Acto1
Acto 2
Acto 3
Acto 4
Acto 5
Conclusión

BABYLON 5: LA 6 TEMPORADA VIRTUAL

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

EPISODIO 7: EL ELEMENTO CRIMINAL

ESCRITO POR SEL VECANTIE

TRADUCIDO POR ÁNGELES EMA

PRESENTANDO A:

CAROLINE WEST como Jeanne Darias
MARTIN SACKS como Aragon Pernimi
WILLIAM McINNES como Nicolai Luchenko
ERIK THOMSON comoLynx Reisel
TONY MARTIN como Alex Kurmis
BROOKE SATCHWELL como Sonia Aldred
y PETE SMITH es la voz de j'Nialth



**** INTRODUCCIÓN ****

El Jefe de Seguridad Zack Allan se miró en el espejo que colgaba de sus habitaciones, tenía la vista nublada. Su cara de cansancio le devolvió la mirada, y le recordó de nuevo lo poco que había dormido en los últimos dos días. La capitana le había apretado mucho para que terminara la investigación --que había durado un mes-- del asesinato de uno de los asistentes del embajador drazi, y le daba la sensación de que no le iba a gustar el informe final. Desde que ocurrió el asesinato, Zack se había pasado una considerable cantidad de su tiempo intentando llegar al asesino, pero todas las líneas de investigación habían dado contra una pared de ladrillo. Nadie lo había presenciado todo, y cuando fue a preguntar por el Bajo Fondo los rumorólogos de siempre y los soplones habían desaparecido... incluso antes de que se acercara a ellos. Había algo siniestro flotando por el ambiente, y odiaba que le tuvieran en la ignorancia, especialmente si se trataba de actividades ilegales en la estación. Pero sin testigos creíbles del crimern, la investigación estaba en punto muerto.

Por supuesto, siempre podía pedirle ayuda a Colin Ferris, o a otro de los telépatas de la estación, para que le ayudasen en la búsqueda de testigos. Pero al igual que su predecesor, Zack no sentía demasiada simpatía por los telépatas, eso sin contar con los problemas legales que le podría acarrear esta acción. Así que se veía forzado a seguir con los métodos usuales de los oficiales de policía de la galaxia. Por desgracia, nada de lo que hacía parecía hacer avanzar el caso, y lo que tenía era sólo un cadáver y una Capitana que esperaba respuestas.

Zack suspiró y cogió un peine, se lo pasó por sus cabellos indomables, en un futil intento de restablecer un poco de orden en su desaliñada apariencia. Finalmente, se rindió y después de recoger las últimas páginas de que se componía su informe, salió de sus habitaciones, y se dirigió hacia el comedor. Después de una comida más inhalada que disfrutada, salió del comedor y se cruzó con la Capitana Lochley por los pasillos que llevaban a C&C y entraron.

Al ver que Zack llevaba unos papeles en la mano, Lochley le dijo: "Espero que tenga buenas noticias para mí, Jefe."

"Me temo que no, Capitana" respondió Zack. "Todavía no hemos conseguido localizar al asesino."

"Eso no es suficiente, Jefe" dijo Lochley enfadada, arrebatándole el informe de las manos a Zack. Ojeó las páginas rápidamente, y su ceño se fruncía más y más conforme iba leyendo. Finalmente llegó hasta la última página, y entonces levantó la vista. "Esto no me sirve, Jefe. Dentro de una hora me reúno con el embajador drazi para informarle del progreso de la investigación, y lo único que usted puede decirme es que su ayudante ha muerto. Ha pasado casi un mes. A estas alturas debe usted un sospechoso."

"Perdone, Capitana. Nadie quiere hablar. He consultado a mis fuentes habituales, y todo lo que saben está en este informe."

Lochley puso el informe en las manos de Zack de nuevo, y salió de C&C, ignorando el saludo del Teniente Corwin, el oficial que estaba en esos momentos al mando de la cubierta de mando. Zack salió apresurándose tras ella, siguiendo a la Capitana hasta su oficina. "¿Qué voy a decirle al embajador?" Lochley preguntaba a Zack, mientras se sentaba, y miraba fijamente a los ojos a Zack.

"La verdad" sugirió Zack "dígale a Vizhak que no sabe quién fue el culpable del asesinato de su ayudante. Intentamos solucionar todos los casos de asesinato que ocurren en la estación, pero, odio decirlo, siempre se nos escapan uno o dos casos. Eso es lo que le dije al embajador hace un mes, durante las investigaciones preliminares. Era verdad entonces, y sigue siéndolo ahora."

"Sí, lo sé bien, Sr Zack" dijo Lochley implacable. "El embajador se pasó casi una hora en mi oficina el jueves --que era mi día libre, por si se le había olvidado-- quejándose por su falta de compasión por el sufrimiento de su gente. Eso antes de pasarse otra hora quejándose de que no había justicia para los no humanos en Babylon 5. Al final tuve que decirle que me tenía que ir a otra reunión." Entonces suspiró "por desgracia también me comprometí a reunirme de nuevo con él hoy, por eso esperaba que usted hubiese encontrado algo para poderle mostrar esta vez. Preferentemente algo que hiciera que dejara de molestarme de una vez."

"Me he pasado los dos últimos días peinando la estación, volviendo a comprobar las líneas de investigación iniciales, pero nada ha cambiado.Nadie quiere hablar. Cuando ocurrió, destiné a varios equipos al Bajo Fondo durante una semana, para que encontraran alguna pista, pero no logramos sacar nada." Zack frunció el ceño. "De todos modos, ¿por qué los drazi están removiendo todo esto ahora? Creía que hasta ellos lo habrían olvidado."

Lochley se encogió de hombros. "El embajador Vizhak dijo algo así como que el Shakak le enviaría un nuevo ayudante. Me da la impresión de que no estaban demasiado contentos por lo que le había pasado a su ayudante anterior. Murmuró algo sobre el Kri Maru. ¿Usted sabe lo que eso es?"

Zack asintió pensativo. "Es una religión drazi, una de las menores. Adoran a un diós que se llama Drubunka o algo así." De repente se rió "así que de eso se trata" dijo, con la sonrisa todavía en la cara "a Vizhak no le importa lo que le ocurrió a su anterior ayudante. Está enfadado porque le envían a un cura. "

"No veo que eso tenga nada que ver con nada" dijo Lochley irritada.

"Los drazi tienen una cultura de guerreros" le explicó Zack. "en su historia hay grandes líderes guerreros, tradición que se remonta a tres mil años atrás.El Kri Maru es una de las nuevas religiones. Predican la cooperación pacífica, algo que no casa demasiado con lo que la mayoría de drazi piensan. Enviarle un ayudante del Kri Maru es probablemente una especie de castigo para Vizhak, y eso explicaría porque está tan alterado. Seguramente teme que esto haga que parezca débil a los ojos de las demás razas."

"¿Cómo ha logrado saber tanto de los drazi?" preguntó Lochley.

"He arrestado a unos cuantos" dijo Zack sonriendo. "Tuve que aprender algo de su cultura después de cuatro años."

"Bueno, quizá usted pudiera ir y hablar con.."

Otra voz cortó el resto de la frase. "Capitana" la llamó Corwin. "Creo que debería echar un vistazo a esto."

"¿Qué es?" espetó Lochley, enojada por la interrupción.

"Tengo una lanzadera de configuración desconocida pidiendo autorización para aterrizar" respondió Corwin, sorprendido ante el tono de la Capitana.

"¿Qué significa 'configuración desconocida'?" Lochley preguntó, se irguió, y se acercó a la consola principal para ver qué había encontrado Corwin. Dejó caer el informe sobre la consola, cerca de la silla del capitán, y Zack la siguió.

"Quiero decir que no se corresponde con nada que tengamos en nuestros archivos. Ni la forma del casco, ni la marca de sus motores, es familiar. Aunque el ordenador sí sugiere que hay ciertas similitudes con las naves vorlon. No son suficientes para dar una correspondencia directa, así que podría ser simplemente una coincidencia."

"¿Vorlon?" Lochley exclamó, mirando la consola para comprobar por sí misma las lecturas. Ella no estuvo en Babylon 5 durante la Guerra de las Sombras, pero después de escuchar lo que habían dicho los residentes en la estación sobre los vorlon, pensó que la idea de tener algo relacionado con los vorlon en la estación, era más que preocupante. "¿Ha podido hablar con el piloto de la lanzadera?"

"Sólo una vez, hace unos quince minutos" respondió Corwin. "Ha pedido autorización para aterrizar, y le he respondido que esperara. También he realizado un escáner completo de la lanzadera, y no parece tener el transmisior de identificación normal. Tampoco tiene un ordenador de abordo, que significa que el piloto tiene que aterrizar manualmente en vez de dejar que el ordenador de la estación le guíe. Eso hace que aterrizar le sea levemente más complicado de lo normal. Estaba a punto de autorizar su aterrizaje, pero pensé que, ya que está usted aquí, querría ser informada.primero."

"¿Cuál es?" preguntó Lochley, mirando por el ventanal de observación al conjunto de naves y lanzaderas que esperaban autorización para aterrizar.

"La pequeña lanzadera negra que hay cerca del transporte estelar" respondió Corwin, señalando a una forma diminuta, casi invisible contra el fondo del espacio.

"Parece demasiado pequeña para suponer una amenaza" comentó Zack "algo de ese tamaño sólo puede transportar a una persona, y quizá una pequeña carga si hay suerte, pero nada más."

Lochley miró fijamente a la lanzadera durante dos segundos, pero estaba más preocupada por su inminente reunión con el embajador drazi que por la lanzadera. "Deje que aterrice" ordenó. Babylon 5 es un puerto libre, así que no podemos negarle la entrada al piloto. No veo porque necesitaba mencionármelo."

"Hay un pequeño detalle de interés, Capitana" dijo Corwin "hablé con el piloto hace un momento y me dijo que sólo había un pasajero abordo: ella. Pero cuando yo realicé el escáner de la nave, los sensores mostraron dos formas de vida a bordo, una era humana, o al menos creo que lo era, --hay algún tipo de distorsión que está causando problemas a los sensores. La otra forma de vida es algo totalmente diferente, y no se corresponde con nada que tengamos en nuestra base de datos."

La cara de Lochley se iluminó momentanemente. "¿Usted cree que esta es una posible situación de primer contacto?" preguntó esperanzada, ya imaginando una posible escapatoria para su reunión con el embajador Vizhak.

"Es una posibilidad" dijo Corwin no demasiado convencido. "El piloto no dijo nada acerca del otro pasajero, así que si hay una especie nueva de alienígenas en esa lanzadera, entonces o no quieren hablar con nosotros, o no quieren que sepamos que existen."

"Un contrabandista" dijo Zack, observando la lanzadera mientras esta maniobraba lentamente para ponerse en posición junto al transporte estelar. "No creo que una nueva raza pensara en enviar una sola lanzadera para contactar con nosotros, especialmente llevando a un piloto humano."

"¿Puede ser una forma de vida vegetal alienígena?" inquirió Lochley "algo que no sobreviviría a la cuarentena"

Zack se encogió de hombros. "Eso ha ocurrido antes. Se sorprendería de las cosas que la gente intenta pasar de contrabando a bordo. Hemos tenido bichos de una docena de mundos reptando por los niveles inferiores, y siempre hay alguien que intenta colar alguna especie nueva por aduanas. Será mejor que baje a echar un vistazo.. por si acaso."

"Esperaba que fuese usted a hablar con Vizhak en mi lugar. No querría pasarme otra mañana intentando explicar por qué no hemos encontrado todavía al asesino." le dijo Lochley.

"Esto podría ser importante" dijo Zack, señalando a la lanzadera con el pulgar. "Normalmente no captamos este tipo de lecturas en la carga de un contrabandista a no ser que realicemos un escáner desde más cerca. Así que esto podría ser algo grande... y peligroso."

Lochley seguía pareciendo escéptica, se percató de que Zack intentaba seguramente evitar reunirse con Vizhak en su lugar, maldita sea a ella no le importaría escaparse tampoco. Por otro lado, las lecturas de los sensores eran sospechosos y debían ser investigado. "De acuerdo Sr. Allan" dijo finalmente. "Pero quiero un informe sobre mi mesa a las dieciséis horas, con una explicación detallada de estas lecturas de los sensores" lo dijo dando unos golpecitos sobre la pantalla que mostraban las lecturas en cuestión.

"Lo tendrá" prometió Zack, y se dirigió a la salida, con más rapidez de la necesaria, por si la Capitana cambiaba de opinión.

"¿Qué cree usted, Teniente?" le preguntó Lochley, tan pronto el jefe de seguridad se hubo ido. "¿Cree que la piloto de esa lanzadera es una contrabandista... o es que el Sr Allan estaba intentando librarse de la reunión con Vizhak?"

"Probablemente la segunda" confirmó Corwin con una sonrisa, y acto seguido su cara recuperó la seriedad de nuevo al volver a mirar el informe de los sensores. "Pero tiene razón en una cosa. Hay algo verdaderamente raro en esa lanzadera. Llevo años trabajando en el control de tráfico y nunca había visto una cosa como esta. Recibo unas lecturas de energía de esa lanzadera que no se parecen a nada que haya visto antes, al menos para una embarcación de ese tamaño."

"¿Cree que el Sr Allan necesitará ayuda?" inquirió Lochley, mirando a la información recogida en el ordenador. "No es que no confíe en su capacidad, claro" después frunció el ceño "¿Esto es correcto?" mirando , señalando a la última lectura de los sensores que emitía la lanzadera, un porcentaje de energía superior a cualquier cosa que pareciera posible.

"Hay un poco de distorsión" explicó Corwin. "Los sensores tienen dificultad para penetrar en el material del casco de la lanzadera. Parece que está hecha de una aleación que los sensores no han encontrado anteriormente y que hay una actividad eléctrica inusual en el interior del casco que está distorsionando las pocas lecturas que los sensores pueden detectar."

"¿Puede eliminar la distorsión?"

"No a menos que la lanzadera se aproxime... se aproxime mucho" respondió Corwin. "El Sr Allan estará en mejor posición para poder investigar este asunto. Hay pocas cosas que se le pasen, sobre todo cuando se trata de la seguridad de la estación."

"Estoy de acuerdo, Teniente" asintió Lochley. Entonces miró el cronómetro en la consola y maldijo en voz alta: "Maldita sea, tengo que reunirme con el embajador en diez minutos. Manténgame informada si pasa algo en relación con esa lanzadera, que yo deba saber."

Lochley se fue deprisa de la habitación. Agradecido por tratar con capitanes de cargueros airados, y no con embajadores y otros digantarios, Corwin volvió a la consola y envió un mensaje al piloto de la lanzadera. "Lanzadera Vozak, tiene autorización para aterrizar en la plataforma seis. Por favor mantenga la dirección y no se desvíe." Después añadió "Bienvenido a Babylon 5".

****************

Dentro de una pequeña cámara, bien iluminada, en el interior de la lanzadera, una figura con una túnica blanca estaba sentada, con las piernas cruzadas sobre una cubierta vacía, sin instrumentos ni controles a la vista. La mujer --su género era bastante evidente-- parecía estar profundamente concentrada. Tenía las manos en alto, como si estuviera rezando, aunque las armas y demás equipo que había colocados frente a ella, no eran las herramientas habituales para un cura o para un seguidor de la mayoría de religiones conocidas --a excepción de las especies alienígenea más violentas. En vez de eso, parecía una guerrera preparándose para la batalla, un soldado santo a punto de entrar en guerra contra un enemigo malvado.

Entonces una voz suave susurró en la pequeña estancia, interrumpiendo su concentración. "Hay un mensaje, Ama" dijo con un tono dulce, antes de transmitir la última comunicación de Corwin.

Mientras la voz del teniente resonaba en la vacía estancia, la mujer levantó la vista, y se retiró la capucha de su túnica para mirar a la pantalla que tenía enfrente. Unos ojos imposiblemente pálidos brillaban con una oculta energía mientras ella examinaba la información de la pantalla; eran unas líneas diminutas de escritura alienígena que fluían por la pantalla, comunicándole todos los detalles que había averiguado acerca de la estación, sobre las naves que esperaban para embarcar, e incluso acerca de los sensores que estaban actualmente sondeando información acerca de su lanzadera.

La mujer sonrió levemente, ya que el informe parecía gozar de su aprobación. Después se cerró la pantalla, pues la lanzadera captaba sus pensamientos y desactivaba sus sensores. "Proceda lentamente, amigo mío" dijo ella, hablándole a la nave como si estuviera viva. "Mantén la dirección, pero ten cuidado. No he tardado seiscientos años ni he recorrido una distancia inimaginable para morir ahora, no ahora que la clave de mi objetivo está a tan sólo a unas horas de aquí."

La lanzadera no dio respuesta alguna, pero tan pronto como la mujer hubo terminado de hablar, las luces de la cámara se obscurecieron cuando la energía pasó a los motores. Se aproximaba a Babylon 5.

****************

Bajo la atenta mirada de Corwin, la pequeña lanzadera dejó su posición de estacionamiento, y puso rumbo a la estación, sin que se detectara emisión alguna de los impulsores de maniobra. Eso llamó la atención de los pilotos y tripulación del puente, y de las embarcaciones próximas, al darse cuenta de que la lanzadera, a pesar de su tamaño, estaba equipada con motores graviméticos, una tecnología que sólo los minbari, los centauri y un par de razas más poseían. Encontrar una lanzadera de marca desconocida que tenía esta tecnología era desde luego algo que comentar, eso si no era algo que anotar para futuras investigaciones, aunque ya que se descubrían nuevas razas cada día, no era una ocurrencia totalmente inusual. La mayoría de la galaxia todavía estaba sin explorar, siempre había algo nuevo esperando en el próximo sistema solar, y tarde o termprano se iban a topar con una raza que no se había encontrado antes, sobre todo en un lugar como Babylon 5.

Pero, mientras la atención de la mayoría de los observadores volvió a asuntos más importantes --como, intentar de convencer al controlador de vuelo de la estación de que, debido a alguna circunstancia especial, su embarcación merecía ser pasada al frente de la cola para embarcar primero-- cuatro ojos continuaban contemplando el paso de la lanzadera. En la espaciosa sala de primera clase del transporte Lord Nelson, dos hombres observaban el paso de las lanzaderas desde la ventana de observación, escrutando a la diminuta lanzadera con detalle, mientras se movía hacia el hueco del hangar de embarque.

Aunque su interés en la lanzadera, y en su piloto les había unido, había poco en común entre los dos hombres. El más alto de los dos era Nicolai Luchenko, el sobrino de la actual presidenta de la Alianza Terrestre. Un hombre alto y robusto de casi treinta años; se sentó en una de las sillas y miró a la lanzadera con una expresión de desinterés y aburrimiento. Llevaba puesto un traje sastre liso, pero elegante, y bebía de un refresco que una azafata había colocado en una mesa cercana, poco después de la llegada del transporte a espacio de Babylon 5. En resumen, tenía la apariencia que él mismo había construído deliberadamente, la de un caballero tranquilo y sosegado, para quien los viajes por el espacio eran algo cotidiano y no representaban nada por lo que emocionarse.

Pero dado que el hombre seguía atentamente la ruta de la lanzadera, no estaba ni mucho menos tranquilo ni sosegado. Dentro estaba saltando de emoción y anticipación, era consciente de que los días venideros podrían significar el final de un sueño, o el principio de una nueva vida, una vida libre de preocupaciones humanas. Colocó el vaso en la mesa redonda junto a su silla, se levantó y recorrió la distancia hasta el lugar donde se hallaba su compañero.

Al contrario de Nicolai, que siempre conseguía parecer sosegado y cómodo --daba igual si estaba reunido con amigos de su tía, cenando con reyes alienígenas en una sala de banquetes, o incluso si tenía barro hasta el cuello en una excavación de IPX-- Alex Kurmis parecía nervioso y totalmente incómodo. El hombre, bajo y de cabellos negros --que aparentaba tener unos cuarenta, aunque en realidad era más joven que Nicolai-- estaba pegado a la ventana, con una mirada de rabia y odio en sus ojos oscuros. Vestía un traje oscuro que evidentemente había vivido mejores días, y sus manos estaban cubiertas con unos guantes negros de cuero, muy parecidos a los que llevaban los telépatas cuando estaban con normales --aunque no llevaba la insignia del Cuerpo Psíquico, cosa que hubiera mostrado claramente donde estaban sus lealtades.

Nicolai se puso junto a él durante unos segundos, observando a la lanzadera maniobrando junto a un carguero pesado, y aproximándose a las puertas principales del hangar de embarque. "¿Es esa su lanzadera?" preguntó al fin; su voz tenía tan sólo un pequeño matiz de acento ruso.

Los ojos de Alex no se alejaron de la lanzadera. "Esa es" confirmó, con una voz áspera y que obviamente encerraba una gran cantidad de ira. "Puedo sentir su nefasta presencia desde aquí. Por fin la hemos encontrado, y por fin podré vengarme por lo que ella me hizo."

Después de observar las emociones que se veían en la cara del telépata de cabellos oscuros, Nicolai se aclaró la garganta. "Ya veo" comenzó, algo nervioso, siempre cauto. "No se le olvide quién está financiando este viaje en particular. Dos cabinas de primera clase en una nave como esta no salen precisamente baratas, eso sin mencionar la pequeña fortuna que pagué a unos informadores para que la vigilaran. Si no fuera porque ella ha venido aquí para encontrarse con un conocido mío Trakaliano, no hubiera podido organizar esta pequeña reunión. Recuerde que quiero que salga algo de esta aventura, no he pagado miles de millones de créditos sólo para ayudarle a usted a que se vengue de un incidente menor."

"¡Menor!" gritó Alex ofendido, volviéndose a Nicolai. "Tardaron tres meses en extraerme esa máquina de mi cabeza, y todavía hoy siento los efectos de lo que ella me hizo." Después su voz se calló y él volvió a mirar por la ventana. "Además, no se trata sólo de mí. Hago esto por todos los telépatas, para acabar con la amenaza que esta mujer supone."

"Sólo recuerde..."

"Tendrá usted su kilo de carne, de sangre, o de lo que usted quiera, Luchenko. Pero yo quiero verla sufrir --quiero presenciar su muerte--; tan sólo entonces sabré que el riesgo que ella supone ha desaparecido y podré liberarme de los sueños que acechan mis noches."

"Sigo pensando que sería mejor contactar con la seguridad de la estación para este asunto" dijo Nicolai con suavidad. "Tenemos suficiente sobre ella como para pedir una orden de arresto, y estoy seguro de que las Fuerzas Terrestres nos apoyarían. No es necesario hacer las cosas de esta forma. Tenemos todas las cartas, sabemos quién y qué es ella, no necesitamos hacerlo de esta forma."

Alex le miró durante un instante. "Así no es como trabaja el Cuerpo. Nosotros nos ocupamos de los nuestros."

"Pero yo creía que el Cuerpo Psíquico había prohibido..."

"¡Cuidamos de los nuestros, Luchenko!" espetó Alex. "Sólo porque aquellos idiotas creyeran que era demasiado peligroso ir tras ella, eso no significa que no quisieran que yo lo hiciera." La mirada del telépata volvió a posarse en el espacio, sus ojos se cerraron levemente cuando vio como finalmente la lanzadera entraba en la estación. "Cuidamos de los nuestros" dijo de nuevo. Su voz ahora era tan sólo un suspiro. "No me importa si tengo que echar abajo este sitio para encontrarla, ¡me vengaré!"


**** ACTO UNO**** ir al principio

Zack se encontró de cara con una cacofonía de ruido y color al entrar en la estancia que servía de puerto de entrada general de Babylon 5 y también de puerto de embarque. El jaleo de miles de seres, que intentaban hablar al mismo tiempo, mezclado con los sonidos de los anuncios holográficos y con el profundo ruido de fondo que procedía de la maquinaria de los hangares. Todo combinado resultaba en una mezcla caótica de sonidos que hacían imposible poderse centrar en una sola voz, a menos que se estuviera junto al hablante. No siempre era así, pero la reciente llegada de dos transportes de pasajeros gigantes, que intentaban pasar por la aduana, hacía que el ruido se multiplicara por diez. Eso añadido al flujo normal de pasajeros de los transportes pequeños, y la situación era imposible que estuviera bajo control.

Zack paró cerca de la salida. Se preguntaba cómo se suponía que iba a reconocer al piloto de la lanzadera, entre toda esa multitud.

Un ruido distrajo su atención. Zack entró en la estancia y se percató de que se estaba produciendo una discusión en una de las terminales. Dos oficiales de seguridad intentaban calmar a un airado centauri, un centauri muy importante por lo que indicaba su pelo, bien en alto, y los elaborados diseños bordados en sus ropas. Zack no había sido informado de ninguna visita por parte de la corte centauri, o de los oficiales de alto rango, asi que este centauri, fuese quien fuese, debía ser un civil.

Al ver que la situación se les iba de las manos, y uno de los oficiales de seguridad era un narn, Zack decidió que su presencia era necesaria. Zack se dirigió al oficial al cargo de la terminal. El oficial parecía más que aliviado al ver que el Jefe se dirigía hasta allí.

"¿Cuál es el problema?" preguntó Zack

"¿Está usted al cargo aquí?" preguntó el centauri, airado.

"Soy el jefe de seguridad de esta estación" respondió Zack con calma, esperando que el centauri se calmaría una vez supiera que se hacían cargo de su problema.

"Bien, entonces usted está al cargo de estos brutos. Quiero... no, exijo que amonesten a todos estos inmediatamente. No pienso ser saqueado por cuatro alienígenas malolientes, especialmente a ese... ese animal de allí." El centauri señaló al oficial narn que le había atendido. El centauri siguió. Se volvió a Zack y le dijo "quiero que me permita la entrada inmediatamente".

Zack se volvió al oficial humano. "Quizá tú puedas explicarme cuál es el problema, Aldred" preguntó Zack, leyendo el apellido de la mujer en su uniforme.

"No se quiere someter a registro, Señor" le explicó la oficial. Obviamente era consciente de la atención que la discusión estaba despertando entre los demás pasajeros. "El escáner captó una posible violación de armas, pero no piensa permitir que le registremos. Las normas dicen que todos los escáners positivos deben ser comprobados."

Zack se volvió al centauri, que parecía todavía más enfadado. "Soy el Maestro de Gremio Aragon Pernimi" anunció orgulloso. "No necesito someterme a ningún registro por parte de formas de vida inferiores. Exijo hablar con el embajador centauri ahora mismo. Creo que es ese gordo loco que el emperador aprecia tanto... no me pregunte por qué. Tráigalo a mi presencia o pondré una queja oficial a sus superiores."

"Estoy seguro de que podemos arreglar esto sin implicar al embajador" dijo Zack tranquilo, intentando evitar hacer una escena, sobre todo cuando supo que la Capitana Lochley probablemente se enteraría de ello. La discusión ya había atraído a varios espectadores, ente ellos había varios centauri que miraban a Pernimi como si le tuvieran miedo. "Si permitiera que mis oficiales examinaran su..."

"¡No llevo armas!" dijo casi gritando el señor del gremio. "Llevo diez minutos intentando decírselo a estos idiotas, pero no me creen. No necesito armas" añadió.

"El escáner de aduanas de la estación ha detectado una violación de armas" le recordó Zack.

"Entonces sus escáners no funcionan" se burló Pernimi. "Nuestros escáners centauri en Immolan, que son superiores, no captaron ningún arma, así que los suyos están obviamente equivocados."

"Quizá haya algo que usted lleva encima y que está confundiendo a los escáners" Zack sugirió diplomáticamente.

"Lo único que llevo es mi monedero, unas joyas y la insignia de mi gremio" dijo Pernimi. Su ira se iba desvaneciendo. Metió la mano entre sus ropas, y sacó algo que llevaba anudado al cuello, un amuleto grande y en forma de daga. Llevaba una incrustación de joyas y filigranas doradas. Era obviamente totalmente inútil como arma.

Zack le miró exasperado, al darse cuenta de que el amuleto de plata era lo que había estado confundiendo a los escáners. Los escáners no eran suficientemente sofisticados para determinar exactamente de qué objeto se trataba. Miró a Aldred, y ésta pasó el escáner de armas por el cuerpo del centauri, de nuevo. "Ahora está limpio, señor" informó.

"Disculpe las molestias" dijo Zack, y decidió no mencionar que si Permini simplemente hubiese mostrado el amuleto a los oficiales de seguridad desde el principio, este incidente no se hubiera producido.

"Tiene suerte de que yo no informe de su comportamiento" dijo Permini al salir de la terminal, al mirar a Aldred. "Nunca en todos mis años como miembro del gremio, me habían tratado tan mal" añadió.

"Lo siento, señor. No esperaba que se enfadara tanto" dijo Aldred, pensativa, como si esperara que le dieran una reprimenda por el incidente.

"No es culpa suya" le respondió Zack. "Algunos centauri son así. Se acostumbrará."

"Lo recordaré, señor" le dijo

"Dé gracias de no tener que tratar con Londo Mollari" añadió Zack con una sonrisa, antes de volver a ponerse serio. "Pero ahora que estoy aquí, hay algo que puede hacer por mí. ¿Tiene información de una lanzadera a la que se le ha dado permiso para aterrizar aquí hace quince minutos? Creo que se la envió al hangar 6."

"La lanzadera acaba de aterrizar" respondió el narn."Los escáners informan de una sola forma de vida humana, que está desembarcando ahora."

Zack frunció el ceño y dijo "los sensores de C&C captaron dos formas de vida. ¿Está seguro de esa lectura?"

"Afirmativo, señor. El escáner está registrando sólo una forma de vida." Dudó unos segundos. "Hay algo curioso en el casco de la nave, eso sí, los escáners están informando de un alto nivel de material orgánico en el casco. Eso puede haber confundido a los sensores. ¿Le gustaría comprobarlo por sí mismo, señor?"

Se apartó para que Zack pudiera mirar el monitor, que junto con las lecturas de los sensores, mostraba la imagen de una de las cámaras del hangar de aterrizaje. Zack ignoró las lecturas por unos segundos para observar la figura humanoide, vestida con una túnica blanca con capucha y que emergía de la lanzadera.

"¿Puede hacer que uno de los trabajadores de tierra dirijan al piloto hasta esta terminal?" preguntó Zack. "Quiero examinar sus pertenencias. Ordene también que un equipo realice un escáner en profundidad. Si hay algo que se pueda detectar en esa lanzadera, y que parezca ligeramente ilegal, quiero saberlo."

El narn asintió, y comunicó las órdenes enseguida. Unos segundos después un hombre de corta estatura, vestido con un mono azul oscuro apareció en el monitor, y se dirigió a la nave. Allí intercambió unas pocas palabras con la pasajera, por desgracia el momento no fue captado por la cámara, y ambos se dirigieron entonces a la salida.

Zack asintió, satisfecho de que todo funcionara correctamente ahora. "Bien" dijo. "Vamos a trabajar. Yo me ocuparé de esta cuando llegue. La Capitana me envió para ocuparme de esto; dé prioridad de paso al piloto, no tengo ganas de pasarme todo el día aquí."

Los dos oficiales de seguridad asintieron. Un ruido captó la atención de Zack. Al girarse vio un enorme insecto, de seis pies de altura, depie tras él, mirando un anuncio holográfico que mostraba las increíbles maravillas del mundo jungla de Vega III. Zack reconoció a este ser, era un Thrakallano, una especie cuya existencia parecía, al menos a ojos de los demás, estar dedicada únicamente a actividades delictivas. Por supuesto, en su mundo este era tan sólo un modo de vida, pero cuando se trasladaban a los mundos de las demás especies, algo que ocurría en raras ocasiones, los problemas parecían seguirles allá donde iban. Zack todavía se acordaba del ex-jefe de seguridad, Michael Garibaldi, quejándose durante horas sobre las actividades de un Thrakallano llamado N'Grath. Le había amargado la existencia a Garibaldi durante años antes de su extraña desaparición dos años atrás, un hecho que todavía se comentaba en los bajos fondos de B5.

El problema con los Thrakallanos era que eran tan increíblemente buenos en lo que hacían. A pesar de que casi nunca abandonaban su mundo, el gigante de gas de Beta Lyrae II, habían conseguido labrarse una reputación por sus sindicatos del crimen, de modo que ahora eran los segundos, tras la organización multi-especies conocida como el Gremio de Ladrones. A diferencia de otros críminales más comunes, los Thrakallanos no se rebajaban al nivel de los robacarteras y los delincuentes comunes. Eran señores del crimen, y dominaban a sus sindicatos desde unas gigantescas ciudades flotantes --se rumoreaba incluso que habían sido creados en el lejano pasado por la misma raza que construyó las puertas de salto por toda la galaxia-- que se movían suavemente a través de la atmósfera de su mundo. Enviaban a otros a que hicieran su trabajo sucio, normalmente a los Bilubi --que tenían el aspecto de una rana--, una especie de baja tecnología de una de las lunas de Beta Lyrae.

Zack no se había relacionado demasiado con los Thrakallanos, pero había estado vigilando de cerca a este ejemplar en particular, desde que subiera a bordo el mes pasado. El nombre que había dado al entrar en la estación era j'Nialth, y hasta ahora lo único que el Thrakallano había hecho era montar una tienda de joyero en el Zocalo, y llevaba un puesto que trabajaba con joyas antiguas y gemas preciosas de cientos de mundos. La tienda había conseguido cierta popularidad entre los residentes ricos de la estación, los que se podían permitir los altos precios de las mercancias de j'Nialth, pero Zack sospechaba que todo eso era sólo una tapadera para actividades menos legitimas. No tenía pruebas de ello, pero sentía que el Thrakallano tramaba algo ilegal.

Al darse cuenta de que Zack le observaba, j'Nialth se volvió para examinar a quien le observaba. Murmuró algo en su lengua nativa, que su traductor descodificó como "Saludos, Jefe de Seguridad Zack Allan."

"Hola j'Nialth, ¿esperas a alguien?" dijo Zack, dándose cuenta de que el traductor utilizó una voz que sonó como la de un anunciante en un acontecimiento deportivo, en lugar de unos tonos ligeros, más normales. Era evidente que alguien había estado tocando los controles del traductor. Zack se percató también de que el traductor le servía de mascarilla, haciendo posible que el Thrakallano caminara fuera de su atmósfera de metano.

"¿Usted también está esperando?" inquirió j'Nialth, evitando responder a la pregunta de Zack. Miró a la larga cola de seres que esperaba para pasar por la aduana.

"Efectivamente" confirmó Zack. "Pero yo le he preguntado primero."

"Estoy observando" respondió j'Nialth, apuntando con una garra hacia el holograma de la colinia de Vega. "Estoy pensando en unas vacaciones. Los negocios han ido bien y este sistema parece cálido y pácifico."

Zack miró al holograma durante unos segundos "eso es Vega III" dijo. "La gravedad allí es tres veces la de la Tierra. Hay vida salvaje. He oído que hay unas criaturas en ese mundo que le arrancarían la cabeza a cualquiera que se acercara. No sé lo que hacen con tu cabeza una vez te la han arrancado del tronco, pero no es un buen lugar para visitar, a pesar de lo que diga el anuncio."

"Lo investigaré" dijo j'Nialth, y miró un momento a la habitación llena de gente, su cabeza oscilaba de lado a lado, buscando entre las filas de pasajeros.

Zack se daba cuenta de que probablemente esperaba a alguien, pero su curiosidad sobre a quién, o a qué esperaba el Thrakallano tendría que esperar cuando Aldred le llamó. Fue hacia ellos para ver qué querían los oficiales de aduanas, y se encontró mirando la figura que había visto salir de la lanzadera. En algún momento de su travesía desde el hangar de aterrizaje, se había quitado la capucha; Zack se sintió cautivado por los bellos, aunque pálidos rasgos de la mujer.

