INTERESES OCULTOS

(HIDDEN AGENDAS)

ESCRITO POR J.MICHAEL STRACZYNSKI

TRADUCIDO POR J.J.CABREJAS


La comandante Susan Ivanova observó como la familiar imagen de Babylon 5 llenaba la pantalla del Titanes, uno de los primeros destructores de la clase hechicero en salir de la cadena de montaje. La pantalla de mando cubría gran parte de la pared y mostraba todo tipo de salidas de datos que procedían de los sistemas de barrido.

Su primer oficial, el mayor William Berensen, alzó la vista desde su consola. Su voz era firme, clara, eficiente:

 - Estableciendo contacto, comandante

- Pónganlo en pantalla, mayor.

Un momento después, Sheridan, Presidente Sheridan se recordó a sí misma, apareció en la pantalla. Parecía un poco más gris, resultado de las experiencias pasadas durante la reciente guerra civil terrestre, pero su sonrisa era la clásica en John.

- Susan, menuda sorpresa – dijo – Pensé que no volvería a verte en un tiempo.

- Soy un culo de mal asiento, me dejo ver cuando nadie me espera.

Él sonrió:

- Créeme, lo sé. Incluso así, normalmente nos suelen avisar cuando una nave de guerra decide parar por aquí.

- Trato ser discreta – y sonrió ligeramente esperando que cogiera el mensaje por el tono de su voz y dejara de preguntar cuestiones que podrían ponerla en una situación complicada en este momento. No, John, no envié ningún plan de vuelo a la central. Ellos no saben que estoy aquí y no me gustaría tener que decirlo ante de la tripulación.

La expresión de él cambió ligeramente, aunque fue suficiente para que ella se diera cuenta de que se había percatado del asunto:

- De acuerdo...bien, eres más que bienvenida a subir a bordo. Tendré a la comandante Lochley lista para recibirte en el hangar.

- En realidad, señor presidente, esperaba que fuera usted el que subiera a bordo – observó como su expresión cambió de preocupada a intrigada - He...pensado que como nunca ha estado a bordo de un destructor de la clase warlock quizá le gustaría aprovechar la oportunidad y visitarlo.

- Por supuesto – dijo después de tomarse un momento para pensar en la solicitud.

Sabía que no le haría perder su tiempo a no ser que estuviera pasando algo importante. Ésa era la ventaja de haber luchado en una guerra y de haber sufrido junto a tus amigos: después de un tiempo conoces cómo son los otros bajo su piel tan bien como te conoces a tí mismo:

- De acuerdo - dijo finalmente - Acepto tu invitación. Manténte a la espera, voy para allá.

La señal se cortó con un bip y Susan se dio cuenta de que sus músculos estaban tan tensos que comenzaban a doler. Al menos, ha captado el mensaje, pensó, pronto estará aquí y entonces sabré de algún modo u otro si tengo un problema grave entre manos.

Susan esperó en el puerto de atraque presurizado principal mientras la lanzadera de Sheridan se desplazaba a través de los cierres espaciales hasta que finalmente aterrizó en el hangar. Hubo un pequeño silbido mientras se igualaban las presiones de aire hasta que la puerta se deslizó hacia fuera, abriéndose, y Sheridan apareció en la entrada. Asintió hacia ella según bajaba las escaleras y...se detuvo antes de pisar el suelo. Miró hacia abajo casi como si pudiera darse cuenta de por qué se había detenido y por qué se mostraba tan reacio a pisar el suelo del hangar:

- ¿Estás bien? – preguntó Susan

- Sí...bien – dijo – sólo que...he sentido algo extraño, eso es todo

- ¿Qué tipo de sensación?

- Como si alguien caminara sobre mi tumba

Decidió sacudírselo de la cabeza, terminó el recorrido que le separaba del suelo y observó a su alrededor. Cazas, atmosféricos y clásicos, llenaban los puertos de lanzamiento:

- Menudo lugar – dijo mientras se frotaba los brazos

- ¿Tienes frío? – preguntó ella

- Un poco – sonrió – Debe de haber una ventana abierta en algún sitio

- A lo mejor es eso – indicó con la cabeza la esclusa que llevaba hasta la sección de mando.

- Por ahí.

Caminaron a través del suelo metálico hacia el pasillo rojizo que comunicaba la cubierta de mando en un extremo con los camarotes de la tripulación en el otro. Caminaban con tal silencio que la situación se empezaba a hacer incómoda. Ella echaba rápidos vistazos hacia atrás de vez en cuando y notaba que él también observaba en torno a los dos y parecía nervioso.

