina. Todavía podré vencerles fácilmente."

"¿La mayoría de ellos?"

"Algunos no están colaborando. Pero ayudé a curar a una chica enferma el otro día, y eso ha aumentado mi reputación considerablemente." Frost negó con la cabeza. "Es increíble, Timothy. Muchas de estas personas nunca han sabido lo que eran capaces de hacer. Si el Cuerpo se diera cuenta de lo que la 'familia' significa de verdad; si adiestraran a todos los telépatas como ellos me adiestraron a mí en el Cuerpo Psíquico..." Su voz se tensó.

"Supongo que debemos agradecer que no lo hicieran" observó Timothy sin demasiado entusiasmo. "El Poder es adictivo sólo para aquellos que no crecen con él."

Frost suspiró. "Desearía que no lo hubieses dicho así..."

"Oh, venga madura, Paul." Le respondió Timothy. "Así es como conseguimos a nuestros reclutas, ¡lo sabes! Hacemos que se enganchen al poder que tienen. Es la adicción más clásica que ha existido. Sólo que es más barata, porque nosotros fabricamos nuestro producto."

Frost miró a un lado y a otro, por todos lados. Por suerte, los byronitas parecían tratar este pequeño cubículo, del que él se había apropiado, con un miedo supersticioso; nadie excepto Evenrain o G'Stral se acercaban siquiera a él en este lugar, si no les habían invitado. Y Evenrain hacía horas que no aparecía por allí, y G'Stral estaba demasiado ocupado examinando sus últimos objetos robados, para darles precio en el mercado negro. "¿Y qué hay de tus propios fines?"

"No tenemos que preocuparnos de FutureCorp" dijo Timothy, repasando las notas que tenía en su escritorio o su regazo, bajo el transmisor de taquiones. "Pero no he tenido suerte con IPX. Sus antiguas relaciones con el Cuerpo siguen siendo bastante fuertes. No puede establecer contactos que valieran la pena el riesgo."

Frost se encogió de hombros. "Algo así esperábamos. ¿Industrias Edgars?"

"Algunos allí han expresado ... interés. Pero siento que nos están dando largas. Puede que tengan otros compromisos..."

"Espera" Frost se levantó.

No había visto a Evenrain en varias horas.

Pero ella nunca se iba de la sala. Subir por esa escalera era difícil para ella. ¿Qué podría haberla alejado de él?¿Qué la había empujado a salir por la estación?"

"¡G'Stral!" gritó.

BABYLON 5
SECTOR AZUL, NIVEL 9
22:25 EST. 27/03/2263

"Hace mucho tiempo, en un mundo lejano, una joven creció en la nación aborigen auxiliar de Shiwisikan, en las llanuras de Norte América. Creció pobre, como todos en las NAAs. PEro creció con una familia que la querían, que la hicieron más ricas que a muchos niños en la Alianza Terrestre. Y creció con un don muy especial, un don que la permitía ver en los corazones y las almas de las personas que la rodeaban."

"Muchas personas la temían por eso. Pero sus padres le enseñaron que nunca debía usar ese don caprochosa o cruelmente, y porque ella amaba a sus padres, les obedeció. Y gradualmente la gente de Shiwisikan llegaron a quererla también, y acabaron por confiar en ella. Se convirtió en mujer, y en madre, aunque ni su marido ni sus hijos tenían su Don. Y su vida, aunque corriente, fue feliz."

"Después, hace dieciocho años, comenzó la guerra más devastadora y terrorífica que la raza humana tuvo que vivir. A la mujer le arrebataron a su marido, y a sus hijos --ya adultos-- y el monstruo de la guerra los mató. Y un día, en una de las campañas de alistamiento, cuando los oficiales de las Fuerzas Terrestres llegaron a Shiwiskan llevándose a los hombres y a los niños para que lucharan contra los minbari, con ellos llegó un telépata, un P10 que actuba de enlace militar. El telépata miró a la mujer y supo lo que ella era, y le exigió que le acompañara, para unirse a la tribu que llamaban Cuerpo Psíquico."

"Y la mujer aceptó, porque no podía soportar ver como su nación era engullida para alimentar una guerra que estaban condenados a perder. Y esa fue la última vez que vio a única hija que le quedaba, viva."

"En el Cuerpo la mujer fue adiestrada para ser una telépata comercial, para presenciar las pequeñas mentiras y los trucos de los hombres de negocios, para lograr que fueran honestos en sus negociaciones. Y dado su talento y fuerza, fue asignada a otras tareas. Asistir en crímenes, realizando escáneres en enfermos y mentes retorcidas. Cuidando e instruyendo a los niños del Cuerpo, observando como su inocencia se quebraba como la madera podrida. Encontrando a otros telépatas, y observando como se unían al Cuerpo o las drogas le chupaban sus talentos y su vida. Y el alma de la mujer se iba marchitando cada día, cada año."

"Y entonces, cuando la mujer estaba preparada para quitarse la vida llegó su salvador, un hombre llamado Byron, que predicaba el amor, la libertad, y la confianza; que predicaba la construcción de un nuevo mundo y una nueva sociedad, lejos, sin violencia ni odio ni miedo. Y la mujer, aunque no estaba preparada para creer en esos sueños, amó a Byron como a un hijo, y le siguió por ese amor. Y llegó a un lugar entre las estrellas, un lugar de paz, un lugar al que se le dio el nombre de la ciudad más antigua de la humanidad."

"El sueño de Byron murió engullido por el fuego. Y ella, y algunos de los hijos de Byron, tuvieron suerte. Sobrevivieron, y se reunieron, jurando vivir en paz y tranquilos según los ideales de Byron. No habría más batallas por un mundo, ni por la fuerza ni por la información. Construirían un jardín en el que poder vivir. Un jardín pobre, duro, pero con amor los unos por los otros y paz, eso sería suficiente."

"Pero un día llegó una serpiente a este jardín. Un hombre con conocimientos, métodos y voluntad. Un hombre con un sueño totalmente distinto; un guerrero, un maestro, y un profeta de la oscuridad. Un hombre con el nombre del frío del invierno y la muerte de los sueños. Un hombre llamado Frost. Y este hombre habló a los seguidores de la mujer, y llenó sus oídos no de mentiras, sino con algo más peligroso: con verdadas utilizadas al servicio de una mentira. Les dio el don del poder, de la visión, y del aprendizaje, y les enseñó a desear lo que nunca habían deseado: más poder, más riqueza. Y la gente de la mujer, por el amor que sentían los unos por los otros, vieron qué dones podian darse unos a otros y a sí mismos, de esa forma, y adoraron al hombre llamado Frost."

"Y la mujer vio que las tentaciones de Frost destruirían a su gente, pero sabía que no podía enfrentarse a él ella sola. No tenía ni el poder ni la voluntad de luchar, y su gente ya no la escuchaba. Y entonces su vida volvió al punto de partida, y volvió al redil del Cuerpo, para darle noticias de un telépata rebelde y criminal. Y sabía... sabe.. que el precio de eso significaría pasar el resto de su vida en la miseria y la esclavitud. Pero por la libertad de su gente, estaba dispuesta a pagar ese precio."

Evenrain se quedó en silencio.

Colin se quedó mirando la mesa de café, con sus manos entrelazadas hasta que se le quedaron blancos los nudillos. Durante unos instantes el silencio se apoderó de la habitación.

"Yo.." la voz de Colin era inusitadamente ronca. "Tengo que pensar en eso."

Evenrain frunció el ceño. "¿Pensar?"

"No es tan sencillo." Colin cerró los ojos. "No podemos llevarnos a Frost sin machacar a tu gente, y eso no es..." Se detuvo y se rascó la cara con la mano. "¡Soy un oficial de la MetaPol!" gritó de repente. "¡Yo atrapo delincuentes, no mendigos!"

"Mi gente se está convirtiendo en delincuentes, Oficial Ferris" Evenrain dijo con suavidad. "Quiero que evite que eso pase."

"¿Cómo?"

"Quiero que le diga a su Capitana, y al Jefe de Seguridad, dónde está Frost, en Gris 11, en las Cámaras de Almacenamiento CF a CJ, accesibles sólo gracias a una escalera desde Gris 24. Quiero que vayan allí con la Seguridad de la estación y se lleven a Frost. Yo me llevaré a los míos a otra parte, pero yo le llevaré hasta allí. Y por esa razón estoy dispuesta a volver voluntariamente al Cuerpo."

Colin se la quedó mirando. "No puedes volver. Si le das alguna razón para que sospeche o te escaneé..."

"Es arrogante. Y yo soy muy buena evitando llamar la atención." Evenrain sonrió tristemente. "He vivido aquí durante un año sin llamarla, al fin y al cabo."

Colin se puso en pie y fue hasta la pared, y apoyó sus manos sobre ella. "Supones que yo tengo control sobre Lochley y Allan, y no es así. Lochley sigue las normas tanto como.. yo." Se volvió para mirarla. "Las personas a las que encontremos, tendrán que volver"

"Será mejor eso que en lo que se están convirtiendo."

"¡Pero tú no puedes decidir por ellos!"

"¿Y por qué no?" dijo Evenrain. "¿No es eso lo que tú haces, por definición de su trabajo? ¿Lo que el Cuerpo lleva haciendo desde que existe?"

"Eso... ¡eso no es lo mismo!"

"¿Ah no?"

"Yo..." Colin la miró fijamente. De repente su mano apuntó directamente a la puerta. "Sal de aquí. Yo me pondré en contacto contigo en uno o dos días. Necesito pensar en ello."

Evenrain le observó. "Sr Ferris. Yo ...soy.. una telépata... rebelde. Lo sabes. Es tu deber arrestarme. Si me permites salir por esta puerta, estarás cruzando la línea, y podrás volver atrás."

"¿Por qué me estás diciendo esto?"

"Para asegurarme de que conoces las consecuencias de tu elección. Sea la que sea." Sostuvo su mirada en silenci. Entonces, seguidamente pero sin prisas, empezó a caminar hacia la puerta paso a paso. Estaba a cuatro pasos de salir por la puerta. Tres. Dos. Uno. Colin la vio irse sin moverse.