No era una mujer alta, quizá de la estatura de la Capitana, pero no tenía la figura tan bien formada como Lochley. Pero, de un modo extraño y exótico, era mucho más atractiva que muchas mujeres. Sus cabellos pálidos le llegaban hasta los hombros, eran como mechas de luz solar, más que simple cabellos humanos. Aunque no tenía ningún color en realidad. Su piel también era pálida, pero no era un pálido enfermizo, sino más bien la suave cremosidad de la perfección, no tenía ningún defecto. Pero fueron sus ojos los que captaron la atención de Zack. Eran pálidos como el resto de sus facciones, el iris era casi incoloro, tenía tan sólo un ligero tinte azul. Pero había algo más en ellos, un poder oculto, algo antiguo a la vez que joven. Zack sintió una presencia en ella, algo intangible que parecía cernirse sobre ella, una cualidad casi de eterna juventud que hacía imposible definir su edad. Fuera lo que fuera, Zack la encontró increíblemente atractiva, y se vio incapaz de apartar sus ojos de la mujer mientras ésta pasó la fila de pasajeros y llegó hasta la terminal.

Al parecer ella también se había fijado en él, porque cuando Zack la miró fijamente, la mujer le devolvió la mirada con curiosidad y algo divertida. Por fin, tras permanecer allí durante casi un minuto en espera de que Zack le dijera algo, decidió decir algo. "¿Está usted esperando algo?" preguntó la mujer, mirando expectante a Zack. Al igual que sus facciones, su voz era suave, y casi musical. También había una especie de acento, aunque Zack no pudo identificar exactamente de dónde procedía.

Zack parpadeó y después se colocó bien el uniforme, e hizo lo que pudo para que pareciera que no había estado mirándola. "Perdón" dijo. "No es usted lo que yo esperaba."

"Raramente lo soy" respondió ella, con una medio sonrisa en la cara. Después miró a Zack con una expresión de extrañeza. "Yo tampoco sabía qué esperar. Mi visita a este lugar no había sido planeada."

"Creía que usted era... quiero decir, que la capitana creyó..." Zack se detuvo. "En realidad, me gustaría hacerle unas preguntas. Soy Zack Allan, jefe de la seguridad de la estación, y hay un par de detalles sobre su nave que han hecho surgir unas preguntas. El hecho de que su nave carezca de transmisores de ID o de señales, por ejemplo."

La mujer levantó una ceja cuando Zack mencionó su nombre y rango, y su interés en él se volvió más intenso. "Ya veo" dijo cuando Zack dejó de hablar. "Debí esperar eso, supongo. Tuve que abandonar la nave que suelo usar en un planeta a unos sistemas de aquí, y me he visto forzada a utilizar esta lanzadera en su lugar."

"Lo siento" dijo Zack, que supuso que su comentario significaba que su nave había chocado o había sido dañada de algún modo. Se preguntaba dónde había conseguido encontrar esta lanzadera. Su casco era vagamente Vorlon en su aspecto, y se preguntaba si ella era uno de los exploradores que habían intentado entrar en los sistemas abandonados ahora, del imperio Vorlon. La Tierra había prohibido los viajes civiles esponsorizados, el año anterior tras una expedición casi mortal de una nave de exploración de IPX; y Zack sabía que debería informar a Lochley de cualquier violación de esa prohibición. Pero en esos momentos no tenía ninguna prueba de que esta mujer hubiese estado cerca del imperio Vorlon, y cualquier pregunta que hiciera haría que ella sospechara, y eso era lo último que quería, por si finalmente resultaba ser una contrabandista.

La mujer sonrió y después miró fugazmente en dirección al hangar de aterrizaje. "Es de un diseño casi único" reconoció "y tiene una mente propia cuando se trata de volar, pero era lo único disponible en esos momentos."

"¿Necesita ayuda para recuperar su nave?" le preguntó Zack. "Hay agentes de casi todas las compañías de salvamento en Babylon 5"

"Creo que será mejor dejarla donde está" respondió rápidamente la mujer. "Ahora que estoy aquí, espero vender la lanzadera y comprar un pasaje de vuelta a casa en una nave comercial." Antes de que Zack pudiese insistir más en el asunto, la mujer buscó entre su ropa y sacó una tarjeta de plástico. "Creo que necesitará mirar esto antes de que se me permita la entrada a la estación."

Zack asintió, cogió su identitarjeta y la pasó por el escáner. Mientras los datos iban pasando por la pantalla, Zack iba tomando buena nota de los detalles, un hábito que había adquirido después de pasar varios años en seguridad. Su nombre era Jeanne Darias. No lo había oído antes; eso era buena señal. Normalmente si había oído el nombre de alguien, era porque su ficha había pasado por su mesa en algún momento, y se les buscaba por algún crimen horrible. La identitarjeta decía que había nacido en la colonia Sheffer IV, una de las colonias menos interesantes de las veinte principales que tenía la Tierra. Y lo más sorprendente era que figuraba que tenía veinte años, muchos menos de lo que había pensado al mirarla. No es que pareciera más mayor, pero había algo en ella que la hacía parecer eternamente joven, y eso hacía difícil adivinar su verdadera edad.

"Todo parece estar en orden, Señorita Darias" dijo al devolverle la identitarjeta. "Si es tan amable de pasar por este escáner, para que podamos asegurarnos de que no lleva substancias u objetos ilegales.." siguió, apuntando al escáner de armas que había tras él. Y añadió, al verla dudar: "es el procedimiento estándar"

Jeanne miró con desconfianza al escáner, pero dio un paso adelante, y se puso ante la máquina, para que ésta examinara su cuerpo, buscando cualquier arma escondida, u otros elementos de contrabando. "Está limpia, señor" dijo Aldred. "Ni armas ni sustancias ilegales." Después el oficial de seguridad frunció el ceño y miró a Jeanne. "¿No lleva objetos eléctricos encima, verdad?"

"Sólo este bolso, y lo único que llevo en él es ropa y algunos objetos personales" respondió Jeanne. El bolso era idéntico en color a su túnica; seguramente por eso nadie se había percatado de él. Lo sacó para que el oficial de seguridad lo escanease.

Aldred rápidamente pasó el escáner de mano, más potente, por el bolso, pero no detectó nada fuera de lo común. "Es raro" dijo "quizá sí que no funcionen bien estos escáners. Detectaron unas lecturas extrañas hace un minuto. Pero ahora esas lecturas no aparecen."

"Haga que un técnico los examine" dijo Zack, haciendo callar al oficial de aduanas, antes de que Jeanne sospechara demasiado. Si los escáners no habían detectado nada, y esta mujer era una contrabandista y no una viajera inocente, entonces los bienes que esperaba subir a bordo de la estación seguramente estaban en su nave, y Zack ya había enviado un equipo con un escáner a dicha nave. Además ya había habido un problema en aduanas esa mañana, si había más problemas, la capitana se acabaría enterando, y lo último que Zack necesitaba eran más quejas. Zack pasó entonces al otro lado del scanner y se acercó a Jeanne. "Bienvenida a Babylon 5, Señorita Darias, si puedo ayudarla en algo más"

Jeanne asintió. "La verdad es que necesito alojamiento. Me va a llevar algún tiempo poder arreglarlo todo para volver a casa, y necesito un sitio donde quedarme mientras estoy aquí."

"Claro" dijo Zack. "Hay unas terminales de información cerca de la salida, puede utilizarlas para contactar con los agentes inmobiliarios locales. Puedo enseñarle cómo hacerlo, si quiere."

"Si es tan amable, Sr Allan" dijo ella con suavidad, y mirando fugazmente a algo, por encima de su hombro.

Zack sonrió. "Por aquí" dijo señalando la salida. Se volvió y estaba a punto de guiar a Jeanne al exterior de la terminal, cuando tropezó con algo que había en el suelo. Sorprendido, evitó caer al suelo, cogiéndose a uno de los bordes de la terminal de seguridad. Enfadado, se dio la vuelta para ver quién le había hecho tropezar, y se encontró cara a cara con el insectoide j'Nialth.

"Disculpe, Jefe de Seguridad Zack Allan" dijo el mercader Thrakallano, extendiendo una de sus garras para ayudar a Zack. "Estaba mirando la pantalla" dijo, moviendo otra garra en dirección a un anuncio de unas vacaciones en Marte. "No me di cuenta de que usted venía hacia mí."

"No me creo eso" gruñó Zack, rechazando la oferta de ayuda de j'Nialth.

Escondida tras el gran cuerpo de j'Nialth, Jeanne miró rápidamente la nota que el mercader le había puesto en la mano, después la plegó y la puso en uno de los bolsillos de su túnica. Entonces salió de detrás del mercader, y se puso junto a Zack. "Iba a advertirle de que él estaba aquí depie" le dijo a Zack "pero no fui suficientemente rápida. Ha sido sólo un accidente, estoy segura de que esta criatura no ha querido hacerle daño."

"Lo ve, Jefe Allan" dijo j'Nialth, extendiendo sus garras y asintiendo con la cabeza a lo que decía Jeanne. "Ha sido un accidente. No habrá problemas ¿verdad?"

Zack frunció el ceño, mirando desconfiado al mercader. Hubiera jurado que j'Nialth medía unos diez metros la última vez que lo había visto. A pesar de ello, no le había rozado siquiera, así que tampoco era para hacer una escena, aunque le hubiera encantado encontrar una razón para arrestar al Thrakallano. "Ha sido sólo un accidente" dijo por fin Zack "pero intente mantenerse alejado de las terminales de aduanas en el futuro, j'Nialth". Entonces señaló a una zona cerca de la pared más alejada "vaya a esperar allí, por favor."

j'Nialth movió la cabeza para observar los asientos que había en la pared del fondo, y volvió a girar la cabeza para mirar a Zack. "Haré lo que me dice. Mis disculpas de nuevo." Entonces se alejó.

"Lo siento" dijo Zack y volvió a mirar a Jeanne. "Las cosas parecen estar algo ajetreadas hoy."

"Eso era un Thrakallano ¿verdad?" preguntó ella, con una muestra de inocencia que Zack esperaba de alguien nuevo en el espacio, aunque dudaba seriamente que esta inocencia fuese verdadera en el caso de Jeanne.

"Sí, ese es j'Nialth, uno de nuestros mercaderes de gemas preciosas" respondió Zack. "Yo no le compraría nada" añadió "todo lo que le compre a un Thrakallano seguro que es falso o se lo venden a un precio excesivo."

"No creo que mi crédito me lo permitiera" reconoció Jeanne. "Tengo suficiente para una habitación para unos días y para un par de comidas. Quizá pueda usted recomendarme algún lugar económico, pero limpio. La verdad es que nunca he sido muy hábil utilizando estos sistemas modernos de ordenador, son tan complicados."

Zack la miró con curiosidad, se preguntaba por qué un piloto tan hábil, capaz de hacer aterrizar la nave en una estación espacial como Babylon 5 sin la ayuda del ordenador de a bordo, debería tener problemas con un ordenador tan básico. Pero así por lo menos sabría dónde ella se alojaría, por si necesitaba volverla a interrogar. "Creo que conozco un lugar, puedo incluso llevarla hasta allí, si quiere. Casi me pilla de camino."

"Gracias, Sr Allan" respondió con otra sonrisa deslumbrante.. "Me hace un gran favor, de verdad."

Zack le devolvió la mirada, aunque la verdad es que no sabía por qué. "Por aquí, no está lejos." dijo señalando la salida.

"Thank you, Mr. Allan," she replied with another dazzling smile. "That will be most useful indeed"

Mientras salían, de pronto hubo una ráfaga de movimiento entre la multitud, a la derecha de la terminal de seguridad. Poniéndose depie, en toda su extensión, en vez de la usual postura agachada que los de su raza solían adoptar entre los alienígenas, j'Nialth se irguió sobre sus patas traseras para poder ver por encima de la gente, con su cabeza saliendo por encima de la de un mercader narn, que ignoraba que el Thrakallano le estaba usando como escudo.Se volvió lentamente para seguir la ruta de Zack y Jeanne, mientras estos salían hacia la entrada. En los ojos múltiples del alienígenas había un brillo hambriento.

Entonces su mirada se posó en un pasajero humano, sentado tranquilamente cerca de la entrada, leyendo un ejemplar del Universe Today. Como si sintiera que el Thrakallano le mirara, el hombre bajó el periódico y miró a j'Nialth. Como respuesta, el Thrakallano hizo un movimiento con la cabeza y después señaló con ella en la dirección de Zack. El hombre miró a la mujer que iba con Zack, y después hizo un gesto con la cabeza como respuesta, y entonces se deshizo del periódico y se metió entre la multitud, para seguirla.

****************

Casi dos horas más tarde, Nicolai Luchenko y Alex Kurmis por fin lograron entrar en la estación y pasaron por los hangares de aterrizaje en dirección a las terminales de aduanas. Ninguno tenía mucho equipaje, Alex ni siquiera llevaba, y Nicolai tan sólo llevaba un bolso de mano, y un maletín de madera. Ahora estaban en la cola de pasajeros del Lord Nelson, esperando que fuera su turno para pasar por aduana.

"¿Está seguro de que podemos fiarnos del Thrakallano?" susurró Alex, mientras esperaban que la cola se empezara a mover de nuevo. Mientras hablaba, miraba nervioso a su alrededor, como si esperara que alguien quisiera escuchar su conversación. "¿Y qué pasa si nos traiciona, igual que está traicionando a Jeanne?"

"Hace años que conozco a j'Nialth" respondió Nicolai. "Es el Thrakallano más fiable que conozco."

"Bueno, eso no es decir demasiado. Todo el mundo conoce la reputación de los Thrakallanos. No quisiera fracasar ahora, ahora que ella está tan cerca."

Nicolai sonrió "tiene que entender su forma de pensar. A los Thrakallanos les gusta el dinero, y cuánto más haya mejor. Ofréceles dinero y traicionarán a sus propias madres... aunque no estoy seguro de que los Thrakallanos tengan madres."

"Sigo sin..." empezó a decir Alex, antes de que les interrumpiera el oficial de seguridad de aduanas.

"¿Van a quedarse los dos ahí todo el día?" preguntó el oficial, mirándoles con una expresión de aburrimiento. "Si es así, entonces pónganse a un lado para que yo pueda procesar a los demás pasajeros."

Alex se quejó y siguió hasta la terminal, y le puso la identitarjeta en la mano al oficial. El oficial de seguridad no pareció notar el enfado del telépata, comprobó la identitarjeta y dejó que Alex pasara. Nicolai pasó adelante, puso su maleta sobre la mesa, y entregó su identitarjeta. Cuando el oficial escaneó la tarjeta, Nicolai puso su pulgar sobre la cerradura del maletín, que tenía un cierre codificado genéticamente; la maleta se abrió. "Supongo que tendrá que comprobar esto también" sonrió.

"¿Tiene permiso para esto?" preguntó con calma el oficial de seguridad, señalando el arma que había dentro del maletín.

"Por supuesto" Nicolai dijo, pasándole la identitarjeta. "Espero podérsela vender a un comerciante centauri de la estación, un coleccionista de renombre en su mundo."

"De acuerdo" respondió el oficial, sin interés alguno "tiene permiso para subir el arma a la estación, pero asegúrese de que no está cargada, o tendremos que confiscársela." El oficial le devolvió el permiso. "Puede proseguir."

Nicolai volvió a poner el permiso en el bolsillo de su traje, saludó con la cabeza al oficial de seguridad, cerró el maletín y se fue junto a Alex, quien le aguardaba. "¿Realmente necesita eso?" le preguntó el telépata a Nicolai cuando éste llegó junto a él. "No sé qué tiene de malo una pistola normal. Esa cosa debe tener por lo menos doscientos años."

"Más bien trescientos, realmente" respondió Nicolai, dando unos golpecitos en el maletín. "Pero todavía no me ha fallado. Hay cosas que mejoran con los años, y esta pequeña belleza es una de esas cosas." En ese momento se dirigieron hacia la salida. "Venga, será mejor que nos movamos. J'Nialth estará esperándonos en su puesto."

****************

Aragon Pernimi miró la habitación, bastante insatisfecho de lo que veía. Se volvió a la mujer que le había llevado hasta allí. "¿Esto es lo mejor que ha encontrado?" preguntó. "Estoy acostumbrado a lo mejor que la República Centauri puede ofrecer y usted me da esta... esta cueva. Exijo que me busque un alojamiento mejor, ahora mismo."

"Me temo que esta es la mejor habitación que tenemos disponible en estos momentos, señor" explicó la mujer, con la voz tranquila y comedida, acostumbrada como estaba a las exigencias de los centauri y otras razas, que frecuentaban la estación. "Si no está contento, entonces por supuesto tiene derecho a intentarlo en otro lugar, pero nosotros no podemos proporcionarle algo que no tenemos."

Aragon se puso recto, con gesto de desprecio, examinando uno de los cuadros que colgaban de las paredes. Lo había pintado uno de los artistas oscuros de la Tierra, y retrataba un campo de trigo, movido por el viento, y en él se veía un granero dilapidado en el fondo. "Qué deprimentemente rural" musitó, antes de volverse a mirar a la mujer y suspirar. "Supongo que servirá, por supuesto" dijo "ahora ¿qué exorbitante cantidad tengo que pagar por alquilar esta pocilga maloliente durante una semana?"

"Mil créditos por adelantado" respondió la mujer. "También aceptamos ducados centauri, y varias divisas alienígenas."

"Bah. Esto es un robo. Mil créditos por alojarme en esta lata de metal. Podría haber alquilado una casa entera por ese dinero, en Immolan."

"Tenemos varias habitaciones menos caras, que usted podría alquilar" dijo el agente inmobiliario, mostrando una gran cantidad de paciencia. "No son tan grandes..."

"Me la quedo" dijo rápidamente Aragon, y se dispuso a sacar varias monedas de oro de una bolsa en su cinturón. "Esto debería ser suficiente para las próximas dos semanas"

La mujer asintió, y aceptó las monedas. "¿Puedo ayudarle en algo más, señor? Quizá quiera guardar su dinero en una caja fuerte. En la estación hay bastantes carteristas, y odiaría que le ocurriera algo malo."

Aragon sonrió, y su sonrisa, mostrando sus dientes afilados, le recordaba a la agente inmobiliaria a un tiburón. "No tengo miedo de los carteristas" dijo divertido. "Si me roban, pronto lamentarán su error." Después cambió de ánimo, y se puso más serio. "Ahora llévese su dinero y desaparezca de mi vista" dijo friamente. "No me vuelva a molestar."

La agente inmobiliaria suspiró, y después de hacerle una leve referencia al centauri, salió. Tan pronto como se hubo ido, Aragon volvió a examinar la habitación. Dejó caer su única maleta en una de las sillas, y se puso en el centro de la habitación. Sacó una mano, y la puso al frente, con la palma mirando a la pared más cercana, giró sobre sí haciéndo un círculo, mientras que al mismo tiempo buscaba con la mente algún aparato de escucha. Al no encontrar nada, entró en las otras tres habitaciones y repitió el proceso hasta por fin convencerse de que nadie intentaba escuchar ninguna conversación que él intentara tener.

Estaba realmente sorprendido por no haber encontrado nada. Hubiera esperado que ese despreciable insecto para el que trabajaba hubiera puesto escuchas por toda la estación. De hecho, le sorprendía que los humanos no hubieran hecho algo parecido cuando construyeron este lugar, pero siempre había oído que los humanos eran bastante raros en ese sentiod. Por otra parte, después de lo que le había pasado en las últimas dos semanas, nada le iba ya a sorprender.

Hace dos semanas él era alguien, el temido y respetado líder del gremio de los telépatas de Immolan V. Había sido empleado de la crema de la nobleza centauri, había comido los mejores manjares y había vivido en un vasto palacio, reservado a los de su nivel. Ahora era un renegado, huyendo de su propio gobierno, y todo porque había sido contratado por un noble menor para que escaneara al Emperador. Este tipo de trato hacia un miembro del gremio nunca se había visto anteriormente. El gremio siempre había sido neutral en conflictos entre nobles e incluso la Corte Real respetaba esa neutralidad. El gremio podía ser contratado por cualquiera de los dos bandos pero no le debía lealtad a ninguno. Por tradición, el que contrataba al gremio era el culpable de espiar, no el telépata. Eso hacía que esta orden de arresto fuera todavía más intolerable. Nunca antes en la historia del gremio, uno de sus miembros, y menos un maestro como él, había sido tratado de esa forma.

Por supuesto, él se había quejado, aunque no había servido de nada. Esperaba que el Gran Maestro de Centauri Primero le diera su apoyo, pero el viejo loco le había dejado en la estacada, para que se enfrentara a su destino él solo. De modo que se había visto obligado a huir, y a tratar con alienígenas de poca reputación para asegurarse la supervivencia. No le cabía duda de que los asesinos del emperador ya estaban tras su rastro, y le quedaba poco tiempo de vida. Ese Thrakallano le había prometido seguridad, a cambio de dinero. Aragon odiaba negociar con esa terrible criatura, pero cuando alguien era perseguido por el Gremio de Asesinos Centauri, no se podía ser escrupuloso.

Aragon suspiró y se sentó en una de las sillas de la sala, antes de coger una botella medio vacía de su bolsa. Examinó el líquido púrpura con escepticismo, antes de servirse un vaso y sentarse para esperar a que llegaran los agentes del Thrakallano. Había visto al insecto esperando cerca de la terminal de aduanas, y tras la actuación que había hecho, no había duda de que j'Nialth sabía que él estaba allí. Lo único que tenía que hacer era esperar a que le dijeran qué servicio debía hacerles a cambio de un pasaje a algún mundo lejano. Fuera lo que fuera, sabía que no le iba a gustar.

****************

Tres niveles más abajo, Zack Allan también se encontraba en la sección residencial de la estación, aunque su compañera era bastante más agradable que el telépata centauri. Se había pasado las últimas dos horas y media mostrándole a Jeanne Darias la estación, una tarea que Zack había encontrado muy satisfactoria, curiosamente. Ahora que lo pensaba, no recordaba exactamente cuándo su oferta de llevarle hasta un agente inmobiliario se había convertido en un gran tour. Normalmente, que le pidieran que actuara de guía turístico era suficiente para hacer que él huyera despavorido, pero por alguna razón, encontraba a esta mujer irresistible, y guiarla por la estación parecía más un honor que una tarea obligatoria. La verdad es que casi sentía que el tour estuviera llegando a su fin. Se daba cuenta de que todavía existía la posibilidad de que ella fuera una contrabandista, pero tras pasar tres horas en compañía de Jeanne, no podía imaginar que ella estuviera implicada en malas acciones.

A poca distancia de ellos en el pasillo, Zack vio la puerta que había estado buscando. Se volvió a mirar a Jeanne y le señaló la puerta. "Es esta de aquí" dijo "espero que sea adecuada."

"Estoy seguro de que estará bien" respondió Jeanne, caminando ligera hacia la puerta, e introduciendo en la cerradura la tarjeta que el agente inmobiliario le había dado. "Aunque es algo más cara de lo que yo esperaba en un principio."

"Hay bastante escasez de espacio en la estación en estos momentos" respondió Zack como disculpa."Me temo que esta es la más barata disponible, a menos que quisiera algo en el sector marrón, pero yo no se lo aconsejaría."

Jeanne asintió y después sonrió levemente. "Gracias por el tour, Sr Allan" dijo Jeanne. "Me ha sido de gran ayuda."

"Encantado de haberla ayudado" respondió Zack, y entró tras ella en la habitación. "Si hay algo más que pueda hacer, estaré encantado de ayudarla."

Jeanne dejó su bolso en una butaca y sin volverse, respondió "de hecho, sí que hay algo en lo que puede ayudarme" Se volvió y miró a la puerta. "Cerrar" le dijo al ordenador. Este registró su voz rápidamente y la puerta se cerró del todo tras Zack. Después, cuando Zack la miró con una expresión de extrañeza, Jeanne empezó a desatarse la túnica.

"No estoy seguro de que..." empezó a decir Zack, hasta que vio que Jeanne llevaba algo más bajo la túnica. En vez de la carne desnuda que esperaba ver, lo que veía era un atuendo de color oscuro, que parecía más bien un uniforme de combate que unas ropas informales. Su mirada recorrió el cuerpo de la mujer y observó que llevaba unas botas hasta las rodillas, de piel de algún animal, y por fin su vista se detuvo en una pistola de color que colgaba de su cinturón... en el mismo momento en que la mano derecha de Jeanne asiera la pistola.

"Lo siento mucho" dijo Jeanne con voz suave, asiendo la pistola y dirigiéndola hacia Zack. "No tengo tiempo para hacerle entender cuántas razas están en peligro si yo fallo --ni confianza en que usted tenga un alma lo suficientemente profunda para creerme si le digo quién soy en realidad. Es mejor que duerma hasta que yo haya conseguido lo que he venido a buscar y me haya ido." El jefe de seguridad se apresuró a coger su pistola, pero antes de que su mano alcanzara el arma, se oyó un chasquido y sintió una repentina explosión de dolor en su pecho.

Zack logró de algún modo sacar su pistola de la funda, e intentó vencer la sensación de entumecimiento que recorría su cuerpo, pero no pudo, la pistola PPG se escapó de su mano y se posó en el suelo con un golpe. Miró a Jeanne y musitó "¿Por qué?" antes de desplomarse en el abismo de su inconsciencia.

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**** ACTO DOS **** ir al principio

Para los no iniciados -- el joven aventurero en su primer viaje fuera de casa, o el noble rico no acostumbrado a los modos de los comerciantes alienígenas-- la diminuta tienda de j'Nialth era el país de las maravillas de lo exótico. Había piedras preciosas y cristales poco comunes, que procedían de cientos de mundos, estaban colocados en estanterías almohadilladas junto a gargantillas, brazaletes, e incluso una o dos coronas. Pero tras todo ese brillo en realidad la tienda no era más que la tapadera de los negocios menos legítimos del Thrakallano. Desde luego, esta joyería daba unos buenos beneficios, pero era en realidad con la contratación y venta de ciertos servicios esenciales con lo que j'Nialth estaba empezando a ganarse un nombre.

Cuando llegó a la estación estaba bastante nervioso, incluso preocupado por el proyecto de montar su base de operaciones entre tantas y tan distintas especies alienígenas. Como macho joven y de bajo rango que era, tenía poca experiencia con los alienígenas, y también tenía poca experiencia en el tipo de operaciones que se necesitaban para financiar su ambicioso futuro en su planeta. Sin embargo, era un Thrakallano y los genes de su gente tenían las cualidades necesarias para triunfar en este entorno nuevo y extrañamente tentador.Utilizando los fondos que le había legado un pariente moribundo --o mejor dicho, que había robado de un pariente moribundo, ya que era costumbre entre los Thrakallanos no permitir que sus mayores murieran sin exprimirles hasta el último crédito-- había podido montar esta pequeña tienda, y ahora, apenas un mes después, estaba preparándose para tomar el control de una buena parte del inframundo de la estación. Incluso en términos Thrakallanos, su suerte había sufrido un gran ascenso desde su llegada a Babylon 5.

Por supuesto, su intento de toma de control necesitaba de una gran cantidad de nuevos fondos, y mientras que la tienda le daba una parte de los créditos que necesitaba, se había visto obligado a tratar con algunos alienígenas menos que cuerdos en los últimos días. Aún así, si los negocios de hoy salían como estaba previsto, entonces tendría el dinero necesario, e incluso una buena reserva. Dejó a un lado la colección de cristales minbari que había examinado, y miró a un reloj de pared terrestre que cubría la pared. Los Thrakallanos, como especie, no eran demasiado dados a mostrar su nerviosismo, pero j'Nialth no podía evitar sentir una pequeña cantidad de ansiedad mientras esperaba que llegaran sus invitados. Esperaba ganar algo sustancial de este negocio, pero sabía que podía perderlo todo si los acontecimientos no transcurrían como había planeado. Ya había invertido una considerable cantidad de su dinero en procurarse ciertos objetos y servicios que serían necesarios si los clientes no llegaban a tiempo...

Entonces el reloj tocó las diez, con sus campanadas melodiosas, anunciando la llegada de dos humanos a la tienda. Si él hubiese sido humano --o al menos si poseyera un sistema respiratorio similar al de los humanos-- j'Nialth hubiese suspirado con alivio. En vez de eso, simplemente inclinó la cabeza en dirección al más alto de los dos humanos y les indicó que se aproximaran.

"J'Nialth, viejo granuja" dijo Nicolai Luchenko, sonriendo. "¿Qué tal van las cosas en su negocio de joyería?"

"Muy... bien" respondió el Thrakallano, examinando con cautela al hombre delgado que acompañaba a Nicolai. Como precaución, apartó de la mesa la bandeja de cristales que había estado examinando, y la colocó en la estantería que había tras él. No había llegado hasta donde estaba, confiando en los demás, sobre todo en un tipo como Nicolai Luchenko. "¿Quién es su acompañante?" preguntó desconfiado.

Antes de que Nicolai pudiera responder, Alex dio un paso adelante. "¿Dónde está ella?" preguntó.

Nicolai apartó a Alex, con una expresión de disculpa en la cara. "No es nadie importante" dijo a j'Nialth. "Es un seguro por si algo sale mal."

J'Nialth asintió. "Es bueno asegurarse, pero también es bueno que su seguro esté bajo control."

"Creo que podemos estar seguros de eso" respondió Nicolai, mirando fijamente a Alex, mientras al mismo tiempo intentaba mentalmente pasarle un mensaje al telépata para que controlara su genio. Al no ser telépata, el ruso no podía estar seguro de que Alex hubiera recibido el mensaje, pero como el telépata no dio más indicios, supuso que había logrado comunicarse con él.

"Bien" dijo j'Nialth. "Venga, vamos a hablar" dijo señalando a la cortina que separaba la tienda de la trastienda, lugar donde trancurrían sus negocios.

"Detrás de usted" dijo Nicolai. Nicolai se dispuso a pasar tras el alienígena, pero notó una mano que le retenía.

"No me gusta esto, Luchenko" murmuró enfadado Alex. "¿Cómo sabemos que podemos confiar en esta criatura? Podría estar traicionándonos."

Nicolai se encogió de hombros. "Posiblemente, pero j'Nialth es un amigo y los Thrakallanos no traicionan a sus amigos... a menos que, por supuesto, reciban una oferta mejor."

"No es necesario arriesgarse. Podemos encontrarla nosotros, no necesitamos ayuda."

"Tal vez" respondió Nicolai. "Pero quiero asegurarme de que tengo apoyo antes de meterme en materia. Además, este es el terreno de j'Nialth. Él conoce todos los lugares de esta estación y vamos a necesitar su ayuda. Recuerda que si no fuera por j'Nialth, ni siquiera tendríamos esta oportunidad."

"No me gusta que esté tan dispuesto a traicionar a Jeanne. Si lo que usted me dijo antes es cierto, entonces ella había contratado a j'Nialth, y ahora ha cambiado totalmente y va a ayudarnos a nosotors. ¿Cómo sabe que no nos va a hacer lo mismo a nosotros?"

Nicolai sonrió. "Como he dicho, él es un amigo, y a pesar de todo lo demás creo que podemos confiar en él. Por ahora él me necesita tanto como yo a él, nosotros tenemos lo que los Thrakallanos llaman un contrato de negocios simbiótico. Mientras nos necesitemos el uno al otro, o al menos mientras mi dinero le interese, estaremos a salvo."

"Sigue sin gustarme" murmuró Alex.

"Entonces necesita salir más. Así es como funciona el universo y no va a cambiar sólo porque usted lo quiera." Nicolai dio un paso adelante, hacia la cortina y después se detuvo y miró al telépata. "Ahora .. ¿va a vennir, o prefiere quedarse aquí esperando mientras hablo con j'Nialth?" Sin esperar respuesta, Nicolai se volvió y pasó tras la cortina. Alex le siguió.

****************

El Sargento Alan Wilson bostezó al entrar en el hangar de aterrizaje. Tras él, , dos técnicos intentaban maniobrar con un gran carrito que portaba el equipo de escáner por entre varias cajas de equipajes. Se detuvieron junto a un elevador de gravedad cero que un trabajador de hangares había aparcado con poco cuidado cerca de la salida, sacó su data bloc y escaneó una lista de entrada. "De acuerdo" dijo por fin, después de ver la última de las entradas. "Parece que tenemos todavía una pendiente antes de terminar. El Jefe quiere que echemos un vistazo a una lanzadera que llegó esta mañana."

"¿Cuál es, Sargento?" el mayor de sus técnicos, Charles Kimanthi, preguntó, incicando con la mano señalando el enorme hangar... y también a la gran cantidad de lanzaderas y transportes de todas las tallas y formas. El africano se apoyó cómodamente contra el carrito del escáner, mientras que el otro técnico, Aaron Becket, se sentó en una caja para tomar aliento. "Parece que tenemos bastante donde elegir."

Wilson frunció el ceño y miró a Kimanthi, que tan sólo sonrió, antes de volver a su databloc y comprobar la entrada de nuevo. "Zona de aterrizaje 7c" respondió, apuntando a una pequeña lanzadera negra en el hangar, y que estaba parcialmente escondida tras una nave minbari más grande. "Venga, hagamos esto rápidamente y podremos irnos a tomar una bebida en el bar Alfredo después del trabajo."

Becket gruñó, estaba depie y empezó la laboriosa tarea de empujar el pesado carrito con el equipo de escanear, a lo largo del hangar. Afortunadamente para el joven técnico, la lanzadera estaba a una corta distancia, y no al otro lado del hangar. Pero tras un largo día empujando el carrito por toda la estación, incluso un corto viaje parecía tortuoso.

Se paró cerca de la lanzadera, los dos técnicos se pusieron a trabajar, Becket desenrrolló un trozo de cable y lo unió a un dispositivo circular de sensores, mientras Kimanthi comenzó a desplegar paneles y a montar el equipo necesario para realizar el escáner y grabar sus hallazgos. Wilson se apoyó en la nave minbari que había junto a la lanzadera, miró desde allí en su databloc de nuevo "maldición, parece que el Jefe quiere un trabajo completo: mineral, bioquímica, todo el paquete. Me parece que la visita al bar de Alfredo tendrá que esperar."

"¡Sargento!" gritó Becket "será mejor que venga y mire esto."

Wilson suspiró y colocó el databloc sobre el escáner. "¿Qué pasa ahora?" preguntó mientras caminaba hacia el lugar donde se hallaba el joven técnico. Becket no respondió, en vez de eso, señalaba a la lanzadera. Wilson miró la diminuta lanzadera con una expresión de enfado en la cara, antes de ver lo mismo que había descubierto el técnico. "Diablos, esto es algo que no se ve todos los días. Kimanthi, mira esto."

El técnico más mayor también puso cara de extrañeza, mientras se acercaba para ver lo que sus dos compañeros de trabajo estaban haciendo. Entonces abrió los ojos como platos y se agachó para mirar por debajo de la nave. "No tiene puntales" exclamó. "Debe utilizar algún tipo de gravedad artificial para levitar sobre el suelo, pero nunca había visto nada así antes."

"Ni yo" respondió Wilson, pasando su mano por debajo de la lanzadera como si creyera que de verdad había algún truco, y los puntales estuvieran escondidos en algún sitio. Cuando estaba pasando su brazo por debajo de la lanzadera, todos los pelos del dorso de su mano se le pusieron tiesos y notó una extraña picazón en el brazo Rápidamente lo sacó y se sujetó la mano junto al pecho, como si le hubieran herido. "Hágamos esto y salgamos de aquí" les dijo a los otros dos. "Esta cosa está empezando a darme escalofríos."

Becket asintió y caminó con cuidado hacia la lanzadera. En la mano todavía tenía el dispositivo de sensores para el escáner, que ahora había empezado a unir al casco de la nave. Tan pronto como este dispositivo circular fue situado en su sitio, dio un rápido paso atrás y se apresurar hacia el carrito para encender el escáner. "Tengo un mal presentimiento" murmuró mientras encendía el interruptor principal.