Cuando llegaron a su camarote, ella permaneció en la puerta para cederle el paso a él y entonces cerró la puerta, bloqueándola con un código. Él se giró en cuanto la puerta fue bloqueada:

- ¿Qué demonios está pasando, Susan?

- Qué quieres decir?

- Quiero decir que desde el mismo momento en que he llegado a bordo he tenido que contenerme para no correr de nuevo hacia la lanzadera y despegar.

- O sea, que no te sientes entre amigos.

- Me siento... – intentó buscar las palabras – Mira, Susan, sabes que confío en ti pero...no, no siento que esté entre amigos. Se que no es lógico, no tengo una base razonable para ello, pero algo dentro de mí me dice que me largue de aquí lo más rápido que pueda.

- Interesante – dijo

- Se ve que ya te esperabas algo así.

- Era una reacción diferente pero como todo lo que pasa en mi vida, parece que nunca obtengo lo que espero obtener.

Caminó hasta un puesto de comunicaciones al otro lado de la habitación que tenía el panel de acceso en espera, en negro:

- Ordenador, permanece a la espera para archivar datos del invitado: Sheridan, Presidente John J. Alianza Interestelar.

La pantalla cobró vida cuando apareció el símbolo del Titanes bajo otro de las Fuerzas Terrestres:

- En espera

Miró a Sheridan.

- Sólo una última cosa y habremos acabado. Pon tu mano sobre la pantalla para que el ordenador pueda reconocerte.

- Susan, ¿qué demonios es esto?

- No puedo decírtelo hasta que me asegure de que tengo razón. Por favor, John, sé que no tiene mucho sentido pero necesito que confíes en mí.

Después de dudar, atravesó la habitación y mantuvo su mano frente a la pantalla. Podía ver en sus ojos la renuencia a tocarla, pero al final la venció. Tocó la pantalla. Ésta se activó, mostrando colores que dieron paso a un trenzado remolino de oscuridad e irreconocibles símbolos antes de que todos se colapsaran y cerraran.

Observó a Sheridan que parecía aturdido, como si se acabara de despertar de una siesta. Se concentró en ella y luchó durante un momento consigo mismo para poder decir lo único que ella esperaba que no dijera, las palabras que confirmarían los temores que había intentado alejar desde el mismo día en que tomó el mando del Titanes:

- Tecnología sombra.

No se dijo nada más en el camarote de Ivanova. Con un único gesto entre ellos, volvieron a la lanzadera y despegaron hacia Babylon 5 donde Sheridan organizó rápidamente una reunión con la comandante Elizabeth Lochley, Michael Garibaldi (el recientemente nombrado Jefe de Inteligencia para la AIE) y el doctor Stephen Franklin.

Era la primera vez que Ivanova y Lochley se veían desde que ésta hubiera sido nombrada Oficial al Mando de Babylon 5 y aunque Ivanova había esperado una situación violenta mientras aguardaban a los demás, se sorprendió agradablemente al encontrar en Lochley una persona muy amigable y hospitalaria. Su estilo de mando era claramente diferente al de Ivanova, caracterizado por si dudas, cárgate a alguien. Sin embargo, desde que tomó el mando del Titanes, había aprendido que a veces una voz calmada podía ser mucho más efectiva y peligrosa que un grito.

Después de que el resto llegara, Sheridan relató su experiencia en el Titanes tras lo cual la habitación permaneció en silencio durante un tiempo que a Susan se le antojó demasiado largo, especialmente para esta gente. Garibaldi, como siempre, fue el primero en hablar:

- No podemos dejarte sola durante cinco minutos sin que te metas en problemas ¿verdad?

- Que te den, Michael -dijo Ivanova. Era bueno estar de vuelta.

- ¿Estáis seguros de que es tecnología sombra? – preguntó Franklin.

- Creo que sí...quiero decir, estoy condenadamente seguro de que así lo sentí.

- Por eso es por lo que quise que subiera a bordo – dijo Ivanova – Después de haber tenido un vorlon dentro durante tanto tiempo, supuse que si alguien podría sentir tecnología sombra oculta, ese alguien sería él. Todo comenzó el primer día que tomé el mando del Titanes – continuó – Teníamos a un telépata a bordo: seguridad telépata para un senador de las Fuerzas Terrestres en una visita VIP a las instalaciones y fue incapaz de permanecer más de diez minutos a bordo. Todo lo que decía es que sentía que algo no estaba bien, algo en la nave. Cuando dijo que podía oír algo gritando en su cabeza me dije Vale, definitivamente tenemos un problema

Lochley permaneció callada durante la conversación, escuchando atentamente el intercambio de impresiones antes de inclinarse hacia delante en su silla:

- Yo no estuve involucrada en la guerra contra las sombras así es que deben excusar mi ignorancia en este tema ¿qué es la tecnología sombra?

