EL RETROCESO DEL NAUTILO

(THE NAUTILUS COIL)

ESCRITO POR J.GREGORY KEYES

TRADUCIDO POR J.J.CABREJAS


- Ya he tenido bastante – dijo Garibaldi al hombre de la pistola.

- Si espera en silencio – dijo el hombre ajustando la mira al corazón de Garibaldi – alguien estará con usted en un momento.

Con su mano libre retiró un largo mechón de su pelo negro que amenazaba con dificultarle la visión. Garibaldi casi saltó hacia él en ese momento. Con su pelliza negra y su camiseta raída, aquel tipo no parecía tener mucha idea de manejar un PPG pero a esa distancia cualquiera podría tener suerte:

- ¿En un momento? – gruñó Garibaldi – Ya llevo aquí bastantes momentos, amigo, y tal y como he dicho ya he tenido bastante. ¿Quiere leer mi mente? Por favor, está invitado pero no le gustará lo que va a encontrar.

-No realizamos barridos mentales sin permiso – dijo el telépata con una ligera sonrisa que indicó que mentía.

- Tú eras parte de la pandilla de Byron ¿verdad?. Pareces uno de ellos. Tan unido al color negro como lo está el Cuerpo Psíquico. Supongo que la educación recibida termina saliendo por algún lado ¿eh?. Pero como por aquel entonces estabas por Babylon 5, sabrás quien soy. Y también sabes que la persona que te ordenó mantener tu culito firme no es la que te paga las facturas. Soy yo el que sufraga vuestros PPG, el cerdo, las judías y el acondicionador de pelo para tu pelo laaaaargo y brillante.

- Sé quien es usted, señor Garibaldi – dijo el telépata – Todo el movimiento le está agradecido por su apoyo pero, como exmilitar, comprenderá que tengo mis órdenes

- Esa es la cuestión. Nunca me preocupó el uniforme o acatar las órdenes. Y ahora que lo pienso, tampoco le preocupó a vuestro santo Byron.

El telépata cambió la leve sonrisa por un ceño fruncido aunque no dijo nada:

- Mira – dijo Garibaldi – Sólo quiero hablar con quien esté al mando y quiero hablar ahora. Me esperan.

- ¿Valdré yo?

Un pequeño escalofrío subió por el cuello de Garibaldi al escuchar la voz familiar. Sin embargo, se giró para dirigirse a ella. Una mujer delgada y pelirroja que tenía los ojos negros como brasas de carbón interestelar:

- Lyta, dile a este soldado de juguete que tiene como cuatro segundos para quitarse de mi vista antes de que la vida se haga muy dolorosa para él.

Lyta miró a Garibaldi durante un largo y silencioso momento:

- No molestes a mi gente, Garibaldi – hizo un gesto casi reticente al guardia – Déjale, Anthony – Se giró y caminó por el pasillo. Bufando, Garibaldi la siguió.

- ¿Está aquí? – preguntó.

- No – dijo Lyta – El señor Bester no está aquí.

Garibaldi tomó a Lyta por el brazo, haciéndola girar sobre sí misma. Ella retiró el brazo violentamente y sus ojos se estrecharon de una manera peligrosa:

- Adelante – replicó él – Hazlo. Haz pedazos mi mente o lo que quiera que hagas cuando miras a la gente de esa manera pero ya estoy harto de ti. He accedido a financiar tu pequeña revolución y tú accediste a conseguirme a Bester. Ahora veamos. De este trato has sacado aproximadamente diez millones de créditos, tres naves y suficientes armas como para disparar a cada hombre, mujer y niño de Calcuta con una pistola diferente. Ahora recopilemos mis recibos. Ibas a eliminar el pequeño bloqueo mental de Bester – se dio unos toquecitos en la cabeza - ¡Anda! ¡Si todavía está ahí! ¿Qué te parece? ¿Y Bester? Todavía está vivo y es libre. Y para hacer las cosas aún más divertidas, hace cuatro días recibo una llamada con el código de prioridad que acordamos. Sin ninguna explicación ni nota por tu parte, sólo ven rápido. Bueno, señora, he venido rápidamente hasta esta bola de hielo perdida de la mano de Dios. Mi nave es registrada, tú matón de pacotilla me detiene, apareces tú y me tratas como algo que acabas de encontrar en la suela de tu zapato. Pues ahora mismo me vas a decir que está pasando o esto se acaba. Todo. Y te pagas tú tus malditas facturas.

Por un instante, Garibaldi pensó que se había pasado la raya y que iba a ver como aquellos ojos se volvían negros y cortarían su mente tanto como una lechuga en una ensalada Cobb. Pero entonces su cara se suavizó y un atisbo de la vieja Lyta se asomó a su dura máscara; la mujer callada, compasiva y algo inocente que conoció en Babylon 5:

- Estoy un poco al límite – dijo – El Cuerpo nos ha estado apretando las tuercas, en especial Bester. Por los datos que tenemos, los centros de rehabilitación se han convertido en campos de exterminio. Hemos perdido a mucha buena gente. Mi gente, Michael – cerró los ojos pero cuando los abrió seguían siendo humanos – Tienes razón, no debería haberte tratado así.

- Lyta, sólo dime de qué va todo esto. Despacio, por favor.

Ella asintió:

- ¿Sabes dónde estamos?

- ¿Es una pregunta con truco o una de las profundas cuestiones filosóficas de Byron sobre la naturaleza del Ser? He venido hasta aquí después de todo. Ve a Júpiter, gira a la izquierda hasta la primera gran esfera de hielo picado a la derecha.

- Ya me he disculpado, Michael ¿Podemos mantener una conversación adulta?

Se mordió la lengua para contener otro comentario sarcástico y entonces suspiró:

- Podemos intentarlo. Comencemos de nuevo. Estamos en una instalación extremadamente escondida bajo la helada superficie de Ganímedes. Parece que ha habido bastante violencia reciente por aquí. Supongo que será alguna base secreta del Cuerpo Psíquico que habéis machacado.

- Sí, es el otro libro de cuentas.

-¿Perdón?

Las comisuras de sus labios se alzaron como el inicio de una sonrisa:

- Pensé que tú, de todas las personas, sabrías de qué estoy hablando. Antes, cuando la gente llevaba la cuenta de su economía en papel, los hombres de negocios deshonestos mantenían dos juegos de libros diferentes: uno con las transacciones reales...

- ...y otro muy bonito que tapaba los negocios sucios, entiendo. Entonces, ¿este sitio...?

- Entre otras cosas, es un archivo. El archivo secreto, uno que pocas personas incluso en el seno del Cuerpo Psíquico, conocen.

- ¿Cómo os enterasteis de esto?

- Me encontré con una de estas personas selectas y le convencí de que me lo contara.

Eso hizo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de Garibaldi. Sabía muy bien lo que los telépatas podían hacer cuando se metían en tu cabeza y Lyta era probablemente la telépata viva más poderosa:

- No te preocupes, Michael – dijo Lyta suavemente al comprender su expresión o registrando sus pensamientos – Al fin y al cabo, sólo era otro telépata. Sospecho que no te hubiese importado si nos hubiéramos aniquilado mutuamente.