Nada ocurrió. Entonces se oyó un ligero zumbido del escáner, mientras se cargaba, haciendo que varias pantallas parpadearan hasta encenderse. "Vaya, esto es interesante" musitó Kimanthi, tocando algunas teclas del teclado principal. "No parece que salga lectura alguna de los sensores. ¿Estás seguro de que has unido correctamente los sensores?"

"Por supuesto" respondió Becket enfadado. "No soy estúpido".

"Bueno, será mejor que lo compruebes de nuevo. No obtengo lectura alguna."

"De acuerdo" espetó Becket. "Comprobaré los malditos sensores" Murmuraba para sí, y fue hacia el lugar donde había colocado el manojo de sensores y donde los había adosado al casco de la lanzadera y comenzó a examinar el conjunto. "Seguramente habrá que reemplazar algunos elementos" le indicó a Kimanthi, cuando descubrió que dos de las luces del dispositivo no se habían encendido. "Este equipo era ya substandard cuando era nuevo, y dado la cantidad de trabajo que ha habido últimamente, no me sorprendería si hubiese dicho adiós definitivamente."

"Dale un golpe con algo" sugirió el Sargento Wilson "eso suele funcionar".

Becket asintió y sacó la pesada linterna que tenía en el cinturón. Golpeó con ella el dispositivo de sensores con un sólido golpe, esperando que los delicados instrumentos que había dentro, no se estropearan. Pero en vez de el sonido que esperaba, notó un claqueteo metálico y después de eso una luz parpadeó y se encendió, y pronto una segunda también se encendió, indicando que el dispositivo funcionaba de nuevo.

El técnico no tuvo tiempo de celebrar su pequeña victoria. Tan pronto como se hubo encendido la segunda luz, la oscura superficie del casco de la lanzadera estalló repentinamente con luz. Hubo entonces un destello cegador y después una especie de rayo blanco se introdujo en el cable del sensor hasta desembocar en el carrito del escáner. Becket quedó atrapado enmedio de la explosión de energía y de repente se encontró volando por el hangar de aterrizaje, y finalmente aterrizó en el suelo de un golpe, a casi diez metros.

Al darse cuenta del peligro, los otros dos miembros del equipo de escáner se tiraron al suelo, justo en el momento en que todos los instrumentos y pantallas que había en el carrito se sobrecargaron todos a la vez, enviando chispas de metal hiper-calentado en todas direcciones. A esta serie de pequeñas explosiones les siguió una enorme explosión de llamas y energía, al explosionar la célula de almacenaje que proporcionaba la energía a los instrumentos, provocando que el aire se llenara de humo y fuego.

Por raro que pareciera, no murió ninguno de los miembros del equipo, aunque todos quedaron aturdidos durante unos segundos. Wilson fue el primero en recuperarse, abrió los ojos y se encontró cubierto de una espesa capa de espuma blanca, que los extintores de emergencia del hangar estaban lanzando sobre el carrito y todo lo que había cerca. Una sirena empezó a sonar, y en la distancia pudo ver varias figuras que se aproximaban a toda prisa. Rápidamente se puso en pie, y se apresuró a sacar a sus compañeros de la espuma. Becket era el peor herido, cogeaba debido a una torcedura de tobillo, y le colgaba una mano ennegrecida, con la que había cogido el cable. "¡Qué diablos ha sido eso!" se preguntó

"Parecía una especie de sistema de defensa automática" respondió Wilson, y en ese momento otra pequeña explosión acabó de destruir el ya ruinoso equipo. "Debe haberse activado cuando detectó que nuestro escáner estaba sondeando su casco."

"Creo que vamos a necesitar un poco más de potencia si el jefe quiere que miremos dentro de esta cosa, Sargento" dijo Kimanthi, intentando quitarse la espuma de su mono de trabajo.

"Algo como un tanque de batalla" murmuró Wilson mientras limpiaba la espuma de su intercomunicador y pulsó el botón para conectar con la central de seguridad. Tan pronto como la voz del oficial de comunicación le saludó, Wilson dijo con calma "póngame con el Jefe. Parece que tenemos una situación preocupante en el hangar de aterrizaje número seis."

"Creo que eso es decir todo" dijo Kimanthi, mirando a la lanzadera. El lugar donde había estado pegado el dispositivo de sensores, ahora sólo había una marca blanca sobre el casco, como si la explosión de energía hubiese quemado el metal. Eso se demostró que no era cierto, ya que unos segundos después esa marca blanca se desvaneció y el casco volvió a tener el mismo color negro que habían visto al principio. Kimanthi miró a Wilson. "Será mejor que traigan dos tanques" sugirió.

****************

Ignorando lo que estaba ocurriendo en el hangar de aterrizaje, Jeanne Darias se puso frente al espejo que había en el baño de sus habitaciones. Miró su reflejo, mirando sus ojos como intentando captar la vista de algo oculto en sus órbitas pálidas. Después negó con la cabez, como intentando descartar una memoria dolorosa, y volvió su atención al conjunto de armas que había expuestas en la estantería junto al espejo.

Cogió la primera, una daga arrojadiza, la colocó en una bolsa escondida en la manga del largo abrigo de cuero que sustituía a la túnica que vestía antes. Cogió otra daga igual a la anterior, y otras dagas más y unos cuchillos que distribuyó por su cuerpo. Una vez todos los cuchillos estaban en su sitio, asió uno de los dos objetos que quedaban, un gran paquete envuelto en una suave tela. Fue con cuidado para que no se le cayera el paquete, lo trasladó desde la estantería hasta un bolsillo interior. Finalmente, todo lo que quedaba era la pistola que utilizó con Zack. La cogió,y empezó a sentir como extraía parte de su fuerza vital, para recargarse. La puso rápidamente en su funda antes de que el arma pudiera cargarse del todo, y entonces volvió a mirarse de nuevo en el espejo.

Satisfecha por lo que veía, Jeanne se puso bien el abrigo y se dirigió a la sala principal, se detuvo para mirar a Zack Allan, que yacía en el suelo, donde ella le había dejado. Se arrodilló a su lado y rápidamente comprobó su pulso y otros signos vitales para asegurarse de que estaba vivo. No le había gustado tener que dispararle, pero tal como le había explicado antes de disparar, no podía permitir que se interpusiera en su camino, no cuando había tanto en juego.

Notó entonces una especie de pinchazón en la mente, que distrajo su atención. Reconoció la señal mental de su lanzadera, Jeanne abrió su mente y permitió que sus pensamientos tocaran los de ella. <Alerta> decía con calma la voz de su lanzadera, sus palabras retumbaban en su mente, transmitida a través del transmisor neural que ella portaba --un dispositivo tecnológico muy avanzado que estaba escondido dentro del delicado circuito que ella llevaba en la cabeza. <Señora, unos intrusos han intentado romper el sello de seguridad del casco. Hemos podido repelerlos con cero bajas. Por favor responda con más instrucciones>

Después del mensaje vio una serie de imágenes fijas que se filtraron en su mente --el equipo del escáner aproximándose, el examen que realizaron a nave. Como adosaron el sensor y finalmente, la destrucción del escáner--. Frunció el ceño enojada, Jeanne se dio cuenta de que debería haber previsto algo así. Entre otras cosas, la lanzadera podía proyectar falsas lecturas a equipos primitivos del tipo del que portaban los del escáner, pero ella no había ordenado a su nave que lo hiciera.

Por un momento sintió ira hacia la lanzadera, pero rápidamente se deshizo de esos pensamientos, se daba cuenta de que la nave no tenía la culpa. Tenía una experiencia limitada con los curiosos humanos y respondió del modo en que le habían enseñado. No, la culpa era suya, y las consecuencias también debería sobrellevarlas ella. Llegó a la conclusión de que su misión de repente se había puesto más difícil, y que necesitaría más ayuda. Jeanne dirigió sus pensamientos hacia la lanzadera. <Activa medidas de seguridad completas enseguida, y envía una señal a Zater'Enin>

Si ella poseyera capaciades telepáticas, la transmisión hubiera sido mucho más fácil, pero incluso con esta dificultad la nave logró de algún modo captar sus pensamientos de entre los cientos de mentes que había y pronto obtuvo una leve respuesta. <Sistema de seguridad activado, Señora> informó. <Las reservas de energía son suficientes para mantener el escudo y las armas a nivel mínimo durante diecisiete punto tres horas estándar> Hubo una breve pausa y después la lanzadera prosiguió. <Zater'Enin contactado y en ruta. Hora de llegada estimada, dieciseis punto uno horas estándar.>

Jeanne no se molestó en enviar más mensajes, confiaba que la nave viviente se protegería a sí misma y la informaría si ocurría algo más de lo que ella debiera estar informada. En vez de eso, se puso en pie y caminó hacia la puerta. Entonces se detuvo, sacó de un bolsillo la tarjeta-llave que le había dado el agente inmobiliario. La miró unos segundos, antes de decidir que no servía y la tiró sobre una silla cerca de la entrada. No pensaba volver a esa habitación, así que la tarjeta ya no tenía valor para ella.

Con una última mirada a Zack, pulsó el control de la puerta y salió al vestíbulo, cerrando la puerta tras de sí para que nadie viera al jefe de seguridad. Después siguió caminando por el vestíbulo hacia los ascensores, pero en el último momento se detuvo para mirar en la dirección contraria. Varias veces durante su visita guiada a la estación, había sentido que unos ojos la observaban. La mayor parte del tiempo, eran sólo personas que pasaban por allí, curiosos, que se interesaban en ella porque iba con el jefe de seguridad de la estación. Pero otras veces, no había visto a nadie, y se encontraba en un vestíbulo vacía como ahora.

Examinó el vestíbulo con cuidado durante varios segundos, antes de decidir que no era nada, sólo paranoia. Buscó en su bolsillo y sacó el papel que j'Nialth le había dado ese día por la mañana. Durante la visita guiada por la estación había memorizado todos los lugares de interés, y también los comentarios que Zack había hecho sobre cada zona. Ahora sabía que la zona escogida por j'Nialth para reunirse con ella era bastante remota, y durante unos momentos se preguntó por qué el Thrakallano no quiso encontrarse con ella en su tienda. Sin embargo,dada la naturaleza de su transacción, entendía que era necesario ir con cautela y no le parecía mal su decisión de reunirse tan lejos de los transitados vestíbulos del Zocalo. Devolvió la nota a su bolsillo, dejó atrás su habitación, y caminó ligera por el pasillo hacia el vestíbulo central.

Poco después de que ella hubiera partido, se oyó una tos a unos metros del pasillo que Jeanne acababa de examinar. Una porción de la pared brilló, y apareció una figura humanoide que se escondía, rompiendo el efecto de camaleón del dispositivo que llevaba puesto. Había tenido que aguantar la respiración cuando Jeanne miró en su dirección, pues sabía que cualquier movimiento repentino hubiera delatado su posición.

Respiró hondo varias veces, y la figura pronto recuperó la compostura y caminó lentamente hacia la puerta por donde Jeanne había salido. Mientras caminaba, el aire a su alrededor hizo unos destellos, mientras la red de ocultación intentaba compensar sus movimientos. Sorprendentemente, el aparato estaba haciendo un trabajo bastante bueno, haciendo que pareciera un objeto del tamaño de un hombre, del mismo color aproximadamente y la misma textura que la pared y el suelo. Cuando se paró junto a la puerta, todavía fue mejor, los holo-proyectores le hicieron totalmente invisible.

La figura miró hacia el pasillo por el que Jeanne había pasado, poco decidido sobre si seguirla o quedarse allí y examinar su habitación. Finalmente el observador prefirió hacer lo segundo, miró primero a su alrededor para asegurarse de que nadie miraba, y después tocó el control que llevaba en el brazo para desactivar la red de ocultación. Los holo-proyectores se cerraron inmediatamente, y expusieron las facciones rudas y llena de señales de Lynx Reisel, el lugarteniente de j'Nialth, espía y matón principal.

Se daba cuenta de que si era visto llevando una red de ocultación, una tecnología prohibida en Babylon 5, tendría que pasarse una buena temporada en los calabozos, así que Lynx se movía con rapidez. Tecleó los controles del panel de control, el dispositivo se activó de nuevo, y mostró su imagen... era cierto que con la potencia de la red de ocultación, podría haberse mostrado como cualquiera cuya imagen hubiera escaneado y grabado, pero a Lynx le gustaba jugar con su reputación. J'Nialth podría haberle dado la red de ocultación para que pasara desapercibido por el inframundo de la estación, para que llevara a cabo sus actividades delictivas, pero eso no significaba que tuviera que usarla todo el tiempo.

Se dirigió a la puerta, Lynx murmuró para sí mientras examinaba la cerradura. Después introdujo la mano en uno de sus bolsillos y sacó una tarjeta de plástico. La introdujo en la cerradura de la puerta, pero saltó cuando la tarjeta explotó con una lluvia de chispas. Ahora la cerradura estaba arruinada totalmente, la puerta se abrió un poco. No era mucho, pero suficiente para que Lynx metiera la mano y la abriera del todo. Pasó dentro y miró sorprendido lo que había dentro.

"Vaya, vaya, Sr Jefe de Seguridad" se rió. "Parece que se a metido en un lío esta vez."

Entonces puso cara seria de nuevo. Cerró la puerta, pues los controles interiores funcionaban. Lynx fue a comprobar el pulso de Zack. Satisfecho de que el jefe de seguridad siguiera vivo... al menos de momento, Lynx fue a examinar la habitación. Sobre la cama estaba la túnica blanca que había visto que llevaba la mujer cuando llegó a la estación, y sobre una silla de la cocina, había un pequeño bolso blanco. Lynx cogió el bolso y lo revolvió, pero estaba vacío, así que lo tiró al suelo.

Enojado, se volvió hacia Zack. Vio la pistola del jefe sobre el suelo, y se disponía a cogerla cuando de repente se oyó un bip. "¡Mierda!" dijo Lynx cuando vio el intercomunicador en la mano de Zack. Rápidamente se lo arrebató, lo tiró al suelo y lo pisoteó con su bota, destruyéndolo antes de que alguien pudiera averiguar gracias a él la localización del jefe. Sabía que aunque sólo hubieran detectado parcialmente donde estaba Zack, tenía poco tiempo, así que le arrebató la PPG, se la puso en otro de los bolsillos de su chaqueta y se apresuró a completar su tarea.

****************

Lochley suspiró de cansancio al sentarse en su escritorio. Su reunión con Vizhak había ido como esperaba.. mal. Por supuesto, hubiera ido mejor si su jefe de seguridad hubiera estado presente, en vez de ir tras contrabandistas fantasmas. Se puso una taza de café humeante, e intentó deshechar sus pensamientos sobre el embajador Drazi, y volvió a coger su colección de informes y archivos que había sobre su escritorio desde hacía horas. Daba igual cuántas horas pasaba fuera de la oficina, aunque sólo estuviera fuera unos minutos, siempre aparecía algo nuevo sobre su escritorio. Era uno de los aspectos menos divertidas de ser el comandante de una estación de la talla de Babylon 5.

Bebió un sorbo de su taza, la puso a un lado y volvió al primer documento. Pero antes de poder empezar a leer, su intercomunicador hizo un bip. Suspiró y pulsó el botón enojada. "¿Qué pasa ahora?" espetó.

"Disculpe que la moleste, Capitana" respondió el Teniente Coriwn. "Me preguntaba si había visto al Sr Allan en la última hora."

"No" respondió. "Pero si le ve, dígale que quiero verle inmediatamente."

"Eso va a ser algo difícil" dijo Corwin. "Parece que el Sr Allan ha desaparecido y no responde a su intercomunicador. Creía que tal vez estaría con usted, pero si usted no le ha visto..."

"¿Ha intentado localizar su intercomunicador?" preguntó Lochley, con un creciente sentimiento de intranquilidad. Se le ocurrían unas cuantas razones por las cuales Zack no respondería, pero por desgracia ninguna de ellas era agradable.

"En cuanto no respondió. Pero su intercomunicador quedó inactiva casi inmediatamente y no he conseguido encontrar una posición."

"Bien, empiece a seguir sus movimientos. ¿Sabe dónde fue visto por última vez?"

"En aduanas, creo" respondió Corwin. "Fue a inspeccionar la situación de esa lanzadera de la que yo le hablé a usted esta mañana."

Lochley frunció el ceño, pensando en ese mismo día por la mañana. Recordaba la lanzadera por supuesto, y también el razonamiento que hizo Zack de por qué tenía que ir a comprobar qué pasaba. No recordaba haber oído nada más después, así que supuso que había resultado que no era nada importante. "¿Y nadie le ha vuelto a ver desde entonces?" preguntó.

"No" respondió Corwin. "Aunque..."

"¿Qué?" preguntó Lochley.

"La nave que he mencionado. Tiene algún tipo de sistema de autodefensa, que acaba de atacar a un equipo de escáner en el hangar de aterrizaje. La lanzadera ha hecho volar su equipo y ha disparado todas las alarmas en los hangares. Por eso estaba buscando al Sr Allan."

"¿Hay alguien herido?"

"Sólo unos rasguños y un tobillo roto. Pero el escáner ha quedado totalmente destruido y el gobierno minbari probablemente tendrá algo que decir por los daños causados a una de sus naves. Ya he ordenado.."

"¿Qué hacía allí este equipo de escáner, para empezar?" interrumpió Lochley. "Y ¿por qué no detectaron nuestros sensores ese sistema de auto-defensa cuando la lanzaderra aterrizó?"

"El Sr Allan ordenó que se realizara el escáner, y no sé por qué los sensores no detectan ningún sistema de armamento en esa lanzadera. Puede tener algo que ver con la distorsión en las lecturas que le mencioné anteriormente."

Lochley se masajeó la frente, sentía como una terrible jaqueca empezaba a desarrollarse. "De acuerdo" dijo por fin. "Selle esa sección del hangar y ponga un guardia frente a la lanzadera. No quiero que nadie se acerque a ella hasta que sepamos cómo desactivar ese sistema de defensa. Después dé la alerta respecto al Sr Allan, pero intente que no corra la voz. No quiero que toda la estación sepa que le hemos perdido, no todavía. Finalmente, traiga a quien haya visto al Sr Allan a mi oficina. Si vamos a empezar a buscarle, tendremos que saber primero por donde empezar."

"Mandaré a buscar a los oficiales de seguridad de la terminal de aduanas" dijo Corwin. "Creo que fueron los últimos en ver al Sr Allan. C&C fuera."

Lochley miró fijamente al ahora silencioso intercomunicador durante unos segundos. No era propio de Zack Allan no decir donde iba, y desde luego no era propio de él desaparecer sin dejar rastro. Algo estaba pasando, y esperaba que fuera lo que fuera, la cosa no desembocara en la muerte de alguien que ella consideraba un amigo, y además un jefe de seguridad buenísimo. Durante unos segundos, le dieron ganas de saltar de la silla y salir a liderar la búsqueda de Zack personalmente, pero se daba cuenta de que esa búsqueda debía hacerse correctamente si querían que diera sus frutos, y salir corriendo antes de conocer los hechos, no ayudaría en nada. Sólo esperaba que, estuviera donde estuviera, Zack siguiera vivo e ileso.

****************

En las habitaciones de Jeanne, Lynx detuvo su búsqueda, miró alrededor y resgistró los cajones. "Nada" murmuró. "¿Es que esta zorra no tiene nada de valor?" Entonces divisó un leve brillo bajo una de las sillas de la sala, justo detrás de la cabeza de Zack, y junto al bolso blanco que antes había tirado. Se movió con rapidez, cruzó la habitación y se agachó para ver si encontraba lo que brillaba, hasta que se encontró con algo duro.

Sacó el objeto de su escondite, y vio que lo que tenía en la mano era un pequeño diamante, que probablemente valía varios miles de créditos. Limpio la piedra preciosa con la chaqueta, y la sostuvo frente a la luz. "Bien, me pregunto si tienes algún amigo más por aquí, ¿eh?" le dijo a la perla, mirandola fijamente. Un bip repentino le distrajo de su ensoñación con la piedra, y rápidamente colocó el diamante en uno de sus bolsillos, y sacó un comunicador de corto alcance de otro. "Lynx" dijo al encender el aparato, y se dio cuenta de quién le estaba llamando.

"¿Dónde esta el blanco humano?" respondió la voz de j'Nialth, generada artificialmente, el traductor del Thrakallano lograba introducir un tono amenazador a las palabras.

"Dirigiéndose hacia el punto de encuentro, la última vez que la vi" respondió Lynx, percatándose de que podría estar en cualquier sitio ahora, pero dedujo que no pensaba perderse su reunión con j'Nialth, no después de tantas molestias que se había tomado para contactar con el Thrakallano, para empezar. "Ella no sospecha nada."

"Bien" respondió j'Nialth. "Recupere el paquete centauri y encuéntrese conmigo en mi tienda lo antes posible."

"Voy para allá, jefe" respondió Lynx, y puso el intercomunicador de nuevo en su bolsillo. Miró al cuerpo inconsciente del jefe de seguridad, sonriendo por primera vez desde que entró en la habitación. "Parece que no va a tener el placer de mi compañía por más tiempo, Jefe. Bueno, me tomaré una bebida por usted la próxima vez. Estaré en el casino. Es una pena que usted no vaya a estar allí para bebérsela."

Lynx se agachó y se sacó de la bota un cuchillo de hoja larga, y puso la hoja sobre la garganta de Zack. "Me pregunto qué pensarán sus amigos cuando le encuentren" murmuró. "Casi desearía poder estar aquí para verles la cara."

****************

Lochley caminaba de un lado a otro frente a su escritorio, enojada, pasando junto a tres oficiales de seguridad --los dos que habían visto al jefe por última vez, y su superior-- y finalmente se detuvo frente a Corwin. "Dejemos las cosas claras" comenzó. "El Sr Allan fue visto por última vez en aduanas, encontrándose con el piloto de la nave que ha estado haciendo añicos el hangar seis, y desde entonces no hay rastro de él."

"Sí han habido rastros.." empezó a decir Corwin.

"Algunos rumores y algunos avistamientos en varias zonas de la estación" Lochley terminó la frase por él. "Y eso no ayuda demasiado. Cada uno de los informes parece contradecir a los demás, y ninguno nos acerca demasiado a dónde está."

"Em.. Capitana" habló una tímida voz de mujer.

Lochley se volvió a la persona que hablaba, una de las dos oficiales que estaban de servicio en aduanas cuando Zack estuvo allí. "¿Sí, Aldred?" inquirió.

"Es sólo una idea" empezó a decir la joven oficial de seguridad. Cuando Lochley le indicó que continuara, su confianza creció. "Si suponemos que el Jefe Allan sigue todavía con esa mujer, Jeanne Darias, entonces sería posible localizarla."

"¿Cómo?" preguntó Lochley. "No hemos logrado tampoco encontrarla a ella. Estoy de acuerdo en que probablemente ella es responsable de la desaparición del Sr Allan, pero no veo cómo vamos a encontrarla. Sin el intercomunicador del Sr Allan para localizar su posición, no tenemos mucho con qué trabajar."

"No estoy tan segura, Capitana" la corrigió Aldred. "Ella mencionó que buscaba alojamiento para su estancia en la estación, y por eso el Jefe Allan le ofreció guiarla hasta allí. Lo que tenemos que hacer es realizar una búsqueda en alguna habitación que haya sido alquilada a su nombre."

"Seguramente habrá usado una identitarjeta falsa." comentó Cowin.

"Vale la pena intentarlo" dijo Lochley, yendo hacia su escritorio. "La cuestión es.. cómo vamos a hacerlo"

"He copiado su información del ordenador central antes de venir" ofreció Aldred, sacando un datacristal de su bolsillo. "Cuando me enteré de que el jefe había desaparecido, creí que podría ser de utilidad. Sé que él estaba ineteresdo en ella, pensé..." Dejó de hablar cuando vio que la Capitana tenía la mano extendida. Algo avergonzada, le pasó el cristal.

Lochley aceptó el datacristal y lo puso en el lector. Mientras esperaba que el ordenador copiara la información, se volvió hacia Aldred y la examinó con una expresión de curiosidad en la cara. "¿Cuánto hace que está usted en la estación?" preguntó.

"Algo menos de cinco semanas" le dijo la joven oficial.

Lochley arqueó las cejas. "Entonces, buen trabajo". En ese momento el ordenador hizo un bip para indicar que se había completado la transferencia, y Lochley volvió a su escritorio. "Ordenador, empiece a escanear con la información proporcionada. Busque en los archivos de alojamientos alquilados."

"Encontrado" informó el ordenador casi de inmediato.

"¡Muestre localización!" dijo Lochley casi gritando. Una pantalla en la pared se encendió, mostrando un plano de los niveles de la estación, antes de terminar mostrando un esquema de un nivel en el sector rojo. "Alquiló una habitación en Rojo 8" dijo Lochley, señalando el indicador de la pantalla. "Eso está a tan sólo cinco minutos de aquí. Si nos damos prisa podemos estar allí en tres minutos, así que démonos prisa. Teniente, usted espere aquí. Los demás, vengan conmigo."

Corwin asintió y miró a Lochley y a los oficiales de seguridad, que salían a toda prisa de la habitación. Entendía sus prisas. Si Zack Allan había sido secuestrado por alguien que quería hacerle daño, cada segundo era vital. Corwin sólo esperaba que todavía estuvieran a tiempo.

****************

La oficina de j'Nialth, la pequeña habitación en la trastienda de la joyería, no estaba equipada para alojar a mucha gente, pero todos cupieron dentro. En el centro de la sala había una mesa de metal. --a los Thrakallanos no les preocupaban los lujos, sobre todo porque no podían usar casi ningún mueble humano... A un lado de la mesa estaba j'Nialth agachado, su cuerpo insectoide no estaba realmente preparado para sentarse. Había una silla colocada junto a él, pero estaba bacía, esperando la llegada de su lugarteniente. Al otro lado de la mesa estaba sentado Nicolai Luchenko y Alex Kurmis, y tras ellos estaban los guardaespaldas Bilubi de J'Nialth.

Otro de los humanoides, gigantes estaban tras j'Nialth, observando atentamente a su jefe Thrakallano, mientras este examinaba una grabación de un mundo lejano, prestando especial atención a una gran bolsa que portaban dos figuras holográficas llevaban a bordo de una nave.

"¿Es auténtica?" preguntó j'Nialth, tan pronto como hubo terminado la grabación. Cerró el aparato y se lo pasó a Nicolai.

"Por supuesto" le prometió el ruso. "No se me ocurriría engañarle."

J'Nialth juntó sus mandíbulas. "Todos intentan engañarme alguna vez" le respondió a Nicola. "Usted no lo ha hecho todavía, pero puede hacerlo pronto. ¿Tiene pruebas de esto? Conozco el mundo del que me habla, está en la frontera del espacio Vorlon. Una expedición sería muy cara y debo asegurarme de que habrá beneficios antes de prestarle mi ayuda. Los guerreros y las naves no son baratas y se necesitarán muchas."

Nicolai sonrió, sacando de su bolsillo un pesado paquete envuelto en tela, y pasándoselo a j'Nialth. "Creo que esto le parecerá suficiente" le dijo al Thrakallano, abriendo el paquete mostrando así un montón de pequeños diamantes y un enorme rubí que tenía al menos dos centrímetros de diámetro. "Estas son sólo algunas de las gemas más pequeñas que cogí mientras estuve en Arias, ahí había otras miles, esperando allí a que alguien las cogiera."

Uno de los guardaespaldas de j'Nialth le pasó un escáner de minerales que había en una estantería tras los dos humanos, y j'Nialth lo pasó por las joyas, y sus ojos se llenaron de un brillo de avaricia, cuando el escáner confirmó que Nicolai decía la verdad. Volvió a poner el escáner en su sitio y cubrió las joyas de nuevo. "Son buenas. Pero ¿cómo sé que hay más? Quizá usted ya se las haya llevado todas."

"Tiene usted mi palabra" respondió Nicolai. "Y, ha visto usted la grabación, seguro que esa es suficiente prueba."

"Las grabaciones se pueden falsificar fácilmente, y las promesas no significan nada para los de mi especie."

Nicolai volvió a sonreír y puso las joyas frente a j'Nialth. "Entonces quédese estas. Si lo que digo es cierto, entonces podré reemplazarlas fácilmente cuando usted tome el control de Arias. Si no es así, usted tendrá igualmente beneficios, más que suficiente para cubrir el coste de comprar una pequeña nave y el equipo para una expedición al mundo."

"¿Está usted loco?" interrumpió Alex, mirando incrédulo a Nicolai. Esas joyas deben valer como menos dos millones de créditos, y va a dárselas a él."

"¿Tenemos un trato, j'Nialth?" preguntó Nicolai de nuevo, ignorando el enojo del telépata. "Las joyas son para la mujer. Seguro que eso es suficiente para pagar su ayuda."

Cualquier respuesta que j'Nialth pensara dar fue interrumpida por una alarma que sonó de repente. "Alguien se acerca" dijo j'Nialth, devolviéndole las piedras a Nicolai y giarndo la cabeza para mirar la pared que tenía detrás. Examinó el monitor de la pared durante unos segundos antes de decir "no hay problema, es Lynx. Le esperaba."

Todas las cabezas se volvieron para mirar la puerta, cuando Lynx entró en la oficina. Tras él venía un centauri de estatura media, vestido con las ropas más ricas que Nicolai hubiera visto jamás. "Tiene una buena fiesta montada, jefe" le dijo Lynx para sentarse junto al rey del crimen. Si j'Nialth estaba enfadado por la falta de respeto mostrada por su inferior, no lo mostró, pero Nicolai, que hacía más tiempo que los demás que conocía al Thrakallano, sabía que a menos que Lynx controlara su comportamiento, pronto habría otro lugarteniente sentado junto al insectoide la próxima vez que se reunieran.

"¿Quién es este?" preguntó Nicolai desconfiado, señalando al centauri que acababa de llegar con Lynx.

J'Nialth señaló con sus garras "usted tiene su seguro, yo tengo el mío." Entonces movió su cabeza hacia el centauri. "Supongo que usted ha tenido un buen viaje, Lord Pernimi."

"Los he tenido mejores" respondió Aragon. "¿Tienen.. estos humanos.. algo que ver conmigo?"

"Un pequeño problema para el que necesito su ayuda" respondió j'Nialth, con sus mandíbulas produciendo unos sonidos que Nicolai sabía equivalían a la risa para un Thrakallano.

"¿Qué tipo de problema?" preguntó Aragon. "Recuerde que no trabajo para usted j'Nialth."

"Necesitas mi ayuda, así que ahora trabajas para mí" le respondió j'Nialth. Después, cuando Aragon se dispuso a discutir ese punto "a menos que quieras que contacte con tu antiguo jefe y le informe de tu actual posición. He prometido ayudarte, ahora tú vas a ayudarme. Ese es nuestro trato."

Aragon asintió. "Es cierto" reconoció "pero recuerda respetar tu parte, j'Nialth"

"Un simple servicio, nada más. Hazlo bien y te daré lo que deseas" J'Nialth no se preocupó en decirle a Aragon lo que tendría que pagar si fracasaba, pero Nicolai, que había visto este tipo de tratos antes, sabía que el telépata centauri tendría que tener mucha suerte para poder escapar con vida si j'Nialth, o cualquier Thrakallano le desearan la muerte.

"De acuerdo" dijo Aragon. "¿Qué necesita de mí?"

"En un momento" dijo j'Nialth, volviendo a mirar a Nicolai. "Nuestras negociaciones han terminado. Acepto sus condiciones. Conseguiré la localización de la mina, los códigos para pasar las defensas del planeta, y quiero la mitad de todos los beneficios. Tendrá el cuerpo de la mujer, y después de descontar todos los gastos, también tendrá su mitad de los beneficios. ¿Es aceptable?"

Nicolai casi sonrió entonces, se daba cuenta de que j'Nialth, como siempre, había expresado el contrato de modo que él terminaría ganando nada si aceptaba. No le cabía duda de que los 'gastos' de que hablaba el Thrakallano ascendería al total de los créditos que debería recibir de su parte de las minas de joyas de Arias, pero no le importaba. "De acuerdo" dijo, asintiendo con la cabeza en la dirección de j'Nialth.

J'Nialth no respondió durante unos segundos, miraba fijamente a Nicolai, casi como si sospechara de los motivos del humano. Nicolai se preguntaba si debería haber regateado, j'Nialth seguramente había esperado eso y ahora se habían levantado sus sospechas. Fueran las que fueran las sospechas que tenía el Thrakallano, no eran tan visibles, según su siguiente afirmación: "entonces queda dicho" respondió el jefe del crimen, aparentemente complacido. "Ahora lo que debemos hacer es recoger nuestra llave y reclamar nuestro premio".

"Siempre que tengamos el cebo adecuado" añadió Nicolai. "Todavía falta que pongamos la trampa."

J'Nialth hizo un gesto a uno de los guardaespaldas, que a su vez colocó un pequeño maletín metálico sobre la mesa. "Cuando ella contactó conmigo, venía buscando esto. Ella vendrá."

"¿Qué es eso?" preguntó Alex, mirando atentamente al curioso objeto.

"Un rompe-códigos Thrakallano" respondió Nicolai, sacudiendo la cabeza, sorprendido. "Me sorprende que consiguiera hacerlo entrar en la estación, j'Nialth. Estas cosas tienen una firma energética muy particular, y me imagino que la Seguridad de la estación estarían al tanto de algo así."

"Tengo mis medios" respondió misteriosamente el Thrakallano. "Está aquí --y ahora-- al igual que ella. He quedado para reunirme con ella hoy para entregarle el rompe-códigos a cambio de muchos créditos. Usted irá en vez de mí y la obligará a que le diga los códigos para el sistema de defensa del planeta de las piedras preciosas. ¿De acuerdo?"

Alex pareció dubitativo, pero Nicolai asintió. "Eso es acetptable, j'Nialth."

"Bien, entonces váyanse, la reunión es dentro de dos horas. Lynx les guiará a ustedes y mis guardaespaldas les ayudarán."

"¿Y él?" preguntó Nicolai, señalando a Aragon, que observaba el proceso con una expresión de desinterés en la cara.

"Él tiene otra misión" respondió j'Nialth. "Esperen fuera hasta que yo le informe de qué se requiere de él. Lynx y Lord Pernimi se unirán a ustedes enseguida."

Nicolai asintió y le hizo un gesto a Alex para que le siguiera a la tienda. Alex observó a j'Nialth con desconfianza durante unos segundos, antes de levantarse y caminar lentamente hacia la salida. Tan pronto como hubieron salido, j'Nialth pulsó un botón que había en la pared, y que activó un sonido que impediría que Nicolai u otros les pudieran escuchar, y le hizo un gesto a Aragon para que se sentara. "No hace falta que se preocupe, j'Nialth" dijo Aragon al sentarse frente al Thrakallano. "Ya sé lo que planea, tan sólo tiene que hablarme de mi participación en sus planes."

"No deberías espiar en mi mente, centauri" le advirtió j'Nialth. "te necesito ahora, pero no creo que deba permitir que vivas si sabes demasiado."

"No sé demasiado" respondió Aragon. "Sólo sé que planea traicionar a los humanos. Dígame sólo cuál es mi participación en esto, para que yo pueda pagar mi deuda con usted y salir de aquí antes de que el Emperador averigüe que estoy aquí. Estoy seguro de que sus espías ya me han visto, y si él sabe que estoy aquí, sus asesinos no tardarán en encontrarme."

"No es de los asesinos de lo que debes preocuparte, centauri" dijo Lynx, sentándose tras Aragon. "Es de mí de quien debes preocuparte. Si no haces lo que te pide el jefe, entonces te las tendrás que ver conmigo."

Aragon suspiró. "¿Qué es lo que quiere, j'Nialth?"

J'Nialth se acercó, mirando directamente a Aragon. "Es la riqueza lo que busco, una gran riqueza que me haga el gobernante del mundo entero. La mujer humana es la clave para mi riqueza. Ella conoce caminos secretos al mundo Vorlon y tú me darás sus conocimientos. Por eso te ayudaré, y no por otras razones. Acepta o muere."