- Tecnología orgánica – dijo Franklin – mucho más avanzada que cualquier cosa que tengamos, cortesía de las sombras. Los telépatas en concreto son extremadamente sensibles a ella.

Sheridan se puso de pie a caminar. 

- Sabemos que las Fuerzas Terrestres estaban trabajando en la adaptación de la tecnología sombra para sus propios fines, por que deseaban una ventaja tecnológica frente a las otras razas. Incluso hallamos una base secreta en Júpiter donde se estaba intentando desmantelar un vehículo sombra para averiguar su funcionamiento. Desafortunadamente, lo despertaron mientras revolvían en él y destrozó en millones de pedazos el lugar antes de que lo borráramos del cielo.

- Pero claramente han sacado algo – dijo Ivanova – porque nos atacaron con gigantescos híbridos de tecnología sombra durante la guerra cuando... – se detuvo mirando al resto, incapaz de terminar la frase, cuando Marcus murió – Pensamos que eso era todo de lo que disponían – continuó Ivanova, alejando el pasado – así es que imaginad mi reacción cuando descubrí que estaba prácticamente sentada sobre esta cosa

No les habló de los sueños que había tenido desde que tomó el mando del Titanes; violentas y turbadoras pesadillas atribuibles a su pequeña y latente capacidad telépata que siempre ocultó a los demás, como si la misma reaccionara violentamente a la nave que la rodeaba. No había ninguna necesidad de revelarlo, no después de que Sheridan confirmara su presentimiento:

- Encuentro extraño que algo tan avanzado respecto a nuestra tecnología pueda ser adaptado con tanta rapidez - dijo Lochley.

- La tecnología sombra puede interactuar con cualquier tipo de tecnología que encuentre. Tuvimos un incidente hace un año o así cuando una telépata que había sido alterada para funcionar como el sistema de procesamiento central de un vehículo sombra se despertó en el laboratorio médico. Invadió el ordenador de la estación y se hubiera hecho con el control de todo si no la hubiéramos parado a tiempo. Creo que fue diseñada de modo que pueda ajustarse a todo tipo de tecnología, no importa si sencilla o avanzada, y crecer en ella del mismo modo que los hierbajos infestan un jardín totalmente a no ser que los arranques a tiempo.

- Por lo que veo, parece que tenemos varios problemas aquí – dijo Lochley – Uno, si esto tiene que ver con las Fuerzas Terrestres, es más que seguro que ellos sepan la existencia de esta cosa, así que de nada va a servir lo que digamos excepto hacerles ver que lo sabemos...lo que provocará casi con toda seguridad la reasignación de la comandante Ivanova. Dos, si esta tecnología sombra es una parte integral del ordenador principal de la nave, no podemos simplemente arrancarla.

- Estoy de acuerdo – dijo Ivanova – Sin decir mucho, he hecho que Ingeniería revisade hasta el último milímetro de la nave buscando algo fuera de lo normal. Dondequiera que se halle el interfaz sombra, no podemos encontrarlo.

- E incluso pudiéndolo encontrar – dijo Lochley – si lo intentamos quitar y fracasamos, cosa que creo muy probable, el sistema seguramente anotaría y destacaría la intrusión en su base de datos. De este modo, la próxima vez que se conectara con el repetidor principal de las Fuerzas Terrestres para recibir instrucciones y actualizar las acreditaciones, esa información encontraría de nuevo su camino hacia las altas esferas y entonces...

- De nuevo perdería el mando – dijo Ivanova

- Entonces, estamos justo donde empezamos – dijo Garibaldi – Ahora que sabemos que esa cosa está ahí fuera ¿qué hacemos al respecto? Más concretamente, ¿qué puede hacer la Alianza al respecto?

Esta vez era Sheridan el que había permanecido callado, escuchando la conversación antes de hacer oír sus reflexiones:

- Estamos en una posición delicada con el gobierno terrestre – dijo finalmente – Se han unido a la Alianza pero todos sabemos que fue sólo por una cuestión de cierta presión.

- Sí, yo llamaría a cien Estrellas Blancas totalmente armadas sobrevolando la capital cierta presión – dijo Garibaldi.

- Exactamente. Vieron los beneficios de la cooperación pero aún así se muestran suspicaces. Si vamos a decirles que deben rehacer completamente el cableado de sus flamantes y mejores naves de guerra para adecuarlo a nuestras especificaciones blandiendo unos rifles, lo usarán para decir que estamos intentando debilitar sus defensas para nuestros propios propósitos, que estamos interfiriendo con sus asuntos internos.