- Eso no es justo. Sabes que no pienso esas cosas – respondió Garibaldi encogiéndose de hombros – Tú eras la que quería tener una conversación civilizada. ¿Has encontrado algo que crees que debería conocer?

- Sí. Por aquí.

Abrieron una esclusa de aire, entrando en una habitación considerablemente más fría que la que acababan de abandonar. Lyta tomó una cazadora thermaskin del armario:

- Probablemente quieras esto.

La cogió y se introdujo en ella:

-¿Por qué está inclinado el suelo?

- Cuando construyeron esta base, fundieron el hielo de la superficie y la encajaron en ella. Desde el espacio parece un impacto de un meteorito. Incluso para el radar podría pasar como uno de los cientos reflejos metálicos con forma de pluma producidos por los volcanes. El complejo está construido en módulos, cada uno de los cuales tiene capacidad de automantenimiento y flotación en caso de que el hielo se funda de nuevo, digamos en una explosión termonuclear en la superficie. Cuando llegamos, el capitán de la base había iniciado la secuencia de autodestrucción destinada a separar los módulos y hundirlos otro kilómetro más o menos. Pude pararle y detener la secuencia pero no antes de que las primeras cargas hicieran explosión. El hielo de los alrededores de este módulo se derritió lo suficiente como para girarlo un poco. Vamos.

Llegaron hasta otro cerrojo pero cuando éste giró se vieron frente a un túnel excavado directamente en el hielo:

- El siguiente módulo se perdió y hundió unos diez metros así es que hicimos esto.

- Hace frío.

- Sí. No podemos calentarlo lo suficiente sin que se derrita el hielo, pero no está lejos.

No lo estaba, pero el siguiente módulo estaba también frío cuando entraron en él. Algo que quedó corroborado por seis policías psíquicos uniformados que yacían en diferentes posiciones el suelo, más duros que una roca:

- Me gusta como habéis decorado este sitio.

- No lo hemos hecho nosotros. Es el Cuerpo autosacrificándose.

- No hay necesidad de ponerse a la defensiva – dijo Garibaldi.

- Tienes la propiedad de hacer que la gente se ponga a la defensiva, Michael.

- Bueno es saber que el sentimiento es mutuo.

- Éste era el anexo del archivo. Está todo aquí: los experimentos que llevaron a cabo con su propia gente, asesinatos, los ¿podemos decir cambios? en el gobierno. Todo lo que necesitamos para inclinar a la opinión pública hacia nosotros, creo.

- Eso es fantástico – dijo Garibaldi sinceramente, advirtiendo que la expresión de Lyta era de todo menos optimista – Podemos poner fin a esto.

Pero no antes de que fría a Bester

- Eso es lo que pensé al principio – dijo Lyta – Pero entonces uno de nosotros encontró algo preocupante.

- ¿Cómo qué?

- Un archivo sellado durante más de sesenta y cinco años con una encriptación múltiple. Y, lo que es más interesante, tenía un cierre que sólo un telépata de alto nivel podría abrir.

- Nunca había oído hablar de nada parecido.

- Yo tampoco.

- Pero lo abriste.

- No. Alguien ya lo había hecho y estuvo casi un año utilizando una potente inteligencia artificial para descifrar el código.

Garibaldi hizo un gesto a uno de los cuerpos:

-¿Éstos?

Lyta asintió:

- Aún estaban resolviendo algunas cuestiones cuando sucedió, pero los principales secretos del documento ya se sabían desde hace unos días al menos.

- ¿Me vas a mantener a oscuras?

- No – tocó una pantalla y un campo de estrellas se hizo visible. Volvió a tocarla, aislando una simple estrella amarilloanaranjada – Por lo que sé – dijo – esta estrella no tiene nombre. Está situada a unos cincuenta y ocho años luz de la plataforma de salto cartografiada más cercana y no hay ningún informe de visitas excepto éste.

-¿Qué quieres decir?

- Hace setenta años, el Cuerpo Psíquico envió una expedición secreta al segundo planeta de esta estrella. Nunca volvió y nada se ha vuelto a saber de ella.

- Eso es imposible. Hace setenta años...eso es antes de que tuviéramos naves con generadores de punto de salto.

- Cierto. La nave del Cuerpo era un vehículo sublumínico, capaz de viajar a velocidades relativísticas muy cercanas a la velocidad de la luz. Por lo que podemos decir, viajó al rebufo de una nave centauri hasta una plataforma de salto al borde de su espacio y continuó desde allí por sus propios medios.

Garibaldi frunció el ceño:

- ¿Cincuenta y ocho años a velocidad sublumínica? Eso significa que debe de estar llegando ahora.

- Pensamos que llegó a algún sitio hace entre uno y ocho años, dependiendo de sus protocolos de desaceleración. Su llegada podría ser lo que llamó la atención del Cuerpo respecto a este fichero; un reloj oculto, funcionando todo este tiempo, que finalmente ha hecho sonar su alarma.

-Pero sigo sin comprenderlo. Consiguieron que la nave centauri les acercara bastante, ¿por qué no todo el camino?

- Porque – dijo Lyta – En esas fechas, la estrella se encontraba en el espacio vorlon.

- Oh, vaya.

- Exactamente, Michael, necesito tu ayuda. Necesito llegar a ese planeta y necesito enfrentarme a Bester allí.

-¿Crees que ha ido?

-Sé que envió una expedición. Podría estar o no con ellos. Michael, no podemos permitir que regresen de allí.

-¿Por qué?

- No...no puedo decírtelo todavía, No lo haré hasta que no accedas a ayudarme. Consígueme una nave con capacidad para crear su propio punto de salto.

- Tienes idea de lo que estás pidiendo? Naves como esas no crecen en los árboles.

- Tú tienes recursos y puedes hacerlo.

- Seguro. Pero haz que valga la pena para mí. ¿Qué es lo que el Cuerpo se va a encontrar allí?

Ella dudó:

- Si vienes, retiraré el bloqueo mental que Bester te puso.

- Se supone que tienes que hacer eso de todos modos pero continúas dilatando la espera. Y no has contestado a mi pregunta.

- No habrá más retrasos, Michael. Eliminaré el bloqueo en el momento en que me des tu palabra.

Garibaldi se frotó la barbilla:

- Quiero saber qué hay ahí fuera – insistió.

- Ni yo misma estoy segura de eso – respondió Lyta – Pero sé una cosa: si Bester llega allí primero, vamos a perder esta guerra. Y cuando digo vamos no sólo me refiero a la resistencia sino a ti también. Si lo que sospecho es cierto, Bester ha encontrado finalmente una bala mágica y después de dispararnos con ella pondrá otra en el colectivo cerebral mundano. Puedes estar seguro de ello.