Por el rabillo del ojo, Aragon vio a uno de los guardaespaldas levantando una enorme arma de energía apuntando en su dirección. J'Nialth evidentemente creía que podía amenazarle para que aceptara sus condiciones. Aragon sabía de al menos cinco modos distintos para incapacitar al guardaespaldas, y a todos los individuos que había en la habitación, pero por alguna extraña razón se sintió cautivado por la historia que j'Nialth le contaba. Quizá fuera que había mencionado a los enigmáticos vorlon --una raza que siempre le había fascinado, desde que su padre desapareciera en una expedición al espacio Vorlon-- o quizá fuera que se sentía desorientado desde que partiera del espacio Centauri, pero fuera cual fuera la razón, Aragon se vio a sí mismo aceptando la propuesta de j'Nialth.

"Muy bien, j'Nialth" respondió, ignorando al guardaespaldas Bilubi. "Haré lo que dices, será... muy interesante, muy interesante, desde luego."

****************

Las noticias de la posible localización de Zack se habían divulgado rápidamente para cuando Lochley alcanzó el pasillo donde estaba situada la habitación, dos oficiales de seguridad ya estaban allí, intentando forzar la puerta. "Ya casi estamos, Capitana" le dijo uno de ellos, con los músculos tensos, mientras intentaba abrir la puerta y separarla del marco, ya que la cerradura rota impedía que los códigos de apertura funcionaran. Al final lograron abrirla.

Lochley, Sonia Aldred, y demás miembros de seguridad que iban con ellos, entraron en la habitación, portando sus armas, por si había alguien esperándoles. En vez de eso se encontraron al todavía inconsciente Zack Allan balanceándose lentamente en la leve brisa que salía del sistema de refrigeración, que alguien había puesto al frío máximo. El jefe de seguridad estaba casi desnudo, y llevaba sólo la ropa interior, habían utilizado su uniforme para atarle de los pies a una lámpara, de modo que colgaba cabeza abajo a pocos centímetros del suelo. Tenía los ojos cerrados y parecía totalmente ajeno a todo lo que estaba ocurriendo.

"Está vivo, Capitana" dijo Aldred rápidamente, tras comprobar su pulso.

La Capitana asintió, ya se había dado cuenta de que el jefe de seguridad respiraba, se veía un poco de vaho cuando el jefe respiraba. Se volvió hacia el oficial narn que acompañaba a Aldred en aduanas. "¡Bájelo!" espetó, su voz tenía algo más que un poco de enfado, por el modo en que se había tratado al jefe de seguridad.

El narn asintió, y con la ayuda de los dos oficiales que habían abierto la puerta, levantó con cuidado a Zack, le soltaron y después le tumbaron sobre la cama. Zack no reaccionó cuando le movieron, lo único que mostraba que estaba vivo era que su pecho subía y bajaba al respirar. "Creo que será mejor que pidamos ayuda médica" sugirió Aldred, examinando rápidamente las heridas de Zack. "Hay una pequeña herida en el hombro del jefe, pero estoy más preocupada por los efectos que pueda tener en el jefe este frío."

Lochley asintió de nuevo, al percatarse del frío que hacía en la habitación, por primera vez. Su mente había registrado que hacía frío, tan pronto como entró en la habitación, pero al ver a Zack colgando, dejó de pensar en la temperatura, y no lo había pensado hasta ese momento. Pulsó su intercomunicador, llamó a un equipo médico para que vinieran a buscar a Zack.

"¿Qué hacemos ahora?" preguntó la joven oficial de seguridad, tan pronto como Lochley hubo llamado a Servicios Médicos. Miró a la Capitana como buscando que ésta la guiara ahora que Zack estaba incapacitado.

"Organicen una búsqueda" dijo Lochley, con voz pausada a pesar de la ira que sentía. "Quiero que cubran toda la estación de proa a popa. Esté donde esté la mujer que hizo esto, quiero que la encuentren y la arresten. Nadie hace algo así a mi jefe de seguridad y se sale con la suya. No me importa a quién tengan que interrogar. Quiero que la encuentren."

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**** ACTO TRES **** ir al principio

Gris 19 era una de las secciones más remotas de la estación. Su función principal era alojar la mayor parte del sistema de reciclado de la estación, que se componía de una red de cañerías y depósitos que portaban y almacenaban material residual de toda la esación, para que se reciclara y se convirtiera en agua potable y proteínas. También era uno de los niveles más tranquilos de Babylon 5. Tan sólo se oía en el fondo el zumbido de la maquinaria pesada que había en los niveles superiores... y también el gorjeo ocasional de las cañerías.

Jeanne Darias caminaba lentamente por el vestíbulo vacío, y prestó poca atención a los extraños ruidos que hacía la cañería. Su atención se concentraba en el camino que tenía por delante. El vestíbulo era más oscuro que los que había visto en sus viajes hasta ahora, los diseñadores de la estación vieron poca necesidad de iluminar del todo las porciones menos utilizadas de la estación, aunque sí habían considerado necesario instalar cámaras de seguridad y sistemas automáticos. Había visto varios de estos, pero los había ignorado, suponiendo que j'Nialth ya los habría desactivado.

Un gran depósito rojo se erigía en la distacia, era el punto de encuentro que j'Nialth le había indicado en su mensaje. Dos depósitos más, estas de un color gris apagado, estaban más lejos en el vestíbulo, rodeados por una red de cañerías y válvulas de distintos colores. El uso exacto de estos depósitos le era desconocido a Jeanne, y la verdad es que no le interesaba demasiado. El depósito rojo era tan sólo el punto de reunión, de modo que se quedó a su sombra y esperó. Había sólo una luz a poca distancia en el vestíbulo, pero no era lo suficientemente fuerte para iluminar todo el vestíbulo.

Habían pasado casi diez minutos, y después de repente, detectó un ruido tras ella, el leve sonido de los zapatos de alguien rozando el suelo, intentando que no se le oyeran. "¿Quién hay ahí?" prguntó, mirando en la oscuridad. En respuesta a su pregunta, salió a la luz un hombre rubio y alto. Sus botas de cuero chirriaban un poco al caminar, llevaba una chaqueta negra hecha de la piel de algún animal reptil. Había un bulto en uno de sus bolsillos, de él salía el filo de un paquete grande y rectangular. Pero era su cara en lo que Jeanne se fijó más. Estaba llena de cicatrices, desde una larga cicatriz que iba desde la frente hasta un ojo, y después iba hasta su barbilla, hasta una serie de pequeñas cicatrices qeu cubrían su mejilla derecha. "¿Quién eres?" preguntó ella por fin. "Esperaba a j'Nialth."

"J'Nialth estaba demasiado ocupado para presentarse" le respondió el hombre "me ha enviado a mí en su lugar. Soy su lugarteniente, Lynx Reisel"

Jeanne examinó su cara impasible durante unos segundos, antes de asentir finalmente, aceptando su historia. "¿Tienes lo que necesito?" inquirió.

"Por supuesto" respondió Lynx, cogiendo el paquete que j'Nialth le había dado antes, y que llevaba en el bolsillo. Sacó la tapa, sacó la forma redonda del rompe-códigos y lo puso a la luz, para que ella pudiera verlo. "Es el último modelo de los artífices de Beta Lyrae" dijo Lynx cuando estuvo seguro de que Jeanne ya había visto bien el artículo. "Puede hackear todos los principales sistemas de seguridad, incluidos los terrestres. Se rumorea incluso que una vez un Thrakallano lo utilizó una vez para acceder a la rejilla de comunicación de los Vorlon."

"Eso es difícil de creer" le interrumpió Jeanne, impaciente por terminar la reunión y seguir su camino. "Pero servirá para mis propósitos."

Lynx sonrió, poniendo el aparato de nuevo en su caja y cerrando la tapa. "Hay un problema, me temo" le dijo, devolviendo la caja a su bolsillo. "J'Nialth ha decidido que el precio que ofreciste no es suficiente."

"El precio ya estaba decidido" le recordó Jeanne, con una voz grave y peligrosa. "J'Nialth estuvo de acuerdo."

"Es cierto" confirmó Lynx, encogiéndose de hombros como diciendo que no era cosa suya. "Al parecer j'Nialth ha encontrado a alguien que está dispuesto a pagar más, mucho más. Pero lo que quieren no es el rompe-códigos, sino a ti."

"¿A mí?" preguntó muy sorprendida, antes de quedarse paralizada al oír a alguien gritar "¡Alex, detente, no..."

Entonces se oyó el ruido de una PPG cargándose, y cuando Jeanne terminó de darse la vuelta, se encontró frente a frente con el cañón del arma. El hombre delgado, de cabellos oscuros que sujetaba el arma dio un paso adelante. "Es hora de morir" dijo, con los ojos ardiendo con odio al levantar el arma y apretar el gatillo.

Cuando la PPG descargó, el pasillo oscuro se iluminó de repente con una intensa luz. Jeanne se tiró a un lado, pero no fue suficiente, el rayo de plasma le dio en el hombro. Se quejó, pero ignoró la herida, se agachó y estiró la pierna, golpeando la pierna de Alex con su pie. El telépata, que se disponía a disparar de nuevo, cayó al suelo. Disparó de todos modos, pero el disparo dio en el techo, y una lluvia de chispas cayó sobre ambos combatientes.

Jeanne se movía tan rápidamente que sus manos apenas eran visibles, se apartó el abrigo, exponiendo la pistola que había utilizado antes sobre Zack. Para cuando Alex hubo aterrizado en el suelo, su propia arma había volado de sus manos, Jeanne estaba sacando su pistola y estaba dispuesta a activarla. El arma tardó un segundo en cargarse, y en ese momento el vestíbulo estaba lleno de actividad. Tras ella, Lynx sacó su propia pistola y le disparó a ella en la espalda. De nuevo, ella ignoró el disparo de energía, como si no le hubiese causado daño, y esperó a que su pistola se terminara de cargar.

Al otro lado del vestíbulo, las siluetas enormes de dos alienígenas aparecieron de entre la oscuridad, cada uno portando un arma lista para disparar. Pero ella los ignoró a todos. Su pistola había terminado de extraer la energía necesaria de su cuerpo para cargarse, y con una leve arruga frunciendo su ceño, ella levantó el arma y disparó a Alex, la pistola disparó un pequeño dardo que dio al telépata en la espalda. El telépata intentó levantarse, pero pronto la droga empezó a hacer efecto y cayó sobre el suelo.

Tan pronto como hubo disparado, Jeanne se agachó para evitar los dos regueros de energía que salieron de las pistolas de los dos guardaespaldas bilubi. Los bilubi --enormes criaturas verdes con enormes bocas, piel flácida y ojos redondos y en forma de platillos-- dispararon de nuevo, pero Jeanne rodó a un lado, y las armas de energía dieron en el suelo, y derritieron la superficie metálica, produciendo una lluvia de chispas.

Jeanne se levantó con su arma lista y disparó rápidamente en la dirección donde había visto a Lynx. El lugarteniente de J'Nialth se puso a un lado, y logró evitar el dardo. Pero no fue suficientemente rápido para evitar el segundo dardo, que le alcanzó en la rodilla. Se llevó la mano a la herida antes de caer al suelo.

Jeanne miró fijamente a la oscuridad, intentando determinar quién se escondía tras el depósito --y si la persona que allí había suponía una amenaza y por lo tanto un objetivo-- los dos bilubi se miraron el uno al otro, el más grande de los dos utilizó su músculos faciales para comunicarse en silencio con el otro. El segundo bilubi asintió, y después los dos se dieron la vuelta y dispararon a la vez, y el flujo de su disparo alcanzó a Jeanne en plena espalda.

Ella se tambaleó durante unos segundos, antes de volver a ponerse en pie, al parecer las armas de energía no le causaban daño alguno. Los dos bilubi se miraron el uno al otro. "Será una armadura" dijo señalando al abrigo que llevaba Jeanne, que a pesar que tenía varios disparos, parecía seguir intacto. Salían de él varios regueros de humo, pero no había más signos de que le hubiera alcanzado ningún disparo.

"El cuerpo está protegido, apunta a la cabeza" respondió el otro, levantando su arma y disparando directamente a la cara de Jeanne, justo en el momento en que ella se giraba para mirarles. El segundo guerrero se unió a él, y su arma dio en el cuello de Jeanne, la pálida piel donde el rayo de energía le dio, se oscureció rápidamente.

Los dos guerreros se hicieron una seña con la cabeza, estaban contentos porque finalmente parecían estar causando algún daño, cuando Jeanne levantó la pistola y disparó dos veces, y ambos dardos dieron exactamente en el pecho de los dos bilubis, justo entre sus dos corazones. El más pequeño cayó de espaldas, dejó caer el arma y se llevó su mano al pecho. El segundo guerrero sin embargo no se movió, mantuvo su posición y siguió sujetando su arma, ignorando a su compañero, que gemía en el suelo.

Jeanne levantó una mano para contrarrestar algunos de los efectos que el arma de energía le estaba produciendo y volvió a disparar al bilubi de nuevo, y le dio casi en el mismo sitio donde le había dado el primer dardo, justo en el centro de su dardo. Esta vez el bilubi cayó al suelo.

Lentamente Jeanne bajó el arma, miró triste al bilubi. Le arrebató el arma, por si se recuperaba y entonces se agachó para ver si los dos alienígenas seguían vivos. Ambos parecían estar vivos y bien. De hecho el más pequeño de los dos estaba roncando.

Después se acordó de que todavía quedaban dos posibles asaltantes, el que había detectado en las sombras tras Lynx, y el ser que la había alertado de la emboscada, gritando al que primero le disparó. Se quedó depie, mirando al vestíbulo, intentando penetrar en la oscuridad. Divisó a alguien moviéndose en la misma dirección. Ella volvió a levantar el arma.

Pero ya era demasiado tarde. Se oyó un crujido y una bala pesada de plomo se alojó en su hombro, llegando hasta el hueso y horadándolo. La pequeña pistola cayó de sus entumecidos dedos y se llevó la otra mano a la herida. Su abrigo pudo parar las armas de energía pero las armas más primitivas de proyectiles habían producido dos grandes agujeros, a través de los cuales, salía sangre casi luminescente. Apretó los dientes por el dolor, e intentó alcanzar la pistola, pero su atacante volvió a disparar, esta vez le dio en la pierna. Cuando su pierna se desplomó, Jeanne hizo un último intento para alcanzar la pistola, pero alguien le dio una patada y la apartó en el último momento.

"Siento esto" dijo Nicolai Luchenko, pisando la mano de Jeanne con su bota. "No puedo permitir que me dispares como a los otros."

"¿Quién eres?" preguntó Jeanne, y logró sacar la mano de debajo de la bota de Nicolai.

"¿No te acuerdas de mí?" preguntó Nicolai, apuntándole con su revólver, mientras miraba al vestíbulo. "¿Dónde está ese centauri?" murmuraba --suponía que Aragon se habría ido al ver el jaleo-- y volvió a Jeanne. "Visité tu mundo una vez" le dijo. "Seguro que te acuerdas, no creo que tuvieras muchos visitantes antes de que mi nave llegara."

"¿Mi mundo?" preguntó Jeanne, aparentemente confusa.

Nicolai la miró fijamente, se percataba de cómo temblaba y la mirada helada en sus ojos. Frunció el ceño, esperaba no haberle hecho demasiado daño. Toda la información que tenía sugería que no se la podía hacer daño con ningún arma, aunque al verla así, empezaba a dudar de sus propias averiguaciones. "Arias...¿te acuerdas de Arias?" preguntó.

"Claro" respondió. "Pero yo no reclamo ser la dueña de ese mundo, ni de ningún otro." "Ahora me acuerdo de ti" dijo al final. "Estabas entre los que vinieron hace un año, buscando riqueza y poder, pero lo único que encontraste fue a mí y a aquellos que yo protegía."

"Exacto" sonrió Nicolai con malicia. "Sabes quién soy... y yo sé lo que tú eres. Las Fuerzas Terrestres intentaron encubrirte, poniendo una prohibición para ir a espacio Vorlon, sabiendo que todo el que viajara hasta allí te descubriría... y lo que tú sabías. Yo sé que tú servías a los vorlon, y sé lo que ellos te dieron."

"No puedes" respondió Jeanne, con una mano dirigiéndose a una daga escondida. Se movió con lentitud, no quería dar la impresión de que en realidad estaba menos herida de lo que parecía.

"Sé que te hicieron inmortal" le dijo Nicolai. "Los vorlon no querían que su pequeña mascota muriera, así que te prolongaron la vida. También sé que todavía conoces el secreto del proceso que utilizaron contigo. Dímelo y dejaré que te vayas."

Jeanne negó con la cabeza. "No, no estás preparado para la inmortalidad. Los que buscáis vivir para siempre no merecéis ese regalo... o maldición. No importa que hayas nacido inmortal o --como yo-- te hayan hecho así sin que lo sepas, esta 'maldición' transformarían algunas almas humanas en oscuras sombras."

"Respuesta incorrecta" soltó Nicola, apretando de nuevo el gatillo, y alcanzándola en la mano, la mano con la que buscaba su arma escondida. Cuando Jeanne gritó de dolor, él apuntó con su arma a su pecho. "Ahora dímelo o te mataré y me llevaré tu secreto de tu cadáver. Me llevará algo más de tiempo, pero conseguiré lo que quiero." Al ver que Jeanne estaba a punto de hablar, dijo "y no creo que puedas engañarme diciendo que eres inmortal y no puedes mori. Sé lo suficiente sobre el proceso para saber que no evita la muerte, sólo evita que envejezcas. Si disparo a tu corazón, estarás tan muerta como cualquiera. Así que dímelo o tendré que disparar."

Jeanne le sonrió levemente. "No" le dijo. "No te lo mereces."

"¡Maldita seas!" gritó Nicolai. "No quiero matarte. Se supone que debes darme lo que quiero, no negarte."

"Date la vuelta y vete" le dijo Jeanne. "Vete ahora y todavía tendrás una oportunidad. No sucumbas a la oscuridad, porque aunque consigas tu objetivo, tu recompensa, ésta estará manchada por el mal que has hecho."

"¡Cállate" pidió Nicolai, apretando el arma contra el pecho de Jeanne. "¡Dímelo ahora!"

Jeanne simplemente negó con la cabeza. "No"

Nicolai gruñó y apretó el gatillo. El sonido del arma al disparar retumbó por todo el vestíbulo, cuando la bala perforó el pecho de Jeanne. La sambre pálida llenó el gran agujero que se formó en su pecho, Jeanne agarró la camisa de Nicolai con los ojos abiertos como platos, con gran dolor. Entonces una leve sonrisa asomó a su cara, y lentamente sus ojos se cerraron y cayó sobre el suelo. La mano de Nicolai tembló al mirar el arma que llevaba en la mano. Volvió a poner el arma en su cinturón. Miró a ambos lados del pasillo, para asegurarse de que nadie había visto lo que había hecho y después se agachó para coger en brazos el cuerpo de Jeanne.

Después gritó horrorizado, cuando la mano derecha de Jeanne se cernió sobre su garganta. Con sus dedos intentó liberarse de las manos de Jeanne, pero Nicolai sólo pudo observar con horror como ella abría los ojos y él se encontró mirando un pozo de fuego blanco. "Te avisé" dijo con una voz casi musical, como si cada palabra que pronunciara la dijera alguien que hablara con notas musicales. "Ahora debes aprender la locura que suponen tus acciones."

Nicolai tiraba de sus dedos con todas sus fuerzas, y logró liberarse un poco, y retroceder unos pasos, alcanzar su revolver, y al mismo tiempo intentó alejarse lo más posible de Jeanne. Cuando cogió la pistola, Jeanne se estiró, y le arrebató el revolver de las manos con una patada, y la pistola salió volando por la oscuridad. Casi instintivamente, Nicolai volvió la cabeza para mirar el arma, y se dio cuenta de su estupidez demasiado tarde, pues el puño de Jeanne golpeó su mandíbula con una fuerza de hierro. Él cayó al suelo inconsciente, parecía una marioneta a la que le habían cortado las cuerdas.

Tan pronto como él cayó, Jeanne se detuvo, el brillo de sus ojos se desvaneció cuando respiró hondo varias veces para calmarse. Se apoyó contra una pared, se miró la herida del pecho, se quitó el material destrozado de su camisa y vio como su carne volvía a recomponerse. La sangre reluciente, luminiscente que salía de su herida ahora trabajaba para reparar el daño, uniendo lentamente la carne rota, hasta que su piel volvía a estar suave e intacta. La herida se desvaneció tan rápidamente, que era realmente posible ver la carne curándose y la sangre empezó a reabsorverse en la piel ahora restaurada.

Jeanne suspiró para sí, se puso bien la blusa, intentando tapar la parte estropeada, pero abandonó esa idea y volvió su atención a las otras heridas. Se curaron más o menos del mismo modo, aunque tardaron más, como si el esfuerzo estuviera notándose ahora en su fuerza. Ahora estaba totalmente curada, y Jeanne cogió la pistola, y salió andando por el pasillo donde Lynx yacía, recordando que todavía tenía asuntos sin solucionar. "Puedes salir" le dijo al último miembro consciente del equipo que la había emboscado, y que seguía escondido tras el gran depósito rojo. "A menos que también quieras atacarme como los demás."

"No te deseo ningún mal" le dijo Aragon, saliendo de detrás del depósito. Levantó sus manos con las palmas hacia arriba, para indicar que no llevaba armas. "No estoy aquí por elección mía"

"Has intentado mirar dentro de mi mente" le dijo Jeanne, con la voz tranquila, serena, no dándole a Aragon ningún indicio sobre lo que sentía. "Sentí tu tacto antes, y creo que sé lo que buscabas. ¿Por qué debería creerte ahora?"

"¿Pudiste detectarme?" preguntó Aragon incrédulo. Había intentado escanearla cuando estaba luchando contra Lynx, pero no había logrado penetrar un escudo mental que protegía su mente.

Jeanne se llevó la mano a la cabeza y tocó el circuito que llevaba. "Yo... ellos tocaron mi mente muchas veces. Aprendí a detectar y después a dejar fuera sus pensamientos, igual que he hecho contigo." Se detuvo unos segundos, mirando el vestíbulo. Después volvió a mirar a Aragon y le dijo firmemente: "no vuelvas a hacerlo"

"No es decisión mía" respondió Aragon, mirando el cuerpo de Lynx Reisel que yacía en el suelo. "J'Nialth no me dio otra opción. Era o hacer lo que me pedía o morir."

"Siempre hay otras opciones" respondió Jeanne. "Asegúrate de elegir lo correcto la próxima vez." Se arrodilló junto a Lynx, pasó las manos por su pierna hasta que encontró el lugar donde su dardo le había alcanzado. Mientras Aragon miraba, ella sacó un pequeño vial que contenía un líquido violeta, de su bolsillo, abrió la tapa y dejó caer sobre la herida dos gotas. "Se recuperará" le dijo al centauri, devolviendo el vial a su bolsillo.

"¿Por qué?" preguntó Aragon. Jeanne le miró, con uan expresión de extrañeza en su cara y el centauri pronto se dispuso a aclarar lo que quería decir. "¿Por qué curarle? Él ha intentado matarte, ¿por qué no dejarle morir?"

Jeanne pareció sorprendida por su pregunta. "Yo no mato" respondió airada. "Si yo termino ahora con su vida, no seré mejor que él, ni tampoco mejor que la criatura que le envió para traicionarme. Mis armas están diseñadas para defender, no para matar. Deberías aprender de este ejemplo."

Aragon asintió, mirando el cuerpo de Nicolai Luchenko, y decidió no insistir. "¿Y ahora qué?" preguntó.

"Mi labor no ha terminado" dijo Jeanne, sacando del bolsillo de Lynx el rompe-códigos. "He hecho un trato con j'Nialth y pienso cumplir al pie de la letra nuestro trato, aunque él no lo haga." Puso la cajita en uno de sus bolsillos y después sacó un paquete envuelto en tela que había colocado en un bolsillo interior antes. Lo desenvolvió y seleccionó algunos diamantes grandes, y los puso en el mismo bolsillo de Lynx, de donde había sacado el rompe-códigos. "Ese fue el precio que acordamos" dijo al final.

"Un alto precio, desde luego" comentó Aragon, aunque cuando habló sus ojos observaron el vestíbulo hasta mirar los cuerpos de los bilubi y los dos humanos.

De repente Lynx se movió, gimiendo. "Como prometí, se recuperará" le dijo Jeanne, alejándose del centauri. "Asegúrate de que vuelve a j'Nialth junto con las piedras preciosas. Los otros también se recuperarán, aunque no tan rápidamente como este."

"¡Espera!" gritó Aragon. "Tengo otra pregunta."

"Hazla"

Aragon dudó durante unos segundos "me preguntaba" empezó. "¿Cómo has podido sobrevivir a un disparo como ese? Una herida así en cualquier otra criatura hubiera supuesto la muerte segura. Creo que te disparó directamente al corazón."

"No tengo un corazón que puedan herir" respondió Jeanne, antes de girarse y alejarse de allí, de vuelta al vestíbulo hacia los ascensores. Se fue, pasando por encima de Nicolai y desapareciendo en la oscuridad, aunque Aragon ya no la veía.

Sacudió la cabeza sorprendido, Aragon se agachó y ayudó al drogado Lynx a que se levantara. El centauri sabía que algún equipo de seguridad vendría tras oír el ruido del fuego de las pistolas, a pesar de que las cámaras y los sistemas automáticos estuvieran desconectados. Aragon se alejó, dirigiéndose al ascensor.

****************

El Laboratorio Médico Uno estaba tranquilo para cuando Lochley llegó. Normalmente estaba rebosante de actividad, con doctores y enfermeras atendiendo pacientes, o realizando pruebas, u otras cosas. Hoy, sin embargo, tan sólo había tres doctores de servicio, todos reunidos frente a la mesa de operaciones, en la que yacía inconsciente Zack Allan. En la cabecera de la camilla estaba la Dra Lillian Hobbs, la mujer de cabellos negros que supervisaba el trabajo de otro doctor, que estaba observando a Zack.

"Cuidado" decía Hobbs. "no queremos tener que hacerlo todo de nuevo." El doctor que estaba realizando la operación asintió, y después estiró el brazo, sacando algo del hombro de Zack. Todos respiraron aliviados.

Al ver que Lochley esperaba pacientemente cerca de la entrada, Lillian dio un golpecito en el hombro del otro doctor. "Selle la herida y ponga un parche regenerador en el hombro. Asegúrese de que está estable y depués vaya a ayudar a Harris." Después se volvió al otro doctor. "Harris, comience el análisis del proyectil. Quiero un análisis bioquímico completo. Tiene que haber alguna droga o algún compuesto químico en él. Quiero ese análisis, compare los resultados con nuestros archivos." Harris asintió, y sólo entonces Lllian se volvió hacia la capitana. "¿Qué puedo hacer por usted, Capitana?" preguntó.

"¿Cómo está?"

Lillian se encogió de hombros. "Todavía no lo sabemos. Debería ponerse bien, el dardo causó daños menores en los músculos de su hombro, pero no le producirá efectos a largo plazo. Sin embargo, no sabemos qué había en el dardo. Sospecho que algún tipo de veneno paralizador, posiblemente de naturaleza orgánica, aunque se me ocurren algunos compuestos químicos artificiales que tendrían el mismo efecto. Sólo..."

"¡Doctora Hobbs!" gritó el Dr Harris, interrumpiendo a su superior.

"¿Qué pasa?" preguntó Hobbs.

El Dr Harris se puso a un lado para que las dos mujeres pudieran ponerse en su mesa y vieran lo que él había descubierto. "Creo que esta cosa está viva"dijo, señalando al dardo que había puesto sobre una bandeja, para preparar su análisis. "Se mueve."

Lillian Hobbs se acercó, para ver lo que Harris había descubierto, pero en ese momento vio lo que el otro doctor había visto. Los pequeños alambres, que el dardo había clavado en la carne de Zack para complicar la labor de extracción, estos alambres ahora estaban retrayéndose sobre la superficie metálica del proyectil.

"¿Es algún tipo de dispositivo mecánico?" preguntó Lochley. "Sé que las razas más avanzadas tienen pequeños proyectiles que pueden rastrear a sus blancos, aunque nunca había oído nada sobre este en concreto."

Lillian negó con la cabeza. "No lo creo.. Harris, acérqueme ese escáner." Su ayudante asintió y le pasó el instrumento que le había indicado. Lillian pasó rápidamente el dispositivo por encima del dardo, e hizo un gesto de afirmación al ver las lecturas. "Es tecnología orgánica" le dijo a los otros. "Una máquina viviente, aunque estoy registrando unas zonas que podrían ser órganos internos."

"¿Eso nos ayudará a descubrir qué le ha pasado al Sr Allan?" preguntó Lochley.

"Quizá" musitó Lillian, pasando el escáner sobre el dardo de nuevo. Miró las lecturas, frunció el ceño al comprobar. "Parece que haya una especie de receptáculo cerca de la punta del dardo. Ahí podría almacenarse la droga. Si puedo conseguir una muestra, podría sacar un antídoto."

Lo que Lochley había estado a punto de decir quedó interrumpido por un bip de su intercomunicador. "Lochley" dijo, alejándose de los dos médicos, y pulsando el botón para recibir la llamada.

"C&C, Capitana" la voz del Teniente Corwin respondió. "Hemos recibido informes de disparos de armas pesadas en Gris 19. Seguridad ya está en la escena, pero creía que usted debía saberlo."

"Dígales que vamos de camino. Lochley fuera" Lochley miró a Hobbs y dijo "tengo que irme. Estaré de vuelta en una hora o así para ver cómo está el Sr Allan. Manténgame informada si ocurre algo."

"Si hay suerte para entonces habremos encontrado una cura para esta droga, Capitana" dijo Lillian.

"Buena suerte entonces" dijo Lochley, mirando a Zack mientras salía por el vestíbulo en dirección al ascensor más cercano.

****************

"Aquí" dijo Lynx, señalando a la puerta al otro lado del vestíbulo. El lugarteniente de j'Nialth cojeaba levemente, parecía estar recuperándose del veneno paralizador que el dardo le había insuflado a su cuerpo.

Aragon miró a la puerta, que tenía un signo indicando que pertenecía a un vendedor de jarrones de cristal y otros objetos similares. Había dos grandes ventanas a cada lado de la puerta, cada una de ellas con estanterías mostrando los productos del vendedor. A Aragon le interesaban estas finas mercancías, pero no en ese momento. Lo único que quería era volver al local de j'Nialth y después posiblemente terminar con el trato que tenía con el Thrakallano, y salir de la estación. "Ese no es el puesto de j'Nialth" le dijo al otro "de hecho, ni siquiera estamos cerca de la zona de mercado."

Lynx ignoró las afirmaciones del centauri y le hizo entrar en la tienda. "El Zocalo está en el vestíbulo central" le explicó. "Este es el vestíbulo más cercano. J'Nialth tiene un trato con el dueño de esta tienda, para poder acceder desde aquí a su tienda, en casos de emergencia."

El tendero hizo una seña con la cabeza a Lynx cuando entró, y después descorrió una cortina y les condujo a la trastienda. Después volvió a correr la cortina de nuevo para bloquear la vista a todos los que estuvieran en la tienda. Lynx cruzó rápidamente hasta el otro lado de la tienda y pulsó un botón, escondido tras varias cajas. Una parte de la pared se abrió, y pudieron pasar a la tienda de j'Nialth. Aragon le siguió con cautela.

J'Nialth --que estaba agachado tras su escritorio cuando ellos entraron-- les miró expectante, con sus múltiples ojos yando de Lynx a Aragon, y después a la puerta que había tras ellos, que se cerraba silenciosamente. "¿Dónde están los demás?" preguntó. "¿Dónde está el humano y mis siervos?"

"Perdone, jefe" respondió Lynx, exagerando su cojera, como indicando que había hecho lo que podía y a penas había conseguido sobrevivir. "No sé quién o qué es esa mujer, pero ninguna de nuestras armas le hizo ningún daño. Nos venció a uno tras otro, yo tan sólo logré sobrevivir."

"Ella le permitió que se fuera" añadió Aragon, creyendo que decir la verdad era lo mejor para tratar con el airado Thrakallano. "Después de dejar k.o. a todos los demás con una especie de arma aturdidora, cogió el paquete y puso tres diamantes en el bolsillo de su lugarteniente."

Lynx dirigió una mirada de ira al telépata. Esperaba poder quedarse las piedras por si necesitaba salir de la estación a toda prisa. Se metió la mano en el bolsillo, sacó los diamantes y los puso sobre la mesa frente a j'Nialth. "Estaba a punto de mencionarlo" dijo Lynx antes de contarle al Thrakallano los detalles de lo ocurrido, aunque la mayor parte de la historia se la inventó un poco, sobre todo las partes ocurridas después de que quedara aturdido.

J'Nialth esperó hasta que Lynx hubo terminado y después miró a Aragon. "¿Y la información que le pedí que consiguiera?" le preguntó. "¿Ya sabe cuál es la situación del planeta y los códigos para pasar las defensas? Puedo perdonar perder a sirvientes y estúpidos humanos, pero no el fracaso del trabajo."

"Fue imposible" respondió arrogante Aragon, confiando en sus habilidades. "Ella tenía una especie de escudo mental, no pude traspasarlo."

"Dijiste que eras un buen telépata" le dijo j'Nialth. "Dime por qué debo permitir que sigas viviendo después de que me hayas fallado."

"No necesito demostrarte nada" le respondió Aragon. "Si yo no pude leer su mente, entonces no puede hacerse."

J'Nialth miró a Lynx. "Mátale" le dijo.

"¡Detente!" dijo Aragon casi gritando, mirando a Lynx, cuyos ojos de repente se abrieron como platos, cuando vio que no podía mover la mano con la que intentaba sacar un cuchillo. "Te olvidas de quién soy" sonrió "soy el telépata más poderoso que mi raza ha conocido en casi treinta años, un único humano no puede hacerme daño."

"Suéltale" dijo j'Nialth tranquilamente, sacando una pequeña arma de energía thrakallana, de debajo de la mesa y apuntando con ella al centauri. Un pequeño punto de láser apuntaba al pecho de Aragon "o te haré daño."

Aragon rápidamente amplió la señar telepática para incluir a j'Nialth, pero vio con horror que no podía dominar por completo la mente del alienígena. Lo intentó con más fuerza, intentando superar la espesa bruma que parecía nublar la mente de j'Nialth, pero en seguida se dio cuenta de que le habían vencido. Levantó las manos como gesto de rendición, liberó de su dominio a Lynx y dio un paso atrás. Lynx terminó de sacar su cuchillo y puso el cuchillo sobre el cuello del telépatas. "¿Unas últimas palabras?" preguntó.

Aragon miró a su alrededor, buscando un modo de escapar pero la sombra de el último de los guardaespaldas bilubi podían verse tras la cortina que llevaba a la única salida. Entonces su mente divisó una pequeña esperanza "¡Esperen!" volvió a gritar. Lynx miró a su maestro, y continuó. "Puede que todavía pueda averiguar lo que quiere."

"Explíquese" pdió j'Nialth, haciendo una indicación a Lynx, quien bajó el cuchillo y lo devolvió a su funda.

Aragon se secó el sudor de la frente con un pañuelo de seda, e intentó recuperar algo de dignidad antes de hablar. "Hay algo que podría intentar " le dijo al Thrakallano. "Está fuera del alcance para la mayoría de telépatas, pero hay algo que hice en el pasado, normalmente sólo en la escena de un hecho donde ha habido grandes emociones, como en un asesinato." Señaló a los diamantes que estaban olvidados sobre la mesa. "Cada vez que tocas algo, dejas un pequeño rastro de ti mismo, ya sombra psíquica de eventos pasados que pueden ser detectadas en ocasiones. Normalmente la imagen sólo dura unos segundos, pero ciertas gemas, sobre todo algunas de excepcional pureza, pueden contener imágenes durante más tiempo y puedo ser capaz de detectar algo de estas piedras. Tendré que examinarlas ahora, cualquier retraso podría hacer que las imágenes se disipen."