En el mismo umbral de su puerta, ella se detuvo una última vez.

Las manos de Colin se cerraron en sendos puños a ambos lados de su cuerpo.

Pero no se movió.

Evenrain dio un paso adelante. La puerta se abrió y se cerró tras ella. Colin se quedó allí depie, después se apoyó contra la pared y la golpeó con sus puños. Se quedó con los ojos abiertos, como en estado de shock, miró hacia arriba, con la confusión dando vueltas en su mente como la energía en el hiperespacio.

BABYLON 5
SECTOR GRIS, NIVEL 11
23:10 EST. 27/03/2263

Muchos de los suyos estaban dormidos cuando ella volvió. Cuidadosamente, Evenrain se coló en la sala con su mente. No había rastro alguno de Frost. Suspiró, totalmente agotada tras subir trece pisos por la escalera, y entró lentamente en su cubículo, rodeado de cortinas.

Una vela dentro de la puerta, la esperaba. Ella la encendió y se volvió.

Frost estaba sentado sobre sus mantas, sus ojos fríos y agudos como su nombre. "Hola, Evenrain." Era el murmullo de una serpiente observando a su presa.

Evenrain sintió como la sangre se escapaba de la cara.

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**** ACTO CUATRO ****

BABYLON 5
CENTRAL DE SEGURIDAD
23:11 EST. 03/21/2263

Zack irrumpió en la oficina y pasó junto a Satamba, cogió la segunda silla frente a la consola, y se sentó como si no le quedaran energías. "La madre de Dios, vaya día" murmuró.

"Mm-hm" salió de Satamba sin apartar la vista de la pantalla.

"Tres malditas horas con el Psico Agente con la burocracia y la planificación, después tuve que pasar por el Dark Star para investigar a un centauri borracho que estaba intentando ligarse a Livingston, aunque ella no sea siquiera de su especie... ¿sabes? a veces creo que lo que dicen de los centauri es cierto: que si beben mucho, intentarán irse a la cama con cualquier cosa."

"Bueno, con seis lo que sea, si pudieran" Satamba hizo el clásico chiste fácil, como ausente.

"No me hagas hablar."

"Aha.."

Zack miró por encima de su hombro. Su segundo todavía no había levantado la vista del monitor. Zack frunció el ceño. Sabía que Glenn no compartía su opinión sobre el Cuerpo Psíquico, pero en circunstancias normales hubiese escuchado con atención a sus quejas. "¿Qué es lo que miras?"

"Hace una media hora BabCom registró un flujo de energía en el circuito de comunicaciones, aquí." Satamba señaló al indicador de energía en una de las líneas del circuito principal de BabCom. Oscilaba arriba y abajo, describiendo una onda lenta y arrítmica. "Esas rutas del repetidor fueron ajustadas tras la desconexión de emergencia que se hizo en enero. No debería ocurrir esto tan pronto."

Zack se encogió de hombros. "Todo se estropea antes de lo que uno piensa, Glenn."

Satamba frunció el ceño. "Tal vez sea así, señor, pero llevo observando estas grabaciones desde hace unos minutos. A velocidad normal, no se ve nada. Pero había algo que no me parecía normal. Así que volví a verlas enteras a una velocidad 20 veces más rápida." Entonces tocó unos botones. "Observe esto." Y pulsó ENTER.

Zack vio entonces el circuito de energía mostrado en pantalla, la onda del flujo de energía oscilaba a una velocidad acelerada.. y bajo esa aceleración el flujo tomaba un ritmo regular y una velocidad que no podía ser natural. Tan sólo duró de diez a doce segundos a esa velocidad, pero era evidente que seguía un patrón. Miró a Satamba, y por un momento la adrenalina atenuó su fatiga. "Escuchas de comunicación."

"Alguien está metiéndose donde no debería meterse" reafirmó Satamba. "He hecho que BabCom siga el rastro. El origen será difícil de encontrar, pero sí debería poder encontrar su objetivo... allá va." Entonces la pantalla brilló en verde: BÚSQUEDA COMPLETA. Y Satamba dijo en voz alta: "Ordenador, especifica la localización de las escuchas."

"Sector Azul, nivel 9, habitaciones del personal ejecutivo, trentaidos" dijo el ordenador con su voz impersonal "actualmente asignadas al Oficial Colin Ferris, de la Agencia Policial Metasensorial del Cuerpo Psíquico." Zack y Satamba se miraron sobresaltados. "¿Desea contactar con el Oficial Ferris?"

Satamba se quedó con la boca abierta, y Zack dijo: "No, todavía no."

Satamba reaccionó: "¡Pero Jefe...!"

"Primero quiero saber quién está escuchando."

BABYLON 5
SECTOR GRIS , NIVEL 11
23:13 EST. 27/03/2263

Frost suspiró y sacudió la cabeza, sonreía como con una especie de exasperación, como un padre indulgente forzado a enseñarle disciplina a un niño travieso. "¿No pensarías que podrías engañarme así, verdad?"

"¿Cómo?"

"Así." Se puso en pie, se fue hasta el datalector personal de Evenrain, introdujo el data cristal y lo puso de modo que ambos pudieran verlo. La pantalla se encendió y se vio...

... a sí misma. Y a Colin Ferris. En sus habitaciones. Las letras que se veían en los bordes de la pantalla identificaban la transmisión: era una grabación de seguridad de BabCom.

"¿Cómo...." Evenrain tuvo que coger aire de nuevo. "¿Cómo lo has sabido?"

"¿Que era allí a donde ibas a ir?¿O que es allí donde él estaba?" sonrió Frost. "La primera era fácil de deducir. La segunda información me la proporcionó G'Stral gustosamente, junto con algunos consejos de cómo saltarme algunos protocolos de seguridad de BabCom." Y levantó una mano. "Y antes de que me lo preguntes, sí, capté la mayoría de la información. De entre todo tu fantástico cuento de hadas, desde el lugar de donde provienes... ¿nunca has madurado, verdad?... hasta el momento en que me traicionaste a mí, a los que son como tú, y a ti misma."

"¿También grabaste el momento en el que Ferris se negó totalmente a actuar como el depredador, del modo en que tú creías que iba a actuar?" {{El modo en que yo también pensé que iba a actuar}} dijo en su mente.

Apareció la sonrisa en la cara de Frost. "Digamos que tengo lo que necesito. Y es la prueba definitiva para que todo el mundo en este grupo sepa que eres una traidora. Que nos destruirías a todos, destruirías toda la esperanza que yo he dado a estas personas, sólo por tu propia ceguera y tu propio miedo. ¿Crees que te seguirán, un segundo después de que yo les haya mostrado esto?"

"Entonces ¿por qué no se lo has enseñado ya?" El miedo y el susto estaban empezando a producirle un entumecimiento extrañamente liberador.

"Porque no necesitan saber lo que tú has intentado hacer." Frost la señaló. "De un modo u otro, Evenrain, tu tiempo como líder ha terminado. Estas personas ya no te necesitan. Me necesitan a mí."

"¿A un criminal y un demagogo que está dispuesto a sacrificar vidas inocentes por robar?"

"Un patriota dispuesto a hacer lo que se deba hacer." Frost se inclinó hacia delante. "Evenrain...cuidaste de ellos cuando lo necesitaron. Has hecho maravillas con ellos. Pero no puedes permitir que sean víctimas de tu propio miedo. Si ya no puedes liderarles, entonces hazte a un lado y deja que lo haga alguien que puede." El brillo de su mirada se volvió más frío, más duro. "Yo les lideraré hasta su destino, Evenrain. Sígueme y encuentra el tuyo. O ponte en mi camino y serás apartada. Tú elijes."

Evenrain le miró. Lentamente, negó con la cabeza. "Para ser telépata, es increíble lo poco que conoces a mi gente. Se te olvida una cosa, Dr Frost."

"¿Y qué es?"

"El amor."

Frost parpadeó.

"Mi gente me ama, Dr Frost. Te admiran, y te respetan, y te están agradecidos por lo que has hecho. Pero ellos me aman a mí. Yo lo he sentido. Y actúo para ellos por amor, no por una especie de sentimiento equivocado sobre el destino y la libertad. Ellos saben eso de mí, y sabrán porqué hice eso, porque abriré mi mente para ellos como tú nunca has hecho. Yo les mostraré mi alma. Y creo que ese amor me proporcionará su perdón y su comprensión por mis acciones." Era extraño, pero encontró una sonrisa en algún lugar "no me vas a poder chantajear, Dr Frost."

Frost la observó con serenidad, con frialdad en los ojos, sin sonreír ahora. "Yo se lo diré, Evenrain. Mañana por la mañana. No lo dudes."

"No lo hago."

Frost se giró y se dirigió lentamente hasta la entrada de su cubículo, y entonces se detuvo. "Tu fe en tu gente es..... admirable" dijo.

"¿Nunca te has arriesgado en nombre del amor?"

Frost paró como si ella le hubiese dado una puñalada en el costado. Cerró los ojos, pero su cara no se movió. "Cuando dejé atrás el Cuerpo Psíquico" explicó "lo hice, no por la causa de la libertad, o el miedo a ser castigado. Lo hice para salvar la vida de una muchacha, la hija que yo nunca tuve. Esa muchacha es la única persona que yo he amado de verdad. Y porque me escapé, ella cree que soy un rebelde, un traidor. Y ella me odia como sólo pueden odiar las personas a las que han traicionado personalmente.

"Pero al menos, ella está viva para odiarme."

"He sacrificado mi propio amor por las persona amada, Evenrain. No espere que yo sea más gentil con tu amor, o tus amores."

"Y por eso" suspiró Evenrain "no puedo permitir que ganes."

Frost se dio la vuelta de repente, y la miró fijamente. Su transmisión golpeó sus bloqueos con tanta furia, que si se hubiera tratado de un ataque, Evenrain hubiera estado inconsciente durante horas. Como era de esperar, ella se tambaleo debido a su fuerza.