Garibaldi suspiró:

- Genial. ¿Y eso es todo lo que vas a decir?

- Por el momento sí.

Garibaldi pasó la mano por su calva:

- Vale, aquí están las condiciones. Mi nave, mi expedición. Puedes venir y traer a alguno de tus amigos, pero yo tengo el control porque no puedo confiar en Bester y quizá tampoco en ti ¿cierto? – Ella no contestó – Mira, sé hasta donde estás dispuesta a llegar para acabar con el Cuerpo Psíquico y te apoyo, pero hay gente en tu organización que nos trataría tan bien como Bester.

- Eso no es cierto. Sólo queremos que nos dejen en paz, tener nuestro propio mundo.

- Eso es lo que tú dices y honestamente creo que hablas en serio pero nunca he conocido a un telépata que no guarde resentimiento...

- ¿Cómo puedes culparnos? ¿Después de doscientos años de haber sido usados, oprimidos, controlados y asesinados?

- Gracias por darme la razón – respondió Garibaldi – A mi manera o nada, Lyta. Tiene que ser así.

No lo dudó mucho. Incluso si no le estaba leyendo la mente, le entendió con la suficiente claridad como para ver que no estaba tirándose un farol:

- Vale – dijo – ¿Cuándo empezamos?

El PPG silbó ligeramente cuando se cargó y también lo hizo Garibaldi (La Rosa Amarilla de Tejas, algo desafinada). Pulsó el contacto y disparó salvajemente cuando la habitación parpadeó en verde. Todavía silbando, produjo otra imagen holográfica de Bester, situada al lado de la una ennegrecida por un disparo, y dio un paso atrás:

- ¿Cuánto tiempo más va a durar esto? – preguntó Lyta desde el marco de la puerta.

- Estoy saboreando uno de los pequeños placeres de la vida – dijo Garibaldi – La habilidad de no sólo querer matar a alguien sino ser realmente capaz de hacerlo.

- Creo que he creado un monstruo.

- No, sólo lo has lo has liberado. El galardón en la categoría de fabricante de monstruos es para... – apuntó y disparó. El malvado rostro de Bester se desvaneció en un fogonazo de helio supercaliente. Garibaldi sopló un imaginario humo del cañón del PPG y lo enfundó – Hace dos días no podía hacer eso. No podía siquiera disparar a esa maldita imagen. Gracias, Lyta.

- No importa. Pensé que te gustaría saber que vamos a efectuar el salto en una hora.

- ¿Ah, sí? En ese caso, agradecido como estoy, ¿no deberíamos mantener otra conversación? Quiero decir que era Bester el que solía sacar a colación toda esa mierda de sólo lo que necesitas saber.

Ella asintió reacia:

- ¿Quedará esto entre tú y yo?

- Soy el espíritu de la discreción.

- Bien – cruzó los brazos y se giró para poder ver las estrellas a través de la ventana – ¿Crees...? – se detuvo.

-¿El qué?

- ¿Crees que estoy loca? En todas esas estrellas, en todos esos mundos ¿No podría haber algún lugar al que llamar hogar?

- No es tan sencillo.

Ella suspiró:

- Lo sé. Solía pensar que existía esperanza ¿sabes? Que los normales y los telépatas podríamos vivir juntos. Ahora... – de nuevo su voz disminuyó hasta desaparecer en un silencio.

Garibaldi mantuvo sus labios unidos, tomándose un momento para considerar lo que iba a decir, lo cual era algo inusual en él:

- Creo que Byron era un irresponsable – comenzó, y la ráfaga de dolor y rabia que cruzó la cara de Lyta le indicó que no había considerado demasiado tiempo sus palabras – No, mira – se apresuró a decir, alejando de sí algo imaginario cuya altura le llegaba al pecho – Sé que era tu amigo y mucho más. Le querías y el amor nos otorga un cuadro de visión en túnel de primera clase. Fíate de alguien que lo sabe muy bien. Pero lo que quería decir es que pienso que tenía razón en una cosa al menos. No importa lo que quieras tú o lo que quiera yo: no podemos vivir juntos. Esto no es como los antiguos fanatismos, basados en criterios estúpidos como el color de la piel o la religión. Esto es real. Tú puedes leer mi mente y yo no puedo leer la tuya. Es muy difícil para ti no aprovecharte de ello y complicado es para mí el no envidiarte y temerte. Podemos tratar de negarlo, suprimirlo, pero siempre terminará saliendo a la luz. Siempre. Así es que no, Lyta, no creo que estés loca. Espero que encontréis un mundo, espero que esté muy lejos y espero que permanezcáis allí hasta que esto mejore de alguna manera.

Pero no crees que sea algo que vaya a pasar.

- ¿El qué? No creo que la gente haya mejorado mucho desde la Edad de Piedra y no creo que suceda pronto. Y respecto a vuestro hogar – giró su barbilla hacia la ventana – hay muchos mundos sin reclamar hacia donde vamos ¿no? Ahora que los vorlon se han ido.

- Si es que se han ido.

- ¿Qué quieres decir?

- Desde que comenzamos este viaje, he estado sintiendo algo. Algo familiar

- ¿Vorlon?

- No lo sé. Quizá.

- Esto tiene que ver con ellos, ¿verdad? Todo esto.

- En cierto sentido. Los vorlon nos crearon, crearon telépatas.

- Lo sé. Estaba allí, acuérdate, cuando Byron tocó fondo, tratando de chantajear a la Alianza Interestelar y hacernos a todos de algún modo responsable por lo que el colectivo Kosh hizo. Ése no es el gran secreto que se supone que tengo que guardar ¿no?

- No, pero hay más. Cuando Byron descubrió... – de repente se paró, como si se desvaneciera, sólo para comenzar de nuevo, hablando más rápido – Como has dicho, cuando lo descubrió, reaccionó muy mal. Pero no sabes cómo se siente uno, Michael, cuando de repente te das cuenta de que tu completa existencia estaba escrita, que no eres nada más que una herramienta.

Garibaldi hizo girar sus ojos:

- Lyta, Bester me programó para entregar a uno de mis mejores amigos y que pudiera ser torturado y asesinado. ¿Vas a decirme que de algún modo eso no es nada comparado con conocer que sabe Dios qué bisabuela tuya fue tratada con algún tipo de suplemento vitamínico telépata hace doscientos años?

Esta vez, su cara mostró pesar, indicando que había cometido un error. Era gratificante:

- Tienes razón – dijo – Pero Byron reaccionó mal porque le golpeó en lo más profundo. Por eso no le conté todo lo que aprendí cuando estuve con los vorlon.

- Pero me lo vas a contar a mí.

- Tengo que hacerlo.

- Es como en Navidades.

Miró hacia otro lado:

- Las sombras vinieron pronto. Los vorlon nunca nos acabaron.

- Nunca...oh, Dios mío.