"No confío en él, jefe" le dijo Lynx,

J'Nialth no respondió a Lynx, en su lugar miró a Aragon a los ojos durante unos segundos, y después le pasó los diamantes. "Examínalos, pero que sepas que no aceptaré un nuevo fracaso."

Aragon asintió nervioso y tomó asiento frente al Thrakallano, cogió las gemas, y pasó sus dedos por su superficie. "Necesito tranquilidad" dijo, cerrando los ojos. "El ruido me distraerá y hará esto mucho más difícil de lo que ya es. No hablen hasta que yo haya terminado."

Lynx le miró y estuvo a punto de decir algo, pero se calló y fue hacia j'Nialth, observando al telépata mientras éste examinaba las piedras.

"Veo la pelea en el vestíbulo" empezó a decir Aragon. "Eso es lo más fuerte debido a las emociones de la batalla. Veo... estas piedras estaban guardadas junto a otras, muchas otras." Aragon pareció fruncir el ceño entonces, mientras se concentraba en algo que había escondido en lo profundo de la piedra preciosa. "Esta humana, su sombra psíquica es especialmente fuerte. No debería poder ver esto. No creí que ella fuera telépata, pero su fuerza es demasiado grande para alguien que no tiene poderes telepáticos. Quizá haya algo más profundo que yo no veo."

"¿Qué..." comenzó a decir Lynx antes de recordar que debía estar callado.

Aragon tembló levemente y abrió la mano, dejó caer dos de las piedras sobre la mesa. Después sujetó con fuerza la que le quedaba en la mano. "Esta piedra ha visto más que las otras. Es más antigua, mucho más antigua.." de repente sus ojos se abrieron y dejó caer la piedar, como si le hubiera quemado los dedos.

"¿Qué has visto?" preguntó j'Nialth.

"Algo con mucho poder" respondió Aragon, moviendo la cabeza de un lado a otro. "Esta piedra ha sido tocada por un ser telepático de increíble poder."

"¿La mujer humana?"

"No" dijo con seguridad Aragon. "No ella. Había algo más, rondando tras ella. Un ser telepático muy poderos que ha tocado esta piedra hace poco. Su poder era muy grande para que quedara una impresión tan duradera, la imagen psíquica está marcada con fuego en la piedra, es casi parte permanente en ella."

"¿De qué nos sirve eso?" dijo Lynx con todo despreciativo. "¿A quién le importa qué ocurrió en el pasado? lo que nos debe preocupar es el futuro. A menos que este ser del que estás hablando no spueda decir dónde encontrar esa mina de gemas de Jeanne."

"Yo no sé nada de ninguna mina" dijo Aragon, ignorando a Lynx y hablando sólo con j'Nialth, quien le indicó con un gesto que siguiera. "Pero se donde sea donde estuviera esta piedra, en ese lugar tiene miles de primas. Cuando el ser que vi tocó la piedra, la gema estaba en un enorme baúl, lleno hasta rebosar con piedras como esta."

"¿Y?" insistió Lynx. "Podría estar en cualquier lugar. A menos que estas piedras estén aquí ahora, eso no es importantes."

"Pero yo creo que sí que están aquí" le dijo Aragon. "La criatura que las tocó. No he visto su forma, pero llevaba el baúl con las piedras preciosas a bordo de una pequeña nave." Y proyectó una imagen de la pequeña nave en la mente de j'Nialth, esperando que fuese más fácil enviar pensamientos a la mente del Thrakallano, que leerla.

"Lanzadera de la humana" respondió j'Nialth. "La vi antes. Está aparcada en el hangar de carga seis."

"Entonces vayamos a echar un vistazo dentro" sugirió Lynx.

J'Nialth puso una garra para evitar que se moviera. "Está bajo custodia. Mientras estabais fuera, me enteré de que la lanzadera había atacado a un equipo de seguridad. Sin embargo, la humana puede tener una llave que pase las defensas." Después se paró y miró a Aragon. "Espera fuera" dijo al telépata. Entonces, antes de que Aragon se hubiera movido, llamó al centauri de nuevo. "Y no robes" le advirtió j'Nialth. "Conozco la situación de todas las joyerías."

"Soy un noble centauri" dijo Aragon orgulloso, con su confianza ahora restaurada "yo soy un simple ladrón, y no necesito robar."

"Bien" dijo j'Nialth, indicando al telépata que se marchara. Aragon se retiró.

"¿Qué quiere que haga, jefe?" preguntó Lynx tan pronto como Aragon se hubo marchado.

"Necesitamos armas más potentes" respondió j'Nialth. "Visita a nuestros contactos y mira a ver qué pueden vendernos."

"¿Por qué? Tenemos montones de rifles militares narn y un montón de cargas de fusión almacenadas en los depósitos de gasolina de esa vieja lanzadera en el hangar 12. Ya sabes.. la carga que vamos a enviar a esos telépatas rebeldes en Marte. Podemos usarlos."

"Los telépatas son peligrosos, tal como ha demostrado el centauri" dijo j'Nialth "No quiero problemas por no poder entregarlos a tiempo. De todos modos necesitamos armas más potentes."

"No necesitamos muchas" discutió Lynx. "Cuatro rifles grandes y unos pocos explosivos"

J'Nialth le miró desconfiado. "Dijiste que las armas de los siervientes no eran buenas. ¿Por qué iban a ser mejores las armas de los narn?"

"Los rifles no son importantes. Si me envias tras esa mujer de nuevo, no pienso luchar con ella de cerca" explicó Lynx. "Sólo las necesitamos por si nos cruzamos con los de seguridad. Estaba pensando en utilizar las cargas para hacer un agujero en la estación y que la mujer salga volando al espacio. Tengo un par de trajes Espaciales en mis habitaciones, un seguro que tengo de mis días en las Fuerzas Terrestres. Lo único que hay que hacer es averiguar dónde está, entonces le ponemos una trampa, la enviamos al espacio, y después cogemos lo que necesitamos de su cuerpo congelado."

"¿Eso funcionará?"

"Debería funcionar" respondió Lynx confiado. "Voy a necesitar ayuda, eso sí. Una persona vestida con un traje espacial --un humano o un ser de similares dimensiones. Dos más para que nos ayude en la emboscada, ponga las cargas y observe mientras recuperamos las piedras y busque la llave, o lo que sea que ella utilice como mecanismo de apertura. Puedo utilizar al último de los bilubi como guardias, pero necesito dos más.

J'Nialth se volvió y señaló a la puerta. "Está el centauri" sugirió.

Lynx negó con la cabeza, no le hacía ninguna gracia la idea de trabajar con Aragon. "No estoy seguro de poder confiar en él. Además, no creo que realmente esté preparado para este tipo de trabajo. Contrataré a un par de rompe-crismas del bajo fondo, alguien prescindible."

J'Nialth pareció pensarlo durante unos segundos, antes de negar con la cabeza. "No" dijo firmemente. "No es necesario. Tengo en mente a otra persona" Cuando Lynx pareció sorprendido, el Thrakallano cogió una caja de datacristales de una estantería, escogió uno de los cristales y se lo pasó a Lynx. "Llévale esto a Cheytok y dile que a menos que me entregue dos sirvientes nuevos, le entregaremos esto a seguridad."

"¿El diplomático drazi para el que trabajamos el mes pasado?" preguntó Lynx, al coger el data cristal. "¿Qué tiene él que ver con esto?"

"Necesita que le pongan en sus sitio" respondió j'Nialth "Está descontento con el contrato que firmamos y osa quejarse. Cree que podemos controlar al gobierno drazi y está enfadado porque no le eligieron nuevo ayudante. Me amenazó, así que debe ser castigado. Llévate este cristal y enséñale lo que le ocurrirá si no me ayuda ahora."

"¿Qué hay en él?"

"Se le ve a él poniendo el veneno que le vendimos en la comida de su superior. También contiene información sobre el veneno, para que los de seguridad puedan encontrarlo en el cadáver del drazi."

"No sabía que teníamos esto"

"Por eso eres tu lugarteniente" dijo j'Nialth. "Ahora vete, y llévate al centauri contigo por si Cheytok se queja."

"No necesito la ayuda de ese estúpido" dijo Lynx, mirando a la cortina que tapaba la puerta de la tienda.

"Llévatelo" ordenó j'Nialth. "Será útil contra Cheytok. Con los drazi siempre debes mostrar más poder y con un telépata centauri trabajando para ti, Cheytok estará más dispuesto a acceder a mis demandas."

"De acuerdo" espetó Lynx. "Le llevaré conmigo. Pero le enviaré de vuelta tan pronto como el drazi acepte. No quiero pasar más tiempo en compañía del centauri del que sea necesario."

Sin esperar más instrucciones de su jefe, Lynx salió de la sala. J'Nialth le vio marchar, su cara insectoide estaba tan impasible como siempre, aunque nadie familiarizado con la raza Thrakallana podría reconocer los ligeros signos de enfado que en ese momento mostraba. Tan pronto como Lynx se hubo ido, j'Nialth desactivó su arma y la volvió a poner en la funda escondida bajo la mesa. Después cogió el diamante que Aragon había dejado caer y la tomó en su garra, mirando los reflejos de luz sobre sus caras perfectamente recortadas.

****************

La escotilla que iba de Rojo 8 al Sector Verde era una de las entradas menos vigiladas del ala de embajadores. Bajo la escotilla estaban las habitaciones de los embajadores que necesitaban atmósferas alternativas a la norma terrestre. Cada embajador tenía una tarjeta que les permitía el acceso a dicha zona, y ellos podían permitir acceso temporal a sus visitantes, pero el público en general no tenía permitido el acceso. Pero cualquiera que tuviera un rompe-códigos tan avanzado como el modelo Thrakallano lo tenía muy fácil para poder pasar.

Jeanne estaba arrodillada junto a esta escotilla, sacó el dispositivo, que era increíblemente pesado, y lo colocó sobre el panel de seguridad. Una vez estuvo en su sitio, el dispositivo sacó una delicada sonda dentro del panel de seguridad. Unos segundos después saltaron unas chispas y la escotilla se abrió, permitiendo el paso a Jeanne. Recogió el rompe-códigos y volvió a ponerlo en su bolsillo. Entró en la zona, pulsó el botón para comenzar con el proceso de cambiar de atmósfera.

Una vez la escotilla hubo terminado el ciclo, y ahora abrió el Sector Verde, Jeanne miró cuidadosamente a su alrededor para asegurarse de que nadie había visto lo que había hecho. Entonces se dirigió rápidamente hacia su destino, una puerta a poca distancia en el mismo pasillo, que estuviera tan cerca de la escotilla era una indicación de la importancia de su anterior ocupante. Después, cuando ya creía que podría llegar a su destino sin ser vista, dos gaim salieron de una puerta cercana, casi sorprendiéndola. Se puso a un lado y esperó en silencio, intentando parecer lo más inocente posible. Sabía que si se enteraban de su destino, los de seguridad pronto se enterarían y entonces iba a necesitar más tiempo para terminar lo que había venido a hacer.

Los gaim la miraron con curiosidad al pasar, sin duda se preguntaban qué hacía un humano por el sector alienígena sin una máscara para respirar. Pero por lo visto este hecho no era algo tan raro, ya que los gaim tampoco se detuvieron demasiado para mirarla. Tan pronto como los perdió de vista, Jeanne se volvió y empezó a examinar la puerta que tenía detrás. Habían puesto una enorme señal sobre la puerta, advirtiendo a todos los que pasaran que las habitaciones habían sido selladas por seguridad. Jeanne ignoró la señal, sin ni siquiera preocuparse en leer las palabras que ponía. En vez de eso volvió su atención sobre la cerradura.

A diferencia del panel de la escotilla, esta puerta había sido sellada con una cerradura bastante más compleja y avanzada. Obviamente los de seguridad no querían que nadie pudiera entrar en esas habitaciones, pero si su misión debía tener éxito, eso era exactamente lo que Jeanne tenía que hacer. Era el momento de saber si el dispositivo Thrakallano valía lo que había pagado por él --tanto por el dinero, como por el dolor que había tenido que sufrir tras lo ocurrido antes en aquel vestíbulo del Sector Verde.

Volvió a sacar el rompe-códigos. Lo colocó. El dispositivo tardó unos tres minutos en descodificar el complejo código, y por fin se abrió la cerradura. Durante ese tiempo, Jeanne esperó impaciente, mirando al vestíbulo por si aparecía alguien. Pero no ocurrió, y por fin abrió la puerta y entró dentro.

Una vez dentro, buscó por la habitación como si esperara que su antiguo ocupante apareciera de repente entre la niebla, con su traje espacial y pronunciara sentencia por osar desafiar al Imperio Vorlon de nuevo. Pero la habitación siguió en silencio, aunque Jeanne todavía podía sentir la presencia de los dos vorlon que la habían habitado, las habitaciones todavía guardaban los recuerdos lejanos de su tiempo pasado allí.

Al cerrar la puerta, ella buscó el objeto por el cual había viajado casi cien años luz. La habitación era notoriamente espartana, sobre todo comparada con otras partes de la estación que había visto. Jeanne sabía que los vorlon creían que las posesiones innecesarias distraían de la búsqueda de la verdad... bien, su verdad eso sí. Ella sintió lo mismo una vez, o quizá ellos le habían dicho que debía pensar así. No es que eso importara ahora, el objeto que buscaba era lo único que importaba... eso, y la gesta que se había autoimpuesto.

Pronto lo encontró, colgando en el aire cerca de la parte trasera de la sala, una sala que hubiera sido utilizada como saloncito si las habitaciones hubieran pertenecido a un humano, pero en este caso era sólo espacio vacío. La pantalla vorlon parecía intacta a pesar del paso del tiempo. Sólo habían pasado dos años desde que el último vorlon ocupara estas habitaciones, pero Jeanne pensaba que alguien la habría quitado ya. Pero entonces nadie más sabría de su valor. Las otras razas podrían verlo como algo más de lo que aparentaba, una pantalla que se utilizaba para mostrar mensajes e información grabada.

Pero era mucho más que un dispositivo que grababa. La información que guardaba era más que valiosa, la información por la que muchos seres venderían a sus padres como esclavos, aunque para los Thrakallanos era algo normal, era lo que hacían a sus padres cuando se hacían viejos. Por supuesto para comprender la información, el que la escuchara debía poder entender el idioma vorlon, y no sólo el vorlon menor, el lenguaje escrito que utilizaban con las razas menores, sino alto vorlon, la lengua hablada que no tenía equivalente escrito.

Pasó el dedo por el filo de la pantalla, y Jeanne vio como la pantalla se encendía. "Perfecto" murmuró para sí. "Aquí está lo que yo he estado buscando."

Miró por la habitación con una sonrisa triunfal en la cara. "No podéis pararme ahora" dijo en la habitación vacía. "Lo he encontrado, y ahora por fin seré libre. Todo aquello por lo que trabajastéis se perderá y una nueva orden reinará en esta galaxia, ¡mi orden!"


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**** ACTO CUATRO **** ir al principio

Zack se despertó y se encontró con una luz brillante frente a sus ojos. Por un momento pensó que estaba muerto...o soñando. Pero después parpadeó y su vista se aclaró, y pudo ver el entorno familiar del Laboratorio Médico 1, y también la cara familiar de la Dra Hobbs. "¿Qué tal se encuentra, Sr Allan?" preguntó la doctora, quitando la luz y mirando a Zack con una expresión de preocupación.

"He estado mejor" respondió Zack; su voz era poco más que un suspiro. "¿Qué ha pasado?"

"Le han envenenado" respondió la doctora, pasándole un vaso de agua. "Una especie de veneno paralizador. ¿Recuerda haber sido atacado con un dardo?"

Zack tragó agua, y después frunció el ceño, buscando en su nublada memoria intentando recordar lo que le había ocurrido antes de perder la conciencia. "Recuerdo a esa mujer" dijo finalmente. "La que yo sospechaba que era una contrabandista. Sacó un arma y me disparó. ¿Es eso lo que quiere decir?"

"Eso creo" respondió Lilian, pasó un escáner sobre Zack y después le dio el instrumento a uno de sus ayudantes. "Sacamos el proyectil de su hombro y he conseguido hacer un antídoto para contrarrestar la droga que tenía usted en sus sistema."

"¿Cuándo podré irme?" preguntó Zack, intentando sentarse. "Tengo trabajo" Por unos momentos logró erguirse in poco y sentarse, pero entonces sintió un mareo y volvió a caerse sobre la cama.

"Se podrá ir antes si se queda quieto y nos deja hacer nuestro trabajo" respondió Lilian. "El antídoto parece funcionar bien, si sigue así, deberías poder salir de aquí en una hora."

"¿Cuál fue el componente químico que utilizó?" preguntó Zack.

"Un compuesto orgánico. Lo comparé con nuestra base de datos, pero no se parece a nada que tengamos en nuestros archivos. Sin embargo, una vez conseguimos la muestra, no tardamos demasiado en crear un antídoto, aunque no creo que los efectos de esta droga fuesen permanentes, de todos modos. Los efectos habrían pasado en unas veinticuatro horas."

"¿La...?" empezó a decir Zack, pero fue interrumpido por la llegada de un equipo médico de urgencias, que traían los cuerpos inconscientes de cuatro seres, dos humanos y dos criaturas. Zack reconoció enseguida a estas criaturas como biliubi, los sirvientes de la raza Thrakallana. Se sintió interesado en el asunto inmediatamente, se incorporó, esta vez consiguió vencer el mareo que amenazaba con tumbarle.

Cuando Lilian y los otros doctores se pusieron a trabajar para curar a los nuevos pacientes, Zack examinó a cada uno de ellos desde su cama. Se dio cuenta en seguida de que sólo tres de los cuatro estaban inconscientes. El cuarto, un humano que le resultaba curiosamente familiar, estaba semi-inconsciente, emitía unos quejidos y se tocaba la mandíbula como si le doliera. Dos de los doctores le estaban atandiendo, mientras el resto del equipo de médicos, guiados por la Dra Hobbs estaban examinando a los otros tres heridos. Zack estaba intrigado, de modo que sacó las piernas por uno de los lados de la cama, y estaba a punto de intentar ponerse en pie, cuando una voz conocida le puso en su sitio.

"Creo que se supone que debe usted descansar ¿no, Sr Allan?" le preguntó la Capitana Lochley, al entrar en la habitación seguida de cerca por un equipo de oficiales de seguridad y dos doctores más. Se detuvo para observar la escena y después miró a los doctores que atendían a uno de los bilubi. Decidió no interrumpir a Lilian, y se fue hacia la cama donde estaba Zack.

"¿Qué es todo esto?" preguntó Zack, señalando a los cuerpos que yacían en sus camillas, y también al equipo de seguridad.

"Han habido problemas en el Sector Gris" respondió Lochley. "Algunos matones decidieron armar un tiroteo. No llegamos a tiempo de evitar que se dispararan unos a otros, pero al parecer esta vez no ha muerto nadie."

"Maldición" dijo Zack, medio bromeando.

Un esbozo de sonrisa asomó a la cara de Lochley, pero se desvaneció cuando recordó algo. "Pero hemos encontrado algo raro en la escena del crimen."

Uno de los miembros del equipo médico que había entrado con ella --un hombre bajo, de cabellos negros que Zack conocía por ser uno de los técnicos médicos que solía trabajar con sus equipos de seguridad--- sacó un vial de líquido brillante y pálido de su bolsillo, y se lo pasó a Zack. "Hemos encontrado una gran cantidad de esta substancia por todo el nivel, cerca de donde encontramos a los otros. Creo que es sangre alienígena, aunque no sé a qué especie pertenece. Mi escáner no lo reconoce. Primero dijo que era sangre humana, y después dijo que era un compuesto desconocido. Alguna idea ¿jefe?"

"Me has ganado" dijo con un gesto de desconocimiento, devolviéndole el vial al técnico. Por el rabillo del ojo vio a la Dra Hobbs acercándose, así que se volvió y preguntó. "y usted doctora ¿sabe de qué se trata?"

Lilian cogió el vial y después lo examinó con su escáner durante unos segundos. "Interesante" musitó, y le volvió a pasar el recipiente al técnico. "Llévese esto al Laboratorio Médico 3" le dijo. "El Dr Matsuki debe estar ahora de turno. Dígale que le eche un vistazo y que quiero los resultados lo antes posible" Una vez se hubo ido el técnico, Lilian se volvió hacia Lochley y Zack. "Creo que he encontrado algo que encontrarán interesante."

"¿Qué es?" preguntó Lochley, siguiendo a Lilian por la sala hacia donde los otros dos doctores seguían trabajando con uno de los bilubi.

"Estas criaturas, sean lo que sean..."

"Bilubi" le indicó Zack. Le sujetaban dos oficiales de seguridad porque Zack caminaba con poca estabilidad. "No sé mucho sobre ellos, pero sí que vinieron a la estación con ese comerciante Thrakallano, j'Nialth. Por lo que sé, son seres de una raza menor de una de las lunas del gigante gaseoso Beta Lyrae II."

"Bilubi" dijo Lilian. "He oído hablar de ellos, pero no creo que nunca antes hayamos examinado uno. Le enviaré los resultados al Dr Franklin, puede que a él le interese." Después se puso seria. "De todos modos, la raza no es importante, sino el arma con la que les han herido. Parece ser que les hirió el mismo tipo de dardos que hirieron al Sr Allan."

"Parece que alguien ha estado muy ocupado" comentó Zack.

"¿Cree usted que esta Jeanne Darias es la culpable de todo este lío también?" preguntó Lochley. "Si es una traficante tecnológica o una contrabandista, tal vez se haya encontrado aquí, en la estación con su contacto, y las cosas se hayan puesto feas."

"No lo sé" dijo Zack. "El patrón parece encajar, pero cuando hablé con ella, no me pareció de las que están metidas en actividades criminales. Aunque tampoco pensé que fuera de las que van por ahí disparando a jefes de seguridad." Dijo rascándose la espalda, y entonces se puso serio "¿Dónde está mi intercomunicador?" reclamó. Y después fue a poner la mano sobre la funda de la pistola que tenía al lado. "Y ¿dónde demonios ha ido a parar mi PPG?"

"Su PPG no estaba cuando le encontramos a usted" respondió Lochley "y su intercomunicador fue machacado por alguien. Envié a uno de sus oficiales, Aldred creo que se llama, para que codificara uno nuevo."

"¿Cuál era el número de serie de su arma, Jefe?" le preguntó un oficial de seguridad, sacando una pistola PPG de una caja.

"XC153...em D345" respondió Zack.

"XC153D245" respondió el oficial, y le pasó el arma. "Entonces al parecer es la suya. La encontramos sobre el suelo, cerca de una de las víctimas." Dijo señalando al hombre de cabellos oscuros que yacía inconsciente sobre una de las camillas. "Creo que la tenía él."

"¿Quién es él?" preguntó Zack, examinando la pistola buscando daños, antes de volverla a poner en su funda.

El oficial de seguridad buscó dentro de la caja y sacó una identitarjeta. Examinó rápidamente la tarjeta y se la pasó a Zack. "Según esto, su nombre es Alex Kurmis y trabaja de consultor para IPX."

Zack examinó rápidamente la identitarjeta y se la pasó a Lochley. "Parece auténtica" dijo Zack "pero no estaré seguro hasta que realicemos una comprobación exhaustiva."

"¿Por qué no hago yo eso?" se ofreció Lochley. "A menos que el embajador Vizhak decida aparecer en mi oficina para quejarse de nuevo, estaré libre durante las próximas dos horas. Además, cero que usted va a tener las manos atadas por este caso.. será mejor que se dedique a él."

"Estoy bien" le dijo Zack. "Los efectos de la droga ya se están pasando, al menos eso me ha dicho la doctora."

Lochley miró a la Dra Hobbs. "Bien Sr Allan" dijo al final "Si cree que se encuentra bien. Le doy permiso para volver al trabajo. Nos reuniremos en dos horas." Entonces se dio la vuelta, y salió de la habitación.

"Bien" dijo Zack tan pronto como la Capitana se hubo ido. "Pongámonos a trabajar.Emilie, trae a todos menos a Chappel y Welman e id a la Central de Seguridad, y organizad un registro de la estación. Quiero que encontréis a esa mujer antes de que alguien más resulte herido.Comprobad los archivos de seguridad de las aduanas y mostrad su imagen a los tenderos, alguien tiene que haberla visto. Chappel, ve a Aldred y traéme mi nuevo intercomunicador aquí lo antes posible. Hasta entonces, dirija todas las comunicaciones a través de Wellman, que se quedará conmigo."

Todos se dispusieron a cumplir sus órdenes, y Zack se volvió hacia Wellman, que seguía sosteniendo la caja con las pruebas que había traído de Gris 19. "¿Hay algo más en la caja?" preguntó.

Wellman asintió. "Bastantes cosas, Jefe" respondió, volviendo la caja boca abajo y volcando el contenido sobre la mesa. Tenemos dos armas de energía de clase desconocida, algunos efectos personales que fui cogiendo de las víctimas y esto..." Y sacó una pesada pistola, y se la pasó a Zack. La encontré bajo un depósito."

"Es asqueroso" respondió Zack, cogiendo la pistola y examinándola de cerca. "Desde luego no es el tipo de cosa que me gusta ver utilizar en una estación espacial. ¿Alguna idea de dónde ha salido?"

"Lo he comprobado. Parece que alguien la ha traído a la estción, al parecer para vendérsela a un comerciante centauri o algo así. Los permisos deben estar en orden porque logró pasar la aduana. Pero no sé cómo ha llegado al Sector Gris."

"Seguramente pertenecía a uno de estos cuatro" respondió Zack. "¿Has cogido sus identitarjetas?"

Wellman asintió, y le pasó otras tres tarjetas de plástico. "Creí útil cogerlas"

"Buena idea" respondió Zack, escaneando rápidamente las tres tarjetas. "Bueno estos no me dicen nada" y le devolvió las dos tarjetas de los bilubi a Wellman. "Mmm, Brian Nash, nunca he oído hablar de él." Miró a la cuarta víctima de nuevo, y se dio cuenta de que ahora estaba incorporado, y se sujetaba una especie de vendaje contra la mandíbula mientras hablaba con uno de los doctores. "Es extraño, me sonaba su cara, pero no reconozco el nombre."

"Tal vez deberíamos hacerle algunas preguntas al Sr Nash"

"Buena idea" dijo Zack con una leve sonrisa. "Es hora de que alguien me dé algunas respuestas. No me gusta que me disparen." Fue hacia la Dra Hobbs, que estaba curando a un bilubi. "Doctora, ¿el Sr Nash está listo para ser interrogado?"

"Debería estarlo" respondió Lilian, sin apartar la vista de su trabajo. "Tan sólo tenía una maníbula magullada, y puede irse tan pronto como yo le dé el visto bueno."

"Gracias Doc" respondió Zack, caminando hacia la camilla donde se hallaba el sospechoso. "Bien, Sr Nash" dijo "creo que ya es hora de que responda a algunas preguntas." Cuando vio que Nash no respondía, Zack le dijo. "¿Sr Nash?" Ahora el hombre levantó la vista, y Zack volvió a sentir que esas facciones le sonaban. "¿Puede venir con nosotro, por favor?"

"Lo siento" respondió Nash. "Eso no es posible. Tengo negocios importantes de que ocuparme."

"Desde luego" dijo Zack. "Tiene que decirme exactamente qué ha estado haciendo hoy. A mí me han disparado, me han envenenado, y ahora engo a cuatro individuos de aspecto bastante poco recomendable que han terminado en el Laboratorio Médico, y que aparentemente han sido atacados por la misma persona que me disparó a mí. Creo que comprenderá por qué me interesan sus negocios, sobre todo porque usted es mi única pista por el momento."

"Ah, ya veo" Nash pareció pensárselo durante unos segundos, y después metió su mano en su traje y sacó una identitarjeta. "Quizá esto explique algunas cosas" dijo, y se la pasó a Zack.

Zack cogió la tarjeta y miró la información que mostraba. "Es usted Nicolai Luchenko" dijo sorprendido "usted me parecía familiar" dijo "espero que tenga usted una buena razón para viajar bajo un nombre falso."

"No suelo viajar con mi nombre. Prefiero evitar atraer la atención de los medios si puedo.. aunque dudo que usted lo entienda."

"Entiendo que está aquí bajo un nombre falso" respondió Zack. "Eso, y el que al parecer usted parece estar relacionado con una contrabandista y varios alienígenas con una reputación más que discutible."

"¿Una contrabandista?" dijo Nicolai extrañado. "Yo no tengo nada que ver con contrabandistas ni delincuentes de ese estilo."

"La mujer con la que se encontró en Gris 19" respondió Zack. "La que llegó esta mañana, quien por alguna increíble coincidencia llegó tan sólo una hora o dos antes que usted llegara a la estación. Yo no creo en las casualidades, así que tal vez querría contarme por qué iba a encontrarse con ella."

"No es una contrabandista" le informó Nicolai, con una expresión casi de alivio, como si esperara que Zack le acusara de algún otro tipo de delito. "Y en lo que se refiere a la naturaleza de nuestro encuentro, es confidencial. Era una reunión personal y usted no tiene porque meterse."

"Cuando la gente empieza a utilizar pistolas de balas en mi estación, entonces se convierte en asunto mío. ¿No se da cuenta de que las balas que estas cosas disparan pueden atravesar el casco?"

"Usted no tiene pruebas de que yo usara armas."

"Pronto hablaremos con usted sobre eso" le dijo Zack. "Resulta que yo sé un par de cosas acerca de armas arcaicas, como la pistola que descubrimos junto a usted. Las pistolas de balas más antiguas necesitan un impulsor químico, y cada vez que se usan, dejan rastro de esos compuestos químicos en la piel de quien las ha usado. Me pregunto qué encontraremos si hago que los doctores examinen sus manos."

Un atisbo de miedo asomó a la cara de Nicolai. "No creo que mi tía se alegre de saber que me han tratado así" dijo "¡Le exijo que me deje ir en seguida! Soy la víctima de un cruel ataque y me está usted tratando como un delincuente."

"Me preguntaba cuando ibamos a llegar ahí" murmuró Zack para sí. Después, se volvió directamente hacia Nicolai, y contraatacó con "tan pronto como usted responda a mis preguntas. ¿Por qué ha venido a la estación? ¿Y por qué se reunió con Jeanne Darias en Gris 19?"

"Es simple" respondió Nicolai. "Ella era la representante de un noble centauri que iba a comprarme ese arma antigua. Pero, mientras estábamos reunidos, sufrimos una emboscada a manos de esas criaturas" dijo señalando a los dos bilubi que seguían tumbados sobre las camillas, roncando. "Obviamente querían algo, pero yo descubrí qué hasta que alguien me dejó inconsciente, y evidentemente me perdí el resto del conflicto."

"Qué mala suerte" dijo Zack.

"Es cierto" respondió Nicolai airado. "Si no me cree, puede preguntarle a mi guardaespaldas cuando despierte. Mientras tanto, me gustaría hablar con mi abogado... y también con mi tía. Creo que ella tendrá algo que decir sobre el modo en que se me ha tratado."

"Espero que eso no sea una amenaza" dijo Zack, con una voz grave como de advertencia. "Recuerde que trabajo para la Alianza Interestelar, no para la Tierra."

"Sigo siendo un ciudadano de la Tierra, y muy importante, le recuerdo" le respondió Nicolai indignado. "Resulta que soy el sobrino de la actual presidenta de la Tierra, así que será mejor que llame a la Capitana Lochley y le diga que se ponga en contacto con mi tía. No creo que su Presidente Sheridan quiera iniciar un incidente por algo tan poco importante como esto. Después de todo, nadie ha resultado herido y yo soy el perjudicado."

Zack suspiró y se fue hacia Wellman. "Localice a la Capitana por mí" le dijo al oficial y esperó pacientemente que éste contactara con Lochley. Cuando la Capitana respondió, Zack le dijo "Capitán, no le va a gustar nada esto. Me temo que tenemos otro problema."

****************

Jeanne se puso frente a la pantalla más próxima, esperaba pacientemente a que el rompe-códigos completara su labor. El eficiente dispositivo Thrakallano ya había roto cuatro lineas de código y ahora estaba trabajando en la última secuencia encriptada, la última barrera que se interponía entre Jeanne y su objetivo. Por supuesto, sin su propia participación, el aparato no habría servido prácticamente para nada. No entendía el idioma vorlon, pero sí entendía los problemas matemáticos, y eso era lo que eran los códigos de encriptación, aunque terriblemente más avanzados que los sistemas matemáticos terrestres.

Mientras esperaba, los ojos de Jeanne miraban la habitación. Observaba la leve neblina verde que se concentraba en las esquinas y vio como se extendía por la habitacion en unos minutos, se preguntaba por qué los vorlons, una raza que raramente salía de su traje espacial, necesitaban una atmósfera alternativa, sobre todo porque ya no necesitaban realmente una atmósfera. Su raza había evolucionado más allá de los límites de la existencia física. Se encogió de hombros, considerando que no merecía la pena preocuparse por ello. Obviamente el vorlon que había vivido allí deseaba distanciarse de las otras razas y la atmóstfera alienígena era un modo más de conseguir esa distancia.

De algún modo, ella estaba haciendo ahora lo mismo, ocultar la fuerza que los vorlons le habían dado. Si ella hubiera querido, podría haber entrado en la estación, haber destruído a los que se le pusieran por delante y después podría haber ido a por la información que necesitaba. Pero, por muy tentador que eso sonara, sobre todo después de los últimos acontecimientos, Jeanne sabía que no podía ni pensar en actuar así. Seguía siendo la misma persona que era cuando los vorlons la cogieron por primera vez, y sabía que la violencia gratuita no era nunca la solución. Ese era el modo en que actuaba el caos, el modo en que las sombras y otros como ellos actuaban. Aunque hacía ya mucho que ella se había separado de sus maestros vorlons, de modo bastante violento al final, nunca podría recurrir al modo de actuar del caos. Pero tampoco podía apoyar el modo de actuación de los vorlons. La adhesión rígida a un único camino no era tampoco su estilo. La vida nunca era tan simple.

Suspiró, regañando consigo misma por seguir preocupándose por lo que ahora era ya historia antigua. Había dejado a los vorlons hacía ya siglos, aunque ellos no se lo tomaron demasiado bien, y la aprisionaron en una selva-luna aislada al filo de su territorio. Pero nada de eso importaba ahora, ellos se habían ido y ella era libre, y pronto todos los demás que habían servido a los vorlons involuntariamente, también serían libres. Eso siempre que lograra vencer todos los códigos bajo los que los vorlons habían enterrado sus archivos.

Después de mirar impaciente al rompe-códigos, comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, buscando por los rincones oscuros algo que pudiera ayudarla. Pero no encontró nada, el vorlon que había vivido allí, sin duda no creía en los muebles, aunque tampoco necesitaba ninguno. Volvió a suspirar y volvió a ponerse frente a la pantalla, y miró las infinitas líneas de números moviéndose en la pantalla del rompe-códigos.

Al final, casi diez minutos después, el rompe-códigos se detuvo, emitió una señal sonora indicando que la búsqueda había terminado y la tarea se había completado. Jeanne fue a examinar la pantalla. Se dio cuenta de inmediato que la máquina Thrakallana lo había conseguido, la última capa de códigos había desaparecido y ahora tenía acceso al programa raíz de la pantalla, incluída la contraseña que se necesitaba para acceder a los archivos almacenados en su base de datos. Rápidamente Jeanne introdujo un mando en el controlador del rompe-códigos, y el dispositivo respondió enseguida con una sola palabra.

Era una palabra vorlon, si recordaba bien su período de aprendizaje, la palabra se refería a una antigua batalla entre la flota vorlon y el Imperio Talquitsi. Los talquitsi eran una especie xenófoba que vivían en algún lugar de los mundos centrales, eran carne de cañón para la manipulación de las sombras. Fue hace mucho tiempo, pero los vorlons le hablaron de su importancia. Aprender la locura de odio ciego había sido una importante lección durante las décadas en que había servido a los vorlons. Al recordarlo, Jeanne pensó que era una pena que los vorlons no aprendieran de sus propias lecciones. En su opinión, la obediencia ciega a cualquier causa era una estupidez, no importaba lo nobles que fuesen las causas.

