LA BUSCADORA DE LA VERDAD

(THE TRUE SEEKER)

ESCRITO POR FIONA AVERY

TRADUCIDO POR ÁNGELES EMA


“Pero yo creía que estaba en puesto 200 de la lista”. Jerrica, una joven Narn, estaba sentada al otro lado de la mesa frente a Alisa Beldon en el Red River Café.

“Bueno, lo estabas” dijo Alisa Beldon alargando la última palabra, mientras daba la vuelta a los papeles que tenía en la mano.

“¿Qué ha pasado?” Jerrica intentaba leer en la cara impasible de la humana.

La “Buscadora de la Verdad” miró a la joven Narn, que tendría unos 16 años terrestres, y la estudió durante unos instantes antes de seguir hablando. “Eres un caso único. No hay muchos Narns adoptados en el territorio de la Tierra”.

“Mis padres quisieron intervenir cuando los Centauri bombardearon Narn. Quiero decir mis.. padres en la Tierra. Ellos me adoptaron."

“Sí, eso es lo que describe este documento. Dime, Jerrica,” Alisa se le acercó y sus miradas se encontraron, “¿Recuerdas algo anterior a tu llegada a San Francisco?”

Una pausa, duda, incomodidad. Jerrica se puso un poco nerviosa y después dijo: “no, nada”.

Alisa  volvió a apoyarse en el respaldo de su asiento. Su ligero escaneo mental de los pensamientos de Jerrica había detectado unos recuerdos superficiales tan escasos que para un Narn serían considerados sueños y producto de su imaginación. Recuerdos de un sitio cálido, de una fría nave de acero, explosiones y nada más. Esa era la parte útil de ser un telépata en este negocio. A veces podías ayudar a tus clientes sin que ni siquiera ellos se percataran, eso siempre que utilizaras tus capacidades telepáticas por su beneficio y nunca contra ellos. Ella había hecho el Juramento Minbari al respecto. Como “Buscadora de la Verdad” entre la élite Minbari, hacer otra cosa que no fuera ayudar al indefenso era considerado un deshonor.

“Entonces, ¿cree que podrá encontrar a mis verdaderos padres pronto? ¿Es por eso por lo que va a ayudarme a mí primero?”

“Sí.” Alisa se veía bastante reflejada en Jerrica. La muchacha Narn era joven y nerviosa. Igual que ella había sido cuando vivía en el Bajo Fondo de la estación espacial Babylon 5 haciendo de ladrona. Ahí fue cuando la capacidad telepática latente de Alisa se manifestó, llevándola a enfrentarse contra el Cuerpo Psíquico, situación que se resolvió cuando fue elegida para estudiar con los Minbari, gracias a la Entil’Zha Delenn, quien era ahora una gran amiga suya. En los años posteriores a eso, ella había aprendido mucho más que únicamente controlar su talento y dominar el poder de la telepatía. Delenn quiso que ella  tendiera un puente entre los Terrestres y los Minbari, y eso fue de hecho lo que estimuló su íntima amistad. La gran Entil’Zha tenía muchas preguntas, al igual que Alisa, y solían compartir sus conocimientos muy a menudo.

Gracias a la amistad de Delenn, Alisa había hecho más que únicamente tender un puente entre ambos mundos. Había dedicado su vida a tender puentes entre otros mundos.

“Hago mucho trabajo de investigación” le dijo a Jerrica, quien la miraba fijamente con sus severos ojos carmesí. Los ojos de los Narn eran tan alienígenas, tan fríos y escrutadores. Los de Jerrica estaban bien abiertos y mostraban nerviosismo hoy, mostraban sólo los bordes blancos que rodeaban las grandes zonas irisadas. Era desconcertante.

Alisa continuó. “Me entero de las identidades, encuentro a padres biológicos y a veces descubro hijos perdidos”.

 “Parece muy difícil” respondió Jerrica.

“Es agotador pero también muy gratificante. A veces es incluso..”

Peligrosa

Alisa se incorporó cuando un camarero Narn se acercó y puso un extraño brebaje sobre la mesa. Alisa oyó sus pensamientos antes de poder pronunciar la misma palabra.

Ella es peligrosa.

Cuando él se volvió para marcharse, Alisa le preguntó a Jerrica: “¿Sabe alguien más que estás buscando a tus padres?”

Sí” respondió Jerrica. “Se lo dije al Tótem Mayor...”

Antes de que terminara la frase, Alisa sujetó al camarero y señaló al extraño brebaje frente a Jerrica. De la copa salía una especie de humo verde. “Llévate eso” le dijo.

El camarero se quedó helado durante unos segundos, miró a la copa y a Alisa, e intentó hablar. “Señora, yo..”

“¡Ahora!” le interrumpió Alisa.

Al ser un Narn, siguió protestando inútilmente. “Le aseguro que no tiene nada raro y que ella lo ha pedido. ¡Se sirve humeante!”

Alisa se subió la manga de la túnica por encima de la muñeca, dejando a la vista un delgado brazalete de cristal. El mecanismo que llevaba en el brazo emitió un mortal y delgado láser que mostraba un punto verde pálido posado sobre la bolsa reproductora del Narn. Hizo que el sonido del generador de plasma aumentase mientras mantenía el láser apuntando sobre las partes vitales del Narn.

El Narn se acobardó. “Sí, señora” dijo, y se apresuró a coger la copa y llevársela. Alisa oyó varias obscenidades en Narn abriéndose camino a través de su mente. Estaba asustado e inquieto, y con razón, porque  su sentido de culpabilidad estaba bajo la superficie de sus resbaladizos pensamientos de reptil.

Alisa se levantó de la mesa. “Tenemos que irnos de aquí ahora mismo”.

Jerrica empujó su silla hacia atrás y siguió a Alisa por el suelo de piedra negra del patio. Bajo sus pies, unos ríos rojos de magma fundida discurrían en un flujo resplandeciente. El restaurante había sido construido recientemente para que se pudiera admirar su paisaje volcánico.

“¿De qué iba todo esto?” Jerrica le preguntó una vez estuvieron en la calle.

Alisa tomó una decisión instantáneamente. No le explicaría a Jerrica la verdadera naturaleza del peligro que corría. Algunos clientes eran capaces de  asimilar los hechos, esta muchacha tan joven probablemente no podría.

Ella respondió: “Esta es tu primera visita a Narn, ¿verdad?”

“Sí, ¿y?” Jerrica la seguía a paso ligero.

“Eso me pareció. Narn no es como muchos otros lugares. Es peligroso confiar en los lugareños”.

“Pero... esta es mi gente”.