- Sí. No sé exactamente como lo hicieron pero he conseguido elaborar una teoría sobre como podría haber sucedido. Creo que comenzaron hace mucho tiempo, quizá miles o incluso millones de años atrás. Tomaron a alguno de nosotros o quizá algunas células para clonarnos, no estoy segura. Hicieron experimentos con nosotros, nos educaron e hicieron crecer fuera de nuestros mundos. De vez en cuando volvían a la Tierra, Minbar, Narn y a los otros mundos donde crearon telépatas e insertaban una nueva secuencia genética en las poblaciones autóctonas. Trabajaban despacio. Los vorlon viven mucho tiempo y un experimento que abarque centurias no es extraño para ellos. En algún momento del siglo veintiuno cruzaron un umbral y poco después, los primeros telépatas reales comenzaron a aparecer sobre la faz de la Tierra. Pasó antes en otros mundos pero fue mejor en la Tierra. Nosotros éramos su orgullo y su juguete. Pero todavía tengo la impresión de que éramos y seguimos siendo el tercer paso de un plan de cinco.

- Excepto tú. A ti te hicieron más fuerte.

- Sí. Paso cuatro, quizá, pero no paso cinco. Simplemente no tuvieron tiempo, no con la llegada tan pronta de las sombras. Tenían que usarnos tal y como éramos. Después de eso, se marcharon – Ella le miró cara a cara – Has visto las cosas que puedo hacer, Michael. Era sólo una P5 cuando me modificaron. Bester es un P12.

- ¿Y crees que este planeta es donde está el molde, por decirlo de alguna manera? ¿Qué el secreto para mejorar a los telépatas está ahí?

-Alguien lo pensó. Alguien hace setenta años

- Creí que habías dicho que eras la primera telépata en conocer que los vorlon os crearon.

- Yo también lo pensé. Estaba equivocada

La única respuesta que Garibaldi pudo dar fue un largo y grave silbido.

- Sé que deben estar ahí – murmuró Garibaldi. Pero tras observar, no vio nada aparte de muchas estrellas pequeñas y una grande, la esfera amarillo anaranjada sin nombre que había dado la bienvenida al Toreador y su tripulación cuando salieron del hiperespacio. El Toreador era una nave de Expediciones Interplanetarias mejorada, todo lo dura y hostil que Garibaldi pudo hacer de ella. No podría hacer frente a una Estrella Blanca ni a un destructor de la Alianza Terrestre como el Agamenón pero cualquier otra nave debería pensárselo dos veces:

- En fin, ahí está el planeta – dijo Kristin Firth, la pecosa oficial de navegación – A unos cincuenta millones de klick de nuestra posición actual. No puedo dar mucha información desde aquí.

- No deberíamos haber saltado tan lejos.

El comandante Dochale, un hombre de mediana edad con patentes rasgos y colores dravidianos y sin una sola cana, aclaró su garganta:

- Usted lo quiso así, señor Garibaldi, ¿recuerda?

- Lo sé. No quise saltar en medio de una cálida bienvenida. Ahora estoy preocupado porque nos ganen la carrera por la manga.

- Quizá no haya llegado nadie – dijo Dochale – Después de todo, el Cuerpo Psíquico tiene muchas cosas entre manos en estos días. Quizá demasiado para lo que podría ser una persecución de gansos salvajes.

- No. Bester no dejaría pasar esto. Habrán llegado tan pronto como hayan preparado una nave. La pregunta es, dada su situación actual ¿cuánto les llevaría? – se frotó la barbilla – Saltemos más cerca.

- Es arriesgado, señor Garibaldi.

- No tan arriesgado como permitirles que encuentren lo que quiera que hay ahí mientras viajamos a velocidad sublumínica. Saltemos de nuevo.

En esta ocasión fue el discernible disco de un planeta el que les dio la bienvenida mientras el blanco y negro del espacio real remplazó la pesadilla roja de lo que dejaban atrás. Garibaldi alzó su ceja a la vista del planeta. Al igual que muchos mundos habitables, lo que vio era mayoritariamente blanco. Los polos eran enormes y las regiones ecuatoriales estaban cubiertas de nubes, jirones y máscaras, trenzados y tableros de ajedrez. Se adivinaban pequeños vistazos de océanos cerca del ecuador así como el marrón amarillento de las regiones áridas. Vio poco verde:

- ¿Y bien? – preguntó impacientemente – ¿Qué tenemos?

- Parecido a la Tierra – dijo Firth – Más grande pero con menos elementos pesados así es que de la misma masa. Señor, ha sido acribillada...mucho y recientemente.

- ¿Con qué?

- Hay dos continentes grandes. Ambos han sido bombardeados hasta reducirlos a escombros en algunos lugares. Aún hay polvo en el aire. El planeta está preso del invierno nuclear. No hay signos de energía o actividad industrial. No en este lado, al menos.

- ¿Alguna nave en los alrededores?

- Todavía no. Hay una luna; pequeña, con algunas estructuras metálicas – Alzó la mirada, visiblemente agitada – Hay una plataforma de salto, señor...o lo que queda de ella

- ¿De qué conformación?

- Es vorlon – Garibaldi se giró. Lyta acababa de entrar en el puente:

- ¿Puedes sentirlos, Lyta? ¿Están ahí fuera?

- Lo he estado intentando. Hay...algo en el planeta. Podría ser la gente de Bester o no. No puedo afirmarlo con seguridad.

- ¡Señor! – gritó Firth – Tengo una silueta. Es un crucero de la clase cíclope. Tienen que ser ellos, señor.

- Maldita sea. Encendamos algunas velas.

Pero lo que encontraron fue una nave muerta o, al menos, vacía. Los sistemas de apoyo vital habían sido desconectados y la nave, abierta al espacio. No había cuerpos ni rastro de violencia, nada que indicara lo que había sucedido con la tripulación. La bitácora había sido borrada y la computadora no sabía nada de la tripulación desde que abandonaron Io.

Pero una lanzadera atmosférica faltaba en el hangar:

- ¿Podrían estar escondiéndose de nosotros, Lyta? – preguntó Garibaldi, mirando alrededor nerviosamente – Cuando Bester perseguía a tus amigos en Babylon 5, usaste un truco de desaparición con ellos. Los ocultaste de la vista.

-Es posible que trabajando juntos pudieran engañarme – dijo – pero realmente no lo creo. A pesar de todo ese rollo de ser una familia, los psicopolicías no son muy buenos en el terreno de la cooperación. Más bien son del tipo perro contra perro y lo último que desearías es que un enemigo potencial conozca tus más íntimos pensamientos – su cara adquirió un aspecto casi triste – Excepto cuando somos niños. Antes de que consigan que nos lancemos al cuello de los demás.

- ¿Y si ya se han mejorado?

Lyta tembló:

- En ese caso, estamos perdidos.

Eso es lo que me encanta de ti, Lyta. El vaso siempre está medio lleno. Medio lleno o algo horriblemente peor.

- Creo que están en el planeta.

- Y yo también – murmuró Garibaldi – Pero ¿dónde?

- Si hallamos lo que están buscando, les encontraremos a ellos – respondió Lyta.