{{LO LAMENTARÁS}}

Y él desapareció tras las cortinas.

Evenrain se dejó caer sobre las mantas. Se quedó quieta durante unos segundos, y después se recostó sobre ellas, temblando al sentir el frío de la sala. Se quedó en la oscuridad, con los ojos bien abiertos, mirando al vacío.

GINEBRA, SUIZA
BAJO EL CENTRO DE TRANSPORTES
04:17 EST. 28/03/2263

Stephen Franklin se despertó al oír el sonido de la puerta de su celda, al abrirse. Una figura imponente tapaba la entrada.

"¡Michael! ¿Qué haces aquí?"

"He venido a sacarte de aquí ¿qué te creías?" respondió Garibaldi. "¿Es que no cogiste lo de los Vorlons?"

"Sí, sí.. claro que lo pillé" murmuró el doctor, saliendo de la cama y tocándose el pelo. " De cuando escondimos al Dr Jacobs de las Fuerzas Terrestres, mientas el Capitán e Ivanova jugaban con ellos... ¡simplemente no osé a creerlo! Irrumpir aquí es de locos, Michael, este sitio está lleno de telépatas."

"Lo sé, por eso yo he traído los míos". Tras él, dos jóvenes idénticos de rasgos orientales, le sonrieron al doctor.

"¿Tú? ¿Trabajando con telépatas? ¿Desde cuando?"

"Luego. Ahora nos vamos."

Stephen asintió y cogió su chaqueta, después se paró en la puerta. "Espera... ¿podríamos pasar por el laboratorio?2

"¿Qué quieres coger, un souvenir?"

"Digamos que topé con un par de cosas aquí que... bueno.. es una larga historia, pero creeme, son importantes."

Garibaldi suspiró, y se volvió hacia los telépatas. "¿Qué pensáis? ¿Dong?¿Ky?"

"¿Qué?" dijo Stephen. Garibaldi le miró. "Perdón"

Los gemelos le sonrieron, se miraron y se encogieron de hombros.

"Vale, pero démonos prisa" apremió Garibaldi. Mientras se dirigían a toda prisa por la sala principal, Stephen vio varios cuerpos inconscientes y/o atados, y observó que habían puesto una grabación de seguridad trucada en los monitores internos. Quienes fueran estos telépatas de Garibaldi, eran buenos.

Garibaldi rompió la cerradura, y los dos entraron en el laboratorio, mientras Dong y Ky se quedaban vigilando fuera. Stephen se acercó a los armarios de refrigeración y sacó de ellos dos viales. Los guardó, junto con algunos suministros de primeros auxilios, en un maletín.

"Sólo por si te vuelven a apuñalar por la espalda" le dijo a su amigo.

"Bien pensado. ¿Podemos irnos ahora?"le respondó el otro. Se fueron. Salieron por los túneles, y pasaron frente al guardia somnoliento que había.


BABYLON 5
ECLIPSE CAFE
08:26 EST. 28/03/2263

G'Stral no estaba al cien por cien por las mañanas. De todos modos, intentaba estar en el Zocalo cuando no estaba trabajando activamente bajo contrato. Aunque el Bajo Fondo ofrecía una gran variedad de oportunidades mercantiles, eran por lo general de pequeña importancia y difíciles de encontrar. El Zocalo era por otro lado, de personas de más alta categoría, y eso hacía que fuese más raro que se sumieran en la desesperación y recurrieran a la corrupción, pero por otro lado estos clientes potenciales eran más fáciles de reconocer, y solían pagar mejor. Y Seguridad tendía a ser algo menos rigurosa aquí.

Estaba sentado frente a una copa de lo que se suponíaque era un shon-eth'vor Narn, y se lo bebía obligado para contrarrestar los estimulantes; pero no tenía el sabor ni los matices del verdadero shon-eth'vor, pero al menos estaba caliente y le ayudaban a mantener el equilibrio... mientras las sillas al lado suyo parecían oscilar. Levantó la vista y casi se atraganta con la bebida, al ver las dos figuras que estaban sentadas junto a él en la barra.

"Hola, G'Stral" dijo Ta'Lon con tono amable.

"Hola, G'Stral" dijo Vir con tono agradable.

G'Stral echó una mirada llena de veneno al centauri antes de volverse hacia Ta'Lon y hablar en Narn, lentamente. "Soy yo, embajador ¿o hay algo que apesta por aquí?"

"¿Además de tus modales?" apuntó Vir en la misma lengua.

G'Stral se dio la vuelta par mirar directmente a Vir. "¿Dónde... cómo..?" Se volvió hacia Ta'Lon y dijo "¿Cómo puedes escuchar tu lengua en la voz de un centauri?" espetó.

Ta'Lon suspiró. "Manteniendo mis oídos abiertos, del mismo modo en que escucho a los demás. Oyes cosas bastante sorprendentes así. Como el nombre del Dr Paul Frost.

G'Stral sólo se quedó parado durante un segundo, pero supo que ellos lo habían captado. "¿Y?"

"Pues que se nos ocurre que serías la persona que nos pudiera ayudar a encontrarle" dijo Vir.

"No hago tratos con centauri"

"Pero sí que haces tratos con asesinos, piratas y ladrones?" Vir levantó una ceja. "Tienes unos valores bastante curiosos, Sr G'Stral."

"No tengo por qué justificarme ante ti."

"¿Y ante ti mismo?" dijo Ta'Lon. "¿No se te ha ocurrido que Frost es peligroso, G'Stral? ¿Que las personas a las que él paga suelen terminar muriendo? ¿Crees que sobrevivirías un momento cuando ya no le sirvas?"

G'Stral sonrió; la expresión parecía tensa y forzada, pero también había humor en ella. "No" dijo honestamente. "Pero tienes que recordar, Ta'Lon, que soy muy bueno haciéndome útil."

"Y te pasas la vida siendo utilizado" dijo Vir

"¿Bueno.. y por qué no?" G'Stral se giró y miró a Vir con rabia; el Centauri hizo lo mismo. "¿No es para lo que tú crees que mi gente sirve? ¿Para utilizarles?" siguió G'Stral.

Vir cerró los ojos y negó con la cabeza, y suspiró. Después miró a Ta'Lon. "No escuchará lo que yo digo racionalmente. Quizá tendrás más suerte si yo me voy."

"Quizá sea lo mejor" le respondió Ta'Lon.

G'Stral apretó los dientes. "Aquí estoy. No hables por encima de mi cabeza."

"Considerando en qué tienes tu cabeza, eso parece inebitable" afirmó Ta'Lon. "¿No te das cuenta de que estamos en una situación que va más allá del odio y las disputas? Frost tiene que ser detenido."

"¿Por qué?"

"¿Por qué..?.. ¿Cómo puedes hacer esa pregunta?" espetó Ta'Lon.

"Es muy sencillo. Abro la boca y la pregunta sale." No había humor en la voz de G'Stral. "Frost no es problema mío, Ta'Lon. Tan sólo ha transgredido normas humanas, tan sólo ha atacado transportes centauri. Así que ¿qué más da si rompe las normas para sus asaltamentes? ¿Por qué te implicas tú? Sé por qué te importa a ti..." mirando con desdén a Vir "¿Pero por qué a ti, Ta'Lon? ¿Qué implica para ti?"

"La paz"

Ahora fue G'Stral quien se quedó perplejo.

"El derramamiento de sangre no tiene límites, G'Stral. Si estalla una guerra por esto --y puede que la haya-- no quiero le salpique a los inocentes. Sean humanos, narn, minbari o centauri." Ta'Lon le miró fijamente. "Tienes la oportunidad de detener esto para siempre, G'Stral. Dinos dónde está Frost."

"No puedo"

"¿No puedes o no quieres?" preguntó Vir

"Para ti es la misma cosa"

Ante la mirada de rabia del joven Narn, Vir retrocedió. Ta'Lon cerró el puño y lo estrelló contra la mesa. "G'Stral..."

"No puedo romper el trato, Ta'Lon." G'Stral se sorprendió ante las palabras que acababa de pronunciar; quiso transmitir ira. Pero sonó como el lloro desesperado de un hombre. "No pienso proporcionaros información."

Entonces dijo Ta'Lon: "Podría revocar mi protección de embajador, y permitir que Seguridad te ponga bajo custodia."

"Bien" se encogió de hombros G'Stral. "A menos que el Psico Agente quiera meterse en mi cerebro, no oirán nada más que lo que tú estás escuchando. Y se ha ceñido a las normas, según creo." Antes de que el joven narn pudiera continuar, se oyó un sonido metálico, se detuvo, pulsó su intercomunicador y se lo puso en la oreja. "¿Sí?"

Se oyó una voz apenas audible. G'Starl asintió, después cortó la comunicación sin responder y se levantó. "Tengo que irme."

"Estás cometiendo una equivocación, G'Stral." Ta'Lon no parpadeó. "Te arrepentirás."

G'Stral torció el gesto, y su sonrisa era al mismo tiempo algo totalmente distinto de una sonrisa. "¿Qué quieres decir con que me "arrepentiré"?

Se fue sin detenerse para ver el gesto de Ta'Lon y Vir, y la discusión que unos pocos segundos después tuvo Ta'Lon para llamar urgentemente a un guardia de seguridad.


MUNDO DRAZI, ZHABAR
SALA DEL CONSEJO DE LA COALICIÓN

El Kensur-no-Dro'hannan --o dicho exactamente, la Sala de los Triunfadores del Poder-- había sido construído por primera vez, cuando los Drazi creían que las paredes y los techos servían sólo para proteger a los que dormían. La civilización gradualmente hizo que estos elementos se convirtieran en cotidiano, para poder proteger la propiedad privada, la familia y la intimidad. Pero la mayoría de drazi todavía necesitaban ver el cielo y sentir el viento con frecuencia.