Las calles empezaban a llenarse de tenderos con sus caravanas, acarreando sus pesadas bolsas o grandes baúles a sus espaldas. Más allá de estos peatones, unas grandes estructuras bajas, al estilo de las de adobe, se erguía contra el ojo anaranjado del sol Narn. El sol separaba el cielo lleno de polvo y lo desgajaba en vetas de violeta, rosa y color melocotón.

La tecnología Minbari había ayudado a  que Narn limpiara la mayoría de la materia que flotaba en partículas en su atmósfera desde el bombardeo de Armas de Destrucción Masiva Centauri en 2259. Pero todavía sobrevivía un número suficiente de partículas de polvo en el cielo y servía como un bello recordatorio al atardecer de las recientes atrocidades.

Alisa sentía la sorpresa y el ingenuo placer de la Narn que tenía a su espalda, cuando esta observaba la simple belleza de su gente.

¿Cómo podía ella imaginar que tenían un lado perverso, cuando esta era la primera vez que los veía? La pobre muchacha creció en la Tierra. Por fuera era totalmente Narn, pero era tan intrínsicamente humana en su comportamiento.

Alisa asió por el brazo a Jerrica , empujándola hacia el lado de la calle, mientras simultáneamente proyectaba una sensación de calma en la mente de la joven. En lo que se refería a su mente, era Narn; resbaladiza y fría. Ni siquiera el tiempo pasado por Jerrica en la Tierra la había curado de las constricciones de los esquemas mentales de los Narn. “Háblame del tiempo que viviste en la Tierra”.

“Bueno, tuve la suerte de ir a la Academia Narn de San Francisco”.

“Una prestigiosa escuela privada” respondió Alisa mientras calculaba su próxima jugada. Estaba consultando su base de datos mentales de los aliados que vivían en Narn o en ese sector del espacio. Era una lista muy corta.

“Sí, hablo el Narn con soltura y estoy familiarizada con toda la historia y el bagaje cultural de mi raza” dijo Jerrica.

Alisa se rascó la cabeza unos segundos antes de darse cuenta de que verdaderamente había alguien allí que podría servir bastante bien a los intereses de Jerrica.

Y, pensó, en esta se puede confiar más o menos. Si Jerrica y Alisa conseguían llegar a la sección central de la ciudad.

“Nunca creí que Moxtoke estaría tan abierto”. Jerrica miraba a su alrededor mientras ambas se abrían paso a través de las calles infestadas de mercaderes de Moxtoke, la nueva capital de Narn.

“Sí, hay muchas cosas en construcción”. Alisa señaló a varios edificios, todos rodeados de un mismo entramado. Parecía haber una superpoblación de contratistas procedentes todos los sectores de la galaxia. Drazi, Pak’ma’ra, Narn, Humanos, Brakiri... todos trabajando en diversos edificios en distintas secciones de la ciudad.

“Seguramente están intentando terminar su trabajo antes de que caiga la lluvia de la tarde” respondió Jerrica.

“Ah sí, por supuesto”. Alisa recordó que los Minbari no sólo habían utilizado tecnología de purificación del aire, también habían guarnecido el cielo con nitrato de plata, formando unas nubes que descargaban lluvia sobre el árido planeta Narn según las estaciones del año. “No estoy segura de que los Narn aprecien de verdad las estaciones lluviosas.”

“No cuando hay tantas tiendas al aire libre.” Pasaron al lado de algunos puestos ambulantes donde los Narn vendían carne y e incluso sacrificaban animales allí mismo. Jerrica arrugó el labio ante el olor.

El Narn del puesto ambulante la vio y gritó: “¡Todo tipo de animales! ¡Muertos! ¡Vivos! ¡Casi inteligentes!”

Alisa sentía como el estómago de Jerrica sucumbía al mismo tiempo que paraba su paso, y después se apresuraba para alcanzar a Alisa. Alisa no hacía caso del espectáculo a su alrededor, y resueltamente se dirigía a otro sector más tranquilo de Moxtoke.

Pasaron delante de un stand de “Exfoliación”, donde un Narn estaba sentado en una silla de barbero y le estaban limando la cabeza con algo que parecía una lima de uñas gigante.

“¿Qué es eso?!!” Jerrica estaba horrorizada.

Alisa miró en esa dirección, se encogió de hombros y dijo: “Lijado. Los Narn se lijan las manchas y así les vuelven a salir más grandes durante el siguiente periodo de muda.”

“Eh” dijo Jerrica. “¿Por qué?”

“No lo sé. Por la misma razón por las que las mujeres de la Tierra se depilan las piernas. Creen que les hace parecer más atractivos.”

Continuaron su camino y Jerrica pasó cerca de otro Narn que paseaba a su mascota. La correa era de piel de cocodrilo. La mascota parecía un híbrido entre un cerdo y un perro tejonero. Eran desde luego escenas típicas de Narn.

“Por aquí” Alisa la llamaba mientras se sumergía en otra calle lateral. Jerrica, que se había distraído observando a una mujer Narn que caminaba con un parasol que parecía estar hecho más bien de alas de murciélago de cuero que de delicado encaje Victoriano, se dio cuenta en ese momento de que se hallaba en medio de la calle principal y apretó el paso para alcanzarla.

“Perdón. Supongo que pensarás que debido a mis estudios, debería estar preparada para ver estas cosas.” Empezaba a oscurecer y los ojos de Jerrica se ajustaban al cielo nublado que hacía que el mundo pareciera algo más gris.

“Bueno, están los libros y después está la vida real. Como lo que estás viendo ahora.” Alisa se encontraba en un diminuto cruce con enormes edificios de adobe a cada lado de él. Una mujer Narn bajaba un bonito bote de arcilla con una cuerda y llamaba a un joven Narn que se encontraba en la calle con un carro lleno de agua embotellada. “Por aquí” decidió Alisa.

Jerrica la siguió hasta que llegaron a un claro y vieron un gran P’lazzo frente a ellos. La vivienda privada era impresionante, con cenefas y escenas talladas en sus muros en bajo relieve. Cada diez pies aproximadamente, el muro era interrumpido por un árbol trepador, una planta carnosa que crecía en suelo de grava gaseoso. Los árboles trepadores crecían  por los muros como leves pinceladas y se entrelazaban con flores color púrpura al final de sus ramas.

Una gran puerta de hierro, jalonada de manchas color naranja, guardaba la entrada. Alisa pulsó el interruptor del intercomunicador y una pequeña luz leyó sus huellas.

“Desconocido” dijo el ordenador.

“Alisa Beldon” respondió ella. “Vengo a ver a Na’Toth.”