Cuando volvieron al Toreador, Firth había ampliado algunas imágenes de un sector del planeta:

- Hay una gran fuente de neutrinos aquí – dijo – Un reactor de fusión subterráneo o algo parecido. Detecto estructuras superficiales también y restos de lo que parece una lanzadera terrestre.

- ¿Restos?

- Repartidos en un radio de veinte klick

- ¿Algo le abatió?

- No puedo decirlo, señor. Ciertamente explotó a una respetable altitud.

- Lo cual me hace plantearme si debemos aterrizar ¿Qué hay sobre las transmisiones?

- Ninguna, señor, ni siquiera en respuesta a las nuestras.

Garibaldi exhaló gran cantidad de aire:

- Bueno ¿qué demonios?

- Voy a bajar – dijo Lyta – Él está abajo. Puedo sentirle. Justo donde está el reactor.

- ¿Quién?

- Un vorlon. O algo que parece un vorlon. Y no lo es. No sé lo que es, pero he de averiguarlo.

- ¿Estás segura de qué es una buena idea? Algo ya se hizo cargo de nuestros colegas del Cuerpo Psíquico.

- Tengo la poderosa sensación de que si lo que quiera que se encuentra allá abajo nos quisiera muertos, ya lo estaríamos – agregó Lyta

- Bien. Tu sensación y un crédito, tras retenciones fiscales, se quedan en medio crédito – murmuró Garibaldi – Pero yo tengo la misma sensación así es que tenemos crédito entre los dos. Vale, vamos allá.

- No tienes por qué ir, Michael.

- Oh, sí. No confío en ti ¿recuerdas?

- Bueno, pues parece que estamos en casa y todo – dijo Garibaldi débilmente.

Había estado la última media hora tratando de anticipar el rayo de partículas o la cabeza nuclear que les habría situado junto a los escombros de la otra lanzadera. Ahora que estaban sobre la superficie y se sentía algo mareado. Y no era ni remotamente parecido a casa. Hacía frío. No tanto frío como en Marte, donde Garibaldi creció, pero bastante fresquito

Habían aterrizado en la orilla de un lago cubierto de hielo que Firth aseguró, no tenía más de siete años: el resultado de un río afectado por un impacto catastrófico o una explosión de fusión aproximadamente ochenta kilómetros hacia el sur. Más allá del lago se alzaban marronáceas y embravecidas montañas que cortaban un cielo de color perla jaspeado. Hacia el continente desde el lago se observaban cúpulas artificiales de varios tamaños, saliendo del suelo como pequeños champiñones. Algunos no eran mayores que un coche pero el más grande podía alojar su lanzadera con facilidad. Aunque fue la orilla lo que captó su atención:

- Bonita playa – dijo Garibaldi.

Lyta asintió, enmudecida por el horror. El lago tenía una orilla alrededor de la cual había blancos huesos, mezclados y apilados como la madera a la deriva que depositan las olas.

Garibaldi se agachó y cogió una calavera:

- Pobre Yorick – dijo – Nunca llegué a conocerte bien del todo

- Parece humano – dijo Lyta.

Tras ella, uno de los cuatro telépatas que había venido con ellos, se agachó vomitando. Garibaldi estaba orgulloso de que ninguno de sus hombres le imitara, pero incluso el más duro de ellos parecía un poco verde. Joder, incluso él tenía problemas para mantener la comida en su sitio:

- Quizá era un niño.

NO ES UN NIÑO

La voz zumbó en el interior del cráneo de Garibaldi:

- Para, Lyta – murmuró, estudiando las vacías cuencas oculares.

- No he sido yo, Michael.

- Entonces ¿quién...? – pero entonces le vio. Una delgada figura encorvada en un bastón se aproximaba cojeando desde una de las estructuras.

- Deténgase ahí – dijo Garibaldi, sacando su PPG. Tras él, sus hombres de seguridad ya habían apuntado y cargado.

NO PRETENDO HACEROS DAÑO

- Sal de mi cabeza

- Michael – susurró Lyta – Es él. Ése es al que he estado sintiendo.

El hombre se encontraba a algunos metros. Era increíblemente viejo. Su piel era marrón como la de un anciano progenitor. Su cráneo era casi visible como los de la orilla. Su pelo era más blanco que la nieve y estaba recogido en una coleta que discurría por su espalda hasta el suelo. Vestía un traje que le habría parecido antiguo al abuelo de Garibaldi.

YO...

- Yo – la palabra salió reaciamene del hombre, como un antiguo motor de gasolina tratando de arrancar tras un largo período de descanso – Lo siento – continuó el extraño – Bajo mi perspectiva han pasado diez años. Bajo la suya, ha pasado bastante más.

- ¿Quién es usted? – preguntó Garibaldi.

El hombre adelantó su mano:

- Mi nombre es Kevin Vacit – Garibaldi le dio un apretón. Parecía un alambre.

- ¡Eso es imposible! – soltó Lyta.

Vacit se giró hacia ella:

- Y tú eres con toda seguridad una Alexander. Corre por tus venas – sonrió débilmente, como si ello dañara su cara.

- ¿Vosotros dos os conocéis?

Los ojos de Lyta parecían dudosos y a la vez amplios como los de un niño:

- Era el director del Cuerpo Psíquico – dijo – Durante el siglo pasado, quiero decir. Mi abuela trabajó junto a él.

- Y su madre y la suya – dijo Vacit – Todas las generaciones hasta el principio. Las Alexander estuvieron entre las primeras.

Lyta asintió, estudiando su cara:

- Te pareces a él. Mi madre tenía una fotografía de su madre. Dijo que un día te desvaneciste. Todos pensaron que habías sido asesinado pero nunca encontraron el cuerpo.

- Bueno, pues ya lo has encontrado – dijo Vacit. Se agitó – Me molesta el frío, incluso con esta ropa aislante ¿Les gustaría venir a mi casa? Les aseguro que estaré encantado de contestar a sus preguntas y que no represento ningún peligro para ustedes.

- Un momento – dijo Garibaldi, sintiendo que la situación de alguna manera se escapaba a su control – Esta reunión familiar es horriblemente astuta, pero ¿por qué no contesta al menos a una de nuestras preguntas antes de entrar en su salón?

- Por supuesto – dijo Vacit.

¿Qué sucedió con la lanzadera del Cuerpo Psíquico?

Un breve gesto que podría significar arrepentimiento dobló la cara de Vacit:

- Este lugar era donde los vorlon tenían su estación experimental principal. Pensé que toda ella fue destruida con la excepción del reactor situado muy profundamente pero estaba equivocado; algunas defensas tierra-aire aún permanecían activas. Me abatieron junto a la lanzadera por sorpresa. Pude localizar y desmantelar el dispositivo antes de que llegarais.

Garibaldi miró a Lyta. Agitó su cabeza claramente confusa:

- El director Vacit era un normal – dijo – no un telépata. Michael, él es el vorlon.