- Al poco tiempo seremos crucificados – dijo Franklin

- Entonces ¿qué están diciendo? – preguntó Lochley - ¿Qué no deberíamos hacer nada?

Ivanova agitó su cabeza:

Yo voto contra esa idea ahora mismo

- No estoy diciendo nada de eso. Sólo digo que tenemos que proceder con cautela. En el mejor de los casos, durante los próximos años, según la Alianza crezca y todos los que estuvieron involucrados en el programa de tecnología sombra del presidente Clark vayan siendo descubiertos, mejores personas les reemplazarán y podremos influenciar en ellos para que retiren lo que nunca debió instalarse en esas naves desde un principio.

Garibaldi hizo una mueca:

- Sí, y entonces podremos cogernos de las manos, cantar el kumbaya y todos en el Senado Terrestre nos darán un cálido abrazo y un osito de peluche antes de irnos a dormir.

- ¿Quieres solucionar esto, Michael? – preguntó un Sheridan muy serio – Acabamos de pasar por la lucha más dura de nuestras vidas. ¿Quieres empezar otra?.

- En realidad, no. Sólo que no pienso que podamos confiar en el optimismo. Estoy condenadamente seguro de que nunca me ha aportado nada bueno.

- Estoy de acuerdo. Mirad, el peligro número uno de disponer de tecnología sombra en esas naves es que puede ser comprometedor. Sus sistemas podrían ser controlados por alguien que utilizara una tecnología sombra más avanzada lo que transforma en vulnerable a cualquiera que comande estos sistemas. Por el momento al menos, lo mejor que podemos hacer es asegurarnos de que Susan no tenga que enfrentarse a ese problema. Si los otros warlock caen, necesitamos estar seguros de que pueda permanecer al mando de su propia nave y de que actúe del modo que considere apropiado

- Es la mejor idea que he oído hoy – dijo Ivanova – Pero ¿cómo lo hacemos?

La habitación estaba en silencio. Los presentes, de repente se dieron cuenta de lo enormemente interesantes que eran sus zapatos. Finalmente, Sheridan alzó la vista. Ella captó su idea y reconoció la expresión en sus ojos, lo que una vez llamó la luz tras sus ojos pero, claro, cuando Sheridan tuvo un vorlon dentro sus ojos realmente brillaban y no le resultaba agradable pensar en ello. Conocía esta mirada (medio de genio táctico, medio de genio loco) y sonrió sabiendo que tenía algo en mente:

- ¿Dónde está Lyta? – preguntó.

Lyta Alexander se encontraba de pie en el puente metálico que cruzaba el Zócalo, ausente de la multitud que comía y compraba bajo ella. Miraba mientras varios de los telépatas recién llegados conocían a su líder, un hombre cuyo nombre había aprendido esa misma mañana aunque había sentido su presencia desde su llegada hace seis días. Byron.

Ya había oído el nombre antes: Byron era casi una figura mítica entre los telépatas que habían conseguido mantenerse ocultos después de un tiempo. Se oían rumores de que una vez había sido un policía psíquico al que se le había asignado la tarea de capturar telépatas proscritos. Según otra historia, era el hijo ilegítimo de uno de los policías psíquicos más temidos, Al Bester, pero el cerebro de Lyta ni siquiera podía considerar ese rumor. La idea de Bester apareándose con algo superior a un armadillo en la cadena alimentaria era algo que no podía soportar con el estómago lleno.

No importaba quien era Byron ni cual era su pasado antes del descubrimiento de la no violencia como táctica para la independencia de los telépatas; no había ninguna duda de que era carismático, incluso atractivo de un modo melancólico, oscuro y ascético, como los poetas del siglo dieciocho. Los telépatas refugiados que habían comenzado a infiltrarse en Babylon 5 y congregarse en torno a él como niños llenos de fe, tomando cada una de sus palabras como...

Agitó su cabeza alejando el atractivo del mundo que había llegado a odiar cuando pertenecía al Cuerpo Psíquico y durante su propia vida: familia. Pero eso es lo que le parecía allí abajo, lo que el Cuerpo le había prometido y nunca cumplido.

FAMILIA

Bajó la vista hacia ellos, a los intercambios de abrazos de bienvenida, cosas que nunca había conocido habiendo sido educada en el Cuerpo. El Cuerpo era madre, el Cuerpo era padre. Ese era el modo en el que se suponía que debía ser. Estudió sus absurdamente felices caras, pensando ¿O es ese el modo en el que supone que debe ser?

Quizá se pasaría por una de las charlas de Byron. Si no esta semana, la siguiente. No había ninguna prisa. Sólo iría y escucharía. Después de todo, ¿qué es lo peor que podría pasar?