Sin embargo, eso era el pasado. Ahora mismo, ella estaba a tan sólo segundos de su objetivo, aunque la tarea más difícil todavía estaba por hacer. Aunque ahora tenía la contraseña que necesitaba para activar la pantalla, todavía tenía que introducirla en el dispositivo y eso no era tarea fácil. Quitó el rompe-códigos, lo puso de nuevo en su bolsillo derecho de su abrigo. Después pasó los dedos por la superficie metálica del circuito que llevaba, y pulsó un control medio escondido. Notó una sensación de cosquilleo en la punta de sus dedos, pero pronto se desvaneció cuando el circuito se desactivó. Jeanne levantó la mano y respiró hondo para prepararse para lo que iba a hacer. Finalmente estaba lista para empezar, se dispuso a coger el visor con ambas manos.

Casi de inmediato, hizo una mueca, como si los sistemas casi inteligentes de la máquina viviente hubieran tocado su mente con una sonda fuerte y dolorosa. Apretó los dientes para soportar el doloroso latido que se apoderó de su mente, Jeanne se concentró únicamente en la contraseña, intentando alejar todos los demás pensamientos de su mente, y pensar en un único símbolo antiguo vorlon. Para un vorlon enviar una contraseña le llevaría tan sólo un segundo. Un vorlon tan sólo necesitaría pronunciar la palabra y la pantalla le daría acceso, pero para una humana no telépata, que carecía de las características físicas necesarias para hablar verdaderao vorlon --al menos sin un traductor muy avanzado, que Jeanne no tenía-- era bastante más difícil.

De algún modo lo consiguió, y la pantalla brilló al reconocer la contraseña. Una vez se deshizo del dispositivo, Jeanne tomó aire y respiró hondo varias veces para calmarse. Después metió la mano en un bolsillo y sacó un data cristal, lo introdujo en el lector, antes de volver a examinar la información que la pantalla había recuperado.

Miles de líneas de símbolos aparecieron en la pantalla, el aparato listaba todos los archivos que habían sido almacenados en su memoria. Los ojos de Jeanne iban de un símbolo a otro, intentaba distinguir los archivos normales de los más importantes, que eran los que buscaba. Sabía que un único data cristal no podría guardar toda la información, ni tampoco toda una caja de data cristales. Su capacidad de almacenamiento no podía compararse con la matriz semi-orgánica que formaba el núcleo de la pantalla.

Descartó rápidamente varios archivos, transcripciones de reuniones entre el embajador y varios visitantes, informes de gobiernos alienígenas que ahora estaban obsoletos y no eran importantes. Incluso habían unos pocos archivos personales, mensajes entre el ex embajador y amigos en vorlon. Finalmente vio lo que buscaba, un archivo, aparentemente inocuo que había cerca del final de la lista.

Al descargarse el archivo, sonrió un poco, triunfante. A pesar de todo lo que se había interpuesto en su camino durante todos esos años, ahora tenía por fin lo que había estado buscando durante tanto tiempo... los códigos de acceso al mundo Vorlon. Por supuesto, ningún vorlon era tan estúpido como para dejar los códigos para desactivar su rejilla de defensa por cualquier parte de la habitación. Esos códigos se pasarían telepáticamente de vorlon a vorlon. Sin embargo, para viajar a su mundo, cada nave vorlon debía transmitir una señal de cierta frecuencia de onda, para poderse identificar ante las enormes plataformas de defensa que seguían protegiendo a los importantes mundos Vorlon. Esta señal era larga, difícil de recordar y también cambiaba ocasionalmente para asegurarse de que ningún enemigo pudiera colarse en su sistema estelar. Durante su doloroso aprendizaje al lado de sus maestros vorlon, Jeanne había aprendido que incluso los vorlons eran incapaces de recordar una secuencia de códigos tan difícil, así que guardaban los códigos de acceso en algún lugar, para usarlos más adelante. Este Kosh había actuado del mismo modo y ahora que ella tenía el archivo, tenía acceso al mismo planeta Vorlon.

Agradeció en silencio a los vorlons que la subestimaran de nuevo. Durante su larga vida ella había sido muchas cosas para los vorlons, primero fue su sirviente y después su enemigo, pero ahora ella sería la destructora de su legado. Con la ayuda de sus aliados, los antiguos secretos de los vorlos serían suyos. Antes de poder pensar más en sus planes, la pantalla emitió una canción de susurros, una señal que le informaba de que su archivo había sido descargado. Quitó el data cristal y lo puso cuidadosamente en uno de sus bolsillos interiores, el mismo bolsillo que todavía contenía una fortuna en piedras preciosas que había traído consigo desde su prisión.

Después, con una última mirada a la habitación desnuda, salió por la puerta, y pulsó unos botones para cerrar la puerta antes de irse. Por un momento, se detuvo cerca de la entrada, examinando el sello de seguridad que había quitado. Finalmente decidió dejarlo donde estaba. Con la información ahora en su poder, no vio la necesidad de perder el tiempo reactivando el sello de seguridad. Después se fue, casi corriendo por el pasillo, en dirección a la escotilla.

****************

Nicolai se abrochó los botones de su camisa, disfrutando del gesto de enfado de Zack. "Disculpe que me vaya así, Sr Allan, pero me necesitan en otro sitio. Estoy seguro de que lo entiende. Ahora, si me devuelven mis cosas, me marcharé."

"Me temo que no" le interrumpió una voz. La Capitana Lochley entró por la puerta, con una expresión entremezclada de ira y diversión. Se volvió hacia Zack. "Lleve al Sr Luchenko a una celda. Parece que vamos a gozar de su compañía durante algún tiempo."

"¿De qué está hablando?" preguntó Nicolai. "¿No ha hablado con mi tía?"

"De hecho he tenido una conversación muy interesante con ella" respondió la Capitana. "¿Quiere oír las palabras exactas, o prefiere la versión censurada? Dijo algunas cosas bastante coloristas sobre usted, y me temo que no fueron unas palabras demasiado amables."

"No.. no entiendo" dijo Nicolai. "Es mi tía, debería apoyarme."

"Creo que la presidenta puede haberse cansado de sus últimas actividades" le dijo Lochley. "Al menos esa es la impresión que me ha dado. Desde luego no pareció que le interesara ayudarle a usted en su presente situación." Se volvió para mirar a Zack. "Sr Allan, ¿cree que puede prepararle una celda al Sr Luchenko?"

"Creo que podemos encontrar algo adecuado" respondió Zack con una sonrisa.

"No puede hacer esto" dijo Nicolai airado. "No he hecho nada malo."

"Veamos" dijo Zack, indicándole a Wellman que se acercara. "Utilizar una identitarjeta falsa, traer un arma peligrosa a la estación, usar el arma, probablemente atacar también.. y, bueno, y otros cien cargos más en los que puedo pensar."

El fuego que había en los ojos de Nicolai pareció desvancerse un poco cuando se dio cuenta de que no iba a poder confiar en el nombre de su familia esta vez. Miró en la dirección de Lochley, pero no vio ninguna esperanza de escaparse de allí por lo que veía en la mirada de ella. Finalmente suspiró. "De acuerdo, Sr Allan. Será una celda, pero tengo amigos que no van a permitir que yo permanezca en ella mucho tiempo."

"Lléveselo" Zack ordenó a Wellman. "Oh, y llévelo a una celda especial, ya sabes, la que está junto a la de los dos narns que arrestamos ayer por provocar disturbios."

Wellman frunció el ceño, intentaba averiguar a qué se refería el Jefe, pero después cayó, y sonrió ampliamente. "La que hay al lado de los cantantes de ópera, de acuerdo Jefe." Cogió a Nicolai por el brazo y le guió hacia la puerta. "Creo que quedará bien allí, justo al lado de ellos, Señor. Puede escuchar música alienígena mientras come. Oh, y mientras duerme, y casi todo el día. Parece que les gusta mucho cantar, dijeron que no pararían hasta que les liberaran."

"¿No es eso un poco cruel, Sr Allan?" dijo Lochley tan pronto como Nicolai y Wellman se hubieran ido.

"No es más de lo que se merece" respondió Zack. "El muy bastardo se ha pasado media hora diciéndome que se va a asegurar de que mi carrera se termine y que no volveré a trabajar nunca más. Me alegra saber que la presidenta ve las cosas como nosotros. De todos modos, tengo que liberar a los narn mañana. Están pasando dos noches en el calabozo por escándalo público. Se rio recordando el incidente. "Cantar las glorias de los militares narn en un popular bar centauri no es la mejor manera de ganar amigos."

Lochley sonrió. "Creo que a la presidenta lo aprobaría" le dijo a Zack. "Pareció bastante dispuesta a ver a su sobrino encerrado, cuando hablamos. Es el hijo de su hermano mayor y siempre le ha causado problemas, utilizando su status para satisfacer su ambición. La Presidenta Luchenko me dijo muy claramente lo que puedo hacer con su sobrino cabra loca. No sabía por qué estaba aquí su sobrino, pero cuando le mencioné con quién iba a reunirse, la presidenta me dijo algo verdaderamente interesante."

"¿Qué le dijo?" preguntó Zack interesado. "¿Algo que podamos usar para cerrar este caso, espero?"

"No exactamente" respondió Lochley. "Se quedó más que sorprendida cuando mencioné el nombre de la mujer. Después me explicó que debíamos hacer todo lo posible para arrestar a esta Jeanne Darias, y que la deportáramos a la Tierra. No me dijo el porqué, sólo que era un asunto de seguridad interna de la Alianza Terrestre."

"Lo que significa que o bien es algo que desean tapar desesperadamente, o que es algo sobre lo que quieren poner las garras, seguramente algún tipo de tecnología alienígena que la Tierra no puede comprar a través de los canales normales."

"¿No cree que está siendo algo cínico?"

Zack se encogió de hombros. "Probablemente. Pero cada vez que oigo ese tipo de frases, siempre suele ser algo así. Si tuviera que apostar, diría que es la segunda."

"¿Por qué?"

Zack fue hacia la cama donde había estado Alex Kurmis. "Nuestro amigo, este de aquí, es un miembro de IPX y si hay algo que he aprendido de Expediciones Interplanetarias es que se ponen muy nerviosos cuando se trata de adquirir nueva tecnología para vendérsela a sus compañías filiales en la Tierra. ¿Encontró algo cuando realizó las comprobaciones sobre él?"

Lochley negó con la cabeza. "Nada. Su expediente ha sido sellado, y ni siquiera yo tengo permiso para consultarlo. Pero hay una cosa interesante. Su expediente no lo sellaron las Fuerzas Terrestres, lo selló el Cuerpo Psíquico."

"¡Telépatas!" exclamó Zack con disgusto. "Tendría que haber adivinado que ellos estaban implicados. Tal como van las cosas últimamente, parece como si todos los problemas que hemos tenido en esta estación los han causado siempre los telépatas."

"Quizá" dijo Lochley, aparentando menos seguridad que Zack. "Pero por ahora, concentrémonos en encontrar un sospechoso y en terminar con esta mini-guerra que parecemos sufrir en estos momentos. ¿Ha visto las armas que encontramos en Gris 19?"

"Sí, las he visto" confirmó Zack, mirando en la dirección de la caja de las pruebas, que todavía estaba en la esquina donde Wellman la había puesto, los morros de las dos pistolas bilubi salían por la parte de arriba. "Y eso me recuerda que, iba a llevármelas para realizar una comprobación de los números de serie de las pistolas. Después voy a tener una conversación tranquila con un comerciante Thrakallano para averiguar exactamente qué estaba haciendo esta mañana. Estoy seguro de que tendrá una buena cohartada y que no habrá manera de seguir su rastro, pero quiero comprobarlo igualmente."

Lochley asintió. "Buena idea" dijo. "Yo realizaré algunas comprobaciones con mis fuentes en la Cúpula Terrestre, a ver si puedo averiguar algo respecto al porqué a la Tierra le interesa tanto esta mujer. ¿Qué tal va el registro? ¿Ha habido suerte hasta ahora?"

Zack negó con la cabeza. "Hace unas horas alguien parece que vio algo. Ella compró un solo data cristal de un comerciante minbari en el Zocalo, pagó con una tarjeta de crédito, probablemente la misma que le vi yo. Desde entonces, las únicas personas que la han visto han sido estos tres de aquí y el Sr Luchenko, y ninguno de ellos ha dicho nada por ahora."

"Siga en ello, Sr Allan" Lochley dijo y se giró para marcharse. "Quiero que se aclare este asunto tan pronto como sea posible. No podemos permitir que haya alguien por ahí disparando a mi jefe de seguridad y que se salga con la suya."

"Estoy de acuerdo" dijo Zack, mientras la Capitana se iba.

Antes de que pudiera añadir nada más, la silueta delgada de Sonia Aldred entró en la habitación, la joven oficial parecía ligeramente cansada, como si hubiese corrido hasta allí desde el otro lado de la estación. Respiraba con dificultad, le pasó a Zack su nuevo intercomunicador. "Perdone que haya tardado tanto, Jefe. Ha costado más de lo que creía localizar sus informes."

"Está bien, Aldred" respondió Zack, apretando el intercomunicador contra el dorso de su mano. "No hacía falta venir corriendo."

"Sí hacía falta" dijo. "Acabamos de recibir confirmación de otro avistamiento de la sospechosa. Ella fue vista por el embajador gaim y sus ayudantes en Gris Ocho. Intentamos localizarle a usted a través de Wellman, pero él ya estaba a medio camino de la armería cuando contactamos con él, de modo que decidí venir corriendo y traerle el intercomunicador."

"Gris Ocho" dijo Zack sorprendido. "Pero eso está en el ala de los embajadores. ¿Cómo diablos ha entrado allí.?"

"No lo sé" respondió Aldred. "Lo único que sé es que el embajador la vio actuar de forma sospechosa en el exterior de las habitaciones del embajador vorlon y cuando el embajador gaim vio su foto en los videos, decidió contactar con nosotros."

"¿Cuánto hace de eso?" preguntó Zack con urgencia, tenía una desagradable sospecha.

"Hace más de una hora, creo"

"¡Oh diablos!" exclamó Zack, y pulsó el intercomunicador para contactar con su segundo. Mientras esperaba respuesta, miró a Aldred. "Dadas las bajas que esta mujer ha causado, el ala de los embajadores es el último sitio donde quiero verla."

****************

El guerrero bilubi golpeó con la mano la nuca del oficial de seguridad. El desafortunado hombre ni siquiera pudo ver a su atacante, y cayó al suelo como una piedra. Después de comprobar que el guardia seguía vivo, Lynx hizo un gesto al resto del equipo. "Comprobad el fondo del vestíbulo" les dijo a los dos drazi, ambos parecían poco contentos de estar allí. "Daos prisa" les dijo. "El jefe tendrá que responder a preguntas bastante difíciles, y me imagino que vosotros dos también. Estoy seguro de que a los de seguridad les interesará vuestro papel en la muerte del ayudante del embajador."

"Teníamos un trato, humano" se quejó uno de los drazi, sacando una larga daga que tenía escondida en su bota. "Nos darás el cristal ahora o te mataremos a ti y a tu maestro."

Lynx sonrió, movió ligeramente su chaqueta para que se viera la pistola que llevaba y les dijo "haced vuestro trabajo y tendréis vuestro precioso data cristal cuando hayamos terminado."

"Lo queremos ahora" dijo el drazi, testarudo, sin preocuparse por el evidentemente gesto de amenaza que Lynx les había dedicado al mostrarles el arma que llevaba bajo la chaqueta. "Nuestro honor no permitirá que rompamos el trato una vez se haya hecho el pago".

Lynx se encogió de hombros. "De acuerdo" dijo. "Pero recordad que si rompeis el trato, j'Nialth se asegurará de que ninguno de los dos vea vuestro mundo de nuevo." Y le pasó el cristal a el drazi que había hablado. "Ahora poneos a trabajar. El dispositivo de J'Nialth informa de que nuestro blanco está de camino, yo sólo quiero estar preparado."

El drazi cogió el data cristal enseguida, y después lo hizo desaparecer con un gesto de su muñeca, a algún lugar de su persona. Con una rápida mirada a su compañero, cogió la pesada caja de explosivos y siguió a Lynx por el vestíbulo. Su compañero sacó un traje espacial de la bolsa que había estado llevando y se lo puso.

Asintiendo, Lynx caminó con rapidez por el vestíbulo, y se acabó parando a media distancia entre las dos puertas presurizadas más cercanas. Señaló a la pared más cercana al casco de la nave, y dijo "poned las cargas aquí, donde os expliqué antes. Sólo quiero que se abra el casco, no quiero destrozar toda la estación, así que no useis demasiado explosivo."

El drazi asintió y se puso a trabajar mientras Lynx fue hacia donde estaba el bilubi. "¿Cuánto más tiempo?" preguntó.

El bilubi sacó un pequeño escáner. "No mucho" dijo. "Mira."

Lynx miró el escáner, que estaba detectando la inconfundible fuente de energía del rompe-códigos. "Maldita sea, está casi aquí. ¿Estás seguro de que los demás pasilos están sellados?"

El bilubi asintió. "El maestro dice que las puertas están selladas" respondió.

"Espero que tengas razón" dijo. "Personalmente no confío en el hacker al que j'Nialth está pagando para acceder a los códigos de las puertas presurizadas." Se alejó del bilubi y se fue al lugar donde había dejado la bolsa que contenía su traje espacial. Rápidamente puso chaqueta y su rifle sobre el suelo, y empezó a vestirse, comprobando varias veces que todos los sellos estaban en su sitio y después se sujetó el pack de impulsores que le permitiría maniobrar en el exterior de la estación. Finalmente, cogió el rifle de nuevo y se lo puso sobre los hombros. No creía que lo fuese a necesitar, pero no había sobrevivido tanto tiempo arriesgándose.

"Listo" avisó el drazi que había colocado las cargas, y le pasó a Lynx el control remoto para el detonador.

"Bien" dijo Lynx. "De acuerdo, todos tras esa puerta. No queremos estar aquí cuando las cargas exploten". Miro al drazi que llevaba el segundo traje espacial, y vio tranquilo que el traje le quedaba bien. Después hizo un gesto señalando la puerta presurizada y caminó hacia ella, sus tres compañeros se dirigieron a ella con más urgencia.

"¿Cuánto más?" volvió a preguntar al bilubi. Éste le enseñó el escáner, que ahora indicaba que el blanco estaba a dos pasillos de alí, y que se acercaba en la dirección correcta. Satisfecho porque por fin algo iba según lo planeado, Lynx indicó a todos que se pusieran tras la puerta presurizada, aunque no hacía falta que se les metieran prisas, y después pasó la tarjeta por la cerradura.

La cerradura hizo un bip varias veces, y la puerta se cerró y quedó sellada "Esperemos que aguante" dijo, mirando en la dirección de las cargas explosivas. Miró a los dos miembros de su equipo de ataque que no llevaban trajes espaciales. "¿No queréis esperar tras la siguiente puerta?" preguntó.

"Yo me quedo" dijo el bilubi. "No tengo miedo."

El drazi estuvo a punto de decir que quería irse, pero cuando el bilubi habló, él también negó con la cabeza. "Yo también me quedo" dijo.

La boca de Lynx esbozó una media sonrisa. "Bien" dijo. "Vosotros dos vigilad la seguridad mientras nosotros estamos fuera. Imagino que vendrán corriendo como las polillas a una llama, en cuanto hagamos explotar esas cargs. No hay nadie en la zona adyacente, pero supongo que tenemos menos de cinco minutos." Dio un golpecito en el hombro del drazi que llevaba el traje espacial. "Será mejor que entremos por la escotilla. Quiero esperar fuera cuando las cargas exploten."

El drazi asintió y ambos se dirigieron a la siguiente escotilla, que estaba situada a diez metros en el vestíbulo. Antes de entrar, Lynx se dio la vuelta y le pasó el mando del detonador al bilubi. "Recuerda, haz explotar las cargas cuando ella haya pasado junto a ellas, no antes.".

El bilubi asintió. "Lo haré" le prometió.

Lynx asintió a su vez, y entró por la escotilla, y la cerró tras él. Cuando la escotilla se hubo cerrado y hubo extraído la atmósfera de la habitación y la presión se hubo ecualizado con el vacío del espacio, el bilubi se volvió para mirar el vestíbulo donde estaban puestas las cargas. Un momento después apareció la delgada figura de Jeanne, andando a toda prisa por el vestíbulo, como si tuviera que ir urgentemente a algún lugar. El bilubi sonrió. No había nada que le gustara más que ver una buena explosión.

Jeanne ya se había dado cuenta de que la puerta que tenía delante estaba cerrada, al igual que otras que se había encontrado en su camino de vuelta de las habitaciones de Kosh. Esta vez vio que alguien esperaba tras la puerta, un ser que se parecía a los dos alienígenas guerreros que la habían atacado antes. Prosiguió con cuuidado, fijó sus ojos en el bilubi mientras se acercaba a la puerta. Por un momento pensó en darse la vuelta y volver por donde había venido, pero decidió no hacerlo al darse cuenta de que este ser debía ser el culpable de que las otras puertas estuvieran selladas en el pasillo por el que ya había pasado.

Después, cuando se iba acercando a la puerta sellada, el bilubi levantó de repente su mano carnosa y presionó algo que sostenía. Antes de que Jeanne pudiera reaccionar, se oyó el estruendo de una explosión casi justo detrás de ella. Cayó al suelo debido a la onda expansiva de la explosión, de repente sintió que algo tiraba de ella, y se dio cuenta tarde de que se había abierto un agujero a un lado de la estación y que ella estaba siendo arrastrada hacia él.

Dirigió una última mirada hacia el bilubi y a su compañero drazi --una mirada que prometía venganza si alguna vez volvían a verse-- y entonces Jeanne fue engullida por la obertura en el casco de la estación y quedó flotando en la oscuridad del espacio. Casi inmediatamente, ella paró de respirar. Cuando los vorlons alteraron su cuerpo para hacerla mejor soldado para su guerra, la liberaron de la necesidad de aire. Sin embargo, sabía que el frío del espacio la mataría pronto. Podía sobrevivir sin aire, y su cuerpo se podía adaptar a diferencias de presión, pero sin calor ni luz estaba perdida.

Pero esta vez la suerte le sonrió, y se vio frente a la luz de un sol lejano. Los rayos del sol le calentaban la piel, proporcionándole así la luz suficiente para sobrevivir. Se movía impotente contra el vacío, empezaba a retorcerse, buscando el modo de escapar. Entonces vio dos figuras humanoides dirigiéndose hacia ella, llevaban puesto un pack de impulsores sobre los hombros.

Al ver el rifle que llevaba sobre los hombros una de las figuras, Jeanne se dio enseguida de que no querían nada bueno, y buscó su pistola. Las dos figuras se aproximaban rápidamente, así que sólo tenía tiempo de disparar una vez antes de que estuvieran encima de ella. En silencio sacó la pistola para que se cargara --y esta vez con gran dolor, mientras el arma extraía su fuerza vital-- la levantó y disparó al más grande de los dos.

La figura se llevó la mano al hombro y perdió el control cuando su traje perdió la presurización, y se perdió en el espacio. La segunda figura no dudó, sacó su rifle y disparó de cerca. La poderosa ráfaga de energía no podía herir a Jeanne. Su piel estaba diseñada para que absorviera casi cualquier tipo de energía --un legado de sus años en las manos de los vorlons-- pero el punzante dolor hizo que su mano se abriera y la pistola se le escapara. Desesperada, la intentó agarrar como pudo, pero Lynx logró golpearla y quitársela y se le fue. Después le golpeó con el rifle en la cabeza y sintió que perdía la conciencia. Podría haber podido resistir el efecto del golpe, pero eso unido a todo lo demás era demasiado. Instintivamente, cruzó los brazos frente a su pecho y cerró los ojos, casi deseando el frío sentimiento de inconsciencia que se estaba apoderando de ella.

Lynx la volvió a golpear para asegurarse de que seguía ida, y empezó a registrar en sus bolsillos, recupearndo así el rompe-códigos, y también las piedras preciosas que estaban tan bien guardadas. Las otras cosas que encontró fueron el data cristal, una tarjeta de crédito y su identitarjeta. Puso las tres cosas en la bolsa que se había sujetado a la muñeca, y después volvió a registrarla de nuevo y la maldijo al ver que no podía localizar ninguna llave ni mecanismo de apertura que pudiera servirle para abrir la lanzadera de Jeanne. Después se dio cuenta de que estaba tardando demasiado tiempo, así que pulsó el control del comunicador entre los trajes. "Vámonos" le dijo al drazi.

"Demasiado débil..." fue la única respuesta, y Lynx miró a su alrededor y vio al drazi alejándose a la deriva, girando sobre sí mismo en círculos. Después vio cuatro figuras envueltas en trajes espaciales que habían salido de repente de una escotilla en la parte frontal de la estación. Obviamente eran un equipo de rescate que habían salido a comprobar los daños producidos a la estación. El equipo de rescate estaban todavía a unos minutos, pero el drazi ya estaba demasiado lejos para que Lynx lo pudiera rescatar sin ponerse él en peligro, así que le dejó allí, y él se dirigió hacia la escotilla.

Esperó impacientemente a que la escotilla represurizara la cámara, y después abrió la puerta y salió de su traje. Tiró el traje a un lado, salió por el vestíbulo, se puso su chaqueta y llamó al bilubi para que le siguiera.

"Esperea" gritó el segundo drazi. "¿Dónde está Maakha?"

"Lo siento" respondió Lynx, levantando el rifle y disparando al drazi al pecho. "No lo consiguió, ni tú tampoco." Miró al guardaespaldas bilubi, que estaba mirando al drazi. "Venga, tenemos que irnos. Seguridad casi debe estar así." El bilubi asintió y ambos se apresuraron hacia el pasillo siguiente que llevaba hasta la tienda de j'Nialth.

****************

Zack corrió por el vestíbulo, se dirigía al lugar de la explosión, aparentemente a algún sitio en Rojo 9. Estaba a mitad del Sector Verde cuando la estación había sido sacudida por una terrible explosión. Esperaba que nadie hubiera resultado herida, pero sabía que había pocas probabilidades de que eso fuese así.

Cuando iba corriendo, pasando una esquina, con otros tres oficiales de seguridad siguiéndole de cerca, Zack se paró en seco. Frente a él, agachada sobre tres cuerpos, colocados con cuidado en línea, estaba la Dra Lilian Hobbs, junto con varios miembros del equipo de emergencias médicas, algunos miembros de su cuerpo de seguridad y dos miembros del equipo de rescate espacial. Zack sacudió la cabeza ante la sospresa, se preguntaba cómo podía ser que la doctora hubiera llegado allí antes que él, pero enseguida se acercó a toda prisa.

Al fondo del vestíbulo, más allá de una puerta presurizada que había sido sellada, podía ver un gran agujero en la pared donde había estallado la bomba, o lo que provocara la explosión y perforó el casco. No parecía que hubiera demasiados escombros, pero los tres cuerpos significaban que al menos tres personas no habían podido escapar de la explosión.

Entonces reconoció las facciones de la víctima que la doctora estaba examinando y pronunció una maldición en voz alta. "Maldita sea" dijo "esta es la mujer que estoy buscando. ¿Qué diablos ha pasado?"

Lilian le miró y puso un gesto de extrañeza. "No lo sé" respondió ella "acabo de llegar. Parece que ha habido algún tipo de explosión, aunque creo que sus hombres podrán decirnos más acerca de este asunto."

"¿Se pondrá bien?" preguntó, señalando con un gesto a Jeanne, que yacía sobre el suelo, parecía que estuviera durmiendo. "Tengo que hacerle algunas preguntas."

"Lo siento, Jefe" respondió Lilian. "Es un poco tarde para que pueda responderle a nada, está muerta."

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**** ACTO CINCO**** ir al principio

"¿Muerta?" preguntó Zack, totalmente sorprendido. "¡Pero si casi no tiene ni una señal!"

"Es cierto" respondió la Dra Hobbs. "Pero ha estado flotando fuera de la estación durante casi diez minutos. No conozco ninguna raza que pueda sobrevivir sin atmóstfera más de cinco minutos, a excepción de los vorlons. Sin embargo..."

"¿Diez minutos?" interrumpió Zack. Pareció extrañado durante unos segundos, antes de darse cuenta de que él había tardado casi quince minutos en llegar hasta allí, aunque casi todo el camino lo había hecho corriendo. El culpable de esto, seguro que sabía como aislar una sección de la estación. Primero Gris 19 y ahora Rojo 9, ninguno de los dos niveles podía ser calificado de lugar de paso principal. Zack miró de nuevo el cuerpo de la mujer y frunció el ceño cuando vio algo que no parecía que encajara. "Creía que sufriría más daños" comentó "parece que haya muerto mientras dormía, no parece que se haya pasado diez minutos flotando en el exterior de la estación."

"Como iba a decir" dijo Lilian, con un tono de enojo porque Zack la hubiera interrumpido "existen varias irregularidades que hay que investigar." Se detuvo y puso cara de extrañeza al mirar el escáner que llevaba en la mano. "Cuando consiga otro escáner médico, claro. Este parece estar estropeado. Según este escáner, el cuerpo carece totalmente de agua. Eso no puede ser."

"Eso explicaría porque su cuerpo no se ha congelado" sugirió uno de los técnicos médicos.

"Eso es imposible" respondió Lilian muy segura, sacudiendo a la vez el escáner a ver si con un poco de violencia podría convencer al escáner para que funcionara. "El agua es una constante en todas las formas de vida. Todos necesitamos agua y sin ella no puede existir ni la forma de vida más simple."

"Pero sí que hay algún tipo de fluido en su sistema" apuntó el técnico, señalando una herida en el brazo de la mujer, que supuraba un líquido pálido.

Lillina se arrodilló y examinó la herida superficial. "Se parece a la substancia que encontró antes" dijo Lillian al técnico. "Tome otra muestra y pásesela al Dr Matsuki para que lo compruebe."

"Eso indicaría quién ha estado sangrando por todo Gris 19" comentó Zack, mirando al técnico mientras este empezaba a tomar una muestra y la ponía en un pequeño contenedor. "Creía que los escáners detectaban una forma humana. Eso no me parece a mí que sea sangre humana."

"Tiene algunas características de la sangre humana" le dijo Lilian, mostrándole al jefe de seguridad los datos de su escáner médico. "Y decididamente hay ADN humano aquí, y eso es lo que los escáners biológicos de la estación buscan cuando examinan una nave entrante, o ADN humano o el de alguna especie que tengamos en archivo. Esta sangre... no estoy segura de que tan siquiera tenga ADN"

"Pero acaba de decir..."

"Lo sé" dijo Lillian en tono cansino. "Lo que quiero decir es que la mayor parte de su cuerpo es reconocido como humano... Dios mío, este escáner ni siquiera detecta lo que estamos viendo. Ni siquiera quiero comentar lo que me está diciendo el escáner acerca de sus huesos. Con una densidad como esta, su esqueleto debería pesar tres veces lo que pesa en realidad."

"¿Podría ser algún tipo de mejora cibernética?" sugirió Zack.

"Podría ser" respondió encogiéndose de hombros. "Aunque si lo es, entonces estas mejoras no las hicieron con ningún material conocido por la Tierra. Supongo que sabremos más después de la autopsia."

"¿Cuando?" preguntó Zack. "Esta mujer es --mejor dicho-- era la principal sospechosa de una serie de delitos, entre ellos, asaltarme a mí." Se agachó y empezó a buscar dentro del abrigo de Jeanne.

"Ya lo he comprobado, Jefe" le interrumpió uno de los oficiales de seguridad. "Sus bolsillos están vacíos."

Zack frunció el ceño. "¿Todos?"

"¿Qué busca?" le preguntó Lillian, señalando a dos de los técnicos médicos que debían poner el cuerpo de Jeanne en una camilla.

"El arma que utilizó contra mí" respondió Zack. "Creía que todavía la tendría.. y alguna cosa más de interés."

"Creo que tal vez yo tenga el arma que está buscando" respondió Lillian, señalando un contenedor sellado que había sobre el suelo, cerca de la escotilla. El contenedor era igual a los que utilizaban para transportar material peligroso. "Aunque yo no lo tocaría" añadió Hobbs rápidamente cuando Zack se fue a examinar el contenedor.

"¡Qué diablos!" empezó a decir Zack, al ver que la caja había sido sellada del todo y que tenía un sello de seguridad codificado.

"Un miembro del equipo médico intento coger el arma, y ahora se encuentra en el Laboratorio Médico 5 con una herida bastante desagradable en la mano. Al parecer funciona con corriente bio-eléctrica, pero necesita mucha más de la que un humano medio pueda proporcionar. Eso nos dice mucho sobre nuestra amiga."

"¿Y qué es?" preguntó Zack, cogiendo con suavidad la caja y pasándosela a uno de sus oficiales. "Llévese esto a la central y realice algunos tests" ordenó. El oficial de seguridad asintió y se dispuso a cumplir la orden, con el contenedor bajo uno de sus brazos. "Y no toque el arma" le gritó Zack. "Utilice los procedimientos de nivel 4. Trátela como si se tratara de un explosivo."

Lillian esperó pacientemente hasta que Zack hubo terminado y después prosiguió con su explicación. "Lo que nos dice es que esta mujer tiene un campo bio-eléctrico mucho más alto que el de cualquier otra criatura viviente que yo haya visto. "

"¿Y eso significa?" preguntó Zack.

"Que debería estar muerta" respondió Lillian. "Tenía suficiente energía corriendo por su cuerpo como para freír un elefante. Debería haber muerto hace días, y no podría haber ido andando por la estación como si nada pasara."

"Otra razón para hacer de su autopsia una prioridad" dijo Zack.

Lillian asintió, y se volvió hacia uno de los técnicos médicos. "Llévese su cuerpo a la morgue y dígale el Dr Samir que empiece enseguida."

"Ya ha terminado su turno" le recordó el técnico.

"Lo sé" respondió Lillian. "Pero yo también lo he terminado. De todos modos, tiene que volver al trabajo en dos horas. Llévese el cuerpo a la morgue y después póngase en contacto con él. Dígale que es un trabajo de prioridad máxima y quiero que se termine lo antes posible."

El técnico médico asintió y después empezó a empujar la camilla por el vestíbulo en dirección al ascensor más próximo. "¿Quiere que hagamos algo en especial con los otros dos?" preguntó Lillian a Zack.

El jefe de seguridad miró a los dos drazi muertos, que estaban tapados con una sábana. "¿Qué les ha pasado? preguntó. "¿Murieron en la explosión?"

Lilian negó con la cabeza. "No, a uno lo encontraron fuera de la estación los del equipo de rescate. Llevaba un traje espacial, pero el traje se había roto y seguramente murió antes de que nuestro equipo pudiera llegar hasta él. Al otro le dispararon de cerca con un arma de energía, probablemente narn o centauri por el aspecto de la herida. Tendré que hacer algunas pruebas para asegurarme."

"Todo esto no tiene mucho sentido" murmuró Zack para sí. Después, cuando vio que Lillian le miraba esperando una respuesta, añadió "no sabía que los Thrakallanos utilizaban a drazis. Los drazi son bastante importantes dentro del Gremio de Ladrones, y el gremio y los Thrakallanos no suelen llevarse demasiado bien. Aunque..." Fue hacia donde estaba Sonia Aldred, que estaba revisando las pertenencias de los drazi. "Aldred" dijo "¿se acuerda de aquel centauri de aduanas esta mañana?"

"¿Aragon Pernimi?" respondió, dejando el registro.