El techo de la Sala, por ello, no era una estructura sólida. En su lugar, se componía de un vasto e intrincado tejido de cableado, al que iban sujetos unos grandes paneles de lona. En su mayor parte, el tejido colgaba bastante suelto, permitiendo que pasara la luz del sol, el viento y el aire del desierto; pero cuando amenazaba una tormenta de agua, se podía tirar del cableado y los paneles de tela quedaban bien sujetos, hasta componer un tejado sólido. Se había demostrado en los últimos tiempos, cuando los drazi avanzaron hasta llegar a viajar por el espacio, que este sistema tenía sus ventajas prácticas: el calor que los paneles absorbían y el movimiento de la tela evitaba con efectividad que alguien pudiera mirar desde fuera.

Cosa que ahora era desde luego una ventaja.

La Sala estaba casi vacía. Sólo estaba ocupado el anillo de asientos más bajo. En el centro de la Sala no había más que un círculo vacío de arena. El parecido a un estadio de juegos no era algo accidental. Zhirith se movió hacia el círculo de arena, intentando con esfuerzo mantener su respiración bajo control. A su lado, notó que iba Vezrael siguiéndola, pero --como era, según descubrió, típico de los Drakh-- había escogido un lugar justo al límite de su vista periférica, de modo que si ella quería verlo, tendría que girar la cabeza. Apretó los dientes y de nuevo, se negó a hacerlo. No conseguiría nada, y además disminuiría su poder. Con paso firme, Zhirith entró en la zona iluminada, hacia el centro. La arena se aplastaba bajo sus botas.

Los Consejeros de la Coalición que ocupaban el anillo de asientos del interior, habían sido escogidos con cuidado. Todos pertenecían a la facción Militante, con un equilibrio riguroso de viejos guerreros y algunos prometedores jovenes agitadores. No había muchos. Los Militantes habían perdido a muchos de los suyos a manos de la facción Pacifista, cuando el fiasco de los enphili y el bombardeo ilegal de Centauri Primero habían causado el descenso del comercio con el resto de razas de la Alianza. Los drazi, cuyo mundo nunca había sido especialmente rico, y cuyas colonias no estaban ni cerca ni eran tan numerosas ni poderosas como las de las otras razas, no podían permitirse las pérdidas en el comercio interestelar. La gente que estaba ahora allí sentada, sabía Zhirith, serían como ella. Insensibles, amargados, enfadados. Dispuestos a arriesgarse.

Asustados.

No, todavía no estaban asustados. Pero lo estarían.

Flotaba en el aire un aroma, cuando el drazi se concentró en el drakh que permanecía en silencio a su lado...una tensión de sangre y nervios, una cautela de predador. Vezrael se giró lentamente, sus ojos rojos rastreaban uno a uno a los drazi que había en el círculo, como si les examinara. Ninguno apartó la mirada, aunque Zhirith sabía, a juzgar por el movimiento de las escamas de sus cuellos, que algunos drazi se sentían más afectados que otros.

"Este es Vezrael" anunció. "Era el comandante de una nave de exploración de la raza drakh. Una vez sirvieron al Antiguo Enemigo. La raza a los que los minbari denominaban las Sombras."

Los Consejeros intercambiaron miradas furtivas. Una oleada de alarma y de preocupación corrió como un relámpago de unos a otros. Pero ninguno dijo nada.

"Las Sombras se fueron. El mundo que los drakh llamaban casa...." Zhirith detuvo su narración y después pronunció claramente el nombre. "Z'ha'dum ... está destruído." Vio como entonces todos se sobresaltaban al oírlo; ¿sería porque ese mundo estaba destruído, o porque ella supiera lo que sólo le habían dicho a Ulvargos? "Están perdidos, derrotados, reducidos a vagabundos como Vezrael y su gente. Ahora Vezrael está solo y perdido incluso de los de su propia especie. Pero tiene una cosa de valor.......

... Conocimientos."

"Ha venido a ofrecernos esos conocimientos. A cambio, todo lo que pide es un lugar entre nosotros."

"¿Todo lo que pide?" Espetó un drazi de aspecto especialmente marchito, un Consejero llamado Haskir que se había ganado cuatro veces un sitio en el Consejo, gracias al Dro'hannan. Era un hábil y despiadado luchador con una mente tan afilada como cualquiera de sus cuchillos, incluso a su avanzada edad. "Si eso es cierto, me pregunto a qué se refiere cuando pide un 'lugar'"

Zhirith respiró hondo, intentando que no se notara. Resulta que, en todos sus intentos de hablar con Vezrael, no habían hablado en términos reales. Ahora estaba ante algunos de los que ejercían realmente el poder en el Dominio, maestros de la ira, gente fuerte y que no perdonaba los errores. Si las palabras de Vezrael no eran aceptadas, las repercusiones no se limitarían a él. El miedo era ahora una fría vibración dentro de ella, como si tuviera agua helada en las venas.

Pero la voz de Zhirith era fuerte e inflexible. "Eso debe declararlo él mismo." Se volvió y se apartó deliberadamente de Vezrael, haciéndole un gesto.

Él la miró. Y entonces, sin hablar, el drakh siguió sus pasos, colocándose justo a su lado. Y entonces miró a los demás.

"Mi lugar está aquí."

Zhirith miró fijamente.

"Mi gente sabe del honor de una deuda." Una de sus garras señalaron a la Subcomandante. "Zhirith salvó mi vida cuando los dispositivos de nuestros maestros destruyeron nuestra nave. Su gente es fuerte, y los fuertes deben ser respetados. Saben que el principio del universo es la fuerza, y son orgullosos seguidores de esa fuerza. Yo me entrego a esta causa libremente. Yo sirvo a la Subcomandante Zhirith. Pídanle a ella lo que me pedirían a mí, y bajo sus órdenes, yo me esforzaré por darles lo que ustedes quieran." Y lentamente, el drakh se arrodilló y agachó su cabeza, era la reverencia clásica del kir-salassa drazi, la sumisión honorable ante el vencedor, en la que se entregaban tierras, riquezas, y si era necesario, la vida.

Zhirith sintió débiles los músculos de sus pulmones, y parecía faltarle el aire. Miró fijamente a los Consejeros de la Coalición. Todos ellos entonces la miraron a ella. En sus ojos y su postura, había algo nuevo ahora, el sentido de la cautela...y en más de uno, el creciente resplandor del respeto.

Tragó saliva, sintiendo el calor de toda esa atención. Y a su lado, Vezrael levantó la vista, y el brillo de sus ojos era como el de un cómico tras contar su mejor chiste. Zhirith tuvo que contener su risa.

Haskir se aclaró la garganta y se inclinó hacia delante. "Entonces, Subcomandante Zhirith. Hablemos con su amigo. Hablemos sobre... armamento."

Rodeada por un halo de poder y el triunfo vertiginoso, Zhirith apretaba su puño junto a su cuerpo.

El recuerdo de la absolución de un moribundo estaba ya muy lejana.


BABYLON 5
SECTOR GRIS , NIVEL 11
09:30 EST

El llamamiento comenzó a las nueve y media exactamente, según quedó registrado en el ordenador de la BabCom. No era "fuerte" en el modo en que eran otros llamamientos, pero su callado poder era como un puño en el corazón. Evenrain sintió como se hundía en ella, empujándola, irresistible... no irresistible como el fuego de una PPG, sino como lo es la necesidad de respirar. No intentó resistirse; ella se levantó, se puso una o dos mantas más encima y se dirigió al final de la sala.

Frost estaba depie sobre la plataforma ligeramente elevada, donde ella solía sentarse. Él le hizo un gesto de reflexiva cortesía. Evenrain no le respondió. Simplemente se quedó allí depie, esperando. Uno a uno, aquellos de su Grupo que allí se hallaban --la mayoría de ellos, a esas tempranas horas-- se levantaron, sintieron la llamada, la respondieron con su mente, y lanzaron olas de confusión, alarma e irritación. Algunos todavía arrastraban desde su cabeza fragmentos de sus sueños, como si fueran tapices andrajosos. Evenrain no pudo evitar también enviar su poder entre aquellos sueños que se desvanecían, tocando, acariciando, transmitiéndoles su amor.

Pero sabía que también iba dejando el rastro de su propio miedo en cada mente que tocaba, y la confusión y la alarma crecía.

Frost miró a su alrededor. La multitud estaba allí reunida ahora. Makay Dubois estaba en la linea frontal. Miri estaba junto a él, pero sólo tenía ojos para Frost, en ellos brillaba la adoración. Evenrain cerró los ojos y rezó. {{Gran espíritu, haz que este día sea testigo de tu trabajo bien hecho}}

Frost levantó su mano e hizo un gesto, como si cortara el aire, un gesto totalmente inútil si no era con efecto teatral. Pero el llamamiento entonces sonó como si su mano hubiera realmente cortado algo tangible. La multitud entonces reaccionó. Frost tomó aire.

{{Ahora}}

"He hecho que el Sr Frost os llame aquí para haceros una revelación." Dijo en voz alta, pero sin ira. "Y esa revelación es que él nos está usando a todos."

Sus palabras retumbaron en sus oídos y en su mente. De entre la multitud salió el más joven del Grupo, un joven llamado Liang. "Evenrain, ¿De qué estás hablando?"

"¿Qué éramos antes de que él llegara aquí?" Y entonces Evenrain miró a su alrededor. "Éramos más pobres, sí. Estábamos menos entrenados. Pero estábamos en paz. Habíamos encontrado un lugar secreto para resguardarnos de los problemas. Vinimos aquí porque creíamos que existía un camino mejor para los nuestros, mejor que la violencia, el miedo y el odio. Y en el nombre del conocimiento, Paul Frost no nos ha enseñado más que violencia y miedo."

Entonces Miri habló. "¿Eso incluye salvar mi vida?"

Evenrain se encontró con su mirada, llena de furia, sin parpadear. "¿Tú sabías que para obtener los medicamentos que te salvaron la vida, Frost casi mató a un hombre indefenso en el Laboratorio Médico?"

Miri se sobresaltó. "Yo.. ¡no! ¿Cómo iba él a ... Evenrain.. eso es ridículo.. ¿Cómo.."