Vacit sonrió levemente:

- No soy un vorlon. Pero, por favor ¿podemos sentarnos? Me canso con facilidad últimamente.

Las edificaciones centellearon. Vagamente, lentos patrones de color se formaron, fundieron y movieron. Eran como las naves vorlon que Garibaldi había visto, orgánicas y de algún modo vivas. Vacit condujo a Garibaldi y a Lyta a la cúpula mayor. Garibaldi dejó a dos hombres en la puerta y dispuso al resto en un perímetro de vigilancia. Análogamente, los telépatas de Lyta deambularon sin descanso por los alrededores, barriendo la zona para detectar otras presencias.

En el interior, la naturaleza viviente de las estructuras era incluso más pronunciada. Sillas, mesas y sofás procedentes del material Vorlon tomaron forma:

- Me llevó un tiempo aprender a conformar este material según mis deseos – explicó Vacit – Durante mucho tiempo, lo mejor que pude obtener fueron unos grumos con forma de seta.

- Dijo que la base había sido destruida – dijo Garibaldi - ¿De dónde han salido estas cúpulas?

- Crecieron – respondió Vacit – Como respuesta a mi presencia, creo – Indicó con un gesto la habitación – Por favor, siéntense. Comenzaré por el principio o tan cerca de él como pueda – Miró con firmeza a Lyta – Yo soy Kevin Vacit – insistió – Nací alrededor de 2019, no estoy seguro de la fecha exacta. Mi madre fue una de las primeras telépatas reales. Vi (y sentí) su muerte. Ya como adulto, fui ayudante del senador Lee Crawford, el organizador de la Agencia de Regulación Metasensorial la cual más tarde, mucho más tarde, se convirtió en el Cuerpo Psíquico. Con el tiempo me convertí en el director del Cuerpo. Como Lyta ha dicho, en esos días el director debía ser un normal por lo que yo aparenté ser uno porque tenía el poder para hacerlo.

- No – dijo Lyta – Está mintiendo. Ningún telépata es tan poderoso. Ni siquiera yo.

Vacit se agitó:

- Yo sí lo soy, o lo era, aunque no estoy seguro de por qué. Aunque parte de ello...parte de ello es lo que mi madre me pasó. Es lo que percibes, Lyta. Parte de un vorlon, uno de los dos que vinieron a la Tierra para efectuar las modificaciones en nuestros ancestros. Las sombras le encontraron, ¿sabes? antes de que muriera.

- Algo similar pasó en Babylon 5 – dijo Lyta – Kosh escondió su esencia en Sheridan pero sólo durante un corto período de tiempo.

- De modo que lo entiendes. Mi madre tenía un fragmento de un vorlon en ella. Yo era muy joven cuando mi madre me lo pasó. Crecí con él en mi interior, nunca fuimos entidades separadas, en realidad. Nunca tuve dos voces sino una, unión de vorlon y humana. Más tarde conocí al segundo vorlon y descubrí la verdad sobre mí mismo. Y también sobre otras cosas: las sombras, la guerra que se avecinaba ysobre nuestros orígenes como telépatas – se frotó las rodillas – Así es que soy vorlon en cierto sentido, sí, pero también humano. No soy algo que alguien pudiera haber planeado.

Lyta asintió:

- Ahora lo veo. Creo que lo entiendo.

Garibaldi tenía otras preocupaciones más inmediatas:

- ¿Por qué vino aquí? Abandonó la Tierra solo en una nave sublumínica. Ha estado sesenta extraños años en el espacio ¿por qué?

- Entenderá, por supuesto, que para mí el tiempo ha sido más breve, menos de un año en el espacio, de hecho. Velocidades relativísticas, ya sabe. La dilatación del tiempo.

- Me gustaría que respondiera a mi pregunta. Y a otra más ¿dónde está su nave?

Vacit suspiró y se hundió de nuevo en su silla:

- Cuando llegué, mi nave estaba dañada. Quedaba poco en el planeta, sólo una pizca de energía en este lugar. Aterricé esperando morir. En lugar de eso, estas estructuras comenzaron a crecer y me cuidaron. Crearon comida, destilaron agua, dándome refugio y calor. El precio fue mi nave. La tecnología vorlon es en parte orgánica pero necesita metales. Hay pocos metales preciosos en este planeta.

- Se comió su nave.

- Sí y con el tiempo encontrará y absorberá los remanentes de la lanzadera estrellada – se puso de pie – Esto está mejor. ¡Me siento capaz de moverme de nuevo! ¿Les gustaría ver algo?

- Sí, claro ¿por qué no? – respondió Garibaldi. Y sintió que algo extraño estaba pasando. Algo grande y grave. Algo planeado, lleno de sucias sorpresas vorlon. Se aseguró de que su PPG estaba cargado.

Vacit les condujo a una habitación adyacente y gesticuló con su mano. Varias alcobas de cristal se alzaron:

- Aquí está el por qué de mi venida – dijo – He pasado los últimos años estudiándolos.

En cada alcoba estaba de pie un esqueleto articulado sobre un cable recto. Uno parecía humano, otro tenía que ser narn. Otro podría ser minbari. Ni siquiera quería adivinar el origen de los otros. Era difícil de decir cuando no estaban vestidos con piel:

- Éstos eran los habitantes de este planeta. Los llamo nephilim ¿Conocen el origen del término? En la tradición hebrea, los nephilim eran los hijos bastardos de ángeles y mujeres humanas, gigantes en la Tierra destruidos por inundaciones bíblicas. He estado hilando la historia de todos ellos.

- Los huesos de la orilla – dijo Lyta.

Vacit asintió:

- Como probablemente hayan adivinado, ninguna de estas especies se originaron aquí. La auténtica ecología de este planeta no incluía ningún animal terrestre mayor que un gato – señaló al esqueleto que más se parecía a un humano – Éste, por ejemplo, tenía antepasados en la Tierra. Probablemente, arcaicos Homo erectus

- Pero esos vivieron ¿hace cuánto? ¿Hace un millón de años? – preguntó Garibaldi - ¿Cuánto tiene ese esqueleto?

- Diez años o así. Pero no me malinterprete. Esto no es un Homo erectus. Es algo que los vorlon hicieron a partir de él. Algo que usted o yo dificultosamente reconoceríamos como humano.

- Parece humano – dijo Lyta – O gran parte de él.

Vacit agitó su cabeza:

- Los seres humanos son criaturas débiles. No tenemos garras, nuestros dientes son relativamente inofensivos cuando los comparamos con los de, por ejemplo, un tigre. Comparados con otros animales no somos fuertes ni rápidos. En lugar de eso, hemos desarrollado utensilios e inteligencia para que nos ayuden a sobrevivir. Los que mejor usaban las herramientas tenían más hijos y sus hijos usaban mejor los utensilios. Nuestros cerebros están construidos en torno a la ingenuidad, curiosidad y experimentación: uso de herramientas.

- Monos de imitación. Evolución humana, en resumidas cuentas – dijo Garibaldi – ¿Y?