"Ese mismo" dijo Zack. "Aragon Pernimi. Dijo que era un maestro de gremio. Originalmente pensé que sería miembro del gremio de comerciantes, pero ahora que lo pienso, los comerciantes centauri trabajan todos para las casas nobles. Podría ser miembro del gremio de los ladrones.."

"¿Es importante?" preguntó Aldred. "Recuerdo que en el discurso que nos dio usted cuando empezamos a trabajar aquí, usted nos dijo que el Gremio de los Ladrones ya tenía una presencia importante en la estación. Nos explicó cómo identificar a alguien de ese gremio."

Zack pareció sentirse levemente avergonzado, mayormente porque alguien había recordado algo que él había dicho en una de sus sesiones. "Podría ser" respondió Zack. "Esta mujer aparece en la estación y de repente muchas organizaciones de criminales importantes se interesan por ella. Primero Nicolai Luchenko, que por lo que parece tiene detrás a IPX y con el Cuerpo Psíquico rondando por ahí. Después los Thrakallanos, que no se meten en nada a menos que haya algo que sacar, y ahora existe la posibilidad de que el Gremio de los Ladrones estén interesados también. Y para colmo, las Fuerzas Terrestres también la quieren, y nadie quiere decirme el porqué."

"Tiene que ser algo importante"

"Sí, pero qué" dijo Zack, antes de negar con la cabeza, como queriendo rechazar un pensamiento preocupante. Él miró a los dos drazis muertos. "¿Ha encontrado algo interesante en ellos?"

"Sólo esto" respondió Aldred, pasándole un data cristal.

Zack miró el cristal pensativo. "Podría ser algo importante" decidió por fin. "Será mejor que lo mire"

"Sr Allan" le dijo el Dr Hobbs. Cuando Zack la miró y ella siguió "¿Necesita algo más?"

Zack negó con la cabeza. "No, aunque me gustaría tener los resultados de la autopsia tan pronto como sea posible, y también cualquier cosa que usted pueda decirme"

"Le diré al Dr Samir que se ponga en contacto con usted tan pronto como haya terminado" prometió Lillian.

"¿Va a estar usted ocupada?" preguntó Zack, al notar que ella no le decía que ella se pondría en contacto con él.

"Me disponía a volver a mis habitaciones cuando todo esto ocurrió" respondió. "Llevo de servicio más de doce horas, así que pensaba ir a dormir un poco.."

"¿Tan tarde es?" interrumpió Zack

"Usted ha estado inconsciente durante casi tres horas" le recordó Lilian.

"Maldita sea" dijo Zack. "No me había dado cuenta de que había sido tanto tiempo" Se paró y después hizo un gesto con la cabeza. "De acuerdo Doctora, no creo que necesitemos su experta opinión durante al menos unas horas" Entonces Lillian le devolvió el saludo y se marchó. Zack se volvió hacia Aldred, que esperaba junto a él. "Venga conmigo" le ordenó. "Tengo un trabajo especial para usted."

"¿De qué se trata?" preguntó la joven oficial, casi saltando entusiasmada mientras seguía a Zack por el vestíbulo y se alejaban del lugar de la explosión.

"Quiero que intente localizar al centauri. No debería ser demasiado difícil. Mire en los archivos de alojamiento, probablemente esté en sus habitaciones, pero sino, mire por los bares. Cuando le encuentre, hágamelo saber. Me gustaría hacerle algunas preguntas."

"Sí, Jefe" respondió Aldred.

Zack se preguntaba si él había sido tan joven alguna vez. Miró el data cristal que tenía en la mano. "Bueno, vamos a ver qué secretos contienes" se dijo Zack a sí mismo, y se puso el cristal en el bolsillo.

****************

Bazyli Wielpolski gruñó cuando entró en la morgue, vio que habían añadido un ejemplar a la colección de cadáveres que llenaba la gran sala, todos puestos sobre sus carritos. "Parece que tenemos otro, Clive" gritó, dejando caer la bandeja metálica que llevaba, sobre una mesa. Golpeó la mesa con un fuerte ruido.

"Baz, haces tanto ruido que vas a resucitar a los muertos" se quejó su compañero al entrar por la puerta. Apartó la tela que tapaba el cuerpo, esperando que no se tratara de otro Pak'ma'ra. Lo que vio hizo que se quedara quieto, y por un segundo incluso se quebró su endurecida y profesional actitud. "Diablos" dijo casi sin aliento, antes de volver a ponerse su máscara de frialdad, y llamó a Clive "mira esta, tío. Te acabo de conseguir una cita."

Clive fue lentamente hacia su compañero, frotándose los brazos para intentar calentar un poco su delgado cuerpo. Su compañero, considerablemente más corpulento, no parecía notar las condiciones artificialmente frías de la morgue, casi como si no lo sintiera. Pero entonces, pensando en la de quilos que protegían a Baz, no era de extrañar que no lo notara. Vio entonces el cuerpo de una mujer joven tumbado sobre el carrito y movió la cabeza, triste. "Qué lástima. Si parece una adolescente."

"No debería haber venido aquí entonces" dijo Baz "nadie está a salvo en este lugar mucho tiempo. Probablemente era una furtiva. Últimamente caen como moscas."

"Con esa ropa" dijo Clive, apuntando al traje de cuero, muy bien diseñado, que llevaba el cadáver. Estaba roto por varios sitios, pero seguía pareciendo caro. Después vio algo alrededor de la cabeza de la chica, y tiró hacia atrás sus pálidos cabellos rubios y dejó al descubierto el lazo de metal negro engarzado de esmeraldas, que rodeaban su cabeza. Dio un silvido de sorpresa. "Esto no parece algo que tendría un furtivo. La escoria que corre por el Bajo Fondo la habría matado en un segundo por algo como esto."

"Maldita sea" murmuró Baz. "Esto tiene que valer bastantes créditos. Mira qué tamaño tienen estas gemas." El brillo de avaricia iluminaba sus ojos, alargó la mano para coger el circuito, pero Clive se lo impidió.

"¿No estarás pensando en cogerlo, verdad?" le preguntó Clive, más preocupado que airado. "¿No te acuerdas de lo que le pasó a Eric y a Stevenson el mes pasado? Allan les acusó tan rápidamente que no tuvieron tiempo de parpadear. Claro que tuvieron que cargarse al ayudante del embajador drazi"

"Fueron tan tontos como para que los pillaran" dijo Baz, volviendo a intentar cogerlo. "¿Cómo iban ellos a saber que Allan ya sabía lo que había en los bolsillos del muerto? ¿Cómo podían saber que el bastardo ya había registrado el cadáver en la escena del crimen?"

"Bien, este es otro de sus casos" dijo Clive, leyendo la tarjeta adherida al carrito. "El Dr Samir va a abrirla esta mañana y Allan probablemente tiene todas las propiedades de la mujer clasificadas. Yo si fuera tú no la tocaría, será mejor que la clasifiques y le metas en una bolsa. Quizá después de la autopsia podamos echar un vistazo."

"No pasa nada por mirar" murmuró Baz en voz baja, dirigiendo su mano hacia el circuito. "Sólo quiero tocarlo."

Cuando sus gruesos dedos se cerraron sobre el circuito metálico, hubo un leve movimiento en la mujer que yacía sobre el carrito. Su brazo se levantó y agarró la muñeca del hombre fuertemente, retorciendo su mano y haciéndole soltar el circuito. Antes de que Baz tuviera tiempo de gritar de miedo, los ojos de ella se abrieron de golpe y sus pupilas se concentraron en su aterrorizada cara. Baz se encontró mirando a dos pozos de pura energía, los ojos de la mujer brillaban intensamente en la morgue, con una luz mortecina.

"Eso es mío" dijo con un suspiro fantasmagórico, su delgada mano se cerraba sobre la fuerte muñeca de Baz, apretando con fuerza la carne, y chafando los huesos que había debajo. "No lo volverás a tocar."

Clive, que estaba al lado del carrito, expulsó un grito estrangulado, se dio la vuelta y salió corriendo hacia la salida tan rápido como pudo. La cabeza de la chica se giró bruscamente para ver como salía corriendo, y después de eso, casi con la misma rapidez, levantó la otra mano, agarró a Baz por la parte de delante de su bata blanca manchada, y le tiró por los aires. Se oyó un ruido sordo cuando el hombre cayó, se oyó una respiración y después se hizo el silencio de nuevo.

Jeanne se puso en pie y miró a su alrededor. El hombre grueso y feo de la bata blanca yacía en el suelo del otro lado de la sala, su gran cuerpo descansaba con bastante incomodidad sobre el otro hombre, delgado y con cara de rata. Ambos estaban inconscientes, pero no muertos. Jeanne podía sentir la cálida sangre que todavía fluía por sus sistemas circulatorios, y como su pecho subía y bajaba. Al menos el pecho del hombre gordo subía y bajaba, el hombre más pequeño no estaba precisamente en la postura más cómoda y moriría pronto a menos que ella le ayudara.

Jeanne cruzó la sala donde ambos hombres estaban colocados como si fueran un montón de algo, se agachó, hizo rodar al hombre más grande y lo quitó de encima de su compañero. No parecía estar mal herido. El que se llamaba Clive estaba peor, pero ahora que podía respirar seguramente viviría. Jeanne no estaba demasiado preocupada, ya que alguien que le robaba a los muertos evidentemente no merecía vivir. Pero ella había jurado no quitar una vida a menos que fuera inevitable, incluso si se trataba de hombres tan despreciables como estos dos. Con una última mirada a los dos trabajadores de la morgue, se dio la vuelta y se dirigió a la salida.

De pronto se quedó paralizada, al darse cuenta por primera vez de que sus bolsillos estaban considerablemente más ligeros de lo que recordaba. Fue palpando los bolsilos, y descubrió que todo lo que llevaba había desaparecido, incluido el increiblemente valioso data cristal. Se apoyó contra una mesa cercana para recuperar su fuerza, mientras pensaba en todo lo que le había ocurrido. Recordaba la explosión y después el ataque en el espacio a manos de dos seres, probablemente humanos, en trajes espaciales. Después sus recuerdos empezaron a nublarse. Recordaba haber sido golpeada y después no recuperó la conciencia durante casi tres minutos, cuando fue arrastarda a través de una escotilla por un hombre vestido con traje, probablemente el mismo que la golpeó.

Los siguientes minutos también los tenía nublados, así que el golpe que le dieron en la cabeza debió dejarla débil, o eso o el increíble frío del espacio que le había afectado más de lo que creía en un principio. Recordaba voces, a alguien registrándole y un dispositivo electrónico de algún tipo moviéndose cerca de ella --sintió un leve escalofrío en la piel cuando este aparato pasó sobre ella. Se dio cuenta de que probablemente estaba demasiado débil para luchar, y se había quedado quieta y se concentró en no respirar, o en realizar cualquier movimiento que pudiera ser detectado.

Después, cuando hubo recuperado su fuerza, empezó a oír partes de conversación, lo suficiente para saber que el Jefe de Seguridad estaba allí, junto con dos mujeres, pero no suficiente como para entender lo que decían. Finalmente se la habían llevado y la habían traído hasta allí, donde había estado tumbada sobre el frío carrito durante una media hora, extrayendo calor de la zona que la rodeaba para acelerar su recuperación.

Miró a los dos trabajadores de la morgue de nuevo y después al resto de la habitación. No había rastro alguno de sus propiedades, de modo que debieron llevárselas a otro sitio. Después recordó a la criatura que la había estado mirando cuando hizo volar el agujero en la pared que había tras ella. Esa criatura se parecía a las dos que servían a j'Nialth, cosa que significaba que el señor del crimen seguramente estaba tras esa trampa también. Se le frunció el ceño al pensar de qué le podría servir a j'Nialth atacarla a ella; se fue de la morgue y se dirigió al vestíbulo más cercano. No sabía exactamente a donde le llevaría, pero al final llevó a un pasillo que ella recordaba gracias a la visita guiada que Zack le había dado.

Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que alguien fuera a la morgue a buscar a los dos hombres, pero eso no le preocupaba ahora. Toda su atención se centraba ahora en recuperar la información que le había costado tanto tiempo y esfuerzo encontrar, y el mejor lugar para buscarlo eran las manos de j'Nialth. Así que, todo lo que tenía que hacer era buscar al escurridizo Thrakallano, hablar con él, y reclamar su propiedad y después irse, suponiendo que los de seguridad no se interpusieran, que j'Nialth no se hubiera ido de la estación, o que otras cien cosas no se hubieran fastidiado.

Jeanne sacudió la cabeza, preguntándose cómo su búsqueda, que había empezado siendo tan sencilla, se había complicado tanto. Si no supiera que no era posible, pensaría que los vorlons seguían allí, intentando detenerla poniendo obstáculos en el camino hacia sus ambiciones. Después de echar un vistazo al vestíbulo, para estar absolutamente segura de que no había vorlons escondidos en las cercanías, desechó esos pensamientos al llugar más profundo y oscuro de su mente y salió al pasillo con pasos largos y decididos.

****************

J'Nialth caminaba lentamente al salir de Aldredo's, y un Lynx de mirada incrédula le seguía a poca distancia, negando con la cabeza. "¿Por qué diablos le ofreció tanto?" reclamó tan pronto como estuvieron lejos del ángulo de audición. "Ese loco hubiera aceptado seguramente por la mitad de lo que le ha dado."

"Eso no es importante" respondió j'Nialth, dando golpecitos sobre un pesado bolso de piel que colgaba de su cuello. "Hay mucho más. Además, así se irá de aquí en seguida y yo podré trasladarme aquí antes de que termine la noche. Los créditos son una buena motivación."

"¡Pero un bar! ¿Para qué iba usted a querer llegar tan bajo? Al menos compre uno en la parte del mercado."

"Pero esos no tienen lo que yo quiero" respondió j'Nialth, señalando hacia un pequeño grupo de oficiales de seguridad con uniforme que se dirigían a la sala de billar. "Alfredo's es un lugar popular entre los de seguridad. Con el lubricante perfecto, hablarán con más libertad. No entiendo este juego del billar, pero entiendo el valor que tiene conocer al enemigo."

"Sigo pensando que es una pérdida de tiempo" murmuró Lynx. Después en voz más alta, añadió "¿Dónde vamos ahora? ¿Quiere comprar uno de los burdeles en el Bajo Fondo porque el personal de las Fuerzas Terrestres va a allí? O ¿quiere que empecemos a ser el sponsor del equipo de baseball de Seguridad?"

J'Nialth se detuvo y miró a Lynx "¿Un burdel?" musitó "Buena idea. Lo consideraré seriamente"

"O" añadió Lynx rápidamente, antes de que el Thrakallano pudiera pensar demasiado en la idea "Podríamos gastarnos los créditos vistiendo a una banda lo suficientemente grande como para gobernar la estación. Puedo..."

"¡No!" interrumpió j'Nialth "ese no es el estilo de los Thrakallanos. Nosotros no vamos por ahí peleando los unos contra los otros, mientras permanecemos ocultos y sacamos beneficio..." De repente se detuvo y miró al vestíbulo. "¿Qué son esos?" preguntó señalando con su garra a un grupo de humanos y narn reunidos al final del vestíbulo. El tono artificial del traductor de j'Nialth seguía tan calmado como siempre, pero Lynx imaginó que podía notar un atisbo de ira en la voz del Thrakallano.

"He contratado hombres nuevos" le dijo Lynx. "Con todo el trajín que hay en seguridad tras nosotros, pensé que necesitaríamos más guardaespaldas."

"No son adecuados" respondió j'Nialth. "No quiero sirvientes ineficaces como estos. Mis sirvientes pronto serán liberados. Ellos serán adecuados, y seguimos teniendo al centauri. No necesito a estos."

"¡No sea estúpido!" le dijo Lynx casi gritando. "Mire, ya he tenido bastante, j'Nialth. O se quedan ellos o yo me voy, no podemos dirigir una banda con tan sólo unos pocos bilubi y un centauri de poca confianza."

J'Nialth se quedó mirando a su lugarteniente, su mirada no dejaba entrever sus sentimientos. "Está bien" dijo finalmente. "Se quedan, pero la próxima vez será mejor que lo consultes conmigo, o me busco un nuevo ayudante." Después divisó a Aragon Pernimi junto a los matones que habían contratado, que miraba mal a todo el que osaba aproximarse a él. "¿Has traído al centauri?" le preguntó a Lynx.

"No he querido dejarle solo en la tienda" le respondió Lynx. "No confío en ese bastardo"

"Bien" respondió j'Nialth. "Tengo mucho de que hablar con él. Vete hacia mi tienda, tengo objetos allí que hay que recoger."

Lynx se quedó mirando a j'Nialth durante varios segundos, observó al Thrakallano mientras se acercaba a Aragon, y le vio hablar con el centauri. Tras casi un minuto, j'Nialth dejó al centauri y miró hacia el fondo del vestíbulo, después le indicó a Lynx que le siguiera. "Observe al centauri" murmuró Lynx a uno de sus hombres, a la vez que les ordenaba que siguieran a j'Nialth.

A la cabeza, j'Nialth estaba a punto de girar una esquina, cuando de repente se puso erguido, y sus hombres casi se chocan contra él. El Thrakallano se quedó mirando el fondo de la sala, se quedó helado del susto al ver a la humana que había ordenado que la mataran, caminando lentamente hacia él. Durante un segundo ella también se detuvo, casi tan sorprendida como ella. Después, sus ojos parecieron resplandecer con ira y j'Nialth se dispuso a escapar, empujando a varios de los matones que acababa de contratar que se interponían en su camino. "¡Detenedla!" ordenó, agarrando a Aragon por el brazo con una garra y llevándose al centauri con él. Aragon pareció levemente sorprendida, pero permitió que le empujaran por el pasillo.

Uno de los guardaespaldas, un humano que hacía unas pocas horas era un matón de poca monta que trabajaba en los niveles inferiores, sacó una daga drazi enorme y salió corriendo, moviendo el arma en dirección a Jeanne. El placer de Lynx ante la visión pronto se esfumó, ya que la mujer con poco esfuerzo, agarró a su atacante por la muñeca y después con un leve movimiento de mano, le rompió todos los huesos del brazo. Cuando la daga cayó de repente de los dedos insensibles del matón, ella la cogió con tal facilidad del aire, que Lynx empezó a preguntarse si el arma estaba hecha de plástico en vez de estar hecha de acero puro y pesado.

Gruñendo, uno de los hombres de Lynx se hizo camino hasta el frente y disparó una pequeña granada con el lanzador que llevaba. Jeanne reaccionó inmediatamente, moviendo su daga como si fuera un bate de beisbol, y golpeando con ella la granada, que salió lanzada de vuelta al lugar de donde había salido. Después, con otro golpe, lanzó la daga contra las piernas de otro de los matones de j'Nialth. Cuando el delincuente, esta vez uno de los dos narn del grupo, cayó sujetándose el reguero de sangre que salía de su pierna izquierda, los demás hombres de j'Nialth saltaron lo más lejos que pudieron de la granada, que rebotó pasando junto a j'Nialth y a Lynx y había terminado cerca del centro del grupo.

Al darse cuenta de que no iba a alejarse a tiempo, Lynx cogió por el cuello a uno de los que intentaban escapar, y puso al desafortunado frente a la granada, utilizándolo de escudo. Por una curiosa casualidad, las acciones de Lynx salvaron a casi todos los que había en el pasillo, el hombre había caído justo sobre la granada. Se produjo una explosión y el hombre salió volando por los aires, aterrizando a un metro o así, y un charco de sangre se extendió rápidamente por el suelo, emanando del agujero que antes era su pecho.

Por unos momentos todos se pararon y se quedaron mirando al muerto asustados, Jeanne estaba incluso más horrorizada porque ella era en parte culpable de la muerte del hombre. Lynx, sin embargo, no se paró. Lynx cogió el lanza-granadas, apartó al hombre muerto, avanzó y apuntó con el arma a la cabeza de Jeanne. A pesar del horror ante lo que acababa de ocurrir, a Jeanne no se la pillaba desprevenida tan fácilmente. Saltó hacia atrás, volvió a ondear su daga, y la tiró contra el arma que había en las manos de Lynx. Se oyó un crujir de metal golpeando metal, pero el arma drazi ganó a la de Lynx y éste se encontró viendo como su propia arma salía volando.

"¡Matadla!" les gritó a dos de sus hombres, mientras él se apartaba de enmedio, tirando el lanza-granadas, ahora inutilizado, en dirección a Jeanne, esperando que eso la detuviera.

Ella no continuó. En vez de eso, ella se agachó para esquivar el misil, dio un paso atrás, y después escaneó rápidamente al grupo de delincuentes, y su vista se fijó en el bolso que llevaba j'Nialth. Los dos que la atacaban llevaban largos cuchillos que blandían mientras se acercaban, con miradas de maldad en la cara. Ella negó con la cabeza con tristeza, ante la estupidez de aquellos que se enfrentaban a ella, Jeanne les arrebató las armas a ambos, al segundo le dio una cuchillada en el pecho. La herida no era lo suficientemente profunda como para matarle, pero sí suficiente para que él y los de su grupo se lo pensaran antes de atacarla.

Mientras se lo pensaban, Jeanne sujetaba el arma en una mano, y sacó otra daga de hoja fina de un bolsillo interior. Mientras lo hacía, Lynx había cogido otro cuchillo de uno de sus hombres y se acercaba con cautela. Jeanne bloqueó sus ataque con una sola mano, mientras con la otra mano movía la daga. Lynx hizo un quiebro, pero en realidad la daga no se dirigía a él. En vez de eso, la daga pasó junto a su cabeza y se fue hacia j'Nialth.

El Thrakallano no tuvo tiempo ni de moverse, pero si lo hubiera hecho, la daga probablemente le hubiese alcanzado. En vez de eso, fue perfectamente a su blanco, cortando una de las tiras de la bolsa de cuero que el alienígena llevaba colgando del cuello, y haciendo un leve rasguño en el exoesqueleto de j'Nialth. Mientras las garras del Thrakallano se agitaban inutilmente, en un intento fútil para evitar que la bolsa cayera al suelo, Jeanne se deshizo de Lynx, arrebatándole el arma de las manos de un golpe y después estrellando el puño contra su cara, de modo que la nariz de Lynx se rompió.

Lynx cayó al suelo, y se llevó la mano a la nariz; los demás criminales decidieron que ya habían visto suficiente y huyeron, llevándose a j'Nialth y a Aragon con ellos. J'Nialth miró su bolsa, pero tras ver como Jeanne golpeaba de nuevo a Lynx, el Thrakallano decidió que ya era hora de irse. Agarró a Aragon de nuevo por el brazo, y señalo el pasillo. "Por ahí" dijo.

Aragon miró a los criminales que huían y preguntó "¿A dónde ahora?"

"Tengo un lugar seguro" respondió j'Nialth. "Pero debemos darnos prisa." Aragon asintió y después ambos empezaron a correr.

Jeanne les ignoró, y se concentró en su objetivo, el bolso que suponía contenía su data cristal. Al menos, eso esperaba. Odiaría pensar que se había derramado toda esa sangre para nada. Cogió la bolsa, la abrió y empezó a examinar el contenido. Buscó entre el montón de piedras preciosas --y notó que había bastantes menos piedras que antes-- y localizó en seguida el data cristal, y también su identitarjeta y su tarjeta de crédito, aunque estas no le preocupaban--.

Con cuidado, puso el data cristal en un bolsillo escondido, y tiró la bolsa y el resto al suelo. Se puso bien el abrigo, y estaba a punto de irse cuando de repente alguien gritó "¡deténgase1" Se dio la vuelta y vio a tres oficiales de seguridad que se acercaban a ella, con las pistolas apuntándole a ella y acercándose con cautela. Jeanne se imaginó lo que les podía parecer , sobre todo al ver la daga sanguinolenta que había apoyada en la pared, pero no tenía tiempo para esto. Cogió rápidamente la daga, y huyó por el mismo vestíbulo por el que habían huido j'Nialth y Aragon.

"¡Deténgase!" gritó de nuevo uno de los oficiales de seguridad, a cuyo grito siguió el estalido de las pistolas de plasma. Uno de los tiros alcanzaron a Jeanne en el hombre, pero ella ignoró el golpe y siguió corriendo, dejano atrás a los oficiales. Llegó al final del vestíbulo, miró a su alrededor, pero no vio rastro alguno de j'Nialth y de su aliado centauri. Entonces se fue hacia un vestíbulo que suponía la llevaría hasta el hangar de aterrizaje. Todavía oía a los guardias de seguridad que la seguían, pero sabía que no podían detenerla. Con una risa en la cara, Jeanne siguió corriendo, sabiendo que ahora ya poco se interponía entre ella y su salida.

****************

Zack se recostó en la silla, descansaba cómodamente mientras espraba a que el ordenador terminara de escanear el data cristal que habían encontrado en el cuerpo del drazi muerto. Tal como esperaba, estaba codificado, pero con el tiempo el ordenador podría romper los códigos. Al menos, eso esperaba, algunos de esos delincuentes eran terriblemente inteligentes. Otro programa del ordenador estaba ocupado buscando entre los archivos terrestres a Jeanne Darias, pero hasta ahora no había resultados. Incluso en los archivos de Sheffer IV, supuestamente su planeta de nacimiento, no había registro alguno de su existencia. A Zack no le sorprendía. Sospechaba que su Identitarjeta estaría falsificada, sobre todo después de que ella le sacara un arma.

"Código encontrado" informó el ordenador.

Zack se disponía a visionar lo que contenía el data cristal, cuando de repente su intercomunicador sonó. "Aquí Zack" respondió rápidamente.

"¡Jefe!" gritó una voz. "Ha habido una explosión en Azul 8. Hay al menos un muerto y varios heridos. Estamos siguiendo al sospechoso a pie, pero por ahora ell está logrando escapar."

"¿Ella?" se interesó Zack, sospechando. "¡Deme una descripción!"

"Em.. pelo rubio, un metro cincuenta, sesenta centímetros, y lleva una daga."

"¿Y su ropa?"

El oficial de seguridad se detuvo un momento, y dijo.. "un abrigo de ... piel.. largo" . "Se nos escapa, jefe. No sé cómo, pero no podemos seguirle el ritmo."

"Inténtenlo" respondió Zack. "Creo que sé a donde se dirije. Intentaré interceptarla." Cortó la llamada ,cogió su pistola rápidamente y corrió hacia la puerta. No había nadie en el exterior de su oficina, así que corrió por el vestíbulo hacia la siguiente sala, donde estaban reunidos un grupo de oficiales de seguridad, disfrutando de un descanso. Zack señaló a dos de sus oficiales. "Vosotros dos, id corriendo a la morgue y decidme si el cuerpo de aquella sospechosa que trajimos hace una hora está todavía allí. Los demás, venid conmigo." Después se quedó pensando, y añadió "y pasad por la armería. Tengo la sensación de que vamos a necesitar armamento pesado."

A penas cinco minutos después, Zack estaba subiendo por unas escaleras que llevaban hasta los hangares, con un escuadrón entero totalmente armado y escudado tras él. Zack se paró en la parte de arriba de las escaleras, se detuvo para coger aire, e hizo un gesto a sus hombres para que continuaran. Después de unos segundos de descanso, estaba a punto de seguirles, cuando su intercomunicador volvió a sonar. "Zack Allan" respondió.

"Aquí Wilson, Jefe" Acabo de revisar la morgue. No hay rastro alguno del cuerpo, pero he encontrado a dos trabajadores inconscientes cerca de la puerta. Uno parece tener una muñeca rota, pero ambos están vivos."

"Hagan lo que puedan por ellos" respondió Zack, y se madijo a sí mismo por no ordenar que se pusiera un guardia en la morgue, aunque nadie --ni siquiera el siempre desconfiado Garibaldi-- se podría haber imaginado que una mujer muerta iba a volver a la vida. Ahora incluso más preocupado, Zack corrió tan rápidamente como pudo, pasando rápidamente al escuadrón de oficiales de seguridad, quienes a su vez aumentaron la velocidad para poder seguirle. Zack entró en el hangar por una puerta lateral, y vio aliviado que la lanzadera seguía allí. "Despliéguense" le dijo al equipo de seguridad. "custodien todas las salidas. No quiero que esa mujer se acerque a la lanzadera."

Rápidamente los oficiales de seguridad se desplegaron por los hangares, tomando posición cerca de las puertas. Se volvió para comprobar su posición y vio una figura ahora familiar que corría hacia la entrada principal "Deténganse ahí y bajen las armas" dijo cuando se percató de la daga manchada de sangre que Jeanne llevaba en la mano derecha.

La cabeza de Jeanne se giró repentinamente y su mirada se centró en Zack, y después aminoró el paso. "Apártese de mi camino, Sr Allan" le ordenó, y sus ojos se posaron en la forma lejana de su lanzadera.

"Me temo que no puedo hacer eso" respondió Zack, señalando a su equipo. Todos a una, levantaron sus armas y apuntaron con ellas a Jeanne. "Tire el arma o dispararemos" le advirtió Zack, y se dio cuenta de que Jeanne sujetaba su arma con más fuerza.

"Pónganse a un lado" repitió. "No podéis hacerme daño"

"Eso ya lo veremos" respondió Zack, levantando su mano para dar la orden de disparar. Al mismo tiempo, sin embargo, no pudo evitar preguntarse si estaba diciendo la verdad. Después de todo, acababa de sobrevivir a diez minutos en el vacío del espacio, sin mencionar que había luchado contra varios grupos de criminales. Pero desechó ese pensamiento. "Baje el arma" le volvió a advertir Zack. "No quiero tener que hacerle daño."

Con un suspiro de desesperación, Jeanne bajó el arma, pero al mismo tiempo también dirigió sus pensamientos a la lanzadera, llamándola. La lanzadera inteligente había estado observando el conflicto y respondió enseguida. "Estoy aquí, Señora" dijo en silencio, tocando su mente. "¿Qué desea?"

"¿Dónde está Zater'Enin?"

"Está cerca" respondió la lanzadera "Pronto llegará"

Ella asintió, y sintió una extraña mirada de uno de los oficiales de seguridad, que se acercaba para arrebatarle la daga de las manos. "Detén a los humanos" ordenó en silencio, levantando lentamente el arma y sonriendo a los oficiales, quienes no le devolvieron la mirada. "Si yo fuese ustedes, no saldría corriendo" le dijo a los dos oficiales, antes de tirarse a un lado, mientras ellos levantaban sus armas y empezaban a dispararle.

"¡Deténganse!" gritó Zack, pero no sirvió de nada. Al observar ese movimiento repentino, el resto de oficiales de seguridad levantaron el arma y dispararon, y la sala se llenó de la luz blanca de las descargas de las armas, disparando a Jeanne, quien se retorcía y agachaba desesperadamente. Varias ráfagas la alcanzaron, pero al igual que antes, no le hicieron daño, y absorvía la suficiente energía para poder reparar la piel y continuar su camino.

Detrás de Zack la suave superficie de la lanzadera cambió repentinamente --sin que nadie se diera cuenta, menos Jeanne-- y de ella salieron dos pequeños tentáculos, cada uno de ellos armados por un arma orgánica, pero de aspecto amenazador. Mientras los oficiales de seguridad empezaron a disparar una segunda oleada de disparos a Jeanne, las puntas de los tentáculos palpitaron y un dardo, casi idéntico al de la pistola de Jeanne salió disparado y se clavó en el músculo del muslo de un oficial. A este dardo le siguieron otros y en menos de veinte segundos la lanzadera había limpiado el hangar de amenazas, y sólo Zack y otros dos oficiales seguían despiertos y en pie. Estaban en pie sólo porque se habían agachado con la suficiente rapidez y habían podido evitar la granizada de dardos.

"Es suficiente" ordenó Jeanne. La lanzadera obedeció rápidamente y los tentáculos se retrayeron y el casco volvió a quedar liso y en unos segundos tenía el mismo aspecto que antes. "Ya os avisé" dijo Jeanne acercándose a Zack.

Jeanne había dejado su daga cuando la lanzadera empezó a disparar, pero Zack seguía teniendo su pistola apuntándole a ella. "¿Qué diablos eres?" preguntó, dando un paso atrás, mientras ella se acercaba y rápidamente buscó una posible salida.

"No necesitas eso" le dijo, señalando su pistola "no voy a hacerte daño. Lo único que quiero es irme." Cuando vio que Zack no bajaba su pistola, ella sonrió levemente. "No entenderías quién y qué soy" le dijo. "A veces ni tan siquiera yo lo entiendo."

"Inténtalo"

Jeanne dejó de sonreír. "Está bien, Sr Allan. Yo era, y supongo que de algún modo, sigo siendo, un siervo de los seres que conoces como los vorlons. Yo era su soldado, su soldado sagrado." Abrió sus brazos y dio un giro en círculo. "Me dieron este cuerpo, alargaron mi vida, me hicieron su esclavo y yo me entregué totalmente a ellos, en cuerpo y alma."

"¿Entonces qué haces aquí? ¿No deberías estar con tus amigos vorlons?"

Jeanne estaba ahora a menos de dos metros del jefe de seguridad, y se detuvo poco a poco, y se quedó en silencio mientras Zack seguía apuntándole con su arma. "La razón por la que yo estoy aquí, no es asunto suyo" respondió friamente. "En cuanto a los vorlons, mi fe en su causa se desvaneció hace muchos años. Tuvimos diferencias de opinión, podría decirse, y después siguió mi pequeña guerra. Se dieron cuenta de que me habían hecho demasiado bien, pero nada de eso es cosa tuya, ni tampoco lo que he venido a hacer aquí."

"Lo es si cometes delitos en mi estación" respondió Zack, logrando mantener su posición, a pesar del peligro en el que sabía que se encontraba. Había visto el poder de los vorlons de cerca --tanto por parte del embajador Ulkesh como por Lyta Alexander-- y se imaginaba que Jeanne debía ser igualmente poderosa.

Jeanne negó con la cabeza, y después fue hacia delante con tanta rapidez que Zack ni siquiera la vio moverse, le arrebató a Zack la pistola de la mano y la tiró a lo lejos. "Yo no he cometido ningún delito" le dijo. "Me atacaron y me defendí, pero no he cometido ningún delito."

"La Capitana no ve las cosas de ese modo" le dijo Zack. "Y después de lo que me hiciste a mí, no estoy seguro de que yo no lo haga."

"No has resultado dañado"

"Esa no es la cuestión. No puedes ir haciendo estas cosas."

"Creo que te has dado cuenta de que puedo" respondió Jeanne, pasando junto a Zack y dirigiéndose hacia la lanzadera. "Tengo lo que vine a buscar, y tus problemas ya no son los míos."

Zack miró a donde estaban los dos oficiales de seguridad que seguían conscientes, agachados. Durante unos momentos pensó en ordenarles que dispararan, pero después se acordó de lo poco efectivos que habían sido los disparos de PPG. Para cuando se dio la vuelta, Jeanne ya se había ido, había desaparecido dentro de la lanzadera. Cuando volvió a mirar, la pequeña lanzadera negra se elevó y salió disparada por una escotilla abierta. Otra lanzadera, esta emergiendo de la misma escotilla, y casi colisiona con las grandes puertas de presión, y su piloto reaccionó ante la aparición de otra nave justo frente a él. Los dos se lograron esquivar por una fracción de centímetro, y después la lanzadera se marchó, desapareciendo por la escotilla.

Zack miró a su alrededor y a sus guardias, y después de unos momentos de duda, pulsó el intercomunicador. "Capitana" dijo tan pronto como Lochley hubo respondido. "No creo que le guste esto.."

****************

"Informe" espetó Lochley en el centro de operaciones, tan pronto como Zack hubo terminado su informe.

"La lanzadera está en la escotilla principal" respondió Corwin. "Está atrapada, pero si esa lanzadera está armada, no se quedará ahí durante mucho tiempo."

"Reténganla tanto como sea posible y desplieguen el escuadrón Alfa para que la intercepte. Conecten también la rejilla de defensa."

Corwin asintió y se apresuró a cumplir sus órdenes. "El escuadrón Alfa ya va de camino" informó. "Y he puesto en estado de espera la rejilla de defensa."