"Si no me crees, pregúntale a Makay." Evenrain hizo un gesto al hombre de cabellos oscuros. "Él estaba allí. Él lo vio."

Miri se volvió, con los ojos bien abiertos. Otros hicieron lo mismo, hasta que Makay estuvo en el centro de un montón de expresiones de horror. Él se sonrojó y bajó la mirada.

"No hace falta que se lo preguntéis a él. Preguntadme a mí." La voz de Frost hizo que la atención volviera a centrarse en él. "Sí, lo que yo hice casi le cuesta la vida a un hombre inocente. Pero no murió." Frost extendió sus brazos como proclamando su inocencia. "Los que no me creáis podéis comprobarlo en la BabCom."

"Y esa afirmación ¿te exonera?" espetó Evenrain.

"¿Qué te hace pensar que yo necesito una exoneración?" Frost bajó de la plataforma y se acercó para mirarla directamente a los ojos. Evenrain no pudo evitar retroceder un poco, ante el poder de su mente. "Me arriesgué para salvar la vida de uno de nosotros. Y aunque mis acciones le hubiesen matado, yo volvería a hacerlo, sin dudarlo." Frost se volvió para dirigirse a la multitud. "Mataría a mil mundanos si eso significara poder salvar la vida de uno solo de nuestro Grupo."

A Evenrain se le revolvió el estómago. Oír a este carnicero usar su palabra... "¿Qué te hace pensar que te queremos, o que queremos a alguien que mate en nuestro nombre?" gritó ella.

"Es mucho más útil que morir por ti" respondió Frost. "Y si tú puedes tomar la decisión de destruirme por tu Grupo, ¿por qué no debería yo hacer lo mismo? ¿Decidir que el sacrificio de una vida merece la pena si es por una causa más importante?"

"Porque tu causa es la violencia, el derramamiento de sangre y el dolor" gritó Evenrain. "Tú quieres 'salvarnos' sólo para usarnos como soldados de a pie en tu guerra. ¡Estamos cansados de luchar!"

"Espera"

Miri dio un paso adelante. Había en su cara una luz nueva y fea, una mirada de sospecha dirigida a Evenrain. La mujer retrocedió al verla. "Paul, ¿qué quieres decir... que Evenrain decidió destruirte a ti por nosotros?"

Frost abrió la boca, dudó y después la cerró. Sin pronunciar palabra, se fue hacia la pared de la unidad BabCom, y puso el datacristal. La unidad se encendió y proyectó las imágenes --de unos dos metros de altura-- en la pared de enfrente.

La imagen de Evenrain, sentada en el sofá del Oficial Colin Ferris, rodeada por la información que mostraba que la grabación venía de una cámara de seguridad.

No se oyó sonido alguno en la sala. Ni siquiera una imagen telepática ni la corriente emocional. El shock había producido un silencio total, a excepción de las mentes de Frost y Evenrain. Y entonces Miri se volvió, muy lentamente, y miró a Evenrain. Sus ojos estaban bien abiertos, su mente palpitaba de dolor, un dolor tan grande que era casi insensible.

Y dijo "¿Cómo...?"

Evenrain bajó todas sus defensas.

Y transmitió todos sus recuerdos a toda la sala, sus sentimientos, las elecciones que realizó. Más allá de la mentira, ellos vieron que ella sólo se había ofrecido a si misma y a Frost al Psico Agente. Más allá de la duda, ellos supieron que sólo iba a sacrificarse ella, para mantener vivo su sueño de paz. Más allá de la ocultación, ellos sintieron el amor que ella sentía por ellos, con una irresistible ola de música. Las lágrimas empezaron a caer por la cara de Evenrain, mientras exprimía al máximo su telepatía, manteniendo dentro de su mente a todo su Grupo, proclamando su amor y esperanza con más pasión y con más sinceridad que cualquier palabra que hubiese podido pronunciar.

Cuando la unión terminó por fin, cuando su fuerza se extinguió, Evenrain cayó al suelo, y se quedó sentada. El sonido de las lágrimas no provenían sólo de ella.

Una gentil mano la sujetó por la barbilla, y la levantó. Ella se levantó para abrazar fuerte a Makay, necesitaba el calor del contacto. Sobre él, vio como Miri la miraba fijamente. La sospecha y el odio se habían desvanecido. Sólo había un amor tan verdadero como el suyo...

... junto con el dolor de un amante obligado a abandonar a su amado para siempre.

{{¿Qué...?}}

Miri se volvió de nuevo hacia Frost. "Tienes razón" murmuró. "Ya no nos volveremos a esconder. No si eso es lo que significa."

Evenrain tragó saliva cuando Makay la soltó, sorprendida al ver a la chica. Intentó hablar, pero su garganta se quedó muda. Sólo un desesperado {{no, no, no}} salió de su mente {{no, Miri, no lo entiendes...}}

Los bloqueos de Miri captaron la transmisión con las nuevas habilidades que Frost le había enseñado, y sin reacción ni compasión dijo. "Estoy cansada de la gente que se sacrifica por mí, Evenrain" murmuró. "Quiero la paz, quiero la libertad. Pero si no estoy dispuesta a luchar por esas cosas, ¿de qué me sirven? No puedo aceptarlas de ti como un regalo, a cambio de tu vida."

"Pero el precio podría ser tu vida, Miri. ¿No lo entiendes?" le dijo Evenrain. "Si sigues a este hombre, morirás en una guerra que ni siquiera entiendes."

"Pero moriré luchando!" gritó Miri. "Yo lo entiendo, Evenrain, entiendo por qué hiciste lo que hiciste, que sólo quieres lo mejor para nosotros, pero no podemos escondernos tras tus faldas" Entonces miró a la multitud. "¡No permitiré que Evenrain se sacrifique por mí!¿Y vosotros?¿Alguno de vosotros?"

"¡NO!" {{¡NO!}}

Frost se acercó a Evenrain, la ayudó a ponerse en pie, y la miró. Ahora ya no había atisbo de la máscara amenazadora de la noche anterior; su cara estaba llena de sentimiento y compasión, al igual que su aura psíquica. Evenrain sintió un nudo de angustia en su estómago. La actuación de este hombre era tan perfecta. Actuó con tal rapidez para sacar ventaja. "Tenías razón" dijo. "Te amaban demasiado para condenarte. Pero te aman demasiado para permitir que hagas esto. Acéptalo."

Su voz no respondería a su voluntad. Reunió todo su poder en un puño y lo lanzó contra él, con un simple grito de desafío de : {{NUNCA}}

El golpe se estrelló contra sus bloqueos, como el cristal contra la roca. Frost sonrió. La liberó, la dejó tambaleándose, y después se volvió hacia la multitud y levantó los brazos. Ellos estaban tan en armonía con la presencia de Frost ahora, que se callaron prácticamente al instante. Volvió a subirse a la plataforma.

"Esto es una responsabilidad" dijo en el silencio. "Aceptar una situación y bregar con lo que es, no con lo que debería ser, o lo que desearías que fuera. No malgastar el tiempo en recriminaciones, entender y actuar. No es necesario que las acciones de la Señora Evenrain sean castigadas. De hecho, puede que hayan sido lo que necesitábamos para llevarnos a nuestro paso final.

"Es hora de irse." Dejó caer. "He hecho los preparativos que nos permitirá salir de aquí. No será cómodo, pero podemos irnos todos juntos e irnos a un lugar seguro, donde podamos realizar más preparativos. Un lugar donde podréis aprender más cosas para poder sobrevivir, cómo ser libres. Un sitio donde conoceréis de la compañía de otros de los nuestros. Un lugar donde podamos finalmente ser humanos, y no unos animales asustados."

Entonces comprobó con su intercomunicador. "Debemos ir a sitios distintos ahora. Separémonos y dispersémonos. Pero a las veintitrés horas de esta noche, id a una terminal de BabCom y buscad el archivo 't-exit'. Este archivo contendrá todas las instrucciones que necesitaréis. Ese archivo existirá sólo durante veinte segundos --desde las veintidós cincuenta a las veintitrés diez-- así que si no lográis acceder, buscad a uno del Grupo y quedaros con él. No podemos quedarnos rezagados. ¿Lo entendéis todos?"

{{Oh, sí}} quiso decir Evenrain. {{Más que ninguno de los demás, entiendo}} Pero sus ojos estaban cegados por las lágrimas. Sólo el brazo de Makay sobres sus hombros la sostenían.

"Ahora iros."

Evenrain sabía qué debía hacer .Cogió con fuerza a Makay y le envió algo, sólo a él. {{sácame de aquí}}

{{¿a dónde?}}

{{Ya sabes donde}}

Makay abrió bien los ojos {{oh no, estás loca}}

{{Makay, por favor}}

Eso hizo que él se detuviera, como ella sabía que pasaría. En silencio, en medio de todo el bullicio mental y audible del Grupo, mientras recogían sus pertenencias, desalojando las habitaciones que habían llamado 'casa' durante casi un año, Makay y Evenrain fueron cojeando hasta la salida de la sala.


GINEBRA, SUIZA
BAJO EL CENTRO DE TRANSPORTES
04:52 EST. 28/03/2263

Garibaldi había enviado a los gemelos a explorar. Los otros se quedaron atrás para evitar que les persiguieran por los túneles.

"Hay un camino de acceso a unos tres cuartos de un clic, en la parte de arriba de ese túnel" explicó Garibaldi.

Franklin asintió. "¿Y después?" preguntó. "Dudo mucho que Molyneux simplemente se olvide de esto... y sabe donde trabajo yo, y donde vivo."

"Hice una reserva para nosotros en otro hotel, podemos quedarnos allí mientras yo hago algunas comprobaciones. Tengo algo de influencia en este tipo, y además puedo conseguirte seguridad."

"Fantástico, justo lo que siempre he querido, mis guardaespaldas personales." Suspiró, y después pensó en algo. "¿Y qué hay de Lise? ¿Está aquí en la Tierra contigo?"