“Un momento por favor” respondió el ordenador. “La localizaré para usted.”

“Sí, estoy aquí” le respondió el intercom. “¿Quién es?”

“Alisa Beldon. Estoy aquí en nombre de Jerrica Thomas.”

“¿Quién?”

“Trabajo en un programa para encontrar a personas y necesito hablar con usted. Ya nos encontramos una vez, en Babylon 5.”

“De acuerdo.” El enojo era uno de los rasgos Narn más característicos y Na’Toth lo mostró a través del intercom. “Entren, pero estoy muy ocupada así que, que sea rápido.”

La puerta subió silenciosamente. Quedó colgando sobre el umbral con sus pinchos afilados, como si a la persona que caminara por debajo le disgustara a la anfitriona y la puerta pudiese caer sobre ellos y aplastarles, clavando sus cuerpos sin vida en el suelo.

“Ah, la hospitalidad Narn” clamó Alisa. Guiñó el ojo a Jerrica.

“¿Es esta la Na’Toth?” murmuró Jerrica.

“Sí, la Na’Toth.” Entonces entraron.

Después de deambular alrededor del edificio cuadrado, admirando los tapices de cuero, los dientes, huesos, más cuero y cuero crudo, ambas se encontraron en la entrada que daba al patio central. Había unos toldos de cuero que se iban desde los muros de adobe y bajaban hasta unos pequeños nichos. Los toldos le recordaron a Jerrica a la mujer aquella que había visto en la calle y que llevaba el parasol de cuero.  Estaban pintados con unas bonitas formas geométricas en tonos fuertes como el negro, el naranja y el amarillo. Bajo los toldos había algunas variedades de vida vegetal que Jerrica no había visto nunca.

Bajo uno de los toldos en un rincón lejano del patio estaba Na’Toth, sentada de cuclillas junto al muro con un pequeño escoplo en la mano. La famosa Narn estaba inclinada y agachada con la cara a pocos centímetros del muro.

Alisa caminó en su dirección y esperó pacientemente a que Na’Toth se irguiera. Pasaron unos minutos y cuando Na’Toth se giró por fin, miró a las dos mujeres. Vio a la humana de piel oscura vestida con una túnica Minbari y tras ella a una Narn, si aquello tan pequeño y tan miserable podía llamarse “Narn”, echando miraditas por encima de su hombro.

"Me acuerdo de ti" dijo Na'Toth a Alisa, y se quedó allí, frotando sus correosas manos. Se golpeó en el pecho una vez con sus puños, e hizo una reverencia.

Alisa respondió con el mismo gesto. “Sí, nos encontramos en Babylon 5 hace varios años, cuando yo intentaba ganarme la vida fuera del Cuerpo Psíquico.”

“Sí.” Na’Toth no parecía afectada y dejó su escoplo sobre el suelo polvoriento.

“¿Haces tú misma todo el Da’Quana?” Jerrica no podía contener su asombro y señalaba a las largas capas de escultura de bajo relieve que se distribuía a lo largo de los muros de la propiedad.

Na’Toth estaba claramente impresionada por el ojo que tenía la chica con el arte. “Sí. Es una de mis aficiones.” El cielo retumbaba sobre sus cabezas. Na’Toth miró hacia arriba y cruzó los brazos sobre el pecho. “Va a llover. Otra vez.”

Las otras dos miraron hacia arriba y Alisa notó una gota de lluvia en el ojo.

“Entremos.” Era más una queja que una orden. Na’Toth las condujo hasta una puerta abierta que  se parecía a una puerta francesa de la Tierra, pero los picaportes no eran cuadrados, eran octogonales, como una colmena.

Una vez dentro, Na’Toth cerró las puertas del lluvioso patio.

“Es bueno ver que Narn vuelve a ser habitable.” Comenzó a decir Alisa.

“Apenas lo es. ¡La lluvia! Odio la lluvia. Me estropea el día, mis planes, mi horario. La lluvia. Esta fue una gran idea Minbari. Pongamos unos grandes filtros de aire, a una altura de milla y media de Narn y entonces pinchemos sus nubes con nitrato de plata para hacer que llueva.” Na’Toth  sacudió la cabeza, suspiró en exasperación y se sentó enérgicamente en el sofá que había en la pequeña sala.

Alisa no esperó a que la invitaran y también se sentó. Eligió una silla de aspecto algo raro (si es que se la podía llamar silla.. pero sí ofrecía un asiento para uno) y se sentó en ella. Jerrica se quedó de pie.

“Recuerdo que viniste con Delenn cuando visitó Narn hace ¿unos 10 años?” dijo Na’Toth. “Tú te ocultabas detrás mientras ella nos regalaba los purificadores de aire para reducir las partículas en la atmósfera.”

“Sí, Delenn y yo somos buenas amigas ahora” respondió Alisa. “Estaba encantada de poder ayudar a Narn después de las terribles atrocidades ocurridas.”

“Sí, estoy segura de que lo estaba. Hubiese sido mejor si Delenn  nos hubiera avisado del ataque de las armas de destrucción masiva antes de que el ataque tuviera lugar.”

  Alisa no picó en el anzuelo. Simplemente se encogió de hombros. Era humana y no era ni mucho menos tan propensa a enfadarse como un Minbari cuando se trataba de asuntos de honor. “Hicimos lo que hicimos, y lo mismo se puede decir de la Entil’Zha Delenn. Agua pasada no mueve molino.”

Na’Toth pareció ofenderse por eso, pero Alisa siguió. “Hoy, sin embargo, busco su ayuda para impedir otra catástrofe para su gente.”

“¿Está trayendo los problemas a mi P’lazzo?” preguntó Na’Toth.

“Sí” respondió escuetamente Alisa.

“De acuerdo”. La Narn rio y sus ojos rojos brillaron con una mirada hambrienta sobre su amplia sonrisa. Parecía un depredador relamiéndose. “Pongámonos a trabajar.”


Una hora después, Alisa caminaba por las agitadas calles de Moxtoke. Había dejado sola a Jerrica, terriblemente reacia a mezclarse con los de su especie. Ni tampoco con cualquiera. Na’Toth le daría un par de cosas que aprender a Jerrica sobre la historia y culturas Narn. Tendría ocupada a la joven Narn durante el trascurso de la noche, y eso dejó tiempo libre a Alisa para hacer lo que mejor hacía.

Espionaje.

Mientras Alisa se escurría entre las sombras hacia el edificio del gobierno central de Moxtoke, pensó en Na’Toth. La mente de Na’Toth fue la primera mente Narn que Alisa había tocado, cuando todavía era una adolescente y estaba en Babylon 5.