"Bien" dijo Lochley. "Ahora abran la escotilla principal y permitan que la lanzadera salga. Dirijan la rejilla de defensa hacia la nave tan pronto como salga y ordene que el escuadrón Alfa la intercepte antes de que llegue a la puerta de salto." Corwin asintió de nuevo e introdujo las órdenes. "Ahora" dijo Lochley, cuando la lanzadera negra emergió lentamente de la estación. "Abran canal con la lanzadera. Quiero que nuestra amiga sepa exactamente a qué se enfrenta."

****************

"¿Hacia dónde?" preguntó Aragon, aminorando el paso "este lugar parece un laberinto." Cualquier muestra de que les seguían se había esfumado hacía rato, pero el telépata centauri no quería quedarse por allí por si Jeanne todavía les seguía. De hecho, si fuera por él, no la volvería a ver más. A Aragon nunca le había gustado la gente que podía resistirse a sus poderes.

"Ven" dijo j'Nialth, señalando con una garra al vestíbulo de la izquierda. "Este camino lleva de vuelta al vestíbulo central. Podemos encontrar el camino desde aquí."

Aragon asintió y después, justo cuando iba a entrar en el vestíbulo, se tambaleó, y se llevó las manos a la cabeza. J'Nialth le miró con curiosidad. "¿Te encuentras mal?" preguntó, antes de mirar en la dirección del vestíbulo como si pensara en irse y dejar atrás el centauri.

Aragon negó con la cabeza, como si intentara despejarse. "Estaré bien" respondió, con la cabeza inclinada hacia un lado, como si escuchara algo en la distancia. Después una expresión de miedo pasó por su cara. "Ya viene" dijo, entre sorprendido y asustado al mismo tiempo.

"¿Qué es?" j'Nialth preguntó.

"La criatura" respondió Aragon, masajeándose las sienes para intentar eliminar el dolor que se le estaba produciendo. "La que vi cuando toqué esas piedras preciosas en tu oficina. El poderoso telépata alienígena. Vendrá pronto. Puedo sentir como se aproxima su presencia."

"¿Es peligroso?"

"No lo sé. Lo único que sé es que está enfadado por algo. Estaba escaneando para ver si alguien nos seguía, cuando detecté la firma mental de la criatura. Está relacionado con algo de aquí, por eso puedo sentirle, aunque sigue en el hiperespacio --al menos creo que es ahí donde está. Está enviando sus pensamientos a un ser en esta estación, o que está muy cerca de la estación, y dice que va a llegar pronto." Entonces sacudió la cabeza de nuevo. "He perdido la conexión" respondió "creo que me ha detectado. Debemos ir a algún sitio seguro."

"Conozco un lugar" dijo j'Nialth, señalando al vestíbulo de la derecha. "Pero debemos darnos prisa." Aragon asintió rápidamente y siguió a j'Nialth por el vestíbulo. Tras ellos, se hizo visible, a través de una ventana que había en el casco, un repentino rayo de luz en el espacio, justo sobre la estación.

****************

Zater'Enin gritó de ira. Un alienígena, una insignificante criatura procedente de un mundo menor y olvidado, había interrumpido su transmisión. Los pensamientos del alienígena habían desconectado la frágil conexión que mantenía con su prima del otro universo, y ahora no podía volver a establecer el contacto. Una ola de miedo se apoderó por él cuando se imaginó que su señora podría estar ya muerta y con ella, las esperanzas de su gente.

Pero dejó de lado esos pensamientos, continuó su viaje, aunque ahora había más prisa en sus movimientos. Tocó la corriente que había estado siguiendo. 'Ya no falta mucho' musitó en silencio, siguiendo las corrientes que llevaban hasta una enorme estructura metálica, uno de esos extraños objetos que su señora llamaba puerta de salto, una estructura que existía en ambos universos a la vez.

Era un dispositivo primitivo, una especie de sensor, que reaccionó antes su presencia, Zater'Enin notó los cambios en su mente electrónica cuando se activó y se preparó para emitir una señal. Con un pensamiento silenció el aparato, maniobró alrededor de la bola de fuego que se extendía rápidamente y entró lanzado hacia el lugar que su señora le había indicado anteriormente.

Suavemente, pasó por la puerta de salto y se extendió con sus pensamientos, manipulando la estructura del hiperespacio y empezando el proceso que le abriría el portal hacia el lugar donde le esperaba su señora. Con un rayo de luz, se abrió el vórtice y Zater'Enin gritó triunfal, y se encontró con una vasta estructura alienígena cuando volvió a espacio normal. La venganza estaba en su mente, volvió su atención hacia la grandiosa estructura azul. Las diminutas mentes de miles de formas menores de vida merodeaban por las venas de la estructura, pero él buscaba una criatura en concreto.

Escaneó la estructura con su poderosa mente, y pronto localizó al que había distorsionado su conexión antes y envió un pulso de ira en esa dirección, y vio con satisfacción la respuesta que emitió la criatura, cuando recibió los efectos de su ira mental. Después, con el pulso elevándose por la excitación, el joven guerrero se volvió hacia la forma distante de su prima, que esperaba cerca de la parte frontal de la estructura, rodeada de un conjunto de naves alienígenas, agresivas, pero con mentes diminutas e insignificantes. Era el momento de comenzar la batalla.

****************

"¡De acuerdo!" gritó Lochley, después de otro intento inútil de buscar respuesta por parte de la lanzadera, que ahora estaba detenida en el espacio, rodeada por starfuries. "Jugaremos a tu manera entonces" Enfadada, apagó la unidad de comunicación y miró a Corwin. "Teniente, active la red de defensa secundaria y diríjala a la lanzadera. Quiero que la lanzadera quede desactivada. No destruída, sólo desactivada, así que disparen sólo a los motores."

"Si logro encontrar los motores" murmuró Corwin, activando la rejilla de defensa con unos cuantos tecleos y después se detuvo cuando rayo de luz captó su atención. "Capitana..." dijo justo cuando se desató el desastre.

La estación entera se estremeció de repente, tirando al suelo a toda la tripulación, tan sólo Corwin y Lochley lograron sujetarse a tiempo. Corwin porque tuvo medio segundo de aviso, y Lochley porque ya estaba sujeta a la consola que tenía delante. Las sirenas de emergencia sonaron en todo el nivel, y la estación empezó a sacudirse, casi como un edificio durante un terremoto. Después la pausada voz del ordenador de la estación dijo "alerta de aproximación. Objeto desconocido en trayectoria de colisión."

"Qué diablos..." dijo Lochley, antes de parar de hablar cuando se dio cuenta de que ocurría algo más extraño. Sintió una extraña sensación en la boca del estómago y de repente se sintió más ligera, como si algo estuviera afectando a la gravedad de la estación. Había estado en naves de las Fuerzas Terrestres que no tenían gravedad simulada, y esta sensación era parecida. Era como si algo hubiese hecho que la estación dejara de dar vueltas. Pero con una rápida mirada a la ventana de observación confirmó que no era así --las estrellas seguían girando como siempre-- pero algo estaba afectando a la gravedad de la estación.

"Acaba de abrirse un punto de salto" informó Corwin, con una mano sujeta a un hierro, mientras con la otra intentaba pulsar los mandos de la consola. "Ha salido algo grande... justo por encima de nosotros. Está proyectando una especie de campo de gravedad que está interviniendo peligrosamente en nuestros sistemas. No funciona el sistema automático de disparo y tampoco los sensores de largo alcance."

"Cambie a sistema manual" ordenó la Capitana. "Y consígame información sobre qué es esa cosa. Todas las pantallas están en blanco."

"Un momento, Capitana, Estoy.."

"No tenemos un momento, Teniente. Consígame datos sobre esa nave ahora"

Uno de los trabajadores del puente hizo una exclamación y entonces, cuando Lochley se giró para ver qué pasaba, éste señaló a algo que había fuera. Lochley volvió a mirar a la ventana de observación y ella casi grita del susto también, cuando vio una cosa gigantesca que empezaba a pasar por encima de ellos. Miró como una enorme forma blanca alienígena aparecía. Era larga, estrecha y curva al final, y parecía casi un tentáculo de una criatura marina. Después vio otro de los objetos sobre el primero, y otro más por encima de éste. Después emergió la nave principal y su sorpresa se transformó en algo más parecido al miedo. "Díganme que eso no es lo que creo que es" logró pronunciar, y dio un paso atrás, como intentando poner un metro o dos entre esa cosa y ella, como si eso la pudiera proteger.

La mirada del teniente se dirigieron enseguida a sus instrumentos, abrió los ojos como platos, sorprendido cuando vio los informes sobre la clase de la nave. "Es... es un crucero de guerra vorlon" dijo incrédulo. "Uno grande, de casi dos kilómetros de largo. Su configuración es algo diferente a la silueta estándar, pero es de diseño vorlon."

"Destruyan esos cazas" ordenó, mirando fascinada la gigante nave de guerra que se cernía sobre la estación, con el brillo de sus rayos iluminando el espacio a su alrededor. "¡Destrúyalos ahora! Y encienda las armas."

Corwin asintió, pero ya era demasiado tarde, el rayo de luz verde de la nave de guerra salió disparado y destruyó limpiamente el motor de uno de los starfuries. Lochley vio aliviada que el piloto había conseguido escapar, y después el resto de los cazas se dispersaron, lanzando sin éxito disparos desde sus cazas, mientras se esforzaban en escapar de la nave vorlon. La nave de guerra no volvió a dispararles de nuevo, en vez de eso maniobró hasta estar sobre la diminuta lanzadera. Desde su puesto en C&C Lochley vio como la pequeña lanzadera salió disparada hacia la nave de guerra, y como desapareció dentro de ella, como si se la hubiera tragado. El hangar no se abrió de forma mecánica, sino que al parecer la lanzadera se fundió con la nave. De hecho, casi podía imaginar haber visto una especie de ondas en la superficie del casco, como si la lanzadera se hubiera escurrido bajo la superficie de un océano.

Mientras las defensas observaban en silencio, la nave de guerra se dio la vuelta y empezó a acelerar, alejándose de la estación --sin que se viera un sistema de propulsión--. A diferencia de los acorazados de casco verde, que los vorlons habían utilizado con tanta eficiencia durante los últimos días de la Guerra de las Sombras, esta nave.. esta criatura no tenía motores visibles. Era casi terrorífico ver como se movía, una forma gigante, fantasmagórica sobre la negrura del espacio, con su casco blanco deslizándose suavemente a través del vacío como ninguna otra nave.

Varios de los cazas giraron sus diminutas naves para seguirla, y se veían los disparos de plasma que se dirigían hacia el crucero de guerra, pero la enorme nave estaba ya acelerando y estaba fuera del alcance de tiro. Al darse cuenta de que a menos que hicieran algo drástico, la nave escaparía, Lochley se volvió hacia Corwin y le dijo "Teniente, dispare antes de que abra un punto de salto"

"Sí, señora" respondió, disparando casi como acto reflejo. Sin el sistema de disparo automático su disparo manual dejaba mucho que desear. El crucero de guerra logró zafarse de los disparos de las baterías de tiro de la estación, y se fue, y lo único que quedó de ella fue el rayo de luz de su punto de salto.


ir al principio


**** CONCLUSIÓN **** ir al principio

"Entonces se acabó" dijo la Capitana, tirando el informe sobre la mesa, con tanta fuerza que la carpeta se abrió y los papeles se dispersaron sobre su escritorio. "Todo el mundo parece saber quién es esa mujer, menos nosotros. ¿Sabe qué me han dicho desde Presidencia?"

"¿De cuál?" preguntó Zack, sabiendo que Lochley había hablado con la Presidenta Luchenko y con el Presidente Sheridan en las últimas horas. Zack había estado demasiado ocupado con todo lo acontecido tras la partida de Jeanne tras su partida de la estación, para estar al tanto de las conversaciones.

"Luchenko" respondió Lochley con tono airado. "Me dijo que entendía mi preocupación, pero que por el bien de la Alianza Terrestre no podía comentarme nada más."

"Tal vez esté diciéndonos la verdad" comentó Zack. "He estado hablando con.."

"No me importa si es así o no" interrumpió enojada Lochley. "Mi estación ha sido puesta patas arriba y me gustaría que me dieran una explicación mejor que un 'perdón, es asunto de la seguridad de la Alianza'. Tenemos por lo menos tres muertos, y muchos más heridos. Alguien ha abierto un agujero en la estación, tengo que intentar reemplazar cuatro de nuestros cazas, y después de todo la culpable ha conseguido escapar."

"No creo que tengamos demasiadas opciones, Capitana. Si hubiéramos intentado evitar que se fuera, ese crucero de guerra nos hubiera partido en dos. Diablos, una nave de ese tamaño, si hubiera chocado contra nosotros ahora estaríamos todod muertos."

"Ya lo sé, Sr Allan" dijo Lochley, algo más tranquila ahora. "Es que estoy furiosa porque se haya escapado, sobre todo después de que la Presidenta se haya pasado casi media hora quejándose porque no hayamos arrestado a esta mujer. Y no es que ella mandara naves de las Fuerzas Terrestres para ayudarnos. De hecho, por lo que parece toda la flota parece estar muy ocupada en la otra parte de la Alianza. Es casi como si supieran que esto iba a pasar y se hubieran quitado de enmedio para que nosotros nos tuviéramos que ocupar de ello."

"Eso es típico de la Tierra" sonrió Zack. "¿Qué dijo el Presidente Sheridan? Ha habido más suerte?"

"Dijo que lo investigaría, pero a parte de enviar la flota de Estrellas Blancas a espacio Vorlon para ir tras el crucero de guerra, no hay mucho que pueda hacer."

"¿Estamos seguros de que el crucero de guerra se dirigía hacia espacio Vorlon?"

Lochley asintió. "La Cúpula Terrestre lo ha confirmado, aunque no han dado detalles. La última lectura la situaron en ruta a la frontera del Imperio Vorlon. Puede que no quede ningún vorlon, pero creo que esto muestra que todavía ocurre algo por allí."

"Tal vez sea algo que debamos investigar" dijo Zack "aunque preferiría que fueran otros quienes lo hicieran"

"Estoy de acuerdo" dijo Lochley "aunque me gustaría saber quién era esta mujer exactamente. Evidentemente no era humana."

"No estoy tan seguro de ello, Capitana" respondió Zack. "Dijo que había servido a los vorlons. He estado hablando con el Dr Matsuki, el especialista en biología alienígena a quien la Dra Hobbs le pidió que analizara la substancia similar a la sangre que usted encontró en Gris 19. Tiene una teoría que usted seguramente encontrará interesante."

"Continúe"

"Cree que Jeanne fue humana como usted o yo, pero que fue alterada por los vorlons. Recuerde a Lyta, y lo poderosa que era. Creo que esta Jeanne fue otra de las armas de los vorlons. Ella dijo más o menos eso. El Dr Matsuki ha descubierto que su sangre tiene unas propiedades regenerativas bastante notables, y así fue como fue capaz de sobrevivir a pesar de haber estado flotando en el espacio. También parece que su sangre puede sintetizar --o absorver, el doctor no lo dijo muy claro-- la luz y el calor, y eso explicaría por qué nuestras armas no le hacían daño."

"Eso no explica por qué todo el mundo está tan interesado en ella."

"Bien, además de la fortuna en piedras preciosas que he descubierto cerca de la escena del último ... incidente, el Dr Matsuki también tiene una teoría sobre eso. Es sólo una teoría en este momento, y no podrá comprobarlo a menos que consiga otra muestra de su sangre, pero él cree que es posible que su sangre pueda complementar y reemplazar la sangre humana."

"No estoy segura de si entiendo" Lochley frunció el ceño "¿por qué es eso tan importante?"

"Piense en ello, Capitana. Si su sangre es lo que la hace tan poderosa, y una simple transfusión pudiera traspasar esos poderes a cualquier humano. ¿No sería eso algo por lo que merecería la pena luchar?"

"Lo sería" afirmó Lochley. "Eso explicaría las acciones del Sr Luchennko, pero sigue sin excusar las acciones de ella a bordo de la estación."

"Ella en realidad no hizo daño a nadie" discutió Zack.

"Dígaselo a los tres cadáveres que hay en la morgue" espetó Lochley "eso sin hablar del embajador Vizhak. No esperó nada para venir corriendo a mi puerta para quejarse sobre las últimas atrocidades cometidas contra su gente."

Zack se metió la mano en el bolsillo y sacó un data cristal, y lo puso sobre la mesa. "La próxima vez que vea a Vizhak, dele esto" le dijo a Lochley. "Eso debería callarle."

"¿Qué es?"

"Es una grabación que muestra el asesinato de su ayudante" respondió Zack. "Parece ser que otro de sus ayudantes es el culpable, seguramente fue un intento de ascender eliminando a su ayudante y así tomar su puesto. Al menos uno de los drazi muertos hoy también estaba implicado, sale en la grabación, y estoy a punto de arrestar a toda la banda responsable de inciar esta carnicería. Tengo un personaje bastante desagradable llamado Lynx Riesel encerrado en el calabozo. Con lo que tengo sobre él, espero que cante como un pájaro para intentar librarse de que le hagan un lavado de cerebro. Con un poco de suerte, deberíamos poder atrapar a j'Nialth y al resto de su banda y ponerlos en una celda en un par de días."

"Bien, esas son buenas noticias" dijo Lochley. "No me gusta el modo en que esto ha pasado. Esa mujer debería haber sido detenida en aduanas antes de que pudiera subir a la estación. ¿El escáner no debería haber detectado que su identitarjeta era falsa?"

"Sí, debería" reconoció tarde. "No sé cómo puede ser que se nos pasara. Sospecho que era una buena falsificación. Cada vez que aplicamos una nueva medida de seguridad, alguien termina por encontrar un modo de saltársela. Sin embargo, he ordenado que uno de los técnicos lo investigue. Con suerte, encontraremos pronto una solución."

"Bien. No querría pensar que cualquier delincuente puede entrar en la estación."

Zack casi se rio. "Si eso fuese tan simple, Capitana. Esta estación siempre ha tenido un elemento criminal, y no creo que eso vaya a cambiar. Lo único que podemos hacer es intentar que esté bajo control."

"Sí, espero que lo haga, Mr Allan. Ya he tenido bastante muerte y destrucción por una buena temporada."

****************

Lynx levantó la vista cuando se abrió la puerta, y las figuras uniformadas de dos guardias de seguridad llenaron la entrada. "Depie" ordenó el más alto de los dos hombres, golpeando la pared con una porra. "Tienes una visita."

Una chica delgada, de cabellos rojizos fue guiada hasta la celda. "Hola cariño" dijo, con la voz algo quebrada, como si estuviera asustada de algo. Lynx casi estropeó la actuación de la chica con su gesto de extrañeza, antes de darse cuenta de que esto debía ser seguramente un intento de j'Nialth para contactar con él, probablemente para advertirle que debía estar callado mientras el Thrakallano organizaba su liberación. "Te he comprado un pastel" le dijo la chica, sacando un pequeño plato con un pastel de chocolate medio comido sobre él.

"Hemos tenido que probarlo" le dijo el oficial de seguridad. "para buscar limas y ese tipo de cosas". Le pasó un termo por delante a Lynx "he tenido que confiscar el whisky también" se rió el guardia. "Lástima, era muy bueno". Su compañero se rió ante el comentario, y después de eso los guardias se marcharon, cerrando la puerta tras ellos.

Lynx esperó hasta que oyó que sus pasos se alejaban, y después se volvió hacia la chica. "¿Qué está planeando j'Nialth?" dijo susurrando "¿Cuándo me va a sacar de aquí?"

"No lo sé, sólo me han pagado para que te traiga el pastel, nada más. J'Nialth dijo que te lo diera y que te dijera que te lo comieras" dijo la chica.

"¿Por qué?"

"No lo sé" dijo ella casi llorando. "J'Nialth me dijo que hiciera que te lo comieras y que pronto estarías fuera."

Lynx vio que estaba asustada, se daba cuenta de que era tan sólo una furtiva, así que j'Nialth la debió contratar por alguna razón. "Prueba el pastel" le dijo Lynx con una sonrisa, antes de de añadir en voz más baja "haz que parezca que lo estamos compartiendo. No queremos levantar las sospechas del guardia ¿no?"

La chica negó con la cabeza y cogió un trozo de pastel, dando un pequeño mordisco por un lado, aunque Lynx veía que la mujer se estaba muriendo de hambre y probablemente llevaba días sin comer. Él también cogió un trozo y le dio un mordisco. Estaba realmente bueno y se preguntaba qué planeaba j'Nialth. Después, sintió un extraño entumecimiento que le empezó a afectar y se dio cuenta de lo que ocurría. Se levantó de un salto, y empezó a golpear la puerta. Intentó hablar pero su lengua estaba empezando a hincharse y a afectar al habla. Vio que la chica también estaba afectada de modo similar, y se llevaba las manos a la garganta mientras el veneno seguía su camino por su sistema. Los guardias, claro está, no habían sufrido los efectos porque j'Nialth había puesto el antídoto en el termo, sabiendo que eso sería lo primero que los guardias probarían.

Lynx se llevó ahora las manos a su garganta, intentando conseguir algo de aire, y después cayó de rodillas. 'Bastardo, j'Nialth' pensó mientras caía al suelo de la fría celda metálica, y su vida se le escapaba rápidamente mientras el veneno empezaba a comerrse sus órganos internos. Se maldijo a sí mismo por ser tan estúpido de confiar en j'Nialth. Debería haber sospechado de lo que el Thrakallano le había enviado, pero ahora era demasiado tarde. Ahora su respiración era un castañeteo seco, el sonido de una muerte que se acercaba con rapidez, Lynx Riesel cerró los ojos y se hundió en la oscuridad y el único consuelo que encontró en su muerte fue que al menos Zack Allan no podría machacarle para buscar información.

****************

Aragon Pernimi estaba sentado tranquilamente en el bar, bebiendo de un vaso de alguna bebida humana sin identificar.. y sufriendo la peor jaqueca que jamás hubiera experimentado. No le hubiera importado tanto si la causa hubiera sido el exceso de alcohol, estaba acostumbrado a eso. Pero que un monstruo alienígena intentara freír su mente, eso le dejaba de bastante mal humor. Si no hubiera sido porque él había levantado poderosos escudos para esconderse de cualquier atacante telepático --no estaba seguro todavía sobre aquella mujer. El modo en que ella había bloqueado su escánear fue algo demasiado sencillo, seguro que ella poseía poderes telepáticos y estaba segura de que los humanos tenían al menos un telépata en la estación-- si no hubiera sido por eso, no hubiera sobrevivido a la explosión telepática.

Suspiró y dejó su vaso vacío en la barra y lo lanzó hacia la nube verde-marrón que supuso era j'Nialth. Todavía no estaba seguro de cómo había llegado hasta allí, pero sospechaba que el Thrakallano lo habría llevado, y no quería saber qué le debía ahora al señor del crimen por ello. Al menos la bebida le había recuperado un poco y estaba a punto de recupear la vista. Cuando volvió en sí la primera vez, no podía ver nada, ese era un efecto secundario tras sufrir un ataque telepático de ese calibre, pero lentamente su vista empezaba a recuperarse, junto con el resto de sus sentidos.

La cara insectodide de j'Nialth se puso frente a él, y por un moemento, Aragon casi imaginó que veía un pequeño rastro de preocupación en las facciones impasibles del Thrakallano. "¿Estás mejor?" preguntó j'Nialth con cautela, pasándole otro vaso de líquido ámbar al telépata.

Aragon se tragó la bebida rápidamente, y volvió a poner el vaso sobre la barra. "Mucho mejor" respondió, casi sonriendo. Después su cara recuperó la seriedad. "¿Qué ha ocurrido?" preguntó.

"Te caiste" respondió j'Nialth. "Yo te traje aquí"

"¿Por qué?"

El Thrakallano se lo pensó antes de hablar, ajustó algo en su aparato traductor. Se oyó un leve click y una luz en la parte de arriba del aparato pasó de color ámbar a azul. Cuando volvió a hablar, su voz hablaba en centauri en vez de en inglés. "Te necesito" le dijo a Aragon.

Aragon negó con la cabeza. "Ni hablar" respondió. "He hecho lo que me has pedido, ahora quiero mi billete para salir de aquí. Si me quedo aquí, estaré muerto antes de que termine la semana."

"Estarás protegido" respondió j'Nialth refiriéndose a la habitación en la que se encontraban.

Aragon miró a su alrededor, y vio por primera vez la gran cantidad de personal de seguridad que había en la sala. La mayoría estaban sentados alrededor de mesas rectangulares al final de la sala, golpeando unas bolas de colores con largos palos. La luz era tenue y había un ambiente lleno de humo, que se asociaba con los bares que había en el barrio pobre de Centauri Primero. "¿Qué es este lugar?" preguntó.

"Es mi nuevo bar" respondió j'Nialth, con un tono de orgullo. "Aquí voy a conducir mi negocio sin tener que aguantar a rufianes como ese Lynx."

"¿Dónde está Lynx?" preguntó Aragon, al darse cuenta por primera vez de que el violento lugarteniente no estaba.

"Ha.. desaparecido" respondió j'Nialth. "Se los llevaron los de Seguridad, pero mi sirvientes se deshicieron de él en su celda. Pronto le encontrarán. Ya no me era útil, pero tú sí."

"¿Cómo?"

J'Nialth casi pareció sonreír. Por supuesto, este impasible insectoide no era capaz de poner expresiones faciales como los centauri, pero Aragon estaba seguro de que si el Thrakallano hubiera tenido una cara centauri, ahora estaría sonriendo de oreja a oreja. Movió una de sus garras para señalar la sala. "Seguridad" dijo, señalando a uno de los oficiales. Después señaló a Aragon. "Telépata" Mientras dejaba a Aragon para que pensara en los detalles, le llenó otro vaso y se lo pasó al telépata.

"Tiene posibilidades" musitó Aragon, aceptando el vaso y sentándose para mirar a la multitud que había a su alrededor. "Mollari tendría que pasar por encima de la mitad de la seguridad de la estación para llegar hasta mí. Estaría más seguro que en ningún sitio. Pero a parte de eso ¿qué gano con eso?"

J'Nialth bajó una mano y sacó una pequeña caja. "Muchos créditos" prometió, abriendo la caja para que Aragon pudiera ver el brillo de las piedras preciosas que había dentro. "Salvé estas" le dijo al centauri. "He vendido muchas piedras, pero me quedan suficientes para que tú seas rico.. si aceptas mi oferta."

Aragon bebió un sorbo. Puso una mano sobre la caja. "Bien, j'Nialth, acepto el trato. Trabajaré para ti."

J'Nialth asintió, y dejó la caja a Aragon. Ahora volvió a cambiar su traductor a inglés, de nuevo y subió el volumen, atrayendo así la atención de la multitud. "Bienvenidos a todos al bar de j'Nialth" dijo en tono expectante. "Es costumbre entre mi gente ofrecer presentes a lso clientes durante el primer día de operaciones, así que durante las próximas dos horas las bebidas son gratis."

A excepción de una de las oficiales jóvenes que había cerca de la puerta, toda la multitud que se reunía en el bar se fue corriendo hacia la barra. Aragon sonrió. Parecía que las cosas empezaban a ir bien.

****************

Lejos de Babylon 5, una gran embarcación seguía su camino por las corrientes del hiperespacio hacia el espacio Vorlon. Por el momento, estaba oculto en el caos del hiperespacio, pero pronto emergería al resplandor del sol del sistema Vorlon. En lo profundo de la nave, Jeanne sabía que su viaje casi había terminado. Cuando llegara a las antiguas salas del mundo Vorlon, su reino terminaría por fin. Ella les había adorado una vez, después les siguió porque su causa le pareció justa. Ahora les sustituiría.

A su alrededor, podía sentir una sensación de nerviosismo de su gran compañero. Entendía la gran trepidación de la nave inteligente. De algún modo Zaer'Enin fue el primero de su especie. Su raza había servido a los vorlons durante tanto tiempo que habían perdido su identidad. Se habían convertido en poco más que sirvientes, todavía inteligentes, pero atados a la voluntad de sus maestros vorlon. Ahora por fin serían libres de nuevo. Libres para cazar, jugar, y para pasear por las estrellas, al igual que sus antepasados habían paseado por los océanos de Vorlon, depredadores poderosos que no tenían rival en su maestría en los mares.

Ahora estaban domesticados. Su instinto seguía siendo el de un depredador, pero el fuego que una vez les guió, había sido aplacado por la lógica vorlon. Sus formas, antes suaves y aerodinámicas, habían sido cambiadas tras siglos de manipulación genética para cumplir los deseos de sus maestros. Su piel había sido endurecida y sus aguijones fueron transformados en armas de destrucción masiva. Pero Jeanne podía senrir que todavía había algo en Zater'Enin que conservaba el legado indomable de sus ancestros. El modo en que los cazas se habían desplegado antes, le recordó a un cardumen de pececillos dispersándose cuando se aproxima un pez predador más grande. Sonrió cuando recordó ese momento, ya que fue en ese momento cuando ella se dio cuenta de que la nave de guerra estaba lista.

Había dudado, había estado preocupada por si los vorlons habían alterado la raza de Zater'Enin tanto, que no hubieran dejado nada de lo que habían sido. Pero eso todavía estaba allí, enterrado en lo más hondo, pero seguía presente. Una vez hubiera liberado a los que quedaban de su raza, de su esclavitud, serían libres para desplegarse por toda la galaxia. Y ellos serían sólo los primeros. Jeanne había estado cerca de los vorlons, conocía muchos de sus secretos. Había otras razas que habían alterado para que les sirvieran, razas tan cercanas a los vorlons que ahora se tambaleaban por culpa de su partida. Ella les rescataría, les haría más fuertes y les enviaría, para que se unieran a la numerosa comunidad galáctica.

Después, más allá del Imperio Vorlon, en sistemas no mapeados por ninguno de las llamadas razas principales, vivían otras especies, razas jóvenes que no tenían a nadie que les protegiera de otras razas. Ella debía estar allí, debía salvarles de la explotación, debía protegerles y alimentarles mientras crecían. Después cuando estuvieran preparados, también ellos llegarían a las estrellas. Los vorlons lo hicieron mal cuando intentaron controlar a las razas jóvenes. Ella no les controlaría, sino que les guiaría y aconsejaría, les daría a todas las razas la oportunidad de vivir, la oportunidad de que cometieran sus propios errores. Ese sería su legado, su orden, y en los años venideros esperaba que los humanos de Babylon 5 la perdonaran por la intrusión temporal en sus vidas.

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Zack bostezó de sueño cuando salió de la oficina de la Capitana. Había sido un día muy largo, en varios sentidos, y estaba deseando irse a dormir, si eso era posible en Babylon 5. Casi en ese instante, su intercomunicador hizo bip. Durante un momento, pensó no contestar, pero finalmente pulsó el botón de recibir.

"¿Jefe?" una voz familiar preguntó. "¿Está usted ahí?"

"¿Qué pasa, Aldred?" preguntó, al reconocer la voz de la joven oficial, y al mismo itempo recordando que la última vez que la había visto fue hace horas. Se esforzó en recordar cuál fue la tarea que le había destinado, pero ella respondió por él.

"Acabo de encontrar al centauri que usted buscaba" respondió, con una nota de orgullo en su voz. "Está ahora mismo sentado en la sala de billar del bar Alfredo, hablando.."

"Gracias Aldred" le interrumpió Zack. "Hablaré con él más tarde. No hay prisa ya."

"Oh" respondió decepcionada. "Pensé que, dadas las circunstancias, tal vez le gustaría ir a comprobarlo por sí mismo ahora."

"Es demasiado tarde" explicó, antes de que ella terminara la frase "¿Qué circunstancias?" preguntó.

"Bueno, el comerciante Thrakallano, j'Nialth, está aquí también" respondió. "No he visto a Alfredo por ningún sitio, así que creo que j'Nialth puede haber comprado el bar. Y están esos alienígenas.. los bilubi. Hay tres aquí, sirviendo de camareros. Em.. y están dando bebidas gratis."

Zack gruñó, y miró de soslayo a los cielos como preguntando '¿Por qué yo?' Justo cuando creía que las cosas podían calmarse un poco, y podría por fin irse a sus habitaciones para dormir unas pocas horas antes del día siguiente, y había pasado esto. La idea de que dos delincuentes importantes unieran sus fuerzas y que compraran el bar que estaba más cerca de la Central de Seguridad --y por lo tanto el bar más popular entre el personal de seguridad-- era suficiente como para hacerle gritar. "Estaré ahí tan pronto como pueda" le dijo. "Espérame allí hasta que llegue, y hagas lo que hagas, no permitas que se vayan."

Cortó la conexión, salió a prisa por el vestíbulo central hacia el Zocalo. Aunque ya era de noche, el Zocalo seguía estando abarrotado, especialmente los bares y los restaurantes. Zack fue esquivando a la multitud, y casi había conseguido pasarles, cuando una voz alegre, y bastante ebria le llamó. Zack miró a su alrededor y vio al Embajador Vir Cotto sentado en un bar, saludándole furiosamente para que se acercara. "Deje que le invite, Sr Allan" Vir sonrió, haciendo un gesto al camarero para que le trajera otra copa. "Parece que haya tenido a un día tan duro como yo."

"Estoy un poco ocupado, Embajador" dijo Zack al acercarse.

Vir no le hizo caso, y le señaló la silla que tenía al lado. "Siéntese, Sr Allan" Cuando el jefe de seguridad se sentó, el camarero se acercó con una copa de vino y la puso frente a él. Vir esperó a que el hombre se fuera y después acercó. "Me preguntaba si podría usted contarme algo de esa nave que vi antes" preguntó, con una voz algo más alta que un suspiro. "Sé que no puedo preguntar el porqué de.. del problema entre la República y la Alianza, pero si los vorlons han vuelto, mi gente necesita saberlo."

Zack dio un sorbo por educación, y notó que era un vino tinto de la Tierra excepcionalmente bueno. "Me temo que no sabemos tanto" le dijo a Vir. "Pero no era una nave vorlon, al menos ya no. Era tan sólo tecnología dejada por lo vorlons. La Alianza está buscando por qué ha llegado hasta aquí y no hay nada de lo que tu gente deba preocuparse."

"Pero.."

"Veré si puedo enviarte una copia de lo que sabemos" prometió Zack, escribiendo una nota mental para aclarar eso con la capitana primero. Le gustaba Vir, pero no quería poner en peligro su carrera debido a esa amistad. "No le digas a nadie que lo has sabido por mí" añadió con una sonrisa, mientras se levantaba y se preparaba para pedir disculpas. Después le vino una repentina chispa de inspiración. Se volvió hacia Vir. "Embajador, ¿no conocerá usted a un centauri llamado Aragon Pernimi?"

"Aragon Pernimi" dijo Vir, escupiendo lo que le quedaba de la bebida. "¿Aragon Pernimi?"

"Deduzco que eso es un sí. Pensé que sería miembro del gremio de ladrones."

Vir se limpió las manchas de líquido de su chaleco. "No es miembro del gremio de ladrones" dijo negando con la cabeza. "Es el líder del Gremio de Telépatas Centauri de la rama de Immolan. Tienen casi tanto poder e influencia como algunas de las casas nobles más antiguas y Lord Pernimi se dice que es una de sus guías, un maestro de considerable poder. Sus honorarios son de los más altos de todos los telépatas centauri y es el segundo, por encima está sólo el Gran Maestro de Centauri Primero. Claro que, desde el año pasado, nadie ha..."

El embajador se detuvo, dándose cuenta de que parecía que estaba hablando consigo mismo. Miró hacia donde estaba Zack, pero lo único que quedaba de él era un taburete volcado y un vaso de vino lleno. El embajador centauri miró a su alrededor, y vio al jefe de seguridad corriendo por el pasillo en dirección al Sector Azul. Se encogió de hombros, cogió el vaso de Zack y examinó el oscuro líquido que había dentro."Creía que no estaría mal" murmuró y echó lo que quedaba en su propio vaso.

FIN

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