"Sí, está en París, de compras. Después irá a visitar a unos familiares en los Estados Unidos... yo debo encontrarme allí con ella pasado mañana."

"Bueno, dale todo mi cariño."

Garibaldi iba a decirle que sí, se paró y le dijo: "¿Y si le doy todo mi cariño, y simplemente le digo que tú le dices 'hola'?"

"Vale, así está bien" aceptó Stephen. "Ahhh" murmuró para sí mientras seguía al otro hombre por el pasillo. "¡Estos recién casados!!

Justo entonces sonó un quejido agudo tras ellos, seguido de un golpe seco. Los dos hombres se miraron y aceleraron el paso. Cuando dieron la vuelta en una curva, se encontraron el paso bloqueado por un trío de figuras vestidas de negro.

"No creo que esos sean los gemelos" observó Franklin cuando dos de los recién llegados fueron hacia ellos.

Garibaldi se dispuso a interceptarlos. Hasta ese momento, su operación había ido según lo previsto, así que tampoco le parecía raro que ahora se complicaran. La seguridad del Buró 13 era buena --mejor que buena, realmente-- pero la combinación de su experiencia, los recursos de Industrias Edgars, y los talentos de los byronitas eran mejores. Con el propio Molyneux dormido en su apartamento suburbano, el único comodín que les quedaba era Donne.

Y allí estaba ella, justo a tiempo. Garibaldi observaba con un ojo a Donne, mientras ella esperaba implacablemente los resultados de esta escaramuza. Con el otro miraba a Franklin, que parecía controlarse bastante bien. Tenía su atención dividida, y gracias a eso su oponente pudo darle dos buenos derechazos. Se libró de recibir un tercer golpe, y se giró para dar un doble puñetazo a su oponente en la nuca, y éste salió disparado, chocando contra la pared del tunel. Todavía faltándole la respiración, se dio la vuelta para mirar a la cara al telépata que estaba esperándole...

... y de repente el año que pasó dirigiendo la división de Inteligencia Secreta de la ISA, mientras seguía bebiendo para olvidar, volvieron en la forma de un gran ataque de cansancio enfermizo. Se tambaleó bajo su terrible peso.

"Tiene usted razón" Donne le dijo riéndose "te estás haciendo viejo para esto."

La telépata se lanzó contra él con una gran precisión. Él se agachó, aunque no lo suficientemente rápido, y cayó en el mismo sitio que el otro tipo. Donne estaba en forma físicamente, y además estaba muy bien entrenada para matar... incluso cuando él estaba en forma, Donne hubiera sido una justa oponente, pero ahora ... que él desde luego no estaba precisamente en forma...

A pesar de ello, con una desesperada decisión, Garibaldi se lanzó de nuevo contra la ex-Agente, y volvió a ser derribado. Esta vez le fue más difícil levantarse, pero lo hizo. Si por lo menos pudiera entretenerla el tiempo suficiente para que Stephen pudiera escaparse... pero Stephen no estaba corriendo. Estaba agachado tras la telépata, ¡haciendo no sé qué con ese maldito maletín! ella se dio cuenta de lo que Garibaldi pensaba y se dio la vuelta. Aprovechando el momento, Garibaldi saltó sobre ella, y la hizo arrodillarse con la fuerza de su peso.

Ella se revolvió, y le dio una patada en el cuerpo. Volvió a golpearle, y se veía en sus ojos un brillo frío, y una gran sed de sangre. Garibaldi luchaba con todas sus fuerzas, pero ella volvía a derribarle. Pero antes de que pudiera hacerlo, un brazo moreno rodeó su cuello y un hipospray se clavó en su cuello.

Donne se dio la vuelta y golpeó al doctor, lanzándole lejos, después se dispuso a atacar, y se quedo paralizada a media acción, con una mirada de horror en su cara. Se llevó las manos a la cabeza, gimiendo, y después se cayó desplomada al suelo, y se quedó en posición fetal en el suelo del tunel.

"¿Qué diab...?" preguntó Garibaldi, acercándose a la telápata.

Franklin estaba maldiciendo ante el hipospray vacío. "Maldita sea, ¡eso era todo lo que había! Ahora no podré..."

"Fuera lo que fuera, hizo desde luego un gran trabajo con ella. ¿Qué era?" preguntó Garibaldi.

Franklin sacudía la cabeza. "Ah, eso ahora no importa. Vamos a mirar esas costillas, y vamonos FUERA de aquí."

"¿Y qué hay de ella?"

"No...no lo sé exactamente, pero seguramente se quedará sin pelo durante una temporada" respondió el doctor. Una vez revisadas las heridas de Garibaldi, los dos hombres salieron por el túnel, en busca de los hermanos byronitas.

Tras ellos, Donne miraba fijamente al techo, pronunciando unos gritos en silencio. Dentro de su cerebro, los nanoitos crearon una chispeante resonancia que llenaba su universo, bloqueando cualquier otro pensamiento, haciéndose más y más fuerte conforme las diminutas maquinitas se replicaban sin cesar en este rico y nuevo entorno.

BABYLON 5
SECTOR AZUL
11:02 EST. 28/03/2263

Lochley caminaba por el pasillo a un paso tan rápido que incluso el Teniente Corwin, que tenía unas piernas bien largas, tenía dificultades para seguirla. Sus ojos reflejaban ira. "Si eso fuera lo único que hace falta..."

"Capitana, no lo entiendo" decía Corwin desconcertado; odiaba sonar ingenuo, pero es que realmente no entendía por qué la Capitana parecía tan enfadada. Deberían ser *buenas* noticias. "Si tienen razón, podemos acabar con esto rápida y tranquilamente..."

"Porque si fuera tan fácil, hubiéramos podido hacerlo hace seis días ¡maldita sea!" seguía sin aminorar el paso. Corwin suspiró (en silencio) y aceleró para seguirla. "En vez de eso he tenido que ir agobiada toda la semana, intentando asegurarme de que Zack y Colin no se mataran el uno al otro, esperando a que algún telépata intentara meterse en mi mente igual que le pasó a Lillian, y si me entero de que han dejado que yo perdiera el tiempo así sólo porque no son capaces de trabajar juntos con más eficiencia..." Y sin terminar la frase entró directamente en la Oficina Central de Seguridad de Zack.

Estaba abarrotada; estaban Zack, Satamba, VIr, Ta'Lon, Tessa y G'Stral, quien no parecía estar a gusto allí. Jamie Pratchett, aparentemente enfadada, colocada al lado de una consola, con sus pies colgando. Al ver a Lochley, sin embargo, Jamie sonrió. "Hey, hey, la banda ya está completa."

"Empiecen a hablar" ordenó Lochley.

Satamba se aclaró la garganta. "Muestra uno: una escucha ilegal del sistema de comunicación. Va desde las habitaciones de Colin Ferris hasta una serie de cápsulas de almacenamiento abandonadas y selladas en Gris 11."

"Muestra dos" dijo Ta'Lon, señalando a G'Stral. "Una llamada de intercomunicador a ese mismo conjunto de cápsulas, según ha logrado rastrear BabCom."

Corwin frunció el ceño. "No sabía que se podía rastrear un intercomunicador individual via BabCom."

"No lo es" respondió Vir "a menos que sepas el tiempo exacto en que se produce y estés junto a uno de los interlocutores" indicando que se refería a G'Stral.

G'Stral se puso en pie, incrédulo: "¿Cómo supist....? ¡no has podido oír con quién hablaba!"

"G'Stral... no era difícil de suponer" Vir arqueó las cejas. "Eres un joven listo G'Stral, pero a veces cometes el error que la gente inteligente comete, al pensar que los demás son estúpidos. ¿Con quién ibas a tener que hablar, y por lo cual nosotros teníamos que irnos?"

Zack se inclinó hacia delante. "Capitana, tengo a dos de los mejores agentes de Tessa listos para acompañar a la gente de Jamie." Hizo un gesto a Jamie. "Mis hombres están allí como apoyo. La gente de Tessa saben cómo mantener sus mentes en blanco, y los Rangers tienen disciplina y dedicación, y sólo pueden vencerles los telépatas más fuertes; deberíamos poder atraparles a todos sin problemas."

Lochley frunció el ceño. "Esto sigue pareciéndome terriblemente inconsistente.."

"No lo es."

Todos en la habitación se giraron de golpe.

Colin Ferris estaba depie en el umbral de la puerta de la oficina, con un semblante sombrío. A su lado había una mujer Amerindia, cuyos ojos tenían una mirada baldía, distante y marchita. No miraba a nadie.

"Esta es Evenrain..." su voz se rompió durante un instante, pero de forma casi imperceptible "...una furtiva que ha estado viviendo con los byronitas durante los últimos seis meses. Es un testigo. Yo la he escaneado, con su consentimiento; está diciendo la verdad. Yo testificaré esto en un juicio."

Evenrain le miró, con una expresión de extrañeza; pero sus emociones eran difíciles de descifrar para Lochley. Y en esos momentos tampoco le importaba. Lo único que le importaba era que, por primera vez desde que llegó a este lugar, es que todas las personas que estaban bajo su mando se habían puesto de acuerdo en algo. Las personas estaban en su lugar y el blanco había sido identificado.

"Oficial Ferris, Jefe Allan, Srta Halloran, Val'na Pratchett. Llévense a su gente, encuentren a Frost y sáquenle de mi estación." dijo la Capitana.

Zack saludó, al igual que Jamie. "Allá vamos" Uno a uno, la sala se vació, mientras Lochley seguía a Zack, Satamba, Tessa y a Jamie hacia el punto de encuentro con sus respectivas fuerzas. Corwin se apresuró a volvera a su puesto en C&C, Ta'Lon y Vir le seguían, deseosos por ver la resolución desde la Cúpula. G'Stral les siguió de mala gana. Y después de so, no quedó nadie en Seguridad, a excepción de Colin y Evenrain.

Ella le miró. Colin le toco suavemente la mejilla, después, con gran lentitud, volvió su vista hacia la pared. Evenrain le miró. Después bajó la vista y se dispuso a salir de la sala.