Las mentes Narn no eran ya una dificultad para Alisa, pero la primera vez que se experimenta una psique Narn, un humano puede tener pesadillas durante semanas. Son frías, resbaladizas, carnales. Pero a pesar de eso había algo de Na’Toth que a Alisa siempre le había gustado. Ese sentido de “la caza” que Alisa misma conocía muy bien. Por encima de todo, Na’Toth era una jugadora honesta. Cuidaría bien de Jerrica y la tendría a salvo.

Alisa se aproxi>mó al centro de Moxtoke y contempló el nuevo y brillante edificio de la capital. Esta era una zona de alta seguridad, pero eso no la intimidaba. Alisa había estado ya en tantos mundos, para realizar diversas tareas de seguridad, y había sido capaz de realizarlas. Era algo que seguía aprendiendo como de pasada, incluso en Minbar. Robar podía estar mal, pero recoger información, ahora... eso era diferente.

Alisa se puso la red de camuflaje y pasó a hurtadillas por el lado del muro, se detuvo cuando un láser de seguridad comenzó a escanear la superficie plana del muro a una cierta distancia de donde ella estaba. Justo antes de que pasara sobre su cuerpo camuflado, contuvo la respiración y el láser pasó sobre ella. Continuó escudriñando el muro y Alisa no esperó a que volviera. Se metió por la puerta de acceso secundario e insertó su conjunto de datacristales pirateados.

Dos segundos de descodificación y ya estaba dentro. Tengo tecnología Minbari, pensó.

Los Minbari estaban muy avanzados en comparación con cualquier otra raza todavía en la galaxia. Eran los líderes, sabios y sinceros, que raramente abusaban de su poder. Mientras Alisa se entrenaba con ellos, todavía no era uno “de” ellos, y vio las posibilidades de la tecnología Minbari.  En las manos adecuadas, la tecnología podía evitar calamidades como ésta.

Un Minbari nunca haría algo así, pensó, pero yo sí –y lo hago—siempre. Esto la hizo sonreír mientras trabajaba en otra cerradura del interior. Ella tenía su propio mundo con sus propias reglas. Y dado que ella jugaba limpiamente, aunque a veces casi rebasaba la línea, los Minbari la habían elogiado por ello. Un año atrás, le habían concedido la medalla de honor llamada la “Buscadora de la Verdad”.  Su trabajo era ayudar a la gente –y utilizaba todos los medios posibles para ese fin.

Después de otras dos violaciones de la seguridad, ya estaba dentro de la cámara principal de la Oficina de Registro. Allí, a la izquierda encontró unos cristales colocados en línea en las estanterías. Contenían información genética sobre todos los Narns vivos. Escaneó las últimas entradas. En unos minutos había conseguido localizar el datacristal de Jerrica.

Lo pasó entre sus dedos mientras pasaba la mano izquierda por encima de la suave superficie de acero inoxidable de una mesa de encriptación, se sentó sobre una extraña silla Narn e inspeccionó el enchufe de datos.

¡Ja! Se rió. ¡Esto utiliza tecnología Minbari pirata! Ja, ja, ja.. ¡Como se pondría la Entil’Zha Delenn si lo supiera! Algunas cosas era mejor no contárselas a su amiga y mentora Delenn. Esta sería una de ellas.

Es una suerte que eso no me suponga un problema. Alisa introdujo el datacristal y pasó las manos sobre los botones de control, hechos de joyas talladas, que había sobre la superficie de plata. Con unos cuantos traspiés y algunos aciertos había logrado engañar al software de encriptación Minbari y se introdujo en los Archivos Genéticos de Jerrica.

¿A quién perteneces? Preguntó. Se desplazó hacia abajo, pasando cadenas genéticas, muestras de sangre, grupo sanguíneo, simulaciones virtuales, hasta que llegó al certificado que iba con el informe.

Sé que eres del Primer Círculo, lo sé. Así que ¿de quién eres hija...? Alisa llegó al final del informe y ya no podía desplazarse más abajo. Abrió bien los ojos y se puso bien erguida en la silla.

“¡Mierd..!”

“¡No seguirá viva después de esta noche! ¡No puedo creer que el Kha’Ri ya lo supiera!”

La voz no estaba allí, era una proyección mental... venía de unos... dos pisos más abajo, dedujo Alisa, lo suficientemente cerca para que ella pudiera detectar las airadas pautas de pensamiento y realmente “oír” la conversación. Si no con los oídos, sí con la mente.

Alisa se levantó de la silla rápidamente, con el datacristal en la mano. Una vez lo hubo quitado, la mesa de encriptación se cerró. Se dirigió a toda prisa hacia la puerta y salió a la entrada sólo segundos antes de que el Narn cuya mente y voz reconoció llegara con un gran estrépito hasta la entrada junto con un Narn algo más menudo.

“¡Por eso vine a ti, porque sé dónde está ella en este preciso momento!”

Alisa se quedó muy quieta, pegada al muro, esperando que pasaran de largo y ella no tuviera que respirar. La red de camuflaje seguía activada pero un muro respirando parecería sospechoso. Además los Narn tenían un agudizado sentido del movimiento, algo así como la visión de un gato, así que se quedó totalmente quieta.

Gracias a Dios por las clases de meditación, pensó mientras los Narn caminaban hacia la puerta, a tan sólo unos centímetros de ella, y empezaron a abrir la cerradura.

“Quiero ver el archivo por mí mismo.”

“Tra’Kar, te vas a perder esta oportunidad de oro.”

“¿Qué oportunidad?” Gritó y miró ferozmente al pequeño Narn que había a su lado.

“Na’Toth es mi vecina. Vi a esa hembra Narn entrar en su casa con una mujer humana, y supe inmediatamente que tenía que contactar con usted.” Alisa notaba como el Narn intentaba calmar a la bestia salvaje que tenía ante él. Pequeño gusano, pensó. “¿Volvamos, eh? ¿Soy tu amigo, verdad?”

“Quizá. Continúa.” Tra’Kar abrió la puerta y entró en la sala. El pequeño Narn le siguió.

“Ella ha estado en la casa de Na’Toth durante la mayor parte de la tarde, y después, al oscurecer, salió con Na’Toth.”

¡¡¿Se han ido de la casa?!!

Alisa tenía ganas de dar un golpe con el pie y gritar “¡Maldita sea!” pero se quedó quieta. ¿Cómo ha podido Na’Toth hacer eso? ¡Maldita sea!

El Narn continuó “.. después de que se fueran, les seguí hasta..”