Comenzó a darse la vuelta cuando Zack Allan la cogió por el codo. Últimamente había desarrollado una habilidad casi sobrenatural de aparecer en todas partes, una y otra vez:

- ¿Te gustaría ganar un poco de dinero? – preguntó sonriendo.

- Depende. ¿Es un trabajo grande o pequeño?

Dudó antes de contestar:

- Supongo que depende de tu definición de grande – dijo.

Lyta se rió agitando su cabeza:

- Vale, he picado. Es...¿más grande que una maleta?.

- Más grande.

- ¿Más grande que un elefante?.

- Más grande.

- ¿Más grande que una nave estelar?.

Zack sonrió de nuevo, de una manera más evidente:

- De hecho, Lyta, por una extraña coincidencia, este trabajo es exactamente del mismo tamaño que una nave estelar.

A ella no le gustó en absoluto esa sonrisa.

Sheridan se preparó durante un momento antes de entrar en el puerto de atraque trece. Cuando el embajador vorlon Kosh fijó su residencia en la estación, fue aquí donde su nave permanecía estacionada. Después de su muerte, la propia nave (basada en una tecnología orgánica tan altamente avanzada que era lo más cercano a una nave viva que nadie hubiera creado jamás) había sido liberada. Actuando entre un piloto automático y consciencia propia, se lanzó hacia el corazón de la estrella local cuando quedó claro que su dueño nunca volvería.

Poco después se convirtió en el hogar de la nave que trajo al reemplazo de Kosh, Ulkesh, un vorlon mucho más impresionante y oscuro. Ulkesh no se había preocupado por la Humanidad del mismo modo que Kosh y se le descubrió incluso trabajando contra ésta durante la guerra contra las sombras. Al final, todo quedó en una batalla entre Ulkesh y las fuerzas de Sheridan, una batalla que se decidió hacia el lado de Sheridan sólo por la presencia del último resto de la consciencia de Kosh que había quedado bien enraizada en Sheridan.

La nave de Ulkesh había sido destruida en esa batalla, rota en seis partes prácticamente iguales. Sheridan ordenó que se remolcaran las piezas al puerto trece para su estudio. Lo siguiente que supo es que las seis piezas se hicieron cinco, las cinco se hicieron cuatro y en seguida quedó claro que la propia nave se estaba autorreconstruyendo, emitiendo diminutos zarcillos para reunir y reparar las secciones rotas, regenerando lentamente las partes que habían sido destruidas.

La nave estaba todavía ocupada con su autorreparación cuando el resto de los vorlon se marcharon al otro lado de la frontera con las sombras, al final de la guerra. Barridos posteriores de la nave mostraron que parecía aletargada, aparentemente muerta. Eso es lo que Sheridan dio por hecho; con su dueño muerto y los vorlon viviendo en un lugar a donde nadie podría seguirlos, no tenía ningún lugar hacia donde ir y simplemente se detuvo.

Sin embargo, ordenó el aislamiento del puerto trece para todo el personal de la estación e incluso él nunca había entrado allí antes. Sólo por si acaso.

Y tal y como había aprendido de los vorlon por las malas, la muerte no siempre era algo tan definido como cualquiera pudiese pensar. Por eso, siempre evitaba encontrarse con la nave. Pero eso estaba a punto de cambiar.

Introdujo su propio código privado y la puerta se deslizó en sus mecanismos, fijándose en los cerrojos de seguridad con un profundo y metálico chunk que resonó en todo el puerto. La nave descansaba sobre sus vías de atraque, silenciosa, sin movimiento, sin vida. Esperando, pensó vagamente. Esperando a que alguien la despierte.

Bajó la rampa, caminando hacia la nave que se encontraba sobre él, más grande de lo que la recordaba. Era lisa y brillante y parecía casi un calamar en uno de sus extremos, con una línea aerodinámica que terminaba en el otro extremo en delicados pétalos que se abrían y cerraban para irradiar el calor causado por los saltos hiperespaciales. No había ninguna puerta visible, aunque Sheridan había visto abrirse un iris en el lateral para permitir la entrada a Kosh.

La nave tenía una sombra rojiza que nunca había visto hasta ahora, con un brillo que parecía provenir desde un lugar más profundo del que podría o debería venir. Su mirada se mantuvo en movimiento, apartándose de él, como si sus ojos no pudieran concentrarse en el casco. Existía un moteado oscuro a lo largo de todo el exterior de la nave que cambiaba cuando estaba en el espacio como la pigmentación de un camaleón.