"Marrón 9, Unidad 137"

Ella se detuvo.

"Esas habitaciones están pagadas para tres meses, a un nombre falso. Encontrarás el ID sobre la mesa. Considéralo protección de testigos."

Evenrain no dijo nada. Pero sintió ganas de llorar de nuevo. Antes de no poder reprimir más sus lágrimas, salió a toda prisa de la sala.

Ahora solo, Colin se quedó mirando la pared.

BABYLON 5
SECTOR GRIS, NIVEL 11
11:49 EST. 28/03/2263

Las puertas explotaron ante el plasma de helio. Entre el humo aparecieron unas figuras con capa, portando picas minbari, ondeando en el aire; los Rangers iban saltando a las cápsulas de almacenaje, buscando a sus enemigos. Se apresuraron hasta el centro y se dispersaron. El humo que había en el aire, debido a la explosión, les envolvía.

Entonces entraron los guardias, armados con chalecos protectores, y portando rifles PPG. Rodearon a los Rangers, con los rifles listos, para buscar a los enemigos.

Pero no había nada.

Uno de los guardias levantó su intercomunicador y dijo unas cuantas palabras. Un minuto o dos después Lochley, Zack y Jamie entraron. Lochley miró a su alrededor.

Estaba claro que allí había estado viviendo alguien. Habían dejado bastantes cosas: mantas, ropa y desperdicios. Pero estaba igualmente claro que ya no quedaba nadie allí, y que nadie iba a vivir en ese lugar en el futuro cercano.

Moviéndose con la cuidadosa y lenta precisión de alguien que porta un vial con nitroglicerina, Lochley se acercó el intercomunicador.

"Dígale al Oficial Ferris que quiero verle en mi oficina."

"De acuerdo. Ahora mismo."

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**** CONCLUSIÓN ****


GINEBRA, SUIZA
FUERA DE LA CÚPULA TERRESTRE
14:33 EST. 29/03/2263

Durante el tiempo que el Dr Franklin pasó bajo tierra, la primavera había extendido una brillante manta de color sobre Ginebra. Una profusión de tulipanes y azafranes adornaban las terrazas que había entre la costa y la terraza de la cafetería, donde él y Garibaldi estaban tomando el sol, un delicioso café y unos deliciosos pasteles. Habían tomado todas las precauciones contra otro posible intento de secuestro.

Al observar a su amigo, y ver que las líneas de tensión alrededor de sus ojos se habían suavizado, y que su boca se había relajado hasta convertirse en uns sonrisa, Stephen decidió que ya era hora de tener una larga conversación.

"Verás Michael" comenzó "tú y yo tenemos que arreglar una pequeña cuenta."

"Mmm ¿y eso?" le respondió ausente Garibaldi, fijando su vista en los destellos del mar.. o quizá en las mujeres que pasaban frente a ellos, con sus brillantes vestidos de primavera.

Franklin buscaba la mejor forma de decírselo. Finalmente decidió empezar con simples frases declarativas.

"¿Por qué.. no me .. lo ... DIJISTE."

Garibaldi le miró, frunciendo el ceño. Entonces lo captó. "Oh, venga, Stephen" dijo, poniéndose la servilleta sobre las rodillas "no me hagas esto ahora..."

"¿Que no te haga esto? ¿A TI? ¿Y qué hay de... cómo pudiste...?" Franklin volvió a la carga. "Maldita sea, Michael, después de todas las cosas por las que hemos pasado, después de que yo casi me mato, y a saber cuánta gente más , con esos estimulantes, antes de que tú me hicieras recapacitar... ¿por qué diablos no puedes confiarme tu problema? Yo era tu amigo, y también tu doctor, y...y tu amigo. Y tu doctor . Y lo sabes perfectamente..."

"Mira, Stephen, lo intenté ¿vale? Aquel día en que..." Garibaldi se detuvo. "Intenté hablar contigo sobre eso, pero cuando esos malditos telépatas entraron a la fuerza, y nos tomaron como rehenes y ... no sé, después de eso caí en una especie de agujero negro o algo así... me encontré sin salida. No había salida para.. para buscar ayuda. Era como si me encontrara a millas de todos vosotros, en este profundo y oscuro abismo, y lo único que me mantenía con vida era el alcohol... tú no sabes ... tú no sabes lo que es..."

Stephen maldijo su torpeza cuando vio en los ojos de su amigo los fantasmas del pasado. "Mira, lo siento, no debí recordártelo. Si te das cuenta, no lo hice cuando el asunto se descubrió el pasado invierno.. no quería ponerte las cosas más difíciles y estaba tan cabreado contigo que..."

Garibaldi se rió. "Lo sé... y te doy las gracias por ello. Y..." Respiró hondo y por fin le miró a los ojos. "SI te debo una disculpa. Lo siento. Tendría que haber ido a contártelo. Era tu trabajo, al igual que era MI trabajo el que yo te investigara por lo de tus estimulantes."

Franklin jugaba con su pastelito de albaricoque, en su plato. "Sí, bueno, supongo que ese es parte del problema. ERA mi trabajo y yo DEBERÍA haberme dado cuenta..."

La silla crujió cuando el peso de Garibaldi cambió de lado. "Oh, venga, no EMPIECES con eso. Sheridan reaccionó así cuando lo supo, y la verdad es que si yo no me hubiera sentido como un trozo de mierda, que ni siquiera un Pak'ma'ra hubiera tocado, todo se hubiera terminado, en ese momento.."

"Amigo, eso fue lo peor de todo.." siguió Garibaldi "todo el mundo a mi alrededor preocupado por mí, y actuando como si todo hubiera sido culpa suya. ¿Es que tenía una señal en la frente en la que ponía 'Víctima' o algo así?" Garibaldi echaba fuego por los ojos, pero el doctor estalló en una risa.

"¡Bueno, desde luego tienes sitio de sobras ahí arriba!" dijo Franklin mirando la calva de su amigo. Garibaldi intentaba reprimir su ira, pero finalmente sucumbió a la risa.

"Sí, bueno, tu pelo necesita un tinte también" le respondió, riéndose al ver la cara de Franklin. Entonces cogió un croissant y le dijo "No querrás que la bella Srta Halloran piense que eres demasiado viejo para ella" soltó entre bocado y bocado.

"Sí, sí, sí" afirmó Stephen, mirando con disimulo su cucharilla.

"Eh, piensa que tienes competencia" siguió pinchándole Garibaldi. "Sé que hay un Psico Agente bien parecido por ahí ahora.. ¿cómo se llamaba? ¿Ferret? Algo así."

Franklin reaccionó, dejando la cucharilla en la taza, con decisión. "¡Venga, Michael, ya te estás pasando. Tess nunca miraría a un Psico Agente dos veces... no después de lo que les hicieron a ella y a los suyos en Marte!"

"No sé, tío.."

"¿Está ocupado el asiento?"

La voz era muy familiar, con un tono divertido. Stephen miró y se sobresaltó, Garibaldi se tensó, poniéndose en pie automáticamente, pero Molyneux levantó la mano. "Por favor, siéntese Sr Garibaldi" le aconsejó. "No tengo intención alguna de hacerles daño. ¿Puedo?"

Se sentó en la silla vacía, y Garibaldi volvió a sentarse en la suya. Unas mesas más allá, una pareja de jóvenes, cuya discusión --aparentemente amorosa-- había pasado a vigilancia profesional, también se quedó relajada. Molyneux les miró y les sonrió. "Fong's, ya veo. Es un sitio caro, pero merece la pena. Me siento halagado. Aunque es innecesario" les dijo al doctor y a Garibaldi.

"Eso es lo que usted dice" respondió aquél.

El jefe del Buró 13 sonrió, condescendiente, y después se recostó en su silla, y cogió un cigarro del bolsillo de su chaqueta. Morley Exoticas, recordó Stephen, una vieja marca, difícil de encontrar hoy en día, y muy cara. Como antes, él declinó la invitación cuando Molyneux le ofreció uno.

Garbaldi miró el cigarro que le ofrecían durante unos instantes, y después sacó uno más grande y más caro, del bolsillo de su propia chaqueta. Ambos hombres encendieron el suyo.

"Sabes.... eso es..." empezó el doctor. Y dos ojos azules como el hielo le miraron fijamente. Stephen entonces suspiró "da igual" y se terminó su pastel.

"Entonces... recibió mi mensaje" afirmó Garibaldi, observando como el humo se disipaba sobre los tulipanes.

"Sí. Y estoy totalmente de acuerdo. Además, nosotros ya habíamos extraído toda la información que podríamos conseguir... no se ofenda, doctor."

"Umm..." Stephen no sabía qué decir. Era bueno saber que no iba a tener que temer una puñalada por la espalda... si es que se podía creer lo que decía este individuo, algo que no era nada seguro. Por otro lado, los recuerdos parciales que tenía de las cosas que le habían preguntado... hicieron que le diera un escalofrío. Vulnerabilidad entre especies, técnicas de clonación... ¿qué usos podría dar este hombre a todos esos conocimientos? Pero saber que podría haberlos conseguido de otras formas (aunque no con menor esfuerzo) y que la mejor defensa era continuar con su trabajo, era poco tranquilizador. Molyneux continuó y el escalofrío se hizo más grande.

"Además" siguió diciendo "recientemente hemos realizado unos contactos que nos proporcionarán todos los recursos que necesitamos en esa materia, de momento."

Garibaldi sonrió con una sonrisa insincera. "Qué agradable de su parte. Hablando de recursos..."

"Confío en que nuestro trato sigue en pie" dijo el hombre de cabellos blancos.

"¿Trato? ¿Qué trato?" interrumpió Franklin. "Michael, no piensas realmente hacer NEGOCIOS con este tipo, ¿verdad? ¿Qué tipo de negocio puede hacer con ellos Industrias Edgars?"

"Luego, Stephen" respondió Garibaldi, con una voz tan fría como las profundidades del espacio. Stephen conocía ese tono de voz.. normalmente iba acompañado de un disparo de PPG o de algún otro tipo de inminente destrucción de masas. Así que se calló.