“¿Dónde está el datacristal?” La voz era tan fuerte que hizo que Alisa hizo una mueca de dolor. Atravesó sus galerías mentales como si se tratara de un cuchillo afilado, cortándolas como una cuchilla.

“No… no lo sé.” El pequeño Narn se acobardó. Pequeña comadreja. “Tra’Kar, no es importante.”

 “¿Qué significa que no es importante?”

“¡Escúchame, todavía puedes ocuparte de la pequeña Narn: está en la Caverna Polvo Rojo con Na’Toth!”

¡¡Maldita sea, Na’Toth!! Alisa estaba furiosa. Le había dicho a Na’Toth que se quedara en casa con Jerrica y que se asegurara de que no le ocurría nada. Dado que Jerrica había sido evacuada de Narn cuando muy pocos habían tenido esa oportunidad, Na’Toth sabía con toda seguridad que Jerrica tenía que ser la hija de uno de los del círculo interno del Kha’Ri. Aunque por supuesto ninguno de ellos sabía que era la hija de...

De repente Tra’Kar se quedó muy, muy quieto. “¿Has oído algo?” Terror, en un Narn es una cosa muy fuerte y muy rara.

“No” susurró el otro Narn.. si es que un Narn podía susurrar.

Alisa no pensó nada, no hizo nada, siguió conteniendo la respiración y se quedó tan vacía como el muro sobre el que se apoyaba. Pasaron los segundos y el silencio se apoderó del lugar.

“Juraría que he oído algo” insistió Tra’Kar.

“Salgamos de aquí. ¡Me están dando escalofríos!”

Los dos salieron de la sala arrastrando los pies, pasaron de largo de donde estaba Alisa, quien estaba tan vacía de pensamiento que empezaba a sentirse como un bloque de piedra, intentó no castañear los dientes debido a los escalofríos.

Unos cuantos niveles más abajo, cuando el Narn creyó que estaba fuera de peligro, Alisa pudo oír la continuación de su conversación.

“Quiero ir allí y ocuparme personalmente” dijo Tra’Kar. “Haré bien el trabajo y por fin esto se terminará.”

“¿Un trágico accidente?”

“Algo así”

Alisa gruñía entre dientes. No tenía tiempo de culparse a sí misma por su error, pero mientras se dirigía a la entrada, siguiendo a aquellos dos, se culpó igualmente.

Nunca pienses obscenidades en voz alta cuando estás en la mente de otra persona. ¡Muy mal Alisa, muy mal!

Una vez fuera del cuartel general, dejó que los Narn se alejaran una cierta distancia, porque ella todavía estaba echando humo pensando en que Na’Toth había salido con Jerrica –a un bar, nada más y nada menos—cuando su vida estaba en juego. Si Alisa se acercara demasiado a los Narn, estos podrían sentir su ira, porque estaba furiosa y no podía contenerse.

Vio como los Narn separaban sus caminos. Tra’Kar continuó hasta la Caverna Polvo Rojo, mientras el pequeño muchacho siguió hacia la izquierda, seguramente volvía a su casa. El muchacho había recibido una buena suma en su tarjeta de crédito por las molestias.

Pequeña comadreja - dijo frunciendo el ceño. Es la gente como tú la que hace que estas cosas pasen de verdad. Así que te voy a enseñar una lección para que aprendas - decidió. Y empezó a seguir sus pasos.

No le llevó mucho tiempo. Dos bloques más abajo y unas cuantas callejas oscuras más tarde, Alisa había acorralado al muchacho, cuyo nombre descubrió que era Ka’Dal, y le puso contra la pared, “apagó” la parte consciente de su cerebro durante unos instantes, durante el tiempo suficiente para poder implantarle una sugestión en la mente.

Era una sugestión inofensiva, pensó ella. A los Minbari les enseñan a no dañar a nadie con la telepatía. Y esta no era una sugestión realmente dañina. Los humanos lo llamarían... un fetiche. Los Minbari tenían una frase más agradable para definirlo: “alteración de su juicio de apreciación.”

Hizo que Ka’Dal se sintiera interesado sólo por las mujeres Centauri. Quedaría predestinado a morar en el mundo Narn perpetuamente frustrado, incapaz de confesar el fetiche que sentía por sus captores, y si se aventuraba a salir de Narn por alguna razón, tendría que dirigirse a Centauri Primero para encontrar una compañera que valiera la pena. Los Centauri se habían vuelto tan estrechos de miras que era raro ver siquiera un puñado de ellos en sitios tan poblados como Babylon 5. Pobre comadreja, se rió disimuladamente.


Alisa no tuvo problema alguno para encontrar la Caverna Polvo Rojo. Era el único bar donde los clientes salían volando a través de las ventanas, haciendo que las explosiones de cristales se precipitaran sobre la calle. No era esa la manera en que los Narn se movían normalmente en los locales de copas. A veces tenían una trifulca, o dos, u ocho. Pero no de esta manera.

“Ah, diablos” Alisa se percató de lo que venía y corrió tan rápido como pudo hacia la entrada.

Evitó una silla que volaba atravesando el umbral de la puerta, se agachó y entró en el bar. El lugar era todo un gran revuelo de brazos moviéndose, dientes mordiendo, botas dando patadas. Era una celebración Narn a puñetazos. ¿Dónde  estaban Na’Toth y Jerrica? Y lo que era aún más importante, ¿dónde estaba Tra’Kar?

Alisa se desplazó pegada a los muros, evitando a los enloquecidos Narns agitando sus puños, entonces divisó el grupo de  tres. Na’Toth estaba encaramada sobre la espalda de Tra’Kar, mordiéndole el cuello. Tra’Kar intentaba sacudírsela de la espalda. Jerrica estaba agazapada en un rincón con los ojos bien abiertos por el miedo.

Alisa saltó sobre ellos  justo en el momento en el que Na’Toth salía volando contra una mesa y Tra’Kar se giraba para recuperar el aliento unos instantes.

Na’Toth gritó: “Fuiste un imbécil si creías que ibas a poder conmigo, Tra’Kar! ¡No eres nadie!”

“¡No he venido aquí a por ti,  he venido a por ella! Señaló a Jerrica  y ya estaba a punto de ir por ella cuando una silla golpeó su espalda desde detrás. Dolía. Mucho.

Cuando se dio la vuelta, Alisa  estaba allí, como una niñita ante un gigante. Al ver que Alisa retrocedía, Na’Toth aprovechó para lanzarse sobre Tra’Kar, lo agarró, y empujó sobre sus costillas y logró derribarlo unos metros más allá. La pelea a puñetazos volvió a empezar de nuevo.