- Aquí – respondió Vacit – los vorlon no estaban interesados en estas cualidades. Estos primos nuestros fueron creados para un único fin: ser anfitriones de genes telépatas – giró su cabeza – ¿Sabían que no hay ninguna raza inteligente en la cual la telepatía haya evolucionado de un modo natural?

Lyta gruñó:

- Creí que había unas pocas.

- No las hay por una buena razón. Una raza que desarrolle la telepatía y telequinesia no necesita inteligencia. Si puedes sentir un depredador y convencerle de que no estás allí ¿para qué desarrollar armas que te protejan de él? Si puedes sentir caza y convencerla de que se acerque a ti, ¿para qué desarrollar habilidades de cazador? Al igual que garras y dientes, la telepatía es una herramienta muy eficaz para la acción directa. Una vez que una especie llega a la construcción de un arma, la evolución tiende a continuar el proceso de especialización, construyendo más cosas alrededor del arma. Ése no es el camino para llegar a la inteligencia. El camino hacia ella requiere un compromiso con la generalización, no especialización. Los seres humanos son los animales más generalistas de todos, físicamente hablando. Tenemos los mismos cuatro tipos de dientes que los que poseían nuestros más remotos ancestros mamíferos. Tenemos las mismas manos de cinco dedos que heredamos de los reptiles; ni garras ni aletas...manos especializadas en ser inespecíficas. Nosotros construimos nuestras garras. Si no podemos comer algo, no desarrollamos nuevos dientes o más estómagos: lo trituramos, lo quemamos o lo mojamos hasta poderlo digerir.

- Pero los genes telépatas surgieron – objetó Lyta.

- Sí, pero no por evolución. Los vorlon manipularon y crearon, experimentaron y forzaron. Las criaturas a las que trajeron aquí eran sólo un germen maleable para ellos. Les hicieron telépatas, sí, a expensas de otros. Estas pobres criaturas, pienso, tenían poderes telepáticos que no podían ser medidos ni por los vorlon, pero ninguno podría haber sabido como hacer fuego o esconderse.

Lyta estaba pálida, estudiando los esqueletos:

- Eso es horrible – dijo – ¿Qué les sucedió?

Vacit movió sus manos y las luces se apagaron. Los esqueletos se desvanecieron en la oscuridad:

- Los vorlon les asesinaron, por supuesto, de modo que no cayeran en manos de las sombras. Ya habían conseguido lo que ansiaban: los genes para implantar en otras razas, para crear seres que fueran telépatas e inteligentes. ¿Ves lo que quiero decir? Esas dos características venían por separado y fueron combinadas. Una raza inteligente puede desarrollarse naturalmente. Una bestia telépata puede desarrollarse naturalmente. Pero no puedes tener ambas cosas sin intervención.

- Aún no nos ha dicho por qué vino – avisó Garibaldi – O cómo conoció la existencia de este sitio.

Vacit sonrió de nuevo. Su delgado y cadavérico rostro no parecía reflejar buen humor:

- Supe que las sombras iban a venir y que los telépatas serían necesarios. Creé el Cuerpo Psíquico atendiendo a esta necesidad. Casi había llegado al final de mi vida y todas las personas por las que me había preocupado se habían marchado. Mis enemigos en el gobierno y en el Cuerpo formaban una legión. Me di cuenta de que con el tiempo me terminarían cogiendo sólo, con la guardia bajada y sentí que me quedaba sólo una última cosa que hacer. Como ustedes, vine aquí con la esperanza de hallar el secreto para mejorar nuestras habilidades y de ese modo entregar este descubrimiento a mi gente. Como pueden ver, lo conseguí. Pero todo se ha ido. De los ficheros y laboratorios vorlon no queda nada salvo huesos. Supongo que podría extraerse ADN de ellos pero creo que hallaríamos misma secuencia que todo telépata tiene.

Garibaldi asintió, algo mareado. En una ocasión pensó que los vorlon eran los chicos buenos. Tal y como se terminó demostrando, la idea de bondad y maldad eran tan irrelevantes para seres como los vorlon y las sombras como la basura que había tenido que perseguir como jefe de seguridad.

Algo sospechoso para Garibaldi había llamado su atención durante un momento, pero ahora veía de lo que se trataba:

- Señor Vacit, dígame de nuevo como venció a las sombras. Ha estado aislado aquí desde antes del final de la guerra y ha estado incomunicado desde entonces. Así es que ¿cómo es que sabe tanto de historia reciente?

- No ha sido totalmente sincero con ustedes – dijo una nueva voz.

Todos se giraron. Por un instante, Garibaldi pensó que la persona que estaba de pie era Bester, pero no era él sino un psicopolicía de mediana edad que nunca había visto, con el uniforme, guantes incluidos. Siete más aparecieron por diferentes puertas. Garibaldi no les había oído acercarse. Todos ellos estaban armados con PPG:

- No culpen al señor Vacit – continuó aquel tipo con una amplia sonrisa en su redonda cara – Realmente no pudo evitarlo. Mi nombre es señor Diamond y quiero que ustedes dos se mantengan muy quietos. Señor Garibaldi, yo no contaría con sus tropas como ayuda. Todos han sido reducidos. Señorita Alexander, lo mismo vale para sus chicos.

- ¿Qué ocurre, Vacit? – soltó Garibaldi

El anciano inclinó su cabeza:

- Había otro vehículo de aterrizaje. Estaba oculto bajo esta instalación, cerca del reactor, donde sabían que ustedes no podrían detectarlos. Siento el engaño pero, por supuesto, estaban vigilando mis pensamientos. Realmente lo siento, Lyta, le debo a tu familia algo mucho mejor que esto. Pero me he convertido en alguien débil.

- Pamplinas – dijo Garibaldi – Has hecho un trato con el Cuerpo. Después de todo, son tus niños.

- Ya basta, Garibaldi – dijo Diamond – Necesito que envíen algunos mensajes a su nave y... – de repente se giró y disparó su PPG. El disparo alcanzó el hombro de Lyta. Se agitó con dolor y cayó al suelo, medio aturdida. Garibaldi murmuró un insulto y se movió para ayudarle pero un disparo de aviso silbó en el suelo que pisaba – Deténgase para poder vivir – soltó Diamond – Señorita Alexander, no intente eso otra vez. No seré tan fuerte como usted, pero soy un P10 completamente entrenado. He leído el archivo sobre usted: probablemente podrá evitar que dispare de nuevo. Podrá detener a dos o tres oficiales también pero no puede detenernos a todos.

- Yo sí puedo – dijo Vacit tranquilamente – Señor Garibaldi, coja sus pistolas, rápido.

Garibaldi guiñó sus ojos:

- ¿Qué?

Vio que Diamond estaba como congelado, como una estatua y Vacit estaba temblando y pálido:

- ¡Rápido! – dijo Vacit – No puedo...