Que poseía defensas era seguro; las había visto en acción en la nave de Kosh cuando una vez cometió el error de acercarse demasiado. Fue un error que juró no cometer de nuevo. Eso también estaba por cambiar.

Se aproximó más. Por ahora no había respondido a su presencia, no había mostrado ningún indicio de actividad. Parecía totalmente segura, lo que le preocupó todavía mucho más.

Extendió una mano y acortó tentativamente aún más la distancia entre ambos. Esperaba que la nave, que había sido construida por los vorlon, reconociera a alguien que también había sido tocado profundamente por ellos. Esperaba conservar todavía lo suficiente de esa presencia como para llamar la atención de los escáneres.

Principalmente, esperaba que no creciera un tentáculo - cañón láser y que le disparara, transformándole en un montoncillo humeante sobre el suelo. Tocó la nave. Parecía artificialmente fría a su mano desnuda. Era el frío del espacio. Era el frío de la muerte. Era el frío de algo infinitamente más antiguo y peligroso de lo que él era. Empezaba a preguntarse que demonios estaba haciendo aquí cuando la piel de la nave tembló.

Tembló. Como la piel de un reptil despertándose con el primer cálido rayo de sol. Sabe que estoy aquí, pensó. O esto no va a funcionar o voy a acabar tan condenadamente muerto que mis antepasados hasta la quinta generación van a tener un presentimiento realmente malo sobre el futuro.

La piel del casco se calentó lentamente bajo sus dedos. Entonces, sintió (más que oyó) un cambio en el puerto, un sentimiento de motores ocultos despertándose, de escáneres y sensores escrutando el exterior, escuchando, sintiendo, viendo, tocando. Tocándole a él.

Sheridan se dio cuenta de que estaba aguantando la respiración. Entonces, el casco se ablandó bajo su mano y pareció abrirse hacia dentro, hacia la nave. Apartó su mano según el casco continuaba tirando en dirección contraria a él, doblándose sobre sí mismo y despacio, despacio, abriéndose como un iris.

En poco tiempo, la entrada estaba completamente abierta, revelando sólo oscuridad a partir de ese punto. De pronto, Sheridan se halló recordando una frase de la Biblia: Después que abrió el sello cuarto, oí una voz del cuarto animal que decía: ven. Y he aquí un caballo bayo, cuyo jinete tenía por nombre Muerte y el Infierno le iba siguiendo.

Sheridan se movió hacia la entrada de la nave. Ven, pareció susurrar. Sheridan entró.

Lochley andaba y desandaba sus pasos frente a la gran ventana que era la pieza central de la cúpula de observación, más conocida popularmente como Centro de Control o C y C. Ya había pasado cerca de una hora desde que Sheridan entró en el muelle trece. Sé que otra persona debería haber hecho esto, pensó resignada El único problema es encontrar a alguien que haya sido parte de un vorlon alguna vez y, maldición, no hay nadie de estas características cerca cuando realmente se le necesita.

Un visiblemente agitado teniente Corwin la llamó desde su puesto:

- Tengo al presidente Sheridan para usted en el canal cuatro. Sólo audio.

- Pásemelo.

Cruzó hasta el ordenador principal y apretó el botón de acceso al canal cuatro:

- ¿Señor presidente? ¿Se encuentra bien?

Por un momento, sólo se escuchó una especie de estática que no había oído antes. Se desplazaba entre la región audible y no audible de la escala sonora, frecuencias solapándose unas con otras de tal manera que hacían que los oídos picaran. Finalmente, la voz de Sheridan se hizo clara:

Estoy bien - dijo. Aunque se encontraba sólo unas cubiertas más abajo su voz sonaba a millones de kilómetros de allí – Estoy...dentro.

- ¿Y cómo es? – preguntó.

Hubo otra larga demora:

- No hay palabras.

- ¿Cree que puede controlarla?

- No estoy seguro – Hubo otra pausa más larga aún que la anterior. De repente a ella le dio por pensar que los sonidos alrededor de él estaban siguiendo un patrón deliberado, un modo rítmico, como si la nave estuviera...No, no seas ridícula, pensó, la nave no le está cantando.

Entonces su voz de nuevo regresó:

- Creo que sí – dijo – Creo...creo que le gustaría realizar algo interesante.

Miró a Corwin. Corwin la miró a ella:

- A la...nave...¿le gustaría realizar algo interesante?

- No pregunte - dijo Sheridan - ¿Está todo el mundo en su sitio?

- Lyta está a bordo del Titanes con Ivanova. Estarán listas cuando usted lo esté.

- Entonces, que comience el espectáculo – dijo Sheridan - Abra el muelle trece, preparados para el lanzamiento.