Alisa les siguió, intentó colarle algunos golpes a Tra’Kar, pero recibió un gancho justo en la mandíbula. Su fuerza la mandó rodando por el suelo. Na’Toth apaleaba a Tra’Kar.

Jerrica corrió hacia Alisa para intentar ayudarla pero la telépata sujetó a la muchacha por los brazos.

“¡Métete bajo la mesa!¡Ahora!” Le ordenó Alisa. Jerrica se agazapó bajo la mesa y Alisa volvió a ponerse de pie.

Ahora estaba enfadada. Había intentado luchar limpiamente pero ahora ser limpia no era importante. Se acercó con la mente a Tra’Kar y comenzó a trabajar en sus fríos y escurridizos pensamientos.

En pocos segundos él se detuvo y Na’Toth continuaba golpeándole. Tra’Kar volvió los ojos hacia los de Alisa y se dio cuenta de que ella estaba agarrada  a su mente e influenciándole. Intentó vocalizar  pero no podía hablar. Alisa  sólo le miraba, decidida a someterle.

Desafortunadamente no tuvo esa oportunidad.  La Guardia Narn apareció en ese momento, a paso ligero atravesaron  el umbral de la puerta del bar con la artillería pesada. Gritaban, ordenando a todos los clientes que pusieran las manos en alto  si no querían que les dispararan y mataran al instante.

La Guardia Narn  no se andaba con chiquitas. Alisa dejó libre la mente de Tra’Kar y retrocedió. A su alrededor vio como los clientes se quedaban en silencio, algunos tardaron algo más debido al fragor de la lucha, pero finalmente se dieron cuenta de que la artillería pesada les apuntaba a bocajarro. Na’Toth se levantó del suelo y se sacudió el polvo. Tra’Kar,  viendo que podía mover las manos y las piernas de nuevo, hizo lo mismo. Lanzaba miradas maliciosas a Alisa.

No tardaron mucho en averiguar quien había empezado la pelea en el bar. Todos apuntaban con el dedo a Na’Toth y Tra’Kar. Así que Alisa, Na’Toth y Tra’Kar fueron arrastrados hasta la salida por un escuadrón de Guardias Narn. Jerrica les llamaba, y Alisa intentó silenciarla, pero la joven Narn no iba a permitir que la dejaran allí. Jérica gritó entonces a los guardias y pronto fue llevada también a las Celdas Narn junto con los demás.

“Deberías haberte quedado al margen.” Alisa estaba riñendo a Jerrica. “No estarías aquí ahora.”

Jerrica  levantó la vista de su bloc de notas donde había garabateado unas palabras. Se encogió de hombros. “No estaba a salvo allá afuera. Por lo menos aquí, estoy con vosotras y nadie me puede atrapar.”

Na’Toth echó una risotada con su labio partido. “Tiene razón.”

“Tenías que hablar. Te  dije que cuidaras de ella. Te dije expresamente que no debía moverse  de  casa.”

“Yo hago lo que quiero, Alisa Beldon” le respondió bruscamente Na’Toth. “La chica necesitaba una lección decente de lo que es la vida en Narn. No ha visto nada verdaderamente Narn desde que ha llegado.  ¿Cómo se supone que va a aprender cómo es su mundo encerrada en la casa de alguien?”

“Ya habrá tiempo para que aprenda sobre Narn cuando su vida ya no esté en peligro.”

“Na’Toth estaba  vigilando a ese tipo”  intervino Jerrica. Alisa miró con ira a la joven Narn. Na’Toth por su parte estaba riéndose como una bestia salvaje. Cuando los Narn se reían, Alisa siempre se sentía incómoda.

“Pues ahora estamos en ello, y peor de lo que estábamos. Se han llevado el datacristal que yo había robado del  cuartel general del Kha’Ri.” Alisa se pasó la mano  por su cabello castaño oscuro. “Estoy tan jodida.”

“La posesión ilegal representa sólo una décima parte de los delitos aquí en Narn. Di simplemente que alguien te lo pasó a ti, nunca se enterarán de la vedad.” Na’Toth se dio sin querer en el labio.

Alisa decidió que era mejor no discutir, ya tenía un dolor de cabeza insoportable. La celda apestaba a agua estancada y a sudor. O algo parecido al sudor, no estaba segura siquiera de si los Narn sudaban. Miró a través de los barrotes de su celda a Tra’Kar, estaba sentado en una celda al otro lado del estrecho pasillo.

Él estaba descansando de verdad en la celda. Sus ojos estaban cerrados levemente y respiraba con tranquilidad. Había  olvidado lo predispuestos que estaban los Narns a meterse en problemas. Para ellos esto no era nada. Una noche en la cárcel les aplacaba. Hasta Jerrica parecía estar bastante cómoda. Tendría algo que ver con la  genética.Hacía que Alisa se sintiera todavía más deprimida. Volvió a apoyar la espalda contra la pared y miró al mundo con los ojos semi-cerrados.

Alisa no sabía exactamente cuánto tiempo había pasado. Debió haber dormitado un rato. Un guardia estaba en la puerta de la celda, la estaba abriendo.  Tanto Na’Toth como Jerrica miraron al guardia, con su uniforme de cuero y su porra en la mano. Alisa despertó de golpe de su estado de letargo, en el cual había estado medio pensando, medio durmiendo. Sus manos presionaban contra el frío y granuloso suelo de cemento de la celda. La suciedad cayó entre sus dedos cuando se irguió para ponerse de pie.

"El Primer Círculo del Kha'Ri les verá a todos en el tribunal, ahora" dijo el Guardia.

Alisa sintió como ella misma exhalaba un suspiro. Cualquier cosa era mejor que estar sentada en una celda que olía como la axila de un Narn. Aunque eso significara meterse en alguna situación peor con el Kha’Ri.  Por lo menos allí podría intentar exponer su situación.

“¡Pido estar presente yo también!”  Tra’Kar gritó eso desde  su celda. Tenía los barrotes cogidos con las manos, de modo que parecía que los quería estrangular.

“Vendrán a por usted enseguida” le dijo el Guardia. Era monótono,  como si lo hubiese dicho cientos de veces  antes  a cientos de prisioneros.

Alisa preguntó: “¿Puedo preguntar para qué asunto se ha reunido el tribunal?”

El Guardia señaló a Jerrica: “Sobre la Supuesta Heredera del asiento de G’Kar en el Primer Círculo del Kha’Ri.”

Na’Toth retrocedió en estado de shock y se volvió para mirar a Jerrica,  quien a su vez levantó la mirada de su  pequeño bloc de notas con auténtico horror y sorpresa. Se le cayó el bolígrafo de la mano y éste rodó por la hoja de papel hasta el suelo.