Garibaldi habló con sumo cuidado. "No veo razón alguna para que no continuemos como estaba planeado, por ahora. Ahora que usted entiende donde .... están nuestros límites."

"Por supuesto" estuvo de acuerdo Molyneux, con una sonrisa similar a la del otro hombre. "A pesar de nuestras diferencias, tenemos más en común que lo que el buen doctor estaría dispuesto a admitir."

"Hablando de todo.." soltó al darse cuenta "parece ser que ahora tenemos un enemigo en común también. Me temo que la Srta Donne ha ... dejado mi empresa."

"¡Qué!" exclamó Stephen.

"Desapareció anoche" añadió Molyneux. "Por lo que parece no quedó incapacitada por la innovativo método de psicoterapia del Dr Franklin, como nosotros creíamos. Logró vencer a cuatro de mis mejores guardias, dos de los cuales eran telépatas, por cierto. Por lo visto los talentos de estos no tuvieron ningún efecto sobre ella, por alguna razón. Sonrió sardónicamente al doctor. "Las buenas noticias son, por supuesto, que ella tampoco pudo usar los suyos contra ellos. Al fin y al cabo ha sido un cambio positivo en el curso de los acontecimientos."

Garibaldi se inclinó hacia delante "pensandolo bien, parece que usted necesita reestructurar su sistema de seguridad, Sr Molyneux. Yo podría hacerle varias sugerencias.."

"Eso.. no será necesario" dijo Molineux con su habitual sonrisa, era sólo un gesto. Garibaldi se rió, e incluso Franklin, a pesar de lo pasmado que estaba por lo que oía, no pudo evitar soltar una risotada. "Sólo quería que lo supieran" continuó Molyneux "ya que su enfado con ustedes dos es probablemente el segundo en importancia tras su pelea conmigo. Yo de ustedes, iría con cuidado."

"Yo siempre tengo cuidado" respondió Garibaldi.

"Eso he oído. Buenos días, caballeros" Y entonces Molyneux se levantó y se alejó paseando, parándose brevemente junto a la mesa de los guardaespaldas, a la salida.

Garibaldi le vio alejarse, ausente.

"Michael"

No hubo respuesta.

"Michael"

Nada.

"¡Michael!"

"¿Mmmm?"

"¿Qué NEGOCIOS?"

Garibaldi miró a su amigo, sopesando el pasado, el presente y el futuro durante unos interminables segundos. Por fin suspiró y chafó su cigarro en el plato.

"¿Te acuerdas de cuando Lochley y Sheridan tenían presa a Lyta, para enviarla a la Tierra?"

"Sí... recuerdo que utilizaste tu influencia para sacarla, pero ¿eso qué tiene que ver con el Buró 13?"

"Bueno..." Garibaldi respiró hondo y se preparó. "Es algo como..."


BABYLON 5
SECTOR MARRÓN, NIVEL 9
21:24 EST. 29/03/2263

Evenrain --ahora Mary Solis, según se leía en la identitarjeta que encontró en sus habitaciones-- se dirigía a su nuevo hogar. Era minúsculo, pero más grande que el cubículo que ocupaba en la sala del Grupo, y estaba mejor acondicionado.

Pero era un lugar solitario.

Se pasó las dos últimas noches llorando. Estaba segura que le pasaría lo mismo esa noche. Makay la había llevado hasta la oficina del Psico Agente y después se había ido, probablemente con los demás; a pesar del miedo que le daba Frost, le daba más miedo el Cuerpo, y Evenrain no había intentado retenerle. De hecho a ella le estaba costando toda la fuerza que le quedaba, para no salir huyendo.

¿Cómo? ¿Cómo pudo ella equivocarse tanto y estar tan acertada, al mismo tiempo? ¿Por qué ella no había sido suficiente para su Grupo? ¿Es que tenía algo malo?¿Podría haber hecho algo más para liberarles de Frost?"

No lo sabía

Introdujo su identitarjeta en la ranura. La puerta se abrió. Entró arrastrando los pies.

Una mano se avalanzó sobre ella y la empujó con una fuerza inustitada contra un cuerpo que había escondido. La oscuridad cayó sobre ella.

Y entonces llegó el dolor.

BABYLON 5
OFICINA DE LA CAPITANA
21:26 EST.

"¿Capitana?"

Lochley levantó la vista, gruñó y cerró los ojos. "Sr Ferris. Todavía no estoy de humor para hablar con usted."

"Lo sé. Por eso estoy aquí." Colin estaba en la puerta, con una mirada abatida, algo poco característico en él, y sus manos enguantadas, cruzadas en su espalda.

Lochley abrió la boca, y se quedó dudando. "Si hay algo de lógica en ello, no la veo."

Colin entró y se sentó. "Quería que supiera que yo.. he..." Respiró hondo "he sido requerido para una misión en la Colonia Flinn. Estaré fuera unas cuantas semanas."

"¿Y por qué cree que eso me importa?"

"Sólo pensé que usted se alegraría de no verme durante un tiempo."

Lochley se tocó el puente de su nariz. "Colin, verá, todo el mundo se equivoca. Suele ocurrir. Francamente, estoy contenta porque el problema parece haberse solucionado solo, o al menos se ha medio arreglado. Ahora si no le importa, estoy bastante ocupada.."

"No me hace falta ser telépata para saber que está usted mintiendo, Capitana."

Lochley tiró de golpe su bolígrafo. "De acuerdo. ¿Quiere saber la verdad, Colin? Estoy cabreada. ¡Estoy tan furiosa que casi no puedo ni mirarle! ¿Y sabe por qué? ¡Porque, maldita sea, usted tenía razón!"

"Capitana, sólo quería..." De repente él se dio cuenta de lo que ella había dicho: "¿Perdón?"

"Si yo le hubiese hecho caso y hubiese declarado la ley marcial cuando usted me lo advirtió, podríamos haber encontrado a Frost y a su gente, y haberlos atrapado." Lochley entonces dejó su cabeza descansando en sus manos. "En vez de eso, yo intenté ser diplomática. Intenté jugar a lo seguro. Y perdimos. Lo perdimos todo." Sacudió la cabeza. "Desearía haber.. haber.."

No hubo respuesta. Lochley parpadeó un segundo y después levantó la vista.

Colin tenía la mirada fija, perdida, con una expresión de miedo y alarma en su rostro.

Un recuerdo de hacía unos tres meses la abofeteó. Esa misma expresión en la cara. En el exterior de su oficina. Un momento antes de que la advirtiera de que se estaban produciendo disturbios en el Bajo Fondo.... unos disturbios que habían resultado ser un ataque de unos telépatas, robando a Vir Cotto. Así que, cuando Colin se dio la vuelta y salió a toda prisa de la oficina, Lochley salió corriendo tras él sin muestra de sorpresa, sólo miedo y resignación.

Zack había llevado el cuerpo al Laboratorio Médico para cuando ellos lograron alcanzarles. Lillian cubrió el rostro de la muerta. Zack dijo "tenemos al tipo que lo hizo, pero no creo que nos sea de ayuda. Maldito yonki de las marcas mentales."

"¿Robo?" dijo Lochley

"Frost." Afirmó Colin al ver el cuerpo. "Las marcas mentales te hacen extremadamente susceptible a la influencia telepática. Frost debió programar al aseino hace dos días, después utilizó una señal secreta para afinar el programa. Podría estar en cualquier sitio dentro de la red de taquiones del espacio conocido."

"Hemos encontrado una ID sobre el cuerpo." Zack tenía el carnet en la mano. "Mary Solis. ¿Sabe usted algo sobre esto Oficial Ferris? Porque BabCom siguió la pista hasta usted."

"Protección de testigos."

"¿Pero para que la mataría?" se preguntaba extrañada Lochley. "Si podía programar a un asesino, podría haberle borrado la mente él mismo. ¿Por qué arriesgarse?"

"Castigo."

Lochley frunció el ceño mirando al Psico Agente. "Parece usted muy seguro de eso, Colin."

"Ella de hecho era una telépata" añadió Colin, con una voz casi brutal "ella era la líder de la secta de byronitas antes de que Frost tomará su lugar."

Lochley, Lillian y Zack se miraron unos a otros. Lillian fue la primera en hacer la pregunta. "Usted.. deliberadamente ocultó a una telépata rebelde? ¿una líder rebelde? Yo.. Yo creía que el Cuerpo Psíquico no hacía este tipo de cosas."

"El Cuerpo Psíquico no las hace."

No había mucho que decir a eso. Zack tosió a propósito, y se fue, como si le hubieran dado un golpe en la cabeza. Lillian también se marchó, con sus ojos negros ensombrecidos de dolor y confusión. Lochley se preguntaba si ella también debería irse. Colin no parecía siquiera percatarse de que ella estaba allí. Entonces ella se dio la vuelta para irse.

"Ella no era una amenaza" Lochley se quedó paralizada al oírle, pero Colin no la estaba mirando. Miraba al bulto que yacía bajo las sábanas verdes. "Él hubiese ganado. ¿Por qué tenía que hacer esto?"

Lochley se mordió el labio. "Para asegurarse de ganar."

Colin no respondió. El dolor estaba escrito en su cara en letras grandes, le envolvía como una especie de nube escalofriante. Lochley se dio cuenta de que no era tan sólo una metáfora. El dolor, la rabia, la confusión, eran tan agudas que estaban traspasando sus escudos, y se derramaban sobre las personas que le rodeaban.

Elizabeth Lochley no era propensa a actuar por impulso. Tampoco se veía como alguien terriblemente sentimental o como una persona con empatía, cosa que --reconoció-- era a menudo más una debilidad que un punto fuerte. Pero ante ese dolor sólo existía una respuesta posible: Lochley sacó su mano, buscó la de Colin, y la cogió con fuerza.

Colin no realizó movimiento alguno que denotara el contacto; la expresión de su cara no cambió. Pero tras unos instantes, su mano se movió dentro de la de la capitana, y asió la mano de ella con fuerza.

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FIN