Entonces Diamond se movió de nuevo, disparando su PPG. El disparo golpeó al anciano en el pecho. El psicopolicía cambió su objetivo a Garibaldi. Éste le disparó en el corazón. Otro policía le disparó, fallando por una milla mientras Garibaldi se escondió tras el sillón. Garibaldi se alzó, haciéndose visible, falló su primer tiro pero acertó al telépata en el segundo. l resto de los policías estaban abatidos, sangrando por sus ojos. Lyta se balanceaba débilmente en pie.

- ¡Jesús! – dijo Garibaldi, que no estaba muy seguro de lo que había pasado exactamente. Caminó alrededor de la habitación, retirando PPG de manos inmóviles y comprobando los pulsos. Todos estaban muertos.

Cuando acabó fue hacia Lyta que estaba arrodillada junto al anciano:

- Creo que me queda poco – dijo dificultosamente Vacit.. Guiñó sus ojos lentamente, como si fuera la primera vez que viera a Lyta – ¿Natasha?

- Está bien – dijo Lyta, tratando de confortarle – Te vas a poner bien. Te vamos a llevar a la nave.

- No tiene sentido – Los ojos de Vacit se abrieron – Has hecho barridos mentales a moribundos en su cama ¿no? Sabes como es el aspecto de la muerte en el horizonte y yo también lo sé – tosió – Deja mi cuerpo aquí. Aquí es donde pertenezco. Es aquí donde quiero permanecer, donde realmente empezó todo. Donde todo acabó. Prométemelo.

- Lo prometo – dijo Lyta. Por primera vez en muchos años, Garibaldi vio lágrimas en sus ojos.

- Siento haberte arrastrado hasta aquí en un viaje sin sentido, Michael – murmuró Lyta.

El Toreador acaba de saltar y Marte era una canica roja en la esquina superior derecha de la ventana. El planeta sin nombre quedaba ya a media galaxia de distancia:

- No ha sido sin sentido – dijo Garibaldi – Dormiré mejor sabiendo lo que el Cuerpo Psíquico no tiene.

- Ni lo que tampoco tenemos nosotros.

- Si. Sin embargo, los vorlon te mejoraron a ti. Independientemente de los planes que tuvieran para los telépatas humanos, creo que es algo que ya no tiene importancia. A no ser que vuelvan. Pero... – calló conscientemente.

- ¿Qué?

- Nuestra anterior conversación sobre un mundo habitable para telépatas. ¿Estás segura de que es una buena idea?

- Por supuesto.

- Piensa en ello por un minuto. Si Vacit estaba en lo cierto, quiero decir, si la telepatía es la antítesis de la inteligencia...

- Tú mismo lo has dicho, Michael. No hemos mejorado desde la Edad de Piedra. Mejores herramientas sí; como cultura quizá pero ¿cómo individuos? No. La evolución es adaptarse a un medio ambiente. La evolución humana detuvo cuando empezamos a cambiar el medio para adaptarlo a nosotros. Normal o telépata, ya no estamos evolucionando ni somos como las criaturas que hemos visto. Tuvimos la inteligencia primero.

- Pero, tras un millón de años por vuestra cuenta... – dijo Garibaldi.

- Ese es un riesgo que debemos correr – respondió Lyta.

- Sí.

Pero Garibaldi no pudo sacar esa imagen de su cabeza. Un planeta lleno de seres con poderes casi divinos y cerebros de chimpancés. La imagen permaneció mucho tiempo después de esa conversación. Años después, cuando la cuestión del mundo telépata resurgió, lo recordaría intensamente. Marcaría la diferencia.

- Director Vacit – dijo Diamond con una voz temblorosa – El punto de salto se ha cerrado. Se han marchado.

- Muy bien, señor Diamond – Vacit dio un sorbo al raro y verdoso té que el replicador de comida vorlon había aprendido a fabricar. Normalmente hacía un buen trabajo cuando se trataba de crear sabores a partir de sus recuerdos pero nunca consiguió café. Miró al psicopolicía – Tú y tus hombres lo habéis hecho muy bien – Le dijo a Diamond – Sé que ha sido difícil para ti.

Diamond se mordió el labio:

- Señor, le insisto de nuevo. Déjenos marchar. Se nos necesita en casa, en la lucha contra esos rebeldes. El Cuerpo nos necesita.

- Os necesito aquí – contestó Vacit – Ya hemos hablado de ello.

La cara de Diamond ocultó su angustia bien, pero para los sentidos de Vacit, el psicopolicía se encendió como un motor de fusión:

- Si, señor – dijo.

Fuera, un potente y monótono sonido comenzó. No era un sonido, no había vibración en el aire sino algo más increíble y profundo. Una música más grande y conmovedora que cualquier sinfonía:

- Escucha, Diamond, están cantando de nuevo.

Diamond era nuevo en esto además de débil así es que se sobresaltó:

- Por favor, señor, nos hace daño. Está demasiado alto. ¿No puede hacerles parar?

- Podría pero, ¿por qué debería hacerlo? Significa que están contentos. Después de lo que les hicieron los vorlon, se merecen cualquier tipo de felicidad que se cruce en su camino. Te acostumbrarás a ello.

Vacit se puso de pie y salió fuera. Varias tropas de nephilim estaban reunidas y sus amplios ojos inocentes le saludaban, ofreciéndole su fortaleza sin límites de un modo generoso e inconsciente. Si los nephilim tenían algo claro, eso era su obediencia a los vorlon y Kevin era lo suficientemente vorlon como para comandar su afecto carente de inteligencia. Diamond estaba de pie junto a él, temblando por la fuerza de la transmisión:

- Imagine como era esto cuando llegué – dijo Vacit – Hay más de un millón de ellos, repartidos por los bosques y sabanas de este mundo. El ataque vorlon los mató a todos menos a algunos miles aquí. Los habrían exterminado a todos si yo no hubiera intervenido. Los nephilim me dieron su fuerza y con mi guía pudimos engañar a los mismísimos vorlon. Se marcharon creyendo que toda su creación estaba muerta – sonrió a Diamond – Tras los vorlon, tu gente e incluso la señorita Alexander, son un juego de niños.

- Pero señor – Diamond aún estaba preocupado. Conservaba la esperanza de regresar a la Tierra - ¿Para qué nos necesita? ¿Por qué no nos deja regresar a casa? O, mejor, vuelva con nosotros y traiga a alguna de esas criaturas con usted. Con ellas, podríamos diezmar a los rebeldes en cuestión de días. Y a los normales también. Todo el espacio humano sería nuestro.

- Piensa en términos pequeños, señor Diamond – dijo Vacit suavemente – El futuro de los nuestros no está allí. El nautilo no retrocede hacia su concha. Nuestro futuro empieza aquí y se mueve hacia delante – Alzó su mano hacia el cielo, hacia los incontables mundos una vez controlados por los vorlon que habían atravesado el límite galáctico, donde las antiguas razas habían marchado – Está allí – Dio una palmada al sollozante Diamond en el hombro – Ahora ven. Tenemos mucho que hacer.

FIN