“Vaya” dijo por fin Na’Toth. “De tal palo tal astilla. Por lo menos los dos saben en qué ocupar su tiempo en una celda.”


El juicio del Kha’Ri fue largo,  duraba ya varios días. El Primero, el Segundo y el Tercer círculo del  Kha’Ri formaban el órgano de decisión más importante del Planeta Narn. Las posiciones de poder estaban reservadas únicamente para la élite cultural, el Primer Círculo era  el símbolo más reverenciado y más respetado de la autoridad Narn. Estar en el Primer Círculo era el honor más alto a que podía aspirar cualquier Narn.

Jerrica, Alisa y Na’Toth fueron alojadas en cómodas habitaciones durante el tiempo que duraron las deliberaciones.  Las  audiencias del tribunal duraban desde el amanecer hasta la hora de cenar. La cena era proclamada por el quejica más ruidoso del Primer Círculo que gritaba que tenía hambre y pedía al  tribunal que la sesión se pospusiera hasta el día siguiente.

Alisa por fin pudo darse una ducha y cuidar de su mandíbula herida. Estaba bastante amoratada por el golpe que Tra’Kar le había dado.  Con el resultado del juicio pendiente, todos los otros cargos habían sido suspendidos y Delenn había intervenido para que retiraran los cargos contra Alisa, al enterarse de que los  Narn  estaban utilizando software Minbari pirateado. Los Narn retiraron los cargos de robo, aduciendo que estaban en juego  asuntos de mayor importancia.

El juicio tan largamente anunciado estaba empezando a parecer poco prometedor para Jerrica. El consejo volvió a encontrarse en la sala anaranjada, que tenía una forma parecida a un anfiteatro, pero con asientos más blandos, y tenía unas hendiduras octogonales  alrededor de su formación en redondo. Muchos miembros estaban sentados en unos grandes anillos que salían de la parte de abajo del  anfiteatro, donde el Primer Círculo estaba sentado. El Segundo Círculo estaba justo detrás, un escalón más arriba,  un escalón menos de los demás.

“¡¡¿No es obvio?!!” Dijo el Consejero Na’Farl a los demás miembros del Primer Círculo. “Ha sido humanizada en todo, incluso en el nombre. Jerrica.” Lo dijo con un gran desdén. “¡Es una deformación de G’Ryka! La G’ es el pronombre de su padre, el Sagrado G’Kar, y Rica es un conglomerado del nombre de su madre con un sufijo inusual. Pero claro, los Humanos no pueden dignarse a pronunciar nada que suene alienígena de forma correcta, así que deformaron su nombre para escribir y pronunciar Jerrica. ¡Si le han hecho esto a su nombre,  pensad qué harían al criarla  y a todo lo que comporta ser Narn!”  

Hubo entonces un gran ajetreo cuando se oyó este argumento. “Lo que digo es que usemos a Tra’Kar. Seguro que él es un heredero mucho más lejano, ¡pero por lo menos es un Narn de verdad!”

Na’Toth se levantó para objetar. “¡Protesto! ¡Jerrica –o para utilizar su verdadero nombre—G’Ryka  es Narn! ¡Miradla! ¡Es como vosotros y como yo! ¡Estoy aquí para apoyar a G’Kar en esto y creo que él querría que su propia heredera e hija ocupara su lugar! Hablo en su nombre...”

“¿Has hablado con él sobre este asunto, ciudadana Na’Toth?” otro miembro viejo del consejo preguntó con toda la intención.

“¡No, pero conozco a G’Kar!”

“¡Entonces no puedes hablar en su nombre!” Esta vez era Tra’Kar vociferando desde el otro lado de la sala.

“Sí, pero yo sí puedo hablar en mi propio nombre.”

Como Moisés cuando separó las aguas del Mar Rojo, así su voz desde lo alto del anfiteatro separó  el mar de cuerpos Narn congregados en el lugar. La marea de Narns fue separándose hasta mostrar al mismo G’Kar de pie en el nivel más alto del anfiteatro. Descendió lentamente las gradas.

“¡Es G’Kar!” se oía gritar, mucha gente se inclinaba en señal  de reverencia o retrocedían con la cabeza agachada. La totalidad de los Círculos del Interior del Kha’Ri se habían quedado absolutamente pasmados o sorprendidos por su presencia.

“G’Kar” habló el primer miembro del consejo. “Qué alegría verle venir en persona. Hacía ya  ¿unos seis años?”

“Su falta de precisión es emocionante, Consejero Na’Farl.” G’Kar extendió las manos, miró a todos los que se congregaban a su alrededor en el nivel inferior y continuó. “Me fui de Narn al final de 2262, año Terrestre, y es ahora el invierno de 2269, eso son 7 años, un mes y poco más.  Naturalmente, todos me habéis echado de menos. Estoy emocionado.”

“Ha llegado justo a tiempo, ya que estábamos hablando de  su...”

G’Kar le interrumpió. “Sí, estoy al corriente de esto. Estoy al día de lo principal, así que no hace falta que me expliquéis nada. Estoy aquí únicamente porque quiero evitar que volváis a cometer otra terrible equivocación en el curso de nuestra civilización.”

Na’Farl agachó la cabeza con reverencia y se retiró.

“He estado escuchando vuestros argumentos y no estoy  nada de acuerdo.” G’Kar fue hacia Jerrica y la miró con un gesto amable. La joven Narn miró a su vez a G’Kar con miedo y sorpresa en sus ojos. “Yo creo que Jerrica es 100 por cien Narn.”

G’Kar se dio la vuelta para dirigirse al Primer Círculo de nuevo. “Si empezamos a juzgar a nuestros líderes culturales por el porcentaje de pensamientos alienígenas que tienen, ¿en qué porcentaje os pararíais? ¿Es justo que te despojen de tu silla en el Kha’Ri porque es posible que tengas un pensamiento de alienígena en tu cabeza?

Otro Narn se puso en pie y le interrumpió. Era viejo, sus ojos tenían arrugas profundas a los lados. Habló con suavidad y G’Kar le escuchaba con respeto. “No es el porcentaje lo que nos preocupa, G’Kar. Tenemos unas tradiciones muy concretas que existen desde el inicio de nuestra civilización. Nos incriminamos dolosamente por nuestros errores cuando permitimos que alguien que no entiende las tradiciones entra en nuestro círculo más sagrado de líderes.”

“Aunque te respeto, D’Paur, eso son tonterías” respondió G’Kar. “Todo el tiempo que pasé en Babylon 5 no me hizo ser menos Narn. De hecho, cuanto más tiempo he estado entre otras razas, más Narn me he vuelto. Al exponerme a otros modos de pensar, más firmemente he apreciado mis propias ideas de Narn.”