- Así lo haremos – dijo y, en un chasquido final de estática antes de que cerrara el canal cuatro, le pareció oír un ruido que le sonó como el ruido que haría una nave si estuviera pensando. Cuestión de tiempo. Agitó su cabeza. Llevas aquí menos de un mes y ya necesitas unas vacaciones.

- Abran el muelle trece y despejen el resto del tráfico en la zona – le dijo a Corwin.

- Está saliendo.

Ivanova miró la pantalla en el puente de mando mientras la nave vorlon emergía del puerto de atraque central de Babylon 5 y despacio, comenzó a dirigirse grácilmente hacia el Titanes. Nunca dejaría de sorprenderse de la habilidad de esas naves para conjugar en ellas tanto belleza como terror al mismo tiempo. Sintió temblar a la nave. Berensen comprobó su pantalla:

- ¿Comandante? Recibimos algunas lecturas anómalas de los...

Antes de que pudiera acabar la frase, los motores del Titanes cobraron vida, tirándole a él mismo y al resto de sus asientos sin que la gravedad artificial, que estaba destinada a compensar estos movimientos, hiciera nada para impedirlo.

La sala se agitó violentamente mientras la nave giraba primero en un sentido y luego en el otro. Cualquier cosa que no estuviera anclada era arrojada a través de la habitación; algunos miembros de la tripulación se estrellaron contra las paredes y chocaban contra sus pantallas.

Ivanova había visto una vez algo de un antiguo deporte llamado rodeo. Había visto como un caballo saltaba violentamente, tratando desesperadamente de zafarse de su jinete y siempre se había preguntado cómo debería de sentirse el jinete. Ahora ya no le cabía ninguna duda:

- ¿Qué está pasando? – gritó Berensen desde la parte posterior.

- Oh...nada – dijo ella – Sólo agárrese.

En el hangar, Lyta concentró profundamente sus pensamientos en el centro orgánico de la nave, luchando por el control mientras la nave vorlon emitía prolongaciones que se enrollaban en los propios conductos del Titanes así como en sus diferentes mecanismos.

Una vez que la nave vorlon aterrice, puedes estar segura de que la tecnología sombra la reconocerá y luchará endiabladamente le había dicho Sheridan Cuando eso suceda, alguien va a tener que ir allí y luchar a un nivel orgánico, mente contra mente, hasta que la nave vorlon haga lo que siempre hace la tecnología sombra con los sistemas: hacerse con el control. Todo lo que tienes que hacer es asegurarte de que el Titanes no termine partiéndose en miles de pedazos antes de que se finalice el trabajo.

Ella podía sentir una rabia ciega que emanaba de algún sitio del interior de la nave donde la orgánica y sensible tecnología sombra había sido cuidadosamente aplicada en el sistema informático estándar. Podía visualizar sus pensamientos en la oscuridad, tras sus ojos, podía ver su desesperación mientras una llama roja brillante crepitaba hacia todas direcciones. Se asió a la nave, luchando por no ser arrojada a través del hangar.

El triple cierre de las escotillas se abrió. El aire salió disparado de dentro hacia fuera, rugiendo a su alrededor, otro rugido más que añadir al que ya sonaba en su mente. Las paredes que la rodeaban comenzaron a ceder, girando y chirriando debido a la fatiga del metal. Va a romperse en mil pedazos...se va a autodestruir antes de dejar que una nave vorlon se haga con el control.

Contraatacó con todas las fuerzas de su mente, intentando luchar para hacerse con el control del acceso orgánico a los motores y a los sistemas de navegación justo como si tratara desacoplar un cerebro humano del control de los dedos, piernas y centros del habla.

De pronto notó como si algo se abriese en la parte alta de su nariz y algo caliente bajó hasta su labio superior. Poco después, notó el sabor de la sangre. Estupendo, ¡genial! pensó y aumentó la fuerza.

Berensen se agarró a la consola que estaba frente a él, negándose a ser zarandeado una vez más:

- Los sistemas propulsores se están sobrecalentando y se aproximan hacia la sobrecarga.

- ¿Cuándo sucederá? - gritó Susan sobre el ruido.

- ¡En dos minutos!

Lyta comenzaba a desfallecer. Luchó para intentar mantenerse, para penetrar en el centro orgánico sin estar muy segura de cuanto más podría realizar este esfuerzo...

Entonces, de repente, la furia rojiza que estaba frente a sus ojos fue seccionada por una verde y fría determinación que crecía, rodeándola, hundiéndola. Se arremolinaron la una alrededor de la otra, una combinación de colores e intenciones, golpeando, retirándose, fintándose, dándose caza y súbitamente, una estocada verde golpeó profundamente a la roja, paralizándola. Y entonces el rojo desapareció y sólo el verde permanecía. Y en lugar del rugido furioso, el verde cantó en su mente.