“¿Pero qué valía puede tener esta chica? No sabe lo suficiente de la vida ni de Narn como para ser un buen miembro del Primer Círculo” fue el argumento que esgrimió el último miembro.

“Sales de la cama, te limas las manchas, te pones los pantalones y vienes a este lugar a dos bloques de tu casa para abrazar tu herencia cultural” G’Kar cogió a Jerrica de la mano y la llevó hasta el centro del Primer Círculo. La sujetó por los hombros y miro a todos y cada uno de los miembros.

“Jerrica ha viajado años luz para llegar hasta su herencia cultural. Ha arriesgado su vida y su integridad física para exigir su derecho de nacimiento. Ha estado a punto de morir para convertirse en Narn. Yo diría que ser Narn significa para ella mucho más de lo que significa para todos vosotros.”

Se hizo un gran silencio en el anfiteatro cuando las palabras de G’Kar llegaron a todos. Permaneció de pie, con toda comodidad, antes de que los miles de asistentes se reunieran. Cuando los cuerpos por fin empezaron a levantarse, después de una larga deliberación, el líder del consejo del Kha’Ri respondió.

“Tenemos que reunirnos, solos, para discutir sobre esto.” Y el Kha’Ri quedó suspendido. G’Kar deambulaba en los exteriores de las cámaras del consejo y Na’Toth evitaba que Jerrica y Alisa le siguieran.

“Necesita tiempo” dijo Na’Toth solemnemente. Jerrica y Alisa asintieron con la cabeza y permanecieron quietas.

El consejo se volvió a reunir unas horas más tarde. Alisa no podía evitar preguntarse si su sesión de toma de decisión sería del tipo de “Doce Narns Enfadados” –la vieja video-película de la Tierra que ella vio en una ocasión. Entraron en fila en la sala y tomaron sus respectivos asientos. G’Kar bajó las escaleras y se sentó en el filo de un asiento en la segunda grada.

“Hemos tomado una decisión basada en todo lo que tú has aportado.” Se hizo una larga pausa. Entonces, “Hemos decidido que te queremos a ti, G’Kar, de nuevo en el Kha’Ri. Tu sitio está abierto para que vuelvas a ejercer tu liderazgo. No te pedimos que gobiernes. O que hagas otra cosa que aconsejar, como nos pediste una vez hace ocho años.”

G’Kar pareció flaquear un poco y sus ojos cedieron. El representante del consejo continuó. “¿Qué dices a eso, G’Kar?”

G’Kar se levantó. “Digo que no. Voy a volver a las estrellas.” Se dirigió con su dedo enguantado hacia Jerrica, sentada en la base del anfiteatro. “Y me llevo a Jerrica conmigo.”

“La asamblea entera enloqueció al oír esto.” Hubo gritos y alboroto. La Segunda y Tercera gradas gritaban al Primer Círculo. El representante del Consejo intentaba mantener el orden. “¡Shh! ¡Silencio! ¡Ahora!”

La sala se sosegó un poco cuando Jerrica se dirigió hacia G’Kar en la Segunda Grada.

“Ciudadano G’Kar. No nos dejes otra vez. ¡Por favor! Haremos lo que desees si te quedas en Narn.”

“Deseáis que me quede como consejero pero en cambio no hacéis caso de nada de lo que digo. ¿Para qué iba a quedarme?” preguntó claramente.

“¿Qué quieres?” le preguntó un miembro del Consejo.

“Esa es una pregunta muy peligrosa.” G’Kar negó con su dedo enguantado lo que el hombre que había en el centro de la asamblea le había dicho. “Pero te responderé igualmente. Jerrica debe ocupar mi lugar en el Kha’Ri, en el Primer Círculo. Es la ley que mi heredero más cercano debe ocupar el asiento. Es la tradición.”

Esto levantó bastante murmullo. “O ella ocupa mi lugar” dijo G’Kar por encima de todo el ruido. “O nos vamos de Narn.”

Jerrica le miró, y él miró a la muchacha, su.... descendencia, y entonces le guiñó un ojo. Ella intentó no reírse y se dio la vuelta rápidamente.

Los miembros del Primer Círculo hablaron rápidamente entre ellos en la base del anfiteatro en un aparte. Entonces se dieron la vuelta y el representante del Consejo habló de nuevo. “De acuerdo.”

La asamblea entera zumbaba ahora con energía positiva. G’Kar empezó a reírse a carcajadas y estrechó sus manos en señal de triunfo.

Jerrica volvió a mirarle, en silencio. “¿Ves?” le dijo él. “No ha sido tan difícil, ¿verdad?”

Ella le sonrió y le acercó el bloc de notas que tenía en la mano. “Lo estoy escribiendo todo” le dijo “para poder un día compartirlo con otros.”

G’Kar se rió por lo bajo. “Conozco ese impulso.”

Ella empezó a subir hasta donde estaban Na’Toth y Alisa. Entonces recordó una cosa.

“¡Ah, claro, eso es!” dijo Jerrica. ¡Tu libro! Leí tu libro en una clase de literatura de primer año, Papá. Era bastante bueno... para ser un borrador.”

G’Kar se quedó boquiabierto. Se dio cuenta de que por primera vez en ocho años, se había quedado mudo y que ni siquiera un simple comentario le venía a la...a la.. no le salía ni eso.

Na’Toth se le acercó con una sonrisa y se golpeó el pecho con los puños a modo de saludo. “Hola, G’Kar. Bienvenido a casa” dijo enérgicamente.

“Na’Toth. Gracias por cuidar de mi...” se paró en seco y le gritó a Jerrica. “¿Borrador? ¡¡¿Qué quieres decir con eso de que es un borrador?!!”

Na’Toth siguió como si él no hubiese dicho nada. “Mi trabajo es protegerte y a todo lo tuyo. Aunque ya no eres Embajador y yo ya no soy tu perro guardián. He desarrollado un sentido de responsabilidad hacia ti.”

G’Kar la miró fijamente, escuchó y reflexionó sobre la vida. Alisa sintió que G’Kar de repente empezaba a sentirse extrañamente en casa. Y él se rió al notar que empezaba a sentirse cómodo allí. Él y Na’Toth miraron a Jerrica durante unos instantes, observando como la joven Narn hablaba con Alisa Beldon emocionada. Después Na’Toth golpeó dos veces a G’Kar en la espalda, con fuerza, y él la miró alarmado.

“Es bueno tenerte aquí de nuevo...”

“Papá” le soltó ella.

FIN