Abrió sus ojos mientras la nave se calmaba y paraba de zarandearse. Las escotillas se cerraron despacio y pudo oír el silbido del aire mientras se equilibraban las presiones al entrar nuevo aire al hangar a través de los filtros.

Lyta liberó a su presa mortal del equipo que la rodeaba y se dio cuenta de que sus brazos y piernas estaban temblando. Deseaba desesperadamente sentarse en algún lugar pero como las sillas más cercanas estaban dos cubiertas más arriba, cayó al suelo sin preocuparse del charco de lubricante sobre el que había situado su traje presurizado. De un modo imposible, improbable, estaba viva y eso era todo lo que importaba.

Al poco tiempo, el lateral de la nave vorlon se abrió a través de su iris y Sheridan apareció en la entrada. La miró y la saludó sonriendo. Triunfante. Ella le devolvió el saludo a duras penas. Entonces se desmayó sobre el suelo de la cubierta de vuelo.

- ¿Algún otro problema con el interfaz? – preguntó Sheridan.

Ivanova agitó su cabeza mientras caminaba junto a él en el Titanes a través del pasillo principal de la tripulación:

- Nada serio. Algunos problemas menores aquí y allá, la temperatura interna está un poco más alta de lo que debería y un par de canales de comunicación están estropeados pero supongo que le echaremos un vistazo a eso en breve.

- Bien – dijo Sheridan

- Hemos hecho pruebas a Lyta. Parece estar perfectamente aunque bastante fatigada – continúo Ivanova – La hemos embarcado en la lanzadera y dado algo para ayudarla a descansar y recuperarse. Le agradecería personalmente lo que ha hecho pero ya vamos retrasados con respecto a nuestro calendario y si no volvemos enseguida a él, la Central Terrestre va a querer saber donde estamos y donde hemos estado y preferiría evitar esa conversación si puedo.

- Entendido – Se detuvieron enfrente de la puerta principal de la cubierta de vuelo y él se giró hacia ella – Ha sido estupendo volverte a ver otra vez, Susan. Sé que ahora tienes tu propia misión por la cual preocuparte pero siempre serás bienvenida cuando te dejes caer por aquí.

- Lo sé – dijo – Es sólo que...no estoy segura de sentirme lo suficientemente cómoda con lo que sucedió...con lo que hizo Marcus...para pasar algún momento aquí. Al menos, no por ahora. Sólo que...necesito un poco de tiempo, eso es todo.

- Por supuesto – dijo con voz calmada - Bien, buena suerte con tu nave, Susan. Recuerda que tienes que hacerle el cambio de aceite cada cuatrocientos par-sec y mantén condenadamente alejado a todo el mundo de la cubierta de vuelo siete.

- Lo haré – dijo – Gracias de nuevo, John y no te preocupes, seguro que nos encontramos pronto.

Él sonrió y, para su sorpresa, le dio un abrazo:

- Sé que lo haremos – dijo. Se giró para entrar en el hangar principal.

De vuelta al puente de mando, Ivanova se detuvo para contradecir las instrucciones de Sheridan y echar un vistazo al hangar siete. La nave vorlon era lo único que había allí, situada silenciosamente en el centro del puerto, pensando lo que quiera que los vorlon piensen, con un zumbido silencioso a lo largo de todos sus sistemas de control. Ilógicamente, le parecía contenta.

Él tenía razón, debo mantenerme alejada de este lugar, pensó y salió de nuevo cerrando la puerta y bloqueándola con una clave de mando para que nadie bajo su rango pudiera abrirla. Entonces, con una furtiva mirada hacia atrás, continúo hacia el puente de su nave.

Sheridan observó desde la lanzadera como el Titanes se alejaba de Babylon 5 dirigiéndose hacia la plataforma de salto. Era la nave de Ivanova ahora, de nadie más, sin intereses ocultos ni ninguna oportunidad de comprometer el control de la misma. Sabía que podría serle útil algún día y algún tipo de programa basado en tecnología sombra dejado atrás e implantado en las naves de clase warlock era activado. Si llegara ese día, sabía que al menos habría una nave libre de esa influencia y que no iría junto a las demás, que sería independiente.

Y le parecía muy apropiado que fuera la nave de Ivanova...porque esa era una descripción bastante acertada de la propia Ivanova.

- Adelante – le dijo al piloto, mirando hacia atrás donde estaba Lyta, dormida en la parte posterior de la lanzadera – Llévenos a casa.